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- Una presentación a partir de la tarea de leer "Darse al Pensar" / Soledad Cottone
"Hola Sole, ¿cómo vas con la tarea que te encomendé? espero que la puedas disfrutar en medio de tanto que pasa todo el tiempo." Eso escribió Marcelo y solo pude contestar: "Hola Marcelo, estoy en tarea." Porque en ese momento estar en tarea era eso: leer entre tanto, entre mucho, escribiendo, gestionando, en una traffic, en las marchas, donde se pueda, leer. Esa respuesta —"estoy en tarea"—, sin saberlo, ya anticipaba una de las preguntas centrales del libro: ¿qué significa darse a algo? Porque darse al pensar no es mandato académico, no es sentarse con postureo de pensador. Es, como propone Marcelo Percia, una entrega que ocurre entre: entre una gestión y una marcha, entre un recuerdo y una lectura apurada, entre el ruido del mundo y un silencio que a veces ni siquiera sabemos habitar. Trece formas de darse, una forma del no Darse al Pensar propone trece gestos: darse al pensar, al estar ahí, al fuego, a la clase, al abrigo, a la noche, a la escucha, a la cita, a la lectura, a la inspiración, a lo profano, a lo venidero, a la amistad. Y una forma del no: No darse a la crueldad. No son capítulos, son modulaciones de una misma disposición: la de no guardarse nada, la de arriesgarse, la de exponerse a lo que viene sin la protección de las certezas. Darse al pensar El libro abre con una imagen poderosa: "cuando un niño llora en un planeta deshabitado, carga con el dolor del mundo. Sobrevive a un tiempo sin Dios, a un tiempo de muerte, a un tiempo sin hospitalidad. La vida todavía sigue llorando." Pensar no es tener pensamientos. Suceden ocurrencias, chispazos, ideas sueltas. Pensar es otra cosa. Pensar implica "atravesar momento de pasmo, de indecisión, un salto al vacío". Juega con Descartes y el "pienso luego existo", deviene en encarnaduras de la existencia: bailo luego existo, sufro luego existo, me quejo luego existo, tengo con quienes luego existo. El pensar clínico —ese que a Percia le interesa especialmente— no busca salvar la vida. Dice: “La vida no necesita que la salven. Alcanza con que los pensamientos no la dañen. Y eso ya es mucho.” Tres condiciones del pensar que retomo: el asombro, la transitoriedad, la conjetura. Pensar es no instalarse en la certeza, esa "fijeza argumentada que protege de las avalanchas de lo impensado" (toma de Unamuno). Junto a Horacio González dice: "Deberíamos pensar otra cosa y no sabemos qué. No saber es lo que nos interesa." Darse al estar ahí: la pregunta por la presencia "Estar ahí no alude a un lugar, sino a una disponibilidad." Esta es una de las distinciones más finas del libro. Porque se puede estar presente sin estar ahí. La pregunta "¿estás ahí?" no es una pregunta geográfica. Es una pregunta que sabe que la presencia no está dada por el solo hecho de estar presente. Percia toma a Leónidas Lamborghini y su fascinación por el limbo de la Divina Comedia. Peor que el infierno, dice Lamborghini, es el limbo: "estar ahí sin condena ni ilusión, sin penumbra ni promesa, sin desgracia ni gracia". Una suspensión sin desenlace. Y, sin embargo —como Faulkner— "entre la pena y la nada, la pena". Sigo en la tarea de leer y me detengo en la propuesta de "estar en orillas" ahí ante lo insondable, ante lo que hace tanto dolor. Y aparecen los hospitales, los barrios, los centros comunitarios, los CIC —esos que todavía no terminan de construirse—. Estar ahí es a veces un esfuerzo enorme, un sobreesfuerzo. Por eso se necesitan "modos de habitar en las orillas sin desistir". También me emocionó profundamente el pasaje del Bosque de los Sueños Perdidos, una acción del grupo Escombros en la ciudad de La Plata (2002). La convocatoria decía: "La lista de lo perdido es enorme, dolorosa, tan personal y a la vez tan común. Convocamos a contar lo perdido. ¿Cuál es el sueño que perdimos o que nos robaron?" Alguien respondió: "Un país que nos deje soñar otro futuro. Debe estar aquí y no en Europa." Leo: “a veces se está ahí ante lo inevitable, lo inapelable, lo que no se puede volver atrás”. Lloro mucho, profundamente, las lágrimas empañan mis lentes. Vuelvo ahora a ese instante: aparece la mirada de mi padre en el momento de ahogo, ese instante en que sé que está muriendo y se ahoga, y quisiera que ahí estuviera mi hermana, la kinesióloga, porque quizás ella puede hacer algo. Estoy ahí en ese momento final, inevitable, doloso, tierno. Agradezco la mirada de mi padre, la última, la primera, la de cada día. No darse a la crueldad: la apuesta ética ¿Qué es la crueldad? No solo el acto violento. Es también esa "adherencia a la fuerza, ese odio a la debilidad, esa huida de la vulnerabilidad". Es la violencia que persiste cuando ya no hace falta, la violencia sobrante, encarnizada, innecesaria. La que necesita de la atrocidad para disimular la sospecha de debilidad. Resuena: "uno de los triunfos de la crueldad reside en que las víctimas se sientan culpables de su sufrimiento." Y también la crueldad contra uno mismo: exigirse más allá de lo posible, juzgarse con dureza, humillarse —derivas del superyó. Crueldad "no emana de la pulsión, pulsa sin interioridad". Y aquí hay un diálogo implícito con Freud (el Freud de Por qué la guerra), pero también con la pregunta por el capitalismo como "decisión civilizatoria". La crueldad no es un accidente. Es una forma de organizar la sensación de invulnerabilidad a través de la desigualdad. Frase para subrayar: "La crueldad no se ejerce contra otro, sino contra la vulnerabilidad." Rita Segato aparece para pensar la "función moralizadora de la violencia", la crueldad como "forma probatoria de masculinidad". Fernando Ulloa, por su parte, la define como "la fatalidad social de una vida no abrazada por la ternura" e introduce la expresión "cultura de la mortificación" para abordar aquellas configuraciones culturales hostiles, adversas, infamiliares, que se normalizan como componentes de la vida cotidiana. Vidas mortecinas, apagadas, sin ánimo, sin deseo. Esta sección cierra con una idea inquietante: "Irse de la crueldad, tal vez equivale a irse de la humanidad." No porque la crueldad sea esencial, sino porque estamos tan hechos de ella que separarnos nos vuelve irreconocibles. Pero, aun así, la apuesta es intentarlo. Darse al fuego: la transmisión como relevo Lucrecio ofrece una imagen: la carrera de antorchas. Unas vidas crecen, otras se agotan, y las generaciones se pasan como corredores la antorcha de la vida. "No se recibe la antorcha para atesorarla como un bien propio, se la recibe para pasarla." Eso es darse al fuego: recibir y dar. No acumular. Transmitir. El libro contrapone el fuego al hielo de esta época. "La historia del yo —dice citando a Choi Seung-Ho— merece registrarse como una era glacial." El interés individual, la prioridad amorosa centrada en lo propio, todo eso congela. Urge, entonces, "saber los secretos del calor, darse al calor sin dañarse". Como los puercoespines de Schopenhauer, que necesitan acercarse para no morir de frío, pero sin lastimarse. Didi-Huberman y sus luciérnagas: "no han desaparecido en la noche. No. Las luciérnagas han desaparecido en la cegadora claridad de los reflectores feroces". Sin embargo, hay de su insistencia, de su fugacidad, de su estar intermitente. Sobreviven a la contaminación lumínica, a la robotización de los corazones, a la fuerza abrasadora del capital. Agrego: la esperanza como luciérnaga: algo brilla tenuemente entre la oscuridad. ¿Serán esperanzas intermitentes? Darse a la clase, a la escucha, a la lectura: Sensibilidades, enlaces, tejidos entre aulas y clínicas. Darse a la clase implica "darse a una exposición sin resguardos, a un abandono, a una vulnerabilidad". Tres condiciones de un estar ahí dándose. "Poco saber no equivale a saber poco. Poco saber alude a darse al estar ahí sabiendo lo limitado, lo inalcanzable, lo inconcebible. No piensa una voluntad. Piensa una herida." Darse a la escucha no es lo mismo que oír. Se oye con el cuerpo, se escucha pensando. Hay una escucha que "se pregunta cómo escuchar, qué no estoy escuchando", y otra que "se afirma en no querer entender". ¿Cómo escuchar sin entender? La noche del 23 de noviembre de 1888, Van Gogh se corta la oreja izquierda. Darse a la escucha, dice Percia, "implica darse a un dolor sin veladuras". Darse a la lectura es, ante todo, un acto de libertad. Borges: "La frase 'lectura obligatoria' es un contrasentido. La lectura no debe ser obligatoria. Si un libro les aburre, déjenlo." Leer por placer, por deseo, no por deber. No se trata de "encontrar tiempo" sino de robarle tiempo al reloj de la utilidad. Ese que mide el rendimiento, el que convierte las horas en salario, el que nos dice que una hora de silencio sin resultados es una hora perdida. Leer como "ensueño deseado". Y también leer para "hacer amistad con quienes sienten la vida de un modo que nos hace bien". Pascal Quignard escribe: "Un libro es un pedazo de silencio en las manos del lector." Y Percia agrega: "A veces la acción de desleer importa más que la de leer: desleer supone leer por primera vez lo ya leído." Darse a la inspiración, a lo profano, a lo venidero: Darse a la inspiración aparece a través de una figura conmovedora: Chino, un poeta apócrifo que lleva más de diez años en un psiquiátrico. La psicóloga del taller de escritura lo ayudaba a imprimir lo que escribía. Vendía sus versos en el hospital, entre la gente del pueblo, donde podía. Alguien le pregunta: "Chino, ¿usted copia tal cual lo que esos dioses le dictan?" Él responde: "Sólo cambio alguna que otra palabra para que la cosa se entienda." Y agrega: "Estos dioses malandros sólo me dictan lo que otros poetas destruyeron, perdieron o imaginaron sin llegar a anotar. Pero también me dictan cosas que nadie se animó a pensar. Esas no las copio." Hay versos que cruzan fronteras de las que después no se vuelve. Piensa la interioridad de otro modo. No como algo que debe ser iluminado por un análisis. "No se trata de que algo oscuro se vuelva claro, sino de admitir lo inaccesible como inaccesible, lo incomprensible como incomprensible, lo inabarcable como irreductible." “Se trata de pensar la interioridad como niebla, nube, espuma, como memoria vaporosa, como manojo de sensaciones dispersas en un cuerpo, como burbujas vacías y a la vez repletas de historias.” "Interioridad como flotación abierta, como soplo, levitación, movimiento de aire." Las clínicas, entonces, “no tendrían que ver con la manifestación o revelación de una verdad, sino con el súbito silencio, con algo que pasa en ese minuto eterno de recogimiento, en la última despedida, en un común silencio ante lo indecible.” Leonard Cohen, al recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2011, dijo: "La poesía viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista. Si supiera de dónde vienen las buenas canciones, iría a ese lugar más a menudo." Darse a lo profano y darse a lo venidero completan esta constelación. Darse a lo profano es pensar por fuera de lo sagrado, de lo consagrado, de lo que ya tiene respuesta. “Vivimos tiempos que anuncian que las pocas protecciones hospitalarias que quedan corren riesgo de desaparecer. Tiempos de clínicas extenuadas que no pueden contener tanto dolor. Ni tanta desigualdad. Ni tanta hostilidad. Ni tanto sin adónde ir. Ni tanto sin qué comer. Ni tanto sin con quien hablar”. Darse a lo profano es hacer pie en la intemperie, sin refugios establecidos. Darse a lo venidero, finalmente, “habilita a fabular más allá de lo ya sabido”: no se trata de lo nuevo, sino de lo que viene, lo que interrumpe, de lo que llega como pregunta. Lo venidero hospeda lo que se está gestando: no promete certezas, sino que se abre a lo que aún no tiene nombre. El porvenir no es un destino, es una disponibilidad. Darse a la amistad: la forma que contiene a todas las otras Al final aparece darse a la amistad y en ella resuena todo lo anterior. Porque el fragmento