Que el cuerpo vuelva a latir / Periódico Gatx Negrx
- Revista Adynata

- hace 1 día
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La esperanza, ese ligerísimo pero constante impulso hacia el mañana que nos es comunicado día a día, es el mejor agente de mantenimiento del orden. Todo el sentimiento aplastante de impotencia que esta organización social cultiva en cada uno con la vista perdida no es más que una inmensa pedagogía de la espera. Es una huida del ahora. Ahora bien, nunca ha habido, no hay y nunca habrá más que el ahora
Comité invisible, Ahora
Pensamos que ese ahora implica el ejercicio de escuchar la época: un mundo mercantil desprovisto de sensibilidad que gestiona la vida. Un mundo donde pareciera que la esperanza en la repetición muerta es la única salida. Fe en que los otros son los buenos y estos son los malos, o viceversa. Fe en que hay mejores maneras de gestionar la máquina que encierra cuerpos, aliena vidas, mutila espíritus. Esperanza desesperante. Gobernabilidad eterna.
Cuesta ver el derrumbe
Lo de la reforma laboral resulta brutal, ya que se trata de un blanqueo de la pérdida de derechos, estabilidad y seguridad social que brindaba el viejo mundo del trabajo: eliminación de horas extras, creación de banco de horas, limitación de las indemnizaciones por despidos, fraccionamiento de las vacaciones, ampliación del periodo de prueba, extensión de la jornada laboral, restricción del derecho a huelga. Sin embargo, a pesar de cómo la “oposición” e incluso la izquierda buscan presentarlo, no se trata de un nuevo modelo productivo que viene a imponer LLA, sino al contrario: la precarización laboral es un fenómeno que ya viene pasando hace tiempo. Su aprobación legislativa no es el comienzo de algo nuevo, sino la consolidación y profundización de la crisis del mundo del trabajo desencadenada por la Tercera Revolución Industrial en la década de los setenta (Tigre agazapado, dragón escondido. Crítica esotérica de la Economía Política, 2026).
La izquierda, el peronismo y el resto de las variantes del realismo capitalista se derrumban junto con el viejo mundo del cual son parte. Su perspectiva subjetivista de la movilización de la clase obrera por el reconocimiento dentro de las categorías modernas y la lucha por la distribución equitativa de la plusvalía están acabadas. Desde la Tercera Revolución Industrial y más aún con la Cuarta Revolución Industrial, son las propias categorías las que han entrado en crisis, siendo la del trabajo la más evidente.
El problema con esta perspectiva está en que reduce todo a una pura cuestión de voluntad organizativa. La forma social capitalista, su contenido conceptual y categorías constitutivas –trabajo, dinero, valor, mercancía, Estado, democracia, género, política, economía, ciencia, derecho, propiedad– que le dan un ordenamiento estructural interno, permanecen naturalizadas y transformadas en ontológicas.
Por un lado, la ficción politicista sostiene que el buen funcionamiento del capitalismo –“capitalismo serio”– depende de la “buena voluntad” de políticos y dirigentes que sean capaces de diagramar prolijos proyectos de desarrollo equitativo e inclusivo. También, desde otros colores, se proponen “gobiernos obreros” que sean capaces de gestionar más eficientemente el sistema capitalista, hoy apropiado por las élites dominantes. Por otro lado, una crítica de la economía política inmanente toma los estándares internos propios del objeto analizado para develar sus contradicciones, inconsistencias y promesas incumplidas. La misma no juzga “desde afuera” con argumentos moralistas del tipo “gobiernos de la crueldad” o “egoísmos de los ricos”, sino que procede “desde adentro”, en busca de los patrones estructurales inconscientes que se nos imponen ciegamente (Tigre agazapado, dragón escondido. Crítica esotérica de la Economía Política, 2026).
Está en ese ahora intentar derrumbar las falsas críticas –no por “malas” o “buenas”–, sino porque resultan anacrónicas y el propio sistema las ha enterrado, aunque, paradójicamente, las refuerza –las reforzamos, sostenemos, endulzamos– día a día. Está en ese ahora observar a la lógica enemiga de toda autonomía, esa lógica completamente subsumida al mundo mercantil de la democracia capitalista. Partidos políticos y sindicatos, como representantes de ese entramado, lo sepan o no, son los recuperadores históricos del Estado-capital. ¿Por qué seguimos esperando otra cosa de lo que son?
