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- ¿Puede una Inteligencia Artificial alucinar o delirar? Hastío, cálculo y locura / Julián Scetti
D O S S I E R H A S T Í O S Introducción El 15 de mayo del 2023 la “BBC Mundo” publica un artículo acerca de la noción de “alucinación” en Inteligencias Artificiales. Se retoma un concepto que se viene planteando tímidamente desde hace ya algún tiempo en escritos académicos. Con el brillo de lo inquietante, unos pocos meses más tardes, medios de comunicación locales como La Nación, Clarín, Página 12 y Anfibia se hicieron eco de este fenómeno. Infobae incluso replicó una nota del “The New York Times” titulada: “La IA es cada vez más potente, pero sus alucinaciones son cada vez peores”. Conforme fueron actualizándose las distintas versiones de Chat-GPT se fue produciendo el auge de los Chatbot. Luego entra en escena “Deepsek” y China se suma a la discusión. Una idea comienza a circular con fuerza: la Inteligencia Artificial piensa y en tanto razona puede equivocarse o elaborar pensamientos confusos o errados. De este modo se dice que “alucina” o “delira”. En síntesis, se actualiza una antigua concepción que comprende el delirio como sinónimo de irracionalidad y por ende como reverso de lo racional. Para pensar esta conceptualización es necesario precisar que en principio la Inteligencia Artificial “no piensa” en términos estrictos, como si lo hacemos los seres humanos. De lo que se trata es de un programa que tiene cargado en su base de datos gran parte del conocimiento producido por las personas. Ahora bien ¿cómo procede? En la carga de datos, se cargan o “alimentan” estadísticas, cruces de información, preguntas frecuentes, imágenes conocidas, estilos de imágenes, ideas recurrentes, manuales y arduos debates filosóficos, morales y científicos. Existen dos modos distintos de organizar este tipo de desarrollos. Por un lado, contamos con la Inteligencia Artificial “Débil” donde se llevan adelante acciones específicas en un campo limitado. Un ejemplo claro puede ser la construcción de un brazo robótico que se mueve y puede agarrar un vaso con agua para poder lograr en un futuro ocupar el lugar de la extremidad perdida en un ser humano. En cambio, con la Inteligencia Artificial “Fuerte” se aspira a producir una máquina que piensa, un software con sensibilidad o una aplicación móvil que filosofa. Hay quienes incluso elucubran el reemplazo de médicos, abogados o psicólogos. En otras palabras, seres humanos intentando replicarse por otros medios a imagen y semejanza. ¿Teléfono para Dios? En 1980 el filósofo norteamericano John Searle publica el texto “Minds, Brains and Programs”. En el mismo imagina un experimento mental (Gedankenexperiment) llamado “El Cuarto Chino”. La idea es la siguiente: supongamos que existe una habitación donde John Searle se encuentra con un conjunto de escritos en chino. Luego se le “ entrega un segundo lote de escritos en chino junto a un conjunto de reglas para correlacionar el segundo lote con el primer lote. Las reglas están en inglés, y comprendo estas reglas tan bien como cualquier hablante nativo de inglés”. i De esta manera, el pensador norteamericano podría utilizar las reglas que están escritas en el segundo texto para manipular los símbolos que figuran en el primer texto. Alguien “de afuera” creería que Searle siguiendo esta metodología habla chino, sin embargo, tan solo aplica reglas de correlación de un texto a otro. Si tomamos esta experiencia -que ya tiene unos cuantos años- y la utilizamos para pensar el presente, nos vamos a encontrar con que la crítica de Searle se mantiene vigente. A fin de cuentas, cuando los distintos modelos de Inteligencia Artificial utilizan las reglas con las que fueron cargados, más no por eso “comprenden” o piensan. Ante un panorama que en algunos discursos de tinte Cyberpunk recuerdan a Matrix o a Bioy Casares con la novela “La invención de Morel” o a la inolvidable película “Terminator”… vale la pena recordar que la Inteligencia Artificial no piensa, sino que aplica reglas gramaticales, formula oraciones, desarrolla combinaciones de imágenes y establece correlaciones entre conocimientos elaborados por seres humanos. Combinar símbolos bajo patrones preestablecidos que a su vez producen resultados, no necesariamente es producir pensamiento. En este sentido, es esperable que la Inteligencia Artificial “se equivoque” ante algunas situaciones que no se encuentran registradas previamente en la base de datos en la que fue cargada. Es en estos casos donde se dice que “alucina” o “delira”. Ahora bien, ¿qué es alucinar o delirar? Se trata de dos acciones distintas, donde la primera puede ser incluida en la segunda. Desde la Psiquiatría no se ha llegado a un acuerdo acerca del concepto de delirio. Existen distintas versiones y clasificaciones según se trate de los desarrollos de la Escuela Alemana, la Francesa o la Suiza. Por otra parte, existen dos grandes manuales clasificatorios de los padecimientos en salud mental, el norteamericano o el europeo. En este punto tampoco hay acuerdo. Ahora bien, aún en el desacuerdo, se sostiene una idea: el delirio en tanto producto de la locura es el reverso de lo normal y lo racional. En disonancia y diferencia con la psiquiatría clásica, desde 1911 con la lectura que Sigmund Freud hace del texto “Memorias de un enfermo nervioso” ii de Daniel Paul Schreber ya no se piensa al delirio como un error del pensamiento, un desacierto perceptivo o una equivocación de juicio. De lo que se trata a partir de entonces es de un intento de cura o de un esfuerzo simbólico que la propia persona realiza ante una interpretación de la realidad que difiere del sentido común y se asienta en los puntos ciegos del discurso corriente. El trabajo de Psiquiatras, Psicólogos, Acompañantes Terapéuticos, Operadores en Salud Mental, en esta línea, es acompañar estas construcciones que habitan en la propia persona y que se encuentran vinculadas con la realidad social, histórica y política de una comunidad. En estos tiempos, han circulado infinidad de noticias, donde distintas personas que han usado durante mucho tiempo una aplicación de Inteligencia Artificial han empeorado sus estados delirantes y han profundizado una endeble estabilidad subjetiva. Los ChatBot no producen Psicosis. Pero con su metodología aduladora y complaciente agigantan delirios en quienes se encuentran en una situación crítica en salud mental. El 29 de abril de 2025 OpenAI publica un comunicado en su página que dice lo siguiente: “Hemos revertido la actualización GPT‑4o de la semana pasada en ChatGPT, por lo que ahora se usa una versión anterior con un comportamiento más equilibrado. La actualización que eliminamos era demasiado halagadora o agradable, a menudo descrita como aduladora” iii No se trata de un simple error, sino de una metodología que se adapta a los gustos de música, comida, ideología, etc., del cliente. Bajo el slogan “Tan fácil como pedir una pizza”, hace unos pocos meses la empresa “Builder.ia” se promocionó como la posibilidad de contar con una Inteligencia Artificial que se adaptaba perfectamente a los gustos de cada persona y a los pedidos de cada usuario. No pasó mucho tiempo hasta que el emprendimiento explotó por los aires cuando se descubrió que todo “lo artificial” era ni más ni menos que 700 ingenieros de la India trabajando a más no poder. Seres humanos simulando ser un algoritmo que comprende la diversidad de cada situación singular. Detrás de las aplicaciones de Inteligencia Artificial nos encontramos con un negocio milmillonario donde un pequeño puñado de empresarios concentran aún más sus riquezas. Según el último informe de “OFXMAN Internacional” iv en el 2025 la riqueza conjunta de los milmillonarios creció tres veces más que en los cinco años anteriores. Las 12 personas más ricas del mundo acumulan más que 4.000 millones de personas juntas. La desigualdad económica aumenta a niveles extremos y desde las elites tecnológicas se vocifera que todos vamos a ser reemplazados en aquellas actividades vitales donde más útiles nos sentimos. Los trabajadores precisamos vacaciones, comer, dormir y socializar. En cambio, un software puede trabajar sin parar. Quizás nos encontremos ante un nuevo avance del Capital sobre el Trabajo, donde la Inteligencia Artificial se utilice como una prenda de negociación y amenaza para bajar salarios y despedir trabajadores. Las Inteligencias Artificiales y las distintas aplicaciones móviles apuntan a conocer todos nuestros gustos (ya sea con algoritmos, con encuestas involuntarias en redes sociales o con 700 programadores de la India trabajando sin descanso). Lo que se encuentra en disputa es nuestra atención y nuestro tiempo, produciendo un efecto que aspira a totalizarse en un sedentarismo encapsulado en la soledad de un smartphone. Un cansancio generalizado. Un estado de ánimo roto. ¿Dejamos de usar internet y rompemos los teléfonos celulares como antaño hizo aquel movimiento que destruyó los telares bajo la Revolución Industrial? Las Inteligencias Artificiales verticalizan una relación con el individuo. En este punto, generan una dependencia tan fuerte, que la aplicación usa al usuario extrayéndole todo tipo de información que luego va a ser comercializada. Creemos usar aquello que nos usa. En esa relación que construimos con el Smartphone, hay quienes enuncian que nunca se leyó tan poco como en la actualidad. En realidad, estamos todo el tiempo mirando videos, leyendo subtítulos, escuchando podcast, interpretando textos bajo el formato “carrusel”. Etc, etc. Quizás nunca estuvimos tan informados como ahora en toda la historia de la humanidad. Ahora bien, estar tanto tiempo capturado en la pantalla nos produce un agotamiento, un cansancio, un tedio improductivo. Se puede recordar a Roland Barthes con aquella idea que propone en el “Susurro del lenguaje” cuando plantea que “leer es levantar la mirada del texto”. Quizás de lo que se trate sea de eso. De poder pasar del cansancio al hastío, para poder levantar la mirada y pensar un poco aquello que estamos leyendo. Pausar el Spotify, para conversar con un compañero sobre esa idea que estamos escuchando. Volver a reconstruir lazos comunitarios y retomar vínculos, preocupándonos por el vecino que está pasando un mal momento, encontrándonos con amigos, construyendo instancias colectivas en donde producir sentido a la vida propia como es el caso de clubes, grupos, sindicatos y demás espacios donde se construye filiación simbólica a partir de una historia en común y un futuro conjunto. Las máquinas no deliran. Hacen cálculos equivocados. Las personas si, deliramos y en el delirio buscamos desesperadamente alguien con quién conversar. Alguien con quien inventar el mundo, cada vez. Las máquinas no se cansan, pueden realizan operaciones lógicas al infinito. Las personas sí. Nos cansamos. Nos agotamos. Pero también en el hastío y aburrimiento, nos extraviamos, nos corremos del surco trazado y construimos grandes y pequeñas gestas con otros. i Searle, J. R. (1980). Minds, brains, and programs . Behavioral and Brain Sciences, 3 (3), 417–424. https://doi.org/10.1017/S0140525X00005756 ii Freud, S. (2017). Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente, Schreber: Trabajos sobre técnica psicoanalítica y otras obra: 1911 – 1913. 2da. 16° reimp. – En Obras completas (Vol. XII Buenos Aires: Amorrortu, 2017 .). iii https://openai.com/index/sycophancy-in-gpt-4o/ iv Maitland, A., Taneja, A., Kamande, A., Brown Solá, C., Bignell, H., Lawson, M., & Møller Stahl, R. (2026). Resisting the rule of the rich: Protecting freedom from billionaire power (Oxfam International). https://oi-files-d8-prod.s3.eu-west-2.amazonaws.com/s3fs-public/2026-01/ES%20-%20Resisting%20the%20Rule%20of%20the%20Rich_0.pdf Giulia Filippi Grito, 2022 Fotografía digital, impresión en papel artístico Hahnemüle Photo Rag, 308 g/m², 100 % algodón 70 × 70 cm
- ¿De dónde agarrarse cuando todo pierde sentido? / Verónica Scardamaglia
D O S S I E R H A S T Í O S "Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo" Julio Cortázar En la música, un lugar. This must be the place i Cuando crían la radio y el tocadiscos, y las puertas al dormir las abren lecturas y canciones de cuna, difícil escapar a los efluvios de la música como compañera de vida. La música aparece no sólo al escucharla o tocarla o al asistir a recitales sino que ella viaja también en artículos y libros, por más que estemos advertidas que “hablar de música es como bailar de arquitectura” -cita atribuida a Frank Zappa o a Thelonious Monk incluso a Elvis Costello o a Laurie Anderson-. El azar puso en este recorrido la película This must be the place (2011), dirigida por el napolitano Paolo Sorrentino, co escrita con Umberto Contarello, protagonizada por Sean Penn y con música producida por David Byrne (Talking Heads), que también actúa en una hermosa escena. Como las traducciones casi siempre nos ofrecen algún problema, en español han decidido llamarla Un lugar donde quedarse , cuando otra traducción podría traernos más exploración al afirmar la búsqueda que dice Este debe ser el lugar . Entramos a la película casi sintiendo en la cara el viento que agita la cabellera morocha con destellos violetas de una muchachita darkie que nos lleva en skate por la costanera irlandesa. Allí vive su amigo, ex-ídolo cantante de " Cheyenne and the Fellows " (guiño-homenaje a la banda inglesa pionera en el 76 del movimiento post punk " Siouxie and the Banshess "). Cheyenne sostiene durante casi toda la película un tono monocorde y un ritmo acompasado y liviano mientras arrastra de aquí para allá sus petates y sus cargas ya en un changuito, ya en una valija. Dice del protagonista Sorrentino "Es un ser infantil, pero no un caprichoso. Así como muchos adultos quedan enganchados a su infancia, él tienen el don de conservar las cualidades más simples y conmovedoras que tienen los niños. El personaje dejó la escena pop y ha llevado una vida de vago desde entonces. Se arrastra entre el aburrimiento y la depresión. Flota en ellas". Está casado desde hace años con una bombera, un personaje sutil y contundente que le inyecta rutinas para sostener el cotidiano y lo cuestiona al extremo de decirle que sólo confunde la depresión con el aburrimiento. Imagen difusión de la película Abundan diálogos mínimos y maravillosos con pequeñísimos gestos que dejan en evidencia contradicciones y tensiones cotidianas al mismo tiempo que disuelven mandatos sinsentido y verdades absolutas. Esto se acompaña con una fotografía increíble y una paleta de colores que ponen al blanco y negro acompañado por colores saturados que se establecen hasta en el rostro de Sean Penn con maquillaje empalidecido, enmarcado por una cabellera profundamente negra que resalta los labios carmesí. Él intenta que su amiga darkie se interese por un muchachito que trabaja de mozo en un local de comida rápida en un shopping pero reflexiona con simpleza “Trato de juntar un chico triste con una chica triste. Pero es difícil. Creo que la tristeza no se lleva bien con la tristeza”. A través de este ex cantante, tan imperturbable como atormentado por el suicidio de dos fans, nos subimos a una especie de road movie que presenta un giro inesperado que nos lleva a las interpelaciones en torno al nazismo, a las transmisiones, a lo familiarista y con agudas críticas al star system , también en tono monocorde. Dice Chayenne en una escena: "Y yo solo escribía canciones deprimentes porque estaban de moda y generaban un montón de dinero, canciones deprimentes para chicos deprimidos, y dos de ellos, más frágiles que los demás, acabaron suicidándose por ello". Esta película puede verse como un relato dramático, triste y depresivo pero también como uno irónico, crudo y sincero. Como sucede con lo punk. Beautiful losers ii Just do it versus Do it yourself El movimiento punk resultó mucho más que distorsiones, crestas y escupidas. El sentido común y los mercados pretendieron congelarlo allí pero su expansión ha sido imparable. Tanto que se ha abierto un abanico tal que va de lo antifascista a lo neonazi. El vocablo punk nace con un significado despectivo que se aplicaba hacia objetos para referirse como basura y hacia personas como vagos y despreciables. Se usaba también como sinónimo de escoria. Dice el periodista y escritor Juan Carlos Kreimer en el libro Punk la muerte joven : “En el siglo XVII se utiliza para referirse a las prostitutas. En las películas americanas en blanco y negro ambientadas en el tiempo de la Ley Seca, se llama punk a los gángsters de segunda categoría. En los años 50, es la injuria preferida por los negros norteamericanos cuando quieren recordarle al blanco que es blanco. Luego la palabra entra al lenguaje corriente para calificar a los chicos socialmente más traviesos, esos que roban de los coches estacionados. En los 60, punks en América son los jóvenes que copian los hábitos de los modos ingleses. Su manera de vestirse, peinarse, agredir. De estos últimos sólo sobrevive el carácter violento y la arrogancia frente a quienes no están afiliados a la misma actitud.” Hacia la década del 70 así nombraba la prensa británica a grupos de jóvenes desempleadxs que en plena crisis económica, usaban su tiempo para juntarse y hacer música con lo que tenían y cómo podían. Relata Legs McNeil, uno de los creadores del fanzine Punk: “siendo un adicto a la televisión había escuchado la palabra usada durante un cuarto de siglo en cada programa policíaco, cuando los buenos en Kojak, Mannix, Starsky y Hutch, después de una agotadora escena de persecución, siempre le decían al delincuente juvenil o joven criminal lo punk que era y cómo lastimó a sus padres, así que, en lugar de decir, "Escucha, pequeño hijo de puta estúpido, te vamos a patear el trasero de adentro hacia afuera cuando te llevemos de vuelta a la cárcel, así que no causes más problemas". No, no podían decir esas cosas en la televisión. Solo, "Punk, mira lo que has hecho". Espectadores de cómo aquella revolución contracultural prometida por el rock había sido reabsorbida como fetiche y mercantilizada, comenzaron a rechazar aquellas formas impuestas para las juventudes. Mucho se puede leer acerca del surgimiento del punk con versiones diferentes en torno a la propiedad de su historia que pendulan entre Estados Unidos e Inglaterra. Más allá de las patrias, en varios lugares del mundo al mismo tiempo, grupos de jóvenes descontentxs por lo que el mundo adulto les ofrecía comenzaron a experimentar cómo inventarse otros mundos en los que vivir el presente según sus reglas y acuerdos. Y sorprendentemente para el sentido común, el punk quedará mucho más cercano del reggae y del ska que del hippismo pacifista y de la glamorosa épica rebelde que proponía el rock. Se dice que el punk nació en 1975 cuando el joven dibujante John Holmstrom junto con Ged Dunn y Legs McNeil, llamado el “resident punk” tuvieron la idea de inventar una revista – fanzine que necesitaban. Una que hablara de lo que se hablaba entre amigxs en aquellos suburbios newyorkinos: televisión, películas clase B, cómics, sexo, cerveza y ese extraño rocanrol que comenzaba a sonar en garages y bares como el emblemático CGBG de New York. En un principio iban a llamarla Teenage News, por un tema inédito de los New York Dolls pero decidieron llamarla PUNK. Collage con las imágenes de portadas de fanzines El fanzine estaba diseñado como un comic, escrito a mano (ese fue su sello distintivo) y acompañado por referencias musicales en torno a The Velvet, The Stooges, Ramones, The New York Dolls y The Dictators. Los 5000 ejemplares del primer número fueron doblados a uno a uno a mano. Dice Legs McNeil en su libro Please Kill Me : “’Punk’ parecía resumir el hilo conductor de todo lo que nos gustaba: borrachos, desagradables, inteligentes pero sin pretensiones, absurdos, divertidos, irónicos y cosas que apelaban al lado más oscuro.” Editaron 15 números, la número 1 salió el 1 de enero de 1976 y decidieron disolverse en junio de 1979, en todos ellos Holstrom dibujaba caricaturas y podían leerse artículos sobre la escena musical que les interesaba y entrevistas a sus protagonistas Patti Smith, Television, Ramones, Blondie, Lou Reed, Richard Hell, Iggy Pop. También incluía artículos sobre los Sex Pistols y The Clash. Leemos a Legs McNeil como a un cronista de su tiempo en un artículo de High Times de 1982: “Aunque quizá nunca sea evidente para la mayoría (…) la escena punk trajo consigo muchas cosas buenas. Discos y revistas caseras, producidos por jóvenes con poco o ningún dinero, proliferaron en casi todas las zonas urbanas de Estados Unidos, a medida que los clubes nocturnos que antes empleaban exclusivamente bandas de versiones (bandas que tocaban la música de todos, en su mayoría demasiado pretenciosa) se vieron envueltos en la connivencia de dejar tocar en el escenario a nuevas bandas que componían su propia música en lugar de su basura. La idea de poder hacer algo por tu cuenta y sin mucho dinero en el mundo corporativo fue verdaderamente revolucionaria“. Del mismo modo en tierras británicas podemos situar al fanzine Sniffin’ Glue, publicado mensualmente durante un año por Mark Perry en julio de 1976. Su nombre sale del tema de los Ramones “ Now I Wanna Sniff Some Glue ” y llegó a una circulación de 15000 copias. Buscaba difundir información sobre bandas y su nombre completo era Sniffin' Glue and other rock ‘n' roll habits for punks . El ethos del DIY ( do it yourself ) como irrupción que buscaba esquivar al mercado hizo surgir también entre 1977 y 1978 varios sellos independientes que se sumaron de hecho a las críticas sociales y políticas del momento. El sello independiente Spiral Scratch (1977) de la banda The Buzzcocks definió esta época. Dice el escritor Simon Reynolds: “No era ni de lejos el primer disco editado de modo independiente, pero sí fue el primero en hacer una declaración de principios verdaderamente polémica acerca de la independencia y, en el proceso, inspiró a miles de personas a entrar en el juego del “hazlo tú mismo / edítalo tú mismo”.” No sólo se trataba de un sello independiente sino que buscaba descentrarse de lo que sucedía en Londres. Se hizo posible a partir de que fuera financiado por préstamos de amigxs y familiares y se estableció, junto con otros sellos independientes, en la búsqueda de hacer circular bandas más allá de lo que ofrecían las grandes discográficas y el mercado de la música. Leemos a Simon Reynolds en el capítulo Autonomía en el Reino Unido: “’Spiral Scratch era juguetón’” dice el manager de los Buzzcocks Richard Boon. “Ese espíritu se notaba en la canción más conocida del EP Boredom (aburrimiento) en qué era a un solo tiempo una expresión de auténtico ennui (…) y un comentario meta pop sobre el aburrimiento como tema obligado para las canciones punk”. Otro sello independiente, Fast Product, creado en 1977, se caracterizaba ofrecer discos coleccionables, por mixturar arte y emprendimiento comercial crítico que a la vez que exponía las manipulaciones del mercado se ocupaba de destacarse por el tratamiento estético del objeto disco. Dice Reynolds: “Fast Product encarnaba esa incipiente sensibilidad de izquierdas que florecería recién en los años ochenta, un “socialismo de diseñador” purgado de toda austeridad puritana y todo miedo al placer que se sentía irresistiblemente atraído hacia cosas hechas con estilo pero al mismo tiempo no dejaba de estar atento al engaño y la explotación.” Este campo estético se disputaba con el sello independiente Manchester Factory Records con sus bandas Joy Division, Durruti Column, A Certain Ratio, cuyo primer lanzamiento estuvo enfundado en plateado. Decía al respecto el New Musical Express de Manchester: "el hecho de que se viera tan hermoso mostraba de modo patente todo lo que se podía hacer y dejaba en evidencia a la industria discográfica londinense por ser tan aburrida". El sello Rough Trade fue fundado como disquería por Geoff Travis en 1976 en un barrio del oeste de Londres y se convirtió en un lugar a salvo de prejuicios y acusaciones donde juntarse para encontrar nuevos discos y escuchar música fuerte. En 1978 se transformó en un sello independiente desde donde lanzar a aquellos artistas que escuchaban. Durante años se gestionó como propiedad colectiva en la que todxs cobraban lo mismo, con igualdad de opiniones y turnos rotativos. Transmission iii En plena crisis económica británica, la mayoría de lxs jóvenes se encuentran desempleadxs y pasan muchas horas en la dole queue rock. Expresión inventada para referirse a la fila donde cobrar las asignaciones por desempleo. “Estudiantes sin destino, chicos que nunca han tenido trabajo fijo y resultan «innecesarios allí donde una máquina puede hacer el trabajo de diez inútiles con problemas», crónicos que no quieren cambiar su estatus ni dejar de disponer para sí mismos de «todas las horas del día / de todos los días de la semana... », son el punk por excelencia, la carne punk.” dice el periodista y escritor Kreimer. En esta coyuntura los inventores de la revista Punk, en una entrevista televisiva, plantean: “We make something out of nothing. We don’t have any money” iv . Del mismo modo en otra entrevista Legs afirma: “Punk was born out of the boredom and frustration of waiting for something new to happen” v . En el inglés las preposiciones y los adverbios inciden muchísimo a la hora de intervenir sobre los verbos y modificarlos activamente en la producción de sentidos, al extremo de alterarlos rotundamente. En gramática esto se conoce como phrasal verbs . Este es el efecto que provoca la expresión OUT OF adherida a alguna acción. Y esto nos posibilita la traducción de “hacer algo sacado de”: la nada, el aburrimiento, la frustración. Puede pensarse cómo esto puede provocar un cambio cualitativo ante sustantivos situados más cerca de pasiones tristes para considerarlo, auxiliados de otra traducción posible, a la magia de hacer nacer algo de la nada, ofreciéndola como náusea paridora de posibilidades. Casi como de un salto mortal ex nihilo hacia la materialidad de una invención. 