• Revista Adynata

Febrero Adynata **

Lo que queda del verano asoma a un ritmo que promete murgas coloridas y ruidosas, trajeadas y embanderadas en tablados y corsos llenos de nieve y lentejuelas que, como otros febreros, se pondrán de pie y saltarán, a pesar de todo.


Hay quienes aún saborean licuados y helados con gustito a privilegio de vacaciones.


Por este continente, el clima nos sacude con las últimas ráfagas húmedas y calurosas; grises y con los primeros fríos, por aquellos otros donde en algunas ciudades de algunos países, quizás como imágenes de un futuro que vendrá, estallan no sólo contra más muertes y nuevos encierros sino también por la vida nuevas manifestaciones multitudinarias -que no asoman a muchas pantallas-.


El 2021, que ya pinta difícil, se despereza y se sacude sabiendo y no sabiendo lo que traen los 28 días por venir.


Sabiendo que nos obligarán a apabullarnos con una agenda mediática que suele llenarse de discusiones: sobre el inicio de las clases (y no sobre ciertos registros de clase), sobre las paritarias y sus porcentajes (y no sobre una renta básica universal), sobre peleas y amoríos auspiciados por Don Valentín (y no sobre el desafío de ir viendo cómo vivir sin dañar -o dañando lo menos posible- la vida en todas y cada una de sus formas). Quizás se trate de vivir, por lo pronto, unos carnavales dionisíacos con glitter y encuentros que habiliten una mescolanza stravaganza postpsicodélica y apocalítica, más al estilo de la banda del club de los corazones solitarios del Sgt. Pepper que de la compostura (y descompostura) de corazones angelicales, flechados, con candados, desconfiados y llenos de miedo.


V. Nicolás Koralsky, sin título, 2021

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