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20° y Última Parte: El ComĂșn y la No Propiedad / EZLN

  • Foto del escritor: Revista Adynata
    Revista Adynata
  • 1 ene 2024
  • 17 min de lectura

“Abre bien los ojos, hijo, y sigue al pájaro Pujuy. Él no se equivoca. Su destino es como el nuestro:

caminar para que otros no se pierdan”.

Canek.

Ermilo Abreu GĂłmez

 

En alguna ocasiĂłn pasada, harĂĄ ya algunos años, los pueblos zapatistas se explicaban la lucha de “como mujeres que somos” señalando, no una cuestiĂłn de mera voluntad, disposiciĂłn o estudio, sino la base material que hizo posible ese cambio: la independencia econĂłmica de las mujeres zapatistas.  Y no se referĂ­an a tener empleo y salario o a la limosna en monedas con que los gobiernos de todo el espectro polĂ­tico compran votos y adhesiones. Señalaban al trabajo colectivo como la tierra fĂ©rtil para ese cambio. Es decir, el trabajo organizado que no tenĂ­a como destino el bienestar individual, sino el del grupo. No se trataba sĂłlo de juntarse para las artesanĂ­as, el comercio, la crĂ­a del ganado, o la siembra y la cosecha de maĂ­z, cafĂ©, hortalizas. TambiĂ©n, y, tal vez, sobre todo, a los espacios propios de ellas, sin varones.  Imaginen lo que en esos tiempos y lugares hablaban y hablan entre ellas: sus dolores, sus rabias, sus ideas, sus propuestas, sus sueños.

 

No abundaré mås sobre ello -las compañeras tienen su propia voz, historia y destino-. Sólo lo menciono porque queda por conocer cuål es la base material sobre la que se construirå la nueva etapa que han decidido las comunidades zapatistas. La nueva iniciativa, como la catalogarían los de fuera.

 

Tengo el orgullo de señalar que, no sĂłlo la propuesta Ă­ntegra fue producto, desde su concepciĂłn, del colectivo de direcciĂłn organizativa zapatista -toda ella de sangre indĂ­gena de raĂ­z maya-. TambiĂ©n que mi labor se limitĂł a proporcionar informaciĂłn que mis jefas y jefes “cruzaron” con la suya, y, despuĂ©s, a buscar y argumentar objeciones y probables y futuros fracasos (la mentada “hipĂłtesis” a la que hice referencia en un texto anterior).  Al final, cuando terminĂł su deliberaciĂłn y concretaron la idea central, para someterla a la consulta con todos los pueblos, a mĂ­ me sorprendiĂł tanto como tal vez a ustedes ahora que la van a conocer.

 

En este otro fragmento de la entrevista al Subcomandante Insurgente MoisĂ©s, Ă©l nos explica cĂłmo fue que llegaron a esta idea de “el comĂșn”. Tal vez alguien de ustedes pueda valorar el sentido profundamente rebelde y subversivo de esto en lo que, para no variar, nos jugamos la existencia.

El CapitĂĄn.


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LA NO PROPIEDAD.

 

Bueno, pues en resumen Ă©sta es nuestra propuesta: establecer extensiones de la tierra recuperada como del comĂșn. Es decir, sin propiedad. Ni privada, ni ejidal, ni comunal, ni federal, ni estatal, ni empresarial, ni nada. Una no propiedad de la tierra. Como quien dice: “tierra sin papeles”. Entonces, en esas tierras que se van a definir, si preguntan de quiĂ©n es ese terreno o quien es el propietario, pues se va a responder: “de nadie”, es decir “del comĂșn”.

 

Si preguntan si es tierra de zapatistas, de partidistas o de quién, pues de ninguno de ellos. O de todos, es lo mismo. No hay comisariado o agente a quien comprar, asesinar, desaparecer. Lo que hay son pueblos que trabajan y cuidan esas tierras.  Y las defienden.

 

Una parte importante es que, para que se pueda lograr esto, tiene que haber un acuerdo entre los pobladores sin importar si son partidistas o zapatistas. O sea que tienen que hablar entre ellos, no con los malos gobiernos. Eso de buscar el permiso de los malos gobiernos sĂłlo ha traĂ­do divisiones y hasta muertes entre mismos campesinos.