que leo después de haber armado la presentación me obliga a reescribirla. Dice Percia: "Darse a la amistad comienza con las ausencias, con las añoranzas. No se disuelve con la muerte, crece con la ausencia, habita el presente como congoja, la súbita pregunta de qué hubieras dicho." Esto me golpeó. Porque solemos pensar la amistad como presencia, como encuentro, como lo que ocurre cuando estamos juntos. Pero para Percia, la amistad es también —y quizás, sobre todo— lo que persiste en la falta. Esa pregunta que nos hacemos frente a una situación difícil, frente a una alegría que no podemos compartir, frente a una decisión que nos desvela: ¿qué me dirías si estuvieras? "Confidencias que se tenían con quienes ya no están" —esas conversaciones que seguimos teniendo en voz baja, en el auto, antes de dormir, caminando por la calle. Percia las describe hermosamente: "suelen presentarse así: necesito hablarte de algo, no sabes lo que pasó, lo que te voy a decir no tiene que salir de acá." Las confidencias "conservan el encanto de la infancia", esa mezcla de secreto, de riesgo, de confianza absoluta. "Amistades dibujan en el aire un común sentir —dice Percia—, no un sentimiento en común." Diferencia sutil, decisiva. El sentimiento en común es la coincidencia, el acuerdo, la misma opinión. El común sentir es otra cosa: una sintonía que no borra lo intransferible de cada uno. "Un sentir en el que el sentimiento de cada cual queda dispuesto y, a la vez, sustraído, como un tácito saber sobre lo intransferible e intraducible." "Se extrañan las rarezas de la amistad" —esa expresión me encanta: las rarezas, lo no solemne, lo que no se ensaya. “Las extravagancias, las manías, los caprichos.” Porque "una vida no se sabe si no se cuenta", y "en cada amistad la vida se cuenta distinta". No es que la amistad sea un espejo fiel. Es que cada amistad compone un modo de estar en la vida que solo existe en ese encuentro, en esa relación, en esa desviación de una conversación. "Amistades no se reúnen para asaltar un banco o cambiar la vida o hacer justicia, aunque sientan ganas de esas cosas." No, la amistad es más modesta y más radical a la vez. Las complicidades de la amistad "componen una forma de la confianza" —como si la confianza necesitara desarmarse para volver a armarse de otro modo—. “Dan reposo a la vulnerabilidad". Y añaden "el contento de estar, esa alegría sencilla". Maurice Blanchot, tras la muerte de George Bataille en 1962, advierte que: "No se habla sobre el amigo, sino que se sigue hablando con él. No se escribe acerca de su ausencia, sino que se prolonga la conversación. Se busca seguir escuchándolo, permanecer junto a él. Continuar queriéndolo." Eso es la amistad, para Percia: una conversación que no termina. Un hilo que la muerte no corta. Una presencia que se vuelve más intensa en la ausencia. Solo queda la palabra, la confidencia, la pregunta "¿qué hubieras dicho?". Y el fragmento cierra con una honestidad conmovedora: "Si estuvieras con vida en este momento funesto escribirías, por fin, la página perfecta que le daría a este mundo desquiciado una salvación que no sabemos, porque esa perfección nos está vedada." La amistad no salva. No da la página perfecta. Pero sostiene el deseo de escribirla. Lo que la amistad le hace al pensar Vuelvo ahora al comienzo. Darse al pensar no es un acto solitario. Por eso el libro insiste en que "pensar en común" no es lo mismo que "un común pensar". En el primer caso, lo común es el lugar, el modo, la circunstancia. En el segundo, lo común es el prefijo del pensar: no hay pensar sin un común. La amistad es ese común. No porque los amigos piensen lo mismo —eso sería aburrido o aterrador— sino porque el pensar ocurre entre. Entre una confidencia y otra, entre un silencio y una pregunta, entre un extrañar y un reencontrarse. Por eso darse a la amistad es, quizás, la forma más encarnada de darse al pensar. Porque en la amistad no se piensa sobre la vida. Se piensa con la vida, desde la vida, a pesar de la vida. Y cuando la amistad se vuelve ausencia, el pensar no cesa: se vuelve más lento, más hondo, más hecho de silencio y de congoja y de esa pregunta que no tiene respuesta pero que no podemos dejar de hacer: "¿qué hubieras dicho?" Chino, el poeta del psiquiátrico, dice que hay cosas que nadie se animó a pensar y que él no las copia. Tal vez la amistad sea eso: el lugar donde nos animamos a pensar juntos lo que solos no podríamos ni copiar ni decir. Una pregunta (y para seguir) El libro no da respuestas. Da qué pensar. Da a pensar. Se da al pensar. Y quizás esa sea su mayor generosidad. Vuelvo al mensaje de Marcelo: "Espero que la puedas disfrutar en medio de tanto que pasa todo el tiempo." Leer Darse al Pensar en medio de tanto que pasa —marchas, gestiones, silencios apurados, dolores que no terminan de elaborarse— fue, efectivamente, un disfrute. No un disfrute liviano. Un disfrute denso, de esos que duelen como cuando se lee: "Pensar desde los pies, desde una uña encaramada, desde un dolor de muela, desde el sufrimiento de alguien a quien se ama, desde un país en llamas, desde la última caricia. Desde te extraño o desde te quiero." Porque pensar desde el te extraño es pensar con los ausentes. Es prolongar la conversación. Es seguir escuchándolos, permanecer junto a ellos, continuar queriéndolos. Esa es la tarea: darse a pensar, a estar ahí, al fuego, a la clase, al abrigo, a la noche, a la escucha, a la cita, a la lectura, a la inspiración, a lo profano, a lo venidero, a la amistad. Y, sobre todo, no darse a la crueldad. Porque, como dice Percia: "La vida no necesita que el pensar la salve. Alcanza con que los pensamientos no la dañen." Y quizás la amistad sea eso: un pensamiento que no daña. Una conversación que no termina. Un estar ahí incluso —y, sobre todo— cuando el otro ya no está. Ahora que terminé el libro, vuelvo y digo: Estar en tarea sigue siendo la respuesta posible. Zhang Huan Sin título (Mujer trabajando a la luz de una lámpara) 2012 Fotograbado a partir de una fotografía de una pintura de fresno 76,8 × 60,3 cm
- Presentación de "Darse al pensar" / Silvana Bigon
Rosario, 5 de junio de 2026 Una compañera le preguntó: de qué se trata el libro "Darse al pensar". De qué se trata. ¿Una pregunta que surge cuando el nombre de un libro provoca un entrecejo que se junta en una arruga, un labio mordido? ¿La pregunta surge porque de quien lo escribe se haya leído poco o nada? O sí se leyó, pero esta vez, se prefiere un: ¡dale, contame vos de qué se trata! A esa preferencia, ella le dijo, balbuceante, que le parece que el libro trata de…eso, viste, eso que le va haciendo, entre amistades, profanaciones, noches, abrigo, citas, lecturas, escuchas, fuegos y silencios, la vida a la clínica y la clínica a la vida. ¡Eso sí, sin darse a la crueldad! Porque “¿se puede tener sin habitar, poseer sin desear, acaparar sin disfrutar? ¿se puede vivir así?”. ¿Se puede vivir sin poder habitar, sin poder desear, sin poder disfrutar? “Pensar, se dijo, supone decidirse por algo sabiendo lo mucho que se deja de lado”. Alrededor de qué fuego de con quienes, se dijo que “pensar supone decidirse por algo sabiendo lo mucho que se deja de lado”. “Decidirse por algo”. Y la invitan para que diga algo sobre el libro Darse al pensar. Y entonces ese para que diga algo, resulta ¡como mucho! Y como en tantísimas y diversas ocasiones, cedió a la tentación de buscar en el diccionario. Eso sí, a la vieja usanza. Y ese viejo y querido compañero, de lo que dice sobre la palabra algo, ella eligió: Una cantidad pequeña de cierta cosa. Un tantico. Indicios. Puntas y ribetes. Destello. Chispa. Cada fragmento de cada Darse, puede ser un fueguito en el que quedarse un rato, un ratito. Un tiempo sin poder decidir de antemano cuánto tiempo, de las cuántas palabras que vendrán en ese tiempo, o no. Y eso de que cada fragmento de cada Darse puede ser un fueguito en el que detenerse, lo escribió después de leer otro fragmento que dice: “descongelar el acto de pensar”. ¿Cuándo se congela el acto de pensar? ¿será cuando calcina las palabras? ¿será cuando deja a la lengua seca por repeticiones de conceptos sin alma, sin barro? El pasaje completo, dice: “Asistimos a una conversación o un encuentro clínico para descongelar el acto de pensar. Para encendernos con palabras encendidas”. Y enseguidita nomás, sigue diciendo: “algunas sensibilidades no saben, no pueden, no quieren, blindar emociones. Sienten la vida en demasía”. Otras, en demasía, sienten la muerte. “¿Cómo se escucha el habla apagada, la voz del desasosiego, ¿cómo se escucha una lucidez desencantada, ¿cómo se escucha esa mudez aturdida y cansada, ¿cómo se escucha una angostura que estrecha la vida?” ¿Cómo se escucha una sinrazón desesperada? Desde esas preguntas se fue a Darse al pensar. Leer es un hambre. ¡Apa la la! Quiso decir enjambre. Y recordó que había leído algo sobre esto, en el libro. “Freud advierte insurgencias involuntarias en los actos de habla: eso que se dice sin querer decirse, eso que se escurre o sortea el control del enunciado. Eso que se adelanta a las intenciones. Momento de pasmo en el que se dice lo que no se quiso decir o se escucha lo que no se quería escuchar. Momento de un habla que habla sola”. “Qué empuja a pensar, ¿un amor, una urgencia, (una insurgencia) un interés?, ¿la necesidad de abrigo, de sosiego, de respuestas?, ¿responsabilizarnos por actos que realizamos?, ¿haber llegado hasta un punto en el que se vuelve imperioso desaprender pensamientos que nos hacen sufrir?” “Darse al pensar condensa todas las formas del darse”. “Pensar necesita de la amistad, de la escucha, del abrigo, de la profanación, de la lectura, de la inspiración …y así”. Del silencio. Del amor “¡Ay, este tiempo! Suspiros sueltan pensamientos que se escabullen en el aire sin que nadie los piense”. Hoy en la pollería de su barrio, hablaban de no poder dormir de corrido, de despertarse cada tres horas. Como los bebés, dijo ella. “Pensar tiene más relación con suspirar, aun sin pensamientos, que con afirmar, persuadir, demostrar o razonar”. Suena la letra de un tango: primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento. La escucha podría decir: en este libro se dice de mí… más que algo. Pero claro, me acompaña el darse, dice la escucha. Y el darse, repone la cuestión del don en el corazón del pensar, se dijo, en este libro. Entonces también, repone la cuestión del don en la escucha, en estar ahí, en la cita, en el abrigo, en la noche… Pero el don, diría que con firmeza este libro aclara, no como acción que crea deuda, obligación o demanda de reciprocidad. “El don no como extorsión velada o acuerdo de intercambio. Sino como darse al fuego que nos dieron, darse dándolo. No se recibe la antorcha para atesorarla como un bien propio. Se la recibe para pasarla. Pasar lo que recibimos: en eso consiste el secreto de un común vivir”. Pasar lo que recibimos…una afirmación para volver a pensar con quienes alrededor de un fuego amigo. “Una canción para dormir se escucha, no se oye”. Recuerda cuando le cantó en susurros cerquita de su oreja, a aquel muchachito que dormitaba, a poco de ser internado, en una cama del policlínico de hombres de la Colonia de Oliveros. Estaba muy sedado y ella le cantaba para mitigar la tristeza y acunar los sueños silenciados. El arrullo fue desatando de a poquito el nudo en la garganta. “Hay una escucha que ve pasar voces como en una película muda. Una escucha que aprende a leer los labios sellados en un paisaje enmudecido”. Pabellón 10. 1989. Colonia psiquiátrica de Oliveros. “Sensaciones de los inicios de la vida acaecen diluidas en los sonidos del mundo. Después una lengua enseña a escuchar. Con el tiempo ese pasaje se olvida. Se escuchan amenazas y peligros, protecciones y pertenencias, llamados y reprimendas, confianzas y gratitudes”. No siempre. No siempre. “La palabra inglesa burnout se suele traducir como quemado. Se la emplea para describir fatigas de sensibilidades que dan acogida a dolores, tristezas, injusticias, que vagan sin recepción. También para nombrar existencias agotadas por incertidumbres, amenazas, demandas de rendimiento. No hablar sobre lo que nos pasa, se ha vuelto norma. Angustias, angustian”. “Llamamos vida al deseo de contar lo que nos pasa”. “Hay una escucha subyugada por lo que no está, por lo que falta, por lo que no vino a la cita. Una escucha desatenta con lo dicho. Una escucha pendiente de lo sin decir. Y hay una escucha que se propone hacer audible lo audible”. “Hay una escucha que escucha lo desoído. Lo que permanece ausente a pesar de que se lo mencione o se lo registre. Lo desoído acampa indocumentado en una conversación”. “Darse a la escucha implica darse al pensar”. Hay una cita de un libro muy querido, Notas para pensar lo grupal, que dice: “en los tiempos que vivimos, pensar bien no es lo que cuenta, pensar es lo que importa”. “Me gustaría que la muerte me encuentre vivo” Indio Solari “Los estudios sobre citas suelen concentrarse en plagios y autorías, en normativas, protocolos, corchetes, comillas, cursivas, asuntos afines. No consideran cómo se pasa de la cita de amor al amor a la cita”. Marcelo Percia Christian Franzen - Chispas - 2024 - Acrílico sobre lino - 40,6 × 30,5 × 2,5 cm
