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"La zona": pliegues entre civilización y naturaleza / Ezequiel Buyatti

  • Foto del escritor: Revista Adynata
    Revista Adynata
  • 4 abr 2022
  • 13 Min. de lectura

ā€œLa Zonaā€ en Picnic extraterrestre y Stalker: pliegues entre civilización y naturaleza


HabĆ­a que cambiarlo todo. No una vida o dos vidas, un destino o dos destinos: habĆ­a que cambiar cada uno de los eslabones de este mundo podrido y maloliente

Arkadi y Boris Strugatsky, Picnic extraterrestre

Para mƭ hay una cƔrcel allƔ donde mire

Andrei Tarkovsky, Stalker


Los sueños de la modernidad que intentan racionalizarlo todo, civilizarlo todo, engendran la instrumentalización de la fuerza propietaria y jerÔrquica para alcanzar los anhelos modernos: mercantilización del mundo, racionalidad extrema, producción infinita. Priorizar estos anhelos antes que lo vital es una de las premisas que permitió el desarrollo de sistemas que en el discurso se opusieron pero que en la materialidad coincidieron.

Bajo esta lógica, entonces, el individuo, la comunidad y la naturaleza son cosas —recursos— que deben sacrificarse por el progreso unidireccional de la Historia. Sostener programas mecanicistas que apunten a la conquista ā€œtransitoriaā€ —que en realidad se vuelve permanente— del Estado, nos ha llevado a las grandes pesadillas que encarna la civilización. ĀæQuĆ© mĆ”s utópico que secularizar el cristianismo y tener fe en el curso irremediable de la Historia y, a la vez, desear que el Capital se expanda exponencialmente para que surja el proletariado industrial de las naciones mĆ”s civilizadas para que sepulte a la burguesĆ­a capitalista? ĀæQuĆ© mĆ”s utópico que garantizar la dictadura de la libre circulación de mercancĆ­as y la privatización de lo vital bajo el tutelaje estatal?

El desarrollo de la historia de la civilización occidental siempre sostiene el tono imperativo en el cual se anuncia que la mÔquina no se puede detener. Avance maquínico que devora tierras y sepulta pueblos. Continuo progreso en disputa permanente con lo vivo.

A partir de esta problemĆ”tica, por lo tanto, intentaremos reflexionar sobre cómo se tensiona la dicotomĆ­a civilización/naturaleza en las obras Picnic extraterrestre de Arkadi y Boris Strugatsky y Stalker de Andrei Tarkovsky, adaptación cinematogrĆ”fica guionada por los hermanos Strugatsky. Es decir, por un lado, identificar cómo se muestra la civilización, el progreso, la ciencia, la productividad, los deshechos, el trabajo, la cĆ”rcel y el Gulag; y por el otro, la naturaleza, la flexibilidad de lo vivo y el respeto hacia ello ā€”ā€œLa Zona quiere ser respetada, sino te castigarĆ”ā€, se advierte en Stalker—, y una vitalidad que crece a medida que erosiona lo maquĆ­nico.

Las ilusiones de la MƔquina


No es necesario llegar a un grado de exacerbación distópica como mĆ©todo de extraƱamiento para darse cuenta de que los procedimientos de racionalidad extrema y progreso tecnológico existen en todos los Estados, por mĆ”s benevolentes que se autoproclamen. El ā€œEstado ausenteā€ es el eufemismo que intenta ocultar tales procedimientos. Los mundos que se construyen en Picnic extraterrestre y Stalker plasman las tensiones entre esos mĆ©todos civilizatorios y la naturaleza. En la novela, por ejemplo, la ciudad donde se produce la ā€œVisitaciónā€ se transforma en ā€œel centro de una invasión de seres ultracivilizados provenientes del espacioā€ (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 7). En esta ciudad ficticia, Harmont, situada en algĆŗn punto inhóspito de CanadĆ”:


El metal amarillo se amontonaba en forma de conos, los altos hornos brillaban bajo el sol; habƭa rieles, rieles y mƔs rieles, y una locomotora con vagonetas sobre los rieles. En otras palabras, una ciudad industrial. Pero sin gente, ni viva ni muerta. (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 19)