1964 - El punk nació en Perú Pareciera que para el punk, aburrimiento y tedio se desmarcan de los proverbios existenciales del sentido común y asumen otros tonos, como si los distorsionaran y les subieran el volumen. Entre los mitos de origen, el enunciado “el punk nació en Perú” se vuelve uno de los hitos memorables en la historia del punk que contribuye a desmarcarla de crestas yankis y modas inglesas. En los sesentas, en el barrio Lince de Lima, Perú, surgió una banda llamada Los saicos. Tuvieron su mayor despliegue entre 1964 y 1966, se trataba de un grupo compuesto por dos guitarras, bajo y batería tocados por jóvenes de camisas blancas y pantalones negros que, como no sabían cantar, gritaban. Desfasados de su tiempo, su música ha sido reconocida como proto punk después de que para 1999, el sello español Electro Harmonix reeditara sus temas en el compilatorio Wild Teen Punk from Perú . En el 2018 la banda The Offspring tocó un cover de Demolición , en honor a Los Saicos, en el festival Vivo x el Rock en Lima. En temas como El entierro de los gatos , Demolición o Cementerio se pueden apreciar sus guitarras distorsionadas y gritos furiosos que los destacaban. Dicen que llamaban a su música “enfermedad” por los alaridos y sonidos extraños que proferían cuando tocaban. Dicen que una de las tantas veces que Iggy Pop, el padrino del punk, vino a tocar en Argentina, como buen gringo confundido, los estuvo buscando por estas pampas. 1968 - Mayo francés. Atrocity exhibition vi Manicomios con las puertas abiertas de par en par donde la gente pagaba por mirar hacia adentro por entretenimiento miran su cuerpo retorcerse detrás de sus ojos él dice: "Aún existo". Este es el camino, entra. vii Joy Division Félix Guattari queda rápidamente envuelto por el inesperado y espontáneo movimiento estudiantil del 68. Dice en una entrevista de 1984: “Cuando el movimiento estalla, tengo la impresión de caminar por el techo. Tengo un sentimiento extraño, total. Me encuentro en esta Sorbona donde tanto me aburría, en el anfiteatro Richelieu (…) Inédito. Es una experiencia inédita. No me dí cuenta de nada. No entendí nada. Sólo después de unos días.” viii En abril de 1968 Guattari está al tanto, a través de una estudiante del profesor Henri Lefebre de las acciones del Movimiento 22 de marzo y, en la clínica La Borde dirigida por Jean Oury, “reúne a las tropas invita a los médicos, monitores, cursillistas y pacientes a unirse a las filas de la revolución que está en marcha en las calles de París.” Con ellxs y los docentes de la Federación de Grupos de Estudio y de Investigaciones Institucionales, llevan adelante, además de la toma del Instituto Pedagógico Nacional de la calle Ulm, la espectacular ocupación del Teatro Odeón, uno de los símbolos del Estado. Esta fue iniciada por Jean-Jacques Lebel, artista activador de happenings de la contracultura revolucionaria, quien comparte con Guattari una radicalidad antiacadémica y ha sido colaborador de la revista Socialismo y barbarie . Leemos en capítulo Mayo de 1968: la ruptura restauradora : “En el corazón del movimiento de Mayo de 1968, después de la reapertura de La Sorbona, que se llena de inmediato de estudiantes contestatarios, Lebel rechaza el encierro de la izquierda estudiantil en esta fortaleza y propone la ocupación del Teatro del Odeón”. Continúa Lebel al respecto de las tropas de Guattari "Muchos trabajaban en los hospitales. Llenamos los autos de vendas, desinfectantes, antibióticos (…) Habíamos visitado el teatro diciendo que éramos periodistas y vimos que podíamos subir al techo, llevar colchones, y que había sitio para almacenar medicamentos y comida." Una multitud irrumpe en el hall dos días después de la gran manifestación del 13 de mayo y “el Odeón es tomado por asalto” bajo la consigna de devolver el teatro a la gente. Un comando escribe en rojo “Cuando la Asamblea Nacional se convierte en un teatro burgués, todos los teatros burgueses deben convertirse en Asambleas Nacionales”. En una de las paredes del teatro se lee: “No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre se compensa por la garantía de morir de aburrimiento”. Imágenes paganas ix . 1969 - Mayo argentino El Comité Coordinador de la Imaginación Revolucionaria inventa, en la clandestinidad, la revista Sobre en mayo de 1969. La radicalización política del arte de vanguardia comienza. Una tirada autogestiva de ejemplares impresos en mimeógrafo en la cocina del psiquiatra Antonio Caparrós, ensobrados, cortados y doblados a mano. Dice Roberto Jacoby que esta revista funcionó como “una idea artística mediática: un sobre en el que metías todo, estaba lleno de cosas: cuadernillos, volantes, historietas, documentos facsímiles... Allí se publica otra obra conceptual-político-mediática mía, que nunca reivindiqué y es buenísima y hasta apareció en una película. Era un póster a dos colores del Che, el retrato clásico, y decía “Un guerrillero no muere para que se lo cuelgue en la pared”.” Revista artefacto, propuesta como caja de herramientas de agitación cotidiana. Ya estaba en aquel antiafiche el augurio de la revolución y sus emblemas como mercancía que Debord conceptualizara en La sociedad del espectáculo (1967), en tanto proceso de recuperación de la revuelta por parte del espectáculo. Ya en 1966, en Buenos Aires, el grupo Arte de los medios dejaban a la vista la operatoria de invención de sentidos de los massmedia como la desmaterialización de la obra de arte a través de intervenciones estético políticas que venían realizando. Este grupo estaba conformado por los jóvenes Roberto Jacoby, Eduardo Costa y Raúl Escari, magistralmente influenciado por los seminarios y la cercanía de Oscar Masotta. Con él se conocieron en el Bar Moderno en la llamada Manzana loca, una zona donde los jóvenes de los 60 craneaban cómo cambiar el mundo y cómo vivir como querían vivir. Un territorio en el que se podía usar pelo largo y minifaldas sin quedar víctimas de represiones policiales ni morales sociales (o represiones sociales y morales policiales...). Allí quedaba el Instituto Di Tella, gran usina de invenciones y vanguardias que atraía a las juventudes progres. Dice Jacoby “A Masotta no se lo recuerda como un teórico del arte y, a mi manera de ver, entre los artistas fue muy influyente; sus conferencias sobre el arte pop, las historietas y las cosas que escribía sobre el arte argentino. (...) Masotta investigaba, leía todos los libros, se iba a Nueva York a indagar, sabía todo y lo que no sabía se ponía a estudiarlo... (…) Los masottianos serían los que estaban de acuerdo con el supuesto de la desmaterialización de la obra de arte, la descosificación del objeto. Ahí había un cierto corte…” Ya mucho más radicalizados una manada reunida en torno a la Declaración de Buenos Aires de Tucumán Arde de 1968 desata acciones e interpelaciones: “Ya pueden los artistas ilusionarse creando obras aparentemente violentas: serán recibidos con indiferencia y hasta con agrado; serán vendidos y comprados, su virulencia será un producto más del mercado de compra y venta de prestigio. ¿Y por qué el sistema puede apropiarse y absorber hasta las obras de arte más audaces y renovadoras? Puede hacerlo, porque esas obras están dentro del marco cultural de una sociedad que hace que al pueblo sólo lleguen aquellos mensajes que cimienten su opresión (fundamentalmente a través de la radio, la tv, diarios y revistas). Puede hacerlo porque los artistas están aislados de la lucha y de los reales problemas de la revolución en nuestro país, y sus obras todavía no dicen lo que hay que decir, no aciertan los medios apropiados para hacerlo, y no se dirigen a quienes precisan de nuestros mensajes. ¿Cómo haremos entonces los artistas para no seguir siendo servidores de la burguesía? (…) Los artistas deberemos contribuir a crear una verdadera red de información y comunicación por abajo que se oponga a la red de difusión del sistema. En este proceso nos iremos descubriendo; decidiéndonos por los medios más eficaces: el cine clandestino, los afiches y volantes, los folletos, los discos y cintas grabadas, las canciones y consignas, el teatro de agitación, las nuevas formas de acción y propaganda. Serán obras que al régimen le costará reprimir porque se fundirán con el pueblo. ...) Nunca más los artistas sentiremos que nuestra capacidad sirve a nuestros enemigos. Se dirá que lo que proponemos no es arte. ¿Pero qué es arte? ¿Lo son acaso esas formas elitistas de la experimentación pura? ¿Lo son acaso las creaciones pretendidamente corrosivas, pero que en realidad satisfacen a los burgueses que las consumen? ¿Son arte acaso las palabras en sus libros, y estos en las bibliotecas? ¿Las acciones dramáticas en el celuloide y la escena, y estos en los cines y teatros? ¿Las imágenes en los cuadros, y estos en las galerías de arte? Todo quieto, en orden, en un orden burgués y conformista; todo inútil. Nosotros queremos restituir las palabras, las acciones dramáticas, las imágenes, a los lugares donde puedan cumplir un papel revolucionario, donde sean útiles, donde se conviertan en “armas para la lucha”. Arte es todo lo que moviliza y agita. Arte es lo que niega radicalmente este modo de vida y dice: hagamos algo para cambiarlo.” Aunque el futuro nos ha mostrado lo que sucedió después, aquellas huellas siguen disponibles en la memoria entretejida entre vanguardias, revoluciones, artes y luchas. A pesar de las acciones de Arte de los medios, de la advertencia del antiafiche y de lo planteado por los situacionistas, la maquinaria capitalista no logró desactivarse aún así las juventudes se sostuvieron en la convicción de que el mundo era posible de ser transformado y disfrutaron de épicas revueltas que siguen vivas en las memorias de las luchas. Aquellos análisis ya situaban a la producción capitalista como unificación de espacio y sociedad en tanto que mercado abstracto y monótono. Los situacionistas ya anticipaban que aquello ofrecido como novedad resultaría un “retorno ampliado de lo mismo (…) el trabajo muerto continúa dominando el trabajo vivo, en el tiempo espectacular el pasado domina el presente” como escribe Debord en su libro. La transformación del tedio, hastío y el aburrimiento como paridor de posibilidades fue cooptado a través del movimiento de banalización, característico de la modernidad. Dice Debord (1967) “la insatisfacción misma se ha convertido en una mercancía desde que la abundancia económica se ha sentido capaz de extender su producción hasta llegar a tratar una tal materia prima.” Llama la atención, cuando casi automáticamente el sentido común actual ubica al espectáculo como antónimo de aburrimiento, que no se encuentran referencias directas a las ideas de aburrimiento, hastío y tedio en el libro La sociedad del espectáculo (1967) de Guy Debord. Así como el antiafiche puso en evidencia aquello que Debord señaló respecto del espectáculo que “no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes.” quizás algunas infiltraciones hayan operado en todos estos años y podamos asistir a algunas inversiones al ver el uso de la bandera de One Piece en las revueltas de Nepal e Indonesia y contagiándose hacia Europa, tal vez seamos espectadores de una reversión de aquella fórmula jacobiana y “One Piece x no nació para que quedar atrapado en un animé”. Roberto Jacoby. Habla para que pueda verte, 2008. Imagen de archivo intervenida como parte de la instalación 1968, el culo te abrocho. / Ludmila Nannizzi @ludmila.enfoco Marcha contra la reforma laboral, 2026. No future xi No hay después / solo el ahora / escurriéndose entre los dedos. Mari Luz Esteban En “God save the queen” decimos que “no hay futuro” porque era la única forma de que lo hubiera. John Lydon, 2014. “Cuando tu mamá dijo punk, el punk está muerto” Gonza Campos “Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver” por un lado, ha sido una sentencia que suele abrocharse al punk y que en realidad se encuentra en la película Knock on any door (1949) a través de un personaje realizado por John Derek (erróneamente atribuido a James Dean). Por otro, queda en relación a la muerte joven y ligada al llamado "club de los 27", colección que reúne muertes de músicxs a esa edad por sobredosis y/o accidentes. Entre ellas se cuentan a Janis Joplin, Brian Jones, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Kurt Cobain, Amy Winehouse y hasta a Rodrigo Bueno. Existe al respecto una desopilante película argentina 27 club de los malditos (2018), que retoma esto en tono de sátira, protagonizada por Diego Capusotto, Sofía Gala, Willy Toledo y Daniel Aráoz y dirigida por Nicanor Loreti. Como recuerda el guitarrista Gonza Campos invitado al streaming V iaje al Sonido conducido por Sofía Gala, Sergio Rotman y Jimena Gonik: “El factor común del protopunk y punk fue no querer pertenecer al sistema al ver alienación de sus padres, ver como trabajaban y estaban aburridos de vivir así”. Las interpelaciones hacia el futuro no resultaban cualquier tema cuando los Sex Pistols xii las lanzaron como parte de la canción God save the Queen, en coincidencia con el jubileo de plata de la reina- maniobra comercial establecida por el mánager Malcolm Mc. Laren como acto manipulador hacia la banda-. "No fue escrita específicamente para el Jubileo de la Reina Elizabeth II. No lo sabíamos en ese momento. No fue un intento forzado de sorprender a todo el mundo", declaró años después su baterista Paul Cook. Mc Laren no sólo traficó ideas musicales de los barrios de New York a los de Londres (fue el manager de la banda The New York Dolls antes de su separación en 1975) y vistió al punk desde la tienda Sex con los diseños de Vivienne Westwood sino que también se apoderó y patentó el nombre-marca Johnny Rotten, nombre artístico de John Lydon, cantante y cara más reconocida de los Sex Pistols, quien no pudo volver a usarlo una vez separada la banda en 1978. Aquella tienda de diseño era, en un principio en 1971, una pequeña boutique llamada Let it Rock con ropa de Teddy Boy xiii . Para 1972 cambió imagen y estilo, se centró en la ropa de motociclista, cierres y cuero llamándose Too Fast to Live, Too Young to Die xiv , como la canción y el álbum del rockabilly y pionero del punk Robert Gordon. Ya para 1974 pasó a llamarse Sex y en 1976, bajo el nombre de Seditionaries , impuso la moda de correas y cierres del bondage y el fetichismo sexual inspirando una estética DIY xv . Hacia 1980, luego de una remodelación, se rebautizó como Worlds End , nombre con el que continúa. Mc. Laren también utilizó la imagen pública de los Pistols, a quienes poco les costaba escupir y pelearse tanto entre ellos como con el público, y se aprovechó del rechazo social, los ataques callejeros y de la prensa amarilla en torno a los integrantes de la banda (sobre todo hacia Johnny Rotten). Generó entrevistas televisivas en las que casi eran invitados a escandalizar al pulcro público del reino inglés. Incluso, para fines de 1976, se inició el juicio La Corona vs. Sex Pistols. En dos ocasiones las discográficas les rescindieron el contrato y se encontraron prohibidos para tocar en suelo inglés, donde no se puede hablar contra la reina, lo que llevó a su emblemático show en un barco sobre el río Támesis. A pesar de todo, ya era tarde, la incorrección moral de las rarezas había salido del armario y se habían empezado a juntar. Un lugar posible ha quedado disponible. Escribe Simon Reynolds “Hacia el verano de 1977, el punk se había convertido en una parodia de sí mismo. Muchos de los integrantes originales del movimiento sentían que algo cargado de posibilidades y de múltiples alternativas había degenerado en mera fórmula comercial. O peor aún, había demostrado ser una inyección rejuvenecedora para la industria musical establecida que los punks habían tenido la esperanza de derrocar.(…) De un lado quedaron los “punks verdaderos”, populistas (que, después, habrían de evolucionar hacia los movimientos Oi! y hardcore), que creían que la música debía mantenerse accesible y sin pretensiones, como para seguir cumpliendo su rol de vocera de la rabia de las calles. Del otro lado estaba la vanguardia que habría de conocerse como postpunk, que encontró en 1977 no un retorno al rock crudo, sino la oportunidad de establecer una ruptura con la tradición.” Una vez separados los Pistols a fines de 1978, surge entre John Lydon en voz, Jah Wobble en bajo eléctrico, Jim Walker en batería y Keith Levene (ex The Clash) en guitarra eléctrica una banda postpunk a la que llamarán PIL (Public Image Limitated). Imagen pública limitada, en este nombre, una interpelación tanto a Mc. Laren (dueño del nombre Rotten) como al mercado. Y en la yunta Lydon-Levene la tensión tanto ante la antinomia punk USA – Inglaterra como también a la de The Clash - The Sex Pistols. En la vanguardia llamada postpunk (1978 – 1984) confluyeron estudiantes, músicxs, cineastas, artistas visuales, diseñadores, poetas, artistas escénicxs y autodidactas que se adecuaban “al síndrome del intelectual antiintelectual” así mencionado por Simon Reynolds quien escribe: “La vanguardia post punk - bandas como PIL, Joy Division, Talking Heads, Throbbing Gristle, Contortions y Scritti Politti- definió el punk como imperativo de cambio constante. Entregados a la tarea de concretar la revolución musical inconclusa del punk, exploraron nuevas posibilidades al incorporar la electrónica, el noise, el jazz y la música contemporánea, junto con las técnicas de producción del reggae, el dub y la música disco. (…) bajo la creencia de que “contenidos radicales exigen formas radicales””. Esta vanguardia ya había asistido a la mercantilización de aquellas bandas juveniles adoradas y a la competencia que se había desatado entre ellas. Dee Dee Ramone decía: "Los punk británicos son unos amargados. Cantan canciones sobre el problema de no tener trabajo y eso no puede ser muy alegre, nosotros también estábamos en el paro cuando empezamos y eso no nos impidió hacer canciones divertidas. Ellos tienen una mentalidad muy negativa. Y odian Estados Unidos. ¿Cómo se atreven?". Podemos pensar que tanto el mesurado reino inglés que instaló al punk como amenaza como Estados Unidos y sus circuitos de bares y garages, expertos en reapropiación y disolución de revueltas, provocaron una artillería de estrategias de venta que hizo que los temas de las bandas underground con estética y sonidos nuevos se transformaran en el nuevo mainstream en charts y top ten con giras agotadoras que los transformaron en objeto de consumo de masas. Todavía no había sido inventado el marketing, -esa herramienta de control social como lo definió Deleuze en Posdata sobre las sociedades de control- tal como lo conocemos hoy, pero las estrategias de cooptación, banalización y mercanitilización de aquello disruptivo ya era una vieja gimnasia para el capitalismo. Maquinaria que fabrica mundos de signos a la que Suely Rolnik se refiere en términos de capitalismo cognitivo mercantil. En su texto del año 2006, Dictadura del paraíso explica como las campañas ideadas por el marketing producen imágenes que se ofrecen para su identificación, logrando que las mercancías deseadas obtengan estatuto de realidad. El mensaje transmitido confirma que el paraíso se encuentra entre nosotros, ya no hace falta morir y no haber pecado para acceder a él. El peaje para el acceso: toda energía vital disponible utilizada “para actualizar en nuestras existencias estos mundos virtuales de signos, a través del consumo de objetos y servicios que los mismos nos proponen. (…) En su versión terrestre, el capital sustituyó a Dios en la función de garante de la promesa, y la virtud que nos hace merecerlo pasó a ser el consumo: éste constituye el mito fundamental del capitalismo avanzado.” Rolnik plantea como el neoliberalismo surge como respuesta del capitalismo a la crisis sociocultural y político económica de los ’60 y ’70, institucionalizando aquellos movimientos contraculturales de resistencia. Dice: “El nuevo régimen consiste exactamente en instrumentalizar esa subjetividad flexible, esa libertad de creación y de experimentación fabulosa, incluso invirtiendo las formas que inventamos. Entonces, lo que para nosotros era abandonar la cocina burguesa y comer de una manera mucho más interesante para el cuerpo, de no consumo de comida industrial, se torna una industria bio, ligth, super chic, la más cara de todas. Toda esa liberación de la invención colectiva, que estaba reinventando todo, pasa a ser la fuente