- Fascismo Cosplay (139) / Luis Ignacio García
Entrada 139 Fascismo Cosplay Antes de su paso a la política, Milei no fue sólo un panelista televisivo exitoso, sino también un cosplayer incipiente. Encarnó al General AnCap (AnarcoCapitalista), bajo asesoramiento de la actual diputada Lilia Lemoine, cosplayer mediática en aquel entonces. Entre las apropiaciones que la derecha viene realizando de estrategias de la izquierda acaso la más eficaz haya sido la apropiación de la mascarada carnavalesca, la performatividad queer de la identidad, ahora bajo la figura del cosplay. Diría que es la apropiación matricial, la apropiación del apropiacionismo como política insurgente. Si algo necesita un fascismo que pretenda afincarse en tiempos hiperneoliberales de flexibilización, precariedad e incertidumbre, es adoptar estructuras de movilidad ficcional que le permitan revertir sus límites históricos, si es que realmente se propone imponer sus objetivos de siempre, pero bajo nuevas condiciones. Si el fascismo era sinónimo de rigidez y estereotipia, al punto que implicaba formas de parodia involuntaria, como toda figura de rigidez autoritaria (El gran dictador de Chaplin no hacía más que desplegar voluntariamente esa parodia ya implícita en los personajes que representaba), ahora la parodia deja de ser involuntaria y pasa a ser deliberada, lo que les da mucho mayor dominio sobre el campo de efectos de su performance: hoy Hitler es Charlot, lo que le otorga la fuerza estratégica adicional de hacerse pasar por una imitación de Hitler. Nadie cree que “realmente” sean “fascistas” los muchachotes que lanzaron la agrupación Las Fuerzas del Cielo con una estética provocadoramente fascista. Y a la mirada de muchxs, ese carácter pantomímico, escénico, les resta importancia. Pero es al revés: el devenir drag del fascismo es su táctica más deslumbrante y genial, y el “consumo irónico” fue su caballo de Troya. Es gracias al escudo autoparódico que despliega a su alrededor con astucia cosplayer y ética troll que el fascismo entra mucho más fácil en nuestro mundo escéptico, fluido y veloz. Lo mismo pienso del show de censura de libros que estamos viviendo con el ataque oficial a varias novelas de mujeres, como Cometierra de Dolores Reyes. Que sea un show, es decir, una representación autoconsciente, ¿le resta o le suma fuerza? El devenir cosplay del fascismo le permite abandonar la rígida topología moderna del fascismo clásico, otorgándole una movilidad táctica para entrar y salir de la democracia, destruirla por dentro, y neutralizar la crítica por pasearse, burlón, como imitación de sí mismo. Fuente: García, Luis Ignacio Fascismo cosplay. Crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires Caja Negra, 2026 Tía Pikachu (Giovanna Grandón) marcha durante el estallido social chileno de 2019.
- Adynata Junio
Ni Una Menos Paren de matarnos. v. Nicolás Koralsky (2025) Serie Frágil
- Presentación de Fascismo Cosplay de Luis Ignacio García / Ana Longoni
¡Por un antifascismo cosplay! 1. Hoy, 29 de mayo, es el aniversario del Cordobazo, la revuelta popular, la pueblada insurgente obrero-estudiantil que en 1969 marcó un antes y un después en el curso de radicalización de aquellos años, en el horizonte de expectativas de transformación de lo existente. ¿Cómo nos punza ese legado cuando en esa misma provincia Milei arrasó con un 74% de los votos? Y hoy es también (perdonen la referencia personal) la fecha que se cumplen cincuenta años de la partida al exilio de mi madre y sus cuatro hijos, que teníamos entre nueve y un año. En esos exactos siete años, entre 1969 y 1976, había cambiado drásticamente el mundo, el tiempo, el aire alrededor. Cada 29 de mayo, vuelvo a ser esa niña asustada y desconcertada. Porque quizá no se trata de efemérides sino de reconocernos en un tiempo espiralado. La última vez que presenté un libro de Luis era el Día de todos los muertos de 2023. Presentábamos La hora del diamante, diario de un duelo, escrito ante la muerte de su pareja, la poeta Mariela Laudecina. Este libro, Fascismo cosplay, siendo muy distinto está también escrito como un diario. Y en él aparecen otros duelos, el de Oscar del Barco, el de Beatriz Sarlo, pero sobre todo el duelo de un mundo conocido, aprehensible, comprensible. La muerte del siglo XX. Luis escarba en las poéticas-políticas (de Durruti a Vicente Luy, de Pasolini a Lamborghini) de un siglo XX definitivamente enterrado por un nuevo tiempo furioso, cínico y abismal, y busca claves de comprensión, luminosas estelas de porvenir, insumos vitales y críticos para encarar lo que viene. Dos libros, entonces, que comparten el género del diario. Un ejercicio de escritura cotidiana, como conjuro. Desde el día después de la muerte de Mariela. Desde el día en que Milei ganó las elecciones. Ambos diarios son de alguna manera también nocturnarios, registro de sueños espectrales y pesadillas diurnas. La intimidad del duelo, expuesta. Nunca son registro para sí mismo, para la intimidad. Luis hace públicos desde un inicio en las redes sociales estos textos. Encuentra allí su interlocución. A borbotones. ¿A quiénes (amigxs, conocidxs, anónimos) está destinada esta escritura? 2. Voy a entrarle a Fascismo Cosplay por la letra, por cómo fue escrito, proponiendoles una lectura que es antes que nada afectiva de un libro que supone en sí mismo la condición de experimento. Un laboratorio que supone un ejercicio radical, un modo sísmico de intervención, que abreva de lo ya ensayado. En la tradición masottiana, Luis se atreve a meterse en lugares inesperados, y concibe el ejercicio de pensar como acción política, a contrapelo del antiintelectualismo que otra vez se expande. Luis es filósofo. Su investigación doctoral se centró en la recepción de la Escuela de Frankfurt, particularmente de Benjamin y Adorno, en América Latina. Sus primeros dos libros fueron editados en la Universidad de Chile: Políticas de la memoria y la imagen y Estética y política. Hace unos quince años nos conocimos y empezamos un camino de complicidad intelectual y afectiva. Escribimos juntxs un ensayo sobre las fotos que Víctor Basterra arrebató al archivo del terror, logró sacar de la ESMA, que se publicó en el libro Instantáneas de la memoria, que Luis editó junto a Jordana Blejmar y Natalia Fortuny en 2013. Pensando la especificidad de la fotografía como dispositivo de memoria, Luis se adentró en la hipótesis espectral: lxs desaparecidos vuelven a aparecer entre nosotrxs como fotos. Después de las recientes identificaciones en La Perla, podemos decir también que retornan como astillas de huesos. En La comunidad en montaje. Imaginación política y posdictadura encara los cruces entre la filosofía, la memoria y los estudios visuales. Contra la estetización de la política, la politización del arte (y la politización del pensamiento sobre, con, desde el arte). La imaginación política es un vector continuo de su pensamiento del que este nuevo libro no solo se ocupa sino también es expresión. En Luis habita una lengua inquieta, capaz de intentar siempre otros carriles. Una lengua que se presta al arduo y precioso trabajo de la escritura colectiva. Luis también es poeta, y publicó en colaboración dos libros de poesía. Además de un volumen de cuentos infantiles (junto a sus dos hijos): Mutantes. Es profesor en la UNC, investigador del CONICET, formador de muchos nuevos investigadores. Y fue editor de libros fundamentales como el segundo tomo de No matar. Sobre la responsabilidad, la extensa polémica que desencadena la carta de Oscar del Barco en la revista La Intemperie, y a la que en estos días estamos volviendo con insistencia. Compilador de La Babel de odio. Políticas de la lengua en el frente antifascista, que publicó la Biblioteca Nacional en 2021, y cuyos argumentos podemos postular como un hilo necesario para la trama que propone Fascismo Cosplay, recuperando la temprana apuesta de Roberto Jacoby y Syd Krochmalny por evidenciar el huevo de la serpiente en “Diarios del odio”, buceando en la cloaca de los comentarios de lectores de Clarín y La Nación durante el gobierno de Cristina. E incluso mucho antes, en 1966, junto al grupo Arte de los Medios, con el “antihappening”: la anticipada idea de que los medios son capaces de producir acontecimiento. Pero Luis es sobre todo mi amigo. Intercambiamos desde lecturas, pelis y podcasts hasta recetas de yogurt casero y tácticas para acompañar la vejez de nuestros padres. Nuestra complicidad es también política: incluso nos animamos a escribir un par de cartas desesperadas a nuestrxs amigxs de izquierda para que no votaran en blanco en el último ballotage que dio finalmente el triunfo a Milei. 3. Como ya dije, no es la primera vez que Luis escribe un libro que nace en las redes sociales como modo de intervención cotidiana, aprovechando su disponibilidad, su circulación inmediata y su interacción, y asumiendo sus restricciones, la cantidad acotada de caracteres. 