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  • Revista Adynata

Ensayo para espa(r)ciar / Diego Alejandro Luna, Maia Shirel Fraiman, Yeimer Alberto Márquez Rojas

Ensayo para espa(r)ciar1 / Diego Alejandro Luna, Maia Shirel Fraiman, Yeimer Alberto Márquez Rojas. 2do. Cuatrimestre, 2022.

Obertura2 / Mercedes Nahir Ramirez

Desde el inicio aconteció una extrañeza en la comisión 12, fueron más las ausencias en cantidad que quienes se presentaron y a fuerza de intención, decidieron transitarla, quizás entusiasmos de una cursada imposible asistieron ante tales ausencias, ahora quizás agradecidas.

Es por esto quizás, que se inaugura la posibilidad de intervenir un parcial en sus esquemas establecidos y acordados cuidadosamente por quienes procuran entradas para pensar situaciones de grupo en espacios de teóricos. Lo cuidado necesita también de otros cuidados cuando la jaula se vuelve pájaro.3

Se decide entonces un parcial como escritura en situación de grupo que no responda secuencialmente un número de preguntas o consignas, sino más bien que converse con ellas, que divague, que indague, que ensaye, con la espera de una publicación acompañada. Intervenir un parcial, como hacer lugar para que aparezca en lo conocido otra cosa, una posibilidad de invención, de movimiento y apertura.

Una intervención que ponga patas para arriba la prepotencia calificadora que establece legalidades insensibles ante lo todavía no dicho/pensado/escrito.

¿Cómo corregir en la universidad un parcial que ya no es un parcial?

Un texto sin notas al pie. Un texto sin patas quizás signifique un texto en el aire, liviano y suspendido en territorios que funcionan como accesos y puertas de emergencia contraincendios del pensar en la universidad.

Se interviene un parcial para armar una sala de espera donde se puedan pensar al unísono, como barullo, aquello que en las prácticas llamamos clínicas, dolor, espera, psicoanálisis, poder médico, medicalización, manicomialización y desmanicomialización.

Deshacer un parcial para ensayar ideas en torno a clínicas menores. Deshacer normativas de la institución universitaria para volver a descifrar lo indescifrable de pensar/leer/escribir/decir/imaginar en la universidad.

Un parcial se puede escribir como se hacen otras cosas: caminar, asistir a la sorpresa, migrar, abismarse de cara al desconcierto, componer tramas escriturales en situación de grupo. De algún modo escribir deshaciendo un parcial también fractura normalidades universitarias como acto de invención del decir, como descubrimiento de lo que se quiere pensar o transmitir sin saber muy bien cuál será su lengua o conformidad semiótica, porque la invención es ese fragmento de tibiezas en el registro de lo que va ocurriendo y todavía no se sabe lo que se está por decir.


Se intenta, se intenta con laboriosidad desconocida por sus modos antes que por su producto, se intenta acercar a la comisión 12 al concepto de desterritorialización. Se intentó tanto que ganó el lugar de la primera palabra de un texto, el título. Lo que ocurre es que a tanto intento solo se puede develar la imposibilidad de asir la idea, el concepto, como un todo absoluto. Es que desterritorializar es decir otro lugar y también decir otro lugar. No sucumbe a la clausura de las totalizaciones, vive.


Los andamiajes del decir irrumpieron como juego de trabalenguas un poco para resolver las inclemencias que resuelven el sentido antes de permitir que las ideas habiten sin más algo de lo pensable/impensable, siempre con disponibilidad a posibles que se imaginan improbables.

Inventar una gramática que participa de la existencia social, una realidad en la que se habita, proliferación que escapa a la taxonomía occidental que coloniza.

Habitar un otro lugar en el lugar para asistir al desconcierto de producciones identitarias estancas. Recuerda una idea: no generar prácticas de producción de identidad sino prácticas de invención de libertad4

Desembarcar en lugares escriturales de subjetivación disidente, de opresión pero también de potencia de transformación. Quizás ya se partió a otras territorialidades, aunque avizoran que un viaje entre líneas recién comienza.


Buenos Aires, Noviembre 2022.


