Vivimos la vida de la máquina
en estos momentos sin tiempo entre los tiempos que vivimos,
pero la promesa de la vida está escrita,
con la sutileza del espacio surcado
por bandadas de estrellas errabundas,
por luz que intuye la luz,
en cada cosa.
Veo con hastío las calles malditas,
donde los libros hablan de la muerte;
pero la vida habla de la vida,
y se expande, sin pecado,
surgiendo del sueño de las cosas,
riendo cada instante que pasa por el cáliz de la luz hacia otro sueño.
La vida,
vida.
¿Cómo no llenarme la boca de campanas?
¡Aparición incomprensible del brote perpetuo!
Escribiría, si pudiera,
sobre las piedras y los muros,
y diría,
ustedes serán ruinas,
ustedes serán ruinas,
ustedes son ruinas ya
que toman prestado el tiempo de la vida,
para adornar su sarcófago rutilante,
su ruina de ruina derrotada,
contra todo momento ya vencida,
contra cada nombramiento, inútil.
Ruinosa ruina,
conténtate con prestar apoyo un día,
para un nido,
o una enredadera,
conténtate con ofrecer guarida a los zorros carroñeros,
porque seras santa,
pero no a tu manera.
Dios se agita como un secreto en el viento,
los sauces de otros ríos que no tendrán nombre,
velarán su recinto,
donde un haz de luz deslumbre la canción de las piedras,
y caerá una gota ,
aun en la ceguera y en la ruina,
imperturbable sobre una flor desconocida.
Comentarios