La diversión del conatus / Fernando Stivala
- Revista Adynata

- hace 2 días
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D O S S I E R H A S T Í O S
Anotaciones spinozeanas
en torno al aburrimiento y la depresión
Baruj Spinoza es el escritor de la Ética (1677). Que haya elegido ese nombre muestra que, aunque estemos determinados por la Naturaleza de lo que podemos, hay decisiones. Por lo cual hay libertad, pero no la libertad de hacer cualquier cosa, sino una libertad de llegada. A partir del entendimiento se pueden hacer evaluaciones sobre lo que conviene y lo que no. ¿A quién? A uno, a los demás, y al Todo al que pertenecemos.
Estamos hechos principalmente de conservarnos. Vía entendimiento vamos a comprender que lo mejor para sí nos lleva directamente a lo mejor para lo común. No es una tarea fácil sino todo lo contrario. Vivir es esforzarse y esforzarse es estar dispuestos a experimentar y analizar la mayor cantidad posibles de cosas que nos pasan. El cuerpo y el pensamiento pueden ser afectados de muchas maneras y por lo tanto afectar de muchas otras. Somos un pedazo del Todo, de la naturaleza, y por lo tanto somos heterogéneos y versátiles. En esa evaluación y en esa experimentación nos vamos a encontrar con cosas que disminuyen nuestra potencia de actuar. Conocerlas no para estancarnos ahí sino para asumirlas y, a partir de ahí, poder hacer y pensar distinto.
Para eso Spinoza necesitó definir esa chispa que todo viviente tiene: el conatus. El conatus es el esfuerzo, el esfuerzo que cada cosa intenta por perseverar en su ser, lo que insiste en vivir. Dicho de otra manera: lo que vive quiere vivir. Y específicamente en el humano ese conato es el deseo, que no es otra cosa que ese esfuerzo por el cual el estado actual de las cosas insiste en permanecer, sumándole a ese esfuerzo la conciencia. Spinoza dice que el deseo es el apetito acompañado de la conciencia de ese apetito.
En la propuesta de Marcelo Percia de pensar matices sobre el aburrimiento y la depresión lo primero que irrumpió automáticamente en mis pensamientos fue esto:
El aburrimiento es el conatus sin ganas de perseverar. La depresión es ese desgano más la conciencia sobre eso.
Las múltiples causas por las cuales una vida individual y colectiva pierde el brillo inicial del conato es todo un tema. Spinoza sabe de esto y dice una obviedad necesaria: siempre hay fuerzas más fuertes y potentes que otras.
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Me interesa esta distinción entre depresión y aburrimiento. Lo importante de las sutilezas diferenciales pero no como compartimentos del código al estilo manuales de diagnósticos infinitos o como un gran recetario estático que lo único que hace es sumar estadística y código. Las sutilezas diferenciales son cada situación actual. Es poder hacer la evaluación cada vez, con lo que se sabe sin dudas, pero sin dejar afuera la situación, la actualidad, la singularidad. Creer saber de antemano es un problema y eso recubre la exigencia de este tipo de pensamiento; no vale generalizar, no vale reducir, no vale concluir; vale poner en la batidora los saberes, haber ejercitado y experimentado lo más posible el conocer la singularidad de las cosas, y de ahí extraer en modo relámpago una acción.
Es lo que Spinoza llama tercer género de conocimiento que no tiene nada que ver con un infinito manual de saberes y códigos. Google sirve, pero sin el tercer género de conocimiento es el gran Algoritmo, o el libro de todos los códigos. A este libro Spinoza le contrapone el libro de la naturaleza. No se trata de acumular conocimiento, se trata de saber leer el libro de la naturaleza, y eso no se memoriza ni se aprende de una vez.
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En la época de Spinoza (1632-1677), y en la Ámsterdam que habitaba, se estaban dando las circunstancias para el nacimiento del capitalismo. Una Holanda liberal, con comerciantes y productos de todo tipo. Baruj, que de joven se tuvo que encargar del negocio de su padre, estaba inmerso en ese estado de cosas. La variedad de mercado que —350 años después podemos decir— le da alimento a esa zona placentera del cuerpo y del cerebro. ¿Será lo que Marx, conocido lector de Spinoza, llamará después fetiche de la mercancía?
