• Revista Adynata

La escritura del reencuentro / Daniel Calmels

La letra densa (Fragmentos)

En homenaje a Lysandro Galtier, maestro de libros.


Entre otros, sentados contra la pared de la ventana, de izquierda a derecha: Lysandro Galtier, Alfonsina Storni, Pablo Neruda, Norah Lange.

La propuesta de este escrito es recuperar algunas grafías de los archivos, el surco de color que llamamos escritura, de puño y letra de su autor, escritura “a mano” intentando traer un rastro, una huella del cuerpo de los poetas, así como también las foto-grafías. Para llevar esto acabo recurrí a una serie de libros pertenecientes a la biblioteca de Lysandro Galtier, así como cartas, esquelas, y fotografías (en parte inéditas) que se insertan en un texto mayor, dando testimonio de la intimidad de una dedicatoria, la palabra pensada que acompaña un obsequio y la escritura epistolar, tan propia de una época.


La letra densa


“El psiquismo se comporta poéticamente.

De allí en este caso el placer de escribir.”

Gastón Bachelard


“La página en blanco es un oído que aguarda”

Roberto Juarroz


La huella que la mano deja cuando escribimos palabras, puede ser una forma de recuperar el gesto. El cuerpo suele estar ausente en el sobre de una carta, pero viaja en ella una marca de la persona. La letra singular, es una estela que la mano deja con los gestos plurales de la lengua escrita. La escritura a veces es una forma de acercamiento: se escriben cartas para llegar al cuerpo del otro.


La escritura poética no intenta olvidar el cuerpo, sino reconstruirlo. La poesía es palabra densa, habitable, palabra que busca y atrae a otra palabra: trabajo de amantes, cuerpo y poesía.


Alejandra Pizarnik sabe que la poesía llega al cuerpo, al cuerpo herido: “Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos”.


Una de las formas más eficaces para alejarse del poema es descarnarse y leer con la lengua ortopédica, la que corrige la sintaxis y la ortografía. Dice A. Pizarnik: “Perras palabras, ¿cómo han de poder mis gritos determinar una sintaxis? Todo se articula en el cuerpo, cuando el cuerpo dice la fuerza inadjetivable de los deseos primitivos”.


La palabra escrita es suma de praxis y lenguaje, unión del cuerpo en la lengua, lengua común de los cuerpos.


Las experiencias corporales son fuentes de alimentación de las imágenes. Las vivencias corporales son material para nuestras metáforas verbales. El cuerpo siempre es reservorio. Allí donde el lenguaje verbal es pobre en extensión de vocabulario, se enriquece en la condensación.


Este escrito recupera papeles, correspondencias, esquelas, cartas, imágenes correspondientes a Lysandro Galtier.


Lysandro pinta, modela arcilla, escribe poesía y ensayo, traduce a H. Michaux, I. Seferis, J. Cocteau, G. Apollinaire, O. W. Milosz, Juan Ramón Jiménez. Su lengua de origen es francés, pero su cuerpo está crecido en la inmensidad de la pampa, éste es su paisaje referente: "la llanura sufrida de quien mi alma aprendió el gesto, la actitud...".


***


Con una pluma pesada, Lysandro escribe sobre un ejemplar de El cántico del Conocimiento, texto de Milosz que acaba de traducir:

Otro ejemplar envió años atrás a Antonio Porchia. Este le contestó con alguna de sus “voces”.


“Un pequeño homenaje a mi gran amigo Lysandro Z. D. Galtier Antonio Porchia”. Foto tomada por Lysandro Galtier


Porchia extrajo del libro de Milosz una frase, la copió lentamente sobre una hoja y la clavó con unas chinches en la puerta de madera: “Toda enfermedad es una confesión por el cuerpo.” Milosz.

Antonio sentía atracción por los textos breves, aforismos, sentencias, semillas, pequeñas concentraciones… en las que el cuerpo tenía su lugar. Escribía:

“Herir el corazón es crearlo.” “El temor de separación es todo lo que une.”

Trabajaba en un libro interminable que llamó Voces, una de ellas decía:

Cuando Roger Callois traduce su libro al francés (1949) muchos descubren a este escritor italoargentino que “recibía amablemente en pijama y pantuflas en su humilde casa de Nuñez” a los que querían conocerlo. Fue él quien en el año 58 auspició el primer libro de Roberto Juarroz, Poesía Vertical, que inauguraría un ciclo de publicaciones con el mismo título.

Porchia preludia la publicación, en la solapa del libro, con esta frase: “Leyendo o escuchando los poemas de este libro, creo que sentir es

profundo y comprender es superficial, porque siento muchísimo y casi

no comprendo.”


Poesía Vertical, le llega a Galtier:


Juarroz comienza el primer poema con estos versos: “Una red de miradas mantiene unido al mundo, no lo deja caerse.” [1] En la poesía la escritura recobra su antiguo dominio del espacio gráfico. Las palabras no ocupan un lugar convencional, frecuentemente hay rebelión contra el margen izquierdo. En la mayoría de los casos la escritura poética se aleja de los márgenes, se centra, construye más de arriba hacia abajo que de izquierda a derecha; “poesía vertical”, como diría Roberto Juarroz, uniendo el cielo con la tierra, quizás recordando a Gastón Bachelard. El poeta dibuja la letra, vuelve densa la palabra.


