• Revista Adynata

Filoctetes en las escuelas. Insolencias también / Verónica Scardamaglia

1. Escribe Marcelo Percia: “Vidas encerradas en las calles y vidas encerradas en manicomios portan rarezas que molestan. Exponen desamparos que aterrorizan. Normalidades apartan esas visiones del dolor.”

¿Qué rarezas podemos situar en territorios escolarizados? ¿qué significa que un territorio esté escolarizado?

Lo escolarizado funciona, desde que surgió ese invento llamado escuela, al servicio de la normalización.

Escuela se dice de muchas maneras: dispositivo nacionalizador, aparato ideológico de Estado, espacio de socialización secundaria, comunidad de aprendizajes, reproducción de desigualdad y dominación con uso de violencia simbólica en la distribución de los capitales culturales.

Lo escolarizado, se diga cómo se diga, funciona repitiendo esquemas cuadriculados de espacios y tiempos. Ya reales, ya virtuales. Funciona segmentando y homogeneizando. Parecidxs con parecidxs, entre períodos “innovadores” de discusiones acerca de la heterogeneidad en las aulas. Pero parecidxs con parecidxs, insiste y gana. Y Cronos marca siempre su pulso devorador.

Lo escolarizado, como las vidrieras de modas, hace volver discusiones acerca de centrar lo pedagógico en estudiantes o en docentes o en saberes. Triángulo que pocas veces triangula y que pervive garantizando la desaparición de alguno de sus ingredientes. Aún con pandemia mundial.

Lo escolarizado ya sabe de antemano qué funciona como normal y qué como rareza.

Esto está definido desde el 1900, y no caduca.


2. ¿Cuántos Filoctetes[1] recorren las aulas? ¿Cuántos, aún dentro de ellas, viven expulsados?


3. “Consideré el espacio que ocupa el olor a muerte”.

En el año 2011, el artista Carlos Herrera –nacido en 1976- presentó en la 8va edición de ArteBa una escultura de piso, "Autorretrato sobre mi muerte", que consistía en una bolsa algo transparente que contenía un conjunto de ropa doblada y un par de zapatillas del artista. Dentro de ellas unos calamares que a lo largo de los días que duraba la exposición, fue largando un olor a putrefacción que invadió ese espacio del arte consagrado y selecto emplazado en la Sociedad Rural. Los calamares fueron especialmente elegidos luego de una indagación dada su similitud con el olor a cementerio. Dice Herrera: “Hay un par de zapatillas que usé hasta último momento, una remera que compré para mi cumpleaños, y un par de medias que quiero mucho. Esos elementos son, de algún modo, mi ofrenda, lo que queda de mí, lo que dejo de mí en esa bolsa. Pero la obra también abre otras lecturas posibles que tienen que ver con la posibilidad de no sólo estar bien muerto acá, en la feria, y luego transformarme en basura. Ese es un poco el slogan que apoya mi autorretrato…, estar seis días muerto en la feria y luego, ser basura. Además de esa situación, también tengo en cuenta el espacio que puede ocupar el olor a muerte, los metros cuadrados.”

Como todo gesto que rompe la serie, esta especie de ready made generó una gama de reacciones. Obviamente la tildaron de pro-vo-ca-ti-va. Ganó los $50.000 del premio Petrobrás en aquella ocasión, "Elegimos esta obra por su verdad y autenticidad muy profunda", subrayó el jurado.


4. Podríamos caer en la tentación psi y cometer un atentado contra Herrera y contra una obra de arte, producir un reduccionismo familiarista ante un hecho ineludible: Herrera es hijo de floricultorxs. Pero también podríamos pensar un mundo hecho de los olores y una sensibilidad capaz de delicados gestos mínimos hacia ellos.

En ocasión de la reapertura de la galería Ruth Benzacar en octubre del 2020, con la muestra Deshuesado -“la arqueología emotiva de aquello que aun no tiene forma”- dice Herrera en un reportaje “Mis viejos producían flores; tenían un campo y las vendían en el mercado. Todas las madrugadas mi viejo iba a vender flores al mercado, ese era el trabajo básico, pero como también vendía en muchas florerías yo en los veranos trabajaba en esas florerías en el turno noche, de 22 a 6 de la mañana. Generalmente las florerías están ubicadas frente a casas de maternidad o casas velatorias, así que a mitad de la noche solés recibir dos mundos: alguien que está buscando flores para un recién nacido y alguien que está buscando una corona para un recién fallecido. Eso estaba muy presente y en mi casa y estuvo siempre muy naturalizado: las flores y la muerte, las flores y las alegrías. Es como una materialidad y una espiritualidad que tienen las flores y el campo, que para mí es la vida misma.”. Un mundo organizado por las flores. Un mundo en el que los olores ocupan mucho espacio.