Spinoza dice que el placer es local y lo contrapone a la jovialidad que es un estado de alegría general del cuerpo. Las neurociencias distinguen entre dopamina y serotonina. Los consumos problemáticos, o las llamadas adicciones, no se pueden separar de una cultura hiperconsumista.
El aburrimiento quizás sea el síntoma de lo que el mercado no puede llenar.
La depresión quizás sea la conciencia de ese síntoma.
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En el escolio de la proposición que versa sobre la idea de que el odio nunca puede ser bueno dice lo siguiente: entre la burla y la risa, reconozco que hay una gran diferencia. Pues la risa, como también la broma, es pura alegría y, por tanto, con tal que no tenga exceso, es de por sí buena. Pues, ciertamente, solo una torva y triste superstición puede prohibir el deleite. ¿por qué saciar el hambre y la sed va a ser más decente que desechar la melancolía? Tal es mi regla, y así está dispuesto mi ánimo. Ningún ser divino, ni nadie que no sea un envidioso, puede deleitarse con mi impotencia y mi desgracia, ni tener por virtuosos las lágrimas, los sollozos, el miedo y otras cosas por el estilo, que son señales de un ánimo impotente. Muy al contrario: cuanto mayor es la alegría que nos afecta, tanto mayor es la perfección a la que pasamos, es decir, tanto más participamos necesariamente de la naturaleza divina. Así, pues, servirse de las cosas y deleitarse con ellas cuanto sea posible (no hasta la saciedad, desde luego, pues eso no es deleitarse) es propio de alguien sabio. Quiero decir que es propio de alguien sabio reponer fuerzas y recrearse con alimentos y bebidas agradables, tomados con moderación, así como gustar de los perfumes, el encanto le las plantas verdeantes, el ornato, la música, los juegos que sirven como ejercicio físico, el teatro y otras cosas por el estilo, de que todos pueden servirse sin perjuicio ajeno alguno. Pues el cuerpo humano está compuesto de numerosas partes de distinta naturaleza, que continuamente necesitan alimento nuevo y variado, a fin de que todo el cuerpo sea igualmente apto para hacer todo lo que puede seguirse de su naturaleza, y, consiguientemente, a fin de que también el alma sea igualmente apta para conocer al mismo tiempo muchas cosas. Y así, esta norma de vida concuerda muy bien con nuestros principios y con la práctica común; por lo cual, si hay alguna regla de vida que sea la mejor, lo es ésta, así como la más recomendable en todos sentidos. Y no es preciso tratar de este tema con mayor claridad ni extensión.
Algunos recordatorios de la filosofía de Spinoza: llama alegría al aumento de la capacidad de hacer y pensar de un individuo o de un colectivo, llama tristeza a su disminución.
Ya dijimos que una cosa son los placeres locales y otra son las jovialidades integrales. También son cosas distintas las tristezas locales y la melancolía que toma íntegramente a un sujeto individual o colectivo.
Otros recordatorios: llama amor a esa alegría, o aumento de la capacidad de obrar, ligada a un objeto exterior que te da esa potencia (persona, sustancia, alimento, recuerdo, objeto de consumo, etcétera). El problema sería el pegamento con lo que queda adherido la potencia a la cosa; no es sin eso pero no depende de eso. Y, por otro lado, llama odio a su contrario, a esa tristeza o disminución de la capacidad de obrar ligada a un objeto exterior.
Diferencia sustancial. Una cosa es descubrir la capacidad de algo y otra cosa es delegar esa capacidad en un objeto. Y lo peor de todo acontece cuando ese objeto toma la posición mayoritaria en los pensamientos y se convierte en obsesión o adicción. El problema es lo monovalente de la ligadura.
¿Depresiones son conscientes de esa dependencia de la potencia perdida?
