La diversión del conatus / Fernando Stivala
- Revista Adynata
- 10 mar
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D O S S I E R H A S T Ć O S
Anotaciones spinozeanas
en torno al aburrimiento y la depresión
Baruj Spinoza es el escritor de la Ćtica (1677). Que haya elegido ese nombre muestra que, aunque estemos determinados por la Naturaleza de lo que podemos, hay decisiones. Por lo cual hay libertad, pero no la libertad de hacer cualquier cosa, sino una libertad de llegada. A partir del entendimiento se pueden hacer evaluaciones sobre lo que conviene y lo que no. ĀæA quiĆ©n? A uno, a los demĆ”s, y al Todo al que pertenecemos.
Estamos hechos principalmente de conservarnos. VĆa entendimiento vamos a comprender que lo mejor para sĆ nos lleva directamente a lo mejor para lo comĆŗn. No es una tarea fĆ”cil sino todo lo contrario. Vivir es esforzarse y esforzarse es estar dispuestos a experimentar y analizar la mayor cantidad posibles de cosas que nos pasan. El cuerpo y el pensamiento pueden ser afectados de muchas maneras y por lo tanto afectar de muchas otras. Somos un pedazo del Todo, de la naturaleza, y por lo tanto somos heterogĆ©neos y versĆ”tiles. En esa evaluación y en esa experimentación nos vamos a encontrar con cosas que disminuyen nuestra potencia de actuar. Conocerlas no para estancarnos ahĆ sino para asumirlas y, a partir de ahĆ, poder hacer y pensar distinto.
Para eso Spinoza necesitó definir esa chispa que todo viviente tiene: el conatus. El conatus es el esfuerzo, el esfuerzo que cada cosa intenta por perseverar en su ser, lo que insiste en vivir. Dicho de otra manera: lo que vive quiere vivir. Y especĆficamente en el humano ese conato es el deseo, que no es otra cosa que ese esfuerzo por el cual el estado actual de las cosas insiste en permanecer, sumĆ”ndole a ese esfuerzo la conciencia. Spinoza dice que el deseo es el apetito acompaƱado de la conciencia de ese apetito.
En la propuesta de Marcelo Percia de pensar matices sobre el aburrimiento y la depresión lo primero que irrumpió automÔticamente en mis pensamientos fue esto:
El aburrimiento es el conatus sin ganas de perseverar. La depresión es ese desgano mÔs la conciencia sobre eso.
Las múltiples causas por las cuales una vida individual y colectiva pierde el brillo inicial del conato es todo un tema. Spinoza sabe de esto y dice una obviedad necesaria: siempre hay fuerzas mÔs fuertes y potentes que otras.
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Me interesa esta distinción entre depresión y aburrimiento. Lo importante de las sutilezas diferenciales pero noĀ como compartimentos del código al estilo manuales de diagnósticos infinitos o como un gran recetario estĆ”tico que lo Ćŗnico que hace es sumar estadĆstica y código. Las sutilezas diferenciales son cada situación actual. Es poder hacer la evaluación cada vez, con lo que se sabe sin dudas, pero sin dejar afuera la situación, la actualidad, la singularidad. Creer saber de antemano es un problema yĀ eso recubre la exigencia de este tipo de pensamiento; no vale generalizar, no vale reducir, no vale concluir; vale poner en la batidora los saberes, haber ejercitado y experimentado lo mĆ”s posible el conocer la singularidad de las cosas, y de ahĆ extraer en modo relĆ”mpago una acción.
Es lo que Spinoza llama tercer género de conocimiento que no tiene nada que ver con un infinito manual de saberes y códigos. Google sirve, pero sin el tercer género de conocimiento es el gran Algoritmo, o el libro de todos los códigos. A este libro Spinoza le contrapone el libro de la naturaleza. No se trata de acumular conocimiento, se trata de saber leer el libro de la naturaleza, y eso no se memoriza ni se aprende de una vez.
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En la Ć©poca de Spinoza (1632-1677), y en la Ćmsterdam que habitaba, se estaban dando las circunstancias para el nacimiento del capitalismo. Una Holanda liberal, con comerciantes y productos de todo tipo. Baruj, que de joven se tuvo que encargar del negocio de su padre, estaba inmerso en ese estado de cosas. La variedad de mercado que ā350 aƱos despuĆ©s podemos decirā le da alimento a esa zona placentera del cuerpo y del cerebro. ĀæSerĆ” lo que Marx, conocido lector de Spinoza, llamarĆ” despuĆ©s fetiche de la mercancĆa?