 

Entonces, respetando las tierras que son de propiedad personal-familiar, y las que son para trabajo de los colectivos, se crea, en terrenos recuperados en estos años de guerra, esta no propiedad. Y se propone que se trabaje en comĂșn por turnos, sin importar quĂ© partido eres, o quĂ© religiĂłn, o quĂ© color, o quĂ© tamaño, o que gĂ©nero eres.

 

Las reglas son sencillas: tiene que ser acuerdo entre los pobladores de una región. No cultivar drogas, no vender la tierra, no permitir la entrada de ninguna empresa o industria. Quedan excluidos los paramilitares. El producto del trabajo de esas tierras es de quienes la laboren en el tiempo acordado.  No hay impuestos, ni pago de diezmos. Cada instalación que se construya queda para el siguiente grupo. Se llevan sólo el producto de su trabajo. Pero de todo esto ya iremos hablando mås después.

 

Esto, así muy resumido, es lo que se presentó y se consultó con todos los pueblos zapatistas. Y salió que la inmensa mayoría estuvo de acuerdo. Y también que, en algunas regiones zapatistas, ya se estaba haciendo desde hace años.

 

Y nosotros lo que hicimos fue, pues, proponer un camino para poder cruzar la tormenta y llegar con bien al otro lado. Y no hacer ese camino solos como zapatistas, sino que juntos como pueblos originarios que somos. Claro, sobre esa propuesta saldrån mås: de salud, de educación, de justicia, de gobierno, de vida. Digamos que lo vemos necesario eso para poder enfrentar la tormenta.


PENSAR EL CAMINO Y EL PASO.

 

¿Qué cómo llegó en nuestra cabeza? Bueno, pues te platico. Vimos varias cosas. O sea que no sólo salió de una vez esta idea. Como que se juntaron y pues como que lo fuimos viendo parte por parte y ya luego todo junto.

 

Una fue, pues, la tormenta. Todo lo que se refiere a la inconformidad de la naturaleza. Su forma de protestar, cada vez mĂĄs fuerte y cada vez mĂĄs terrible. Porque decimos destrucciĂłn, pero muchas veces lo que pasa es que como que la naturaleza recupera un lugar. O que ataca las invasiones del sistema: las presas, por ejemplo. Lugares turĂ­sticos, por ejemplo, que se construyen sobre la muerte de las costas. Megaproyectos que hieren, lastiman la tierra. Entonces pues hay respuesta. A veces rĂĄpido responde, a veces tarda. Y el ser humano, bueno, lo que el sistema ha hecho con el ser humano es que estĂĄ como pasmado. No reacciona. Aunque ve que viene la desgracia, que hay avisos, que hay alertas, pues sigue como si nada y, bueno, pues pasa lo que pasa. Dicen que tal desgracia fue sorpresiva. Pero resulta que ya lleva varios años de que se avisa que la destrucciĂłn de la naturaleza va a pasar a cobrar. La ciencia, no nosotros, lo analiza y lo demuestra. Nosotros, pues, como gente de la tierra lo vemos. Todo es inĂștil.

 

La desgracia no se aparece de pronto en tu casa, no. Primero se va a acercando, va haciendo su ruido para que sepas que ahí viene. Toca a tu puerta. Rompe todo. No sólo tu casa, tu gente, tu vida, también tu corazón. Ya no estås tranquilo.

 

La otra es lo que llaman la descomposiciĂłn social o que dicen que se rompe el tejido social porque la violencia. O sea que una comunidad de personas se relaciona con ciertas reglas o normas o acuerdos, como decimos nosotros. A veces se hacen leyes escritas y a veces no hay nada escrito, pero como quiera la gente sabe. En muchas comunidades se dice “acta de acuerdo” o sea que se pone en palabras. “Esto se puede hacer, esto no se puede hacer, esto se tiene quĂ© hacer”, y asĂ­. Por ejemplo, que quien trabaje pues avanza. Que el que no trabaja, pues se queda jodido. Que estĂĄ mal obligar a alguien a hacer lo que no quiere, por ejemplo, en el caso de los hombres contra las mujeres. Que estĂĄ mal violentar a los dĂ©biles. Que estĂĄ mal matar, robar, violar. ¿Pero quĂ© pasa si es al revĂ©s? Si se premia la maldad y se persigue y castiga la bondad. Por ejemplo, un campesino indĂ­gena que ve que estĂĄ mal la destrucciĂłn de un bosque, se convierte entonces en su guardiĂĄn. Lo protege al bosque, pues, de quien lo destruye para sacar ganancias. Eso de defender es un bien, porque ese hermano o hermana estĂĄn cuidando la vida. Eso es humano, no es de una religiĂłn. Pero pasa que ese guardiĂĄn es perseguido, encarcelado y, no pocas veces, asesinado. Y si se pregunta cuĂĄl es su delito de por quĂ© lo mataron, y se escucha que su delito fue defender la vida, como el hermano Samir Flores Soberanes, pues ahĂ­ se ve claro que el sistema estĂĄ enfermo, que ya no tiene remedio, que hay que buscar por otro lado.