2200 caracteres máximo de un posteo en Instagram. No puedo dejar de pensar como esa restricción puede volverse una imposición productiva: como Roberto Arlt que inventó el género de los aguafuertes a partir de la cantidad de caracteres que entraban en la columna que tenía asignada en el diario Crítica. Restricción y a la vez escritura urgente, con vencimiento perentorio: la redacción cierra a determinada hora. Luis no tiene la obligación de entregarnos un posteo, pero es disciplinado y se toma el desafío con entusiasmo. “Moverse y rápido. Sin mapas”, dice Luis. En el primer año del mileísmo, casi todas las mañanas irrumpe con un posteo filoso y abre una conversación que es también muchas veces una discusión. Arriesgándose a usar las herramientas del amo, al recurrir al formato y la lógica de las redes sociales, se van sumando ensayos breves tan peligrosos como dardos, tan esperados como damas de noche, esas preciosas y perfumadas flores blancas que duran apenas una noche luego de tardar un año en abrirse. Con todos estos textos urgentes, ensambla este libro, un artefacto multiforme capaz de horadar y desentrañar la superficie bruñida e impenetrable que nos refracta y nos deja sin brújula. Un libro luminoso en medio de tanta penumbra, ante un tiempo incierto que todavía no sabemos cómo nombrar. Se arriesga a pensar lo que repulsa, sacudir el letargo, exponer el pasmo, habitar el desconcierto, ocupar el balbuceo. Un ejercicio de pensamiento que arriesga, desconcierta, tiembla, desafía, titubea, retruca, desenmascara las claves subjetivas de esta época, a la vez que anima a indagar en hasta qué punto estamos todxs inmersxs en un lodazal compartido. Casi al mismo tiempo que empezaron estos posteos, a inicios del mileísmo decidimos sostener un grupo de lectura sobre lo que llamamos “Derechas manifestantes”, y por sugerencia de Luis arrancamos por leer a Ernst Bloch, Herencia de esta época, como un mosaico fragmentario, otro diario que registra el ascenso del nazismo prestando atención a las transformaciones de la vida cotidiana. Podríamos pensar que Fascismo Cosplay es una versión-siglo-XXI del libro de Bloch, aunque Luis relaciona su proyecto de escritura con el Walter Benjamin de Calle de dirección única (1928), considerado un no-libro o una revista filosófica ”en el que movilizaba el uso de medios y soportes marginales o menospreciados de su tiempo”. Lejos de la política del avestruz (enterrar la cabeza, enclaustrarnos y preferir no ver nada), Luis encara el desafío de pensar las transformaciones abruptas y convulsas de este tiempo. Sabemos muy bien, en el mismísimo cuerpo, que la lengua de esta época es la guerra, el odio, la crueldad, el dolor. Pero, ¿qué hacemos con todo esto? ¿Se puede conversar con un terraplanista? Este libro lo intenta, sin eludir la discusión que nos debemos al interior de las izquierdas, al reconocer el fascismo adentro, introyectado en nuestras comunidades y subjetividades. Imaginar no es especular, dice Luis. Y se aventura con enormes cuotas de sensibilidad poética y riesgo teórico en estos tiempos rotos, tiempos mutantes. Sabe muy bien que el laboratorio argentino está también en la Gaza arrasada. Nos comparte una bitácora sin certezas tajantes pero sí con vibrantes intuiciones para situar la bruma y el vértigo que nos invaden y no atinamos a nombrar. Un libro compuesto a partir de mirar alrededor y encontrar tramas insólitas, conexiones subterráneas, fisuras, metamorfosis y deslices, fragilidades, simulacros e imposturas. En el libro deja indicios, inscripciones autorreflexivas sobre el proceso de escritura. Leo algunas: “Comparto estos posteos mientras pienso que nuestra existencia digital nos está destruyendo” (p. 84). “Empecé a postear estos textos fragmentarios de manera casi cotidiana, y de a poco se espacian cada vez más. Entretanto, pasa de todo” (p. 94). “¿Puede haber pensamiento en un posteo de Instagram?” No, dice Luis, pero lo que importa es “de qué manera ese segmento de caracteres, 2200 o los que sean, se ensambla en esa trama, con qué conecta, de qué forma y con qué efectos incide en el continuo infinito del ruido” (p. 118). “Si aún puedo hablar de la lengua, desde ella, es porque el enemigo no ha concluido su tarea” (p. 150). Lo que va pasando, lo que nos va pasando, lo que alcanzamos a pronunciar mientras pasa y luego queda tapado por todo lo que sigue. Cada entrada/posteo puede partir de un hecho (por ejemplo, el disparo a Trump en la oreja), una lectura (La colonia penintenciaria de Kafka), una película (“No esperes demasiado del fin del mundo”), un hallazgo que le manda un amigo (una pintada cerca de Ciudad Universitaria en Córdoba que dice “+Galperin -Grabois”) o una ráfaga de pensamiento, una intuición, una afirmación tajante y polémica (por caso, “Milei no es cínico, es sincero”). Y a partir de ese fogonazo, la escritura avanza buscando desentrañar. No hay tiempo, no hay espacio para barroquismos ni despliegues. Hay que ser contundente y preciso. Como quien tira una piedra. Tensar la lengua en 2200 caracteres. 4. “Estos fragmentos surgen del deseo de entender un tiempo ‘fuera de quicio’”, dice Luis. Una escritura fuera de quicio: literalmente salida de la moldura, del marco de la puerta. Para abordar un tiempo desquiciado. Para la marcha del orgullo antifascista del 1F de 2025 -la autoconvocatoria de los rotos, como la define Luis- pintamos un cartel que decía: “No es loco, es fascista”, discutiendo con la estigmatización del diagnóstico psiquiátrico y llevando la discusión al territorio de la política. Este libro no se encalla en la discusión teórica sobre la pertinencia de hablar de fascismo para nombrar el presente, sino que atiende con riesgo a los signos y las formas de la confrontación, alerta a las señales de la calle, a lo que todavía está gestándose indefinido y en pugna. Dice Luis: “¿A qué se debe la resistencia a nombrar como fascista o neofascista a este experimento?(…) Lo que caracteriza el fascismo es la movilización política del odio potenciada por la utilización estratégica de las redes para reorientar de manera antipopular la justificada furia popular” (p. 68-69) Recién en la página 138 aparece el concepto que da título al libro: Fascismo cosplay. Lo entiende como una movilidad ficcional: si el fascismo clásico era sinónimo de rigidez y esterotipia, ahora es parodia deliberada. Dice: “Nadie cree que realmente sean fascistas los muchachotes que lanzaron la agrupación Las Fuerzas del Cielo con una estética provocadoramente fascista. Y a la mirada de muchxs, ese carácter pantomímico, escénico, les resta importancia. Pero es al revés: el devenir drag del fascismo es su táctica más deslumbrante y genial, y el ‘consumo irónico’ fue su caballo de Troya” (p. 140). No pude sino recordar a Wendy Sulca, la Tigresa de Oriente y el Delfín, haciendo propaganda sionista “Qué bonito es Israel”, protagonistas de una ola de consumo irónico ¿progresista? hace ya unos años. Astucia cosplayer y ética troll. Gobierno-show, representación autoconsciente que “le da movilidad táctica para entrar y salir de la democracia, destruirla por dentro y neutralizar la crítica por pasearse burlón como imitación de sí mismo”, sostiene Luis. Si en los años noventa se hablaba de la “farandulización de la política”, esta era parece depararnos “fascismo cosplay”. Y si los años noventa fueron también los de la eclosión de modos festivos y carnavalescos de confrontar con la rotunda impunidad del genocidio que consagró el menemato (en el pasaje del ritual de la ronda de las Madres en torno a la pirámide de mayo a los escraches que podían ocurrir en cualquier lugar, porque “adónde vayan los iremos a buscar”), pienso que podemos avanzar en un desbordamiento del libro y proponer un “Antifascismo cosplay”. Reapropiarnos furiosa y alegremente de la potencia festiva e inestable que allí radica. Luis mismo nos da la llave: “Entre las apropiaciones que la derecha viene realizando de estrategias de la izquierda acaso la más eficaz haya sido la apropiación de la mascarada carnavalesca, la performatividad queer de la identidad ahora bajo la figura del cosplay.” Y también: “La irreverencia y la incorrección política nunca estuvieron fuera del espectro popular progresista”. Pienso en antifascismo cosplay y me estalla en los oídos “Fama y Guita”. El dúo integrado por Ricardo Ache y Mariposa Trash, se autodefine como “queer-punk bailable, brainrot sudamericano y capusotto-core. (…) un carnaval carioca montonero y sadomasoquista” o como “el hijo no reconocido de Pocho La Pantera con Los Sex Pistols”. Su hit más reciente: “En el depto del vocero/ hay flor de joda con merluza y con champagne”, vociferado en la toma estudiantil en la puerta de Adorni. En una cita precisa a otro antifascista cosplay (aunque él hubiera preferido nombrarse travesti), Pedro Lemebel en su manifiesto “Hablo por mi diferencia”, en la foto que elige Fama y Guita para presentarse, Mariposa Trash tiene la hoz y el martillo pintada en la cara: como maquillaje, como mueca, como mascarada travesti. Pienso de inmediato en otra referencia chilena: los Pinochet Boys, surgida en la estrecha escena underground y punk en medio de la asfixiante dictadura de Pinochet, que coreaban en sus conciertos clandestinos hasta que los interrumpían los carabineros en una redada: "Dictadura musical / nadie puede parar de bailar la música del General / Nada en el cerebro, nada en el refigerador". Pienso también en un antifascismo cosplay como el que encarna la Columna Mostri, el conglomerado de grupalidades y personas sueltas con quienes venimos tomando la calle desde 2024 con irreverencia y mucho glitter, coreando “mucho sexo gay contra Milei/ mucho sexo anal contra el capital”. Luis habla de la disyuntiva ante la provocación permanente: no tiene sentido responder/ no podemos dejársela pasar. La multitudinaria marcha del orgullo antifascista antirracista LGTBIQ+ del 1F 2025 fue justamente una respuesta, un no dejar pasar las amenazas e insultos homoodiantes de Milei en Davos. 5. Por último, me gustaría volver a las efemérides como señales de un tiempo espiralado. Al cumplirse 50 años del golpe de Estado, desde CRI (Comité de Revolución Imaginaria), colectivo transfeminista que integra la Columna Mostri, reescribimos colectivamente la Carta a la Junta Militar que el escritor y militante Rodolfo Walsh estaba repartiendo cuando fue secuestrado y asesinado en 1977. Mantuvimos la misma estructura e intactas algunas frases de la carta original, y encaramos un ejercicio de investigación y escritura colectiva para actualizar la información y llevarla a la actualidad. Compartimos el resultado, la “Carta a los herederos de la Junta Militar” en distintos formatos: circuló en volantes, carteles, fanzines, banderas, se publicó simultáneamente en distintos medios de prensa. La deriva de esta carta continúa y hoy trajimos, junto a Carrie Bencardino, una pequeña tirada del fanzine con sus dibujos. Mímesis, apropiación, mutación: otra táctica de antifascismo cosplay ante la catástrofe de este fin de mundo. Fin de mundo ante el cual podemos invocar la furia y la justa causa, pero también la risa y el burla que son armas con altísima capacidad de fuego, como nos enseña Pilar Calveiro. Reverendo Billy y el coro “Stop Shopping” . 10 de Diciembre de 2023. Fotograma
- “Lou Andreas Salomé. La filósofa del psicoanálisis” Florencia Abadi y Matías Trucco / Cynthia Eva Szewach
Recibí la invitación a presentar la llegada del libro con mucha alegría y agradecimiento, una manera de comenzar con la lengua que nos propone Lou Andreas Salomé. La gratitud es para ella una disponibilidad femenina a que surja lo inesperado. El libro dimensiona la historia de una mujer que fue parte de los comienzos del psicoanálisis, un poco olvidada en ese terreno y muy poco leída en sus copiosas producciones escritas. Lo acentúan desde el inicio, Florencia y Matías quienes han trabajado, por lo tanto, de forma extraordinaria en el campo de la memoria. Entonces sin duda, el libro, es una contribución al psicoanálisis. Un acontecimiento. Florencia y Matías lo titulan al comienzo como “Ensayo”. Se trata de un rastreo tenaz de intertextualidades hecho a dos voces, componiendo una voz escrita, que no se expresa de manera complementaria, sino entretejida y entramada en acuerdos conversados y minuciosas decisiones gestadas. Hay dos sitios a los que me gustaría darle luminosidad y que no son ajenos a la enunciación en juego. Por un lado, brindan un homenaje agradecido a los lugares de donde provienen, desde donde parten: la Universidad Pública, el Conicet, el Hospital Público. Por otro lado, comienzan con una dedicatoria a sus abuelas, Dora y Catalina, dos nombres que hacen a una filiación, además de ser muy freudianos. Dedicatoria con la que Lou acordaría, ya que para ella su abuelo fue una de sus matrices protectoras. Ingresar en las páginas del libro es encontrarse con una manera de haber dado cuerpo a la trayectoria de una lectora incansable… Personalmente, a Lou Andreas Salomé, la pienso como una amiga que me hice hace un tiempo, aunque ella, por obvias razones, no lo sabe. Es una amistad, desde ya, no correspondida por las contingencias de los des-tiempos, pero casi toda amistad tiene esa extraña no reciprocidad. Inclusive ella estaría de acuerdo, en ser ubicada como amiga imaginaria. La infancia es uno de los territorios en los que Florencia y Matías se adentran en el libro a partir del especial interés que reviste para Salomé, la conexión esencial con las primeras huellas del vivir. Son trazas no demasiado exploradas de ese modo, que ella busca de manera inaugural restablecer, resaltar, ahondar, en lo que llama: “ampliar el sentido de lo infantil” y por lo tanto extender sus alcances en