Así como no abandona un nombre único para sus libros, Poesía Vertical, tampoco abandona el interés por la mirada; dirá en próximos textos:


“Hay veces en que un rostro deshace la mirada,/ deshace sobre todo el

rostro ocultísimo que la mirada lleva.”

"Me miro en el espejo y mi imagen no existe. /Me miro en un espejo que

no existe/y mi imagen existe. /La imagen crea el espejo. /El espejo es una

imagen de la imagen.”

Roberto Juarroz


La poesía siempre se ocupó de la mirada, porque la mirada se ocupó siempre de la poesía. La vista se acerca a la certeza, la mirada a la sugerencia. La poesía se aleja de la certeza. Octavio Paz, sensible al cuerpo, escribe:

“El ojo piensa el pensamiento ve la mirada toca” Roberto Juarroz muere en abril de 1995. Octavio Paz lo despide con estas palabras en el diario “La Nación”. “Mencionar a Porchia al hablar de Juarroz no es gratuito: fue un escritor afín y que, quizá, lo inició en su extraña peregrinación hacia las fuentes ocultas de lo que llamamos realidad. Un poco más tarde conocí en persona a Roberto; el puente fue la amistad que nos unía a los dos con la poeta Alejandra Pizarnik.”

Para el cuerpo la mirada es siempre una brújula. Nos avisa la calidad del terreno, la lejanía de la costa, el límite del mar. Pero toda la inmensidad del ver y del mirar se ve recortada.


***


En 1927, Galtier acompaña a Charles de Soussens en su internación en el Hospital Rawson, le compra a escondidas botellas de ginebra y cigarros Avanti. Soussens, en un acto protocolar firma los vales que nunca se cobrarán. Galtier, archivista, los conserva.

Charles de Soussens en su internación, hospital Rawson, acompañando por Lysandro Galtier, rodeado por su hermana Elena Galtier, y María Elena Ramirez del Carril, 1925.




Jorge Luis Borges, refiriéndose a Fernández Moreno, dice “Recuerdo uno de sus poemas más memorables, el cual narra un encuentro con Charles de Soussens, la noche que murió Rubén Darío. Los dos se encontraron en un café de la Avenida de Mayo; los dos lloraron la muerte del gran poeta que había renovado de éste y el otro lado del mar la poesía de lengua española, y luego al alba se despidieron. Entonces Fernández Moreno describe, o mejor, evoca, menciona, el esplendor de la aurora hacia el oriente, y luego el pobre Soussens que se aleja claudicante, el pobre Soussens vestido casi míseramente, pero con bastón y guantes y galera. El último verso nos dice: El sol manchaba de oro tu pobre yaqué verde”. Borges Jorge Luis, “Poetas de Buenos Aires”, revista Testigo, N° 1, Buenos Aires, 1966.

En 1973, Galtier publica Carlos de Soussens y la bohemia porteña [2], dedicado a Evar Méndez, quien la abriera las puertas de la revista Martín Fierro. Libro este que podría leer todo investigador de la literatura argentina. Reúne un rico anecdotario, fotografías y facsímiles de cartas y poemas de época, reunidos durante años. Ya en el año 30 le escribía al Vizconde de Lascano Tegui sobre los mojones de la poesía francesa en la Argentina, Soussens y los nuevos:


Lascano Tegui era un poeta singular, cocinero sutil. Dice:


Cocinar es evadirse. Dejar un amarradero. Irse. Es soñar todavía a la vera de un prado o a la orilla del mar, desde donde vienen el buey y el pescado…”

Escribe en De la elegancia mientras se duerme, uno de sus títulos mas enigmáticos, “…hoy por hoy, nuestro mundo continúa retenido por el ojo de la llave en que miramos la vez primera. Sólo vemos una pierna, un brazo o un seno.” [3]

Lascano Tegui en su escritorio, foto sacada por Lysandro Galtier

Viviendo en Paris deslumbró con su comida a Picasso y fue traducido al francés por Francis Miomadre. En los mismos tiempos en que otro argentino residía en Paris: Oliverio Girondo.

Acaba de leer poemas de Galtier


Oliverio proclama que a la vida le dan “ganas de lamerla constantemente” y se apropia del verbo, de la acción, abre los ojos y:

Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean, se penetran, se chupan, se demudan, se adormecen, despiertan, se iluminan, se codician, se palpan, se fascinan, se mastican, se gustan, se babean, se confunden, se acoplan, se disgregan, se aletargan, fallecen, se reintegran.


Años antes, Evar Méndez dirige la revista Martín Fierro, integra a los poetas jóvenes, entre ellos a Galtier. En enero del 38 lo invitan a una reunión en la cual participan entre otros los novios Norah Lange y Oliverio Girondo.