Por otra parte, Stalker, en los diÔlogos entre los personajes del Escritor y el Profesor, también presenta una visión crítica hacia el progreso tecnológico:


Toda esa tecnología suya, todos esos reactores en explosión, esas maquinarias y otras cosas inservibles solo se diseñan con el objetivo de trabajar menos y comer mÔs. Son solo como muletas, miembros artificiales. ”Qué grandes ilusiones! ImÔgenes de la verdad absoluta. (Tarkovsky, 1979)


Maquinarias inservibles y una ciudad industrial inerte que anula todo atisbo de movimiento, imĆ”genes prototĆ­picas tanto en la novela como en la pelĆ­cula que dan lugar al malestar onĆ­rico del siglo XX: ā€œLa construcción de la utopĆ­a de masas fue el sueƱo del siglo XX. Fue la fuerza ideológica impulsora de la modernización industrial tanto en la forma capitalista como en la socialistaā€ (Buck-Morss, 2004, p. 13). Es decir, se construye aquĆ­ una temĆ”tica comĆŗn:


[...] el sueño utópico que la modernidad industrial podría proporcionar y, de hecho, proporcionaría felicidad a las masas. Este sueño se ha transformado una y otra vez en una pesadilla que ha llevado a las catÔstrofes de la guerra, a la explotación, a la dictadura y a la destrucción tecnológica. Continuar con el mismo sueño en el futuro, impermeable a los peligros ecológicos, sería poco menos que un suicidio. (Buck-Morss, 2004, p.17)


Es importante destacar en el film de Tarkovsky la escena que enfoca a los tres personajes (Escritor, Profesor y Stalker) en una secuencia casi interminable en la cual transitan en una vagoneta por cientos de desechos de la civilización. El cambio drĆ”stico del tono sepia una vez que ingresan a ā€œla Zonaā€ es notable. Esto da cuenta de un traspaso de una civilización grisĆ”cea y desechable a una naturaleza exuberante acompaƱada de un verde predominante, aunque densa y asfixiante, y en la cual los artefactos civilizatorios procedentes de la racionalidad humana siguen acechando. La primera media hora los sonidos de la civilización generan ese clima de tedio insoportable que se tensionan con exclamaciones que proclaman los personajes al entrar en ā€œla Zonaā€: ā€œEste lugar es el mĆ”s silencioso del mundoā€ y ā€œĀ”QuĆ© fantĆ”stico es estar aquĆ­! No hay ni un almaā€ (Tarkovsky, 1979). Una vez adentro, no obstante, la bifurcación entre el control civilizatorio por parte del hombre y lo vital se condensa en este breve diĆ”logo:


—¿Y nosotros quĆ©?

—Tres hombres no podrĆ­an estropear este lugar en un solo dĆ­a.

—SĆ­ que pueden. (Tarkovsky, 1979)


DiĆ”logo donde se hace explĆ­cita la postura artĆ­stica y filosófica del director: ā€œCon Stalker querĆ­a presentar la posibilidad que tiene el cine de observar la vida casi sin lesionar visible y gravemente el curso real de esta. Para mĆ­, es ahĆ­ donde radica la naturaleza verdaderamente poĆ©tica del cine como arteā€ (Tarkovsky, 2002, p. 217).

En Picnic extraterrestre, por su parte, tambiĆ©n se narra cómo ā€œun estremecimientoā€, ā€œun temblorā€, trepa y se mueve entre los resabios de una ciudad muerta y una naturaleza descompuesta:


Sobre la montaña de viejos desechos, vidrios rotos y harapos, trepaba un estremecimiento, un temblor, como si fuera el aire caliente que vibra sobre los techos de lata, a mediodía. Cruzó por sobre el montículo y avanzó, mÔs y mÔs, hacia nosotros, justo al lado del poste; quedó suspendido por un momento sobre la ruta (¿o era solo imaginación mía?), para deslizarse finalmente hacia el suelo, entre matas y cercas podridas, hacia el cementerio de los automóviles. (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 26).