Spinoza dice que el placer es local y lo contrapone a la jovialidad que es un estado de alegrĆa general del cuerpo. Las neurociencias distinguen entre dopamina y serotonina. Los consumos problemĆ”ticos, o las llamadas adicciones, no se pueden separar de una cultura hiperconsumista.
El aburrimiento quizĆ”s sea el sĆntoma de lo que el mercado no puede llenar.
La depresión quizĆ”s sea la conciencia de ese sĆntoma.
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En el escolio de la proposición que versa sobre la idea de que el odio nunca puede ser bueno dice lo siguiente: entre la burla y la risa, reconozco que hay una gran diferencia. Pues la risa, como tambiĆ©n la broma, es pura alegrĆa y, por tanto, con tal que no tenga exceso, es de por sĆ buena. Pues, ciertamente, solo una torva y triste superstición puede prohibir el deleite. Āæpor quĆ© saciar el hambre y la sed va a ser mĆ”s decente que desechar la melancolĆa? Tal es mi regla, y asĆ estĆ” dispuesto mi Ć”nimo. NingĆŗn ser divino, ni nadie que no sea un envidioso, puede deleitarse con mi impotencia y mi desgracia, ni tener por virtuosos las lĆ”grimas, los sollozos, el miedo y otras cosas por el estilo, que son seƱales de un Ć”nimo impotente. Muy al contrario: cuanto mayor es la alegrĆa que nos afecta, tanto mayor es la perfección a la que pasamos, es decir, tanto mĆ”s participamos necesariamente de la naturaleza divina. AsĆ, pues, servirse de las cosas y deleitarse con ellas cuanto sea posible (no hasta la saciedad, desde luego, pues eso no es deleitarse) es propio de alguien sabio. Quiero decir que es propio de alguien sabio reponer fuerzas y recrearse con alimentos y bebidas agradables, tomados con moderación, asĆ como gustar de los perfumes, el encanto le las plantas verdeantes, el ornato, la mĆŗsica, los juegos que sirven como ejercicio fĆsico, el teatro y otras cosas por el estilo, de que todos pueden servirse sin perjuicio ajeno alguno. Pues el cuerpo humano estĆ” compuesto de numerosas partes de distinta naturaleza, que continuamente necesitan alimento nuevo y variado, a fin de que todo el cuerpo sea igualmente apto para hacer todo lo que puede seguirse de su naturaleza, y, consiguientemente, a fin de que tambiĆ©n el alma sea igualmente apta para conocer al mismo tiempo muchas cosas. Y asĆ, esta norma de vida concuerda muy bien con nuestros principios y con la prĆ”ctica comĆŗn; por lo cual, si hay alguna regla de vida que sea la mejor, lo es Ć©sta, asĆ como la mĆ”s recomendable en todos sentidos. Y no es preciso tratar de este tema con mayor claridad ni extensión.
Algunos recordatorios de la filosofĆa de Spinoza: llama alegrĆa al aumento de la capacidad de hacer y pensar de un individuo o de un colectivo, llama tristeza a su disminución.
Ya dijimos que una cosa son los placeres locales y otra son las jovialidades integrales. TambiĆ©n son cosas distintas las tristezas locales y la melancolĆa que toma Ćntegramente a un sujeto individual o colectivo.
Otros recordatorios: llama amor a esa alegrĆa, o aumento de la capacidad de obrar, ligada a un objeto exterior que te da esa potencia (persona, sustancia, alimento, recuerdo, objeto de consumo, etcĆ©tera). El problema serĆa el pegamento con lo que queda adherido la potencia a la cosa; no es sin eso pero no depende de eso. Y, por otro lado, llama odio a su contrario, a esa tristeza o disminución de la capacidad de obrar ligada a un objeto exterior.
Diferencia sustancial. Una cosa es descubrir la capacidad de algo y otra cosa es delegar esa capacidad en un objeto. Y lo peor de todo acontece cuando ese objeto toma la posición mayoritaria en los pensamientos y se convierte en obsesión o adicción. El problema es lo monovalente de la ligadura.
ĀæDepresiones son conscientes de esa dependencia de la potencia perdida?
