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Mal de ojo. Ser de izquierda, una cuestión de percepción / Fernando Stivala

Foto del escritor: Revista Adynata
Revista Adynata
hace 6 horas
6 min de lectura

Deleuze en la última entrevista que hace, prepara una serie de ideas que trabajó a lo largo de su obra con las letras del abecedario. Filmada en modo cine (aunque fue para la tv francesa), con un plano fijo, sin cortes, ni efectos conversa con su amiga Claire Parnet durante el invierno de 1988 y la primavera de 1989. Son 8 horas de entrevista dirigida por Pierre-André Boutang. Deleuze pidió como condición que no sea difundida hasta después de su muerte. Boutang lo convenció de que se emitiera en el canal Arte, en su programa Metrópolis en formato de folletín. Eso fue lo que entusiasmó a Deleuze que pensaba que la filosofía debería funcionar como una buena novela policial: una fábrica de conceptos que no responde todo ni resuelve necesariamente los enigmas. La emisión se hizo pública en el canal Arte en enero de 1995 con Deleuze todavía vivo. Fueron 26 episodios de 8 minutos cada uno con la particularidad que cuando iban por la letra H de Historia Deleuze muere, el 4 de noviembre de 1995.


En la letra G de izquierda (gauche en francés) dice dos ideas sobre ser o hacer izquierda.


La primera es sobre hacer jurisprudencia. Que ahí está la cuestión y no en la justicia o los derechos humanos. Deleuze nos provoca diciendo que eso no existe, que es pura retórica, y que se trata de crear no de aplicar. De inventar las jurisprudencias en las que, para cada uno de los casos, ciertas cosas se vuelvan posibles. Para eso es necesario trabajar en las situaciones, vez a vez. No se trata de tal o cual derecho, ya que están en disputa, se trata de evaluar situaciones y crearle posibles. Se trata de luchar por la jurisprudencia. Ser de izquierda, va a concluir, es crear el derecho.


Y en la segunda idea dice que ser de izquierda es un tema de percepción. No de subjetividad, no de interpretación, no de opinión; de percepción. Una zona sensible en juego.


Claire Parnet le pregunta ¿Qué es ser de izquierda para vos? Y Deleuze le responde que tiene que ver con una cuestión de percepción. Dice que no ser de izquierda es partir de sí. La calle en la que uno está, la ciudad, el país, y así cada vez más lejos. Pero siempre partiendo de sí. Arrancas por vos mismo y pensas cómo hacer para que la situación perdure. Sabes que hay peligros, que la cosa no puede durar mucho más, pero igual pensas ¿cómo hacer para que dure? Ser de izquierda, dice Deleuze, es lo contrario. Es percibir, percibir primero el contorno. Primero el mundo, luego el continente, y así hasta llegar a mí. Ser de izquierda es un fenómeno de percepción en el que se percibe primero el horizonte.


Esto me hace pensar algunas cosas.

Spinoza describe el conatus, el deseo, la chispa primera como ese querer que insiste, sin más. El humano quiere, punto. Perseverar en el ser. Una especie de pulso egoísta sin el cual no podríamos desarrollarnos, madurar, conocer; pero que justamente desarrollarnos, madurar, y conocer se trata de llegar lo más rápido posible a la idea de que hay otros, que también tienen su conatus, y que mejor que no compitan sino que cooperen. Que perseverar egoístamente en sí es entender lo más rápido posible que hay otros perseverares que también quieren vivir y que si cooperan les conviene a todos, pero que si compiten no les conviene a ninguno.

Y por otro lado me hace pensar en la clínica. Esa clínica chiquita, mezquina, que empieza en sí y termina en sí, neurótica o como Pavlovsky la llamaba: neura. Esa clínica de interior, cerrada, hermética. Que engorda su ego, sus ideas ya sabidas, que ya se conoce, que quiere concluir cómo es. Esa clínica de personalidad, de identidad. Propietaria y conservadora. No importa si es individual o en grupo. Un grupo también puede pensar así, y de ahí todas las derivas que se les ocurran.


Ser de izquierda es procurar hacer una clínica de percepción. Que ejercite el timing, el registro de los otros, que busque entender y no cerrar. Que se meta en el alma de las cosas. Que vaya y venga lo más lejos posible (a veces lo más lejos puede ser lo más repulsivo) Que habite eso que quiere sacar de sí, que no reconoce. Desconocerse, ir en busca de lo extraño. Habitar rarezas y excentricidades. Saber estar ahí, en lo demasiado.


