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  • Foto del escritorRevista Adynata

Actualidad del huevo y la gallina (Final) / Clarice Lispector

19 de julio


Los huevos estallan en la sartén, y sumergida en el sueño preparo el desayuno. Sin ningún sentido de la realidad, grito por los niños que salen de varias camas, arrastran sillas y comen, y el trabajo del día amanecido se inicia, gritado y reído y comido, clara y yema, alegría entre peleas, día que es nuestra sal y nosotros somos la sal del día, vivir es sumamente tolerable, vivir ocupa y distrae, vivir hace reir.


Y me hace sonreír en mi misterio. Mi misterio que es ser tan sólo un medio, y no un fin, haberme entregado a la más maliciosa de las libertades: no soy boba y aprovecho. Incluso, hago un mal a los otros que, francamente. El falso empleo que me dieron para disfrazar mi verdadera función, bien que aprovecho el falso empleo y hago de él mi verdadero, incluso el dinero que me dan como jornal para facilitar mi vida para que el huevo se haga, pues ese dinero lo vengo usando para otros fines y lo he cambiado en el mercado negro, desvío de partidas, últimamente compré acciones de Brahma y estoy rica. A todo eso lo llamo tener la necesaria modestia de vivir. Y también el tiempo que me dieron, y que nos dan sólo para que en el ocio honrado el huevo se haga en mí, pues estoy usando ese tiempo para placeres ilícitos y dolores ilícitos, por completo olvidada del huevo. Ésta es mi simplicidad de agente humano.


¿O es esto lo que ellos quieren que me suceda, exactamente para que el huevo se cumpla? ¿Es libertad o me están mandando? Pues vengo notando que todo lo que es error mío se aprovecha. Mi rebelión viene porque para ellos yo no soy nada, soy tan sólo preciosa: ellos me cuidan segundo a segundo, con la más completa falta de amor, soy tan sólo preciosa. Con el dinero que me dan, últimamente estoy tomando. ¿Abuso de confianza?


Pero es que nadie sabe cómo se siente por dentro aquel cuyo empleo consiste en fingir que está traicionando, y que termina creyendo en la propia traición. Cuyo empleo consiste en diariamente olvidar. Aquel de quien se exige la aparente deshonra. Ni mi espejo refleja ya un rostro que sea el mío. O soy un agente, o soy la propia traición. Pero duermo el sueño de los justos por saber que mi vida fútil no incomoda la marcha del gran tienipo. Por el contrarios parece que se exige de mí que yo sea exactamente fútil, se exige de mí incluso que yo duerma como un justo. Ellos me quieren ocupada y distraida, y no les importa cómo. Pues, con mi atención equivocada y mi y estupidez grave, podría perturbar lo que se está formando dentro de mí. Es que yo misma, yo propiamente dicha, sólo sirvo para hacer lío. Lo que me revela que tal vez yo sea un agente es la Idea de que mi destino me sobrepasa: por lo menos eso ellos tuvieron que dejarme adivinar, yo era de aquellos que perjudicarían el trabajo si no adivinaban por lo menos algo: me hicieron olvidar lo que me habían dejado adivinar, pero vagamente me quedó la noción de que mi destino me sobrepasa, y de que soy un instrumento del trabajo de ellos.


Pero de cualquier manera era sólo instrumento lo que yo podía ser, pues el trabajo no podía ser mío. Ya probé a establecerme por cuenta propia y no resultó bien; me quedó hasta ahora esta mano trémula. Si hubiera insistido un poco más, habría perdido para siempre la salud. Desde entonces, desde esa malograda experiencia, trato de razonar de este modo: que ya me fue concedido mucho, que ellos ya me concedieron todo lo que puede concederse; y que otros agentes, muy superiores a mí, también trabajaron sólo por lo que no sabían. Y con las mismas poquísimas instrucciones, y, como yo, siendo empleados públicos subalternos o no. Ya me fue dado mucho; esto: una u otra vez, con el corazón latiendo por el privilegio, yo por lo menos sé que no estoy reconociendo! con el corazón latien-do de emoción, yo por lo menos ¡no comprendo! con el corazón latiendo de confianza, yo por lo menos no sé.


Pero ¿y el huevo? Éste es exactamente uno de los subterfugios de ellos: mientras yo hablaba sobre el huevo, me había olvidado del huevo. "Habla, habla", me instruyeron. Y el huevo queda por completo protegido por tantas palabras. Habla mucho es una de las instrucciones, y estoy tan cansada.


Por devoción al huevo, lo olvidé. Mi necesario olvido. Mi interesado olvido. Pues el huevo es esquivo. Ante mi adoración posesiva él podría retraerse y no volver nunca más, lo cual me mataría de dolor. Pero si él fuera olvidado, si yo hiciera el sacrificio de vivir libre, delicado, sin mensaje alguno para mí -tal vez todavía él se mueva del espacio hasta la ventana que siempre dejé abierta. Y tal vez a la madrugada baje a nuestro edificio el huevo. Sereno hasta la cocina. Iluminándola con mi palidez.



Guy du Toit Liebre leyendo 2024 Escultura en Bronce 161×61×83cm

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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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