Hay un famoso cuadro del alemĆ”n Alberto Durero pintado en 1514 que se llama MelancolĆa. El grabado tiene muchos detalles. Me poso en la figura angelada que, sentada y con una mano apoyada en la cara, mira resentidamente ver pasar todo lo que se va perdiendo. ĀæEs una mirada enojada por tener conciencia sobre lo efĆmero? ĀæEs tambiĆ©n frustración por la pasividad? Mirar sin hacer, la pasión que mira a la acción pasar, lo que solo pasa en los pensamientos Āæno se envenena como agua estancada? Las redes que stalkean, el espectĆ”culo de la exposición Āæno viralizan esas emociones? ĀæHay venganza en esos estados? Pero Āæcontra quiĆ©n? ParecerĆa que no se venga contra alguien sino contra la misma potencia, un tiro en el pie, fuerzas mĆ”s fuertes que son inoculadas al conatus.
Freud, que tambiĆ©n leyó a Spinoza, admite su dependencia a la filosofĆa de Ć©l diciendo que concibió muchas de sus hipótesis a partir del caldo de cultivo creado por sus ideas. Piensa la melancolĆa como ese estado de tristeza generalizado que ensombrece y coloniza la mayor parte de los pensamientos y, por lo tanto, del cuerpo.
Spinoza que tenĆa como una de sus lenguas madres el portuguĆ©s conocĆa la palabra saudade, de difĆcil traducción. Tiene algo de recordar lo que ya pasó, tiene algo de esa conciencia de lo efĆmero, que en vez de envenenarse por eso da lugar a una sensación dulce y placentera. Coexiste en esa palabra una especie de sabor dulce y amargo a la vez. La conciencia de lo efĆmero puede ser tambiĆ©n trampolĆn para habitar lo venidero con mĆ”s presencia. Saber estar ahĆ.
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Yo creo que con estas definiciones Spinoza nos deja muy a mano el tema de los consumos, su relación con el aburrimiento, el hastĆo, y la depresión.
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Hay que mencionar tambiĆ©n que en la palabra contraria a aburrimiento se esconde una clave. A las versiones no les conviene ser monopolizadas, la universalidad de la cosa borra sus mĆŗltiples, borra sus posibles, borra lo que puede. Y Spinoza es el autor de la frase hit: no se sabe lo que pueden los cuerpos, ni los pensamientos. No se sabe lo que puede la potencia. Al deseo apolillado hay que zarandearlo. En la diversión tenemos el código secreto de lo que abre, desobsesiona, desolemniza, desneurotiza, desinfantiliza, aligera, y rĆe.
La diversión del conatus.
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Spinoza propone pensarnos como si fuĆ©ramos lĆneas, superficies, o cuerpos. Propone pensar las pasiones, los actos y los deseos humanos al estilo geomĆ©trico. TambiĆ©n define la esencia no como algo estĆ”tico, menos ideal, sino como movimientos y ritmos. CercanĆas y distancias, velocidades y lentitudes.
Si tengo que pensar en tĆ©rminos de velocidades me pregunto si el aburrimiento y la tristeza no se asocian a velocidades mĆ”s lentas que a otros estados. Si tengo que pensar en tĆ©rminos de cantidades me insiste el exceso, lo que Percia llamó demasĆas. Y ahĆ se me vino en un extremo del pĆ©ndulo aburrimiento, tedio, hastĆo, tristeza, depresión y melancolĆa, y en el otro extremo del pĆ©ndulo lo excesivo, Āædiversión, estados manĆacos, algarabĆa, consumos, estados de la mente y del pensamiento sobrecargados? La lista queda abierta.
ĀæEl hastĆo no serĆ” un exceso de aburrimiento? Obviamente no es todo lo mismo, por eso decĆa que me quedĆ© pensando en tĆ©rminos de cantidades. QuizĆ”s a las sutilezas diferenciales se las pueda acompaƱar mejor en tĆ©rminos de cantidades y no tanto en tĆ©rminos de un lenguaje que, de tan codificado y coagulado, saltea muy rĆ”pido los movimientos de los cuerpos, y cree que sabe solo por nombrar de memoria y en automĆ”tico. QuizĆ”s algo de esto tenga que ver con el problema de la Inteligencia Artificial y el gran Algoritmo global. Y quizĆ”s algo de esto tenga que ver con las revoluciones que necesitamos en estos tiempos.
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Kant admiraba y descubrĆa en las revoluciones de su Ć©poca la capacidad de entusiasmo y fervor que habĆa en las personas. Walter Benjamin no describĆa el entusiasmo como una simple emoción sino que lo hacĆa como esa fuerza revolucionaria que irrumpe en el presente transformĆ”ndolo.