la vida y en la creación. Es una consonancia ineludible que tiene con el poeta Rilke para quien la infancia es centro de intimidad y matriz de escritura. En el libro nos participan de manera muy precisa del encuentro transformador que tiene para ella encontrarse con el psicoanálisis y sin duda, con la figura de Freud. Las teorizaciones que elabora navegan en una bisagra pensante, entre su estadía filosófica y su práctica como analista. Transmiten en el libro, acerca de cómo Lou deviene analista. Cuentan desde donde comienza su derrotero y con quienes ha realizado usualmente sus experiencias de transformación. La libertad que le otorga transitar el estudio de literatura, de teatro, de filosofía e incluso su apertura amatoria, la conducen a un puerto de arribo novedoso que se asienta en lo insurrecto y lo no encasillable. Lou escucha al hueso de la palabra de su interlocutor y allí radica uno de sus atractivos, junto con la potencia que tiene su capacidad para hacer hablar, reflexionar, amar. La gratitud también es tomada como una forma de recepcionar la vida sin pesar. Es una gratitud que su amigo Freud sabe reconocer y cuidar de manera muy singular. La fortaleza de confidente y calidez reservada, es resaltada por él. Lo reafirma contundente y conmovido cuando le ofrenda sus palabras de despedida. En el libro nos transportan a un clima de época y a una temporalidad, en la que podemos imaginar, por ejemplo, la espera de la llegada de las cartas a veces retrasadas por la guerra. Epistolario, como una escritura donde lo personal y las teorizaciones se entrelazan sin estorbarse. Entablan un extenso intercambio de lecturas, críticas, conversaciones clínicas y afectos. Apuestan, dicen el autor y la autora, saldar con el libro parte de una deuda que se tiene en el psicoanálisis respecto de la inclusión de las ideas de Lou Andreas Salomé. Se puede agregar que, en cierta medida, inscriben la deuda como tal. El libro se incrusta en una genealogía, ya que plantean, de entrada, al trabajo que han hecho, como rescate de aquello que fue relegado. Se hacen eco de transformar el olvido de una de las mujeres cuya voz quedó muchas veces suprimida a la hora de la cita de su palabra. Un legado retaceado por diversas razones que responden a políticas de época y al lugar postergado de la mujer, en aquellos tiempos, en la causa freudiana. Freud, sin embargo, le ofrece un lugar en la reunión de los miércoles, valora y espera expectante su presencia. Aun así, algunas veces notamos que él saltea en sus teorizaciones la referencia a los aportes de ella, surgidos de la conversación. En alguna ocasión, incluso Lou se mostró irritada, bajo el fondo siempre, de una fidelidad inclaudicable con su maestro. El estilo de escritura de Lou es inclasificable y emancipado, tímidamente desparpajado y en el desvío de lo establecido. ¿Qué le imprime Lou Andreas con su presencia poética al psicoanálisis? la extranjera, la maga, la silenciosa, la intermediaria… Cito: “La obra salomiana tensa la freudiana y le exige que el dolor no sea solo parte integrada sino como ingrediente de una felicidad plena, como instantes de embriaguez ausente el yo, un estado poético de inconsciente creador”. Acuñan lo que llaman una “operación salomiana”. Hacedora de parte la historia, su poetización asume lo fragmentario, lo impreciso, lo imperfecto, lo inacabado, lo efímero en lo eterno. Un compromiso del cuerpo en la escena que presenta su escritura apasionada. Han reunido en una composición inconmensurable, multiplicidad de escritos, ensayos, conversaciones, cartas, lecturas de época, comentarios. Es una acción salomiana en sí, porque en la propuesta misma de ella (que roza una de las diferencias con Freud), se encuentra la importancia de una reunión, bajo la forma de una unidad, a las partículas disgregadas, expandidas y residuales. Es una búsqueda de una unificación no oceánica, pero sí, creativa. Advierten su particular escritura. Ella escribe raro. Tiene una retórica laberíntica probablemente efecto de transfusiones del ruso de su nodriza, de su propio origen, de la lengua alemana y de su cercanía con lo caótico y lo dionisíaco. Tarda en dejarse entender y allí radica quizás, su decir enigmático. Freud entre otras cosas se hace carne de esa dificultad… “no la comprendo, se me adelanta, toca otras octavas a las que mi simple melodía no llega…” En una importante labor de desciframiento y glosado, construyen un lector al que le sea posible ir llegando en forma un poco más directa a las ideas que se abren camino en los textos. Freud le habló como maestro y como amigo, sin temor del parricidio. Tienen una complicidad amorosa de trabajo que en el libro lo pintan con una figura escénica y preciosa: “Lou y Freud cuchichean por lo bajo”. Lou está cautivada por el psicoanálisis, pero no cautiva. Tiene con Freud lo que nombran como “sutiles distancias”. De esa manera va forjando su clínica, durante largas horas del día en su casa de Göttingen. Entre los temas que desarrollan en los diversos artículos del libro encontramos: la disolución del yo como valor, la infancia como magia donde se asienta la máxima creatividad, el narcisismo en su doble vía, el erotismo en la sublimación, la importancia de la concepción del inconsciente aún no afectado por la represión, lo anal en la sexualidad femenina de manera inédita en el “arrendamiento” entre el ano y la vagina, la comunicabilidad de lo incomunicable del goce perdido, la inutilidad valiosa de lo orgásmico, una idea subversiva de lo femenino y su relación paradojal entre lo eterno y lo efímero . Una adelantada a las inquietudes que serán retomadas más adelante dentro del psicoanálisis con Lacan, quien tampoco “reconoce” demasiado sus aportes. “La idea de que en la sexualidad se pone en juego el núcleo más secreto y sagrado del sujeto recorre la obra de Salomé: allí se desgarra el velo para alcanzar lo más preciado, de un modo que no tiene parangón en otros ámbitos”. Florencia Abadi y Matías Trucco proponen la idea de un “Narcisismo Dionisíaco” para pensar la concepción de Lou Andreas Salomé acerca del narcisismo en su doble dirección. Narciso se mira en el espejo para fundirse en la Naturaleza. Se produce una disolución de los límites del espejo, una desposesión del yo, en una rama abierta hacia dos sitios, el arraigo en la tierra, que es madre y tumba y por otro lado, la salida a lo elevado y sobre todo, la importancia de aquello en el narcisismo que no está sostenido en el ideal, por ende para ella, es más auténtico y está, a su vez, atravesado por el dolor de lo perdido. Desde allí, agregaría, pueden escucharse los misterios insondables, la embriaguez creativa, o la extrema vulnerabilidad. “Entre el placer y la pérdida aumenta su intensidad vital”. El libro va derramándose hacia un hermoso epílogo titulado: “El peral que no floreció y la pérdida de la fe”. La inquebrantable fe en la vida que tiene Lou Andreas Salomé, sin embargo, carece de garantías. Cuentan que ella explora en la figura de Freud “una tensión entre el racionalista que descubre lo irracional”. Intuyen en su pasión curiosa cierta idea de “supervivencia de lo paradisíaco, pero en un mundo caído”. Supervivencia pujante que busca las creaciones propiciadas por oscuridades desconocidas. Renuevo el agradecimiento por la posibilidad de contar algunos fragmentos de lectura de este libro naciente, valioso, imprescindible. Nota: Se trata de la transcripción parcial de la presentación realizada del libro en la librería Dain Usina Cultural junto a Diego Singer. Editorial Galerna, 2026 Mary Ellen Mark "Girl Jumping over a Wall" (Niña saltando un muro), tomada en Central Park, Nueva York, 1967
- Miguel Abuelo, el largo día de vivir / Patricia Mercado
Porque somos instantes en el mundo, porque somos amantes en el cielo. Miguel Abuelo -Miguel Ángel Peralta- se desliza en el horizonte de la música popular argentina mitad historia, mitad leyenda. Nació en Munro, en el Gran Buenos Aires y su mamá, enferma de tuberculosis, tuvo que dejarlo en un orfanato. Desde pequeño irradió un encanto capaz de conseguir que la gente perdonara sus arranques de ira, tan frecuentes como erráticos. De su padre no tuvo ni el apellido, de su madre una lejanía difícil de saldar aun cuando volvió a vivir con ella una década después. Sus raíces flotaron en el aire de la época desde el comienzo: desarraigo y errancia signaron su travesía. Esa fragilidad se hizo fuerza, esa fuerza siempre sería frágil. Durante toda su vida intentó inventar una casa donde cobijarse, la buscó en cada una de las incontables mujeres con las que se acostó, con cada amor al que le declaró eternidad, esas pieles se esfumaron como si no hubieran sido más consistentes que una gota de rocío. Su hijo, Gato Azul, parecía el resto diurno de su ensoñación amorosa. Juntos fueron y vinieron por aventuras y desencuentros. Al final, Gato llevó sus cenizas a orillas del mar para que su padre pudiera seguir viaje. Miguel quiso escribir un libro descomunal, La historia universal de la realidad. La imposibilidad de concretarlo la fue regando con infinitas botellas de vino. Mientras los años pasaban, y tironeaba de ese imposible, se le iban cayendo poemas que aprendió a decir cantando. Menudencias de una ambición desaforada por capturar algo que sospechaba detrás de espesos cortinados de fantasmas. Su voz fue macerándose desde la infancia en los pliegues del folklore nacional: bagualas, chacareras, zambas. Pero haciendo dedo en la ruta 2, ya a los veinte, en medio de los vientos de los años sesenta, conoció a Pipo Lernoud, un tipo que le abriría la puerta de la incipiente bohemia rockera. El sótano de Pueyrredón y Juncal, La Cueva, y la pensión Norte fueron los lugares de la iniciación. Reventar los pétalos, disgregar el átomo encajar las metáforas como clavos en el vino. Pipo y Miguel, escribieron la fórmula en 1966. Se atiborró de drogas y de alcohol, para no doler, para no dormir. El reviente fue un abismo al que se asomó, aquí y en Europa, incontables veces. Acaso el vaivén de una puerta entre sus infiernos y el hambre de amor. Ese insomnio concibió la magia como quintaesencia de la verdad. Yo estuve muy solo, pero solo sin recuerdos, yo estuve muy solo, pero solo y nada más. En las calles de su orfandad la marea lo arrastró con otros náufragos. A la madrugada, cuando las zapadas de La Cueva terminaban, peregrinaban hasta Plaza Once, y se quedaban en el bar La Perla donde los estudiantes de la facultad de Filosofía y Letras leían y discutían, y esa manada -que no siempre terminó el colegio secundario- se atrincheraba en la larga mesa del fondo a intercambiar letras incipientes, a inventar melodías de futuras canciones. Miguel Grimberg, periodista y crítico contracultural, en 1966, habla de ellos así: Porque eran las canciones el germen del mundo anhelado. Algunos han vislumbrado una forma de crecer sin hacer concesiones a la barbarie cotidiana (…) es posible detectar el germen de una nueva sensibilidad: la de los trovadores. Contemporáneos de unos escombros llamados Vida Social y herederos de unas enormes ganas de vivir. Miguel Abuelo supo imaginar cual vívida realidad ideas irrealizables y se arrojó, insaciable, en busca de lo fraterno: músicos, dibujantes, actores, productores, escritores, fotógrafos, artesanos que oficiaran la liturgia de sus visiones. Las predicaba con una verborragia de efectos paradojales, ora cautivaba ora espantaba a quien caía en el hervor de esa pócima. Su voz de tenor cantaba melodiosa o aullaba desgarrada según la hora del día en cuestión. La calle se abría como una hembra eterna, que jamás lo abandonaría, con su promesa de horizonte itinerante, de milagroso amanecer. La calle, umbral ardiente donde buscó exorcismos a lo insoportable. Su estrella, revolcada en el asfalto de lo cotidiano, se rompía en mil pedazos una y otra vez, y a cada rato renacía con los bríos de lo inaugural. Así la música, los viajes, las mujeres, el poema. Se acercan tiempos difíciles amar es urgente Extraño pez de reflejos dorados, buscó y encontró una troupe de artistas que tejieron la marea donde su poética se sostuvo y desovó. Calamaro, Sbarra, Cachorro López, Kubero Diaz, Pomo, Pappo, Melingo, Bazterrica, Polo Corbella, como si no le alcanzara un solo cuerpo, impropio, tan impropio como las palabras, y tuviera desde el comienzo que aparear fragmentos de otros vuelos para hacerse al aire. Como se roban mandarinas en la siesta, darse a existir entre las rítmicas de lo inhallado. Miguel insistió en cierto apego a la quimera, como si la vida le debiera algo a lo que no estaba dispuesto a renunciar. Algo que jamás comprendió del todo. Mientras tanto escribió poemas propios de un predicador enfático. Miguel, juglar afiebrado, pez hambriento en ese laberinto donde extendió la mano y mendigó lo innombrable en bares a punto de cerrar, plazas, pensiones, casas ajenas, para acunar el misterio de vivir. Ellos, sus compañeros de insomnio, le dieron su elixir de a ratos, y a veces miró alrededor y no vio a nadie. Como sea nunca dejó de insistir con una fe tozuda en lo inexplicable. Miguel Abuelo, peregrino de la nada, supo arroparse de extrañas visiones que dejó desperdigadas en discos y cuadernos cuando se fue. No sin antes decir: un beso en el culo del perro. Carolina Nicora, Gusanos de seda. 2021
