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  • Foto del escritorRevista Adynata

Insumisiones, otro nombre para una común debilidad / Verónica Scardamaglia

Actualizado: 2 jun 2023

Frágil, como una bomba”


Acepto este destino de camisas planchadas”

Julio Cortázar


1.

¿Cómo insistir en intervenciones clínicas (institucionales, políticas, pedagógicas, estéticas, éticas) que se constituyan en las texturas de una común debilidad y que no la denuesten o quieran fortalecer y endurecer?

2.

“Dar la acogida” aconteció con varias formas: como exposición teórica de un lunes, como vivo en instagram de un miércoles, como publicación de una revista digital un setiembre y como capítulo de un libro meses después. En cada pasaje, ofrecido a un campo de afectaciones, de hechos, lecturas, pensamientos y escrituras de este tiempo y de otros tiempos, algo permanecía y algo mutaba al recorrer un arco posible de tensiones entre expulsiones y acogidas. Incluso tuvo el peso de “el teórico del día después del magnicidio” a partir de lo que surgió la idea de lo irreductible que toma Levinas y se hicieron referencias a una clínica de lo irreductible. Muchas pistas de esta clínica las encontramos en el libro Sesiones en el naufragio, una clínica de las debilidades (2023).

3.

El capítulo maravilloso Clínicas que saben de la espera se ocupa de estas discusiones y apuestas clínicas. Allí leemos “Dice Oury que si se quiere saber cómo transcurre una civilización, alcanza con observar cómo trata a las vidas desoladas, a las vidas que acampan en las orillas, a las vidas que sienten dolores y energías planetarias.

La palabra tratamiento reúne tentativas de cuidado, de acogida, de donación de tiempo, de una común espera, de un llamado a escuchar lo que no se sabe cómo pensar.

Tratar supone consentir lo irreductible, respetar los ritmos de un silencio, custodiar el misterio indescifrable de una vida".

4.

¿Cómo llevar estas ideas, vivirlas y hacerlas acciones en escenarios institucionales donde acontecen prácticas pedagógicas? Escenarios donde las expulsiones siguen reinando y, tantas veces, transforman a la educación en un campo de castigos y humillaciones al servicio de la domesticación. Espacios institucionales inventados con la lógica del disciplinamiento a través de la producción infinitesimal de daños que, quizás, nunca puedan quitarse los ropajes blancos, solemnes, limpios y mesurados de la homogeneización uniforme.

Aún así, insistencias que se resisten a ello activan, en el antro de lo uniforme formas que, aún aisladas, que muchas veces solitarias, que otras tantas irreverentes y alocadas, ponen en acto una pregunta ¿cómo hacer posible pedagogías de lo irreductible?

5.

Quiere derribar el mástil.

Le dicen que va a ser difícil, que hay otras cosas más importantes para hacer en la escuela antes que eso, pero no se animan a contradecirla demasiado, está ungida con el cargo de directora. Tratan de convencerla diciéndole que siempre estuvo allí. Ella insiste y retruca que en ese lugar, cien años atrás, había un aljibe.

Sueña con que ese pedestal gris de cemento y baldosa, se transforme en un módulo de madera con rueditas, móvil y lustroso para que el patio asuma diferentes frentes, para que la bandera suba y baje sin la obligación de mirar sólo en una perspectiva.

6.

Se lee en el capítulo De las instituciones los grupos y los docentes (Una subjetividad que se inventa. 1994)

31. No todos

No todos piensan lo mismo. No todos aprenden lo mismo. No todos piden lo mismo. No todos entienden lo mismo. No todos gustan de lo mismo. No todos es el principio de la no uniformidad, de la no homogeneización. No todos quiere decir que cada uno trata de ser el que puede. Coordinar un grupo es dejarse incoordinar por un no todos que conjuga tensiones, diferencias y simpatías. Coordinar un no todos es dejarse incomodar.”

7.

En el año 1997 se derogan las amonestaciones y se levanta muchísimo revuelo mediático y social. Ellas nacieron con el reglamento escolar de 1943. Vivieron 54 años e hicieron posibles abusos de poder, expulsiones, castigos, violaciones, acosos, humillaciones y amenazas. Funcionaban unilateralmente y a gusto de quien las utilizara. Se aplicaban hasta llegar al tope de 25, gradualmente o todas a la vez, según la mano que midiera la transgresión.

El 5 de agosto de 1999, ya reformada la Constitución e incluida en ella la Convención internacional por los derechos de niñas, niños y adolescentes, se sanciona la ley 223, que crea el Sistema Escolar de Convivencia en el ámbito de la jurisdicción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se consolida luego de un minucioso relevamiento territorial sobre las diferentes prácticas institucionales que se implementaban para regular y organizar el sistema escolar de convivencia en las 191 escuelas medias y técnicas de CABA.