 

¿Qué se necesita para darse cuenta de esa enfermedad, de esa podredumbre de la humanidad? No se necesita una religión, o una ciencia, o una ideología. Basta mirar, escuchar, sentir.

 

Y luego pues vemos que los grandes Mandones, los capitalistas, pues no les importa ya quĂ© pasa mañana. Quieren ganar la paga hoy. Lo mĂĄs que se pueda y lo mĂĄs rĂĄpido posible. No importa que les digas “oyes, pero eso que haces destruye y la destrucciĂłn se contagia, crece, se convierte en incontrolable y regresa a ti. Como si escupieras para arriba o si orinaras contra el viento. Se te regresa, pues”. Y puedes pensar que quĂ© bueno que la desgracia se pase a llevar a un sinvergĂŒenza. Pero resulta que, antes de eso, se lleva a un buen tanto de gente que ni sabe por quĂ©. Como las crĂ­as, por ejemplo. QuĂ© va a saber una crĂ­a de religiones, ideologĂ­as, partidos polĂ­ticos o lo que sea. Pero el sistema hace responsables a esas crĂ­as. Las hace pagar. Se destruye en su nombre, se mata en su nombre, se miente en su nombre.  Y se les hereda muerte y destrucciĂłn.

 

Entonces, pues no se ve que va a mejorar. Lo sabemos que se va a poner peor. Y que, como quiera, tenemos que cruzar la tormenta y llegar al otro lado. Sobrevivir.

 

Otra cosa es lo que vimos en la travesía por la Vida. Lo que hay en esas partes que se supone que son más avanzadas, que están más desarrolladas como dicen. Lo vimos que es mentira todo eso de la “civilización occidental”, del “progreso” y esas cosas. Vimos que ahí se estaba lo necesario para guerras y crímenes. Ahora sí que vimos dos cosas: una es a dónde se encamina la tormenta si no hacemos nada. La otra es lo que otras rebeldías organizadas están construyendo en esas geografías.  O sea que esas personas miran lo mismo que miramos nosotros.  O sea, la tormenta.

 

Gracias a estos pueblos hermanos pudimos ampliar la mirada, hacerla mås ancha. O sea, no sólo mirar mås lejos, sino que también mirar mås cosas. Mås mundo, pues.

 

Entonces nosotros, como pueblos indígenas que somos, pues nos preguntamos que qué hacemos, que si ya valió, que si cada uno ahí lo vea. Pero vemos a esos hermanos que hacen así de que les vale madre lo que les pase a otros, que sólo miran por ellos, y pues igual les toca. Se creen a salvo encerrados en sí mismos. Pero de balde.


EL CAMINO DE LA MEMORIA.

 

Entonces pues pensamos, recordamos en cómo era antes. Lo hablamos a nuestros anteriores. Les preguntamos si antes era así. Les preguntamos que nos digan si siempre hubo la oscuridad, la muerte, la destrucción. De dónde vino pues esa idea del mundo. Cómo es que se chingó todo. Pensamos que si sabemos cuåndo y cómo se perdió la luz, el buen pensamiento, el saber cabal qué es lo bueno y qué es lo malo, pues entonces tal vez podemos encontrar eso y con eso luchar porque se vuelva todo cabal, como debe de ser, respetando la vida.