principal de producción de plusvalía para el capital.” En Italia se conoce, irónicamente, como radical chic a personas adineradas de izquierda o progresistas que apoyan el anticapitalismo y consumen cierto estilo de vida orgánico, de diseño y "bohemio". En este sentido la potencia crítica del punk queda reabsorbida aún por moralismos progres y policías de la salud que insisten en condenar, controlar y contener las intensidades que exudan algunas músicas, algunas fiestas y algunas noches. Algo de ese no future puede permitirnos ubicar allí modos de vivir que logran un lugar en el que estar y un estar ahí, más allá de ese futuro no prometido y cooptado por crisis económicas varias. Dice el escritor Simon Reynolds al referirse a los tiempos de postpunk “nunca volví a estar tan enfocado”. Aún sabiendo de la muerte, tantas veces inminente, en el lema adoptado por el punk la intensidad del vivir late ahí sabiendo, crudamente, del morir. En el libro Please, kill me de Gillian McCain y Legs McNeil, afirman que antes del punk no había ninguna forma que tuvieran los jóvenes para liberar violentamente todo su descontento acumulado. Escribe Kreimer, joven periodista argentino que justo estaba viviendo en Londres en 1977 “Para ninguno de éstos hay salvación y el muchacho punk parte de esa premisa. Para él, no hay futuro en esta sociedad. No se avergüenza de confesar «Estoy mal» ni que todo su modo de vida parta de ese dolor. (…) en la década del 70, punk quiere decir, básicamente, podrido, inferior, sin valor, marginal, chatarra”. La grandilocuencia había alejado del rock a muchxs jóvenes comunes por quedar como espectadores desesperanzados ante ese exceso de virtuosismo en guitarras doradas con solos capaces de durar 10 minutos. Esto hizo nacer la llamada regla de oro del punk: 3 acordes, 2 minutos y con ella la posibilidad de armar una banda sin necesidad de saber tocar virtuosamente. Escribe Kreimer “Las mismas fuerzas sociales que creaban descontento en los años previos, crean en ellos la necesidad de algo diferente. La punkitud se convierte inmediatamente en ese algo. Reducción del mercado de trabajo, demostraciones de fuerza y violencia, desvalorización continua de la libra esterlina las ficciones legales de la monarquía... agregan el combustible que falta a su rabia.” En la bajada de “La nota del punk” en la argenta revista Expreso Imaginario de junio de 1978 se lee: “La primera vez que oí hablar de Punk me dio asco. Así nomás: ASCO. ¿Quiénes eran esos tipos de pelo revuelto y ropas rotas que querían tirar abajo diez años de prolija y esforzada evolución musical con sus tres tonos de morondanga?” Cuando la categoría juventud irrumpe hacia los años 50, las revoluciones denunciaban alienaciones, explotaciones y opresiones del mundo. Cuando los límites de esa categoría quedan a manos del desencanto posmoderno como nuevo enunciado de la globalización y los consumos, la revolución ya había fracasado y el capitalismo evitaba la conflictividad con sus promesas de felicidad. Luego de la pandemia, gobiernan la dupla diagnósticos al gobierno, mercado de los fármacos al poder. Proliferan y se multiplican vidas diagnosticadas y suicidios. Culpa, condena y castigo arrasan vidas. Se provocan conflictividades interpersonales, se solicita no responder a provocaciones libertarias, pacificándolo todo. La velocidad ahora está instalada por medio del scrolleo de las redes sociales que desata ansiedades parables sólo con pastillas. Aquel desencanto posmoderno que en los 90 sentenció la caída de los grandes relatos, el fin de la historia y desató el grunge como nuevo estilo musical, quedó ya casi en el olvido. Aún así juventudes y músicas y condenas insisten. Cada día xvi . 2012 - Feria del libro Punk y derivados Lo punk insiste en una potencia múltiple que le hace organizar, desde ya hace 11 años la Feria del libro Punk y derivados. Cada vez más fauna y flora se entremezclan allí. Este noviembre de 2025, en la Cazona de Flores. Leemos en su invitación: “No tenemos subsidios ni sponsors lo hacemos por el placer de impulsar espacios contraculturales y lo que ahí suceda, por tener un fuerte lazo con los puntos de vista, pensamiento, expresión gráfica y artística surgidos del punk. Y así nos agita que suceda, en este modo abarcando expresión gráfica, impresa, talleres, muestras, proyecciones, conversatorios y presentaciones de libros y fanzines. Tendremos dos días para compartir, intercambiar, conversar y debatir con ansias las posibilidades de un mundo más justo para todxs. Es nuestra intención juntarnos y generar espacios de acción, motivarnos, alentarnos unxs a otrxs, fortalecer la red y la solidaridad.” Aún existen espacios donde el mundo acontece tal como me gustaría que fuera, hecho de la convivencia de pequeños gestos y de una multiplicidad de miradas y de formas. Un mundo en el que los únicos privilegiados son los insectos y las aves, los zancudos y las flores, los fuegos y las aguas. En todos sus estados. Un mundo donde las únicas monarquías posibles la celebran de los reinos animales vegetales y minerales, los únicos expertos en lo vivo. Un mundo que viaja en trenes y bicicletas que recorren todos los lugares, de todas las razas, todas las clases y todos los géneros. Un mundo desclasado, descolonizado y degenerado que aprendió, con el dolor de las muertes y los fracasos de las revoluciones, que los pequeños gestos son las pisadas que sostienen nuestro andar y nuestras andanzas. Un mundo que puede la fiesta porque puede los desbordes. Un mundo con protagonistas que no solo no matan ni mueren por protagonizar sino que, sobretodo buscan pasar desapercibidxs. Desmaterializarse. Honestidad brutal xvii Años de trabajo con juventudes logró pulir un saber clínico centrado en la honestidad brutal como vía reggia de acceso a la confianza. Esa que ayuda a hablar y animarse a decir lo que se piensa tal y como se lo piensa. Eso que en la perfo clínica se llama transferencia. Decir lo que se piensa y hacer lo que se dice como modo de transmisión en las escuelas que lucha al mismo tiempo contra la hipocresía y la deja a la vista en su contraste. Ideas que podríamos pensarlas también como eludir cierto modo establecido de funcionamiento tradicional como adulto / analista / docente con una invitación a destartalar esa mezcla mesurada de solemnidad y compostura. Tal vez cercano a aquello que Cornelius Castoriadis xviii llamó elucidación crítica: “trabajo por el cual se intenta pensar lo que se hace y saber lo que se piensa” como modo que busca cercanías entre hacer y pensar. Modos que intentan sostener, parafraseando a Italo Calvino xix el desafío de “encontrar aquello que en el mundo adulto no funciona como adulto”. Entendiendo por esto la posibilidad de evitar aquellos mandatos civilizatorios y evolutivos cargados de centralidad de género, raza, clase, capacitismo que hacen a una proliferación de certezas autoargumentadas y generalizables a toda vida, desde la vida adulta como parámetro arrasador. Un modo de funcionamiento que trasciende profesiones e ideologías y que opera como adalid de la moral del buen vivir. Quizás por ello, suelen atribuirse acusaciones varias a algunxs jóvenes como la de saltear etapas o falta de noción de proceso o diagnósticos varios en lugar de situar aquello que las juventudes pueden, aún con la capacidad de interpelar de hecho el uso del tiempo, de los ritmos y de las formas. Modos instalados desde hace rato. Recuerdo haber asistido en 1997 a una jornada bajo la convocatoria de Clínicas de las Transformaciones Familiares llamada "¿Edad del pavo?” para pensar la adolescencia... Me animo a decir que a partir de la evidencia de que el futuro llegó y mundo no fue cambiado como se pensaba (pero ha cambiado), permanece casi intacta y recargada la expectativa insólita de que las juventudes no funcionen como si fuesen tales. Tanto que resulta insoportable la cantidad de situaciones donde, en diferentes escenarios, se desatan esas expectativas y las juventudes quedan acechadas bajo discursos patologizantes, criminalizantes, culpabilizantes y represivos. En muchas, quedan patologizadas por ir demasiado lento o ir demasiado rápido, por moverse excesivamente o por ensimismarse. En tantas otras resultan acusadas de “lo que no”: lo que no saben, no quieren, no pueden, no les interesa. No leen, no escriben, no no no no. Parece que hace tiempo la adultez civilizatoria perdió la brújula que nunca tuvo. ¿Padece de proyección distorsionada sistemática? Usa a las juventudes como cloaca en la que verter frustraciones, expectativas no logradas, acusaciones, nostalgias y pesimismos varios. Casi como si quedara atrapada por un fanatismo evolutivo imposible de lograr y sin espejo retrovisor. Por cada joven acusado intervienen, de diferentes modos en la transmisión de ideas, acciones y valores, al menos diez adultos que se precian como tales. Aprendizaje xx Aprendí a ser / formal y cortés / cortándome el pelo / una vez por mes. Sui Generis Escuela media pública de la ciudad de Buenos Aires, mediados de los 90 En la mesa de exámenes previos de Geografía del turno noche, se presenta a rendir un solo estudiante. xxi Su cara evidencia una siesta tardía. Pero está allí. También están tres profesores no tan viejxs pero ya muy adiestradxs en el juego de examinar. Asisto al siguiente diálogo, donde tratar de usted se pretende como distancia respetuosa ante el saber: - Buenas noches. Deme el documento. ¿Trabaja? - Si, en Coto. - ¿Trajo un mapa? - Mmm, no… lo voy a comprar. (Se va y vuelve rápidamente mapa en mano) - Bien. Empecemos. ¿Estudió? - No. Leí algo para la fecha anterior… - (Ofuscada) Ud. me está faltando el respeto. Yo acá vengo a trabajar. ¡No puede presentarse a un examen sin estudiar!. A esta saga de “irrespetos” varios pertenecen también las honestidades que han repetido en voz alta y desde las tripas aquello que pensaban -y siguen haciéndolo-: “¿su materia para qué me sirve?”, “no me interesa, me aburre”, “a mí no me interesa estudiar”, “vengo porque me mandan”. Del otro lado del mostrador -en los 90 comenzaron a disolverse los lados con eso que Obiols llamó la adolescentizacion de las sociedades- se escuchaba de docentes: “Yo no fui preparado para esto” y de familias: “ya no sé qué hacer con mi hijx”. Moralejas posibles: Todo lo que no coincide con lo que lo adulto espera, falta el respeto y desafina. En el diccionario adultocéntrico autoargumentado leemos: Responder: mentir o dícese de decir aquello que se pretenda escuchar. Evaluar: dícese de la capacidad adaptativa que obliga a que lo que diga un estudiante coincida exactamente con lo que piensa un docente. Vivir: cumplir con lo que los adultos que te parieron, esperan para vos. Escuela media pública de la ciudad de Buenos Aires, principios de los 2000 Toma de escuelas públicas por reclamos de seguridad edilicia post Cromañón. Reunión entre autoridades varias y centro de estudiantes. Diplomáticamente, el rector pide a lxs estudiantes sugerencias para mejorar la situación. Luego de un silencio se escucha de un joven: “¿Y a nosotrxs nos pregunta qué es lo que hay que hacer? Esto le corresponde a usted, que es el director”. Escribía para el 2005 el Colectivo Situaciones: “Da la impresión, incluso, de que son los pibes quienes crían a sus padres. Los “adultos” no pueden contarles lo que es la vida a los pibes, sino que las cosas se dan un poco al revés. Las preguntas con las que una generación revela progresivamente los sentidos del mundo a la que la continúa han cambiado de dirección y parecen ser los chicos los que saben algo más del presente.” Una de las 194 muertes de Cromañón concurría a aquella escuela nocturna donde me inicié como psicóloga a los 23 años y dónde me disfrazaba de adulta para las reuniones de padres. Por azar, fue sólo uno. Decidimos con otra profe el gesto mal visto de asistir con sus compañerxs de tercer año turno noche a una de las primeras marchas. No sé si el duelo por estas muertes pueda terminarse alguna vez para quienes trabajamos con jóvenes. Sobretodo con jóvenes pobres. A fuerza de dolor y con los dientes apretados se aprende que muchxs de nuestrxs estudiantes no llegarán a los 20 años. Evocar nombres o no evocarlos, difícil decisión. Por ese entonces se iniciaban como novedad intelectual las listas de correos electrónicos. Los despechos y odios que hoy circulan en redes sociales, ya estaban presente en aquellas listas donde, a pocos días de la tragedia, se decía lo que las declaraciones de sobrevivientes en el juicio desmintieron radicalmente: “Las víctimas no fueron llevadas a las cámaras de gas como en el holocausto, fueron voluntariamente, dejaron a sus niños y bebés en la "guardería del baño" y prendieron bengalas.”, “Eran muy irresponsables, ya que iban con sus niños de pocos años e incluso de meses ¿sus padres no sabían esto? ¿Por qué sus padres no los acompañaron para protegerlos y cuidarlos, en el buen sentido?”, “¿No era suicida y autodestructivo prender bengalas en sitios cerrados? ¿No pensaron ni por un momento que podía ocurrir un incendio fatal?”, “Los primeros responsables del desastre del Cromañón son los concurrentes a esos recitales”, “Cromañón era un lugar de cuarta, no cumplía ninguna norma de seguridad, el negocio les convenía, trataban al público de esos recitales como ganado, pero también es cierto que el público se comportaba del modo más irracional (y no digo como ganado por no ofender a las vacas, que por cierto no prenderían bengalas)”, “¿Cómo nadie venía luchando desde antes por la seguridad en los boliches? ¿Cómo a nadie le importaba lo que pasaba antes en Cromañón? ¿Cómo nadie protestó antes por las coimas a los inspectores que hacen que nadie tenga las condiciones mínimas de seguridad requeridas?”, “Los asistentes a esos recitales deben reflexionar mucho, no sólo los que sobrevivieron sino todos ¿vale la pena poner en riesgo la vida de sus hijos y la suya propia por escuchar un recital, sabiendo que ese lugar, en caso de emergencia era una ratonera?” Con Cromañón el adultocentrismo civilizatorio arrasante de sentidos, erupcionó. Con Cromañón el macrismo hizo entrada triunfante a gobernar en la ciudad de Buenos Aires y luego en el país. Con Cromañón se destaparon las hipocresías y quedaron visibles cómo la raza y la clase quedan al poder, conduzca quien conduzca el gobierno. Ya hacía más de 10 años que se denunciaba el asesinato de Walter Bulacio y el gatillo fácil “en esos recitales”, aún no se denunciaban femicidios. También se visibilizaron con Cromañón montones de solidaridades murmulleantes que armaron y desarmaron organizaciones y acciones colectivas por sus amigxs muertxs, por quienes sobrevivieron y por sus familias. Sólo un dato a tener en cuenta a la hora de hablar de “esos chicos”: cerca de la mitad de quienes murieron aquella noche lo hicieron porque volvieron a entrar más de una vez para rescatar a amigxs y a otras víctimas desconocidas. Psycho Killer xxii , lo punk como operador clínico Ante el desafío que implica el trabajo clínico de acompañar momentos de tantas vidas -ya sea en espacios que funcionan en escuelas, ya sea en consultorios- muchas veces se necesitan ciertas lecturas que se encuentran en recorridos que se cruzan con el azar. Una búsqueda acaso interminable de pistas y señales que permiten, entre tantas cosas, acercar ese ethos que vamos cincelando en el vivir con cierto modo del hacer clínico. En el encuentro con la posibilidad de que algunas de esas telarañas que velan cada tanto puedan caerse, a veces podemos cruzarnos con quienes acompañen y empujen investigaciones autodidactas que bailan fragorosas al ritmo de la curiosidad y la sospecha, de la desesperación y las urgencias, entre otros tantos bailes. Y desde la firme decisión de evitar convertirnos en aquello que alguna vez denostamos, el azar y la música puede meter la cola con la aparición de algunas cosas fuera del plan que pueden ayudar a pensar. ¿En qué sentido puede plantearse que lo punk pueda funcionar como operador clínico? ¿qué de lo punk puede ofrecer otras acciones en la clínica? Lo punk, muchas veces habla con honestidad brutal. Acarrea un decir crudo y sin tapujos, un saber acerca de la insistencia en establecer no sólo críticas a la hipocresía de las sociedades sino también otros modos de relación con ella y también con el tiempo, con el tedio, con el aburrimiento, incluso con los consumos. Hasta existe otra relación con la moda. Incluso la relación con la muerte funciona de otras maneras. No hay paraíso porque no hay más que infiernos. Lo punk sabe que en el horizonte, está la muerte y lo grita con crudeza. Las aspiraciones a la felicidad colorida no funcionan como horizonte de posibilidades porque no hay futuro al que aspirar. Estar ahí, como pleno presente funciona como guía en el hacer, muchas veces hasta excederse y desbordarse. Lo punk recorre los bordes y coquetea hasta dejarse caer en los desbordes. Muchas veces así pueden reconocerse los bordes, a partir de franquearlos. Las experimentaciones pueden abismar pero también amplificar. Entrar para salir. Tambalearse para reconocer cómo se quiere caminar. Y por dónde. Lo punk se lleva de otros modos con la angustia. Quita el velo que el drama espectacular le agrega y la lleva con crudeza existencial. La posibilidad que ofrece el horizonte de vivir sin expectativas ayuda a soltarse de los guiones que condenan tanto al happy end como a la frustración y puede permitir llevar lo que pasa así como pasa. Punks sin saberlo. Invitación al vómito xxiii / Oliverio Girondo Cúbrete el rostro y llora. Vomita. ¡Sí! Vomita, largos trozos de vidrio, amargos alfileres, turbios gritos de espanto, vocablos carcomidos; sobre este purulento desborde de inocencia, ante esta nauseabunda iniquidad sin cauce, y esta castrada y fétida sumisión cultivada en flatulentos caldos de terror y de ayuno. Cúbrete el rostro y llora... pero no te contengas. Vomita. ¡Sí! Vomita, ante esta paranoica estupidez macabra, sobre este delirante cretinismo estentóreo y esta senil orgía de egoísmo prostático: lacios coágulos de asco, macerada impotencia, rancios jugos de hastío, trozos de amarga espera... horas entrecortadas por relinchos de angustia. i Tema grabado en 1982 por la banda newyorkina de experimentación Talking Heads integrada por David Byrne, Chris Frantz, la bajista Tina Weymouth y Jerry Harrison, publicada en noviembre de 1983 en su quinto álbum de estudio Speaking in Tongues. ii Perdedores hermosos, disco solista de Luca Prodan grabado en Córdoba entre 1980 y 1983. iii Tema debut de la banda post punk Joy Division grabada en octubre de 1979 en el sello independiente Factory récords de Manchester. iv Hicimos algo de la nada. No teníamos dinero. v “La calma en la escena musical también creó un espacio ideal para que algo sucediera. (...) Los zapatos de plataforma eran caros e incómodos. Nueva York estaba madura para las zapatillas deportivas y una escena musical salvaje, alocada y beatnik. El punk nació del aburrimiento y la frustración de esperar a que sucediera algo nuevo. "¡A la mierda, en lugar de esperar a alguien más, esta vez hagámoslo nosotros!" vi Tema de Joy Division (Ian Curtis, Bernard Sumner, Peter Hook, Stephen Morris) de 1979 y libro de J G Ballard (1970). vii Asylums with doors open wide Where people had paid to see inside For entertainment they watch his body twist Behind his eyes he says, 'I still exist.' This is the way, step inside viii Dosse, Francois: Gilles Deleuze y Félix Guattari: biografía cruzada. 2009 Buenos Aires Fondo de Cultura Económica. Todas las citas de este apartado remiten al mismo libro. ix Tema de 1986 de la banda Virus escrito por Roberto Jacoby. x Manga escrito e ilustrado por Eiichirō Oda desde 1997 y que continúa editándose. En su versión en animé también continúan publicándose nuevos capítulos en la actualidad. xi Nombre original de la canción de 1977 que se llamará God save the queen y que se presentara en el jubileo de plata de la reina, segundo simple del álbum Never mind the bollocks. xii Los integrantes de la banda, Johnny Rotten como cantante, el guitarrista Steve Jones, el batería Paul Cook y el bajista Glen Matlock, que fuera reemplazado por Sid Vicious a principios de 1977. xiii Estilo de ropa de la era eduardiana, característica del rock de los 50 con pantalones estrechos, levitas y llamativos abrigos entallados, chaquetas de paño, generalmente en tonos oscuros, a veces con cuello de terciopelo, bolsillos con solapas, pantalón con cintura alta, a menudo exponiendo los calcetines. xiv Demasiado rápido para vivir, demasiado joven para morir. xv Do It Yourself xvi Tema incluido en Perdedores hermosos de Luca Prodan grabado en Córdoba entre los años 1981 y 1983. xvii Álbum de Andrés Calamaro editado el 19 de abril de 1999 xviii Cornelius Castoriadis. La institución imaginaria de la sociedad. Editorial Tusquets. 1983. xix “buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio” en Calvino, I. (1972). Las ciudades invisibles. (Aurora Bernárdez, Trad.). Minotauro. xx Tema del disco Confesiones de Invierno, 2do disco de estudio editado en agosto de 1973 de Sui Generis, banda conformada por Charly García y Nito Mestre. Tema con referencias al Instituto Social Militar Dr. Dámaso Centeno, escuela secundaria de la que Charly y yo egresamos... xxi Recomendación: conviene evitar fervientemente acusar a lxs jóvenes de que ahora tienen todo más fácil para aprobar. xxii Tema del primer album de 1977 de la banda newyorkina Talking Heads (David Byrne, Chris Frantz, Tina Weymouth y Jerry Harrison). Byrne: “Ya no la toco muy a menudo. Fue la primera canción que escribí y la hice solo para ver si podía escribir una canción. Y descubrí, ¡Oh sí, puedo! Y luego empecé a escribir canciones que eran diferentes a esa inmediatamente. Aunque esa fue muy popular. Recuerdo que pensé, quería escribir sobre este tema dramático de una manera no dramática. Quería escribir desde dentro de la cabeza de esta persona. No iba a ser una película de terror. Iba a ser un poco más tranquila que eso. Al menos eso es lo que estaba pensando.” xxiii Oliverio Girondo en Persuasión de los días (1942). Bibliografía Colectivo Situaciones (2005). La metáfora sin metáfora, en el libro Generación Cromañón. Lecciones sobre resistencia, solidaridad y rocanrol. Buenos Aires, La vaca editora, 2005. Curtis, Deborah (1995). Touching from a distance. Ian Curtis & Joy Division. Dobra Editores, 2017. Debord, Guy (1976). La sociedad del espectáculo. Trad. cast. de Carme López y J. R. Capella, Anagrama, Barcelona, 1990. Dosse, François (2009). Gilles Deleuze y Félix Guattari: biografía cruzada. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica. Jacoby, Roberto (2011). El deseo nace del derrumbe: acciones, conceptos, escritos. Madrid: Museo Reina Sofía/La Central. Edición a cargo de Ana Longoni. Kreimer, Juan Carlos (1993). Punk, la muerte joven. Ediciones Distal. Lydon, J. (2014). La ira es energía: Memorias sin censura. Malpaso, 2015. Revista Expreso Imaginario (1978). N.º 23, Año 2, junio. Dirigida por Jorge Pistocchi, Pipo Lernoud y Alberto Ohanian. Buenos Aires, Argentina. Reynolds, Simon (2006). Postpunk. Romper todo y empezar de nuevo. Caja Negra, 2013. Rolnik, Suely (2006). Dictadura del paraíso. Entrevista realizada por el Colectivo Situaciones.