En un principio, esta iniciativa fue vetada por el entonces jefe de gobierno porteño, Fernando de la Rúa, porque restaba autoridad a los directivos de las escuelas al delegar la decisión final de las sanciones a consejos de convivencia representativos de toda la comunidad educativa. Finalmente, quedó aprobada y reglamentada.

Al día de hoy, aún no logramos desinstalar prácticas y discursos disciplinarios en las escuelas.

8.

Con el proyecto pedagógico Extramuros integrado por más de 20 jóvenes de diferentes cursos y años y coordinado por tres docentes, realizábamos instalaciones estético políticas en la escuela. Luna (15 años, inquieta, curiosa, cariñosa y peronista hasta la médula) trajo de su casa un maniquí. Su mera presencia inquietaba tanto que estuvo un tiempo desaparecido, hasta que lxs chicxs del Centro de Estudiantes lo encontraron en un cuartito del subsuelo de la escuela.

4to 2da lo tenía en el aula. Lo pintaban, lo vestían, lo dibujaban. Decidieron bautizarlo como HELSATAF. Cada mayúscula respondía al nombre y a un pedacito de la historia escolar de unx estudiante que había quedado en el camino.

En rojo, en una pared de un aula, quedó el grafitti con ese nombre. Quizás funcione como recordatorio, quizás como testigo silencioso de lo que son capaces las escuelas.

9.

¿Qué composiciones se necesitan para que las prácticas clínicas y pedagógicas se subleven? ¿Cómo dejar de repetir guiones enseñados para una perpetuidad que hace ver diagnósticos, disfuncionalidades, patologías, faltas y que copulan así con los preceptos del capitalismo?

¿Cómo dejar de conjugar el rezo que dice y hace decir, actuar y sentir:

el problema soy yo,

el problema sos vos,

el problema es él (o ella, incluso elle)

el problema somos nosotros

el problema son ustedes

el problema son ellos?


¿De qué otras clínicas, de qué otras vidas somos capaces?

10.

Leemos en Una subjetividad que se inventa. Diálogo demora recepción (1994)

Yo, docente

Yo docente tiene pequeñas satisfacciones. Yo docente asediado por torbellinos institucionales, modas pasajeras, cursos de perfeccionamiento, presiones diversas, falta de tiempo, burocracias, salarios indignos, humillaciones, luchas imposibles. Yo docente siente frustración y dice que le falta el aire. Sería un error pensar que yo docente es el nombre de una conciencia de narciso desganada; o que es una nueva denominación para el sujeto de la enseñanza. Yo docente es una voz que cree sufrir en exclusividad las injusticias e irracionalidades institucionales. Yo docente es una conciencia que sufre aislada y en grupos. Pero, yo docente es la forma de un sufrimiento sobrante: añade al padecimiento la innecesaria locura del pronombre yo”.

11.

Se pregunta Roland Barthes en el seminario sobre Lo neutro (1977 – 1978) “¿En qué condiciones difíciles un discurso puede no ser arrogante?”.


12.

Arrogancia, avasallamiento, humillación, imposición, infantilización, revictimización, solemnidad enarbolan el imperio de lo uno. No saben y no les interesan las posibilidades a las que abre lo múltiple.

Así congelan, subsumen, mansplanean la mayoría de los momentos, aún en nombre de la deconstrucción, los anarcofeminismos y las izquierdas.


13.

Llegó, orgulloso, vistiendo una camisa rosa e hizo alusión a ello. Un chiste, en tono de añoranza, le advirtió “Ojalá alcanzara con una camisa…”.

Después de almorzar, se retiró sin levantar su plato de la mesa.


14.

Debilidades también pueden recorrerse, nombrarse, sentirse como fragilidades, suavidades, delicadezas, ternuras.

Aperturas porosas donde se cuela mucho más que dolor y que saben de lo que se puede cuando se baja la guardia.


Simone Weil nos recuerda que “Sólo aquel que ha medido el dominio de la fuerza, y sabe cómo no respetarla, es capaz de amor y justicia”.

15.

Plantea Marcelo Percia en Debilidades (2023, Sesiones en el naufragio) que indolencias, indiferencias, anestesias, impasibilidades pueden pensarse como defensas que erige la impermeabilidad de la fuerza para salvarse del dolor.

¿Impenetrabilidad de cuerpos que se pretenden sin agujeros?

16.

¿Qué acciones inventar para liberar a la vida de una civilización edificada en torno a culpa, sacrificio, abnegación, moral?


17.