 

Y entonces vimos cĂłmo es que llegĂł eso y lo vimos que vino con la propiedad privada. Y que no se trata de cambiarle el nombre y decir que hay propiedad ejidal o pequeña propiedad o propiedad federal. Porque en todos los casos es el mal gobierno el que da los papeles. O sea que es el mal gobierno el que dice si algo existe y, con su maña, que deja de existir. Como hizo con la reforma de Salinas de Gortari y con los golpes contra la propiedad comunal, que sĂłlo existĂ­a si estaba registrada y que, con las mismas leyes, la hacen menos hasta desaparecerla. Y la propiedad comunal digamos que registrada, pues tambiĂ©n provoca divisiones y enfrentamientos. Porque esas tierras pertenecen legalmente a unos, pero contra otros. Los papeles de propiedad no dicen “esto es tuyo”, lo que dicen es “esto no es de aquel, atĂĄcalo”.

 

Y ahí tiene a los campesinos dando vuelta y vuelta para que les den un papel que dice que es suyo lo que es suyo porque de por sí lo trabaja. Y campesinos haciendo la guerra contra campesinos ni siquiera por un pedazo de tierra, no, es por un papel que dice quién es el propietario de esa tierra.  Y al que tenga mås papel, pues mås apoyo de paga, o sea mås engaño. Porque resulta que si tienes papel te dan programa social, pero te pide que apoyes, por ejemplo, a un candidato porque ése sí te va a dar el papel y te va a dar dinero. Pero resulta que ese mismo gobierno te engaña, porque con ese papel lo vende a una empresa. Y luego resulta que llega la empresa y te dice que te tienes que ir porque esa tierra no es tuya porque el papel ahora lo tiene el pinche empresario.  Y te vas a la buena o a la mala.  Y ahí tienen ejércitos, policías y paramilitares para convencerte de que te vayas.

 

Basta que la empresa diga que quiere tales terrenos, para que el gobierno decrete la expropiación de esas tierras y ya le dice a la empresa que haga su negocio “por un tiempo”. Eso hacen con los megaproyectos.

 

Y todo por un pinche papel. Aunque el papel sea de los tiempos de la Nueva España, el papel no vale para el poderoso. Es un engaño. Es para que te confíes y estés tranquilo hasta que el sistema descubre que, debajo de tu pobreza, hay petróleo, oro, uranio, plata. O que hay un manantial de agua pura, y ahora resulta que el agua es ya una mercancía que se compra y que se vende.

 

Una mercancĂ­a como lo fueron tus padres, tus abuelos, tus bisabuelos. Una mercancĂ­a como eres tĂș, y lo serĂĄn tus hijos, tus nietos, tus bisnietos y asĂ­ por generaciones.

 

Entonces ese papel, es como las etiquetas de las mercancĂ­as en los mercados, es el precio de la tierra, de tu trabajo, de tus descendientes. Y no te das cuenta, pero ya estĂĄs formado en la fila del cajero y vas a llegar. Y resulta que no sĂłlo vas a tener que pagar, tambiĂ©n vas a salir de la tienda y te vas a encontrar con que te quitaron la mercancĂ­a, que ni siquiera tienes el papel por el que tanto luchaste tĂș y tus antepasados. Y que a tus hijos tal vez le heredas un papel, y tal vez ni eso. Los papeles del gobierno son el precio de tu vida, que tienes que pagar ese precio con tu vida. O sea que eres una mercancĂ­a legal.  Ésa es la Ășnica diferencia con la esclavitud.

 

Entonces los mås viejos te cuentan que el problema, la división, las discusiones y las peleas, llegaron cuando llegaron los papeles de propiedad. No es que antes no había problemas, es que se resolvían haciendo acuerdo.

 

Y el problema es que puedes hacer muchos papeles que parten muchas veces la tierra, pero la tierra no crece como los papeles. Una hectårea sigue siendo una hectårea, aunque haya muchos papeles.

 

Entonces pasa lo que ahora con esa cosa que llaman Cuarta Transformación y su programa de Sembrando Vida: en los ejidos hay los derecheros -que son los ejidatarios que tienen el mentado papel de certificado agrario-, y los solicitantes que, aunque participen en la comunidad, no tienen papel, porque la tierra ya estå repartida.  Se supone que los solicitantes son eso, solicitan un pedazo de tierra, pero en realidad estån solicitando un papel que diga que son campesinos que trabajan la tierra.  Entonces no es que el gobierno llega y les dice que tal tierra les toca. No. Les dice que, si demuestran la propiedad de 2 hectåreas, les dan el apoyo económico. Pero esas dos hectåreas ¿de dónde salen?  Pues de los derecheros.