Mientras que la posición de espera, es disponibilidad abierta a lo por venir, asumir una posición de espera es mantenerse disponible a lo que acontece, espera de que devengan estos saberes no sabidos que se encargan de las memorias de cada sensibilidad. Cabe servirse de una frase mencionada por algún docente de la Facultad de Psicología, quien indica lo siguiente, “uno no sabe que sabe lo que no sabe”, y aunque parezca un trabalenguas, parece útil para pensar.

Desde estas palabras podría considerarse las palabras de Coleridge, en 1817 sobre el pacto ficcional, considerar verdaderas algunas premisas, el mundo de lo verosímil, lo cual es creíble dentro del universo representado y sus reglas; es la ficción lo que está siendo tenido en cuenta, se supone por ende la momentánea suspensión de la incredulidad, apartar el sentido crítico sobre la realidad con plena voluntad a propósito de las reglas consideradas; es posiblemente una gran función, esto supone Cesare Pavese (1950) en Percia (2021) cuando supone que el “oficio de vivir” consiste en creer algunas mentiras al mismo tiempo que a olvidar la vacuidad de la existencia, serían estas realidades que dan paso a la ficción; es la práctica cotidiana de creencias y olvidos.

Ahora bien, la vida es un sinfín de sucesos donde se pone en juego lo aprendido, el saber, así como la materia que no se crea, ni se destruye, sino que se transforma, pero, ¿qué se intenta insinuar con esto?, Percia (2021) en incredulidades, la credibilidad, “la creencia en la palabra y autoridad”, podría decirse, lo que creemos saber, o lo que elegimos creer, es “una posición política de incredulidades que eligen confiar en una posición y no en otra”, además, el saber está en constante movimiento con otros saberes, si se reprime es porque a causa de otro saber no se pretende ocultarlo, si no se acepta se niega, si no convence se desmiente y si no se puede tramitar, se olvida; pero siempre es un saber por otro aunque no esté disponible cómo se obtuvo, de alguna manera está ahí.

En este momento, el devenir de un acontecimiento que ha significado la pandemia, que hizo diferente a la mayoría de acciones que se hacían comúnmente; incluso el hecho de adquirir una medicación artificial, y allí, quizás, pudimos emigrar a otra medicación sin darnos cuenta. En lo posible, concluida la etapa de encierro, aislamiento, apartamiento, que hubo o que aún suceden, hay soledades que han actuado como medicación, que han creado experiencia en el acontecimiento; haciendo un lugar, un espacio, un hueco al amor, a la amistad; a aquellos momentos que transforman y animan, a ubicar esos sentimientos minoritarios de encuentros, pero no de personas, de estar rodeados; sino aquellos encuentros de cercanías, que protegen de la desolación.

Se puede comprender entonces, en términos de saber, que es necesario despertenecerse de las posturas hegemónicas. Es imprescindible un derrame de los espacios y prácticas dominantes en salud, de esa norma que captura. Es necesario correrse de ese lugar en el que sólo, el médico es el que puede y sabe, cómo traer lo desalojado; Percia (2021) diría que resulta arrogante pretender oficiar la vida.

Pero entonces, volviendo un poco al comienzo, ¿cuál es el saber?, si todo está impuesto, si el saber es poder, alguien debe tenerlo, si uno no sabe, hay alguien que si, un profesor, un psicoanalista, el cual sabe lo que uno desconoce, eso que duele, que desborda, y que el profesional tiene la fórmula para “sanar” eso que excede al cuerpo. De igual manera, tampoco ellos tienen toda la verdad, ¿no?, si siguen el discurso de otros, el saber de otros. Entonces, ¿tal vez no sería tanto un no saber sino un no tener respuesta a lo requerido?, el saber siempre está, pero a veces no se puede usar, no se puede dar respuesta, pero no por ello no se sabe.

Sin embargo, hay algo que hace ruido en esto, ¿por qué se piensa que un profesional tiene un saber? ¿Por qué tiene que haberlo? ¿Por qué tiene que haber una lógica, un sentido?. Debemos seguir pautas, reglas, debemos saber por qué es imposible el no saber, y de dónde salió todo esto, por qué es “normal”. Algo hila todo esto, lo atraviesa, se impone, el sentido común.

