• Revista Adynata

Post Guardia XI / Débora Chevnik

Querido Lucas,

Cuando Daniel y Estrella te trajeron al hospital nos contaron que los días anteriores estabas viviendo en un Hogar por Constitución. Daniel nos dijo que solías irte, vagabundear unos días y volver. Que lo mismo había pasado en otros hogares, hospitales y comunidades terapéuticas. Y también en tu casa. Contaron que cada vez que salías por ahí volvías muy puesto che. Que hasta nafta tomaste. Tenías que ver cómo hablaban, querían contar todo. Hicieron toda la fuerza del mundo para que estuvieras internado. Parecían hartxs de toparse con el clásico “acanoismo” de tantas instituciones. Dijeron que pensaban que necesitabas consumir para soportar tanto dolor.

Los otros días charlábamos con unas compañeras y nos preguntábamos qué onda eso para vos. Terminamos hablando con unas palabras que creo que nosotras mismas no entendíamos bien. Escuchate esto: decíamos errancia, itinerancia, impermanencia, fordatear, deambular. Nos perdimos entre tantas palabras. Después, a cada rato, se me aparecía una incógnita nueva. ¿Cómo eran esos viajes? ¿Te hiciste algún amigx? ¿Tenías un árbol favorito en alguna plaza? Te quería preguntar pero la ocasión no se daba. ¿Te inventabas algún recuerdo a donde ir? ¿Probaste jugar a buscar parecidos entre gente desconocida? ¿Alguna de las instituciones por las que pasaste estuvieron a la altura de lo que necesitabas? Y al otro día… ¿Te pasó que alguna música desviara tu paso? ¿Alguna vez jugaste a caminar con los ojos cerrados?

Hablando de cerrar los ojos…te cuento algo pero no te rías. La habitación en la que dormimos tiene rota la cortina. Es una pavada, nada más tendríamos que conseguirle una tela de 1 x 1 pero nos colgamos y todavía no lo hicimos. Justo en frente hay una obra en construcción y tiene mil tubos de luz. Para poder dormir siempre me paro arriba de una mesita bastante enclenque y cuelgo una frazada en el caño. Cuando estoy haciendo equilibrio, ahí, en medio de esa destreza, a veces pienso en mi neurocirujano, un tipo bárbaro que me operó la columna. Otras veces pienso en vos Lucas. Y en que no sabemos cómo ayudarte. Imaginate. Si no conseguimos arreglar una simple cortinita...

Espero que no te tomes a mal esto que te conté aunque, quizá, sea mucho pedir.. Pero es cierto, no sabemos cómo ayudarte. Y no sabemos qué hacer cuando no sabemos algo. Tener problemas no es para cualquiera. Muchxs dicen que sos “un caso social”. Algunxs, que sos “un pibe en situación de calle”. Recordando lo que contaba Daniel, que te conoce hace mucho, me preguntaba cómo te sonaría la idea de “un pibe en situación de soledad pero lleno de osadía”.

Tenía ganas de contarte algo más. Una vez cuando era chica me dijeron que dudaron si ponerme mi nombre o si llamarme Catalina. Vos sabes que miles de veces que me enojé con la vida, entre putiada y putiada, me pregunté si mi vida hubiera sido diferente llamándome Catalina. Catalina…te imaginás?! Y a vos, ¿te gusta el nombre que te eligieron? Lucas. Para mí es hermoso.

En el laburo solemos hablar sobre lxs pacientes. Hablamos, escribimos algo que llamamos informes, abrimos historias clínicas…sobre ustedes, lxs chicxs que llegan a los hospitales. Sobre: quiere decir arriba, quiere decir superioridad. También, ir al sobre es cuando estamos cansadxs. Y pasar un sobre, cuando hay tongo. Me parece que estamos intoxicadxs de hablar sobre. No será nafta, pero es igual de corrosivo. Hablamos sobre ustedes. Y otrxs hablan sobre nosotrxs. Urge hablar con, pero el con, Lucas, arruina las jerarquías, no tiene arriba ni abajo, no hay unxs sobre otrxs. Y a eso…a eso Lucas querido…no sé si estamos dispuestxs.