Las ideologĆ­as del Progreso


Pareciera ser que no tendrƭa sentido, a la luz de los conceptos desarrollados, distinguir tajantemente en las obras analizadas entre Estado socialista y burguƩs. Los mecanismos son compartidos por todos los Estados modernos:


Las ilusiones burguesas con respecto a la ciencia y el progreso tĆ©cnico, compartidas por los socialistas autoritarios, han dado origen a la civilización de los domadores de mĆ”quinas, que puede, mediante la competencia y el dominio, separarse en bloques enemigos, pero que, en el plano económico, se somete a las mismas leyes: acumulación del capital, producción racionalizada en continuo aumento […], el imperativo de la producción domina a los dos universos y no hace de ellos, en el plano económico, sino un solo mundo. (Camus, 2007, p. 257)


En este sentido, Siniavsky (1990), aclara: ā€œEl marxismo en sĆ­ mismo se considera ya como una ciencia, como la Ciencia por excelencia en todo lo que toca a la historia de los hombres y de la sociedad (p. 46), y Camus (2007) complementa:


ĀæCómo un socialismo que se decĆ­a cientĆ­fico ha podido tropezar asĆ­ con los hechos? La respuesta es sencilla: no era cientĆ­fico. Su fracaso se debe, por el contrario, a un mĆ©todo lo bastante ambiguo para querer ser al mismo tiempo determinista y profĆ©tico, dialĆ©ctico y dogmĆ”ticoā€ (p. 259).


En esta cita de El hombre rebelde, Camus sostiene que el socialismo de Estado no era cientĆ­fico, a pesar de que en algunas lĆ­neas atrĆ”s sitĆŗo a la ciencia y al progreso tĆ©cnico como ilusiones burguesas compartidas tanto por el bloque soviĆ©tico como por el occidental. En este sentido, y a raĆ­z de lo que venimos mencionando, podrĆ­amos determinar que sĆ­ fue cientĆ­fico, pero una cientificidad ligada al dominio sobre lo vivo, al culto de la superproducción y a una visión teleológica que anula el presente. Culto que leemos en uno de los diĆ”logos de Stalker: ā€œEl futuro solĆ­a ser solo una continuación del presente, pero con todos los cambios vislumbrĆ”ndose lejos en el horizonte, ahora el presente y el futuro son unoā€ (Tarkovsky, 1979), y que tambiĆ©n estĆ” presente en Picnic:


Nuestra pequeƱa ciudad es un agujero. Siempre lo ha sido y lo sigue siendo. Pero ahora es un agujero hacia el futuro. Vamos a pasar tantas cosas por ese agujero a su podrido mundo que lo cambiaremos por completo. Y cuando obtengamos los conocimientos haremos ricos a todos, y volaremos a las estrellas, y viajaremos adonde nos plazca. Esa es la clase de agujero que tenemos aquƭ. (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 44).


En el film de Tarkovsky, el Escritor, personaje que representarĆ­a el arte, es constantemente crĆ­tico hacia las posiciones adoptadas por el Profesor, personaje que representarĆ­a la ciencia y el avance tecnológico: ā€œĀæQuĆ© cosas positivas pueden aportar sus conocimientos? ĀæQuiĆ©n se convertirĆ” en una conciencia culpable debido a eso? […] Son todos tan intelectuales. A todos se les atrofiaron los sentidos. […] Y todos ellos exigen mĆ”s y mĆ”sā€ (Tarkovsky, 1979). El personaje de Stalker, no obstante, critica a ambas representaciones: ā€œSe hacen llamar intelectuales, Ā”esos escritores y cientĆ­ficos! No creen en nada. Tienen el órgano con el que se cree atrofiado por falta de usoā€ (Tarkovsky, 1979).