El sentido común se impone como norma, aquello que se cree propio, íntimo, experiencias personales pero que en realidad no lo es. El sentido común encasilla y clasifica. El habla capitalista se esconde en el sentido común, es la voz de mando, dominante, dice qué es lo que está bien y lo que no. Da una sensación de protección y de seguridad porque uno cree concordar con la mayoría de la gente cuando habla a través de él, también porque le da sentido, certeza a lo que hacemos. De lo contrario, nos sentiríamos perdidos.

En adición a esto último, Barthes (1977) plantea que no existe un único poder o posiciones que tengan el poder, sino que el poder está en todos y en todos lados porque está inscripto en el lenguaje y a su vez todo lenguaje se expresa en una lengua. El lenguaje clasifica y la clasificación oprime. Inmoviliza la vida en común. Obliga a decir: El lenguaje ata, aprisiona, sujeta Todo lo que se puede decir, ya estuvo pensado. Genera discursos y sentido común: dirige la vida, los modos de pensar y actuar. Se ven estas obligaciones como si fueran elecciones libres. El poder fábrica personas a medida (relacionado con ficciones). Actúa naturalizando, en lugar de prohibir, nos hace creer que muchas cosas de las que hacemos, decimos, deseamos son naturales. Distinto a la potencia.

Entonces, ¿cómo tener un pensamiento, un saber?, si el pensamiento ya está pensado por el discurso social consensuado, que sujeta y despersonaliza transmitido por medio del lenguaje, aquí no se producen subjetividades, sino, se embelesan sensibilidades, las cautivan, anestesia sujeciones, suaviza ataduras, contiene deseos de fuga. Se suele conformarse, aunque a veces se duda, no se puede escapar, sin embargo, como indica Barthes (1977), se le puede hacer trampas.

En consonancia con las subjetividades atadas, Buttler Judith (2004) en “Deshacer el Género”, se refiere a la individualidad como experiencia de ser deshecho, agencia que se deriva del hecho, que estamos constituidos por un mundo que no escogimos; pero en esta experiencia existe una condición de posibilidad, la cual es, aspirar a vivir de manera que mantenga una relación crítica y transformadora; aunque hayas discursos que opriman, que pretendan decir una verdad.

Esa razón, ese sentido común en el Psicoanálisis nos hace creer que es necesaria la existencia del terapeuta porque es el que viene a traer a la luz esos saberes olvidados. Tiene una técnica “mágica” que nos “cura”.

Por ello, pensar en ¿qué medicación preferimos? La que me quita la enfermedad y me cura lo corporal o aquella que incluye sobre un cuerpo enfermo de sensibilidades y encuentros cercanos, donde la soledad no se cuenta como proximidad en distancia medida, sino en cercanías, donde no soy excluido, de todo aquello que gobierna, domina inclusive lo vivido.

Podemos asumir las medicaciones, como aquello que ofrecen los galenos, asumido la mayoría de las veces, como sustancias que permiten mejorar la salud ante la enfermedad que se manifiesta corporalmente; y desde una sala de admisiones creemos que estamos en ese lugar porque necesitamos de aquello que ofrece, lo que brinda, lo que allí se concede para alcanzar lo que deseamos con la medicación, y lo que esperamos encontrar es la salud, y puede suceder que se nos pasa la salud esperando encontrar la medicación idónea, quizá por eso sobreviene como pregunta: ¿será esta pastilla la correcta, la indicada?.

Eso es lo que enseña lo instituido, ante cualquier síntoma que representa estar mal de salud, hay que asistir a un centro de atención para obtener la medicación adecuada, se pretende huir del dolor, del malestar, de un cuerpo que habla; se concibe que allí sería el lugar justo para obtener explicación a los sucede físicamente, ante la aparición de una enfermedad.

En relación a lo instituido, se puede pensar, en saberes, que según diferentes mecanismos, son ocultados, suprimidos, dudados y hasta suspendidos, pero nunca eliminados, ese saber sigue siendo parte de nosotros en algún aspecto. Es aquí donde se invita a pensar la labor del psicoanálisis, el tratar de que reaparezcan, de traerlos, de que no sean más disimulados, de que se los reconozca, de que pueda haber representación. Según Percia (2017) estos saberes no sabidos se encargan de memorias de cada sensibilidad. Sin embargo, el concepto de sensibilidad logra traspasar memorias personales, sensibilidad desborda la idea de lo individual, son sensibilidades no personales.