No sabemos pensar sin esquemas, fuera del amparo. Y ni ahí que sabemos vagabundear; mucho menos pensar en las fronteras. Algunxs dicen “no podemos cambiarle el perfil a un hospital”. Tenemos miedo de aventurarnos y ensayar alguna forma de recibirte. Y que con vos, entre “la calle”. En otras consultas, por suerte, aún nos preguntamos cómo ofrecer un lugar. Ojalá nos dure. Quizá una manera de arrancar sería preguntarte a vos, qué te anda pasando o si te podemos ayudar de alguna manera. Después de todo nos dedicamos a temas de salud. Pero sabes que pasa…tenemos miedo que nos caguen a pedos. Nos da pánico quedar expuestxs. ¿Vos cómo haces para desertar del miedo?

Lucas, no seas un extraño! No somos blandxs, somos blancxs. No perdemos la forma ni deseamos practicar la debilidad. Naufragadxs entre criterios y protocolos y títulos y abogadxs y contactos, creemos que somos quienes abrimos y cerramos las puertas. Ranchamos así. Por momentos tomamos una institución y custodiamos mohosas costumbres. (¿Nos daremos cuenta?). Tenemos una identidad inquebrantable; no perdemos el nombre tan fácilmente. Un hospital más o menos de la misma época que la conquista del desierto. Hay quienes dicen que estamos un poco rancixs. Tal vez. Lucas querido: te estrellaste con un hospital de acero.

¿Te enteraste que Norman Briski escribió una obra de teatro? Dice que quienes están viviendo en Guernica, en casillas, y de manera muy precaria, encarnan el espíritu de aquellxs que fueron echadxs y masacradxs. Dice que no es una toma y que no son ocupas: devela que son lxs rajadxs de todos lados. Leer eso me hizo acordar a los “acanoismos” de tantas instituciones. Cuánta admiración saber que han logrado politizar sufrimientos tan hondos.

Estamos en un callejón sin salida Lucas. Sabés que el otro día, a un amigo, se le ocurría un intento de “salida”. Tomó los maderos de una cruz para señalar que podíamos hablar hacia arriba y hacia los costados. Decía que hablando entre diferentes instancias podíamos llegar a un acuerdo. Aún hay creyentes en eso de “hablando se entiende la gente”. Las jerarquías de un hospital apoyadas en una cruz. ¿Me crees si te digo que cada vez entiendo menos? Qué bien nos haría inventar la especialidad de “descomprensionología”!

Me parece que de esta encrucijada, no salimos sin poesía. Fórmula ética o muerte. El acero no tiene memoria. Y necesitamos hacernos de alguna memoria de los encuentros con lo que no sabemos, no queremos y no podemos. Necesitamos de una corajuda debilidad y de una memoria que quede mutando en nuestros cuerpos para alimentar nuevos por venires…

¿Conocés a María Elena Walsh? Ya se que te encanta el Duki! Pero dale, un changüí para María Elena. Hay una que dice:

“Me dijeron que en el reino del revés cabe un oso en una nuez,

que usan barbas y bigotes los bebés,

y que un año dura un mes”

Te prometo que voy a escuchar al Duki. Me cuesta…lo reconozco!

Pero también reconozco que es hora de empezar a mezclar nuestras músicas.

Para terminar, Lucas, te quiero mandar un abrazo. Y me despido también abrazando la ilusión de que en tus viajes, y en esos mientras tanto que encuentres en las instituciones, el azar te cruce con lxs amigxs y con las gratas sorpresas que, estoy segura, esta vida tiene reservadas para vos.


Daddy daddy, Maurizio Cattelan 2008

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