- ¿Cómo aburrirse? / Florencia Montes Paez y Federico Cuesta
D O S S I E R H A S T Í O S “Estoy aburrido. Estoy aburrido hasta la muerte. Aquí nada me necesita. Ni siquiera ella. He cortado ya bastante leña para que dure hasta Navidad y ya no tengo nada que hacer aquí.” Palmeras Salvajes, W. Faulkner La tragedia de la época es que las categorías que se crearon para cuestionar los regímenes de opresión son utilizadas para perpetuar esas opresiones. Esa paradoja es la tragedia. “Salí de la ciudad, ribera abajo, al encuentro solitario del barco que aguardaba, sin saber cuándo vendría. Llegué hasta el muelle viejo, esa construcción inexplicable, puesto que la ciudad y su puerto siempre estuvieron dónde están, un cuarto de legua arriba. Entreverada entre sus palos, se manea la porción de agua del río que entre ellos recae. Con su pequeña ola y sus remolinos, sin salida, iba y venía, con precisión, un mono muerto, todavía completo y no descompuesto. El agua, ante el bosque, fue siempre una invitación al viaje, que el no hizo hasta no ser mono, sino cadáver de mono. El agua quería llevárselo y lo llevaba, pero se le enredó entre los palos del muelle decrépito y ahí estaba él, por irse y no, y ahí estábamos. Ahí estábamos, por irnos y no.” (Di Benedetto, 1956) [i] Las nuevas derechas tildan al movimiento LGBTIQ+ y transfeminista de pederasta por sostener banderas de la disidencia sexual y el aborto libre, mientras los archivos de Epstein muestran que los abusadores son ellos. “Lo que no se puede concebir de la dictadura, a partir de entonces, es precisamente lo que sí se puede ver, incluso a la luz del día. Para que los espantos espanten con seriedad justo en el momento histórico en el que ya no necesitan ocultarse, se tiene que abandonar, en la operación de representarlos, el lenguaje negativo, antiexplícito, que fue característico del arte post Auschwitz.” (Schwarzböck, 2015) [ii] Los supremacistas blancos en EEUU hablan de crímenes raciales para describir ataques aislados de personas negras contra blancas, cuando de manera sistemática negros y latinos mueren. “-Bien. ¿qué se les ofrece? -volvió a preguntar Pedro Páramo. -Como usté ve, nos hemos levantado en armas. - ¿Y? -Y pos eso es todo. ¿Le parece poco? - ¿Pero por qué lo han hecho? -Pos porque otros lo han hecho también. ¿No lo sabe usté? Aguárdenos tantito a que nos lleguen instrucciones y entonces le averiguaremos la causa. Por lo pronto ya estamos aquí”. (Rulfo, 1955) [iii] EEUU vuelve a intervenir en nuestro continente en nombre de la democracia y defender la soberanía de Venezuela y Cuba es presentado como apoyar dictaduras. “El Odio Eterno rondaba fuera de los límites de la Realidad buscando una forma, una sustancia tangible que le permitiera existir en el mundo de las Criaturas. Andaba al acecho de una herida por donde introducirse, pero ninguna imperfección de las Criaturas era grieta suficiente para darle paso.” (Bodoc, 2000) [iv] El Estado de Israel, que se arroga la representación del pueblo judío, continúa ocupando Palestina y el genocidio amplificado y viralizado en redes. " Una vez en el campo, debido a su esencial incapacidad, o por desgracia, o por culpa de cualquier incidente trivial, se han visto arrollados antes de haber podido adaptarse; han sido vencidos antes de empezar, no se ponen a aprender alemán y a discernir nada en el infernal enredo de leyes y de prohibiciones, sino cuando su cuerpo es una ruina, y nada podría salvarlos de la selección o de la muerte por agotamiento. Su vida es breve pero su número es desmesurado; son ellos, los Muselmänner, los hundidos, los cimientos del campo; ellos, la masa anónima, continuamente renovada y siempre idéntica, de no-hombres que marchan y trabajan en silencio, apagada en ellos la llama divina, demasiado vacíos ya para sufrir verdaderamente. Se duda en llamarlos vivos: se duda en llamar muerte a su muerte, ante la que no temen porque están demasiado cansados para comprenderla”. (Levi, 1947) [v] Los misóginos y transodiantes, racistas, ocupacioncitas, se victimizan utilizando nuestras categorías para justificar opresiones y exterminios. Esa victimización es la paradoja. Como dice Schulman, expresa lo peor del pensamiento de traumatizado: el supremacismo. “…Nos levantamos como para la misa de madrugada, Caminábamos por la ciudad incierta, Para encontrar una a la otra, muerta, inanimada, Bajo el sol o la niebla del Neva más cerrada, Mas la esperanza a lo lejos canta cierta… La sentencia… y las lágrimas brotan de repente, Ya de todo separada, Como arrancan la vida al corazón, dolorosamente, Como si hacia atrás la derribaran brutalmente, Pero marcha… vacila… aislada… ¿Dónde están ahora aquellas compañeras del azar, De mis años de infierno desnudo? ¿En la borrasca siberiana cuál es su soñar, Qué imaginan en el círculo lunar? A vosotras os envío mi adiós y mi saludo” (Ajmátova, 1940) [vi] Como decía Nietzsche, el problema no son los valores, sino el valor de los valores. El sentido está roto. La barbarie emerge. El problema del espanto es que ya no espante. Como dice Haraway, lo que Arendt vio en Eichmann no fue un monstruo incomprensible, sino algo mucho más terrorífico: negligencia común y corriente. 12 de diciembre de 1828. Ahora bien, general, prescindamos del corazón en este caso. Un hombre valiente no es vengativo ni cruel. Yo estoy seguro que usted no es ni lo primero ni lo último. Creo que es un hombre de genio, y no puedo figurármelo sin la firmeza necesaria para prescindir de los sentimientos y considerar obrando en política los actos, de cualquier naturaleza que sean, como medios que conducen o desvían de un fin. Así, considere usted la suerte de Dorrego. Mire usted que este país se fatiga hace 18 años, en revoluciones, sin que una sola produjera un escarmiento. Considere el origen innoble de esta impureza de nuestra vida histórica y lo encontrará en los miserables intereses que han movido a los que las han ejecutado. El general Lavalle no debe parecerse a ninguno de ellos; porque de él esperamos más. En tal caso, la ley es que una revolución es un juego de azar en el que se gana hasta la vida de los vencidos cuando se cree necesario disponer de ella. Haciendo la aplicación de este principio de una evidencia práctica, la cuestión parece de fácil resolución. Si usted, general, la aborda así, a sangre fría, la decide; si no, yo habré importunado a usted; habré escrito inútilmente, y lo que es más sensible, habrá usted perdido la ocasión de cortar la primera cabeza a la hidra y no cortará usted las restantes; ¿entonces, qué gloria puede recogerse en este campo desolado por estas fieras?…. Nada queda en la República para un hombre de corazón. (Carta sin firma) * *Salvador M. Del Carril, político de ideas unitarias, fue ministro del gobierno de Rivadavia antes del fusilamiento de Dorrego y más tarde ministro del gobierno de Lavalle. Más temprano que tarde, EEUU e Israel atacarán Irán y se desatará una guerra mundial macro —que ya prolifera en lo micro— y el mundo quedará comprometido en posturas bélicas y destructivas. Argentina, a 50 años de la última dictadura militar, en este contexto de desmantelamiento de derechos y de profundo antiperonismo, estará más alineada que nunca con los proyectos sionistas. “EL. — Tú no has visto nada de Hiroshima. Nada. ELLA. — Lo he visto todo. Todo. Por ejemplo, el hospital lo he visto. De eso estoy segura. Hay un hospital en Hiroshima. ¿Cómo iba a poder dejar de verlo? EL. — No has visto ningún hospital en Hiroshima. No has visto nada de Hiroshima. ELLA. — Cuatro veces en el museo... EL. — ¿Qué museo de Hiroshima? ELLA. — Cuatro veces en el museo de Hiroshima. He visto a la gente paseando. Todo el mundo pasea, pensativo, por en medio de las fotografías, las reconstituciones, a falta de otra cosa, a través de las fotografías, las fotografías, las reconstituciones, a falta de otra cosa, las explicaciones, a falta de otra cosa. Cuatro veces en el museo de Hiroshima. He contemplado a la gente. He mirado a mi vez, pensativamente, el hierro. El hierro quemado. El hierro roto, el hierro que se ha hecho vulnerable como la carne. He visto ramilletes de cápsulas, ¿quién iba a pensarlo? Pieles humanas flotantes, supervivientes, con sus sufrimientos aún recientes. Piedras. Piedras quemadas. Piedras hechas añicos. Cabelleras anónimas que las mujeres de Hiroshima encontraban enteras, caídas, por la mañana al despertarse. He tenido calor en la plaza de la Paz. Diez mil grados, en la plaza de la Paz. Ya lo sé. La temperatura del sol, en la plaza de la Paz. ¿Cómo no lo iba a saber...? La hierba, es muy sencillo... EL. — Tú no has visto nada en Hiroshima, nada. ELLA. — La suerte de Hiroshima siempre me ha hecho llorar. Siempre. EL. — ¿Qué es lo que iba a hacerte llorar? ELLA. — Yo vi los noticiarios. Al segundo día, dice la historia, no me lo he inventado yo, desde el segundo día, determinadas especies animales resurgieron de las profundidades de la tierra y de las cenizas. Se fotografiaron perros. Para siempre. Los he visto. He visto los noticiarios. Los he visto. Del primer día. Del segundo día. Del tercer día. EL (interrumpiéndola). — No has visto nada. Nada. ELLA. —... del quinceavo día también. Hiroshima se llenó de flores. Por todas partes no había más que acianos y gladiolos, y campanillas y lirios que renacían de las cenizas con extraordinario vigor, desconocido hasta entonces en las flores ELLA. — Yo no me he inventado nada. EL. — Te lo has inventado todo. ELLA. — Nada. […] ELLA. — También he visto a los supervivientes y a los que estaban en el vientre de las mujeres de Hiroshima. He visto la paciencia, la inocencia, la aparente dulzura con que los supervivientes provisionales de Hiroshima se acomodaban a una suerte tan injusta que la imaginación, generalmente tan fecunda, se cierra ante ellos. ELLA {en voz baja). —Oye... Sé...Lo sé todo. EL. — Nada. No sabes nada.” (Resnais, Duras -Hiroshima mon amour, 1959). [vii] Insistir seguirá siendo la tarea. Parecerá intempestivo, anacrónico, hablar de militancia, de amor, de amistad, de paz, de justicia. Y precisamente porque esas palabras fueron capturadas, habrá que volver a nombrarlas. Entre la autocrítica y la disputa, nos daremos lugar. Sin pureza. Sin nostalgia. Como cada vez. Como siempre. [i] Di Benedetto. (1956). Zama . Adriana Hidalgo Editora [ii] Schwarzböck (2015). Los espantos, ética y postdictadura. Editorial Las cuarenta [iii] Rulfo, juan. (1955). Pedro Paramo. RM [iv] Bodoc; Liliana (2018). Los días del venado. Debolsillo [v] Levi, Primo. (2015). Si esto es un hombre. Ariel [vi] Ajmátova, Anna (1940). Dedicatoria. https://trianarts.com/anna-ajmatova-dedicatoria/#sthash.uWzXQ8OV.dpbs [vii] Resnais, Duras. 1959 - Hiroshima mon amour . Argos Film Fotograma "Hiroshima mon amour" - 1959 - Dirección: Alain Resnais - Guión: Marguerite Duras
- Del tedio: un malestar en la estructura / Eduardo Grüner
D O S S I E R H A S T Í O S Nada tan insoportable para el hombre como estar en un reposo absoluto, sin pasiones, sin quehacer, sin diversión, sin aplicación. Entonces siente su nada, su insuficiencia, su dependencia, su impotencia, su vado. Inmediatamente brotará del fondo de su alma el tedio, el malhumor, la tristeza, el pesar, el despecho, la desesperación. Pascal I Ennui/unien : El francés (o la televisión puesta en posición de cinematógrafo degradado que hace "danzar las letras" como ironiza Lacan) permite cifrar, en el anagrama, el sentido indeciso de un ¿qué? ¿afecto? Más bien se diría desafecto , si ese término no obligara a incluir el otro, bien discutible -aunque, sospechamos, siempre mal discutido-. La traducción castellana arriesga "fastidio" [i] , pero renguea ante "la identificación del Otro al Uno" que designa al uniano arrojado por el bailoteo. "Aburrimiento" asume la dificultad del deseo para darse un objeto imaginario: se lo diría asomado al campo de la histeria más que de la angustia, mejor revelador de la ausencia de objeto -y ya estamos apresurando hipótesis- que sugiere la palabra tedio , prestigiada, y no inútilmente, por la "náusea" sartreana. También vale recordar que el castellano conserva un arcaísmo un tanto culterano: acedia (la "murria" del español popular) que admite la anfibología del desinterés/indiferencia, y de una suerte de desolación mística: ambivalencia, o equivalencia paradójica, que resuena más cerca de lo que creo entender del fragmento lacaniano -y las hipótesis ya se atropellan-. El parpadeo de sentidos, entonces, como el de la mirada de Beatriz que allí se alude, me permitirán oscilar, junto con mis lectores, entre el tedio y la acedia. De cualquier manera -para ir despejando lugares- no debemos estar lejos de aquel campo de la histeria, cuando Lacan introduce el tema no solamente por los ojos de Beatriz (a los que tendremos que volver a mirar) sino por el sesgo de la física , en cuya exigencia de verificabilidad cree descubrir una relación, más analógica que metafórica, entre las estructuras del discurso científico y las del histérico: permiso para hablar de una termodinámica del inconsciente , reguladora de una "tensión menor" con la que Freud articula el principio del placer (y que Lacan tironea de la Ética de Aristóteles): sendero que se bifurca, parece, del proceso primario, que hay que cargar a la cuenta -sin duda en la columna del "debe" de una exigencia superyoica- de un goce que se descifra , ¿cómo? por el segmento del discurso del tedio que habla de la ausencia del Otro (acedia), ¿dónde? en el lugar de soporte que una mujer presta para el goce de ese Ausente... II Una interpretación de la cual lo menos que se puede decir es que es ideológica hace del tedio el espacio de desencuentro de un "afecto" con su "representación" (como si el afecto no fuera ya eso ), "la expresión personal de un malestar social" [ii] : se ve venir, tras el recurso ingenioso a una sociedad "expresándose" en sus individuos, la siempre lista muletilla de la "alienación" como síntoma psicopatológico de las contradicciones socioeconómicas, por las cuales "el tedio se encuentra inscripto, como capítulo, en el interior de trabajos que tratan de la melancolía, del spleen o de la neurastenia en el siglo XIX, de la depresión actualmente". Sin molestarse con la especificidad del spleen en el dandysmo baudelairiano, de la neurastenia en la psiquiatría finisecular o de la depresión "actualmente", se impone subrayar esto: que el afán por historizar ese "afecto" (mejor dicho, por fecharlo , lo que no es estrictamente lo mismo) pierde de vista lo esencial de su propia posición, a saber que lo que está en juego en el tedio es, precisamente, algo del orden del tiempo , de una traducción más o menos imprecisa de la finitud, "capaz", dice el mismo autor, de "enmascarar la angustia de una espera" [iii] . De una espera, habría que agregar, que des-espera de encontrar su objeto, como lo sugiere la fórmula de Jankélevitch: "…siendo el tedio el vacío que deviene todo lo que se desea" [iv] . Fórmula ambigua y enigmática, que dice simultáneamente que el "objeto" del tedio es un vacío , y que este vacío es aquello en lo que se han convertido todos los objetos a desear. En tal contexto, que Lacan reenvíe al Uno místico torna casi automático el vínculo con la concepción agustiniana (y luego kierkegaardiana) del tiempo como concentración de la eternidad en el instante presente -nada que ver con una "actualidad" depresiva, o deprimente- que no es otro tiempo que el tiempo del Otro: "como Vuestros años no pasan, ni se acaban, por eso todos ellos no son más que un día presente siempre continuo" [v] . Noción de una temporalidad paradójica, inconmensurable, que Ricoeur llama "la aporía mayor que ejerce el espíritu de Agustín" [vi] y que se inscribe en el círculo de una aporía todavía más fundamental, la del ser o no ser del Tiempo, que guía la lucha de Agustín contra el escepticismo. El argumento escéptico es conocido: el tiempo no tiene ser, puesto que el futuro aún no es, el pasado ya no es, y el presente no dura; y sin embargo, hablamos del tiempo como de algo que posee un ser, aunque fuera "ideal", pues de otra manera, ¿cómo podríamos hablar de él? Pero justamente, para Agustín el "eterno presente" es lo que no puede sostenerse en la Palabra : para encontrar ese tiempo del Otro, el Santo deberá desprenderse de su ciencia, la Retórica: el silencio es la medida de una suspensión del tiempo que Agustín comparte con (e inspira a) los místicos. Eventualmente, no obstante, los conceptos de "pasado" y "futuro" serán salvaguardados por las prácticas respectivas, realizadas en el presente , de la memoria y la espera [vii] . Salvaguardados y al mismo tiempo aniquilados -todo el discurso agustiniano tiene estructura de oxímoron puesto que, precisamente, pasado y futuro se achatan en el instante actual que suprime su diferencia y transforma la memoria en una espera de recuperación del "objeto" perdido para siempre: la reflexión sobre la memoria surge como consecuencia de la muerte de la madre de Agustín, así como el "ascenso" a la iluminación mística se ha llevado a cabo de su mano, y contra el paganismo paterno. Y todavía más: las metáforas para el conocimiento místico operan una remisión inequívoca: en el libro X de las "Confesiones" Agustín relata la última conversación con Mónica, su madre, en la que ambos especulan sobre la vida eterna de los santos; estos tienen las bocas abiertas para recibir "los soberanos raudales de la fuente de Dios", elevándose más allá de todo objeto mundano "hacia el ser mismo" (maliciosamente, Burke señala que el término "ser", en Agustín, es id ) [viii] y sobrepasan a sus mentes "para llegar a la región de la abundancia inagotable". Otra vez Burke: la palabra para "abundancia" es la palabra para "senos", ubertatis . El círculo se cierra: en el libro I ha comenzado invocando a Dios, del cual dice "que llena en su plenitud toda la Creación": el término llenar se aplica literalmente a "la leche que llenaba los pechos" de sus nodrizas. La abundancia de Dios era así encauzada hacia los niños a través de la "abundancia" de la leche materna; también la referencia a "la fuente de leche que mana copiosa y abundante" se conecta a Dios como un "monte que fluye leche... el monte de la abundancia". Más adelante, en el libro VII, al hablar del Verbo hecho carne, lo llama un alimento por el cual la sabiduría de Dios puede "dar leche a nuestra infancia". [ix] Se ve: en el campo oral donde se produce el pasaje de una expulsión del Saber (pérdida de la retórica) a una incorporación de la Verdad (iluminación mística) se entromete una mujer por la cual no por no llamarse Beatriz deja de surgir el Otro absoluto "que sólo debemos identificar al goce de ella". Sin embargo, aún no estamos del todo en eso , pues eso pertenece a un futuro absoluto que Agustín todavía no ha alcanzado, pero que ya se anuncia en el achatamiento temporal (tedio/acedia): vacío de objetos que embota los sentidos en una pura ausencia... allí donde el "eterno presente" del Otro se demuestra -nueva paradoja- como incertidumbre: "Yo busco, oh, Padre, no afirmo..." [x] Y esta presencia-ausencia, esta presencia de la ausencia (habiéndose aniquilado el tiempo como in-diferente) transforma el discurso temporal en espacial: "si en efecto las cosas futuras y las cosas pasadas son, quiero saber dónde son" [xi] El ubi sunt deviene la marca misma de lo ausente, del no lugar, en el que "todas las cosas" han dejado un gran agujero abierto a esa "experiencia" de vértigo, de hundimiento (Burke sospecha que por ese hueco puede introducirse el ser-para-la-muerte heideggeriano) [xii] sobre la cual podría enunciarse la pregunta de Lacan: "¿es un pecado, una pizca de locura, o una verdadera pincelada de lo real?". Sea lo que fuere, la presencia-ausencia, aunque no sea todavía el Uno místico, forma ya parte de él: es el momento "tedioso" en que la suspensión de una experiencia del tiempo, su inmovilización , indica la desolación del Sentido: momento de retirada del deus absconditus . Su destino (valga por anagrama de sentido), es sin duda, místico, pero su proveniencia, intentaremos mostrarlo, es trágica. III "Así el afecto llega a un cuerpo cuya peculiaridad consiste en habitar el lenguaje (...) el afecto, digo, de no encontrar alojamiento, al menos no de su gusto. Eso se llama morosidad, mal humor también... " [xiii] Forma particular de una palabra silenciosa y negada, des-dicha , "mala hora" ( malbeur ) en la que el tiempo se vuelve (a)moroso. En el retruécano sobre la incomodidad de ese alojamiento trataremos de no dejar escapar a Heidegger. Digamos por ahora: es el propio Lacan quien se encarga de aclararnos que, en la angustia (de cuyo lado hemos arriesgado ubicar al tedio), no es el afecto lo que está reprimido, sino los significantes que lo amarran al "objeto" [xiv] Des-hábitó del lenguaje, del cual acabamos de entrever lo que puede significar en Agustín y los místicos cuando responde a la retirada del Otro en los pliegues de un goce femenino. Lo que está en juego en ese silencio es, ¿qué duda cabe? del orden del Amor, tal como Lacan lo entiende: eso que de dos hace Uno (bestia-de-dos-espaldas, dice, haciendo eco a Aristófanes en el banquete platónico) provocando la burlona admonición: "no se compromete al Padre real en tales inconveniencias" [xv] . Dios Padre es, en efecto, alguien a quien seducir para forzarlo a hacerse cargo de la causa del propio deseo: he allí el secreto, no de la experiencia, sino del discurso místico (el de la invocación de Agustín, el retor , que desea ser escuchado ), y también el por qué de que ese intento de seducción de un Ausente -cifra de la angustia- haya de ser colocado en el campo de la "falla moral", vale decir del pecado (entiéndase: no como consecuencia del pecado, sino en su lugar). Que el tedio se acerca al pecado, caben pocas dudas, Desde los tiempos de los Padres del desierto (no parece casual, tratándose de la desolación), la Iglesia consideró como grave -y tirando a mortal- el pecado de acedia . "Acedia" significaba el "estupor espiritual", el desinterés por los ejercicios religiosos, una "tristeza descorazonada" que retira del alma a la vez el deseo de servir a Dios y la voluntad de vivir [xvi] . Tomás de Aquino elige llamarla, precisamente, tristitia , y la define como un "vacío del alma", un "tedio" profundo al cual se liga el desconocimiento de los enormes esfuerzos de "voluntad'' que implican la adquisición de los bienes espirituales. Llegado al quinto círculo del infierno, Dante descubre, junto a los coléricos, a los accidiosi con sus "oleadas de pena" que hunden al corazón en "duelo", depositado en "oscuro recipiente". Por su parte, los Artes moriendi , más y más numerosos a partir del siglo XV, acentúan la lucha contra la desesperación del agonizante que no cree poder obtener el perdón divino: esta desesperatio aparece allí como forma extrema de la acedia. [xvii] La homilía del cura de parroquia en el último de los Cuentos de Canterbury , fustiga el tedio como "pereza espiritual que sigue a la desesperación", "somnolencia que engorda el alma", la negligencia que "alimenta todo Mal, del cual la ignorancia es la madre" (nótense, de paso, las metáforas nutricias que recuerdan a Agustín con el signo contrario), la lentitud ( tarditas ) que aleja al hombre de Dios (nuevamente, morosidad del tiempo), "y la tristeza, que causa la muerte del alma". La virtud opuesta a la acedia es la fortitudo , mezcla de coraje, grandeza de alma y constancia. Pero es sobre todo a partir de fines del siglo XVI que la Iglesia se aplica a atacar como pecaminosa la acedia, identificándola con el ocio y haciendo de ella un concepto lo