En Stalker, Tarkovsky sintió la necesidad de presentar de forma elaborada, clara y sin ambages, ese valor positivo superior de entrega, fe y amor incondicional que la humanidad ha perdido. El escritor y el sabio, en este sentido, son vĆ­ctimas de las imposiciones del mundo moderno que impiden el desarrollo de esas cualidades. VĆ­ctimas-mĆ”quinas que tambiĆ©n se hacen presente en Picnic: ā€œY ahora cĆ”llate, por favor; ya no eres un ser humano, Āæentiendes? Eres una mĆ”quina, mi volante, nada mĆ”sā€ (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 26); ā€œUna mĆ”quina, pensó. Me han convertido en una mĆ”quinaā€ (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 165). Estos merodeadores-mĆ”quinas que atraviesan ā€œla Zonaā€ tambiĆ©n son vĆ­ctimas de los hombres de ciencia, del insaciable afĆ”n por conocer y dominar:

[…] todos cruzamos el patio del Instituto hacia la entrada de la Zona. AsĆ­ lo establecĆ­a la rutina, para que todos vieran a los hĆ©roes de la ciencia que depositaban la vida en el altar de la humanidad, del conocimiento y del EspĆ­ritu Santo, amĆ©n (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 22).


El paraĆ­so en la tierra y el trabajo


Los mecanismos del mundo moderno imponen la necesidad de traer el paraíso a la tierra. Es algo irrelevante si para concretar este fin se llevan a cabo lógicas autoritarias y violentas que sepultan pueblos enteros y otras construcciones de mundo ajenas al progreso:


Desde el punto de vista del Estado ideal o de la idea triunfante […] la utopĆ­a realizada se concibe a sĆ­ misma como doctrina y sistema universales; al mismo tiempo, es la sola y la Ćŗnica, y no puede admitir en su seno ninguna otra idea. (Sinavsky, 1990, p. 27)

Imagen de la verdad absoluta que lleva consigo los mandatos bien intencionados de quienes dictan las órdenes. Tribunal de la razón que establece la espera, la esperanza y el paraíso como respuestas a las problemÔticas sistémicas:

No eres feliz en un sistema bueno ni en uno malo. Por culpa de la gente como tú no podemos tener el Reino de los Cielos sobre la Tierra. ¿Qué sabes tú, gordo? ¿Dónde has visto un sistema bueno? ¿CuÔndo me viste a mí en un sistema bueno? (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 161)


El socialismo de Estado fracasó ā€œdebido a que llevó a cabo una imitación excesivamente fiel del capitalismoā€ (Buck-Morss, 2014, p. 14). Por lo tanto, estos imaginarios nos permiten observar que ā€œel sueƱo de la abundancia industrial ha permitido la construcción de sistemas mundiales que explotan el trabajo humano y el hĆ”bitat naturalā€ (Buck-Morss, 2014, p. 11). Similar anĆ”lisis al de Piotr Archinov (2008) en Historia del Movimiento Makhnovista:


El socialismo estatista es la ideologĆ­a de la nueva casta de dominadores. Si observamos atentamente a los partidarios del socialismo de Estado veremos que poseen aspiraciones centralistas y se consideran el centro que ordena y dirige a la masa. Este rasgo psicológico del socialismo de Estado y de sus adictos es la continuación de los grupos dominadores antiguos […]. (p. 38)

Esta ideologĆ­a basada en la producción racionalizada, entonces, se materializa en ā€œla Zonaā€ como un espacio muerto del ā€œcomunismoā€ de Estado de la URSS, como un lugar inerte del poder soviĆ©tico que estĆ” en disputa con la naturaleza y que la considera como un objeto disponible. Demuestra, a su vez, que el Estado como gestor del Capital, en su abismo racional que tritura todo lo que estĆ© a su alcance, no puede realizar otra acción que ser el guardiĆ”n celoso de la maquinaria productiva. El Gulag, en este sentido, ingresa en esta visión de mundo productivista y civilizatoria como quintaesencia del Estado soviĆ©tico, como una maquinaria perfecta de producción basada en la explotación esclava del trabajo humano. ā€œLa Zonaā€, en definitiva, podrĆ­a ser la fracasada utopĆ­a estatal, uno de los tantos sueƱos frustrados de la modernidad, los resabios de la dictadura del partido polĆ­tico y de la tecnologĆ­a:


