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  • Foto del escritorRevista Adynata

Lou y Anna / Cynthia Eva Szewach

En la separación no es la pérdida, sino la posesión la que solo recién se vuelve plenamente consciente.


Lou Andreas Salomé y Anna Freud mantuvieron una correspondencia continua desde 1919 a 1937. Está reunida en un libro1 que lleva como subtítulo una frase de Lou “Como si volviese a casa, al padre y a la hermana” (Als käm ich heim zu Vater und Schwester). Cuando escribe esta línea en octubre de 1928, según Inge Weber y Daría Rothe -quienes epilogan el epistolario reunido- Lou Andreas Salomé acababa de regresar a Göttingen, de una visita a Freud y a su hija Ana en el Sanatorio Schols Tegel. Allí se encontraba Sigmund Freud, porque su prótesis mandibular debía ser nuevamente ajustada, debido al cáncer que padecía hacía ya varios años. Anna le responde a esa frase “¡Estoy tan contenta de poder ser su hermana!”. La sensación y afectuosa expresión de Lou, “volver a casa” (Heimcommen), está referida a la alegría familiar de ser huésped en el hogar de Freud.


En esta ocasión, para comenzar a compartir las correspondencias, decidimos transcribir casi en su totalidad, una breve carta, fechada siete años antes, el 22 de diciembre de 1921 de Lou dirigida a Anna y que forma parte de los inicios del intercambio.


Comparten sueños, paisajes, apreciaciones del clima y conversaciones teóricas del diálogo con su amigo Bernfeld. Está escrita con el afecto que se estaba comenzando a instalar, derivado a su vez de la profunda admiración y agradecimiento de Lou por Sigmund Freud, quien se alegraba y propiciaba que su hija pueda establecer un vínculo con una de sus discípulas más respetada, con quien sabemos mantenía una correspondencia constante desde 1912. En ellas, encontramos que, en octubre de 1921, S. Freud la invita a Lou A. Salomé con mucha generosidad a su casa, la espera lo antes posible, le dice: “(…) porque cuan inseguros son los destinos, las personas y los tiempos”. Al volver de esa estadía a la que nos referiremos, Lou le escribe a su amado profesor “(…) lo esencial de mi estancia en Viena es que vuelvo a sentir (lo que a partir de la guerra me ha resultado en ocasiones algo difícil) que, a pesar de los pesares, la vida es gran cosa”.


El epígrafe elegido en esta nota subraya una idea que encontramos interesante en la carta, la relación que se acentúa entre la separación, la posesión y la conciencia. Surge, según ella dice, en el instante lúcido del despertar del dormir como restos del diálogo.


München2


22 de diciembre 1921


Mi querida Anna,


Me sorprendo de alegrarme muy especialmente al escribirte, porque la pluma puede tutearte, y todo se lo atribuyo a esta única circunstancia: lo que durante los muy bonitos días de Viena aprendí a sentir cada vez con mayor intensidad por ti. Cuando antes de ayer en Salzburgo las montañas brillaban bajo la esplendorosa luz del sol, también sentí una amarga pena de que no nos hubiésemos quedado allí juntas un poco más. Antes (en cuanto quedé casi sola en mi coupé) me sumergí con verdadera admiración en el suplemento que había traído conmigo3. ¡Qué lleno de ideas sugestivas está! Una nota al pie me recordó nuestra última charla con Bernfeld, muéstrasela en la página 35, (acerca de la fantasía, más antigua que la descarga motora supuesta por él).


[…] Afuera hace un tiempo como de soleado abril, ¿también allí sigue así?


La primera noche soñé muy vívida, y según me pareció, muy significativamente; en Viena a menudo tenía, como una vez te conté, un sueño de charlas con tu padre y ese sueño era una manera de ponerme al día con las ilusiones que me presentaban mis deseos, a pesar de que no era para nada consciente de molestarlo, robándole su tiempo, pero ahora era una larga charla contigo—, ¿de qué?, ya no me acuerdo, pero de algo profundamente en común. Y estábamos de viaje. Hacia dónde, no sé. Pero a una meta compartida. Al despertar, me quedó, luego, muy fuerte esa sensación de la que habíamos hablado: de que en la separación no es la pérdida, sino la posesión la que solo recién se vuelve plenamente consciente. La tengo tan clara y vívidamente conmigo, y te retengo, quieras o no, hasta el fin.


Querida Anna, saluda por mí de todo corazón a tus padres, tías, y a todos en la casa, y a Paula, a Betty, y por supuesto a Fanny.


A ti te besa en los labios


Lou



1 Briefwechsel  DtV (Deutcscher Taschembuch Verlag), München 2004

2 Lectura y traducción de la Correspondencia: Cynthia E. Szewach y Jorge Salvetti

3 En esta ocasión no nos enteramos aun por las cartas, que recién comienzan, de qué suplemento se trata. Forma parte del trabajo de intercambio de materiales que se produce a lo largo de los tiempos entre ellas.


Arthur Tress Trono de Afrodita, Nueva York, 1987/2007 Impresión Ilfordchrome en soporte original. 121,9 × 121,9 cm

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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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