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  • Foto del escritorRevista Adynata

Naufragios en Montevideo / Gabriela Etcheverry

Siento mucha gratitud que, por tercera vez, me hayas vuelto a invitar a estar acá, produciendo un estado conversacional y balbuceando alguna idea sobre lo que pienso y lo que me pasa al leer y leerte una vez más. Así y todo cuando digo tu libro, me hace ruido. Me interesa poner como punto de partida lo que dicen Deleuze y Guattari acerca de que Un libro no tiene objeto ni sujeto, está hecho de materias diversamente formadas, de fechas y de velocidades muy diferentes. Cuando se atribuye el libro a un sujeto, se está descuidando ese trabajo de las materias, y la exterioridad de sus relaciones.


¿Qué es presentar un libro?

Presentar, hacer presente, ofrecer, poner algo en una situación, delante, al frente, presente y presencia. También presentar es manifestar, ponerlo en presencia de otros y otras, entregar, dar, conceder. También anunciar. Si me permiten un poquito de asociación libre, cuando escribía estas palabras se me ocurrió que éste presente me llevaba a la situación de los presentes que decimos cada 20 de mayo, a propósito del día en el que en Uruguay se hace presente la memoria viva de los desaparecidos. Esa convocatoria a marchar en silencio y a repetir presente en la insistencia de recordarles.

Emociones no solo se reducen a lo que estamos sintiendo ahora. Emociones acarrean historias, coagulan memorias no personales.


Más que presentar este libro, mi idea es comentarles acerca del estado conversacional que se me produjo en el encuentro con este libro, que para empezar, y si quieren saber, es un libro poblado. Algunos de sus pobladores son Horacio González, Benjamin, Nietzsche, Lucrecio, Pascal, Pizarnik, Borges, Simone de Beauvoir, Rilke, Deleuze y Guattari, Freud y Lacan y Dalí. Foucault y Ricoeur, Juan Carlos De Brasi, Susan Sontag, Blanchot, Artaud, Eco, Vattimo, Clarice Lispector, Bion, Arlt , Cortázar, Laiseca, Jullien, Quignard, Ulloa, Barthes, Pavlovsky, Rozitchner, Miller, Macedonio Fernández, Levrero, Wittgenstein, Spinoza, Kaminsky, Pichon-Rivière, Zito Lema, Sylvia Molloy, Paulo Freire, Lao Tsé, Simone Weil, Primo Levi, Roberto Fontanarrosa, Ursula Le Guin, Cervantes, Pavese, Gramsci, Derrida, Indio Solari, Butler, Tute, Kafka, Beckett, Platón, Sócrates, Hipócrates, Oury, Carroll, Edgardo Gili , Sándor Ferenczi, Mauricio Goldenberg, Lévi-Strauss, Judith Butler. Todos ellos aportan líneas que producen sedimentos y fugas, movilidades y establecimientos, incertidumbres y angustias, alegrías que se pueden compartir y dolores que es necesario alojar. No son autores propuestos como numerosidad sino como multiplicidad.


Nunca hay que preguntar qué quiere decir un libro, en un libro no hay nada que comprender, tan sólo hay que preguntarse con qué funciona, en conexión con qué hace pasar o no intensidades, en qué multiplicidades introduce y metamorfosea la suya. Puesto que un libro es una pequeña máquina, ¿qué relación, a su vez mesurable, mantiene esa máquina literaria con una máquina de guerra, una máquina de amor, una máquina revolucionaria, etc..., y con una máquina abstracta que las genera?


Entonces, ¿qué ofrecer de este libro, en la jornada de hoy? Voy a ofrecer algunos decires del libro y otros que se me han ocurrido a partir de la lectura. Entiendo que es un libro que produce mapas y lecturas trazados por bibliotecas antiimperiales, donde se traducen decires para que estén disponibles y que permiten inventar otros mundos.

El libro ofrece Sesiones como cuando el deseo de decir algo se encuentra con una disponibilidad que decide estar ahí escuchando

Clínicas como acogidas, como anamnesis poéticas, como sabidurías de la espera, como temporadas en lo irremediable, como demoras en lo naciente y despidiente de una vida.

