Adynata Mayo / VPS
- Revista Adynata

- 4 may.
- 5 Min. de lectura
No hay texto de Adynata Mayo en el que no irrumpan preguntas.
Casi siempre Adynata queda "irrumpida" por ellas, navega entre ellas, respira y se ahoga en ellas. Algunas se despiertan de madrugada en alguna callecita de Madrid o de El Raval o de Caballito, otras nacen salpicadas por la bruma del mar, otras refunfuñan entre los ruidos de colectivos y se empañan por tanto smog. Algunas estallan entre las paredes de una librería en Montevideo y sueltan:
¿Cómo podemos hablar de una aparición sino desde el punto de vista temporal de su fragilidad, de Ia oscuridad en Ia que vuelve a sumergirse?
¿Cómo hablar de esa fragilidad sino desde el punto de vista de una tenacidad más sutil, Ia que surge de Ia posesión, de Ia aparición, de Ia supervivencia?
¿Qué condiciones hacen falta para darse al pensar? ¿Cómo estamos viviendo? ¿Qué sabemos acerca de la vida que estamos viviendo? ¿Qué nos está pasando?
¿Qué se hace ante la hondura sin fondo? ¿Cómo se hace para vivir sin preguntas, sin incertidumbres, con certezas, con sentidos preconcebidos? ¿Cómo inventamos otros modos de estar?
¿El mundo necesita que se lo salve en las aulas? ¿O solicita que se lo piense para interrogar las razones del daño?
¿Se sale ileso en el darse a la lectura?
¿Qué le hace la vida a la clínica y que le hace la clínica a la vida?
¿Quién dice que en la deformidad no hay belleza? ¿de dónde parten las bellezas? ¿de las soberbias y virtudes o de nuestras cicatrices, flaccideces y ternuras?
¿Qué condiciones hacen falta para darse al pensar?
Y reverberan: ¿llegaré con el libro leído para el viernes?
No sabemos cómo quedaron las paredes de esa librería, ya acostumbrada a los asaltos que provocan los libros y sus presentaciones.
Sabemos que en ese formato llamado entrevista, las preguntas, mandan: ¿cómo juzgarlo superado si no lo hemos comprendido del todo? ¿Qué es lo que no anda en el hombre actualmente? ¿Qué es lo que empuja a la gente a analizarse? ¿Cuáles son las características del lacanismo? ¿Hay posibilidad de curación? ¿Se sale de la neurosis? ¿Podría enunciar el mismo concepto de una manera menos lacaniana? ¿qué relación hay entre la ciencia y el psicoanálisis? ¿Hay una reviviscencia de la religión, no? ¿Y qué mayor monstruo voraz que la religión? ¿son siempre de esta naturaleza o existen angustias ligadas a ciertas condiciones sociales, a ciertas etapas históricas, a ciertas latitudes? ¿qué es la angustia para el psicoanálisis?
Y empujando como haciéndose lugar, también reflexionan: ¿Qué sería el placer sin la intermediación de la palabra? ¿Y si finalmente –digo- es demasiado tarde? ¿Y si todo saltara? ¿Y si las bacterias cultivadas tan amorosamente en los blancos laboratorios se trasformasen en enemigos mortales? ¿Y si el mundo fuera barrido por una horda de esas bacterias, con toda la estupidez que lo habita, comenzando por los científicos de los laboratorios? ¿quién es? ¿Yo, usted, mi conserje, el presidente de la república?
¿Qué sabemos nosotros de lo que pasaba en otras épocas, de los dramas de otros investigadores?
Desde la potencia de una práctica del psicoanálisis y el amor por las correspondencia, una pregunta inquietante se abre paso: ¿es posible con una niña emprender un análisis en profundidad?
Y, sin querer, queda cerquita por otras preguntas desde las alertas que atacan a las juventudes argentinas por estos días: ¿jóvenes acompañadxs? ¿quiénes amenazan de y desde tiroteos? ¿Jóvenes amenazan?
La pregunta ¿Qué vidas llevamos con la vida que llevamos? titula un texto done también se lee ¿Qué deseamos cuidar con la vida, que sea inapropiable, inasimilable, irreductible a la vida que llevamos?
Más y más preguntas caen desde El péndulo de la locura:
¿Una cantidad moderada expresa algo? ¿Qué orientación terapéutica tenes?´ ¿Una clínica para normalizar la locura, o para alojarla? ¿Qué es más digno para el espíritu, sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna, o tomar armas contra un océano de calamidades y, haciéndoles frente, acabarlas?
¿Una clínica para normalizar la locura, o para alojarla?
¿Puede? ¿Es su tarea? ¿Cómo? ¿El arte tiene que ser político? ¿El arte por el arte? ¿Arte terapia: una especie de entretenimiento para los pacientes sin cuestionar el orden social, económico, y moral?
Y entre "Ladrillos, viviendas, alquileres, desiertos" preguntas se infiltran como la humedad y las revueltas:
¿Cómo narrarlo? ¿Campos de concentración? ¿Bombardeos masivos tele-comandados? ¿Guerra bacteriológica o nuclear? ¿Acaso Usted piensa que será harina de otro costal?
¿Se podría sumar a la “lad culture” a quienes forman parte de los conglomerados que especulan con el precio del ladrillo?
¿Es una institución bélica? ¿Un arma de guerra? ¿Una organización subversiva?
¿De dónde viene la madera de los cubos? ¿Dónde está ese bosque? ¿Qué raíces quedaron expuestas? ¿Qué suelo fue removido?
¿Diseño de interiores o diseño de la economía liberal?
¿Se puede invertir la lógica de invertir en vivienda? ¿Cómo sería ese giro? ¿De ser un activo a ser un campamento de refugiadxs? ¿De renta a una ocupa?
¿Qué está en el programa?
Didí Huberman, prologando a Farocki, nos recuerda la necesidad de volver a pasar por algunas preguntas:
¿Cómo podemos mostrarles al napalm en acción? ¿Y cómo podemos mostrarles el daño causado por el napalm?
¿Qué responsabilidad podrían asumir respecto de las explicaciones sobre su uso? ¿cómo impartir conocimiento en alguien que se niega a conocer?
¿Cómo abrir los ojos? ¿Cómo desarmar las defensas, las protecciones, los estereotipos, la mala voluntad, las políticas de avestruz de quien no quiere saber?
¿No ven que estamos muriendo quemados, envueltos en llamas?
¿Por qué “la tierra enteramente ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad”? ¿Por qué ese “saber, que es poder, no conoce límites, ni en la esclavización de las criaturas ni en la condescendencia para con los señores del mundo”?
¿Podría ser, entonces, que la imagen estuviera complotada con la violencia sencillamente por-que es un objeto inseparablemente técnico, histórico y legal?
El maravilloso poema de César Vallejo enseña acerca del lugar que las preguntas pueden ocupar.
Desde Un futuro de silicio, Marcelo también se desata en preguntas:
¿Cómo te nombro?
¿Podría ocurrir que llegue un día en que se olvide que vivir supone conflictividad, discrepancia, incomprensión? ¿En que se olvide que la existencia no transcurre como una lisura sin un no?
¿Volver a decir que las máquinas no tienen corazón? ¿Cómo se pensó alguna vez de la fotografía o del cine? ¿O acusarnos de refugiarnos en un desierto de bits por temor a nuestros corazones?
¿Optamos por la escenificación de eróticas sin sonrojos, sin torpezas, sin pudores? ¿Por encuentros de vulnerabilidades protegidas?
¿Hice algo que te lastimó?
Y, nuevamente, Vicente responde:
¡Que la palabra detenga la pesadilla!




Comentarios