5. En el año 2004 Colectivo Situaciones publica el texto “Un elefante en la escuela”, una conversación en una escuela en la que se produce la coincidencia de haber proyectado Elephant (2003) la película de Gus Van Sant, apenas un día antes de lo sucedido en Carmen de Patagones el 28 de septiembre de aquel año.

Gus Van Sant, definido como “poeta de los inadaptados” por algún crítico yanki, nos hace ver desde casi todos lxs protagonistas la masacre sucedida en Columbine el 20 de abril de 1999. El cotidiano de un día en una escuela norteamericana de fines de los 90, se reinicia varias veces. Recorremos aulas y pasillos, vemos lo que se vio y lo que no se vio. Escuchamos los gritos y los disparos, a reporteros y docentes, pareciera que estamos ahí.

Van Sant relata que no le interesaba “ni analizar ni buscar respuestas sobre aquella sangrienta tragedia sino hacer aún mayor el interrogante”. Trabaja con jóvenes actores no profesionales. Dice "Tan pronto como explicás una cosa, hay otras cinco posibilidades que echan abajo el argumento (…) Pero, sobre todo está el hecho de querer encontrar una explicación para algo que necesariamente no la tiene".

Recuerdo que para poder ver la película le pregunté a un amigo si se veían a lxs jóvenes asesinadxs.

6. En 1er año, para trabajar descentrando el tema violencia, uno de los top five en los pedidos del menú de preocupaciones pedagógicas, construí la serie (o secuencia pedagógica en dialecto didáctico) Puntos de vista. En ella utilizo la parábola budista de los ciegos y el elefante, muchas de las increíbles imágenes de Escher -aunque para lxs chicxs, las escaleras sean de Harry Potter-, muchas de Salvador Dalí y algunas de la Gestalt acompañadas de la cita con punch de Bordieu “los puntos de vista son distintas vistas del mismo punto”.

Además de proyectarlas, llevo dos libros de Dalí y muchas de las imágenes impresas. En esas clases, casi como revancha, la que provoca simultaneidad de registros soy yo.

Nos divertimos jugando a adivinar qué ven ante las imágenes, bajo la advertencia que nada de lo que digan merecerá ni aplazo ni diagnóstico.

Algunas vez, ante "50 cuadros abstractos que a dos metros se convierten en tres Lenines disfrazados de chino y a seis metros forman la cabeza de un tigre real", un estudiante gritó extasiado “¡Está para un tatuaje, profe!”.

Pocas veces identifican a Lincoln en la obra “Gala desnuda mirando el mar que a 18 metros aparece el presidente Lincoln”, alguna vez creyeron que era San Martín y, alguna otra, algún profe barbudo que conocían de la escuela.

Los dibujos de Escher producen un silencio alucinante.

Suelo aprovechar esas clases para hacer “infiltración cultural” y año tras año, división tras división disfruto de la sorpresa y emoción que estas imágenes producen.

7. Gus Van Sant toma el título de su película de una producida por la BBC en 1989 sobre la violencia en Irlanda del Norte que, creyó, se refería a la parábola budista hasta que se enteró por un reportaje al director Alan Clarke que el título responde a un dicho popular elephant in the room en referencia a la naturalización que funciona tantas veces ante eso que puede ignorarse tanto como el hecho de tener un elefante en una habitación.


8. Al otro día de la tragedia de Carmen de Patagones piden una intervención institucional en un colegio público de Almagro en el que acababa de ingresar con un pase desde otro colegio, un estudiante con estética punk. Alarmadxs por la tele, lxs estudiantes habían hablado con sus familias y las familias habían pedido a las autoridades de la escuela que intervinieran en el asunto. Temiendo que se repita la tragedia, indican al preceptor que revise la mochila del estudiante y dice encontrar cosas sospechosas.