Naufragio no como hundimiento, sino como partida deseada hacia no se sabe dónde. Naufragio no como desastre sino como oportunidad.

Debilidades está presente como un hilo que zurce ideas, discusiones, deseos de otros modos de un común vivir.

Debilidades como indocilidades que alojan ternuras, suavidades, dulzuras.

Urge pensar un porvenir que abrace silencios y estados conversacionales. Urge imaginar embarcaciones que partan llevándonos.

Vivir no consiste solo en aprender a navegar, trazar mapas, leer brújulas, orientarse con las estrellas, atravesar tormentas, eludir arrecifes, tener dónde amarrar.

Vivir supone, también, darse a un naufragio.

Entendí la invitación como convite a un estado conversacional, y por momentos estuve pensando que algo del libro me convocaba a estar reflexionando sobre lo que es para mí; cuando en el libro se trazan líneas que ponen a jugar las debilidades, la enfermedad de la fuerza, ante lo irremediable y estar despidiente, estar naciente, por ahí me estuve conversando y versando con esas cosas. La fuerza como pasión dañosa que impone autosuficiencias, que desprecia la debilidad, que alucina la inmortalidad. Que hace loas al héroe. Y como ya está escrito en otro lugar, para que haya un héroe es necesario que exista una tragedia.


Se dice en el libro:

Una voz acompaña y alienta a sensibilidades expuestas y desfallecientes: “¡Fuerza!”.

El imperativo “Tenés que ser fuerte” demanda, reclama, culpabiliza.

También se relatan presencias que llegan para dar fuerza, que admiten la digna debilidad de una soledad exhausta.

En una época en la que los sentimientos de debilidad, vulnerabilidad, fragilidad, se viven como catástrofes personales, se busca (no importa cómo) estar del lado de la fuerza, la invulnerabilidad, la dureza.

Y después aparecen las consolaciones: Resignaciones afirman que no vale la pena hacer nada. Consolaciones saben estar próximas de lo irreparable. Consolaciones abrazan lo insoportable.

Pretendo no olvidarme de tu invitación hecha en 2008 a estar en la confortación de los hablantes, como forma de producir algún otro modo de estar. Consolaciones que atiendan la terriblez.

Consolaciones que no intenten suprimir pesadumbres. Consolaciones que no nieguen lo perdido.

Consolaciones que no añadan culpas ni demandas al pesar.

Consolaciones que den el estar ahí.

Consolaciones que, sin prometer el final de lo interminable, ofrezcan una pausa, un descanso, una tregua. Consolaciones que alojen dolores que no tienen dónde guarecerse.

Consolaciones que rescaten desdichas caídas en lo impronunciable.

Consolaciones que dan el no poder curar, el solo estar, la sola compañía, el solo tiempo de las cercanías.

Leí este libro abriendo en cualquier página, y me encontré en otras palabras. Por ejemplo en Contentos y zozobras de una conversación. Allí habló también Foucault y Butler sobre el decir y la posibilidad de naufragar en él, en especial cuando se juega la zozobra y el desasosiego. Aparece la interrogación sobre la supuesta hazaña individual de decirlo todo, y emerge frente a ello la posibilidad de instalar un estado de escucha que permite ver qué se dice cuando se dice. Esto me conecta con un modo por el que transito que es el de “barriga fría”, es decir una condición que muchas veces me hace decir algo que está guardado en la barriga. Hay algo muy bello en el libro que dice: Judith Butler (2008) en una conferencia que titula Discurso valiente y resistencia traduce parresia como “discurso valiente”. Subraya que se trata de un habla que dice lo que piensa a pesar del miedo. Advierte que no se trata solo de decir todo, sino de poner en juego todo en el decir, incluso la vida. Aunque ese arrojo para enfrentar al poder político necesita de un concierto: la composición de una acción en común concertada entre cercanías en estado de paridad. Y entonces Conversaciones clínicas interesan como hablas encendidas que se entregan a lo no planeado.