Se propone abandonar sustantivos y expresiones que insistan en la fábula del sujeto. Se sugiere el término sensibilidades, como un modo de nombrar lo sensible sin evocar las figuras totalizantes del sujeto (yo, persona, y otros sustantivos que reencarnan en un sujeto trascendental), Percia (2017), refiere que “cada vez que se pronuncia la palabra yo: un genocidio se vuelve verosímil”. Se piensa que en eso que habla y por costumbre (instituido), el psicoanálisis y en general se lo llama yo, no se enuncia una voluntad soberana de sí, sino una multiplicidad de voces de la civilización. Se propone que quizás convenga pensar a eso que llamamos sujeto, como entramados de sujeciones. Pensar al “sujeto” como composición de sujeciones a ideales, enunciados, identidades, que son culturales y que para componerse como tal necesita crear esas sujeciones. Esas sujeciones no son propias. Descentrar la idea de sujeto ya que sujeto se emplea para lo sujetado. Se es sujeto en cuanto sujetado al lenguaje.

Todo lo que hay en ese yo se compone como si fuera una fábrica, incluso el deseo. Deseo como composición, se arma un deseo con ese gran otro, con el lenguaje, no es algo propio. Deseo como lugar de la sujeción. Sospechamos a esos sentimientos que pensamos como propios. Deseamos con lo que hay, con lo que el habla nos permite pensar.

Por ello, desde la idea del presente informe, la idea de esta clínica, de esta propuesta de sala de admisiones, se pretende ese encuentro consigo mismo, no esúnicamente descubrirnos en cuanto tal, lo que somos, es dejar que cualquieracontecimiento tenga esa intención de ser vivido más que recordado, no es lograr un película de aquello que no se sabe y que está como saber, aquello desalojado o no, venido o no, lo cual fuese necesario que se promueva como un valor de plenitud y potencia.

Quizás, la expresión “clínica menor” pueda ofrecerse como artificio ficcional que ayude a desterritorializar la clínica; arrancarla de sus modos estereotipados. Artificio que posibilite tramar haceres clínicos desaferrados de disciplinamientos presentes en manuales y normas. Darse a poder estar en "disponibilidad" de ejercerla en lugares o circunstancias que no son las establecidas previamente, invitar a escuchar, hablar en donde se necesite, una plaza, la facultad, etc. “Cuando el deseo de hablar irrumpe, ese momento y ese lugar, no equivalen a cualquiera.”(Percia, 2017, P. 60). Son momentos de una común vulnerabilidad, la cual empareja a los hablantes, los iguala en el decir. Por lo tanto, en este momento se desarrolla la conversación clínica, es dado por un “poco saber” o un “no saber”, es una común incerteza en la que los hablantes no saben qué pensar sobre lo que está pasando o no saben a dónde ir en la conversación, provocando un común silencio. Se hace silencio ante lo irreparable o irremediable, es un silencio que abriga lo irreparable o aquello sobre lo cual no se puede decir. Además, es un momento de impoder, ya que se debe reconocer que se está ante un no saber, y surge el deseo de volver a hablar y pensar, de forma que nos habilita la posibilidad de pensar a la incertidumbre como un motor o una invitación a entrar en conversación.

A causa de esto, no suena mal pensar que las clínicas celebran conversaciones en un común naufragio. A veces, consiguen hacer lo que el irse a pique no permite: suspender la catástrofe. Dar un respiro, inyectar una pausa en la perentoriedad. Hablar de lo que está pasando hasta que una palabra o un silencio, quizás, vislumbren una inesperada orilla. La maravillosa magia del tiempo se dice en la frase final con la que se termina cada sesión: Seguimos con esto la próxima. (Percia. M, sesiones de un naufragio.)

Respecto a lo mencionado, podemos pensar a la enfermedad como algo que se nos aparece para abrirnos los ojos, para mostrarnos algo que no estábamos pudiendo ver. En nuestra sociedad se la suele considerar como algo que con un medicamento se soluciona, sin embargo, con la medicación estamos tapando lo quenos viene a mostrar, es una solución rápida. Esa necesidad de buscar una solución urgente a eso que se suele considerar como perjudicial. Por lo tanto, es replantearse aquello que solemos ver como malo, ¿el estar enfermo es algo tan perjudicial que tenemos que solucionar con medicamentos, ir a la farmacéutica, hacer lo que tenemos tan normalizados, o también es parte de la salud?