 

O sea la tierra que el papel dice que es propiedad de uno, se tiene que partir en pedazos para los solicitantes. Se tiene que pedacear para pueda haber varios papeles de un mismo papel. No hay reparto agrario, hay pedacear la propiedad. Y ¿qué pasa si el derechero no quiere o no puede? Sus hijos quieren el apoyo económico, pero necesitan el papel. Entonces se pelean con el padre. ¿Las hijas? Ni en cuenta, las mujeres no cuentan en la pedaceada de papeles. Y pelean a muerte hijos contra padres. Y ganan los hijos y con ese papel, porque la tierra sigue siendo la misma y sigue estando donde estaba, reciben su dinero. Con esa paga se endeudan, se compran algo, o juntan para pagar al coyote para ir a Estados Unidos. Como no les alcanza, pues venden el papel a otro. Se van a trabajar fuera y resulta que estån ganando para pagarle a quienes les prestaron. Sí, mandan las remesas a sus familiares, pero sus familias usan eso para pagar la deuda. Después de un tiempo, ese hijo regresa o lo regresan. Eso si no lo matan o lo secuestran. Pero ya no tiene tierra, porque vendió el papel y ahora esa tierra es de quien tiene el papel. Entonces asesinó a su padre por un papel que ya no tiene.  Y entonces tiene que buscar la paga para volver a comprar el papel.

 

Crece la población, pero la tierra no crece. Hay mås papeles, pero sólo es la misma extensión de terreno. ¿Qué va a pasar? Que ahorita se matan entre derecheros y solicitantes, pero luego se van a matar entre solicitantes. Sus hijos se van a pelear entre ellos, así como él peleó con sus padres.

 

Por ejemplo: eres derechero con 20 hectåreas y tienes digamos que 4 hijos. Es la primera generación.  Lo repartes la tierra o mås bien el papel y hay ahora un papel de 5 hectåreas para cada uno. Luego esos 4 hijos tienen otros cuatro hijos cada uno, segunda generación, y reparten sus 5 hectåreas y les tocan a poco mås de una hectårea a cada uno. Luego esos 4 nietos tienen otros 4 hijos cada uno, tercera generación, y se reparten el papel y les toca como un cuarto de hectårea a cada uno. Luego esos bisnietos tienen 4 hijos cada uno, cuarta generación, y se reparten el papel y les toca una décima parte de hectårea cada uno. Y ya no le sigo porque apenas en 40 años, en la segunda generación, se van a matar entre sí.  Eso es lo que estån haciendo los malos gobiernos: estån sembrando muerte.


EL VIEJO NUEVO CAMINO.

 

¿Cómo ha sido en nuestra historia de lucha eso que dicen de “base material”?

 

Pues primero fue la alimentaciĂłn. Con la recuperaciĂłn de las tierras que estaban en manos de los finqueros, se mejorĂł la alimentaciĂłn. El hambre dejĂł de ser la invitada en nuestras casas. Luego, con la autonomĂ­a y el apoyo de personas que son “buena gente”, les decimos, siguiĂł la salud. AquĂ­ fue y es muy importante el apoyo de los doctores fraternales, que asĂ­ les llamamos nosotros porque son como nuestros hermanos que nos ayudan no sĂłlo en las enfermedades graves. TambiĂ©n, y, sobre todo, en la preparaciĂłn o sea en los conocimientos de la salud. Luego la educaciĂłn. Luego el trabajo en la tierra. Luego lo que es gobierno y administraciĂłn de mismos pueblos zapatistas. Luego lo que es gobierno y convivencia pacĂ­fica con los que no son zapatistas.

 

La base material de esto, es decir, la forma de producción es una convivencia del trabajo individual-familiar con el trabajo colectivo. El trabajo colectivo hizo posible el despegue de las compañeras y su participación en la autonomía.

 

Digamos que los primeros 10 años de autonomía, es decir, del alzamiento al nacimiento de las Juntas de Buen Gobiernos, en 2003, fue de aprendizaje. Los siguientes 10 años, hasta el 2013 fueron de aprender la importancia del relevo generacional. Del 2013 a la fecha fue de constatar, criticar y autocriticar errores de funcionamiento, de administración y de ética.

