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  • Foto del escritorRevista Adynata

Parir Nacer / Cami Manzanilla

Tengo contracciones y creo que me hice pis. Ya sabía yo que por estas fechas nacería. No sabía mucho más. Voy a la clínica y me dejan internada porque ya viene.

Me tocan, me acomodan. Me dicen que me quede tranquila.

Siento dolor en las costillas y en la cintura. Me dan algo. Creo que estoy sola. Digo, hay un montón de gente pero no sé dónde está el papá de mi hijo ni mi familia. No tengo fuerzas para preguntar. Intento pujar. Me dan ganas de vomitar, qué verguenza, vomito. “Parece que comiste mucho” dice una de las parteras, no entiendo ese comentario. Vuelvo a pujar. Hay algo raro en mi postura pero no sé cómo se hace esto, el obstetra ya había comentado sobre “mi poca predisposición”. Me van diciendo y yo voy haciendo. Obedezco, deben saber.

Hablan entre el médico y las parteras, pero no entiendo, yo solo pujo y siento dolor.

Algo pasa que mi bebé no sale. En un mismo movimiento uno de ellos (parece que es el anestesista) se me sube encima y empieza a empujar mi panza, no siento nada pero me molesta. Mientras otra se concentra entre mis piernas y corta, corta, corta. Hay más gente, no sé qué hacen. Estoy cansada. Me acuerdo que en el curso de preparto hablaron de mujeres que se portaban mal, de mujeres que gritaban pero yo siempre fui la que se portó bien así que no grité. Hablan, se alientan y dicen cosas entre elles. Quiero llorar y no puedo, solo hago fuerza. Nunca antes había sentido esta incomodidad, ya quiero estar en casa con mi bebé.

Alguien agarra algo parecido a una sopapa y la lleva hacia mi vagina. Siento algo de desesperación en mi entorno. Sacan inmediatamente a mi bebé.

Silencio.


Más silencio.

Silencio

Empiezo a ver todo en cámara lenta, como una película que tarda en cargar "¿Por qué no llora?" Pregunto, pero nadie me responde. Se mueven rápido y consiguen oxígeno.

Sutil, ahogado, sobrevivido es el primer sonido que hace mi hijo. Está vivo. Lo revisan varias veces y no me lo dan. Veo cómo se alejan. Se lo llevan. Yo recupero el aire pero no mi cuerpo. No tengo cuerpo.

Tengo algunas certezas 1. Mi hijo está vivo

2. Acaban de violarme

3. No volveré a abrir las piernas

ni a sentir contracciones

ni a romper bolsa

nadie aplastará y apretará mi cuerpo.

No escucharé el silencio de los latidos de nuevo

me aleccionaron

y yo aprendo rápido

mi próxima hija

nacerá por cesárea.

……….

Nací un 21 de mayo de 1993, cesárea programada. La fecha probable de parto (FPP) era para el 31 de mayo. El médico decía que ya era tiempo, las parteras decían que no, que estaba de 37 semanas Mi mamá le creyó a las parteras, pero todas tuvieron que obedecer al médico. Nací con reflujo y algunas varias desregulaciones que pude acomodar.


Siempre me acomodo.

Me quedo pensando.


Esta vez mi mamá creé que eligió. Pero la verdad es que no tuvo opciones. Ella no quería cesárea, quería salvarme. El embarazo no era de riesgo pero la vida siempre está en riesgo cuando del otro lado de la piel el sistema nos violenta. Yo lloré cuando nací, al instante, y ese llanto fue para mi mamá lo más parecido a la libertad, mi hermano no lloró, mi hermano casi se muere, pero yo no.

Qué paradójica la coyuntura labrada en la representación del parto y el nacimiento.

Nos hacen creer que elegimos incluso con dispositivos discursivos que enuncian el respeto pero solo son barrotes de una jaula más grande.

Me quedo pensando en las cicatrices. En mi mamá en su cocina, en los mates que tomamos y esta vez pensamos juntas.

¿De qué otras cicatrices hablamos, cuando hablamos de parir, cuando hablamos de nacer?

¿Qué es la violencia médico- gineco- obstétrica?



Nota: Cami Manzanilla. Poeta argentina y doula feminista, integrante de guardianasfloreseremos. En el marco de la semana mundial del parto respetado este texto fue leído el domingo 28 de mayo 2023 en mural ritual, reparación comunitaria, junto a mujeres atravesadas por violencia médico- gineco- obstétrica. Denuncia colectiva iniciada al hospital municipal de Morón durante la gestión de Cambiemos.

Violencia obstétrica es violencia sexual.


Minjung Kim Montaña Roja 2021 Acuarela sobre papel Hanji de morera 53 × 57.2 cm


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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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