Hay un famoso cuadro del alemán Alberto Durero pintado en 1514 que se llama Melancolía. El grabado tiene muchos detalles. Me poso en la figura angelada que, sentada y con una mano apoyada en la cara, mira resentidamente ver pasar todo lo que se va perdiendo. ¿Es una mirada enojada por tener conciencia sobre lo efímero? ¿Es también frustración por la pasividad? Mirar sin hacer, la pasión que mira a la acción pasar, lo que solo pasa en los pensamientos ¿no se envenena como agua estancada? Las redes que stalkean, el espectáculo de la exposición ¿no viralizan esas emociones? ¿Hay venganza en esos estados? Pero ¿contra quién? Parecería que no se venga contra alguien sino contra la misma potencia, un tiro en el pie, fuerzas más fuertes que son inoculadas al conatus.
Freud, que también leyó a Spinoza, admite su dependencia a la filosofía de él diciendo que concibió muchas de sus hipótesis a partir del caldo de cultivo creado por sus ideas. Piensa la melancolía como ese estado de tristeza generalizado que ensombrece y coloniza la mayor parte de los pensamientos y, por lo tanto, del cuerpo.
Spinoza que tenía como una de sus lenguas madres el portugués conocía la palabra saudade, de difícil traducción. Tiene algo de recordar lo que ya pasó, tiene algo de esa conciencia de lo efímero, que en vez de envenenarse por eso da lugar a una sensación dulce y placentera. Coexiste en esa palabra una especie de sabor dulce y amargo a la vez. La conciencia de lo efímero puede ser también trampolín para habitar lo venidero con más presencia. Saber estar ahí.
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Yo creo que con estas definiciones Spinoza nos deja muy a mano el tema de los consumos, su relación con el aburrimiento, el hastío, y la depresión.
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Hay que mencionar también que en la palabra contraria a aburrimiento se esconde una clave. A las versiones no les conviene ser monopolizadas, la universalidad de la cosa borra sus múltiples, borra sus posibles, borra lo que puede. Y Spinoza es el autor de la frase hit: no se sabe lo que pueden los cuerpos, ni los pensamientos. No se sabe lo que puede la potencia. Al deseo apolillado hay que zarandearlo. En la diversión tenemos el código secreto de lo que abre, desobsesiona, desolemniza, desneurotiza, desinfantiliza, aligera, y ríe.
La diversión del conatus.
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Spinoza propone pensarnos como si fuéramos líneas, superficies, o cuerpos. Propone pensar las pasiones, los actos y los deseos humanos al estilo geométrico. También define la esencia no como algo estático, menos ideal, sino como movimientos y ritmos. Cercanías y distancias, velocidades y lentitudes.
Si tengo que pensar en términos de velocidades me pregunto si el aburrimiento y la tristeza no se asocian a velocidades más lentas que a otros estados. Si tengo que pensar en términos de cantidades me insiste el exceso, lo que Percia llamó demasías. Y ahí se me vino en un extremo del péndulo aburrimiento, tedio, hastío, tristeza, depresión y melancolía, y en el otro extremo del péndulo lo excesivo, ¿diversión, estados maníacos, algarabía, consumos, estados de la mente y del pensamiento sobrecargados? La lista queda abierta.
¿El hastío no será un exceso de aburrimiento? Obviamente no es todo lo mismo, por eso decía que me quedé pensando en términos de cantidades. Quizás a las sutilezas diferenciales se las pueda acompañar mejor en términos de cantidades y no tanto en términos de un lenguaje que, de tan codificado y coagulado, saltea muy rápido los movimientos de los cuerpos, y cree que sabe solo por nombrar de memoria y en automático. Quizás algo de esto tenga que ver con el problema de la Inteligencia Artificial y el gran Algoritmo global. Y quizás algo de esto tenga que ver con las revoluciones que necesitamos en estos tiempos.
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Kant admiraba y descubría en las revoluciones de su época la capacidad de entusiasmo y fervor que había en las personas. Walter Benjamin no describía el entusiasmo como una simple emoción sino que lo hacía como esa fuerza revolucionaria que irrumpe en el presente transformándolo.