 

En lo que sigue ahora, tendremos una etapa de aprendizaje y reajuste. O sea que tendremos muchos errores y problemas, porque no hay manual o libro que te diga cómo hacer. Tendremos muchas caídas, sí, pero nos levantaremos una y otra vez para seguir caminando.  Somos zapatistas, pues.

 

La base material o de producciĂłn de esta etapa va a ser una combinaciĂłn del trabajo individual-familiar, el colectivo y esto nuevo que llamamos “trabajo en comĂșn” o “no propiedad”.

 

El trabajo individual-familiar se basa en la propiedad pequeña y personal. Una persona y su familia trabajan su pedazo de tierra, su tiendita, su móvil, su ganado. La ganancia o el beneficio es para esa familia.

 

El trabajo colectivo se basa en el acuerdo entre compañeras y/o compañeras para hacer un trabajo en tierra de colectivo (asignada así desde antes de la guerra y ensanchada después de la guerra). Se reparten los trabajos de acuerdo con el tiempo, capacidad y disposición. La ganancia o beneficio es para el colectivo. Se suele usar para fiestas, movilizaciones, adquisición de equipos para salud, capacitación de promotores de salud y educación, y para los movimientos y manutención de autoridades y comisiones autónomas.

 

El trabajo comĂșn empieza, ahora, en la tenencia de la tierra. Una porciĂłn de las tierras recuperadas se declara como de “trabajo comĂșn”. Es decir, no estĂĄ parcelada y no es propiedad de nadie, ni pequeña, ni mediana, ni gran propiedad. Esa tierra no es de nadie, no tiene dueño. Y, de acuerdo con las comunidades cercanas, se “presta” mutuamente esa tierra para trabajarla. No se puede vender ni comprar. No se puede usar para producciĂłn, trasiego o consumo de narcĂłticos. El trabajo se hace por “turnos” acordados con los GALs y los hermanos no zapatistas. El beneficio o ganancia es para quienes trabajan, pero la propiedad no es, es una no propiedad que se usa en comĂșn. No importa si eres zapatista, partidista, catĂłlico, evangĂ©lico, presbiteriano, ateo, judĂ­o, musulmĂĄn, negro, blanco, oscuro, amarillo, rojo, mujer, hombre, otroa. Puedes trabajar la tierra en comĂșn, con el acuerdo de los GALs, CGAL y ACGal, por pueblo, regiĂłn o zona, que son quienes controlan que se cumpla con las reglas de uso comĂșn.  Todo lo que sirva al bien comĂșn, nada que vaya contra el bien comĂșn.


UNA COMPARTICIÓN MUNDIAL: LA GIRA POR LA VIDA.

 

Unas hectåreas de esa No-Propiedad se va a proponer a los pueblos hermanos de otras geografías del mundo. Los vamos a invitar para que vengan y trabajen esas tierras, con sus propias manos y conocimientos. ¿Qué pasa si no saben trabajar la tierra? Pues las compañeras y compañeros zapatistas les enseñan cómo, y sus tiempos de la tierra, y sus cuidados. Creemos que es importante saber trabajar la tierra, es decir, saber respetarla. No creo que le haga daño a nadie que, así como estudia y aprenden en laboratorios y centros de investigación, también estudie y aprenda el trabajo del campo. Y todavía mås mejor si esos pueblos hermanos tienen conocimientos y modo de trabajar la tierra y nos traen esos conocimientos y modos y así también aprendemos nosotros. Es como una compartición, pero no sólo palabras, sino que en la pråctica.

 

No necesitamos que nos vengan a explicar la explotación, porque nosotros la vivimos desde hace siglos. Tampoco que nos vengan a decir que hay que morirse para conseguir la libertad. Eso lo sabemos y lo practicamos todos los días desde hace cientos de años. Lo que sí es bienvenido es el conocimiento y la pråctica para la vida.

 

Mira, la delegación que fue a Europa aprendió muchas cosas, pero la mås importante que la aprendimos es que hay muchas personas, grupos, colectivos, organizaciones que estån buscando la forma de luchar por la vida. Tienen otro color, otra lengua, otra costumbre, otra cultura, otro modo.  Pero tienen lo mismo que nosotros, que es el corazón de lucha.

  

No estån buscando quién es mås mejor, o que les den un lugar en los malos gobiernos. Estån buscando curar el mundo. Y sí, son muy diferentes entre ellos. Pero son iguales, o mås bien somos iguales.  Porque queremos realmente construir otra cosa, y esa cosa es la libertad.  O sea, la vida.

