Caligrafía nómade XXXVII / Patricia Mercado
- Revista Adynata

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El ventilador la mira sin inmutarse. Tirada en el suelo, como un charco que respira.
Toda: menos la cara.
La cara no descansa nunca de su monólogo. Cuando duerme también.
Como si alguien la mirara. Siempre. Como si el ventilador nunca se apagara.
Otra vez la historia de las azucenas y el vendedor de la calle.
Otra vez el detalle del pétalo caído.
Otra vez frunce el labio inferior para hacer una pausa.
La cara se le arruga mientras pasan los días como una fila de hormigas sonámbulas.
Bajo las arrugas el gesto insiste en su relato.
Después del diluvio, los arqueólogos van a exhumar el fósil de esa cara y escucharán la misma historia por primera vez.




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