Diego Sztulwark en su nuevo libro El temblor de las ideas (2025) propone buscar una salida donde no la hay. Usa la cucaracha de Kafka para pensar en el bicho en que nos hemos convertido y como, de repente, un día, nos damos cuenta de eso. La conciencia casi siempre llega tarde pero el tema es que llegue, y el tema también es asumirla. Romper con idealismos y hacer evaluaciones reales de lo que somos es la única manera de abrir salidas donde antes no había. ¿La libertad no tendrá que ver con esto? Las salidas efectivas surgen de problemas reales y bien planteados. Despertados de la fantasía progre vemos lo que pueden los cuerpos pero nos hemos convertido en cucarachas: ¿¡qué horror!, o aprovechamos el escándalo y hacemos el esfuerzo para la transformación? (Borges cuenta que así debería haber sido la traducción de La metamorfosis).
No se trata de querer que las cosas sean como nos gustaría. Las cosas son lo que van siendo y de ahí hay que partir. Ni resignación, ni optimismo. Ni esperanza, ni convencimiento.
¿El esfuerzo de buscar palabras donde no las hay? ¿El esfuerzo de crear una lengua ahí donde la palabra ya no dice nada, está agotada y consumida, aburrida y hastiada? El entusiasmo por inventar un lenguaje que se haga cargo de los temblores y desesperaciones de los cuerpos porque si no son oídos, si no son sentidos, si se los niega o se les tiene miedo, si se los codifica y neutraliza, si se los deprime, no tendremos de dónde sacar la verdadera materia prima para buscar y/o crear salidas donde no las hay.
Algunas veces siento que lo que aburre es haber perdido el entusiasmo.
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Una última pregunta: ¿Spinoza se aburría?
De niño murió la madre, de joven murió el padre y se encargó del comercio. Un tío se suicidó después de que lo humillaron públicamente para ser perdonado por segunda vez de la excomunión.
Se hizo un grupo de amigos donde leían y estudiaban los textos religiosos. Sabía holandés y español, portugués y hebreo. Aprendió latín. Lo quisieron matar a la salida de un teatro. Lo delataron con su comunidad judía argumentando que estaba diciendo ideas no convenientes. Discutía los milagros y la inmortalidad del alma. Le hicieron el herem. Echado de su comunidad nunca más iba a poder hablarse con los suyos. Fue maldecido y ninguneado. Estudio en una escuela clandestina a los mejores filósofos. Tuvo un gran maestro ignorante. Se enamoró de su hija, que después se casó con otro.
Así como le pasaron las pasiones, las sintió, las estudió y las trabajó.
Repetía que la sexualidad, las riquezas y los reconocimientos buscados en sí mismos no convienen porque son propensos a monopolizar vía placer los pensamientos y las acciones.
Además del libre mercado, a esos Países Bajos le pasó la peste, la guerra con Inglaterra y Francia, y el derrocamiento de un gobierno progresista en manos de un linchamiento brutal. Spinoza quiso salir a pudrirla pero no estaban dadas las condiciones para establecer una fuerza de resistencia. Se tuvo que calmar, callar, guardar, analizar, y escribir. Los que lo conocían de verdad se hacían sus amigos, y sino lo envidiaban, lo criticaban sin argumentos, le robaban las ideas, o le decían ateo como insulto. Desmontó la narrativa ficcional de los textos sagrados y los puso al alcance de todos. Tenía que hablar y escribir encriptado. Tuvo que esconder lo que puede la Naturaleza Toda bajo el nombre de Dios. Un amigo lo salvó de la cárcel porque no lo delató. Tuvo que cancelar la publicación de su libro más importante.
Le ofrecieron dar clases en la universidad pero lo rechazó por falta de garantías al libre pensamiento.
Se apasionaba de tal manera que se tuvo que imponer como lema recordatorio la palabra cautela.
Sufrió de tos toda la vida hasta morir joven a los 44 años.




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