- Muertes evitables, violencias y ¿discusiones no saldadas? / Verónica Scardamaglia
“Para romper con el consenso del miedo y la obediencia, hay que romper los pactos de escritura y escucha.” val flores. analfabeta del ahora (2025) Un debate que vuelve a volver Hace casi 15 años el debate en torno al No matarás, se paseaba inusualmente un sábado a la hora de la siesta, por algunas aulas desiertas de la facultad de Psicología UBA de la mano de una conversación entre Marcelo Percia y Juan Carlos De Brasi, que supo sacudir letargos. Sigue resonando hoy aquella discusión-herida reabierta en 2004 a través de la publicación de un grito-carta escrita por el pensador Oscar Del Barco en la revista La Intemperie, casi como un acto de contrición teológico-político en torno a su compromiso con la experiencia guerrillera guevarista en Salta en 1966. Para aquel entonces este debate en torno a la lucha armada en los 70 me envolvió y me llevó directamente a darle una vuelta más al pensar las violencias, “las prácticas profesionales cotidianas y la interpelación sobre algunas intervenciones llamadas progresistas respecto de las diferencias”. Es decir, la búsqueda de situar una y otra vez cómo operan violencias y muertes en las prácticas cotidianas, tantas veces descentradas del prisma género-raza-clase del que nos alertara Angela Davis. Creo que siguen sin desempolvarse el porteñocentrismo y el clasemediocentrismo de muchos de los análisis que hacemos y leemos. Análisis que emparentan la violencia con “poner el cuerpo a la muerte” en alguna primera línea (imaginaria), que se distancia de aquella que acontece miércoles tras miércoles con lxs Jubiladxs Insurgentes en plaza Congreso. Análisis que se nublan hablando de “quiénes ponen los muertos” ante decisiones de avanzadas llamadas violentas contra la yuta. Análisis que dejan de considerar los cuerpos ya puestos para la muerte. El enunciado “quiénes ponen los muertos” acusa de infiltradxs y de violentxs a esxs que deciden poner los cuerpos. El enunciado “quiénes ponen los muertos” invisibiliza las muertes evitables que ya vienen aconteciendo. Muertes desnudas de épica y heroísmo. Escribía hacia 2013: “Un novio de 13 años muerto por efectos de la gripe A. Una tuberculosis sin atender. Una ambulancia que no llegó a un abuelo de 50 años. Cromañón. Demasiados gatillo fácil. El paco. La injusticia por mano propia. Un bebé que cayó de un tercer piso. Una golpiza machista con olor a alcohol. Un suicidio de 15 años. Una madre y una sobredosis. Un accidente de auto en la puerta de una escuela. Una confusión narco que ajusta cuentas en un cuerpo joven abierto volquete escuela. El frío. Un incendio. Otro mensaje narco enclavado en la reja de otra escuela. Una patología cardíaca desclasada. Un tornado. Un secuestromuerte por las redes de trata. Otra confusión narco que se desangró en un patio de los monoblocks de un barrio. Un chico caído en un pozo-cloaca y otra ambulancia que no entró en un barrio.” Esta serie se armó a partir de situaciones reales vividas en prácticas profesionales psi desacolchonadas de consultorio. Todavía no habían irrumpido el Ni una menos ni la pandemia. Ya pasaba Palestina. Resultaría insoportable detenernos en todos los agregados posibles con la ilusión de completar la serie. Podríamos pensar muertes evitables no como juego tortuoso que lleva a repasar ilusoriamente “qué hubiera pasado si” sino a aquellas muertes acontecidas por no haber sido tocadas por políticas que garantizaran el acceso oportuno a asistencia o a condiciones materiales de existencia centradas en los cuidados de la vida. A esa prácticas no podemos llamarlas estado. La acusación “estado ausente” invisibiliza y naturaliza tanto las necropolíticas como el régimen farmacopolítico de gobierno. Leemos “En epidemiología se distinguen las muertes prevenibles, que dependen de acciones colectivas como vacunación, seguridad vial o reducción de la violencia, y las tratables, que se evitan con atención médica temprana y de calidad frente a enfermedades como hipertensión, diabetes o ciertos cánceres. Este concepto es clave porque funciona como indicador de desigualdad sanitaria: muestra las fallas en el sistema de salud y en las políticas sociales, y revela cómo los sectores más vulnerables —como los barrios populares— concentran la mayor proporción de muertes evitables.” Decía León Rozitchner en aquel debate del No matarás: “¿Sólo es asesinato la violencia de muerte inmediata, a donde quedaría restringido el imperativo del “no matarás”, y no la violencia morosa que carcome día a día, hora a hora, la vida de los hombres y los aniquila?” La indiferenciación ha avanzado Si seguimos centrando los análisis de estos momentos desde los anteojos de la clase media blanca heterocis académica, el extractivismo seguirá avanzando también con el dolor. La idea de “lo roto” no funciona igual filtrada por las lentes-alerta de Angela Davis. Ignacio Lewkowicz planteaba, hace ya más de 20 años, que las prácticas sociales del neoliberalismo producen insensatez inlocalizable. Sin sentidos dispersos en circulación. Se refería a esto respecto de pensar las prácticas institucionales (y los sufrimientos) en tiempos regidos por cambios de condiciones con reinado de la lógica de mercado y las dificultades de pensar y moverse mientras estaban sucediendo. Escribía: "No nos abruma el enclaustramiento, sino que nos desmentaliza la dispersión. No padecemos una topología esquemática, sino otra cosa que topología. No lidiamos contra la imposición de un sentido fijo, sino contra —la preposición es abusiva— una insensatez inlocalizable." Ligaba también la insensatez inlocalizable como correlato de la estupidez. Recuerdo el asombro y la sensación de hallazgo al escucharlo plantear, tan certeramente, que el neoliberalismo funciona como una maquinaria productora de estupidez, una maquinaria estupidizante. Lewkowicz también la ligaba a la dispersión como la "velocidad real" del capital financiero, en tanto aquello que liquida tiempo y espacio, quitando materialidad a la permanencia de marcas y sentidos. Escribía “"En definitiva, no lidiamos con nuestro venerable fascismo —que obligaba a pensar de una manera—, sino con la estupidez —que nos impide pensar de cualquier manera—." Todo un mundo seguir discutiendo a qué llamamos pensar. Creemos que pensar, en la que estamos hoy, ya no remitiría como hace 20 años, a la búsqueda de producir cohesión o articular sentidos en medio de “sin sentidos dispersos en circulación” sino que se aproximaría más a “pararse en el aire”i. Parpadeos que logran hacer foco. Flotaciones que, cada tanto y en medio de turbulencias, logran hacer pie para poder seguir. Ya sucedía, en aquel debate del No matarás, la homogeneización de las violencias. León Rozitchner escribía: “Esta reducción que homogeneiza a la violencia olvida que la violencia de los que se rebelan contra quienes los someten es una acción violenta contra la violencia instalada como sistema en las relaciones sociales: que es una contra-violencia cuya lógica y cualidad es radicalmente diferente a la otra: la de quienes primero la habían impuesto. Donde en una, la de quienes se defienden, domina y prevalece siempre el valor de la vida y de la población mayoritaria, mientras que en la otra concepción, la de quienes la ejercen para dominar socialmente, la vida individual y colectiva es desdeñada y utilizada para el objetivo primero de su ambición devastadora.” Preocupaciones Me preocupan los microfascismos. Vuelvo a citar la cita ya citada de Guattari (1977): “la cuestión no es decir que no soy microfascista sino saber hasta qué punto lo soy, porque lo soy como todos; lo importante es saber dónde se detiene esto, como se agencia, como se revierte. (…) hay un límite, no a nivel de las leyes morales universales, de imperativos categóricos, sino al nivel de leyes contingentes: hasta cierto punto va bien, más allá no. Y no es una ley la que debe negociar el límite, sino un agenciamiento colectivo de vida.” Me preocupa, en esta época mileísta y en ámbitos que podemos englobar con el nombre de progresistas, el riesgo de cierta indiferenciación de fronteras en el dolor en nombre de la llamada empatía. Me preocupa que se crea saber cómo se siente hambre y frío. Me preocupa que se obligue a denunciar o a hablar del dolor. O que se crea saber qué hacer ante el dolor. Me preocupa que se clasemediatice el dolor. Que se clasemediatice el miedo. Me preocupa que dé vergüenza pedir ayuda mientras se proclama y pregona la red de amigas. Me preocupa que siga sin reconocerse todo el saber de cómo vivir y toda la solidaridad y toda la alegría que hay en los barrios, donde las muertes evitables existen hace rato. Me preocupa que se siga apuntando como problema central a “esos jóvenes que votaron a Milei” y se perpetúen las prácticas de militancias políticas partidarias con los millones de microfascismos en ellas. Me preocupa que no se logre destronar esos mircofascismos que habitan en casi todo movimiento y orga que denuncian el odio y la crueldad y se levantan contra el fascismo visto sólo en la derecha. Ya no sé si cierto retorno de aquel debate resulta una discusión no saldada porque algo sigue alejando la posibilidad de discutir más de cerca así como pensar decisiones y estrategias. No sé cómo vivir con todo esto. Mucho menos cómo pensar o escribir. Apenas varios refunfuneos, algunos balbuceos y la cercanía de amistades con las que conversar libres de amenaza de señalamientos que juzgan, libres de gluten y libres de carne. Al final val flores que conmueve y conmociona en analfabeta del ahora, me presta estas palabras como compañía: la analfabeta del ahora atiza las brasas de lo furtivo como refugio. acción de huir hacia atrás, predica el latín de refugium. también es el lugar protegido para retirarse huyendo en retroceso. huir también es otra forma de estar. Al final del capítulo Darse al fuego del libro Darse al pensar, Marcelo Percia escribe: Una historia fantástica que Borges y Bioy recuperan en El libro del cielo y del infierno a partir de un relato de Jeremy Taylor (1667). Un obispo encuentra en el camino a una vieja mujer con una antorcha en una mano y un cántaro en la otra. Por curiosidad, ante la actitud decidida e irrefrenable de la extraña, le pregunta qué se propone hacer con el fuego y el agua. A lo que la mujer responde: “El agua es para apagar el Infierno: y el fuego, para incendiar el Paraíso”. Algo así intentamos en cada juntada de un común pensar. i Darse al pensar, Marcelo Perica. Ediciones La cebra 2025 Stik A Couple Hold Hands in the Street" (Una pareja se toma de la mano en la calle). 2018 Londres.
