Presentación de Fascismo Cosplay de Luis Ignacio García / Ana Longoni
- Revista Adynata

- hace 12 horas
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¡Por un antifascismo cosplay!
1.
Hoy, 29 de mayo, es el aniversario del Cordobazo, la revuelta popular, la pueblada insurgente obrero-estudiantil que en 1969 marcó un antes y un después en el curso de radicalización de aquellos años, en el horizonte de expectativas de transformación de lo existente. ¿Cómo nos punza ese legado cuando en esa misma provincia Milei arrasó con un 74% de los votos?
Y hoy es también (perdonen la referencia personal) la fecha que se cumplen cincuenta años de la partida al exilio de mi madre y sus cuatro hijos, que teníamos entre nueve y un año. En esos exactos siete años, entre 1969 y 1976, había cambiado drásticamente el mundo, el tiempo, el aire alrededor. Cada 29 de mayo, vuelvo a ser esa niña asustada y desconcertada.
Porque quizá no se trata de efemérides sino de reconocernos en un tiempo espiralado. La última vez que presenté un libro de Luis era el Día de todos los muertos de 2023. Presentábamos La hora del diamante, diario de un duelo, escrito ante la muerte de su pareja, la poeta Mariela Laudecina. Este libro, Fascismo cosplay, siendo muy distinto está también escrito como un diario. Y en él aparecen otros duelos, el de Oscar del Barco, el de Beatriz Sarlo, pero sobre todo el duelo de un mundo conocido, aprehensible, comprensible. La muerte del siglo XX. Luis escarba en las poéticas-políticas (de Durruti a Vicente Luy, de Pasolini a Lamborghini) de un siglo XX definitivamente enterrado por un nuevo tiempo furioso, cínico y abismal, y busca claves de comprensión, luminosas estelas de porvenir, insumos vitales y críticos para encarar lo que viene.
Dos libros, entonces, que comparten el género del diario. Un ejercicio de escritura cotidiana, como conjuro. Desde el día después de la muerte de Mariela. Desde el día en que Milei ganó las elecciones. Ambos diarios son de alguna manera también nocturnarios, registro de sueños espectrales y pesadillas diurnas. La intimidad del duelo, expuesta. Nunca son registro para sí mismo, para la intimidad. Luis hace públicos desde un inicio en las redes sociales estos textos. Encuentra allí su interlocución. A borbotones. ¿A quiénes (amigxs, conocidxs, anónimos) está destinada esta escritura?
2.
Voy a entrarle a Fascismo Cosplay por la letra, por cómo fue escrito, proponiendoles una lectura que es antes que nada afectiva de un libro que supone en sí mismo la condición de experimento. Un laboratorio que supone un ejercicio radical, un modo sísmico de intervención, que abreva de lo ya ensayado. En la tradición masottiana, Luis se atreve a meterse en lugares inesperados, y concibe el ejercicio de pensar como acción política, a contrapelo del antiintelectualismo que otra vez se expande.
Luis es filósofo. Su investigación doctoral se centró en la recepción de la Escuela de Frankfurt, particularmente de Benjamin y Adorno, en América Latina. Sus primeros dos libros fueron editados en la Universidad de Chile: Políticas de la memoria y la imagen y Estética y política.
Hace unos quince años nos conocimos y empezamos un camino de complicidad intelectual y afectiva. Escribimos juntxs un ensayo sobre las fotos que Víctor Basterra arrebató al archivo del terror, logró sacar de la ESMA, que se publicó en el libro Instantáneas de la memoria, que Luis editó junto a Jordana Blejmar y Natalia Fortuny en 2013.
Pensando la especificidad de la fotografía como dispositivo de memoria, Luis se adentró en la hipótesis espectral: lxs desaparecidos vuelven a aparecer entre nosotrxs como fotos. Después de las recientes identificaciones en La Perla, podemos decir también que retornan como astillas de huesos.
En La comunidad en montaje. Imaginación política y posdictadura encara los cruces entre la filosofía, la memoria y los estudios visuales. Contra la estetización de la política, la politización del arte (y la politización del pensamiento sobre, con, desde el arte).
La imaginación política es un vector continuo de su pensamiento del que este nuevo libro no solo se ocupa sino también es expresión.
En Luis habita una lengua inquieta, capaz de intentar siempre otros carriles. Una lengua que se presta al arduo y precioso trabajo de la escritura colectiva. Luis también es poeta, y publicó en colaboración dos libros de poesía. Además de un volumen de cuentos infantiles (junto a sus dos hijos): Mutantes.