9. A fines de setiembre del 2004 circuló por mail “Desde el Ojo de la Tormenta”, fragmentos de lo conversado en una jornada de reflexión en la Universidad Nacional de Comahue entre estudiantes de la universidad, estudiantes de educación media, docentes y allegadxs, organizada a pocos días de la tragedia de Carmen de Patagones. Allí advertían “Sin ánimos de marcar otra efeméride, sino apelar a la memoria, a ese estado activo de nuestra condición humana, que como un músculo debe ejercitarse día tras día. Acompañamos a las familias de todos los implicados, en el dolor indescriptible”. Esto ayudó a deslizarse apenas un poco de la operatoria mediática que taladra y taladra reforzando el malestar y el daño cada vez que una tragedia acontece. Leemos “Latinoamérica es un continente cuya identidad se definió por la violencia. Argentina no es ajena a dicho proceso de formación identitaria, y la Patagonia tampoco. Desde la colonización hasta estos días, estamos rodeados por la violencia en todas sus manifestaciones: verbal, física, simbólica, etc. Cada uno de nosotros vive agobiado por una realidad creada, que intenta ocultar un trasfondo adverso. Esto tiene como consecuencia: la naturalización de los hechos violentos, la exacerbación del individualismo, reconocido por todos en el lamentable slogan: “no te metás”, y que llega a nosotros intacto y vigente desde la década del ’70, el golpe más trágico que conocimos.”

Utilizamos fragmentos de ese mail para trabajar con las familias de la escuela de Almagro y logramos evitar que el equipo de conducción encontrara alguna manera encubierta de expulsar al estudiante.

Meses más tarde, nos enteramos que el estudiante pidió el pase a otra escuela por no soportar el clima de hostilidad de la institución.

10. Escribe Marcelo Percia “Habitamos ciudades con mundos que no se tocan que, por momentos, se huelen o se oyen en azarosos y extraños infinitos. (…) Pero, si no hay vínculo, ¿qué hay? Hay nada o indiferencia. Hay miradas momentáneas y efímeras. Hay constataciones posicionales sin nombres ni historias. Hay leyendas barriales. Hay miedos, rechazos, odios difusos. Hay inclinaciones curiosas sin cercanías. Hay distancias prevenidas. Hay afectividad simulada o solidaridad gesticulada.

En pocas ocasiones hay hospitalidad, muchas veces hostilidad, casi siempre impasibilidad.

Pero lo que interesa en estos paralelos no reside en que no se tocan, sino en que ambas líneas se mantienen vigilantes una de la otra.”

11. Una mañana de noviembre de 2010, entre bancos, sillas y banderines, el grupo de teatro del Frente de Artistas del Borda presentó la obra Reinsertón en el playón de una escuela rodeada de parque. Entre el vértigo de las urgencias escolares que siempre intentan capturarnos, el armado del espacio y del sonido. Una mamá, un llamado, dificultades en un curso. El cable que no funciona, las escobas para limpiar la explanada, la cámara que se apaga, una alumna que llora. Y lxs artistas llegando. Luego del recreo, el desafío de organizar a toda la escuela para hacer de todos aquellos cuerpos, un anfiteatro. Artistas y jóvenes componiendo una melodía que nos deslizó suavemente hamacándonos en los vaivenes emocionales de la obra. Estallidos de risas francas ante las ocurrencias del guión, miradas ensombrecidas ante la crudeza del relato sobre la ciudad y la exclusión, aplausos sorpresivos y pedidos de autógrafos.

Desde aquella vez, pienso que excesos de sensibilidad ocupan manicomios y escuelas, y cada vez que esos espacios se cruzan, conmueve la complicidad amorosa que allí se desata.


12. El Indio Solari daba pocos reportajes y cuando lo hacía, el rumor corría de boca en boca. Se decía que aquel viernes de mitad de los 90, alrededor de las 20 hs iba a estar en la radio con Pergolini. Por aquellos años en las secundarias nocturnas abundaban lxs ricoterxs de ley entre estudiantes y entre docentes.

Aquella noche un radiograbador ocupaba el escritorio, en el libro de temas podía leerse: “Análisis del reportaje a Carlos ‘el Indio’ Solari”. La atención invadió el aula. La moral docente acechaba y el ímpetu explicador intentaba establecer relaciones entre lo que escuchábamos y la materia. Un estudiante, intervino respetuosamente diciendo: Profe, ¿se puede callar? está interrumpiendo al Indio.


[1] La referencia a Filoctetes responde por un lado a la tragedia griega (existen diferentes versiones), por otro al Proyecto Filoctetes llevado adelante por Emilio García Wehbi y por otro al ensayo "Entrar en una conversación (derivas estéticas de una clínica)" Marcelo Percia.



Autorretrato sobre mi muerte (2009) Escultura de piso: bolsa de nylon, medias, camiseta, zapatos, calamares en descomposición. 30 cm x 40 cm x 10 cm


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