- Correspondencias filopoéticas: Bordados, olvido y acontecimiento / Laura Herrera
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte es fatigar las largas soledades que tejen y destejen este Hades y ansiar mi sangre y devorar mi muerte. Nos buscamos los dos. Ojalá fuere éste el último día de la espera Borges, “Laberinto” A Quién prefija omnipotentes normas y una secreta y rígida medida a las sombras, los sueños y las formas que tejen y destejen esta vida Borges, “Límites” Anne Dufourmantelle -psicoanalista y Doctora en Filosofía- en su libro Elogio del riesgo nos cuenta un encuentro con un paciente que había perdido la memoria en un accidente. Él no recordaba ni a su mujer, muerta unos años antes, ni tampoco su profesión: era “arquitecto de jardines”, algo cercano a lo que conocemos como “paisajista”. ¿Es el objetivo del análisis que él recupere su memoria? Pero, ¿si esto resulta imposible? En efecto, él no recordaba nada de su pasado y hasta le parecía asombrosamente ridículo que hubiese elegido dicha profesión. Con el tiempo, su paciente empezó a tomar otras decisiones y terminó convirtiéndose en guía de buceo, actividad que era de su agrado. ¿Cuán importante es olvidar para gestar nuevos rumbos? ¿Es necesario tener amnesia para poder tejer una nueva trama narrativa? En las sociedades actuales mucha es la insistencia en la noción/concepto de memoria, a tal punto que se estableció un imperativo: no debemos olvidar. Pero es claro que, para poder prestar atención, algo debe ser olvidado: nadie puede seguir atentamente una obra de teatro o una película si no olvida sus preocupaciones cotidianas que, a decir de Benjamin en Capitalismo como religión, son la enfermedad de nuestra época. En la era digital en la que nos toca vivir, las palabras de Paul Valéry vienen a mi mente: pareciera que “el ser humano de hoy no trabaja en lo que no es susceptible de ser abreviado/acortado”. El shock de la información, de los reels y las imágenes que consumimos a diario, pareciera no dejar lugar al olvido de sí mismo necesario para dar lugar a lo nuevo, a la creación. La abeja, bordado de Marie Monnier. 13 x 19 cm (marco 21 x 26 cm) Se encontraba en el estudio de Paul Valéry. Paul Valéry, según Benjamin en El narrador (2016), es quien en mejor medida ha podido dar cuenta de los cambios acontecidos en la imagen espiritual del artesanado (además de los producidos en la misma physis del ser humano). Para dar cuenta de dichos cambios, Benjamin se basa principalmente en un comentario que Valéry escribió para abrir el catálogo de la exposición de la bordadora Marie Monnier en la Galería Eugene Druet, en 1924. El texto de Valéry, titulado “Los bordados de Marie Monnier” (1999), indica algunas cuestiones que ilustran sobre la relación entre la temporalidad y el bordado. “Ya pasó el tiempo en el que el tiempo no contaba. El hombre de hoy ya no trabaja en lo que no es susceptible de ser acortado”. Por el contrario, los bordados de Marie Monnier y, en particular, el cuadro “La abeja”, que es comentado por el autor francés, alude a “la preciosa obra de una larga cadena de causas sucesivas y semejantes” que solo tiene “su límite temporal en la perfección”. Aquí el tiempo no cuenta: Marie Monnier se olvida de sí cuando borda, la abeja se olvida de sí cuando hace su colmena, el pájaro de sueño que empolla el huevo de la experiencia se olvida de sí cuando lo hace, el oyente sólo retiene las narraciones, para luego poder volver a narrarlas, sólo si se olvida de sí mismo. En la bordadora Marie Monnier, dice Valéry, “la terquedad del insecto y la ambición fija del místico se aúnan en el olvido de sí mismo y de todo lo que no sea lo que se quiere” (Valéry 1999: 93). Olvidarse de lo que no se quiere, “apartar la mirada”, diría Nietzsche en la Gaya ciencia, de los mandatos y los imperativos de la hiper productividad, y de la conectividad, del siempre estar disponible, nos invita a pensar que dicho olvido posee una “fuerza plástica”, así como la muerte. En la práctica del tejer, para que algo pueda bordarse, es necesario que haya un soporte agujereado y desgarrado y, por supuesto, tiene que haber una disponibilidad a ser atravesado. En ese olvido de sí hay, por paradójico que suene, una escucha de sí y del otro que en nosotros habita. La escucha implica abrirse a una llamada y empezar a concebirse como el que no se posee a sí mismo. Para poder prestar atención a lo que se quiere, mucho es lo que hay que olvidar. Benjamin observa que en el libro de Proust En búsqueda del tiempo perdido se puede constatar el proceso mismo en que el recuerdo se teje, “ese largo trabajo de Penélope que es el recordar”. A renglón seguido, hace una importante observación que cambia el sentido: “¿O sería mejor hablar aquí del difícil trabajo de Penélope que es el olvido? ¿No se halla la memoria involuntaria más cerca del olvido que de lo que se suele denominar “recuerdo”?” El recuerdo equivale a la trama y el olvido a la urdimbre. Es el olvido el que sostiene al recuerdo y, a diferencia de lo que en el mito de Penélope se sugiere, es “el día el que desteje lo que se tejió de noche”. Es el olvido mismo el que “va tejiendo en nosotros los flecos del tapiz” de lo que hemos vivido en la vigilia. Cada día “deshace con sus actos instrumentales lo que es el tejido, es decir, los ornamentos mismos del olvido” (Benjamin 2007: 318). Para dormirse y poder soñar, mucho es lo que hay que olvidar. Y cuántas veces, quien a sí se escucha, en sueños encuentra pistas para enmendar la red que parece deshacerse hoy por todos sus cabos. Qué acontecimiento, si no es el del amor (de pareja, de amistad o hacia una actividad), implica en mayor medida una experiencia con un pasado que creíamos olvidado: un imprevisto, una sorpresa que nos hace olvidarnos un poco de nosotros mismos y abre la posibilidad de que la trama pueda dar nacimiento a una nueva dirección narrativa. El bordado “La abeja”1 fue realizado por Marie Monnier ilustrando un poema de Paul Valéry con el mismo nombre. La abeja 1 Por muy fina, por muy mortal que sea tu punta, rubia abeja, no he echado en mi cesta tierna sino un sueño de encaje. Pica del seno la curva bella donde el Amor muere o sestea, ¡que un poco de mi luz roja llegue a la carne redonda y rebelde! Tengo gran necesidad de un pronto tormento: ¡un mal vivo y bien acabado vale más que un suplicio dormido! ¡Sea, pues, mi sentido iluminado por esa ínfima alerta de oro sin la cual el Amor muere o se duerme! Quelle, et si fine, et si mortelle, Que soit ta pointe, blonde abeille, Je n’ai, sur ma tendre corbeille, Jeté qu’un songe de dentelle. Pique du sein la gourde belle Sur qui l’Amour meurt ou sommeille, Qu’un peu de moi même vermeille Vienne à la chair ronde et rebelle! J’ai grand besoin d’un prompt tourment: Un mal vif et bien terminé Vaut mieux qu’un supplice dormant! Soit donc mon sens illuminé Par cette infime alerte d’or Sans qui l’Amour meurt ou s’endort! En este proceso la abeja, con su aguijón, representa el deseo amoroso, que duele, hiere y, al mismo tiempo, despierta. Es interesante la sonoridad del poema en francés, sobre todo la similitud en la pronunciación de las palabras abeja (abeille) y aguja (aiguille). Por otra parte, se puede establecer una asociación entre el pinchazo de una abeja y el que se suele realizar una bordadora en el seno con la aguja al bordar. El amor, como pinchazo, es un “mal breve pero vivo”, preferible a un “supplice dormant” (un suplicio que duerme, un suplicio adormecido). La abeja, por otra parte, simboliza el trabajo minucioso, la lenta capitalización de capas traslúcidas al hacer su panal, su colmena. Su miel es dulce pero su picadura es punzante. El amor provoca ese sobresalto de la picadura, que es necesario para sentirse vivo. El amor, en este sentido, es como un tejido: encaje, delicadeza, pero también punzada. El aguijón/aguja es una miniatura de la eternidad: un instante de dolor intenso que da sentido a la vida, que irrumpe el tiempo homogéneo y vacío para animarse al riesgo, para cortar con el suplicio de lo vacuo y maquinal. En tanto que irrupción y detención de la temporalidad lineal, de la continuidad de la vigilia, puede compararse la picadura amorosa con la memoria involuntaria de Proust, que también implica un salto, un susto, un estímulo que hiere al yo, que lo descoloca al sorprender la imagen del recuerdo. En este vaciamiento del yo, en esta irrupción del souvenir, la identidad estable se desgarra, como la tela, se abre una grieta por la que entra lo inesperado y permite entretejer las experiencias actuales con las remotas. Lo interesante aquí es, como plantea Valéry, uno no puede hacerse cosquillas a sí mismo y “volverse loco por las cosquillas”. En esto, y en no otra cosa, reside la sorpresa: uno no puede sorprenderse voluntariamente ni saber de qué o de quién se va a asombrar o enamorar el día de mañana. Las historias hacen espacio porque no hay un pasado caduco. Las historias, como los sueños, ponen en movimiento y crean sentidos que nos desvían. Siendo el olvido el soporte (la urdiembre), el recuerdo nos indica cómo tejer, por donde ir, pispear. Venus y Cupido con un panal, 1531 Cranach Lucas el Viejo Roma: Galleria Borghese. 169 x 67 cm Como la picadura de la abeja puede asaltarnos en cualquier momento, como la historia de una vida se nutre, por suerte, de lo imprevisto, el poema de Valéry (que luego Monnier bordará) se opone a los discursos extremadamente cautelosos o morales respecto del encuentro amoroso. Para escribir el poema “La abeja” observó atentamente un cuadro de Cranach el Viejo, titulado “Venus y cupido con un panal de abejas”, también llamado “Cupido ladrón de miel”, con fecha aproximada de realización en 1531. El significado moral de la obra se resume en dos estrofas legibles en la pintura de Cranach el Viejo (quien era amigo de Lutero) que son del poeta helenístico Teócrito: “Del mismo modo que el niño cupido roba miel del panal y la abeja pica al ladrón en la punta del dedo, así el breve y fugaz placer de nuestros anhelos amorosos es dañino y trae tristeza y dolor”2. Como plantea el catálogo de la Galería Borghese en la cual se encuentra la pintura, en este panel la picadura de las abejas se compara con las heridas causadas por las afiladas flechas del dios del amor: tras extraer la miel del panal, gime de dolor y busca la ayuda de su madre. Si lo propio de lo humano fue pensado por la metafísica de la presencia como aquello que remite a lo racional y al dominio de sí, en la experiencia amorosa salimos del cálculo y de la lógica de la apropiación. En la sorpresa que un encuentro amoroso puede implicar lo insuficiente se convierte en acontecimiento. El olvido de sí es un acontecimiento que habilita una escucha inédita y que nos permite entrar en relación con pasados que creíamos olvidados. Si para Valéry el yo es una ficción, en el ser humano hay también un “trabajo elemental que se opone a lo humano (…) una cosa más fuerte que nosotros que siempre está enredándose, desgarrándose, durmiendo, bordando, y a la que, personificada, los poetas han acordado crueldad, bondad y muchas otras intenciones” (Valéry 1961: 186). Bibliografía Borges, Jorge Luis (1983), Obra poética 1923-1977, Buenos Aires, Alianza Benjamin, W. (2006) “El capitalismo como religión”, en Obras completas VI, Madrid, Abada Benjamin, W. (2007), “Hacia una imagen de Proust”, en Obras completas II/1, Madrid, Abada Benjamin, W. (2016), El narrador, trad. Pablo Oyarzún, Buenos Aires, Metales pesados Dufourmantelle, A. (2019), Elogio del riesgo, Buenos Aires, Nocturna Editora Dufourmantelle,A. (2018) En caso de amor, Buenos Aires, Nocturna Editora Löwith, K. (2017), Paul Valéry. Rasgos centrales de su pensamiento filosófico, Buenos Aires, Katz Valéry, Paul (1961), “Introducción al método de Leonardo Da Vinci”, en Política del Espíritu, Buenos Aires, Losada Valéry, P. (2005) El cementerio marino y otros poemas, Bogotá, Editorial Panamericana Valéry, P. (1999), “Los bordados de Marie Monnier”, en Piezas sobre arte, Madrid, Ed. Visor 1 Traducción de Andrés Holguín en Paul Valéry. El cementerio marino y otros poemas. Editorial panamericana. Bogotá. 2005 2 Le agradecemos a la artista y gran bordadora Paula Roldán (UNA) por haber detectado estas dos estrofas en la pintura. Nota: Lau(ra) Herrera es graduada en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Es investigadora en formación del Instituto de Investigaciones Gino Germani, docente universitaria en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y profesora en el colegio Paideia. Imparte talleres virtuales y presenciales desde su Instagram @filogaiamus.