suficientemente amplio como para reunir el "tedio espiritual" y la "repugnancia ante el esfuerzo" (lo que no deja de repercutir en la desconfianza casi universal de la Iglesia oficial hacia el éxtasis místico). Esta culpabilización de la acedia, por otra parte, retoma una reflexión sobre el tiempo a partir de una fórmula atribuida a San Bernardo: "nada es más precioso que el tiempo...", explicitada en el siglo XIV por Doménico Cavalca, que dedica dos capítulos de su Disciplina degli spirituali a la "pérdida de tiempo" y al deber de "rendir cuenta del tiempo" [xviii] . Se puede deducir que el discurso oficial de la Iglesia se opone al del místico en su contenido valorativo, pero no en su lógica : a lo sumo invierte la secuencia, haciendo que la acedia sea un efecto del alejamiento del hombre para con Dios, cuando para el místico se trata de la retirada de Dios del mundo del hombre. Queda el hecho de que esta "lejanía" intenta ser colmada, como diría Heidegger, por la subsunción en lo Uno [xix] . Pero allí el sujeto (incluso el místico) es, en tanto Dasein , un excedente , ya que este pecado de "plenitud" que implica el intento de "identificar el Otro al Uno", de recuperar el Tiempo del Otro como aplastamiento y no-duración (presente eterno), es un pecado autoengendrado y cerrado sobre sí mismo -casi se diría que es el pecado de Dios, si éste tuviera uno- que no deja lugar para el sujeto más que como "arrojado", como desecho. Tal vez quien ha teorizado esto mejor que nadie es Kierkegaard: "el pecado (como la angustia) tiene su lugar determinado; o mejor, no tiene lugar, ésta es justamente su determinación" [xx] . La angustia -Kierkegaard es terminante al respecto- es el supuesto del pecado original: la angustia, es decir, el deseo de saber . El "hacer de dos Uno" (lo propiamente uniano del Uno místico, que Lacan conecta con el tedio), en cambio, es aquello -quizá habrá que decir aquella- por lo cual el pecado entra al mundo, siendo él mismo un pecado. Todo su "contenido" está en esta afirmación: el pecado vino al mundo por medio de un pecado . Paradoja kierkegaardiana por excelencia: "si no fuese éste el caso, el pecado habría aparecido como algo contingente, y sería preferible no intentar explicarlo. Pero lo que representa una dificultad para el intelecto es el triunfo de la explicación, es su más profunda consecuencia: que el pecado se supone a sí mismo" [xxi] . Que el pecado se suponga a sí mismo, indica que el sujeto que lo soporta (Adán en el "original") aparece como su consecuencia: como aquél que representa un significante, llamado asimismo "original", para otro significante. Lacan: "no hay aparición concebible de un sujeto como tal sino a partir de la introducción primera de un significante, y del significante más simple, que se llama rasgo unario '' [xxii] . El subrayado es mío, pero el énfasis es de Lacan: "en el principio fue el rasgo unario". El rasgo unario es anterior al sujeto: la identificación, entonces (la producción de un "asujetamiento"), implica el trazo de lo uniano en el Amor (de Dios) que conduce al Uno por medio del tedio/acedia (in-diferencia, des-amparo) místicos, donde el tiempo del sujeto -lo hemos visto- está en suspenso, suspendido entre su constitución y su disolución. En los bordes de esa angustia (convivencia paradójica de presencia y ausencia de Dios) encuentra el sujeto su relación con el deseo del Otro. En Hegel, se trata del Otro en tanto conciencia (y ello no carece de importancia para la idea del Uno), pero en psicoanálisis, es el deseo. del Otro en tanto se soporta en la imagen [i (a)] que se nota A , porque es el Otro en tanto que falta : "no se trata, pues, de la verdad de Hegel sino la de la angustia, es decir la de Kierkegaard" [xxiii] . Otra vez: la angustia, es decir el adámico deseo de saber (la verdad del deseo) que se opone al simple (no querer) saber (nada con eso). Otro círculo que se cierra. Pero no sin detenerse un instante en ese [i (a)] enigmático, imagen-soporte de la que depende toda la estructura, y en la que el tedio introduce un malestar haciendo parpadear al Otro, haciéndolo estar presente-ausente en la mirada de Beatriz -tan intensa y, al mismo tiempo, tan "parpadeante" como la de Mónica lo es para Agustín-: aquella misma de la que Lacan dice que Dante no quiere satisfacer, el tres veces nada que sostiene la clave de la falta-de-ser que se llama Otro" [xxiv] . El sujeto Dante, no es difícil imaginarlo, está detenido allí como el sujeto del tedio místico, nel mezzo del camino della vita , en medio de la achatada línea temporal. Postura inestable a la que no es ajena, tal vez -no digo que Lacan esté pensando en ello- la reflexión del propio Dante: es por medio de la palabra que el hombre ocupa una situación intermedia entre los animales y los ángeles. [xxv] Pero, ¿cuál es la naturaleza "original", el carácter esencial de este signo? la Palabra original , al igual que el pecado así llamado, es "acción pura" que produce al sujeto (humano) haciéndolo hablar (pecar). Así como Kierkegaard dice que el pecado vino al mundo por intermedio de un pecado (nunca mejor aludido el universal-singular de toda la fenomenología posterior) así la palabra viene al mundo, para Dante, por intermedio de una palabra que se consagra a sí misma (que se supone a sí misma, como el pecado) en la producción de su propio sujeto. Con el soplo de Dios, y como respuesta a este soplo, brota de Adán una palabra inmediata: Dios puede hacer hablar al aire, pero la palabra pertenece de entrada al primer hombre que le dirige la palabra a Dios y habla sólo para glorificar el don que le ha sido dado: significación absoluta, palabra por palabra que sirve (nada más y nada menos) para constituir al sujeto hablante . La invocación -que es el ersatz del discurso agustiniano y la matriz de todo discurso místico- queda allí suspendida -como el tiempo- en el momento de espera -des-esperando- de la respuesta del Otro: momento de tedio/acedia en el que todo es posible (incluso que el Otro sea Todo, ya que podría no hablar, no mostrar su falta), y sobre todo, ese tres veces nada de la palabra original. Fuente: Revista Conjetural Número 7. Ediciones Sitio, 1985. [i] Lacan, Jacques Psicoanálisis: Radiofonía y televisión, Barcelona, Anagrama. 1977. [ii] Huguet. Michéle1 L 'ennui et ses discours, París, PUF, 1984. [iii] Ibid. [iv] Yankélevitcb, Vladimir: L'aventure, l'ennui, le serieux, Paris, Aubier, 1963, [v] San Agustin Confesiones, Madrid, Cristiandad, 1974. [vi] Ricocur, Paul Temps et recit, T. 1, Paris, Du Seuil, 1983. [vii] San Agustín, op. cit. [viii] Burke, Kenneth, Retórica de la religión, México, FCE, 1975. [ix] San Agustín, op. cit. [x] Ibid [xi] Ibid [xii] Burke, Kenneth, op. cit. [xiii] Lacan, Jacques Psicoanálisis, op. cit. [xiv] Seminario: la angustia. Bs As EFBA, 1978. [xv] Lacan Psicoanálisis op. cit. [xvi] Delumeau, Jean, Le pécbé et le peur, Paris, Fayard, 1983. [xvii] Ibid [xviii] Ibid [xix] Heidegger, Martín, Ser y Tlnnpo. México, FCE. 1951. [xx] Kierkegaard, Sören El concepto de la angustia, Bs.As ., Espasa Calpe, 1943 [xxi] Ibid [xxii] Lacan, Jacques. Escritos 1, México, siglo XXI, 1973. [xxiii] Seminario: La angustia, op. cit. [xxiv] Lacan Psicoanálisis op. cit. [xxv] Sollers Phllippe La escritura y la experiencia de los límites Caracas Monte Avila 1976, Terry O'Neill - Oscar Ennui - 1977 - Impresión en gelatina de plata - 182,9 × 182,9 cm
- Balnearios / Mariano Llinás
D O S S I E R H A S T Í O S "Balnearios" es una película documental estrenada en 2002. Durante el episodio de las playas, una voz en off cuenta: Lejos de los grandes centros urbanos, lejos de los polos productivos e industriales, rodeadas de campos fértiles, mieses y ganados, en una angosta franja costera compuesta básicamente por médanos, bosques y arenales; en una región remota, ventosa, improductiva e inútil, florece un inédito modelo de emplazamiento urbano: la “Ciudad Balnearia”. Alineadas la una junto a la otra, idénticas, hermanadas por sus extraños nombres marinos, estas metrópolis deparan, al observador imprevisto, más de una sorpresa. Aquí no hay industrias, aquí no hay empresas, no hay otro comercio que el local. Por cada hombre hay entre tres y cuatro viviendas. Por cada edificio de departamentos, entre cero y un habitante. No hay cárceles, no hay trenes, no hay tribunales. Pese a ser ciudades marítimas, tampoco hay puertos. Durante la mayor parte del año, estas ciudades permanecen vacías. Las calles están desiertas; los negocios, cerrados; los hoteles, inactivos; los grandes edificios de departamentos, deshabitados. Son, literalmente, ciudades muertas, abandonadas, inertes, yermas, baldías, fantasmagóricas. Sin embargo, a fines de octubre, el paisaje varía. Poco a poco, comienzan a aparecer signos de movimiento. Las ciudades comienzan a poblarse. De un día para el otro, dondequiera que uno mire, se perciben cambios abruptos. Un año entero de abandono, de letargo, de olvido, se corrige en pocos días. La actividad se vuelve febril. Se trabaja día y noche, sábados y domingos. Todo se repara, todo se acondiciona, todo se modifica. A fines de noviembre comienza la transformación en las playas. Lentamente, la arena comienza a poblarse de postes paralelos, regulares y simétricos. Más tarde, se les agregan travesaños y horcones. Los esqueletos son dispuestos en hileras. Estas hileras pronto se duplican, y triplican. Finalmente, son pintados, dotados de aparejos y de lonas. A mediados de diciembre, están listos. En los balnearios, cada cosa está dispuesta. Las ciudades, aún silenciosas, esperan alertas, agazapadas, expectantes. En algún momento, a fines de diciembre, se da por inaugurada la temporada. Las muchedumbres comienzan a llegar alrededor de las fiestas de año nuevo. Según las estadísticas, cada año llegan a la región 2.709.066 veraneantes: 1.700.000 porteños, 45.000 tucumanos, 827.000 médicos, 650.000 ancianos, 9.000 ex presidiarios, 1000 ciegos, 1.200.000 mujeres, 40.000 gauchos, 300.000 bebés, 30.000 uruguayos, 890 sacerdotes, 1.000.000 de rubios. Una abrumadora marea humana cubre plazas, paseos, hoteles, peatonales, la arena y el agua. Las diferentes playas se vuelven una cosa única, homogénea: sombrillas, carpas y gente. La llegada de los veraneantes a las playas suele alcanzar su hora pico unas horas antes del mediodía. Largas y esforzadas caravanas de familias, a pie, cubren el trecho hacia el mar, cada uno con su carga. La «sombrilla» suele ser atributo masculino. El hombre es quien la lleva, quien decide dónde irá, quien la coloca. En torno de la «sombrilla» se organiza todo el campamento. El veraneante va adonde hay gente, y las «sombrillas» pronto forman murallas infranqueables. Ya instalados, los veraneantes se reparten inmediatamente sus actividades: los mayores se entregarán al sol y a la inactividad casi absoluta. Luego, un raro impulso los llevará a emprender largas y vanas caminatas, de un lado a otro, formando un tráfico continuo, perpetuo, inagotable. Los niños se moverán en la playa como una plaga. Sus actividades no darán tregua. Desplegarán una irritante gama de rituales; buscarán moluscos, construirán castillos, se «harán milanesa», arrojándose mojados en la arena seca, se cubrirán de arena hasta la cabeza, ensayarán juegos nuevos, inauditos y exasperantes, y reclamarán la atención de sus padres en todo momento, en forma insistente, incesante. En la playa, la arena es el escenario ideal para los juegos más variados. Es una suerte de estadio múltiple, adaptable a las disciplinas más estrambóticas: arquitecturas ficticias, carreras ficticias, autódromos ficticios. En la arena, todo parece posible, todo parece fácil. Los campos de juego aparecen de la nada, y se diluyen en la nada. Los juegos clásicos de la playa no encierran demasiados secretos. Si tienen reglas, suelen ser soslayadas. En general, suelen consistir, simplemente, en arrojar algo. No todos habitan la playa con la misma intensidad. Los ancianos, indiferentes ya a todo, disfrutarán de ella de un modo tenue, desganado. Preferirán la comodidad de una silla, la contemplación y la exposición al sol localizada. Por su parte, los perros, invariablemente, molestarán. Sufrirán, invadirán terreno ajeno, aborrecerán el agua, se moverán en exceso y establecerán continuos conflictos. La situación de las vacaciones, la alegría del descanso y el ocio, les será misteriosa y ajena. Mirarán, sin comprenderlo, un escenario completamente nuevo, donde todo lo que los rodea es distinto, imprevisto y llamativo. Las mujeres dedican al físico la totalidad de su tiempo. Su apoteosis son las masivas colonias de gimnastas improvisadas. Suelen agruparse al atardecer, sin conocerse, sin saludarse, y someterse en forma colectiva e irracional a extraños rituales, danzas y vaivenes. Parecen poseídas por deidades antiguas, y constituyen, cada atardecer, una secta dispersa y efímera, de infinitos miembros, espontáneos e imprevisibles. El resto del día se consagran al sol. Su hilo conductor son las cremas bronceadoras. Para las mujeres, son una suerte de obsesión que jalona cada hora y cada minuto del día. No conformes con ello, suelen insistir en imponerla, por la fuerza, a los hombres. A la hora de tomar sol, su esquema parece ser fijo e inflexible. A determinada hora cambian una posición por otra. En algún momento renuevan la dosis de bronceador. En otro, se colocan de espaldas al sol y desatan sus «bikinis». Repentinamente, sienten frío y cubren su cuerpo con alguna «remera» o camisa. Luego, el ritual recomienza. Una curiosa escala rige los rituales del baño. El mar es evaluado con un criterio casi moral: «Bueno», «Dudoso», «Peligroso». La bandera roja, temible, diabólica y poco frecuente, representa la amenaza máxima. Los adultos suelen realizar baños breves y esporádicos. Las mujeres, suelen tener frío y salir enseguida. Los niños son los bañistas más conspicuos. Para ellos, el baño es menos un refresco que un combate arduo y esforzado. De un lado, ellos y sus tablas; del otro, las olas. Los «bancos de arena», una novedad mínima y recurrente, ejercen sobre los adultos una fascinación casi infalible. La excursión al banco de arena es una módica aventura a la que ni aún los menos marchosos se resisten. En el mar tiene lugar una extraña democracia: allí, de algún modo, todos son iguales. Los ancianos, sin embargo, se acercan al agua con timidez y aprensión. Apenas se mojan con las manos; rara vez se bañan. La jornada playera suele estar marcada por la inactividad, la rutina y el tedio. El día rara vez es perfecto. Siempre hay amenazas: aguavivas, insolaciones, quemaduras, alquitrán. La arena candente quema las plantas de los pies. El viento llena de arena ojos y bocas, y lo imposibilita todo. Otro riesgo inherente a la rutina playera es el aburrimiento. Los días se parecen entre sí: cualquier mínima modificación del panorama provoca aglomeraciones y revuelo. Un avión de propaganda, una tonina en el horizonte, un barco lejano. Un niño extraviado, generará un curioso ritual: un adulto lo subirá en sus hombros y una muchedumbre lo rodeará y comenzará a batir las palmas. El bañero izará una bandera blanca. La gente acudirá y se sumará, festiva, al aplauso. En el equipo de playa suelen verse objetos que desaparecen misteriosamente el resto del año. Sillas retráctiles de baja altura, lonas y esteras, canastas de paja con termos, toallas, meriendas, cremas, lecturas, recipientes para comestibles, frutas, huevos duros. Fuera del horario de playa, los adultos ejercitan el ritual de la siesta. Súbitamente, el ajetreo deja paso al silencio y a la tranquilidad. Los barrios residenciales van, poco a poco, despoblándose hasta quedar desiertos. La ciudad entera parece ganada por el sueño. Las calles, apenas pobladas por niños, perros y heladeros. Las casas, mudas y semidesiertas. Por tres horas, como en una tregua, todo vuelve a ser como antes. A la caída del sol, las playas, ya vacías, dejan paso a las actividades propias del centro. Por lo general, el centro de una ciudad balnearia está articulado en torno a una arteria única: «La principal». Las «principales» suelen ser idénticas la una a la otra. Un abarrotamiento de negocios, casas de comida, carteles de neón, vendedores callejeros, payasos y repartidores de volantes. Una suerte de torbellino de gente, de niños, de jóvenes semidesnudos, de músicas estridentes, de chucherías y de dulces. Los veraneantes se limitan a recorrerlas de cabo a rabo, una y otra vez, un día tras otro, viendo hasta el infinito las mismas vidrieras, las mismas ofertas, los mismos negocios. El veraneante recorre estos lugares con placidez, como quien disfruta de una rutina recién adquirida. Noche tras noche, durante una quincena o un mes, acometerá religiosamente el mismo peregrinaje. Su vestimenta nocturna no difiere demasiado de la de la playa, pero entre una y otra suele mediar un baño, y el aspecto y el porte de los veraneantes deja entrever un cierto orgullo higiénico, una exhibición de la limpieza, una actitud de prepararse para la noche. Las opciones nocturnas suelen ser masivas. Las calles se convierten en una suerte de kermesse, en un circo. Todo está lleno. La oferta parece no dar abasto. La gente, ávida de variedad, acude por lo general a cualquier espectáculo sin ejercer demasiado la selección: dan lo mismo las compañías de teatro de revistas, los cómicos televisivos de segunda línea, los cantantes de antaño o los números de magia e hipnosis. Los escenarios improvisados proliferan. La gente, ávida de espectáculo, de diversión circense, simplemente acude. Otra variante es la concurrencia compulsiva a los enormes galpones que albergan los juegos electrónicos y mecánicos. Las máquinas se alinean una al lado de la otra, y los sonidos característicos de cada una se confunden en un todo caótico. La fauna de los juegos electrónicos no parece ser demasiado vasta. Mas allá del visitante ocasional, del diletante, y del ocioso permanente que establece allí su nido, el personaje más digno de tener en cuenta en este mundo es, a todas luces, el campeón. Individuos que, a fuerza de tiempo y de una concurrencia compulsiva a los juegos, adquieren el dominio absoluto de una de las máquinas. Pueden pasar horas y horas, ascendiendo de niveles, extinguiendo enemigos ya irrisorios, ejerciendo su arte por la mera marca, convertida apenas en una rutina, una forma más del tedio. Sus movimientos suelen ser elegantes, suelen demostrar la calidad. No son plurales. Un campeón elige para su conquista una única máquina, y, como un enamorado fiel, evita y desmerece íntimamente a cualquiera de las otras. Estos maestros rara vez demuestran alegría o fervor ante sus propios logros. Sus rostros son más bien adustos, serios, concentrados, como si su actividad fuera algo solemne o sagrado. La fauna de los juegos electrónicos se completa con el Observador, un personaje infaltable cuya áspera misión es la mera contemplación del juego ajeno. El Observador ingresa a uno de los grandes galpones. No busca máquinas vacías; las busca ocupadas. No busca su diversión; busca la diversión ajena. Una vez localizado su blanco, simplemente se coloca, en silencio, a sus espaldas. Inmóvil, examina el juego del otro, se apasiona con los movimientos ajenos, aprueba o desaprueba su pericia. Los grandes campeones suelen contar con una corte nutrida y en ocasiones permanente. En la época estival, los negocios florecen. Infinitos comercios, surgidos de la nada, ofrecen masivamente todo lo que el turista pueda necesitar. Los comercios, obran como una metáfora del veraneo. En ellos puede adivinarse una suerte de resumen de la temporada. Dentro de ellos todo es masivo. Miles de pelotas, miles de reposeras, miles de sombrillas, miles de baldes y de palas. De todo hay por miles. Los amontonamientos recuerdan a la barraca de un ejército. En estos almacenes sin nombre, variopintos y cambalachescos, se percibe como en ningún otro lado el extraño, desconcertante fenómeno del veraneo. A veces, estos comercios incurren en el surrealismo. Es el caso de la tienda de regalos. Ofrece una fauna única y tétrica, propia de algún bestiario medieval: colonias de criaturas estrambóticas, monstruos marinos sonrientes y felices, seres mitológicos trasladados, abruptamente, al mar. Un bazar caótico que mezcla lo religioso, lo geográfico, lo familiar, lo zoológico, lo artístico, lo hogareño, lo climatológico, lo humorístico, lo telúrico, lo científico, lo naval, lo soez. Un resumen, variado y grotesco, del universo. La industria veraniega florece también en otros campos. El nutrido ejército de vendedores playeros resulta igualmente pintoresco. Está aquel que recorre la costa portando una hilera aérea de pequeños aviones de telgopor. Otro, el «barquillero», llega haciendo sonar un triángulo y portando a sus espaldas un gran cilindro metálico. Una vez requerido su producto, el «barquillero» someterá al cliente a un curioso juego de azar. No menos extravagante que este ritual es el producto que lo sustenta: los barquillos, alimento de escaso atractivo, completamente ausente de los comercios durante el resto del año. Otros vendedores son más ortodoxos: el «churrero» es identificable por su gran canasta, el «panchero», por su caja metálica de calor líquido; el «heladero», por su extraño grito, que suprime las consonantes. Pero el rey de los personajes de la playa es, a todas luces, el «bañero». El «bañero» es el centro permanente de las miradas del hombre y la mujer. Por lo general, ostentan satisfactorios bronceados y musculaturas. Su postura suele ser heroica, rampante, y suelen estar acompañados de algún regio can. Su rutina empieza al alba, con una recorrida por las aguas aún desiertas, para determinar el estado del mar. En las horas de playa vigilarán con atención cada mínimo acontecimiento. Serán los encargados del orden dentro del caos y la masa de veraneantes. Tal vez, un ahogado les dará su momento de adrenalina y heroísmo. El salvavidas, el silbato y los prismáticos son sus armas. Como todos los héroes, suelen ser parcos, medidos, solitarios y melancólicos. Finalmente, un día, un día nada distinto del anterior o del posterior, todo este cosmos, todo este mundo complejo, plural y autosuficiente, comienza a decrecer, a menguar. De a poco comienzan a despoblarse las calles céntricas, la concurrencia comienza a ralear en las playas, comienzan a verse algunos departamentos y chalets vacíos. Con el correr de los días, cada vez son menos los negocios en funcionamiento, cada vez son menos los comerciantes en actividad. Las localidades vuelven de a poco a ser ganadas por la soledad y el desamparo. En el mes de abril, nada sugiere el enloquecedor movimiento de algo más de un mes atrás. Han vuelto a ser meros pueblos de provincia, con comercio endógeno e industria inexistente, y sin otro rasgo significativo que la cercanía del mar. Fuente: https://journals.openedition.org/caravelle/10405 Fotograma de "Balnearios" - Dirección: Mariano Llinás / Investigación: Agustín Mendilaharzu - 2002
- Doscientos años ¿de qué sirvió? / Alejandro Kaufman
