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  • Foto del escritorRevista Adynata

Adynata Diciembre / VPS

A esa blancura, ¿de dónde le viene su penosa amistad con el amarillo? El mero permanecer ya es recaída: el jazmín, entonces.

Julio Cortázar

Cuando (nos) llegue el después del después -el after del after según Ysy A- Adynata Diciembre ya estará flotando en la nube.


Desde el 2015 Vicente nos escribe: “conozco estas nubes que vienen del ayer... Estas nubes espesas como el puño de un ángel jamás serán una lluvia sin memoria, no traerán la muerte por la muerte misma; ninguna derrota se arrogará la eternidad, ningún espíritu de la época, ningún pragmatismo oscurece la noche, la tan noche del ayer hasta olvidar el día, ni transforma en juego del silencio a la conciencia.”

Tal vez, una paloma intente surcar los cielos. “Una paloma / De otros diluvios una paloma escucho.” (Giusseppe Ungaretti)

Tal vez, una terca paloma kantiana que, como escribe Marcelo, “al final, aprende que no conviene volar en el vacío ni salir en medio de un temporal.” Terquedad que sabe que “lo que resiste, impulsa; que lo que detiene, posibilita; que lo que obstaculiza, sostiene.”

Algo de esa zozobra en cómo surcar las tempestades, cómo levantar vuelo, cómo mirar y jugar con las nubes, se cuela en muchos de los textos de este diciembre. En la poética de Horacio, se mueve entre lo breve y lo oscuro, lo pulido y lo desanimado, entre lo acobardado y los intentos, entre lo que puede sostenerse y lo que abruma. En Caligrafías Nómades, pareciera que las zozobras se escuchan “en los chirridos lacerantes, en los ecos, en las vociferantes certezas, en los murmullos clandestinos.”, allí se afirma: “Nunca será definitivo este andar tambaleante en las cornisas de la explotación.”

Lo tambaleante aparece también en “Me caigo y me levanto” de Julio Cortázar, de dónde Marcelo toma la imagen de lo recayente.

Y resulta que aprendiendo a movernos así, cruzando líneas, podemos ir trazando, entre tambaleos y zozobras, las clínicas que hacemos. Y entre susurros, un secreto: “El secreto de la clínica que hacemos consiste en escuchar haciendo escuchar lo escuchado.

En Adynata Diciembre también se leen saberes y acciones para este después que está por llegar.

Un tiempo de Dysphoria mundis que, a cómo lo analiza Paul B. Preciado “se manifiesta no solo por el choque entre el régimen de verdad petrosexorracial y los nuevos saberes desautorizados feministas, antirracistas, queer, trans, no binarios y ecologistas, sino también por el cambio de los procedimientos sociales a través de los que la verdad se fabrica y se difunde.”

Un tiempo para el que, según Sebastián Scolnik, “Será necesario retomar las sensibilidades rebeldes y contrademocráticas de las décadas de resistencia, reencontrar una relación entre las palabras y las cosas, articular una nueva fuerza que recupere la política de los derechos e imaginar nuevas instituciones que sirvan para prolongar las transformaciones en lugar de decretar la inmovilidad.”

Y también resultará imprescindible constatar el mundo (Cami Manzanilla). Y “sostener lo que sostiene cuando dos manos solas no alcanzan” (Marcelo Percia). Y bailar una milonga queer (Susy Shock). Y “salir volando para no hacer agua, para ver toda la tierra y caer en sus brazos.” (Paco Urondo). Y cantar y llorar, y jugar al llanto, llorar para adentro, "llorar en compañía, llorar en soledad. Llorar en las calles de la ciudad.” (Cynthia Eva Szewach).

Y desde el 2015, desde aquel agosto, Vicente aullando con una vehemencia temblorosa, nos arenga -una vez más-:

La historia de nuestra historia crece a contrapelo, a contraolvidos y a contramuertos en la memoria que le gana la continua brega al cementerio.

Ya no soporta el corazón abierto un mundo enjaulado por el hambre…

¡Contra todo! ¡Contra todo! ¡Vamos a navegar! ¡Hay que destruir las jaulas!

¡Desde las hojas luminosas, una tras otra las hojas de poesía puestas sobre la piel de Dios!

¡A pesar de todo! ¡A pesar de todo!

Está escrito aquí (la mano del ayer, la mano del hoy...)

Hay una poética de la dignidad que no escurre su mirada ante la muerte. Surge y resurge en estallidos, a borbotones, una interrogación de la verdad que desnuda su respuesta desde los actos.”

Mientras su gran amigo Julio abre el suspenso al desafío en el que estamos con una pregunta:

Tía, ¿cómo nos rehabilitaremos?”.


V. Nicolás Koralsky (2020) sin título.

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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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