La calle, su multiplicidad y autonomía
Ya sabemos que el terreno del Congreso y la lógica de la concentración resultan sumamente adversos e hipervigilados. ¿Qué estrategias y lugares encontrar para no quedar subsumidos a las decisiones entreguistas de la lógica partidaria? Ayer, 19 de febrero, lxs autónomxs, autoconvocadxs y pequeñas organizaciones, con sus miles de contradicciones (ideológicas, simbólicas y prácticas), con sus potencias y cosas por afilar, han sido siempre y seguirán siendo quienes banquen la parada. El resto, humo. Con sus miles de diferencias, mientras veíamos las diversas banderas –argentinas, palestinas, mapuche, anarquistas, socialistas–, ayer recordábamos una charla con un compañero en la revuelta en Chile:
Lo que pasa ahora en la revuelta es que la gente ocupa la bandera [de Chile]. En las protestas yo la veía, pero por alguna razón ya no me molestaba tanto. Antes uno veía a alguien con una bandera y decía “fascista de mierda”, y ahora en medio de las batallas hay banderas negras y también banderas chilenas. Y bueno, si están acá… (Periódico Gatx Negrx, 2019)
“Que se vayan todos” se gritó en muchas ocasiones, así como también “La patria no se vende” y “Milei basura, vos sos la dictadura”. Lo múltiple, heterogéneo y complejo de la calle. La patria es la venta, la desposesión, la mercancía. Se trata históricamente del cementerio de pueblos originarios y obrerxs. Milei es una de las tantas desgracias que ofrece la democracia. Ni defectuosa ni por corregir: una forma social y política necesaria para la buena circulación de mercancías.
Como tantas otras veces, ayer el espectáculo de los partidos resultó notorio: discursos de rebelión, puesta de escena, escenarios, reels, fotografías; humo, mucho humo, pero no del que sale del fuego que moviliza, sino de ese que el espectáculo garantiza. La insurrección es atractiva, garpa, mientras solo quede como una postal.
Todas nuestras armas son hermosas. Todas nuestras invenciones son infinitas. Lejos del automatismo partidario –obediente, aburrido y repetitivo–, la imaginación nos espera. Folletos, banderas, bombos, remeras, cánticos, herramientas de sabotaje y de cuidado. Diversos textos que apuntan a contrarrestar la desinformación y el sentido común ciudadanista son repartidos en mano, cara a cara, para vehiculizar debates colectivos e internos necesarios para la época. Para toda época: “La capucha nos iguala en la lucha”, “Fotógrafx, ¿te preguntaste qué consecuencias tiene subir una foto?”, donde leemos “ninguna buena foto vale un pibe preso. Una cámara es un arma”. La ofensa y la poca escucha ante esto resulta un síntoma de época, un síntoma donde el yo, el ya sé, el no me interesa o no lo digas así proyectan la coraza que tanto nos cuesta derribar. Por suerte, todavía hay corazones dispuestos a derribarla, y no son pocos.
Una compañera escucha a alguien que –en ojotas y con una lata de cerveza– comenta “aquellos seguro que son infiltrados”, refiriéndose a compañerxs con el rostro cubierto (como corresponde ante estas situaciones). Se lo interpela y se le entrega un panfleto que dice “Cuidados colectivos en manifestaciones”. Arduo y necesario resulta el esfuerzo por matar a nuestro policía-cuidadano interno. Esfuerzo ante la repetición muerta y desmovilizadora que leemos en un pasacalle de La Garganta Poderosa: “Hay un montón de desocupados, pero cómo crece la contratación de infiltrados”, evidenciando una vez más el loop mediático, sin pruebas ni análisis alguno. Lo volvemos a repetir, la política es triste, pero la militancia progresista es deprimente. Por suerte –o por acción autónoma, mejor dicho– otra bandera al lado de una de Palestina dice: “El pacifismo protege al sistema. No te pongas la gorra, ponete la capucha”.
¿Qué potencias cultivar, que escuchas oír, para abandonar las extensiones del Estado-capital y sus lógicas cuantitativas, estereotipadas y muertas?
El enfrentamiento directo con las fuerzas represivas, la destrucción de las mercancías de los amos y el sabotaje son tan necesarios como los cuidados de nuestras niñeces, de nuestros ancianxs, de nuestros espacios, de nuestros vínculos, de nuestros cuerpos. Quienes digan que las tareas de cuidado son menos importantes o secundarias aún no han abandonado la perspectiva mercantil de transformación. La revolución es la reorganización de las tareas de cuidado. Y en esos cuidados también se alojan las miradas que pueden ver más allá de los discursos que nos sugiere e impone la máquina. Cuidados en el ahora donde la esperanza mercantil muere y donde el cuerpo que late a tu lado ya no es un infiltrado, sino alguien que quiere recuperar la vida que nos han robado.
Referencias
Expandiendo la revuelta. Infiltrados: cómo pacificar la protesta social. Septiembre del 2025.
Periódico Gatx Negrx. «Lo que pasó aquí en Chile el 18 de octubre fue la protesta más potente de la historia que haya podido ver». 29 de noviembre del 2019. Disponible en: https://periodicogatonegro.wordpress.com/2019/11/29/lo-que-paso-aqui-en-chile-el-18-de-octubre-fue-la-protesta-mas-potente-de-la-historia-que-haya-podido-ver-entrevista-a-un-companero-de-la-region-de-chile-participe-desde-los-primeros-dias-de-la-rev/
Tigre agazapado, dragón escondido. Crítica esotérica de la Economía Política. “Sobre la reforma laboral: crisis del mundo del trabajo y límite inmanente del capitalismo”. 18 de febrero del 2026. Disponible en: https://tigreagazapadodragonescondido.blogspot.com/2026/02/sobre-la-reforma-laboral-crisis-del.html




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