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  • Revista Adynata

Acerca de “Una lectura de Winnicott. Lo intermedio y lo transicional” / Cynthia Eva Szewach

Acerca de “Una lectura de Winnicott. Lo intermedio y lo transicional”. De Jorge Rodríguez1


El libro de Jorge Rodríguez asume una persistencia: lo ya dicho puede seguir escribiéndose de otros modos, una y otra vez, hasta incrustar nuevos hallazgos. El libro es una lectura en obra. Un maestro, que vuelve a escribir, acerca de la transmisión de uno de sus maestros: Donald Winnicott. Camus dice agradecido, que su primer maestro “lo arroja a un mundo desconocido que no era el suyo”.

Jorge Rodríguez escribe: “mi manera de decir Winnicott” y, en la extranjeridad de una herencia infinita, como médium local, le extrae lo nuevo y cerca lo indecible.


El libro asume en una voz personal, el lugar donde el autor, que camina todos los días en una cesura callejera tan abismal como confortable, la revisión de la traducción de “Jugar y Realidad ”. La discusión sobre lo ya traducido, que llega a veces a la molestia, es frenesí de quien busca llegar al hueso de un autor y libra batalla con lo establecido sobre Winnicott. Jorge Rodríguez, además de “estar allí donde gravita el suelo” como diría R. Kush, opera como un alquimista en ese asunto: no se pueden mezclar las cosas de cualquier modo ni banalizar los términos. Lo intermedio no es lo transicional. “Lo intermedio es condición de lo transicional, lo transicional es de lo experienciar a la ilusión, de la ilusión a la paradoja…”


Es también un libro para pensar cómo cada quien se agarra a la vida. Como encontrarnos con la eterna vivacidad. Es una composición, experiencia de diversidad, metapsicología sensible, expansión, un arrancar algo de la nada. Inventadescubre paradojas. Lo intermedio es un espacio, un tiempo, un terreno misterioso, una experiencia del infans, que queda en “otro lado” de la pulsión. No sexual, no libidinal, no narcisista. Sensorio motor, sensible, fundador de ganas, un murmullo de movimiento, que hace de soporte a la creación.


Jorge escribe que “un caso es un encuentro profundo con otro”. En su libro Entresesiones, cuenta, a partir de su práctica, que puede haber Una vida sin usar. Aquí, nos atrae hacia las cosas para agarrarlas, usarlas, crear el no-objeto. Las cosas, lo no humano y lo que el autor subraya en especial en Winnicott: la experiencia de lo ambiental. En la vidamuertevida, lo intermedio, está en ese más allá y ese acá, fundacional de una nueva realidad psíquica. Lo intermedio está antes de lo transicional. Lo transicional es el jugar, el entre. Entre algún susurro, un balbuceo, ruidos, algunas sombras, algún olor, aire, soplos o movimiento en reposo, lenguaje del arrullo materno.


Canetti en Masa y poder dice:Sólo el instante del agarrar alumbra bruscamente las sombras como un relámpago, para iluminar su propio momento fugaz”. La temporalidad, que nos quiere alumbrar Jorge, es lo fugaz, repitiéndose, una y otra vez. Espacializa lo in-agarrable.


En un momento Jorge Rodríguez, escribe que aplaude. Al hablar de lo experienciar intermedio, dice que Freud en Tótem y Tabú, plantea una simbolización motora. “Cuando lo encontré aplaudía”. Escucho: No estoy solo.


Existe el lado oscuro de lo ambiental, ese lado oscuro que llevamos más o menos tatuado en algún sitio, en lo que interfiere, en lo que daña. No se trata solo de lo corporal a proteger en el infans, sino el encargarse de que el objeto se pueda presentar, con devoción disponible, y a partir de lo auxiliar, que llegue.


Jorge Rodríguez es uno los psicoanalistas que pueden hacer de forma lograda, de una anécdota personal, un proyecto teórico: “En el aeropuerto observé un camión con un cartel que decía: aerohandling, que se acercaba al avión aterrizado para proveerle cosas para reanudar el vuelo, algo de mantenimiento, ¿cómo llamarlo en personas?


La cosa se hacen cosas. Las cartas se hacen poemas.


Hay una correspondencia asidua entre la joven Marina Tsvetayeva y Rainer Rilke. Fue también el joven poeta Boris Pasternak quien le hizo saber a Rilke acerca de Marina, conjurados, cómplices. En un tramo de la amistad, Boris dependía de Tsvetayeva, por los problemas de correspondencia en la guerra, dependía de ella para que le llegue una carta de respuesta de Rilke, carta que finalmente llega. Dentro del sobre venía un auxilio. Venían sumadas unas hojitas azules en la que ella había copiado las palabras de Rilke que tenían que ver con él. Pasternak jamás se separó de esas dos hojitas azules. Las llevó, como combustible, auxilio para poder seguir escribiendo, siempre, siempre en su billetera. Agregó un cartelito, “lo más querido”.


El autor se pregunta ¿que hace que un autor permanezca en uno? El psicoanálisis no es un modo de vida. Todos tenemos la esperanza que nuestros pacientes terminen con nosotros y nos olviden. Lo terminable, si usamos, destruimos. Forzando un poco el escenario, ¿cómo es en la transferencia con un autor? ¿Querría Winnicott que Jorge Rodríguez lo olvide?

1 Fragmento de la presentación que realicé del libro mencionado “Una lectura de Winnicott. Lo intermedio y lo transicional” de Jorge Rodríguez, Editorial Letra Viva. Fue el 15 de octubre 2022, en el Centro Cultural Caras y Caretas.

Jorge Rodriguez, fue mi primer maestro, desde el inicio de la carrera. Una deuda y sello indeleble su transmisión, una suerte haber iniciado un camino en el psicoanálisis con su voz personal.




Graham Franciose - "Agarradx a la Bahía " - 2022 - Ilustración - 16 x 20 inches

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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