Compasión y empatía son términos que obligan a percibir al otro, mejor eso que la crueldad insensible. Pero mejor todavía ejercitar por gusto y entendimiento: Percibir, sentir, y habitar lo extranjero.

Como dice Deleuze en la entrevista: no en nombre de la moral, sino en nombre de la percepción. Ser de izquierda es empezar por la punta y considerar que ésos son los problemas que hay que responder (…) es una cuestión de percepción y no de alma bella.


No se trata de reducir, prohibir, encerrar, sacarse de encima, negar lo que no se entiende, lo que no se conoce, lo que no me gusta. Los problemas vuelven como un búmeran u olla a presión. Se trata de percibir y crear una salida. Buscarle una vuelta, tomárselos en serio.

Cada vez más pienso la clínica así. No solo pensar en sí, sino percibir. De lo que me pasa a lo que pasa. La clínica individual y colectiva tiene que intentar transformarse lo más rápido posible de pensar sobre sí, a conocer lo más que pueda las cosas y a los otros.

Por eso pasar de grupo terapéutico a grupo de pensamiento. Y ese pasaje es una transformación real. Suma un desconocido, suma un matiz. Pero transformarse no es convertirse en el patrón mayoritario. No es acumular conocimientos, no es conservar lo ya conocido, no es endurecerse en las posiciones de siempre.


Por eso Deleuze va a decir que la izquierda nunca es mayoritaria. No es lo ya sabido, menos querer conservarlo. La mayoría supone la existencia de un patrón, y allí ya están los casilleros llenos y acabados. Cualquier situación va a ser medida con ese patrón.

La cuestión insiste: se trata de crear lo que necesitamos. No pone a la creación como una acción privilegiada. Crear las necesidades que la percepción ampliada nos mostró. Por eso llama devenir a ese tipo de transformación y no a cualquier movimiento.

Pasar de grupo terapéutico que se mira el ombligo a grupo de percepción y pensamiento. Para quizás, poder crear horizontes y utopías donde parecía no haberlas. Solo a ese pasaje se lo puede llamar transformación y devenir.


Por último, un fragmento de una conversación que el filósofo Diego Singer da sobre Deleuze en su ciclo Filosofía a la gorra (2018). Dice que con Deleuze no se trata de homenajear, adorar, rendir tributos. Deleuze en su libro Conversaciones: si yo no fuera capaz de admirar y amar a nadie o a nada me sentiría como muerto, momificado.

Dice D. Singer: Mejor admirar y amar que homenajear. Admirar significa como decía Zaratustra: tener el ojo puro para las potencias ajenas. No puede admirar el envidioso, y la envidia es un problema de vista, el mal de ojo, el estar ojeado. No puede admirar el envidioso, el resentido, el competitivo. Admirar es un acto de amor porque implica una generosidad en la entrega a otra intensidad, en lugar de esa negación mezquina en la que prima la incomprensión.

Para Spinoza, a lo máximo que debemos y podemos aspirar es al deseo de conocimiento. Una especie de pulsión de curiosear activa una y otra vez.

En su libro sobre Nietzsche, en el capítulo imagen de pensamiento Deleuze lo dice todavía mejor: la enfermedad del mundo actual es la incapacidad para admirar. Cuando se está en contra se rebaja todo a la altura propia escrudiñando y cacareando. No es así como hay que proceder. Hay que elevarse a los problemas que plantea un autor genial, hasta lo que no dice en aquello que dice, para extraer de ahí algo que se le deberá siempre. Aunque se pueda también volver contra él. Hay que estar inspirado, poseído por los genios a quienes se denuncia. La enfermedad del mundo actual es la falta de generosidad.

Habitamos una incapacidad, un mal de ojo. Tenemos que poder aumentar nuestra capacidad perceptiva para estar a la altura de lo que está ahí sucediendo. Tratar de recorrer los sentidos, de aguzar el oído, de establecer lazos finos de sensibilidad como si fueran tentáculos conectores o nuevos capilares. Una disposición amorosa y receptiva. Un paciente trabajo de exploración en zonas desconocidas.

Ejercitar una antena sensible, radar que percibe los problemas del mundo, y de esa necesidad crea un nuevo territorio.


Ricardo Cases 31.0, 2014 Pigmentos de impresión sobre papel de algodón 7.33 × 11 cm
Ricardo Cases 31.0, 2014 Pigmentos de impresión sobre papel de algodón 7.33 × 11 cm



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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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