• Revista Adynata

Agosto Adynata / VPS



“Canción cántaro, lleva tu tristeza Y la duerme entre la hierba

Cántaro Canción artesanal, Canción fuente, canción herramienta

(…)

Canción cántaro, se llena Canción cántaro, se vacía”

Palo Pandolfo


¿Cuántos nombres puede asumir la clínica? ¿Al servicio de cuántas adjetivaciones queda?

Clínicas adjetiva una serie proliferante de sustancias, muchas de ellas se escuchan en plural, algunas otras piden lo individual. La más de las veces, esa palabra sustantiva queda en torno a prácticas, tareas, labores, preguntas, historias, escuchas, consecuencias, relación, acciones, encuentros, narraciones, ocurrencias, trabajo, experiencias, estrategias, psiquiatría, psicopedagogía, comunidades, diálogos, viñetas, clasificaciones, razón, circunstancias, visitas, dimensión, situación, novela, teoría, distinciones, diagnósticos, habla, consulta, conversaciones, posiciones, escrituras, agudezas, cualidad, voluntades, sesión, proposición, discusiones, convergencia, reuniones, urgencias, lecturas, argumentaciones. A veces se acerca a deliberaciones, curadurías, hospitalidad, sensibilidades, inquietudes, moradas, ficciones, invención, astucias…


Luchas ya añejas, las de la antipsiquiatría, aquellas contra las instituciones totales, las de los movimientos por la desmanicomialización que saben y denuncian que encierro y prácticas represivas siguen vivas.

Luchas que inscriben otras formas paridas de las urgencias, de esas que impone el dolor, de esas que impone la desazón ante el éxito del fracaso institucional.


El deporte olímpico de levantar juicio opinativo mediático y de redes funciona como una maquinaria de producción de desmerecimientos arrogantes que parlotean, patotean y fijan verdades por fuera. Verdades antisituacionales y abstractas que buscan la repetición serial del caso, negando el acaecer de lo vivo.

Habladurías de derechas, de izquierdas, que no terminan de embarrarse los zapatos relucientes de afirmaciones diagnósticas. Habladurías tantas veces de progres y anárquicxs que se calzan los borcegos acordonados con revoleos de sospechas y “éticas” con gorra, que no logran tocar transformaciones posibles sino que perpetúan el mandoneo de lo ya conocido.


Clínicas, intentos de alojar lo inalojable. Nunca a balazos.


Clínicas, intentos de ensayar otros modos, entre temblores que abrazan garrafas.


Clínicas, críticas a la rigidización serial del progresismo endurecido.

Lo progresista endurecido y sabiondo cual patriarca, hace al progreso en reversa. Reverso represivo, elecrtoshock y picana, muchas veces, desde la literalidad de sus acciones. Muchas otras, como fábrica espectacular de producción masiva de imaginarios que lastiman.


Clínicas que, en un mundo inmundo que sabe del daño, insisten, intentan, ensayan más allá y más acá de las universidades, los manicomios, las políticas públicas, la psiquiatría, las leyes, los massmedia.


¿Cuántos nombres puede asumir la clínica?


Clínica de la desmanicomialización.

Clínica menor.

Clínica del impoder.

Clínicas plebeyas, insurgentes, cimarronas.

Clínicas de afirmaciones rotas.

Clínicas sublevadas contra los diagnósticos.

Clínicas interferidas.

Clínicas después de los manicomios.

Clínicas sabias en mudanzas.

Clínicas alojadoras de demasías.

Clínica de los despojos.

Clínica de la cornisa.

Clínica arácnida.

Clínica del cada vez.

Clínica de las derivas.

Clínica de los acasos.

Clínica de estados inconclusos.

Clínica de “arrojar la escalera después de haber subido por ella".


Clínicas con amabilidad animal ofrecen, entre balbuceos, la construcción / invención de acciones ante situaciones conmocionadas por eso que desborda los nombres.


V. Nicolás Koralsky 2021 sin título


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