- Manifiesto (Hablo por mi diferencia) / Pedro Lemebel
No soy Pasolini pidiendo explicaciones No soy Ginsberg expulsado de Cuba No soy un marica disfrazado de poeta No necesito disfraz Aquí está mi cara Hablo por mi diferencia Defiendo lo que soy Y no soy tan raro Me apesta la justicia Y sospecho de esta cueca democrática Pero no me hable del proletariado Porque ser pobre y maricón es peor Hay que ser ácido para soportarlo Es darle un rodeo a los machitos de la esquina Es un padre que te odia Porque al hijo se le dobla la patita Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro Envejecidas de limpieza Acunándote de enfermo Por malas costumbres Por mala suerte Como la dictadura Peor que la dictadura Porque la dictadura pasa Y viene la democracia Y detrasito el socialismo ¿Y entonces? ¿Qué harán con nosotros compañero? ¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos con destino a un sidario cubano? Nos meterán en algún tren de ninguna parte Como en el barco del general Ibáñez Donde aprendimos a nadar Pero ninguno llegó a la costa Por eso Valparíso apagó sus luces rojas Por eso las casas de caramba Le brindaron una lágrima negra A los colizas comidos por las jaibas Ese año que la Comisión de Derechos Humanos no recuerda Por eso compañero le pregunto ¿Existe aún el tren siberiano de la propaganda reaccionaria? Ese tren que pasa por sus pupilas Cuando mi voz se pone demasiado dulce ¿Y usted? ¿Qué hará con ese recuerdo de niños Pajeándonos y otras cosas En las vacaciones de Cartagena? ¿El futuro será en blanco y negro? ¿El tiempo en noche y día laboral sin ambigüedades? ¿No habrá un maricón en alguna esquina desequilibrando el futuro de su hombre nuevo? ¿Van a dejarnos bordar de pájaros las banderas de la patria libre? El fusil se lo dejo a usted Que tiene la sangre fría Y no es miedo El miedo se me fue pasando De atajar cuchillos En los sótanos sexuales donde anduve Y no se sienta agredido Si le hablo de estas cosas Y le miro el bulto No soy hipócrita ¿Acaso las tetas de una mujer no lo hacen bajar la vista? ¿No cree usted que solos en la sierra algo se nos iba a ocurrir? Aunque después me odio Por corromper su moral revolucionaria ¿Tiene miedo que se homosexualice la vida? Y no hablo de meterlo y sacarlo Y sacarlo y meterlo solamente Hablo de ternura compañero Usted no sabe Cómo cuesta encontrar el amor En esas condiciones Usted no sabe Qué es cargar con esta lepra La gente guarda las distancias La gente comprende y dice: Es marica pero escribe bien Es marica pero es un buen amigo Súper-buena-onda Yo no soy buena onda Yo acepto al mundo Sin pedirle esa buena onda Pero igual se ríen Tengo cicatrices de risas en la espalda Usted cree que pienso en el poto Y que al primer parrillazo de la CNI Lo iba a soltar todo No sabe que la hombría Nunca la aprendí en los cuarteles Mi hombría me la enseñó la noche Detrás de un poste Esa hombría de la que usted se jacta Se la metieron en el regimiento Un milico asesino De esos que aún están en el poder Mi hombría no la recibí del partido Porque me rechazaron con risitas Muchas veces Mi hombría la aprendí participando En la dura de esos años Y se rieron de mi voz amariconada Gritando: Y ya va a caer, y ya va a caer Y aunque usted grita como hombre No ha conseguido que se vaya Mi hombría fue la mordaza No fue ir al estadio Y agarrarme a combos por el Colo Colo El fútbol es otra homosexualidad tapada Como el box, la política y el vino Mi hombría fue morderme las burlas Comer rabia para no matar a todo el mundo Mi hombría es aceptarme diferente Ser cobarde es mucho más duro Yo no pongo la otra mejilla Pongo el culo compañero Y ésa es mi venganza Mi hombría espera paciente Que los machos se hagan viejos Porque a esta altura del partido La izquierda tranza su culo lacio En el parlamento Mi hombría fue difícil Por eso a este tren no me subo Sin saber dónde va Yo no voy a cambiar por el marxismo Que me rechazó tantas veces No necesito cambiar Soy más subversivo que usted No voy a cambiar solamente Porque los pobres y los ricos A otro perro con ese huevo Tampoco porque el capitalismo es injusto En Nueva York los maricas se besan en la calle Pero esa parte se la dejo a usted Que tanto le interesa Que la revolución no se pudra del todo A usted le doy este mensaje Y no es por mí Yo estoy viejo Y su utopía es para las generaciones futuras Hay tantos niños que van a nacer Con una alita rota Y yo quiero que vuelen compañero Que su revolución Les dé un pedazo de cielo rojo Para que puedan volar. Nota: El presente texto fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en septiembre de 1986, en Santiago de Chile. Fuente: Publicado en Loco afán, crónicas de sidario. 1996 LOM Ediciones, Santiago de Chile. Christopher Street Liberation Day, 1973, Sylvia y Bebe Power Salute. Richard C. Wandel, 1973.
- Según pasan los años (Gozque te ipsum) / Susana Thénon
te vas volviendo en más de un sentido no como Stearns te vas volviendo joven peludo (llenalo vos) y podés convencerte y divulgar "Yo soy Yo y mis Periféricos" (si no te gusta calmate PODÉS ELEGIR TODAVÍA pues siendo el año que es nos encontramos en lo que erá cierta fase de una era inominada en su primer segmento: evo de las opciones protoinútiles) si no te gust "y mis Periféricos" podés elegir entre estos saldos: "y mis Kits" "y mis Gadgets" "y mis Accesorios" "y mis Caireles" "y mis Repuestos" "y mis Abalorios" "y mis Irebejos" "y mis Agorofabios" que es lo que no le ocurría a Sócrates pero no hay por qué parecerse a Sócrates ni por qué creer que no sabía nada salvo que era un cabal idiota (véase el griego idiótes "ciudadano") te vas volviendo miedo valor confuso abatatada conservador inédita injustamente olvidado o recordada hasta revolucionario te vas volviendo según el camino según el canon según el según del año que fluye según el según del krato concreto según el gran según de los relevos de martirio y revancha Fuente: La morada imposible, Susana Thénon. Ediciones Corregidor 2019 Fotografía de Susana Thénon incluida en Acerca de Iris Scaccheri.
- 3 POSDATAS 3 IV / EZLN
IV.- DE GATOS Y CAJAS. (oh, lo sé. Había dicho que eran 3 posdatas 3, pero…¿no eran 4 los Tres Mosqueteros? … ok, ok, ok, mentí: no son 3, son …) Una paradoja de la paradoja de Schrödinger Erwin Schrödinger (Austria-Irlanda. 1887-1966), quien parece que no era muy afecto a los felinos caseros, propuso un ejercicio teórico para la física cuántica. El planteamiento es sencillo, aunque sus implicaciones son muy complejas. Dentro de una caja han metido un gato. La caja tiene un dispositivo que, sin tiempo definido, libera una suerte de mecanismo letal y el gato morirá. Como la caja es hermética, no se sabe si el gato está vivo aún o ya pereció. Hasta que la caja se abre, se confirma una posibilidad o la otra. El momento previo, cuando no sabemos si está vivo o muerto, supone que hay dos mundos o dos universos simultáneos. En uno el gato está ya muerto, en el otro está vivo aún. Un mecanismo mortal activado y sin activar; un gato vivo y muerto a la vez; una superposición de estados según la física cuántica. Dejemos, por ahora, de lado las referencias a los multiversos de los comics y las consecuencias en la física cuántica. Dejemos de lado también la animadversión de don Schördinger respecto a los gatos, y que es obvio que no conocía mucho de esos felinos (cualquiera que haya lidiado con ellos sabe que no se dejarían atrapar, y mucho menos permitir que los encierren, sin protestar y sin defenderse -más aún si se trata de un… gato-perro -). Tampoco nos fijemos mucho en que el gato está preso y condenado a muerte, a menos que alguien tenga a bien abrir la caja cuando el mecanismo mortal no se ha activado, y el gato salte y se libere de la prisión. Se supone que este ejercicio teórico, sería una base para mostrar que son posibles mundos en varios universos, es decir, en un multiverso (aunque también es para mostrar que las leyes de física cuántica no aplican en lo cotidiano). Hasta donde mi limitado conocimiento de los comics me permite, entiendo que, en esos mundos diversos, sigue prevaleciendo el individuo, pero en diferentes versiones. En un mundo, Sheldon Cooper (serie televisiva “The Big Bang Theory”), es un científico con problemas para relacionarse socialmente. En otro es un mujeriego irredento. En uno más es un juez “popular” del sistema judicial en México (oh, lo sé, mi perversidad es sublime). Y esta digresión que, eso espero, desconcierta, viene al caso, o cosa, según, de que aún con la capacidad imaginativa para plantear la existencia simultánea del gato vivo y el gato muerto, no se plantea la posibilidad (o el universo) de que haya uno o varios gatos que se nieguen a entrar a la caja. Y tal vez con el agravante de que el supuesto gato en realidad sea un gato-perro. Al señalar unas posibilidades, se omiten otras. Cuando se habla del sistema capitalista, las diferentes propuestas se refieren a lo que pueden hacer para mejorar las condiciones del gato encerrado en la trampa, para alargar su vida (o sus posibilidades de vida), o para “humanizar” el dispositivo mortal. Es, digamos, lo que plantea el progresismo. ¿Definición de progresismo? Bueno, quienes son de izquierda hasta la víspera de convertirse en gobierno y tener un puesto, cargo, paga pues. Entonces dejan de ser de izquierda, se convierten en oficialismo, y disfrazan su pragmatismo (que los lleva a aliarse y hermanarse con sus enemigos de la víspera -y a distanciarse de su pasado social-), de “realismo político”. Es, entonces, una izquierda agradable al capital. Es decir, una derecha “cool”, bonita, recatada y ruborosa. En este caso, el progresismo promete, en la víspera, liberar al gato de su prisión. Luego, como no puede o no quiere hacerlo, “cambia” su propuesta: “voy a hacer que estés más cómodo”; “voy a conseguir mejores condiciones para tu muerte”; “voy a luchar para que el mecanismo mortal no se active muy rápido”. O, puede, en cambio, exhortar al prisionero a aguantar, ya que tiene el 50% de probabilidades de sobrevivir temporalmente. Preso, sí, pero vivo. -*- El sistema capitalista es esa caja. Dentro de ella, multitudes esperan, sin saberlo, que se active el mecanismo asesino. Guerras, hambrunas, catástrofes “naturales”, asaltos violentos, asesinatos, arbitrariedades gubernamentales, destrucciones que habrán de solucionar el enigma: “¿vivir o morir?”. En la caja hay quien tiene el delito de ser mujer, niño o niña, joven, anciana, otroa, de piel oscura, de modo originario, con lengua extranjera en su propia tierra, etcétera. No importa su condición, género, raza, ideología, religión, modo, estatura, complexión física: esa persona está dentro de la caja y está sujeta a esas leyes mortales. No sólo sin posibilidad de salir, también sin imaginar siquiera que otro mundo exista allá afuera. La opción para retrasar la muerte o mejorar las condiciones de la condena, es la sumisión y la aceptación a ser parte del escaparate de “cosas raras” que el sistema exhibe para esparcimiento de sí mismo. Mujer, Otroa, Originario, Raza, Barrio, Nacionalidad, cada “rareza” tiene su lugar en la tienda de curiosidades si se porta “bien». Si no, bueno, la “mano invisible del mercado” accionará la palanca exterminadora. Ejemplo: el delito de nacer, crecer y luchar en tierras palestinas es no aceptar ser parte de la vitrina del capital. Y resistir y rebelarse contra la máquina. La máquina quiere un centro recreativo en Gaza y le estorba la civilización palestina, el pueblo palestino lucha por un territorio para vivir. Palestina es el mejor ejemplo de la crisis terminal de los llamados “Estados Nacionales” y sus gobiernos. No ellos mandan, sólo obedecen a conveniencia. Son incapaces de presentar una política exterior independiente, digna y consecuente. Y en al asesinato masivo en marcha, la complicidad y omisión de los gobiernos del planeta (salvo algunas excepciones), es patética. Las policías de los distintos gobiernos europeos y americanos reprimiendo las manifestaciones por el cese al genocidio en Palestina, son el mejor discurso sobre el “humanismo” occidental. En el mundo de arriba, los gobiernos europeos son la corte ociosa e inútil del rey en turno. Rusia y China son los condes y duques conspirando para el regicidio, y ofrecen un monarca alterno. El resto de los gobiernos nacionales en el mundo, salvo quienes se han manifestado claramente en contra, son los pajes afanosos, estresados por las continuas demandas y hostigamientos de la familia real. ¿Quiénes contemplan, operan, se divierten y hacen apuestas sobre lo que ocurre en la caja? Los grandes capitales financieros, comerciales, industriales y, ahora, digitales y aeroespaciales. Los gobiernos del mundo, en su mayoría, sólo son los boleteros de las apuestas, los “brokers” en las bolsas de valores donde las guerras siempre están al alza, y la vida de abajo… a la baja. Y, como los Mileis que en el mundo son y serán, son a quienes se manda a comprar y servir el vino que presidirá los banquetes monárquicos (la motosierra es un detalle autóctono). -*- Sin embargo, hay quien o quienes se plantean otra posibilidad: no entrar a la caja o salirse de ella. Más aún, hay quienes cuestionan la caja misma, su existencia eterna y omnipotente; y su pretensión de ser el único universo que tolera la existencia, dentro suyo, de la diversidad, de varios universos o multiversos… domesticados. Esas personas que se plantean eso son lo que los zapatistas llamamos “resistencia y rebeldía”. Resistencia para entrar a la caja o, si se está adentro, Rebeldía para luchar por salir. Resistencia y Rebeldía que se plantea la destrucción de la caja, de la lógica que la creó y de la creencia de que no es posible “otra cosa”. Desde las montañas del Sureste Mexicano. El Capitán Julio 2025 Fuente: Enlace Zapatista Ranin Alzeriei
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