Para Lenin, el socialismo es ā€œEl poder soviĆ©tico mĆ”s el orden prusiano de los ferrocarriles, mĆ”s la tecnologĆ­a americana y el sistema de trusts, mĆ”s la instrucción pĆŗblica americana, etc., eso es el socialismoā€ […]. No eran los soviets los que gobernaban el paĆ­s, sino el aparato del Partido, que se habĆ­a lanzado por el camino de la violencia ilimitada. De manera que el socialismo, segĆŗn Lenin, no era otra cosa que la dictadura mĆ”s la tecnologĆ­a. (Sinavsky, 1990, p. 53)


La dictadura y la tecnología necesitan de cuerpos-mÔquina que se perciban a sí mismos como fieles trabajadores de un sistema que ofrece abundancia y bienestar. Se establece, de esta manera, una lógica del culto al trabajo en detrimento de lo vivo. Férrea obediencia y jerarquización de las esferas de la vida funcionan como piezas fundamentales del engranaje:

Mientras tanto, el capitÔn seguía pintando gloriosos paisajes de mi futuro: la educación era luz; la ignorancia, oscuridad; el Señor ama y aprecia a los trabajadores honestos, etcétera, etcétera. Las mismas idioteces que nos encajaba el cura en la prisión, todos los domingos. (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 40)

Si la tecnologĆ­a disputa un lugar en el mundo frente a la naturaleza, tambiĆ©n lo hace con el trabajo en sĆ­. La obsolescencia de la fuerza humana en el mundo del trabajo tambiĆ©n se problematiza en Picnic. La tecnologĆ­a avanza y ya no queda lugar para la corporalidad obrera, aunque sĆ­ para otro tipo de cuerpos, para los cuerpos de ā€œcorbata finaā€. Cuerpos-mĆ”quina y tecnócratas, sustituciones de las carnes que la MĆ”quina ha triturado:


Creo que los merodeos han cesado casi por completo en mi Zona, jefe. Los antiguos estÔn retirados, los jóvenes no saben qué hacer y el prestigio de la profesión se va perdiendo. La tecnología ha ganado terreno. Ahora hay merodeadores robóticos. (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 109)


Ahora hay nuevos merodeadores, creados por la cibernética. El antiguo merodeador era un tipo sucio y sombrío, que se arrastraba centímetro a centímetro por la Zona, de panza, con tozudez de mula, juntando su botín. El nuevo merodeador es un pisaverde de corbata fina, un ingeniero que se sienta a dos kilómetros de la Zona con un cigarrillo en la boca y un buen vaso al lado, sin nada que hacer, salvo vigilar unas pocas pantallas. Un caballero a sueldo. (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 118)


Traer el paraƭso a la tierra, un paraƭso de mandatos y obediencias; y el culto al trabajo, un trabajo que convierte al cuerpo en mƔquina, son partes esenciales del mundo actual pero tambiƩn futuro que se narra en Picnic:


La Visitación ha tenido lugar, pero no ha terminado, ni por asomo. Estamos en contacto incluso mientras hablamos, aunque no tenemos conciencia de ello. Los visitantes viven en la Zona y nos observan cuidadosamente, mientras nos preparan para las crueles maravillas del futuro. (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 123)


Lo vital erosiona lo maquĆ­nico

Andrei Tarkovsky sostiene que ā€œEl artista existe porque el mundo no es perfecto. El arte serĆ­a inĆŗtil si el mundo fuera perfecto, ya que el hombre no buscarĆ­a la armonĆ­a porque simplemente vivirĆ­a en ella. El arte nace de un mundo mal diseƱadoā€. Y un lugar propicio para intentar buscar dicha armonĆ­a son las artes sin mediatez:


