top of page
  • Foto del escritorRevista Adynata

Devenires y consumos / Fernando Stivala


«No se puede jugar a medias. Si se juega, se juega a fondo. Para jugar bien hay que apasionarse, para apasionarse hay que salir del mundo de lo concreto. Salir del mundo de lo concreto es introducirse en el mundo de la locura. Del mundo de la locura hay que aprender a entrar y salir. Sin introducirse en la locura no hay creatividad. Sin creatividad uno se burocratiza, se vuelve humano concreto. Repite palabras de otro.»

Tato Pavlosky

 

¿El humano con su deseo tiende a conservarse o a mutar?

Me interesa que podamos pensar los consumos con los conceptos que Deleuze y Guattari ofrecen en el libro Mil Mesetas publicado en Francia en 1980.

Pensar en funcionamientos, más allá del bien y del mal.

El nietzscheismo de Deleuze y Guattari. La radical sustitución de la moral por el pespectivisimo. No hay mirada mala o buena. Hay exposición de las perspectivas en juego, y una exigencia de re combinarlas en función de un problema singular.

Sabernos en constante situación de consumo. Pensar los consumos no como una población específica, tampoco como una adicción ni una patología. Intentar entender los funcionamientos de los cuerpos.

¿Qué potencia, qué intensifica, qué transforma?

Consumimos muchas veces para anestesiarnos, consumimos muchas veces para intensificarnos. Consumimos para sentir, y para negar.

La droga es eficaz. Está intentando seguir una línea de fuga, pero a la vez lo que abre se cierra de una manera más dura. Entonces la propuesta es aprender de quien busca intensidades, incluso las mortíferas. Ni condena a esas situaciones, ni respaldo.

Tenemos que pensar los consumos. ¿Cómo funcionan, cómo combinan, cómo coexisten y se mezclan con las emociones? Saberse una multiplicidad emocional afectada y contagiada por diversos consumos.

 

¿Y el devenir?

Está en el medio de todo esto. En el medio, como una de las mesetas del libro.

Si el deseo en Spinoza está definido como conservación de ser. Y el devenir en Deleuze y Guattari es la forma de transformación. ¿Se oponen deseo y devenir? ¿Uno conserva y otro transforma?

El Deleuze spinozista muestra que un afecto es siempre una modificación del sujeto que aumenta o disminuye su potencia de obrar. Ese sujeto intentando conservar su ser se modifica.

El devenir tiene un rasgo de transformación, no de constatación.

Entonces el deseo en el intento de conservarme me transforma.

´Uno no se adapta a un modelo, sino que monta un caballo´ se lee en Mil Mesetas.

Si el devenir es la siempre transformación, si el devenir vive fugando de lo que ya somos. Hay una relación muy cercana entre devenires y consumos.

¿Hasta dónde? ¿Para qué? ¿Y si me paso? ¿Y si me acostumbro? ¿Cómo salgo? ¿Lo tengo controlado? ¿Es un sacrificio o puro placer?

¿No será que me estoy matando de a poquito? 

Ahí donde la identidad le da constitución a los sujetos: existir, conectarse, tener intercambios en un mundo amenazante; en otro sentido ahoga y no permite comprender los movimientos efectivos de lo viviente. Por eso se trata de pensar al mismo tiempo en los dos planos. No conviene pensarlo en uno bueno y otro malo. No se pueden oponer tan sencillamente, coexisten.

Por eso se puede entender qué molesta de la identidad, y porque el ser del devenir no puede ser reglado.

 

Hay múltiples comentarios de Deleuze y Guattari sobre consumos. En 1972 (época conocida por hacer uso de sustancias prohibidas de una manera más libre y relajada) cuando publican el AntiEdipo hay un periodista que les pregunta si no están mandando a la gente a drogarse y volverse loca. Ellos le van a responder algo así: no hay que ser policía ni padre de nadie, y que el límite es hacerse mierda.

¿Cómo se sabe ese límite?

En la última entrevista que da Deleuze va a hablar de la sabiduría del tomador, que siempre está en el borde de la anteúltima copa. Porque si llega a la última no es más tomador, cambia su situación, se convierte en hospitalizado.

En muchas ocasiones Deleuze va a ponderar la sabiduría de cada cuerpo por sobre saberes externos o psicohigiénicos. Nadie tiene derecho a decirle a otro cómo tiene que vivir, por la simple razón de que nadie sabe mejor sobre su cuerpo que sí mismo.

En alguna oportunidad Deleuze como gran bebedor, va a decir que hay que intentar sentir la intensidad del alcohol tomando un vaso de agua.

Y en el capítulo de los devenires en Mil Mesetas Deleuze y Guattari le van a dedicar varios párrafos al tema de los consumos, las drogas, y las adicciones.

Quieren pensar la figura de los que ya no se drogan pero no como el falso héroe arrepentido que da testimonio de su sacrificio logrado.

Los que ya no se drogan son los que sí se han drogado, los que sí están del lado de los precursores y buscan, siguen buscando. No sucumbieron al falso heroísmo ni a las paranoias del adicto. Los que han empezado pero no han continuado. Buscan en la droga el plan de consistencia, y lo rectifican. En lugar de seguir a la droga, siguen de ella lo que tiene de sugerente en el plan de inmanencia. La droga como comienzo, y luego desvío.

Desviarse en el medio. En esa bifurcación puede aparecer el devenir.

Llegar a emborracharse pero con agua. Empezar con alcohol y luego seguir con agua. Que el efecto buscado ya no dependa de la sustancia. Se lo conoce por la sustancia pero evitar que eso sucumba en la dependencia.

Tomar y abstenerse. Dejar de beber porque las mismas intensidades las empecé a conquistar por otros medios. 

La aventura-problema de cómo seguir una línea de fuga.

Un uso de la droga que sirve para invitar a otros a descubrir de manera no adicta una nueva relación con el espacio y con el tiempo.

La antigua filosofía griega está escrita por consumo de sustancias. El efecto al que llegaban con ese consumo lo podemos aprovechar nosotros.

Meterse en el proceso y prescindir de la sustancia. Continuar una empresa por el medio. Cambiar sus medios. Necesidad de elogiar la buena molécula de agua. Aquel que se mete en el proceso está a cargo de entender el buen punto, la buena sustitución.

Una sabiduría inmanente.

Intensificar una transformación en curso con prudencia.

Necesitamos esta distinción. Necesitamos saber la potencia de los consumos que transforman.  Necesitamos saber volver de sustancias intensas y situaciones límites para poder enriquecer a la vida de visiones y sentidos hasta el momento desconocidos.

Deleuze y Guattari, en el último libro que publican juntos ¿Qué es la filosofía?, 11 años después de Mil Mesetas, también van a decir que el artista es el que se anima a ir a ese caos de intensidad para volver de ahí con los ojos rojos.

¿Sufrimiento, placer?

¿Arte, nuevas visiones, coqueteo con la locura?



@juannitattt

 

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

bottom of page