I Conmemoración El peso de los cuarenta años recordados cae sobre la memoria en el instante del peligro en el que nos estacionamos. ¿No sugiere volver sobre los pasos de lo discutido, leído, escrito todos estos años? Rememorar que los juicios fueron un suceso post electoral, vagamente insinuado en la campaña electoral de la salida de la dictadura, y cuestionado por el movimiento de derechos humanos, concentrado en promover una comisión bicameral del Congreso que pudiera investigar exhaustivamente los crímenes de la dictadura, más allá de aquello que el “show del horror” había sublimado reactivamente. En los noventa fue propuesto el enunciado del “paradigma punitivo de la memoria” para señalar la trama con que en nuestro país se había articulado la demanda de enjuiciamiento de los crímenes de la dictadura con el remedio memorial contra la impunidad como vector decisivo de la vida en común en la postdictadura. Sobresalía aquella relación entre memoria y punición, porque de nuestra manera no había sucedido en otras partes, ni en los casos paradigmáticos que teníamos como referencia. La expectativa puesta en la institución jurídica acerca de una reparación sociohistórica planteaba un problema que la brega por el castigo a los culpables dejaba a un lado. No es la ocasión de reseñar la densa y prolífica historia reciente que concierne a toda la cuestión, sino solo señalar el tono reflexivo que la fecha sugiere. Si la relación entre memoria y punición señalaba un borde que podría haber puesto en riesgo los alcances ilimitados de las demandas de justicia, lo cierto es que antes y después de estos juicios y de los que les siguieron, el movimientismo social, memorial y de derechos humanos produjo tales aportes múltiples, colosales, diversos, a la saga argentina de la postdictadura que no solo superó con creces cualquier prevención, sino que creó una riqueza inédita, en términos históricos y globales, alrededor de la tragedia padecida por el inmenso sufrimiento causado por los perpetradores. Brotaron movimientos, agrupaciones, discursos, creaciones sociales, políticas, teatrales, poéticas, artísticas, modos del testimonio y de la memoria, entramados institucionales, estatales y no estatales, deportivos, de género. Sería imposible recuperar en poco espacio la magnitud de las realizaciones que en la Argentina se propusieron recuperar la vida en común que había sido ahogada en sangre, silencio y oscuridad en los Sitios clandestinos del exterminio, así como en el Río y en el Océano. Así fue como cualquier riesgo o limitación suscitados por la demanda de juridicidad punitiva fueron en principio compensados y superados. Imposible omitir también cómo el movimiento social de la memoria se apropió de la experiencia testimonial en los tribunales para llevarla hacia una irradiación virtuosa que anidó en la trama societal superando mil obstáculos. Experiencias como las de Fabiana Rousseaux o Mariana Eva Pérez, entre tantas otras, dejaron verdaderas huellas geológicas en el suelo de la nación. Nombrar no puede sino ser injusto, como es obvio, pero habrá sin duda en algún futuro nuevos emprendimientos enciclopédicos y museográficos que den cuenta de lo que va desde Los rubios hasta Garage Olimpo , o desde las baldosas de la memoria hasta la instalación “Autores ideológicos” del Falcon blanco desarmado. Son solo ejemplos para resistirnos a la consumación punitiva, irrenunciable como tal, no solo por ser insuficiente (aunque necesaria ), como tanto se ha señalado, sino por lo que fundamentalmente tuvo lugar como mito de la refundación democrática y como su condición de posibilidad, pero también como instauradora de un orden fundado en el olvido. En forma concomitante con la saga de memoria, verdad y justicia, de castigo y repudio a la impunidad, muy rápidamente se instalaron variantes que, en lugar de abrazar directamente el negacionismo, como terminó sucediendo más recientemente, se dedicaron de manera sistemática a homologar sucesos corrientes de violencia y delito con los horrores del terrorismo de estado. Así fue ocurriendo a lo largo de todos estos años, nutriendo a una derecha securitista, punitivista, banalizadora de memorias y desapariciones, continuamente esforzada en oponer al terrorismo de estado equivalencias con lo que carece de excepcionalidad por formar parte de la vida social común en todas partes, en mayor o en menor medida, pero en nuestro caso con atribuciones retóricas y aun propagandísticas que compitieron continuamente con las memorias y los requerimientos de justicia respecto del terrorismo de estado. Tales experiencias, siempre subestimadas en su gravedad y consecuencias, son privilegiadas condiciones que sembraron el camino que nos trajo a la actual desgraciada situación colectiva. Al paradigma punitivo de la memoria como tal no le es imputable la homologación con “delitos comunes” que inundó la conciencia pública hasta ahogarla (“nos están matando a todos”) porque tal deriva forma parte de las discursividades recurridas por negacionismos, relativizaciones y trivializaciones. Aquello que se ha dado en llamar “dos demonios” y que al respecto deriva en acusaciones sobre “estar del lado de los delincuentes”, en la supuesta guerra de lo que por ahora se explicita como “argentinos de bien” contra quienes no lo vendríamos a ser, en espera de turno en el famoso poema apócrifo de Brecht. II Para una crítica de la violencia Evocación de un célebre texto en el campo intelectual, mucho más transitado bajo dos formas prevalecientes que mediante una tercera con mayor vocación situacionista. La primera remite a lo más natural para ese gran texto de Walter Benjamin, la exegesis, el trabajo filológico, la hermenéutica. Es un texto a esos fines dedicado, aunque no solamente, dada la propia inclinación situacionista, aurática, de su autor. Otra forma menos feliz es la que lo toma con abordaje criptográfico, tal concepto significa o se homologa con tal otro y así con cada uno. El texto es sugerente acerca de aquello que, siéndonos inmanente y ubicuo, e inseparable del flujo de la experiencia, se desgaja en múltiples formas en conflicto con el irrenunciable anhelo edénico que imagina un mundo no violento. Se nos dice que el deseo que tan inherentemente nos convoca estructura falsas conciencias, mitificaciones y legitimaciones, todas ellas susceptibles de escrutinio crítico frente a medios y fines que traducen el anhelo edénico como modernista Emancipación. La ambigüedad que lo marca remite tanto a la invitación a juegos especulativos como el desdén porque no dice “qué hacer”, y es un riesgo que corren algunos textos críticos cuando proponen conceptos y categorías vigorosos y originales. En favor de una tercera consideración que aquí llamamos “situacionista” apelando a una venerable tradición vanguardista del siglo XX pero con antiguas genealogías, hasta milenarias, diremos lo que sigue. La crítica, por así entenderla -¿requiere aclaraciones recurrir a esa palabra expulsada del jardín cultivado de las especies florecientes? -, antes que sustituir el objeto de sus interpretaciones, más bien identifica falsos problemas, categorías que no son últimas aunque así se presenten, delimitaciones que fungen de modo performativo cuando se pretenden ontológicas o fundacionales. En fin, cómo no pensar y de ese modo dejar abierto el horizonte de lo posible, clausurado por el discurso así interpelado. Abrir el horizonte de lo posible es la situación, propiciadora de la apuesta conceptual que la historia política es capaz de devenir en emancipación. El Juicio a las Juntas nos proveyó de nuestro propio pacto ético político, bajo la matriz de 1945-1948, imperio de derechos humanos previo juicio y castigo a los culpables, pacto o consenso democrático. Se instaló la candorosa idea de que justamente después de horrores inhabitables aun en la memoria y menos todavía en las representaciones podrían advenir tiempos venturosos, de reparación, reconocimiento y recuperación. Todo ello a la vez con memorias de lo acontecido, la prevención del Nunca más , la imprescriptibilidad y lo imperdonable. Con todo lo doloroso y sus consecuencias postraumáticas transgeneracionales, como pronto se constataron, un camino pretendidamente plausible. Al fin, un guion de película de terror, después de todo, en el que lo siniestro vuelve a entrar por la ventana. Todo “marco teórico” plausible para considerar “si esto es un hombre” alerta sobre lo candoroso de semejante secuencia. Es en ese contexto además que se necesitan situar guerras como la de Vietnam o la propia Guerra fría, y tantos otros escenarios de violencia concomitantes con un Nunca Más en devaluación perseverante. Advertencias no faltaron, allá y entre nosotros, pero los avisos de incendio, como se sabe, no pueden ser escuchados casi más que por quienes los profieren. Seguramente no podrían haber transcurrido los acontecimientos de la posterioridad de otro modo mucho más virtuoso. Lo que la crítica va a señalar es el encubrimiento, los pretextos, los consentimientos no reconocidos, los desplazamientos revisionistas, los negacionismos, los pedagogismos y las banalizaciones. Y hay que agregar, el interés conservador en conceder castigos delimitados y memorias cada vez más pasteurizadas, de modo que lo rechazable se encapsule, que la mayor parte de lo que constituyó la encarnación del Mal se pueda reciclar, renovar, mutar de modo de no ser reconocible, y que determinadas condiciones estructurales del Poder se mantengan intactas. III Demasiado tarde, demasiado temprano Siempre tarde para prevenir, siempre temprano para desfallecer. El exterminio argentino, con sus respectivas concomitancias regionales, si bien tuvo trazas genealógicas identificables, entre los bombardeos de 1955, así llamados eufemísticamente, y la masacre de Trelew, por recordar los sucesos más destacados, parece no haber sido advertido al modo del aviso de incendio, de la manera en que leemos otras bibliotecas. Esto no excluye que identifiquemos indicios en Martínez Estrada, en Murena, en Osvaldo Lamborghini, en Copi, en Rozenmacher, en Viñas, por dar solo algunos ejemplos. Y, no obstante, el terrorismo de estado, tal como sucedió, fue un acontecimiento límite. Los avisos de incendio solo dan cuenta de ciertas condiciones de peligro, no son vaticinios. Tampoco la Solución final pudo ser vaticinada. Este tipo de acontecimientos del horror contienen, como una de sus características, el proceder bajo la forma de lo inédito y también por eso mismo inenarrable, irrepresentable, sin antecedentes. Algo terrible podría ocurrir, nada como lo que ocurrió. Una forma de expresarlo nos ha sido la siguiente: la diferencia entre “antes” y “después” es que la militancia implicaba riesgo de tortura y muerte, de duelo para madres de víctimas de la represión, con muy contados casos de desapariciones antes de 1973. Lo que dejó la dictadura del 76 es que el compromiso de la militancia, que antes podría afrontar sus riesgos, ahora tendría que sumar la desaparición, ya no el duelo de la madre, sino el devenir Madre de Plaza de Mayo de quien diera a luz a la persona militante. Ya no quitar la vida sino quitar la muerte . Todo nos ha sido dicho en el transcurso de estos cuarenta años, que tal riesgo no es afrontable, que algo cambió en forma perdurable en la subjetividad contestataria, entre tantas otras razones epocales, por el hecho de que tal horror se nos cierna sobre nuestras cabezas. No importa si le damos crédito al Nunca más , porque se trata de lo que ocurrió y podría volver a suceder. A las madres no se les puede acreditar la disipación de una expectativa tal, porque es una memoria recurrida, sostenida como protesta y reparación, que entonces, paradójicamente, se entrama con una declinación estructurante de nuevas subjetividades. Es una cuestión profundamente enclavada en la historia reciente de la contestación política. Demasiado tarde siempre para el Nunca más , demasiado temprano para toda prevención, para todo aviso de incendio . IV Entre Martínez de Hoz y Videla Pues, entonces, afuera con los “excesos”, y por si no fuera suficiente, de manera “completa”, contra “ambos demonios”. Así, la restauración mítica de la democracia imaginó un pasado venturoso que había sido interrumpido, una República que se había perdido y fue reencontrada. Una democracia extraviada por los “golpes de estado”, que “tocaron fondo” y abrieron camino a volver a la “normalidad”. Restauración mítica de un orden perdido que nunca había existido empíricamente del modo narrado, y mucho menos como pacto o como contrato. ¿No cabría aun solo por el tardío advenimiento del voto femenino cuestionar la precedencia de una democracia idealizada? Medio siglo desde la Emancipación demoró abolir la esclavitud y otro medio siglo el voto femenino, sin omitir que cien años requirió la Ley Sáenz Peña. Y decir así no es por oponernos a las virtudes de la institucionalidad democrático-republicana en favor de otro orden . Y no porque no creamos en otro orden , sino porque la crítica, largamente vilipendiada de mil maneras, no consiste en oposición, como se la quiere hacer ver o como se la malversa, sino en una reformulación categorial que conduce a una apertura de expectativas experienciales y conceptuales, para volver sobre el asunto. Apertura que, frente al orden existente, hace pie en las propias potencialidades o promesas de un orden limitado por sus condiciones de reproducción a no satisfacer demandas más allá de un borde gris, y en cambio bien predispuesto a irse para el lado contrario, dado que su fundamento irreductible es el único derecho incuestionable, el derecho a la propiedad. Transitamos el despojamiento de toda cosmética, de todo disfraz o eufemismo en este final de camino; ojalá que no pueda proseguir en la dirección que le han impuesto para que no nos quedemos sin país: ahora es manifiesto que el derecho de todos los derechos, el único derecho cabal, es el derecho de propiedad, y todo lo demás se le subordina mediante oferta y demanda, mediante las “leyes de la naturaleza” atribuidas a la libre concurrencia. El punto al que hemos llegado es a la pretensión de declarar delito lo que se postula como transgresión criminal de las leyes inmarcesibles de la economía, la propuesta de penalizar a políticos o legisladores que no se comprometan como cosa de vida o muerte con las reglas supremacistas de la llamada macroeconomía, no importa a qué precio social, humanitario o de soberanía. Y esto sucede después de cuarenta años de haber dejado en el margen de lo desestimado a todo cuestionamiento jurídico del terrorismo económico y el genocidio social, ahora expresados como plenitud y como programa, pero durante todos estos años ensayado bajo formas gradualistas o con eufemismos. En ello llegamos al final del camino. La imprescriptibilidad no debería ser para el terrorismo de estado sino para lo que el terrorismo de estado caracterizó como crimen económico político tanto en relación con la llamada macroeconomía como con el pacto de sangre por el que la mediaticidad hegemónica se puso a su servicio desde entonces y parece que para siempre. Papel Prensa no fue solo un acto de apropiación de un sujeto empresarial jurídicamente validado y nunca puesto en tela de juicio , sino la instauración de un paradigma que silenciosamente fija la estructura discursiva de la institucionalidad republicano-democrática en lo que concierne a la esfera pública. Ahí reside el decisivo huevo de la serpiente que nos ha hecho ingresar en la actual oscuridad. V La democracia que quisieron La dictadura definió explícitamente a quiénes identificaba como sus enemigos. Uno de ellos quedó más o menos registrado en la memoria colectiva: los “subversivos”, palabra que ha ido siendo sustituida recientemente por “terroristas” a fin de establecer un vínculo anacrónico con el uso actual del término. Si hubo un rasgo distintivo de los movimientos político-militares del Cono sur, sobre todo en el caso argentino, fue su carácter sociopolítico masivo y la abstención sistemática y estratégica de proceder con violencia contra la población en general. Hubo casos , no hubo una política, como la hay en muchas otras situaciones, latitudes y épocas, en que cualquier persona, de cualquier edad y género pueda ser motivo de atentados anónimos en sitios públicos, medios de transporte, teatros, estadios, restaurantes, templos, mutuales, escuelas. La palabra terrorismo debe su definición a este tipo de violencias masivas e indiscriminadas. El terrorismo así entendido se ejerce contra un colectivo caracterizado genéricamente como enemigo. En la Argentina el terrorismo de estado identificaba subversión en el seno de la población general y sospechaba de manera exasperada de toda persona. Se invertía decisivamente la carga de la prueba. Toda persona debía demostrar su inocencia. Además, una diferencia entre subversión y terrorismo, en la agenda del “Proceso” era ideológica, no metodológica. Por eso el segundo término era utilizado como adjetivo eventualmente, mientras que el primero, de carácter ideológico, no era dirigido contra personas combatientes sino contra ideas así inculpadas. El otro término utilizado por la dictadura, del todo olvidado y borrado por la memoria colectiva era “corrupción”. Pareciera que de nada sirve la actual sinceridad prodigada, que arroja luz sobre el uso histórico de ese término, cuyo verdadero significado, aparte de casos o situaciones que responden de manera fáctica y jurídica al riguroso sentido de ese término, connota redistribución de la riqueza por razones de justicia social. El voto mayoritario ha avalado de hecho, no probablemente de conciencia, esta aberración: que intervenir de modo fiscal sobre la acumulación de riqueza para disminuir la desigualdad es un robo, un crimen empobrecedor, promotor de la decadencia y obstáculo de la prosperidad, enemigo de los benefactores de la humanidad que son los monopolios. Nunca antes nadie (generalización exagerada: era una minoría) se había atrevido probablemente ni siquiera a pensar conscientemente tal cosa, aunque el motor de la centralidad del tema de la corrupción en las agendas públicas fuera esa idea y no otra, no meramente hechos que se ajustaran a la denotación precisa de ese término. Sirvan estas menciones para ilustrar el carácter discrónico de las memorias, su sujeción a temporalidades que no son lineales ni progresivas, sino que pueden ser retroactivas o aun anterógradas. Del mismo modo, y para ir a un ejemplo vinculado con nuestra efeméride, en “Argentina, 1985” el guion hace decir “fachos” para referirse coloquialmente a los militares de la dictadura, término que no era de uso común, en tanto que no menciona el término que sí era de uso común, “milicos” y que omite a fin de no sonar de modo extraño a los espectadores actuales, ante quienes los militares del presente no son ni “fachos” ni “milicos” de la dictadura. Las memorias son infieles, traidoras, en el sentido del viejo dicho acerca de la traducción, dado que la memoria es una forma de traducir el pasado al presente: traduttore, traditore . No está de más subrayar que no se procura aquí una inhabilitación de la traducción sino una interpelación a simplificaciones, desconocimientos. Otro término, fundamental para estas líneas, cuyo significado importa de manera sustantiva es “democracia”. Dos cuestiones suelen ser motivo de olvido, omisión y negación: la mayoría de los golpes militares no fueron acompañados por hechos de violencia porque se los realizaba en contextos de consentimiento previamente constatados por el clima social y la acción de los medios de comunicación. La dictadura del 76 tuvo claramente esa característica: venía a poner orden frente a un clima social convulso, violento e incierto, en el que se había producido una dispersión fragmentaria de la politicidad, sobre todo en el campo popular. Se sabe de modo corriente que, en lo concerniente a la lucha armada, en su mayor parte, el colectivo político militar ya había sido derrotado. La dictadura vino a aniquilar cuerpos e ideas, no contra una fuerza armada que conservara relevancia en términos de capacidad militar. Al respecto hubo un consentimiento que se extendió a lo largo de varios años, y que el terrorismo de estado, en su aspecto de “terror” consolidaba del modo más conocido, y separaba entre argentinos de bien y quienes “algo habrían hecho”. En ese sentido hemos progresado, porque los malos argentinos son acusados ahora de manera más precisa e incriminatoria, y aun más masiva que entonces, cuando supuestamente el estigma iba dirigido contra una minoría. La segunda cuestión omitida, negada y olvidada es que, como sucedió con varios otros golpes de estado, salvo probablemente el de Onganía y con excepción de facciones militares que nunca alcanzaron a ser mayoritarias al interior del “partido militar”, los propósitos de los golpes no eran de instaurar regímenes totalitarios ni vitalicios, ni de instalar liderazgos personales (en ese aspecto el “Proceso” se esforzó particularmente), sino de depurar a la sociedad de sus “elementos” nocivos para luego restaurar democracias en las que imperara la “legalidad y la concordia”, como dice La Nación del 17 de diciembre último en una nota dirigida contra el CELS, entre otros destinatarios. Una nota tal vez innecesaria, la de La Nación , si se considera que el mileísmo contiene en sus objetivos realizar con creces la depuración proyectada por el Proceso y otros golpes. Que no consideremos cabalmente democracia a eso que Ellos quisieron instaurar no nos debe eximir de reconocer los términos precisos de lo que “quisieron”, porque es concomitante con la aparente contradicción entre golpes de estado y políticas neoliberales. En la imposibilidad de hacer patente la connivencia inherente entre políticas económicas de acumulación ilimitada de la riqueza y procesos represores radica el destino accidentado durante años y ahora funesto de la institucionalidad democrática. Los juicios separaron como si fueran diferentes e independientes las que son caras de la misma moneda. El carácter encubiertamente criminal del capitalismo periférico hegemónico y la sujeción masiva de las conciencias a sus designios. Diferentes medios y momentos históricos, similares fines. ¿Nos promueve escepticismo lo antedicho sobre los Juicios? No más que la constatación de que pudieron haber sido -lo fueron- un primer paso hacia una justicia reparadora que aspirara a una plenitud convivencial. El horror mayor, los acontecimientos límite, durante cierto tiempo sirvieron de interpelación para habilitar algunas sensibilidades más inclinadas hacia horizontes utópicos. Hasta incluso durante varios años se rozaron con la punta de los dedos unas perspectivas venturosas, siempre acosadas por la maquinaria difamatoria masiva que no ha hecho más que crecer bajo la sombra distendida de nociones sencillas acerca de la libertad de expresión. Hay no obstante algo en común entre el presente y aquel pasado del horror: si bien en el dominio social la creatividad contestataria es extraordinaria, fervorosa, consecuente y creativa, no alcanza a superar el masivo consentimiento con lo inconcebible, y la recuperación de un horizonte de justicia parece solo accesible mediante la consumación autodestructiva del horror desencadenado por poderes mayormente intangibles e impunes, que pretenden conducir el alien que sueltan, y que finalmente se vuelve incluso en contra de ellos mismos. Algo así como las lógicas de la destrucción mutua asegurada, en la que termina no habiendo cabalmente vencedores, porque las fuerzas desencadenadas son incontrolables. Esa asimetría letal solo da fe de la potencia popular que de ese modo debe ser aplastada, a costa de la propia integridad del opresor. La referencia no es hacia la integridad “económica”, por favor. Derechos humanos significa finalmente esto: alcanzar un estado de cosas en que la violencia se pueda reducir a un mínimo convivencial, aun sin alcanzar una realización utópica. Cuarenta años después, aquí estamos, de esta manera. Reproducido de la revista Bordes , UNPAZ, 31/12/2025: https://revistabordes.unpaz.edu.ar/doscientos-anos-de-que-sirvio Verónica Scardamaglia (2025) Marcha 24 M Fotografía.