Con algunas de ustedes estuvimos viendo, hace unas semanas, que este mundo está bastante enmierdado. Me permito usar esa palabra porque me la enseñó Juan Carlos De Brasi, hace muchos años, para ubicar ese modo del lodazal donde a veces nos encontramos y que no nos deja ver más allá ni más acá. Y que entonces se necesita de alguna otra cosa, porque así a veces no se puede vivir. Así nos pusimos a leer otro texto, en clave de encontrar allí algo que permita una demora, dar tiempo a otros pensares, hacer lugar a otros modos de vida. Juan Carlos también es habitante de este libro, y dice allí que pensar supone hacer la experiencia de despertenecerse. Mientras tanto, vamos construyendo tentativas de torcer miradas, olfatos, sensibilidades, tactos, sonidos, para poder pensar que otros mundos son posibles.

Pienso que la vida no es posible sin alimento y abrigo, sin angustia y deseo, sin palabras e imaginación. El libro también propone, para el porvenir, sostenerse en el gusto por el pensamiento compartido, el deseo de mejorar las vidas, el amor y la amistad, los encuentros y las pasiones, las alegres, las que nos permiten desplegar nuestras potencias, y las tristes, las que generan impotencia y dolor pero de las que también necesitamos seguir aprendiendo. Necesitamos otro porvenir, deseamos otro porvenir. Porvenir con actos afirmativos, para afirmar nuestras existencias. Y nos invita a considerar al saber que no impone un repertorio de verdades con mayúscula, donde no se necesita suprimir la inestabilidad, la incertidumbre, el riesgo. Tres condiciones inevitables del vivir. entiendo que con este fin se visibiliza que urge poner fin a la desigualdad. Su sin fondo de crueldad, y desaferrarse del peso de posesiones innecesarias.

Hace un tiempo escribía que Producir lo común quizás esté más orientado a propiciar estares que habiliten más que encierren, que cuiden las vidas siendo potencias que se transformen en formas de poder no dañinas; dar espacio para producir lugares donde cada cual esté como pueda y que acompañen la fabricación de nuevas subjetivaciones. Proyectos que permanezcan en estado de ebullición para poder estar considerando sus paradojas y contradicciones, sus ambivalencias y ambigüedades, y que faciliten la interrogación sobre el mundo.


La conversación que me provocó este libro acopla con algo más que también escribí tiempo atrás: ¿Cuáles son los espacios factibles para ciertas vidas condenadas, en este caso con las que portan el mundo de las violencias y desigualdades? Hay espacios que generan bordes por donde transitar acompañados aunque queda a la vista que las asperezas no se remedian fácilmente en tanto se trata de signos de la “civilización” actual; hacer lo que se puede parece persistir como precepto de lo posible.

Otra cuestión que me importa a partir de conversar con el libro es la relativa a la importancia de hacer proliferar la interrogación, fisurando las vallas del sentido común para poder nacer en otros nombres, como lo hizo Rebeca Linke (Somers, 2009) cuando cortó su cabeza, a sabiendas de que los hablantes no pensamos todo lo que se piensa en nosotros, y que muchas veces las palabras salvan de lo peor cuando estamos sostenidos en la dirección figurada por Spinoza (1980 [1670]): “nosotros no intentamos, queremos, apetecemos ni deseamos algo porque lo juzguemos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo es bueno porque lo intentamos, queremos, apetecemos y deseamos” (p. 132).

El libro auxilia a la hora de abordar la pregunta acerca de cuáles son las condiciones de posibilidad para instalar clínicas de lo común, que atiendan a las vidas diversas sin perder de vista los eventuales daños del capitalismo, y que produzcan moradas donde demorarse.

Gracias por escribirlo, entonces.

Nota: Texto leído en la presentación del libro Sesiones en el naufragio. Una clínica de las debilidades. El sábado 13 de mayo 2023. En Minerva, libro y café. Montevideo.


Bibliografía utilizada

Deleuze, G. y Guattari, F. (1988). Mil mesetas (Trad. J. Vázquez). Valencia: Pre-textos.

Percia, M. (2023). Sesiones en el naufragio. Una clínica de las debilidades. Buenos Aires: La Cebra. Spinoza, B. (1980). Ética: demostrada según el orden geométrico (Trad. Vidal Peña). Madrid: Orbis. Hyspamérica. (Trabajo original publicado en 1677).


V. Nicolás Koralsky (2023) Nau fra gio

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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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