El cine y la mĆŗsica son para mĆ­ artes inmediatas, que no precisan de una mediación a travĆ©s de la palabra. […] La literatura, a travĆ©s de la palabra, describe un acontecimiento, ese mundo interior y exterior que quiere reproducir un escritor. Por el contrario, el cine trabaja con materiales de la propia naturaleza, que surgen de forma inmediata en el tiempo y en el espacio, que podemos observar en el entorno en que vivimos. (Tarkovsky, 2002, p. 203)


A pesar de que la literatura, segĆŗn Tarkovsky, sea reproducción y no trabaje con los materiales de la propia naturaleza, la obra de los hermanos Strugatsky intenta borrar esa mediación y cubrirnos de la espesura de ā€œla Zonaā€:


AquĆ­ y allĆ”, entre las ondulaciones, se veĆ­a la superficie manchada de los pantanos, cubiertos por la espesura de los sauces dispersos; mĆ”s allĆ” de las colinas, el horizonte se llenaba con las explosiones amarillas y brillantes de los picos altos; el cielo, por sobre ellos, era azul y lĆ­mpido […]. Hacia el Este, las montaƱas parecĆ­an negras; sobre ellas refulgĆ­a iridiscente, el habitual borrón de color, la aurora verde de la Zona. (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 150)


La aurora verde de ā€œla Zonaā€ es algo que invade a las dos obras. En Stalker se escucha que ā€œEstĆ”n brotando de nuevo las flores, pero no huelen por alguna razónā€ (Tarkovsky, 1979). Por fuera de la rutina incolora y grisĆ”cea, del abrir y cerrar de rejas oxidadas, de los motores de autos y del sonido de fricción producido por la vĆ­a tras el paso de los trenes, resurge la naturaleza, aunque incompleta. Similar imagen que se produce en Picnic: ā€œ[…] el pasto volvĆ­a a crecer. Estaba seco, muerto, espinoso, pero era autĆ©ntico y daba la impresión de ser la mejor fuente de vida en el mundo entero (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 156)ā€.

ā€œRigidez y fuerza son compaƱeros de la muerte. Ductilidad y vulnerabilidad son las expresiones de la frescura del ser. Porque lo que se ha endurecido nunca ganarĆ”ā€ (Tarkovsky, 1979), afirma el Stalker. Y en Picnic leemos que ā€œUn millón de olores se precipitaron bruscamente sobre Ć©l: Ć”speros, dulces, metĆ”licos, suaves, peligrosos, rudos como adoquines, delicados y complejos como mecanismos de relojerĆ­a, enormes como casas y diminutos como partĆ­culas de polvoā€ (Strugatsky, A. y B., 1978, p. 81). Tensiones que se producen entre un mundo en lo que todo es cuantificable, medible, productivo y oxidado, y otro que intenta ser autĆ©ntico, delicado, vital y dĆŗctil: la dureza de la doctrina y de la maquinaria; la ductilidad de lo vital que agrieta el cemento de la civilización que todo lo pudre.



Referencias bibliogrƔficas

Archinov, P. (2008). Historia del Movimiento Makhnovista. Buenos Aires: Anarres

Buck Morss, S. (2004). Mundo soñado y catÔstrofe: La desaparición de la utopía de masas en el Este y el Oeste. Madrid: Visor.

Camus, A. (2007). El hombre rebelde. Buenos Aires: Losada.

Groys, B. (2018). Cuerpos inmortales. En B. Groys, Volverse pĆŗblico. Buenos Aires: Caja Negra.

Los dependientes (2013). Entrevista completa a Andrei Tarkovsky [en lĆ­nea]. 19 de agosto del 2013. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=ulhGHgqiOv4

Siniavski, A. (1990). La civilización soviética. México: Editorial Diana.

Strugatsky, A. y B. (1978). Picnic extraterrestre. Buenos Aires: EmecƩ.

Tarkovsky, A. (2002). Esculpir en el tiempo. Reflexiones sobre el arte, la estƩtica y la poƩtica en el cine. Madrid: Ediciones Rialp.

Tarkovsky, A. (1979). Stalker. URSS: Mosfilm.



ā€œLa ArmonĆ­a poĆ©ticaā€œ Fotograma del vĆ­deo-ensayo de Channel Criswell (2016)


Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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