 

Y nosotras las comunidades zapatistas decimos que son nuestra familia todas esas personas. No importa que estén muy lejos. Y en esa familia hay hermanas mayores, hermanos mayores, hermanitas y hermanitos. Y no hay quién mejor. Sino misma familia. Y como familia nos apoyamos cuando podemos, y nos enseñamos lo que sabemos.

 

Y todas, todos, todoas, es gente de abajo. ¿Por qué? Porque los de arriba predican la muerte porque eso le da ganancias. Los de arriba quieren que cambien las cosas, pero para su beneficio de ellos, aunque cada vez estå mås peor. Por eso son los de abajo los que van a luchar y estån ya luchando por la vida. Si el sistema es de muerte, entonces la lucha por la vida es la lucha contra el sistema.

 

ÂżQuĂ© sigue despuĂ©s? Bueno, cada quien va construyendo su idea, su pensamiento, su plan de quĂ© es mejor. Y cada quien tal vez tiene un pensamiento diferente y un modo distinto. Y eso hay que respetar.  Porque es en la prĂĄctica organizada donde cada quien ve quĂ© sĂ­ resulta y quĂ© no. O sea que no hay recetas o manuales, porque lo que sirve para uno, tal vez no sirve para otro. El “comĂșn” mundial es la comparticiĂłn de historias, de conocimientos, de luchas.

 

O sea que, como quien dice, sigue el viaje por la vida.  Por la lucha, pues.


Desde las montañas del Sureste Mexicano, Subcomandante Insurgente Moisés. México, diciembre del 2023. 500, 40, 30, 20, 10, 3, un año, unos meses, unas semanas, unos días, apenas hace un rato. después.


P.D.- Al terminar la entrevista y revisar Ă©l si estaba cabal el sentido de sus explicaciones, el Subcomandante Insurgente MoisĂ©s -quien recibiĂł el mando y la vocerĂ­a zapatista hace 10 años, en el 2013-, encendiĂł el enĂ©simo cigarrillo. Yo encendĂ­ la pipa. Quedamos mirando el dintel de la puerta de la champa. La madrugada daba paso al amanecer y las primeras luces del dĂ­a despertaban los sonidos en las montañas del sureste mexicano. No dijimos mĂĄs, pero tal vez ambos pensamos: “y falta lo que falta”.


P.D. QUE DECLARA BAJO JURAMENTO. – En ningĂșn momento o etapa de la deliberaciĂłn que condujo a la decisiĂłn que tomaron los pueblos zapatistas, salieron a relucir citas o notas de pie de pĂĄgina o referencias, asĂ­ sea lejanas, de Marx, Engels, Lenin, Trotski, Stalin, Mao, Bakunin, el Che, Fidel Castro, Kropotkin, Flores MagĂłn, la Biblia, el CorĂĄn, Milton Freidman, Milei, el progresismo (si es que tiene alguna referencia bibliogrĂĄfica que no sea la de sus caga tintas), la TeologĂ­a de la LiberaciĂłn, Lombardo, Revueltas, Freud, Lacan, Foucault, Deleuze, lo que estĂ© de moda o modo en la izquierdas, o cualquier fuente de izquierdas, derechas, ni de los inexistentes centros. No sĂłlo, tambiĂ©n me consta que no han leĂ­do ninguna de las obras fundacionales de los ismos que alimentan sueños y derrotas de la izquierda. Por mi parte, les doy un consejo no pedido a quienes leyeron estas lĂ­neas: cada quien es libre de hacer el ridĂ­culo, pero les recomendarĂ­a que antes de empezar con sus tonterĂ­as tipo “el laboratorio de la Lacandona”, “el experimento zapatista”, y de catalogar esto en uno u otro sentido, lo pensaran un poco. Porque, hablando de ridĂ­culos, ya vienen haciendo uno grande desde hace casi 30 años al “explicar” el zapatismo. Tal vez ustedes no se acuerden ahora, pero acĂĄ lo que sobra, ademĂĄs de dignidad y lodo, es memoria.  Ni modos.



Doy fe. El CapitĂĄn.






Fuente: Los comunicados del Ejército Zapatista de Liberación Nacional pueden encontrarse en Enlace zapatista



Pepi Guernica en Piedrabuena Mural 2014



Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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