Pero, y al no obtener lo que se busca, ¿qué es lo que ocurre?. La incredulidad nos introduce la duda, pone en juego ese saber, se cree, se apuesta, se postula una espera: ¿sentirnos mejor (hacer transferencia) y para qué? ¿Por qué necesito resolver esto? ¿Cómo lo va a resolver? ¿que se busca? Muchas veces se han escuchado ante una recomendación el “¿y para qué?”. La común incredulidad se refugia, se ampara en una cercanía momentánea. Percia (2022), alude que una circunstancia clínica no enseña a creer en la ficción de sí, sino a descreer en todas las ficciones. Ayuda a reponer la necesaria incredulidad identitaria. Creer para poder descreer de todas aquellas ficciones que nos dañan. Entre ellas, las ficciones posesivas e identitarias.

En la clínica no se trata de creer en un saber, una cura, una salvación que emerge, pero la incredulidad (en el progreso, en la solución, en la vida eterna, en el fin de los dolores) debe suspenderse, para poder tramitar la angustia, esta existencia despojada de toda pertenencia, aquellos que están angustiados son vistos como “locos” por los que están domesticados, atados, sujetados por los poderes, y al tratar de escapar del lenguaje y no utilizar la lógica de propiedad (“Yo soy, yo tengo, esto es mío”) se produce un sentimiento de desamparo que es necesario para pensar desde otro lugar.

En adición, en relación a lo no sabido, se vuelve a hacer hincapié en esta clínica que apuesta a introducirse a esto, salir del camino trazado, criticar lo impuesto y conocido, invitar a pensar en algo que uno no sabe, que sale de la normalidad, ¿cómo algo que desborda y no se sabe, puede explicarse con un manual?. Según Percia, (2017, p.62) La clínica está ahí, “Hacen lugar para lo que no tiene lugar”. Además, afirma Percia (2017, p.60) “No sólo en consultorios, sala de hospitales, gabinetes comunitarios, también en bares, plazas, esquinas: en el umbral de una puerta, en el marco de una ventana, en un pasillo estrecho”. Es necesario e igualmente de suma importancia, llevar la clínica de atención, de acogida, a todos los espacios, porque la salud no es sólo estar bien físicamente, trasciende los límites corporales, va a lo impersonal, la clínica viene a ser la reintegración de lo fragmentado.

Entonces, ¿qué se procura desde la sala de admisiones? En cuanto a las medicaciones, sería el desesperado encuentro con la salud ante la enfermedad que deja la mirada reflexiva sobre lo que podemos vivir, aun desde la enfermedad. No la queremos y la evitamos, nos enfocamos en evadirla, erradicando en parte, aquello que puede darnos esa otra, no medicación, no una pastilla, pero aún no sabemos medirlo, es más no se puede medir, simplemente sucede, no se puede anticipar, no le pertenece a nadie, ya que es impersonal; es un acontecimiento.

Quizás convenga diferenciar esperanza de espera. La esperanza aguarda una solución mesiánica que llegará a enmendar los dolores del presente. Frecuentemente olvidamos que también esta vida, el vivir; sí, incluso con la enfermedad, se asume como capital a un cuerpo sano, como lo normal, aunque hay un gran número de sensibilidades que procuran una clínica menor ante la pretensión mayoritaria, hay otras como la hegemónica, industrias farmacéuticas, que evitan que ellas se procuren, sucedan, es decir, pretenden acaparar toda la atención para focalizar en ellos toda posibilidad, y hacer olvidar la potencia de la vida.

Las clínicas precisan asumir una posición de poco-saber despojados de la arrogancia de lo ya sabido. Poner en suspenso aquellos saberes valorados, ir hacia el encuentro clínico con el cuidado que implica alojar lo que acontezca cada vez. Por lo tanto, se percibe como urgencia otros modos de pensar a eso que llamamos clínica, a esas inquietudes que intentan fugar de los modos disciplinados, manualizados de pensar la técnica.