Un auto comete el homicidio de un hijo de treintipico. Todos le indican retomar terapia. Cuando lo hace, con una delicada sabiduría, dice: “para poder retomar, esperé a no estar todo el tiempo llorando, sino no iba a poder articular palabra”. Sabe de lo infinitesimal de un respiro para hablar, para comer algo, para dormir un poco.

Cuando el dolor irrumpe, la mayoría de las veces, no da tregua. Agrega: “si noto que me pongo muy ansiosa, medito. Estoy meditando un montón, eso me calma”. Hablamos de cómo se calma un bebé: a upa, dándole tiempo y acunándolo. Y concluimos provisoriamente que meditar se siente como acunar el dolor.

18.

Una trampa arrincona y hace pensar a las debilidades sólo como oposición a fortalezas. Queda así miope lo que puede nacer e inventarse ante cada situación cuando se activan alianzas, redes y sostenes.

Conviene sospechar de esta trampa aunque no la entendamos todavía.

19.

En ocasión de la huelga de inquilinos de 1907 se lee en la revista Caras y Caretas del 21 de septiembre: “Hasta los muchachos toman participación activa en la guerra al alquiler. Frente a los objetivos de nuestras máquinas, desfilaron cerca de trescientos niños y niñas de todas las edades, que recorrían las calles de La Boca en manifestación, levantando escobas ‘para barrer a los caseros’. Cuando la manifestación llegaba a un conventillo recibía un nuevo contingente, que se incorporaba a ella entre los aplausos del público”.


En aquella Buenos Aires, un 20 % de la población vivía en conventillos. El vocero de la iglesia, Santiago Estrada, escribía en 1889: “El conventillo es la olla podrida de las nacionalidades y las lenguas (…) En ellos crecen, como la mala hierba, centenares de niños que no conocen a Dios, pero que dentro de poco tiempo harán pacto con el diablo. Carecen de la luz del sol, y se desarrollan raquíticos y enfermizos, como las plantas colocadas a la sombra carecen de la luz moral, y se desarrollan miserables, egoístas, sin fuerzas para el bien”.

La llamada huelga de las escobas estalla a partir de decretarse el aumento de impuestos que provocó la suba de alquileres. Se creó el Comité Central de la Liga de Lucha Contra los Altos Alquileres e Impuestos que pedía la reducción de un 30 % en los alquileres y se expandió hasta lanzar una huelga general.

Relata Olga Viglieca en el texto “La huelga de los conventillos” (2022): “Entonces creció el protagonismo de las mujeres y los niños en la defensa del hogar. Ausentes los hombres durante el día, ellas y sus hijos enfrentaron los desalojos y a las autoridades con uñas y dientes, armados de escobas, piedras, maderas y calderos con agua hirviendo. Defendían lo que les pertenecía o, como decía el manifiesto de los huelguistas, “el derecho a vivir”. De día patrullaban las mujeres y los niños; durante la noche, montaban guardias y las puertas de calle se cerraban con cadenas junto a piedras, palos y todo lo que sirviera para disuadir el desalojo”.

La alegría de la lucha se expandía en los patios y las calles entre asamblea y asamblea donde se debatían estrategias para frenar los desalojos.

Había manifestaciones callejeras que iban de conventillo en conventillo en las que los chicos blandían las escobas. De hecho, una de las primeras manifestaciones fue la “marcha de las escobas” en el barrio de La Boca, donde cientos de criaturas desfilaron con sus madres enarbolándolas”, escribe Olga Viglieca.

Imposible que la represión policial no se hiciera presente, en aquellos tiempos dirigida por el detestable coronel Ramón Falcón quién fusiló a Miguel Pepe, un español de 17 años a quién había marcado días antes cuando arengaba gritando “Barramos con las escobas las injusticias de este mundo”.

20.

Endurecerse sin perder la ternura

Hace 10 años, el proyecto Extra Muros organizó una Chermesse. Se implementó para trabajar el nombre de la escuela y dar a conocer diferentes acontecimientos de la vida de Ernesto Che Guevara con juegos: la rayuela revolucionaria, Inventate una vida, Tumbagarcas, No seas bigote, El juego de la foca, CQChe y Ponele la boina al Che. Para éste, Vicky, Naza y el Mono dibujaron una imagen grandota del Che haciendo fuck you. Inquietó tanto a las solemnidades docentes militantes de izquierda que cuando el dibujo quedaba guardado en una pared de Biblioteca, tapaban con un armario sólo la parte del gesto obsceno.


¿Qué hubiera sucedido si en aquel 2013 dábamos rienda suelta a la propuesta de aquella inmensidad vital de 17 años llamada Vicky de usar el maniquí para hacer un Che Guevara travesti?


Arno Rafael Minkkinen Fosters Pond [escribiendo en el agua] 2000

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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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