• Revista Adynata

Ingenuidad y Fuga (selección) / Blanca Lema

Cuando había violencia doméstica,

dejaban a los niños en las casas de los vecinos.


Infancia


Estoy preocupada por esta casa que se sacude

dentro de mí.


En ella hay personas con párpados

que hablan un morse extraño.


Su angustia rueda de un lado al otro

como una botella de leche vacía.


Preguntan por mí, la vieja niña vieja

que usa la tristeza como una falda.


Pero hoy no es día de amnistía.

Hoy es el día de aceptar los caramelos de los vecinos.

La intempestiva deportación con los otros.


Sublinguales, blasfemos… ¡idiotas!

Ellos cantan la canción del “no puede ser”

Es lo ocurrido no creído,

temblando sobre mi infancia.

¿Cuántas rocas hemos llevado en la espalda

para construir la casa que será bombardeada?


Suspiro.


Es el alivio del perdón

siempre más grande que el del olvido.




A las mujeres, en medio de una sesión de tortura, nos decían: “pobrecita”.


Estocolmo


Mientras me matas me das tus condolencias

por esa muerta que pronto tendré dentro mío.


Ella será como una bacteria que lo soporta todo.

Ella será como una madre fría.


Irá haciendo con cada uno de tus horrores, un terrón de azúcar.

Uno pequeño que atará a las puntas de mi pelo.


Tendré así un peinado dulce que engañará a todos,

menos a las abejas.


Estarán ellas arriba de mí, punzando mi cabeza.

Detectando lo amargo que es el ocultamiento.


Hoy la muerta que me pusiste para que te amara

se ha deshilachado,

como se deshilacha el vestido de una momia.

Es sólo un hilván que asoma con vergüenza

por debajo de mi nueva falda.

La plisada, la que tiene arrugas,

la que baila su pausada extradición de los genes.

Y estoy aquí, deportándome de ese lugar que no debí conocer.

Presenciando en mí

el silenciamiento final de la nieve.


Todos los días aumentan los crímenes por odio

hacia las personas trans.

Tránsito

En los días luminosos siento las partes mías

que no estaban cuando nací.


Ellas reclaman su membresía

y entran en mí como viajeros en tránsito.


Entonces soy negra, soy hombre.


Soy lo microscópico que inventa la piedra

para hacerse liquen…


y soy el transatlántico enorme que se pierde

cuando lo quieres ver.


Vivo en el perineo de lo invisible

esperando el bautizo de lo que no lleva nombre.


—¿Qué eres?

—¿Cuándo?


En otro lugar estará el mar

cuando lo pueda tocar.




Cuanto estábamos muy mal, a veces, nos llevaban a la enfermería.


Enfermería


¡No puede ser y avanzan!

¡No puede ser! y siguen avanzando.

Son mis pensamientos caminando

por las baldosas flojasde mis palabras.


Los doblo en cuatro,

lo doblo lentamente como si lo que pensase

fuese el paño húmedo que llevo sobre la frente.


Dos pájaros se acercan a nuestras camas.

Mi compañera les pregunta quién de las dos

despertará mañana.

Ambos pájaros se miran y vuelan sin contestar.


Nos dejan en el cuarto de la pequeña muerte.

Pequeña como yo

callada y llena de vida.


—¡Soy tan fuerte, tan fuerte!

No te asustes de mí, escapemos juntas, si quieres.


En mi sueño, alguien tira rosas al agua del lavamanos.

Supe así que solo yo

había amanecido.


Ese día doblé muchas veces

el paño de mi frente.

Espía


La muerte se fue a dormir,

está soñando conmigo.


Soy su espía.

Puedo ver dentro de su árbol.


Puedo ver las preguntas que cuelgan de sus ramas

llegando a su cama.


—¿Comes? ¿Respiras?


La muerte quiere el abismo después de un beso.

La duda no retornable

sobre el derecho a vivir.


Camino por sus sábanas llevando el misil de mi dolor.


Me prometo ser una reina de belleza.

Diría la verdad.

Diría que quiero la paz mundial.


Pero yo, la soñada por la muerte,

seré otra vez…


El ángel que no reconoceré.


Blanca Lema

Poemas de su libro inédito “Ingenuidad y Fuga.” Buenos Aires, Mayo-junio 2020


Nina Kunan De la serie: 'las pinturas rotas’ (selección) 2017 Instalación

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