Ahora bien, ante lo hegemónico, lo cual pertenece a lo institucional, podría considerarse como violencia simbólica; ya que ha sido el discurso creado y que hablan aquellas instituciones, considerado tal, como la clínica mayoritaria, según Guattari y Rolnik, procede de la cultura de las masas, como elemento de producción de subjetividad, como individuos normalizados, articulados según sistemas jerárquicos, sistema de sumisión, procesos de singularidad, individualidad que reclama códigos preestablecidos, o modos de manipulación. Bozzolo Raquel (1999) en “Los vínculos y la producción de subjetividades”, sostiene que lo histórico social insiste en la exterioridad, y advierte que la concepción sobre los sujetos que naturaliza su forma de existencia anula posibilidad de transformación, por lo que intenta desencializar la subjetividad desnaturalizando las teorías; la elucidacióncrítica de las significaciones sociales, produciendo la subjetividad reflexiva y deliberante; al estilo de Foucault, que entiende a la subjetividad como el modo en que el sujeto hace la experiencia de sí mismo; alentando de tal manera, nuevos modos de subjetividad, rechazando la individuación-individualidad impuesta durante mucho tiempo; por ende, afirma Bozzolo (1999) que la producción de subjetividad no es subjetividad como algo dado, en términos de producción; es colectiva, se evidencia y genera en lo social.

Ahora bien, con todo lo planteado se puede pensar y retomar, que el saber, que por diferentes motivos fue transformado y devenido en otra cosa, que molesta, que desborda, es lo que la clínica menor cerca del psicoanálisis, intenta recuperar; y es esta clínica menor que se despega del camino trazado, sale de las rigideces de los dispositivos; saliendo así mismo de esas pertenencias identitarias, de la ilusión de pertenecer a un “todo”, de esa unanimidad mayoritaria.

Bibliografía

Barthes, R. (1977). Lección inaugural de la cátedra de semiología lingüística del Collège de France”. En El placer del texto y lección inaugural. Buenos Aires: Siglo XXI.

Bozzolo, R. (1999). Los vínculos y la producción histórica de subjetividades. Revista Configuraciones Vinculares, 2 (XXII), AAPPG, Buenos Aires. En: https://www.pablohupert.com.ar/index.php/los-vinculos-y-la-produccion-historica-de-subjetividades/

Butler, J. (2004). “Introducción” en Deshacer el género. Editorial Paidós.

Deleuzze, G y Guattari, F. (2002). Cap I: “Introducción: Rizoma” en Mil mesetas. Editorial Paidós.

Pizarnik, A. (1958) El despertar.

Percia, M. (2014). Sujeto fabulado I. Notas.

Percia, M. (2017) (lo común), (poderes), (clínicas), (soledades), (sujeciones). EnEstancias en común. Editorial La Cebra.

Percia, M. (2018) “Corajes que atraviesan portadas” (Prólogo) en Después de los manicomios. Clínicas insurgentes. Editorial La Cebra.

Percia, M. (2018). Demasías, locuras, normalidades. Meditaciones para una clínica menor. Editorial La Cebra.

Percia, M. (2021). Sesiones en el naufragio (5) Incredulidades. En: Adynata Revista. Reveses de clínicas estremecidas.

Percia, M. (2022). Sesiones en el naufragio (32) Dar la acogida. En: Adynata Revista. Reveses de clínicas estremecidas.

Preciado, Paul B. (2022) Presentación de Dysphoria Mundi. En librería asociativa/distribuidora/editorial Traficantes de sueños. Madrid, España.

Rolnik, S. (2017). Una terapéutica para tiempos desprovistos de poesía. En Tres ensayos sobre Lygia Clark por Suely Rolnik. Editorial Natas cuadernetas.



1 Música. Composición instrumental derivada de la anterior pero destinada a ser una pieza de concierto independiente, se lee en google. Se prefiere significar como otra cosa del texto en el texto, justo antes del texto o como escritura en los márgenes de un parcial.

2 Pizarnik, A. (1958) El despertar.

3 Preciado, Paul B. (2022) Presentación de Dysphoria Mundi. En librería asociativa/distribuidora/editorial Traficantes de sueños. Madrid, España.

4 Hacer espacio en un parcial para lo que antes no tenía lugar. Otro espacio para quienes transitan como cursantes de grupos II y otro espacio para los encuentros, producciones escriturales en la universidad.



Jordi Bernadó Illescas (BE 39.3). Serie: "Welcome to Espaiñ” 2007 Fotografía 106,6 x 80 cm

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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