Diego Sztulwark en su nuevo libro El temblor de las ideasĀ (2025) propone buscar una salida donde no la hay. Usa la cucaracha de Kafka para pensar en el bicho en que nos hemos convertido y como, de repente, un dĆa, nos damos cuenta de eso. La conciencia casi siempre llega tarde pero el tema es que llegue, y el tema tambiĆ©n es asumirla. Romper con idealismos y hacer evaluaciones reales de lo que somos es la Ćŗnica manera de abrir salidas donde antes no habĆa. ĀæLa libertad no tendrĆ” que ver con esto? Las salidas efectivas surgen de problemas reales y bien planteados. Despertados de la fantasĆa progre vemos lo que pueden los cuerpos pero nos hemos convertido en cucarachas: ¿”quĆ© horror!, o aprovechamos el escĆ”ndalo y hacemos el esfuerzo para la transformación? (Borges cuenta que asĆ deberĆa haber sido la traducción de La metamorfosis).
No se trata de querer que las cosas sean como nos gustarĆa. Las cosas son lo que van siendo y de ahĆ hay que partir. Ni resignación, ni optimismo. Ni esperanza, ni convencimiento.
ĀæEl esfuerzo de buscar palabras donde no las hay? ĀæEl esfuerzo de crear una lengua ahĆ donde la palabra ya no dice nada, estĆ” agotada y consumida, aburrida y hastiada? El entusiasmo por inventar un lenguaje que se haga cargo de los temblores y desesperaciones de los cuerpos porque si no son oĆdos, si no son sentidos, si se los niega o se les tiene miedo, si se los codifica y neutraliza, si se los deprime, no tendremos de dónde sacar la verdadera materia prima para buscar y/o crear salidas donde no las hay.
Algunas veces siento que lo que aburre es haber perdido el entusiasmo.
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Una Ćŗltima pregunta: ĀæSpinoza se aburrĆa?
De niƱo murió la madre, de joven murió el padre y se encargó del comercio. Un tĆo se suicidó despuĆ©s de que lo humillaron pĆŗblicamente para ser perdonado por segunda vez de la excomunión.
Se hizo un grupo de amigos donde leĆan y estudiaban los textos religiosos. SabĆa holandĆ©s y espaƱol, portuguĆ©s y hebreo. Aprendió latĆn. Lo quisieron matar a la salida de un teatro. Lo delataron con su comunidad judĆa argumentando que estaba diciendo ideas no convenientes. DiscutĆa los milagros y la inmortalidad del alma. Le hicieron elĀ herem. Echado de su comunidad nunca mĆ”s iba a poder hablarse con los suyos. Fue maldecido y ninguneado. Estudio en una escuela clandestina a los mejores filósofos. Tuvo un gran maestro ignorante. Se enamoró de su hija, que despuĆ©s se casó con otro.
Asà como le pasaron las pasiones, las sintió, las estudió y las trabajó.
RepetĆa que la sexualidad, las riquezas y los reconocimientos buscados en sĆ mismos no convienen porque son propensos a monopolizar vĆa placer los pensamientos y las acciones.
AdemĆ”s del libre mercado, a esos PaĆses Bajos le pasó la peste, la guerra con Inglaterra y Francia, y el derrocamiento de un gobierno progresista en manos de un linchamiento brutal. Spinoza quiso salir a pudrirla pero no estaban dadas las condiciones para establecer una fuerza de resistencia. Se tuvo que calmar, callar, guardar, analizar, y escribir. Los que lo conocĆan de verdad se hacĆan sus amigos, y sino lo envidiaban, lo criticaban sin argumentos, le robaban las ideas, o le decĆan ateo como insulto. Desmontó la narrativa ficcional de los textos sagrados y los puso al alcance de todos. TenĆa que hablar y escribir encriptado. Tuvo que esconder lo que puede la Naturaleza Toda bajo el nombre de Dios. Un amigo lo salvó de la cĆ”rcel porque no lo delató. Tuvo que cancelar la publicación de su libro mĆ”s importante.
Le ofrecieron dar clases en la universidad pero lo rechazó por falta de garantĆas al libre pensamiento.
Se apasionaba de tal manera que se tuvo que imponer como lema recordatorio la palabra cautela.
Sufrió de tos toda la vida hasta morir joven a los 44 años.