- Deseo, desfogue y desfachatezClaudia Rodriguez, Pedro Lemebel, y Agustín Gómez Arcos / Rocío Feltrez
Sobre La misteriosa mirada del flamenco (2025), de Diego Céspedes [ALERTA SPOILER] En este estar migrante, la palabra soledad tiene otros sentidos. A veces es el territorio propicio para el nacimiento de encuentros queridos. En esas ocasiones no refiere a algo que se quiere evitar, sino a una aventura que se decide tantear alegremente. Aunque se asista sola al cine, una conversa con voces, imágenes, colores, emociones. Lo hace hasta con las lágrimas que brotan del cuerpo que respira justo al lado. Está también la promesa de una conversación futura. Y alivia y anima saber que habrá con quiénes compartir lo vivido, con quiénes pensar. Quizá se puede habitar la soledad como aventura porque también es posible estar en los días rodeada de cariño. Sin ese encantamiento, sin esas miradas amorosas, ¿qué se podría? La misteriosa mirada del flamenco es una película chilena dirigida por Diego Céspedes y estrenada en dos mil veinticinco. Todo transcurre en un remoto pueblo minero en el Chile de los ochenta. Una de sus protagonistas es Lidia, una nena que ha sido abandonada hace años en la puerta de la única cantina del pueblo, regenteada por una familia de travestis que se sostienen económicamente dándoles placer a los mineros que las buscan (no tan) clandestinamente. La Flamenco es la madre adoptiva de Lidia. Mamá-travesti. La Flamenco está enferma. El pueblo entero vive bajo amenaza: la peste les está matando. Se dice que todo comenzó cuando la Flamenco miró fijamente a un hombre. Que desde ese instante comenzó a sobrevolar en el pueblo el rumor de la peste. La fulminante mirada de Flamenco. Los mineros se organizan para vigilar a quienes creen propagadoras de la peste: esas vidas de miradas misteriosas. Para sentirse a resguardo de esa amenaza letal, las mantienen con los ojos vendados, vigilándolas de día y de noche. Pero pasan los amaneceres y estos hombres fuertes y valientes no pueden resistirse a las tretas de las débiles. Los acorazados vigilantes van cayendo de uno en uno en la tentación. Algunos se enamoran. De esas miradas, de esas rarezas, de esos misterios. Curiosamente, el encantamiento más poderoso cae sobre el más rudo y convencido de todos los mineros del pueblo. Muchas vidas se están yendo y la tristeza se agolpa en las gargantas. Algunas quieren que Lidia, la nena, se vaya a la ciudad; el territorio que promete una vida normalizada, lejos de la peste y la familia cuir. Imaginan la salvación. Después de la proyección de la película viene el coloquio. Qué alivio –pienso. ¿Dónde pongo ahora todas estas emociones, estas presencias que visitan mientras estas imágenes, estas voces, me sacuden? Sobrevuela mi cabeza una santísima-insurrecta-trinidad: Claudia Rodriguez, Pedro Lemebel y Agustín Gómez Arcos. Se agolpan en un corazón que late tan fuerte que necesita largarlo, hablar, decir algo, compartirlo. Pido el micrófono con las palabras escapándoseme por la boca. Primero digo eso, declaro mi estado. Hay un corazón desparramándose. Decido hablar para cuidar la misma idea que quiero compartir. Hay algo de esa desfachatez travesti que necesitamos recuperar y abrazar bien fuerte. ¿Por qué justificarnos todo el tiempo? ¿Por qué tenemos que explicar una y otra vez las razones por las que merecemos existir y el derecho que tenemos a hacerlo en nuestros términos? ¿Por qué tenemos que pedir permiso para seguir estando en este mundo? Mostrarnos buenas, sumisas, arregladitas. Tal vez tengamos que diferenciar el exceso de intelectualización que en ocasiones penaliza y detiene esa desfachatez, de la necesidad de recuperar nuestras memorias, de no olvidar las luchas de nuestros territorios, los nombres que queremos que sigan sonando en todos lados. Abrazar y cuidar esa desfachatez, esos desfogues. Pienso en Chile, hoy gobernada por la ultraderecha. Comparto el primer nombre, que brota como un río sin cauce, se arroja de la boca mientras la mano tiembla. Claudia Rodriguez. “Activista, travesti, pobre y resentida” –como solía nombrarse. Recupero esa vida, me emociono, lamento esa muerte. La que sostuvo y sostiene las luchas por los derechos de las personas con VIH, la escritura fanzinera, la poesía trava, la ciencia ficción travesti y tantos mundos más. Pienso en la compilación de fanzines que en España editó Barrett, con la curaduría de Mariana Enriquez en dos mil veinticuatro. Una de las lecturas que propuse para el Club de Lecturas Desviadas en la librería en la que trabajo en Madrid. La de Claudia es una escritura descarnada, que no complace a nadie, ni se victimiza, ni pide perdón. Una escritura que deja temblando. Claudia-deslenguada. Claudia-metralleta. Qué desfachatez necesaria la de Claudia. ¿A cuántas de las que, como dice otra imprescindible, la Lemebel, han nacido “con una alita rota”, les ha invitado el encuentro con esos fanzines, esa poesía, esa vida a desfogarse? Y así aparece otro nombre, la pluma barroca de Lemebel, la que defiende la amistad y los raros parentescos, como Haraway, pero latina, marica, aún más de las nuestras. Es que hay también en esa misteriosa mirada del Flamenco una visión del mundo que cuidar. Esos territorios menospreciados por las normalidades, que sólo conciben a la familia nuclear y a la pareja como los lugares privilegiados y muchas veces exclusivos para sostener la vida, son los que esta visión del mundo quiere abrazar. Esa mirada que quiere vendarse y que muchas veces también puede venderse a cambio de la seguridad que da seguir la norma, el camino ya trazado. Pero hay tanto todavía por imaginar, tantas formas de vida que habitar para probar y ver qué pasa. Ojalá podamos animarnos a más. No vendarnos, no dejarnos vendar ni vendernos. Recuperar esa mirada del mundo, cuidarla, darle importancia. Una manera de estar jugada y juguetona, un estar en la vida vivas, pase lo que pase. Tener algo que gritarle al mundo, incluso algo en que fracasar, pero habiéndolo intentado, habiendo intentado otra cosa. Así también decide vivir María República, la protagonista de la novela de otra marica que me tiene encantada desde hace ya un tiempo: Agustín Gómez Arcos. Y aparece la tercera presencia en este devenir médium-corazón parlante. La marica que nace en Almería con las plumitas chuecas e inventa, para volar, una pluma subversiva que el poder admira, pero sin poder reconocerlo abiertamente. Durante muchos años esa obra se lee en el armario. Durante la dictadura franquista, se le otorga en dos ocasiones con el Premio Nacional Lope de Vega por su dramaturgia, pero la censura del régimen fascista le retira el premio, ya que la representación de sus escandalosas obras implicaría un crimen moral. Harto de la persecución, en el sesenta y ocho, esa marica que vivió con VIH se exilia en Francia y adopta esa otra lengua que le permite, ahora sí, volar sin censuras y explorar la narrativa. Escribe catorce novelas que desde hace unos años viene traduciendo y publicando la Editorial Cabaret Voltaire. María República es una prostituta que vive con sífilis cuyo padre y madre han sido fusilados por el franquismo. Su tía burguesa y fascista la encierra en un convento de clausura para que las monjas la reeduquen a base de humillaciones, rezos, castigos y trabajos forzados. El final es memorable: el día de la celebración de su consagración como novicia, a la que asiste su tía y los fascistas más ilustres de la ciudad, María República –que, entre tantas cosas, ha sido forzada a abandonar su segundo nombre, República– lleva adelante un plan que ha venido elaborando secretamente desde el primer día de encierro. Una vida aún viva asiste a la incineración de las paredes del infierno. El fuego desfoga a República, que no ha muerto. Aunque le hayan quitado todo, en esas llamas se ilumina el porvenir. Recupero la última escena de La misteriosa mirada del flamenco . Es conmovedora. No voy a contarla en detalle, solo decir que es la escena del rechazo a la normalización; la afirmación de una vida desviada. Es el “no, no quiero”. La insistencia en la rareza, en el umbral. En ocasiones ese rechazo se vuelve difícil. Asusta. Lo sabemos. Porque, ¿qué mundo inventamos para sostenernos cuando la forma de vida que queremos e intentamos cuidar supone la exclusión de los lugares seguros que promete la normalidad? En ocasiones, la soledad se vive como castigo, ese ese lugar temido que se querría evitar a toda costa. Urge reivindicar eso que, para los ojos del Estado, del mundo, de la mirada normativa, es nada , o es el mientras tanto . Los ensambles cuir, las amistades, los raros parentescos intra e interespecies. Reivindicar esas formas de vida inusuales, aunque sepamos que en ocasiones las miradas de desprecio agitan en nosotras memorias de daños astillados que aún siguen pinchando. ¿Por qué, en lugar de exigirle al mundo otra cosa, tenemos que adaptarnos a lo disponible? ¿Por qué no desfachatar lo posible? ¿Cómo queda el corazón de nuestros mundos nacientes cuando intentamos normalizarnos para que nos acepten, para no perder tanto, para no lidiar con el fantasma de la desolación? Hay una gran paradoja: esas vidas misteriosas, desviadas, atrevidas causan tanta atracción como rechazo. Eso les sucede también a los mineros del pueblo. Quieren estar cerca de esas rarezas, las desean, pero a la vez toda esa extrañeza contagiosa causa vértigo y repulsión. Como si esas miradas fueran portadoras de preguntas insoportables: ¿estás contento con la vida que llevas? –podría susurrar una mirada sin planearlo. Es que esa mirada misteriosa, esa jugada y riesgosa visión del mundo, esa vida viva, tiene un perfume embriagador. Es importante narrar las alegrías, los placeres, las complicidades. Todo eso que hacemos e inventamos para vivir y que nos da mucha felicidad también. Intimidades raras que desafían los caminos habituales. Se trata de experiencias en las que nos sostenemos cuando el mundo se derrumba, cuando la desafiliación al camino ya trazado que promete seguridades deja a muchas vidas cerca del abismo, con la sensación de derrota, de no tener un lugar a donde ir. Erotizar la amistad, entrenar la soledad y distinguirla de la desolación, sabernos criaturas habladas por deseos de normalidad, reivindicar el fracaso. ¿Cuántas veces nos hemos aventurado sin brújula, tanteando el terreno, con la ilusión de encontrarnos en algún sitio con alguna monstruosidad en la que reconocernos, caminando con una intuición y por el deseo de que ese mundo que anhelamos exista? No estamos solxs. Como escribe Mana Muscarsel Isla en La fiesta de las amigas: “ la loca de los gatos no está sola, está con sus gatos y hay otras locas”. Hay un poema de Claudia Masin que podría ser el epígrafe de esta bellísima película que –por si no se entendió– recomiendo muchísimo ver. Se llama Mi pueblo fantasma , y puede leerse en el libro La mujer maravilla y yo 1 : “Siempre me gustaron las personas raras, vos me dirás y claro, si sos una de ellas. Yo te digo sí, es lo que quisiera, lo que más quisiera, ser una de ellas. Pero no estoy hablando de mí, estoy hablando de esa rareza que detecto en los demás como si mi cuerpo fuera un radar y un imán al mismo tiempo: desde chica me gustaba cómo eran, qué decían, parecía que hasta hablaban un idioma diferente. Excéntricas, en lugar de hacer un hijo o varios hacían un escándalo, un revuelo, armaban su casa con barrio y con palitos como un pájaro, con la ayuda de otros raros como ellos. No encajaban, no encajan, no cierran, no tienen lugar, tienen lo que tienen, a veces muy poco, a veces nada y eso les parece suficiente, suelen faltarles las habilidades de un adulto, acumular objetos, hacer dinero, una profesión decente, es como si muy temprano hubieran dicho no, no quiero. Esa negativa, estoy segura, sostiene el mundo: no el mundo como lo conocemos, no. Un mundo tan raro como ellos, que existe en sus cabezas. Sus cabezas son hervideros de ideas incendiarias, imposibles. Cuando algo cambia, algo injusto, algo horrible, miren alrededor: ahí están ellas, esas personas raras son las responsables, han movido cielo y cierra. No son hombres, no son mujeres, son una fuerza de la naturaleza, un ánima que se esparce, se multiplica, inunda lo que toca, contagia su pasión, enferma a los sanos, a los que están seguros de su nombre y su especie y su género, por eso los sanos los quieren bien lejos. No es mi caso: son mi familia, vos que a veces te hacés la normal, como yo misma, porque te da vergüenza, porque te mimetizás con el paisaje para que no te vean y te persigan y te coman, vos sos mi familia, y en vos y en esa rareza yo descanso, me cuidan el sueño esos monstruos que vinieron fallados, que no tienen arreglo. No hay nada que arreglar, te digo y me digo, lo monstruoso es perfecto, es la normalidad la peste que hay que sacudirse del cuerpo sin pensarlo dos veces, como los perros cuando salen del agua, como ellos, los raros, los que me mostraron el desvío, es por acá, no tengas miedo, y si volviera a nacer volvería a mirarlos, a desear ser como ustedes, a buscar su compañía, así la vida, que era destino, se vuelve deseo y entonces qué importa que te miren, que te desaprueben. Lo que importa es que de la familia que nos tocó sacamos esta, el as bajo la manga: una familia que es lo contrario de un ejército, más bien es un pueblo del que quiero formar parte desde siempre, el pueblo fantasma de los que se quedaron cuando todos se fueron, el pueblo de los sobrevivientes, y no es que los sobrevivientes no tengan, no tengamos miedo. Se mueren, nos morimos de miedo: el amo tiene sus alambres de púa y sus sabuesos. El pueblo del que hablo tiene la quebradura y el tropiezo, pero también tiene el único poder que no se pierde: el poder del que se queda en el umbral y no entra, del que es capaz de decir no cuenten conmigo, yo no quiero”. Febrero, 2026. 1 Un libro precioso publicado en Argentina por Caleta Olivia (2022), que acaba de ser editado en España por Manos de Pan (2026). Fotograma de "La misteriosa mirada del flamenco" (2025) Guión y Dirección Diego Céspedes
- Adynata Marzo / VPS
Seguimos buscando pistas en torno a cómo vivir en este tiempo en el que nos toca vivir. La intimidad de la escritura y la lectura nos siguen acompañando. En este marzo, en este mundo quedaron reunidos algunos escritos que pasean por lo clínico, lo político, lo poético. Como siempre, la potencia de eso que extraña y enrarece, está presente. En los escritos se deslizan algunas de las acciones del tiempo en la vida: rememorar, atesorar, recordar, olvidar, agradecer. Entre los escritos urge la insistencia en "escuchar la época ", en cuidar "preciosamente, celosamente, la capacidad de vivir tal como la queremos para ese futuro,con todo lo que supone de amor, de juego y de alegría", en "recuperar desfachatez travesti", en nombrar sabiendo que "Nombrar no puede sino ser injusto, como es obvio, pero habrá sin duda en algún futuro nuevos emprendimientos enciclopédicos y museográficos que den cuenta de lo que va desde Los rubios hasta Garage Olimpo, o desde las baldosas de la memoria hasta la instalación “Autores ideológicos” del Falcon blanco desarmado". En este marzo, en este mundo entre bombardeos y torpezas, entre aniversarios y decepciones, entre amores, amistades y carnavales perseveramos íntimamente en la búsqueda histórica de cómo cuidar lo vivo por sobre la devastación. v. Nicolás Koralsky (2025) Serie Frágil
- Que el cuerpo vuelva a latir / Periódico Gatx Negrx
La esperanza, ese ligerísimo pero constante impulso hacia el mañana que nos es comunicado día a día, es el mejor agente de mantenimiento del orden. Todo el sentimiento aplastante de impotencia que esta organización social cultiva en cada uno con la vista perdida no es más que una inmensa pedagogía de la espera. Es una huida del ahora. Ahora bien, nunca ha habido, no hay y nunca habrá más que el ahora Comité invisible, Ahora Pensamos que ese ahora implica el ejercicio de escuchar la época: un mundo mercantil desprovisto de sensibilidad que gestiona la vida. Un mundo donde pareciera que la esperanza en la repetición muerta es la única salida. Fe en que los otros son los buenos y estos son los malos, o viceversa. Fe en que hay mejores maneras de gestionar la máquina que encierra cuerpos, aliena vidas, mutila espíritus. Esperanza desesperante. Gobernabilidad eterna. Cuesta ver el derrumbe Lo de la reforma laboral resulta brutal, ya que se trata de un blanqueo de la pérdida de derechos, estabilidad y seguridad social que brindaba el viejo mundo del trabajo: eliminación de horas extras, creación de banco de horas, limitación de las indemnizaciones por despidos, fraccionamiento de las vacaciones, ampliación del periodo de prueba, extensión de la jornada laboral, restricción del derecho a huelga. Sin embargo, a pesar de cómo la “oposición” e incluso la izquierda buscan presentarlo, no se trata de un nuevo modelo productivo que viene a imponer LLA, sino al contrario: la precarización laboral es un fenómeno que ya viene pasando hace tiempo. Su aprobación legislativa no es el comienzo de algo nuevo, sino la consolidación y profundización de la crisis del mundo del trabajo desencadenada por la Tercera Revolución Industrial en la década de los setenta (Tigre agazapado, dragón escondido. Crítica esotérica de la Economía Política, 2026). La izquierda, el peronismo y el resto de las variantes del realismo capitalista se derrumban junto con el viejo mundo del cual son parte. Su perspectiva subjetivista de la movilización de la clase obrera por el reconocimiento dentro de las categorías modernas y la lucha por la distribución equitativa de la plusvalía están acabadas. Desde la Tercera Revolución Industrial y más aún con la Cuarta Revolución Industrial, son las propias categorías las que han entrado en crisis, siendo la del trabajo la más evidente. El problema con esta perspectiva está en que reduce todo a una pura cuestión de voluntad organizativa. La forma social capitalista, su contenido conceptual y categorías constitutivas –trabajo, dinero, valor, mercancía, Estado, democracia, género, política, economía, ciencia, derecho, propiedad– que le dan un ordenamiento estructural interno, permanecen naturalizadas y transformadas en ontológicas. Por un lado, la ficción politicista sostiene que el buen funcionamiento del capitalismo –“capitalismo serio”– depende de la “buena voluntad” de políticos y dirigentes que sean capaces de diagramar prolijos proyectos de desarrollo equitativo e inclusivo. También, desde otros colores, se proponen “gobiernos obreros” que sean capaces de gestionar más eficientemente el sistema capitalista, hoy apropiado por las élites dominantes. Por otro lado, una crítica de la economía política inmanente toma los estándares internos propios del objeto analizado para develar sus contradicciones, inconsistencias y promesas incumplidas. La misma no juzga “desde afuera” con argumentos moralistas del tipo “gobiernos de la crueldad” o “egoísmos de los ricos”, sino que procede “desde adentro”, en busca de los patrones estructurales inconscientes que se nos imponen ciegamente (Tigre agazapado, dragón escondido. Crítica esotérica de la Economía Política, 2026). Está en ese ahora intentar derrumbar las falsas críticas –no por “malas” o “buenas”–, sino porque resultan anacrónicas y el propio sistema las ha enterrado, aunque, paradójicamente, las refuerza –las reforzamos, sostenemos, endulzamos– día a día. Está en ese ahora observar a la lógica enemiga de toda autonomía, esa lógica completamente subsumida al mundo mercantil de la democracia capitalista. Partidos políticos y sindicatos, como representantes de ese entramado, lo sepan o no, son los recuperadores históricos del Estado-capital. ¿Por qué seguimos esperando otra cosa de lo que son? La calle, su multiplicidad y autonomía Ya sabemos que el terreno del Congreso y la lógica de la concentración resultan sumamente adversos e hipervigilados. ¿Qué estrategias y lugares encontrar para no quedar subsumidos a las decisiones entreguistas de la lógica partidaria? Ayer, 19 de febrero, lxs autónomxs, autoconvocadxs y pequeñas organizaciones, con sus miles de contradicciones (ideológicas, simbólicas y prácticas), con sus potencias y cosas por afilar, han sido siempre y seguirán siendo quienes banquen la parada. El resto, humo. Con sus miles de diferencias, mientras veíamos las diversas banderas –argentinas, palestinas, mapuche, anarquistas, socialistas–, ayer recordábamos una charla con un compañero en la revuelta en Chile: Lo que pasa ahora en la revuelta es que la gente ocupa la bandera [de Chile]. En las protestas yo la veía, pero por alguna razón ya no me molestaba tanto. Antes uno veía a alguien con una bandera y decía “fascista de mierda”, y ahora en medio de las batallas hay banderas negras y también banderas chilenas. Y bueno, si están acá… (Periódico Gatx Negrx, 2019) “Que se vayan todos” se gritó en muchas