Es profesor en la UNC, investigador del CONICET, formador de muchos nuevos investigadores. Y fue editor de libros fundamentales como el segundo tomo de No matar. Sobre la responsabilidad, la extensa polémica que desencadena la carta de Oscar del Barco en la revista La Intemperie, y a la que en estos días estamos volviendo con insistencia. Compilador de La Babel de odio. Políticas de la lengua en el frente antifascista, que publicó la Biblioteca Nacional en 2021, y cuyos argumentos podemos postular como un hilo necesario para la trama que propone Fascismo Cosplay, recuperando la temprana apuesta de Roberto Jacoby y Syd Krochmalny por evidenciar el huevo de la serpiente en “Diarios del odio”, buceando en la cloaca de los comentarios de lectores de Clarín y La Nación durante el gobierno de Cristina. E incluso mucho antes, en 1966, junto al grupo Arte de los Medios, con el “antihappening”: la anticipada idea de que los medios son capaces de producir acontecimiento.
Pero Luis es sobre todo mi amigo. Intercambiamos desde lecturas, pelis y podcasts hasta recetas de yogurt casero y tácticas para acompañar la vejez de nuestros padres. Nuestra complicidad es también política: incluso nos animamos a escribir un par de cartas desesperadas a nuestrxs amigxs de izquierda para que no votaran en blanco en el último ballotage que dio finalmente el triunfo a Milei.
3.
Como ya dije, no es la primera vez que Luis escribe un libro que nace en las redes sociales como modo de intervención cotidiana, aprovechando su disponibilidad, su circulación inmediata y su interacción, y asumiendo sus restricciones, la cantidad acotada de caracteres. 2200 caracteres máximo de un posteo en Instagram. No puedo dejar de pensar como esa restricción puede volverse una imposición productiva: como Roberto Arlt que inventó el género de los aguafuertes a partir de la cantidad de caracteres que entraban en la columna que tenía asignada en el diario Crítica. Restricción y a la vez escritura urgente, con vencimiento perentorio: la redacción cierra a determinada hora. Luis no tiene la obligación de entregarnos un posteo, pero es disciplinado y se toma el desafío con entusiasmo. “Moverse y rápido. Sin mapas”, dice Luis. En el primer año del mileísmo, casi todas las mañanas irrumpe con un posteo filoso y abre una conversación que es también muchas veces una discusión. Arriesgándose a usar las herramientas del amo, al recurrir al formato y la lógica de las redes sociales, se van sumando ensayos breves tan peligrosos como dardos, tan esperados como damas de noche, esas preciosas y perfumadas flores blancas que duran apenas una noche luego de tardar un año en abrirse.
Con todos estos textos urgentes, ensambla este libro, un artefacto multiforme capaz de horadar y desentrañar la superficie bruñida e impenetrable que nos refracta y nos deja sin brújula.
Un libro luminoso en medio de tanta penumbra, ante un tiempo incierto que todavía no sabemos cómo nombrar. Se arriesga a pensar lo que repulsa, sacudir el letargo, exponer el pasmo, habitar el desconcierto, ocupar el balbuceo. Un ejercicio de pensamiento que arriesga, desconcierta, tiembla, desafía, titubea, retruca, desenmascara las claves subjetivas de esta época, a la vez que anima a indagar en hasta qué punto estamos todxs inmersxs en un lodazal compartido.
Casi al mismo tiempo que empezaron estos posteos, a inicios del mileísmo decidimos sostener un grupo de lectura sobre lo que llamamos “Derechas manifestantes”, y por sugerencia de Luis arrancamos por leer a Ernst Bloch, Herencia de esta época, como un mosaico fragmentario, otro diario que registra el ascenso del nazismo prestando atención a las transformaciones de la vida cotidiana. Podríamos pensar que Fascismo Cosplay es una versión-siglo-XXI del libro de Bloch, aunque Luis relaciona su proyecto de escritura con el Walter Benjamin de Calle de dirección única (1928), considerado un no-libro o una revista filosófica ”en el que movilizaba el uso de medios y soportes marginales o menospreciados de su tiempo”.
