• Revista Adynata

Post Guardia XXXIV/ Débora Chevnik

Después del horror y antes de las tranquilidades,

¿callar? ¿acallar? ¿encallar?


Después de ocurrido y antes de nombrar, digamos, algo,

¿qué es hablar? ¿Qué es hablar en las instituciones?


Después del sufrimiento y antes de los cánones,

¿qué es hablar? ¿Qué es hablar en una institución?


Después de lo irreductible y antes de la simplificación,

¿cómo hablar en un hospital?


Hablar con, hablar ante, hablar contra, hablar para. Hablar a pesar. Hablar entre.


¿escuchar?


Hablar sin.


¿Salir de un acallamiento, es salir de una institución?


¿Es hablar por fuera de dispositivos de comprensión conquistadora?


Después de lo indecible y antes de la blableta,

¿cómo mantener la X sin descifrar?


Orfandad. Intemperie. Y júbilo.


¿Cómo quitarle el grillete al oído?


¿Cómo salirse de la lengua que captura lo vivo y también lo muerto?

Y lo morido, también.


La potencia de hacer hablar que tiene la muerte, lo muerto y lxs muertxs queda fácilmente carbonizada. Dando nacimiento a la ya reencarnada mil veces, lengua grillé. Lengua a la plancha.


“Poner en palabras”.

¿Mercado? ¿Estado? ¿Religión? ¿Otra religión?


¿Cómo llenar de democracia las palabras? De pueblo. De duelo. De nuevo.


antes,

sacar las palabras con que las disciplinas e interdisciplinas institucionalizan la lengua. Y la llenan de rejas, conformando tranquilidades que consumen sosiegos vencidos.


Palabras instituidas, claras, derrotadas, frágiles, rectamente técnicas, nos sacan del problema.

Continuar en la incómoda comodidad, cuánta tentación.


antes,

sacar las ventanillas de la burocracia y colmar de ventanas. Paredes, techos, pisos, puertas, incluso las mismas ventanas. Poner ventanas en los membretes, en los sellos y en la letra o. Abrirlas todas de par en par, hasta de impar abrirlas. Y que sacudan, refresquen, traigan alfombras voladoras con la magia renovada. Y entren cantos y cuentos que nos susurren los oídos maltrechos. Y nos regalen palabras recién cocinadas o crudas pero con todo su perfume.


En los hospitales hablamos; las prácticas las hacemos y las deshacemos con y en la lengua.


Anosmia y disgeusia con las palabras. Dos síntomas.

Estamos cerca de privar de vida un por venir menos distópico para los hospitales.


Cerca de suicidar la potencia hospitalaria que los hospitales aún tienen.


¿cómo lamer la vida en los hospitales?


¿qué prácticas llegarían si le frotáramos vida a la lengua?


Cafferata, Francisco "La niñez del Giotto” 1880 Escultura en yeso 124 x 53 x 87 cm

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