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Había una vez un árbol / Verónica Scardamaglia

  • Foto del escritor: Revista Adynata
    Revista Adynata
  • hace 2 horas
  • 1 Min. de lectura

Así vivimos convencidos de que si día tras día realizamos la ceremonia de la vida, el mundo no desaparecerá.

Marcelo Percia


Había una vez un árbol.

Un eucalipto.

Él cobijó durante años a jóvenes que iban y venían: de la escuela a casa, de casa al parque, del parque a la escuela y así.

Aquel árbol casa cobijo, un día de febrero, justito antes de ese azote mundial llamado pandemia COVID 19, fue arrasado por unos funcionarios que poco saben de árboles y de jóvenes. Cortaron su espesor, su corteza, sus ramas. Quizás para evitar algún derrumbe, algún punto de encuentro, seguro por desinterés y obediencia.


Meses después, ya durante el encierro, el 2 de julio moría Nahuel. Nuestro Nahue.

Pandemia, cáncer y encierro coartaron una pelea en manada contra esa odiosa enfermedad. A pesar de las prohibiciones un Evita 26 de julio nos encontramos a tirar sus cenizas sobre los restos de ese eucalipto más presidente que nunca.

Aquel mediodía no plantamos un árbol seco -como la dupla padre hijo en la peli de Tarkovsky-. Esparcimos cenizas semillas amor fertilizante amistad que renacieron al árbol en sus brotecitos meses después.


Hoy, el árbol Nahue, el de la juventud solidaria de Parque Avellaneda, nos encuentra cada vez que necesitamos cobijarnos del mundo.


Eucalipto presidente (2025) Verónica Scardamaglia
Eucalipto presidente (2025) Verónica Scardamaglia

Comentarios


Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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