Lejos de la política del avestruz (enterrar la cabeza, enclaustrarnos y preferir no ver nada), Luis encara el desafío de pensar las transformaciones abruptas y convulsas de este tiempo. Sabemos muy bien, en el mismísimo cuerpo, que la lengua de esta época es la guerra, el odio, la crueldad, el dolor. Pero, ¿qué hacemos con todo esto? ¿Se puede conversar con un terraplanista? Este libro lo intenta, sin eludir la discusión que nos debemos al interior de las izquierdas, al reconocer el fascismo adentro, introyectado en nuestras comunidades y subjetividades.
Imaginar no es especular, dice Luis. Y se aventura con enormes cuotas de sensibilidad poética y riesgo teórico en estos tiempos rotos, tiempos mutantes. Sabe muy bien que el laboratorio argentino está también en la Gaza arrasada. Nos comparte una bitácora sin certezas tajantes pero sí con vibrantes intuiciones para situar la bruma y el vértigo que nos invaden y no atinamos a nombrar. Un libro compuesto a partir de mirar alrededor y encontrar tramas insólitas, conexiones subterráneas, fisuras, metamorfosis y deslices, fragilidades, simulacros e imposturas.
En el libro deja indicios, inscripciones autorreflexivas sobre el proceso de escritura. Leo algunas:
“Comparto estos posteos mientras pienso que nuestra existencia digital nos está destruyendo” (p. 84).
“Empecé a postear estos textos fragmentarios de manera casi cotidiana, y de a poco se espacian cada vez más. Entretanto, pasa de todo” (p. 94).
“¿Puede haber pensamiento en un posteo de Instagram?” No, dice Luis, pero lo que importa es “de qué manera ese segmento de caracteres, 2200 o los que sean, se ensambla en esa trama, con qué conecta, de qué forma y con qué efectos incide en el continuo infinito del ruido” (p. 118).
“Si aún puedo hablar de la lengua, desde ella, es porque el enemigo no ha concluido su tarea” (p. 150).
Lo que va pasando, lo que nos va pasando, lo que alcanzamos a pronunciar mientras pasa y luego queda tapado por todo lo que sigue. Cada entrada/posteo puede partir de un hecho (por ejemplo, el disparo a Trump en la oreja), una lectura (La colonia penintenciaria de Kafka), una película (“No esperes demasiado del fin del mundo”), un hallazgo que le manda un amigo (una pintada cerca de Ciudad Universitaria en Córdoba que dice “+Galperin -Grabois”) o una ráfaga de pensamiento, una intuición, una afirmación tajante y polémica (por caso, “Milei no es cínico, es sincero”). Y a partir de ese fogonazo, la escritura avanza buscando desentrañar. No hay tiempo, no hay espacio para barroquismos ni despliegues. Hay que ser contundente y preciso. Como quien tira una piedra. Tensar la lengua en 2200 caracteres.
4.
“Estos fragmentos surgen del deseo de entender un tiempo ‘fuera de quicio’”, dice Luis.
Una escritura fuera de quicio: literalmente salida de la moldura, del marco de la puerta. Para abordar un tiempo desquiciado. Para la marcha del orgullo antifascista del 1F de 2025 -la autoconvocatoria de los rotos, como la define Luis- pintamos un cartel que decía: “No es loco, es fascista”, discutiendo con la estigmatización del diagnóstico psiquiátrico y llevando la discusión al territorio de la política.
Este libro no se encalla en la discusión teórica sobre la pertinencia de hablar de fascismo para nombrar el presente, sino que atiende con riesgo a los signos y las formas de la confrontación, alerta a las señales de la calle, a lo que todavía está gestándose indefinido y en pugna. Dice Luis: “¿A qué se debe la resistencia a nombrar como fascista o neofascista a este experimento?(…) Lo que caracteriza el fascismo es la movilización política del odio potenciada por la utilización estratégica de las redes para reorientar de manera antipopular la justificada furia popular” (p. 68-69)
Recién en la página 138 aparece el concepto que da título al libro: Fascismo cosplay. Lo entiende como una movilidad ficcional: si el fascismo clásico era sinónimo de rigidez y esterotipia, ahora es parodia deliberada. Dice:
“Nadie cree que realmente sean fascistas los muchachotes que lanzaron la agrupación Las Fuerzas del Cielo con una estética provocadoramente fascista. Y a la mirada de muchxs, ese carácter pantomímico, escénico, les resta importancia. Pero es al revés: el devenir drag del fascismo es su táctica más deslumbrante y genial, y el ‘consumo irónico’ fue su caballo de Troya” (p. 140).
No pude sino recordar a Wendy Sulca, la Tigresa de Oriente y el Delfín, haciendo propaganda sionista “Qué bonito es Israel”, protagonistas de una ola de consumo irónico ¿progresista? hace ya unos años.
