Post Guardia XXXIX /Débora Chevnik
- Revista Adynata

- 1 jul 2022
- 1 min de lectura
Instrucciones para constreñir una vida sin desorientarse.
Profesionales y familiares acabando juntos con los pánicos mor(t)ales - Si esa joven vida está buscando un nombre, o incluso si eligió uno, usted siga llamándola por el nombre que le han puesto al nacer.
- Si habla de sí en masculino, y a usted no le parece, sin querer, pífiele.
- Póngale siglas al padecimiento. Diga: es un t.c.a. o un t.o.c. o un t.e.a. o un t.l.p. Aclarando siempre que “depende del caso por caso”.
- Empatice con la madre con un “hay que entenderla, no es fácil ser madre de una adolescente”.
- Encuentre explicaciones para todo, no deje cabos sueltos, evite los enigmas.
- Si usted percibe alguna extrañeza, apúrele alguna idea clara que contenga el verbo ser.
- Si la joven vida se practica cortes buscando alivio, dígale que son recaídas y que tiene que ser más responsable y no lastimarse. Hable con firmeza, no crea que está violentando un cuerpo.
- Si olvidó todo lo anterior y no sabe cómo hacer, esta máxima puede ayudar: mate lo innombrable con un nombre que (no) nombre.


![De Brasi esparcidor de pistas [1] / Marcelo Percia](https://static.wixstatic.com/media/57f2cd_3a6c647a1b764cda8ac505a237ea4046~mv2.jpg/v1/fill/w_980,h_1307,al_c,q_85,usm_0.66_1.00_0.01,enc_avif,quality_auto/57f2cd_3a6c647a1b764cda8ac505a237ea4046~mv2.jpg)

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