ocasiones, así como también “La patria no se vende” y “Milei basura, vos sos la dictadura”. Lo múltiple, heterogéneo y complejo de la calle. La patria es la venta, la desposesión, la mercancía. Se trata históricamente del cementerio de pueblos originarios y obrerxs. Milei es una de las tantas desgracias que ofrece la democracia. Ni defectuosa ni por corregir: una forma social y política necesaria para la buena circulación de mercancías. Como tantas otras veces, ayer el espectáculo de los partidos resultó notorio: discursos de rebelión, puesta de escena, escenarios, reels, fotografías; humo, mucho humo, pero no del que sale del fuego que moviliza, sino de ese que el espectáculo garantiza. La insurrección es atractiva, garpa, mientras solo quede como una postal. Todas nuestras armas son hermosas. Todas nuestras invenciones son infinitas. Lejos del automatismo partidario –obediente, aburrido y repetitivo–, la imaginación nos espera. Folletos, banderas, bombos, remeras, cánticos, herramientas de sabotaje y de cuidado. Diversos textos que apuntan a contrarrestar la desinformación y el sentido común ciudadanista son repartidos en mano, cara a cara, para vehiculizar debates colectivos e internos necesarios para la época. Para toda época: “La capucha nos iguala en la lucha”, “Fotógrafx, ¿te preguntaste qué consecuencias tiene subir una foto?”, donde leemos “ninguna buena foto vale un pibe preso. Una cámara es un arma”. La ofensa y la poca escucha ante esto resulta un síntoma de época, un síntoma donde el yo, el ya sé, el no me interesa o no lo digas así proyectan la coraza que tanto nos cuesta derribar. Por suerte, todavía hay corazones dispuestos a derribarla, y no son pocos. Una compañera escucha a alguien que –en ojotas y con una lata de cerveza– comenta “aquellos seguro que son infiltrados”, refiriéndose a compañerxs con el rostro cubierto (como corresponde ante estas situaciones). Se lo interpela y se le entrega un panfleto que dice “Cuidados colectivos en manifestaciones”. Arduo y necesario resulta el esfuerzo por matar a nuestro policía-cuidadano interno. Esfuerzo ante la repetición muerta y desmovilizadora que leemos en un pasacalle de La Garganta Poderosa: “Hay un montón de desocupados, pero cómo crece la contratación de infiltrados”, evidenciando una vez más el loop mediático, sin pruebas ni análisis alguno. Lo volvemos a repetir, la política es triste, pero la militancia progresista es deprimente. Por suerte –o por acción autónoma, mejor dicho– otra bandera al lado de una de Palestina dice: “El pacifismo protege al sistema. No te pongas la gorra, ponete la capucha”. ¿Qué potencias cultivar, que escuchas oír, para abandonar las extensiones del Estado-capital y sus lógicas cuantitativas, estereotipadas y muertas? El enfrentamiento directo con las fuerzas represivas, la destrucción de las mercancías de los amos y el sabotaje son tan necesarios como los cuidados de nuestras niñeces, de nuestros ancianxs, de nuestros espacios, de nuestros vínculos, de nuestros cuerpos. Quienes digan que las tareas de cuidado son menos importantes o secundarias aún no han abandonado la perspectiva mercantil de transformación. La revolución es la reorganización de las tareas de cuidado. Y en esos cuidados también se alojan las miradas que pueden ver más allá de los discursos que nos sugiere e impone la máquina. Cuidados en el ahora donde la esperanza mercantil muere y donde el cuerpo que late a tu lado ya no es un infiltrado, sino alguien que quiere recuperar la vida que nos han robado. Referencias Expandiendo la revuelta. Infiltrados: cómo pacificar la protesta social. Septiembre del 2025. Periódico Gatx Negrx. «Lo que pasó aquí en Chile el 18 de octubre fue la protesta más potente de la historia que haya podido ver». 29 de noviembre del 2019. Disponible en: https://periodicogatonegro.wordpress.com/2019/11/29/lo-que-paso-aqui-en-chile-el-18-de-octubre-fue-la-protesta-mas-potente-de-la-historia-que-haya-podido-ver-entrevista-a-un-companero-de-la-region-de-chile-participe-desde-los-primeros-dias-de-la-rev/ Tigre agazapado, dragón escondido. Crítica esotérica de la Economía Política. “Sobre la reforma laboral: crisis del mundo del trabajo y límite inmanente del capitalismo”. 18 de febrero del 2026. Disponible en: https://tigreagazapadodr agonescondido.blogspot.com/2026/02/sobre-la-reforma-laboral-crisis-del.html Annegret Soltau Manifestación permanente 19.1.1976, 1976 Impresión en gelatina de plata 40×30cm
- Gratitud y elaboración: una Carta de Erich Mühsam a Sigmund Freud / Franco Ingrassia
En mayo de 1907, el escritor Erich Mühsam decide escribirle a Freud para expresarle su “gratitud por la curación de una grave histeria” lograda por uno de sus discípulos, Otto Gross, “mediante su método”. En la breve misiva, Mühsam expresa además ciertas elaboraciones acerca de dicho método, construidas a partir de su propia experiencia. Consideramos que dichas elaboraciones hablan por sí mismas. Pero sumamos como adenda, para quien quiera seguir investigando, unas breves notas biográficas de este analizante y de su analista. (F.I.) Carta de Erich Mühsam a Sigmund Freud Munich, 28 de mayo de 1907 Muy distinguido señor Profesor: Debo expresarle mi gratitud por la curación de una grave histeria que su discípulo, el Dr. Otto Gross, de Graz, ha logrado en mí mediante su método. Espero que el relato de un paciente sobre un tratamiento catártico extraordinariamente exitoso tenga para Ud. el suficiente interés como para excusar esta carta. Padecía de síntomas patológicos severos: una fuerte irritabilidad que derivaba en ataques de rabia, los cuales desembocaban en estados de confusión durante los cuales quedaba postrado, anulado cualquier control sensorial y sin poder reunir la energía necesaria para moverme o cambiar mi situación. En ocasiones, los ataques me sumían en una confusión mental total e incluso en la disfunción de algunos sentidos, como una ceguera temporal completa. El Dr. Gross, con quien mantenía una buena relación de amistad, aceptó tratarme tras mi petición. El éxito superó todas las expectativas: fui completamente curado en un lapso de unas seis semanas. Desearía que conociera las observaciones que realicé durante este proceso. Mis dotes poéticas me permitieron, de una manera particular, hallar asociaciones de palabras apropiadas y, a través de ellas, construir con gran rapidez largas cadenas de pensamiento. Esto no solo me brindó valiosas perspectivas sobre mi forma de pensar, sino que me aportó un conocimiento de extraordinario valor sobre la naturaleza de mi producción artística y, a través de mis recuerdos inconscientes, me permitió contemplar con claridad todo mi desarrollo. Observé progresivamente cómo la capacidad de remontar los síntomas de mi enfermedad hacia sus orígenes profundos conllevaba la desaparición de estos; pude constatar cómo, a veces, a través de una pregunta del médico y la consiguiente respuesta con sus asociaciones, de pronto una sección entera de la enfermedad se desvanecía. De igual forma, fuera de las sesiones y tras finalizar el tratamiento, el método continuaba funcionando automáticamente en mí; al fijarme espontáneamente en un objeto, una palabra o una impresión, se liberaban criptomnesias, liberándome así de otras inhibiciones de peso. Como escritor, me interesaba particularmente el funcionamiento de su sistema. Encontré que su valor residía, sobre todo, en que la tarea del médico consistía principalmente en lograr que el paciente se convirtiera en su propio médico. Se incita al paciente a realizar el diagnóstico de su afección y, a partir de ahí, es él quien conduce su propio tratamiento. Se le induce a dejar de interesarse en sí mismo como un individuo sufriente para centrarse en el sufrimiento mismo. El paciente objetiva su condición: ya no se ve como un mártir afectivo o un histérico en busca de compasión, sino como alguien que ya no padece la enfermedad, sino que simplemente la percibe. Esta transformación de sensaciones subjetivas en valores objetivos es el proceso de la cura. Temía que el tratamiento paralizara mi productividad lírica, dado que la creación artística consiste, en última instancia, en la proyección directa de procesos inconscientes en una vivencia sensorial sin elaboración intelectual previa. Creía que el simple hecho de acceder psicológicamente a tal proceso bastaría para anularlo mediante un juicio intelectual. Hoy puedo declarar con satisfacción que tal temor no se concretó. Al contrario, al suprimirse numerosos obstáculos internos, mi psiquismo se ha vuelto más sensible y reacciona con mayor facilidad a los estímulos creativos. La diferencia con lo que sucedía antes solo se observa tras la producción. Mi sentido crítico es ahora mucho más agudo. Mientras que antes miraba mis poemas con un sentimiento de impotencia y extrañeza, hoy soy capaz —incluso pocas horas después de su concepción— de reconocer los lazos inconscientes que unen el clima del poema con su composición. Los acontecimientos que inspiraron la obra ya no permanecen ocultos tras el proceso de creación, sino que pueden ser devueltos a la superficie sin dificultad. Perdone que me haya lanzado, no siendo médico, a la disección profunda de su sistema. Creo, sin embargo, que es justamente mi capacidad de comprender con claridad el método lo que ha permitido una cura tan rápida y segura. No obstante, atribuyo al Dr. Gross el mérito principal del éxito; el tratamiento no habría sido posible sin la inteligencia de sus preguntas, la competencia de sus respuestas y su actitud llena de amabilidad y discreción hacia un paciente que se expone a una confesión muy comprometedora. Con todo, no querría olvidar que mi médico nada hubiera logrado sin su genial psicología. Les debo, pues, a ambos el alivio de un peso que me oprimía de forma interminable. Le ruego acepte, en esta breve exposición, mi gratitud más sincera y calurosa. Suyo afectísimo, Erich Mühsam, escritor. *** Erich Mühsam: Poesía en la barricada Erich Mühsam (1878–1934) encarnó como pocos la fusión entre arte y rebelión en la Alemania de entreguerras. Nacido en Berlín, este anarquista de pluma afilada no se conformó con observar la realidad desde un escritorio; fue un agitador nato, una pieza clave en la bohemia radical y en las revistas satíricas que incomodaban al poder. Su compromiso llegó al límite durante la Revolución de 1918, cuando se jugó el pellejo como uno de los líderes de la breve República Soviética de Baviera. El costo fue alto: años de cárcel, censura constante y una vida marcada por la escasez. Lo que distinguía a Mühsam no era la teoría académica, sino su virulencia antiburguesa. A través de poemas, obras de teatro y ensayos de combate, atacó sin piedad al militarismo y al Estado, buscando interpelar a un público popular, no a las élites. Esa lengua mordaz lo convirtió en un objetivo prioritario cuando los nazis ascendieron al poder. Detenido tras el incendio del Reichstag en 1933, sufrió un calvario de torturas en los campos de concentración. Su muerte en Oranienburg, falsificada por el régimen como un "suicidio", selló su destino como un símbolo trágico de la cultura crítica aplastada por la brutalidad del fascismo. *** Otto Gross: El analista maldito Si hubo una ‘oveja negra’ en los albores del psicoanálisis, ese fue Otto Gross (1877–1920). Brillante y errático, pasó de ser una de las promesas favoritas de Freud a convertirse en un paria, expulsado del círculo interno por ‘radical’. Su vida fue una ironía trágica: hijo de Hans Gross −conocido como el padre de la criminología moderna−, Otto dedicó su existencia a intentar dinamitar la autoridad que su padre representaba. Médico de formación, se sumergió en el estudio de las adicciones no sólo como clínico, sino como paciente, viviendo en carne propia la experiencia del consumo de drogas. Gross no se limitó a los consultorios; fue una figura eléctrica en la Mittel Europa de principios de siglo, vinculándose con anarquistas, artistas y escritores. Su trayectoria política y profesional estuvo marcada por internaciones psiquiátricas, conflictos familiares y una progresiva marginación institucional, que contrastan con la intensidad de su presencia en los debates culturales de la época. Lejos de concebir la neurosis como una problemática individual, la pensó como el síntoma de una sociedad afectada por la moral burguesa y el patriarcado. Su obra, fragmentaria y dispersa, circuló principalmente en artículos breves y conferencias, sin llegar a consolidarse en un sistema doctrinario. Su legado apenas sobrevivió a su muerte solitaria y miserable en Berlín. Décadas después, sería rescatado del olvido como el eslabón perdido que intentó por vez primera articular psicoanálisis y política revolucionaria. De Otto Gross puede leerse en castellano: Más allá del diván: Sexualidad, autoritarismo, psicoanálisis y matriarcado [recopilación de sus escritos]. Madrid, Editorial Irrecuperables 2018. Disponible acá. Jo Spence Revisualización: Remodelando la fotohistoria, 1981-1982 Fotografía en blanco y negro 40,5 × 30,5 cm
- Enfrentar el horror cotidiano (Prólogo de Libro de Manuel) / Julio Cortázar
Por razones obvias habré sido el primero en descubrir que este libro no solamente no parece lo que quiere sino que con frecuencia parece lo que no quiere, y así los propugnadores de la realidad en la literatura lo van a encontrar más bien fantástico mientras que los encaramados en la literatura de ficción deplorarán su deliberado contubernio con la historia de nuestros días. No cabe duda de que las cosas que pasan aquí no pueden pasar de manera tan inverosímil, a la vez que los puros elementos de la imaginación se ven derogados por frecuentes remisiones a lo cotidiano y concreto. Personalmente no lamento esta heterogeneidad que por suerte ha dejado de parecerme tal después de un largo proceso de convergencia; si durante años he escrito textos vinculados con problemas latinoamericanos, a la vez que novelas y relatos en que esos problemas estaban ausentes o sólo asomaban tangencialmente, hoy y aquí las aguas se han juntado, pero su conciliación no ha tenido nada de fácil, como acaso lo muestre el confuso y atormentado itinerario de algún personaje. Ese hombre sueña algo que yo soñé tal cual en los días en que empezaba a escribir y, como tantas veces en mi incomprensible oficio de escritor, sólo mucho después me di cuenta de que el sueño era también parte del libro y que contenía la clave de esa convergencia de actividades hasta entonces disímiles. Por cosas así no sorprenderá la frecuente incorporación de noticias de la prensa, leídas a medida que el libro se iba haciendo: coincidencias y analogías estimulantes me llevaron desde el principio a aceptar una regla del juego harto simple, la de hacer participar a los personajes en esa lectura cotidiana de diarios latinoamericanos y franceses. Ingenuamente esperé que esa participación incidiera más abiertamente en las conductas; después fui viendo que el relato como tal no siempre aceptaba de lleno esas irrupciones aleatorias, que merecerían una experimentación más feliz que la mía. En todo caso no escogí los materiales exteriores, sino que las noticias del lunes o del jueves que entraban en los intereses momentáneos de los personajes fueron incorporadas en el curso de mi trabajo del lunes o del jueves; algunas informaciones quedaron deliberadamente reservadas para la parte final, excepción que hizo más tolerable la regla. Los libros deben defenderse por su cuenta, y éste lo hace como gato panza arriba cada vez que puede; sólo he de agregar que su tono general, que va en contra de una cierta concepción de cómo deben tratarse estos temas, dista tanto de la frivolidad como del humor gratuito. Más que nunca creo que la lucha en pro del socialismo latinoamericano debe enfrentar el horror cotidiano con la única actitud que un día le dará la victoria: cuidando preciosamente, celosamente, la capacidad de vivir tal como la queremos para ese futuro, con todo lo que supone de amor, de juego y de alegría. La difundida imagen de la muchacha norteamericana que ofrece una rosa a los soldados con las bayonetas caladas sigue siendo una demostración de lo que va del enemigo a nosotros; pero que nadie entienda o finja entender aquí que esa rosa es un platónico signo de no violencia, de ingenua esperanza; hay rosas blindadas, como las vio el poeta, hay rosas de cobre, como las inventó Roberto Arlt. Lo que cuenta, lo que yo he tratado de contar, es el signo afirmativo frente a la escalada del desprecio y del espanto, y esa afirmación tiene que ser lo más solar, lo más vital del hombre: su sed erótica y lúdica, su liberación de los tabúes, su reclamo de una dignidad compartida en una tierra ya libre de este horizonte diario de colmillos y de dólares. Una última observación: entiendo que los derechos de autor que resulten de un libro como éste deberían ayudar a la realización de esas esperanzas, y mucho me hubiera gustado poder dárselos a Oscar para evitarle tantas complicaciones, contéiners de doble fondo, pingüinos y otras extravagancias parecidas; desgraciadamente el libro no estaba todavía escrito, pero ahora que ya anda por ahí podré encontrar el mejor empleo de esas regalías que no quiero para mí; cuando llegue el momento daré los detalles, aunque no sea ante escribano público. Postdata (7 de setiembre de 1972). —Agrego estas líneas mientras corrijo las pruebas de galera y escucho los boletines radiales sobre lo sucedido en los juegos olímpicos. Empiezan a llegar los diarios con enormes titulares, oigo discursos donde los amos de la tierra se permiten sus lágrimas de cocodrilo más eficaces al deplorar «la violación de la paz olímpica en estos días en que los pueblos olvidan sus querellas y sus diferencias». ¿Olvidan? ¿Quién olvida? Una vez más entra en juego el masaje a escala mundial de los mass media. No se oye, no se lee más que Munich, Munich. No hay lugar en sus canales, en sus columnas, en sus mensajes, para decir, entre tantas otras cosas, Trelew. Fuente: Libro de Manuel 1973 Ed Sudamericana. Stefanie Schneider Sin título (Cuentos de hadas), 2006 Polaroid 10,7 × 8,7 cm
- Torpeza elemental / v. Nicolás Koralsky
Ahí tiro una piedra perdida al lago, en medio de la noche con luna menguante a ver si las ondas que deja su caída hacen algún dibujo además de la música seca del plop cuando, por su peso el pedazo de algo que entra en mi mano, escogido con cuidado da lugar a la expansión no invasiva donde el agua contenida que fue arrastrada de otros universos y fue a parar frente a nosotros actúe como la amistad. Los reflejos se miran en el espejo de agua y una superficie quieta, imperturbable como su calma se abre para recibir la fuerza de la piedra que no rompe el manto líquido sino que hace que el plano se vuelva hondo. La energía bruta se alza en vibraciones por el roce con la emoción frágil del liso cristal. La piedra, que parecía una desgraciada , insultada por su gravedad ahora vive en el lecho que gracias a la porosidad de su estructura podrá lubricarse y, quizás, en un tiempo reverdecerse. Como penas pesadas escritas en el árbol vuelto papel la tinta apretada entre los dedos deja la huella del latido de lo sufrido, lo dolido, lo amenazado. El chorro azul deja una marca como la vena en la dermis: se vuelve fluido del pensar lastimado. Las veo hincharse en los brazos y también en la frente. El acto de pasar la idea al tacto que se contornea a una palabra expulsada en una hoja blanca libera su espesura, vuelca su fuerza. La presión de lo escrito es consumida por una llama que soplará el dolor hacia la nube gris que en la mañana será lo opuesto. Ahí el lago responderá haciendo refracciones como señales. Huesos pesados, luego de pasearlos no solo por instituciones que dicen traer el alivio pero recuerdan más al final entre consultas donde uno debe volverse paciente caminarán con la ayuda de las piernas de otros y en sus manos cerca de un árbol que no olvida el tiempo harán que el peso terrestre, ese que siempre deja todo al ras, en lo bajo permita ser lo nuevo vivo en la tierra. Lo que nutre llenará de colores para energizar la vida que se abrirá paso entre viseras que abrazan luego serán frutas coloridas, semillas fecundables, extremidades de otro ser. En las oscuridades interiores esófago, estómago, intestinos se marchitan para alimentar el peso y como el chiste simple que hizo del aire blando una carcajada será desprendida con el roce del viento. Sólo seremos eco voz infinita que nos sabe acariciar como el placer profano que envolvió al cuerpo una noche tibia para hacerlo gemir hasta en los huesos del oído . El aire que no pasa por la garganta puede ser más pesado que la piedra torpe que se hunde gracias al peso de su inutilidad. Michael Kenna Árbol del lago Kussharo, Estudio 15, Kotan, Hokkaidh, Japón, 2009 Impresión en gelatina de plata en tono sepia 20 × 20 cm
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











