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Adynata Agosto / NK

  • Foto del escritor: Revista Adynata
    Revista Adynata
  • 2 ago
  • 2 min de lectura

Hay una edad en la que todavía desconocemos el nombre de las palabras, también el de las letras.


Hay una edad en la que todavía no sabemos hacer del aire palabra. No solo porque la lengua no nos ha aprendido a nosotros, sino porque aún no aceptamos del todo sus reglas. Una edad en la que las palabras cambian de lugar, los objetos reciben nombres inesperados, la boca experimenta antes de obedecer y una falta de ortografía y abrir un mundo.


En los textos que se presentan en Adynata este mes, quizás esa edad no sea un momento biográfico. Quizás sea una posición política.


Este número reúne una serie de textos que, desde lugares muy distintos, vuelven una y otra vez sobre esa potencia. Monique Wittig recuerda que los recuerdos no se conservan: se fabrican. Que el movimiento no consiste en recordar sino en crear esos recuerdos, hacerlos opoponax. George Bataille devuelve a la boca toda su potencia animal donde el grito es el primer elemento para que el lenguaje se haga presente. María Elena Walsh defiende a la Ñ como se protege a cualquier niñez de volverse una normalidad. Un manifiesto convoca a les niñes malablades a tomar los medios de producción de la significación. Los poemas reunidos en este número hacen del diente de leche, de la pérdida, del verbo materno y del juego escenas donde la lengua todavía no terminó de endurecerse…e insiste en ser un músculo blando e hipersensible incapaz de dejar de meterse en esos huecos que cualquier desearía tapar y luego blanquear.

Imposible que la escritura no quede también teñidas por los vendavales mundialistas y los gritos de gol que a veces llevan a una afonía colectiva.


Vivimos un tiempo que intenta administrar el lenguaje hasta volverlo previsible. Corregir palabras antes de escuchar lo que su balbuceo podría decir o inventar.


En los textos que presentamos este mes volver a la infancia no significa regresar a un paraíso perdido. Significa recuperar el juego con la lengua. Una lengua que no está interesada en representar fielmente la realidad, sino producir otras.


Tal vez escribir consista precisamente en eso: conservar un poco de esos dientes de leche aun cuando ya hayan caído. Mantener abierta una forma de hablar que no termine de aceptar que el mundo está definitivamente dicho.


Si este número tiene un hilo común, quizás sea ese. No celebrar la infancia, sino dejarse interrumpir por ella. Permitir que vuelva a desordenar la sintaxis, los nombres, las certezas y los modos en que aprendimos a entender la realidad. Porque, a veces, la forma más radical de reencantar el mundo consiste simplemente en volver a jugar.


v. Nicolás Koralsky (2025) Serie Frágil
v. Nicolás Koralsky (2025) Serie Frágil

Comentarios


Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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