• Revista Adynata

Instantáneas de Chiapas / Verónica Scardamaglia

Actualizado: 24 de dic de 2020

A 37 años de la invención de una confabulación llamada EZLN, Ejercito Zapatista de Liberación Nacional – que, lamentablemente, no es de exportación, como dicen.



Instrucciones para cambiar el mundo I Constrúyase un cielo más bien cóncavo. Píntese de verde o de café, colores terrestres y hermosos. Salpíquese de nubes a discreción. Cuelgue con cuidado una luna llena en occidente, digamos a tres cuartas sobre el horizonte respectivo. Sobre oriente inicie, lentamente, el ascenso de un sol brillante y poderoso. Reúna hombres y mujeres, hábleles despacio y con cariño, ellos empezarán a andar por sí solos. Contemple con amor el mar. Descanse el séptimo día. II Reúna los silencios necesarios. Fórjelos con sol y mar y lluvia y polvo y noche. Con paciencia vaya afilando uno de sus extremos. Elija un traje marrón y un pañuelo rojo. Espere el amanecer y, con la lluvia por irse, marche a la gran ciudad. Al verlo, los tiranos huirán aterrorizados, atropellándose unos a otros. Pero... ¡no se detenga!... la lucha apenas se inicia. (Fragmentos de Textos Zapatistas)



1- Morelia

Morelia trae el silencio, trae otro uso del tiempo, el sonido de los pájaros, las montañas. Algo en el aire contagia e invita a otros ritmos.

En la entrada, una mujer nos recibe. Habla poco. Pregunta. Y ante nuestras respuestas, responde una espera. Otra mujer viene a recibirnos y nos hace pasar.

Son las 16, hora del almuerzo. En la cocina, muy espaciosa se ve mucho movimiento. Entran y salen mientras grupo de mujeres se ocupa de las tareas de cocina, hoy les toca a ellas, mañana se ocuparán otrxs, nos cuentan, porque se organizan con rotación de tareas.

Amablemente nos ofrecen frijoles y fideos, con café. Comemos.

La Junta del Buen Gobierno nos recibirá para que expliquemos el motivo de nuestra visita y para evaluar si nos autorizan a ir como observadores internacionales a la comunidad zapatista Bolom Ajaw.

Los juegos de miradas arman y desarman complicidades.

Un bebé, una madre, muchas sonrisas. Van y vienen. Nos miran, nos saludan, sonríen muchas veces, tímidamente.

Aquí, el tiempo se toma su tiempo para pasar. Esas formas de estar difieren de las conocidas. Las formas de mirar, también. Hay una tensión entre amabilidad y sospecha. Entre confianza y duda.

Desde la piel blanca que nos recubre, la conquista se hace presente. Las mujeres no nos miran a los ojos. Y si alguien tiene que hablarnos, se dirige hacia quien se percibe como hombre, hombre blanco. Aún aquí, con tantos años de historia de luchas y resistencias, la supremacía del hombre blanco mantiene su lugar.

En Morelia, este caracol inolvidable, la vida transcurre en espacios amplios entre los que llaman la atención que sólo baños y celdas (para situaciones que la Junta del Buen Gobierno decida) se vean como espacios individuales.

Finalmente, la Junta nos recibe. Aún aquí la situación examen se impone -¿por qué no habría de hacerlo?-. Entramos. Frente al primer escritorio, en una hilera de bancos de madera, allí nos sentamos. A un costado, un escritorio lleno de papeles con dos personas. También aquí, cierta forma de burocracia asoma. En perpendicular, otro escritorio con dos personas más. Al costado de ellxs, en sentadxs hilera, hombres y mujeres zapatistas, algunxs con sus crianzas. A sus espaldas, como guardianes desde la pared, tres fotos. Una, la más grande, con todxs los miembros de la Junta del Buen Gobierno 2011 – 2013. A su derecha, una imagen de Emiliano Zapata. A su izquierda, el Che.


Fotografía por Verónica Scardamaglia, enero 2013.
Fotografía por Verónica Scardamaglia, enero 2013.

2- “Nombrar es adueñarse”[i]


Estábamos allí, observadores observadas en tierras recuperadas con las armas y la poética de la digna rabia.

El sol y la luna marcaban los tiempos. El río y la lluvia ofrecían qué beber. Algunas mujeres, con la amabilidad de la ofrenda, acercaban día a día, casi como un ritual, tortillas recién amasadas.

El confort del capitalismo se encontraba suspendido dejando lugar al asedio de los microbios, el dolor de espalda, los bichos.

La inmensidad de la naturaleza, ahí. En la fuerza del río, moviéndose, incesante. En la luna llena, alumbrando senderos. En la lluvia y el barro, impidiendo movimientos. En la tierra labrada de las milpas.

Río que se hace paisaje, compañía, desafío, exploración. Río que se hace lavadero y ducha fresca. Río que, kilómetros arriba, está decorado, adornado, fotografiado, ofrecido al turismo.

Ella, machete en mano y arriando a sus hijos, se dispone a cosechar la milpa. De pronto, una valiosa invitación para acompañarla. Caminata veloz a paso firme. Caminata y barro mucho barro invitando a torpezas porteñas. A la media hora medida sin reloj, comienza el accionar de los machetes en busca de los elotes (choclos). Uno, otro, otro más. Como sesenta cargados en la espalda.

En medio de eso, casi con la amabilidad de quien sabe de las diferencias entre el castellano y el tzetzal, algunas ofrendas. Flores de zapallo que se hacen delicias en una sopa, una raíz de nomeacuerdoqué sabrosa, suave, dulzona. Y algo más... ¿fruta? ¿verdura? Algo que trae la sabiduría de lo que ofrece un árbol como alimento ¿sabor? no encuentro nombres. ¿Qué es? – pregunto a media lengua-. No sabe, dice, no le importa. Se come y les gusta.

Quedo pensando… ¿desde dónde se busca nombrar? ¿dónde (me) nace esa necesidad? ¿Alguna vez lograremos hacer trampas a esas atribuciones colonizadoras que, desde los poros, se activan y traicionan?

Otra voz reflexiona: “La práctica de nombrar qué nos pasa no dice lo mismo que el reflejo de capturar con nombres la incomprensible vida o los incomprensibles sabores. A veces nombrar significa colonizar, otras abrazar”.

[i] Percia Marcelo (2014) sujeto fabulado I, notas. Ediciones La Cebra, Buenos Aires.

Fotografía por Verónica Scardamaglia, enero 2013.

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