Astucia cosplayer y ética troll. Gobierno-show, representación autoconsciente que “le da movilidad táctica para entrar y salir de la democracia, destruirla por dentro y neutralizar la crítica por pasearse burlón como imitación de sí mismo”, sostiene Luis.
Si en los años noventa se hablaba de la “farandulización de la política”, esta era parece depararnos “fascismo cosplay”. Y si los años noventa fueron también los de la eclosión de modos festivos y carnavalescos de confrontar con la rotunda impunidad del genocidio que consagró el menemato (en el pasaje del ritual de la ronda de las Madres en torno a la pirámide de mayo a los escraches que podían ocurrir en cualquier lugar, porque “adónde vayan los iremos a buscar”), pienso que podemos avanzar en un desbordamiento del libro y proponer un “Antifascismo cosplay”. Reapropiarnos furiosa y alegremente de la potencia festiva e inestable que allí radica. Luis mismo nos da la llave: “Entre las apropiaciones que la derecha viene realizando de estrategias de la izquierda acaso la más eficaz haya sido la apropiación de la mascarada carnavalesca, la performatividad queer de la identidad ahora bajo la figura del cosplay.” Y también: “La irreverencia y la incorrección política nunca estuvieron fuera del espectro popular progresista”.
Pienso en antifascismo cosplay y me estalla en los oídos “Fama y Guita”. El dúo integrado por Ricardo Ache y Mariposa Trash, se autodefine como “queer-punk bailable, brainrot sudamericano y capusotto-core. (…) un carnaval carioca montonero y sadomasoquista” o como “el hijo no reconocido de Pocho La Pantera con Los Sex Pistols”. Su hit más reciente: “En el depto del vocero/ hay flor de joda con merluza y con champagne”, vociferado en la toma estudiantil en la puerta de Adorni. En una cita precisa a otro antifascista cosplay (aunque él hubiera preferido nombrarse travesti), Pedro Lemebel en su manifiesto “Hablo por mi diferencia”, en la foto que elige Fama y Guita para presentarse, Mariposa Trash tiene la hoz y el martillo pintada en la cara: como maquillaje, como mueca, como mascarada travesti. Pienso de inmediato en otra referencia chilena: los Pinochet Boys, surgida en la estrecha escena underground y punk en medio de la asfixiante dictadura de Pinochet, que coreaban en sus conciertos clandestinos hasta que los interrumpían los carabineros en una redada: "Dictadura musical / nadie puede parar de bailar la música del General / Nada en el cerebro, nada en el refigerador".
Pienso también en un antifascismo cosplay como el que encarna la Columna Mostri, el conglomerado de grupalidades y personas sueltas con quienes venimos tomando la calle desde 2024 con irreverencia y mucho glitter, coreando “mucho sexo gay contra Milei/ mucho sexo anal contra el capital”.
Luis habla de la disyuntiva ante la provocación permanente: no tiene sentido responder/ no podemos dejársela pasar. La multitudinaria marcha del orgullo antifascista antirracista LGTBIQ+ del 1F 2025 fue justamente una respuesta, un no dejar pasar las amenazas e insultos homoodiantes de Milei en Davos.
5.
Por último, me gustaría volver a las efemérides como señales de un tiempo espiralado. Al cumplirse 50 años del golpe de Estado, desde CRI (Comité de Revolución Imaginaria), colectivo transfeminista que integra la Columna Mostri, reescribimos colectivamente la Carta a la Junta Militar que el escritor y militante Rodolfo Walsh estaba repartiendo cuando fue secuestrado y asesinado en 1977. Mantuvimos la misma estructura e intactas algunas frases de la carta original, y encaramos un ejercicio de investigación y escritura colectiva para actualizar la información y llevarla a la actualidad. Compartimos el resultado, la “Carta a los herederos de la Junta Militar” en distintos formatos: circuló en volantes, carteles, fanzines, banderas, se publicó simultáneamente en distintos medios de prensa. La deriva de esta carta continúa y hoy trajimos, junto a Carrie Bencardino, una pequeña tirada del fanzine con sus dibujos. Mímesis, apropiación, mutación: otra táctica de antifascismo cosplay ante la catástrofe de este fin de mundo. Fin de mundo ante el cual podemos invocar la furia y la justa causa, pero también la risa y el burla que son armas con altísima capacidad de fuego, como nos enseña Pilar Calveiro.


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