Cuatro años después, Jacobo Fijman, era internado definitivamente en el “Vieytes” (hoy Hospital Borda). Oliverio junto con Antonio Vallejo (luego sacerdote), en 1927, lo habían acompañado en un viaje a Europa. Oliverio costeó los gastos, Vallejo se hizo cargo de la compañía en la cual no se ahorraron algunas bromas pesadas dirigidas a Fijman, hecho que luego lamentarían.


El cuerpo en la poesía de Oliverio es un punto de llegada. En Fijman es un punto de partida: “la paliza que me dieron era para hacerme descarnar”, dice cuando es tomado preso. En otra oportunidad agrega: “El manicomio es la cárcel del cuerpo, un infierno.”. “Perder el cuerpo en una batalla contra el demonio era lo más hermoso.”


En el “Vieytes” escribe y dibuja. El ordenamiento de las letras, siempre mayúsculas y de imprenta, mantiene la forma de un oleaje


Cuando Fijman regresa de aquel viaje a Europa, forma parte del grupo redactor de la revista “Número”, en la cual, entre otros, escribe Leopoldo Marechal, el autor de Adán Buenosayres, libro en el que Fijman figura como Samuel Tesler, un personaje con la “doble natura de un hermafrodita”, en el sentido psíquico y no anatómico, como lo aclara J.J. Bajarlía.

Marechal le manda una carta a Lysandro Galtier, por aquellos años intendente de la S.A.D.E (Sociedad Argentina de Escritores); en ella le pide una solicitud de asociación para Elvia.

Elvia es su mujer y a ella le escribe:

“Elviamor, cuando sueñas, la construcción del mundo es una risa de albañiles.” En el año 67 Marechal escribe: “el concepto poético, en última instancia, no sería más que una versión analógica del concepto metafísico, dada con el “saber” de lo cognoscible y el “sabor” de lo deleitable (y poseer el sabor de una cosa es poseer la cosa misma)”.

Este fragmento forma parte del prólogo que realiza a Visión de los hijos del mal de Miguel Ángel Bustos. Lo presenta como un poeta metafísico “cuya creación no se realiza en el modo ‘conceptual’, sino en el modo experimental, sabroso en sus penurias y penoso en sus iluminaciones”.

Bustos lee el prólogo para su libro y recuerda el día que golpeó a la puerta de Marechal “sin anuncios ni presentaciones, en busca de una comunión espiritual”.


Garabateó en un papel: “Las reiteradas internaciones psiquiátricas, los 25 shocks insulínicos, no impiden que siga escribiendo y dibujando”.


En el año 1970 le envía a Galtier su libro:

Su metafísica no lo aleja de la temática del cuerpo; a ella acude con intensidad y violencia:

.El infierno, aquella costilla que nos falta. .Toda madre mata a su hijo con el cuchillo del pezón

Hasta aquí fragmentos de un recorrido posible, el cuerpo en la poesía y la poesía del cuerpo, trazo y letra, grafías, gesto y palabra.


***


Lysandro Z. D. Galtier


Nació el 06/10/1904.

Poeta, ensayista y traductor. Su carrera literaria tuvo dos importantes vertientes, como escritor por un lado y como traductor por otro, este último desarrollado con un gran reconocimiento por parte de creadores literarios.

Así también participó como pintor y ceramista de diversas muestras.

Especializado en francés y griego. De sus numerosos trabajos como traductor, se destacan sus versiones al castellano de autores como G. Apollinaire, Lubicz Milosz, Henri Michaux, Saint-John Perce, Alain Fournier, Jean Cocteau, Mircea Eliade y Julien Green, entre otros. Así como su versión al francés de Juan Ramón Jiménez y de Alfonso Reyes. En tanto que, como autor sobresalen las obras: Itineraire, Mot de passe, Lumiére de Pampa, Antología del poema traducido (tres tomos) y Penumbra Lúcida por el que obtuvo el Segundo Premio Municipal de Poesía (1970) y el Tercer Premio Nacional de Poesía (1971). Premio Konex de Platino 1984.

Falleció el 30/03/1985.



[1] Juarroz Roberto, Poesía Vertical, Buenos Aires, ED. Equis, 1958, José Mármol, Pcia de Buenos Aires.

[2] Galtier Z. D. Lysandro, Carlos de Soussens y la bohemia porteña, Buenos Aires, ministerio de Cultura y Educación, 1973.

[3] Visconde de Lascano Tegui, De la elegancia mientras se duerme, grabados en madera de Raúl Monsegur, Paris, Excelsior, 1925.



Nota:

El índice de la obra de La escritura del rencuentro de Daniel Calmels: I) Julio Cortázar, II) Jacobo Fijman. III) Alejandra Pizarnik. IV) La inspiración. V) La letra Densa en homenaje a Lysandro Galtier.


Este libro inédito del que publicamos fragmentos del capítulo cuatro acaba de ganar el primer premio ensayo literario, concurso Premio Especial "Eduardo Mallea" bienio 2013/2015, del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, conocido durante décadas como "Premio Municipal".

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