Presentación de "Darse al pensar" / Silvana Bigon
- Revista Adynata

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Rosario, 5 de junio de 2026
Una compañera le preguntó: de qué se trata el libro "Darse al pensar".
De qué se trata. ¿Una pregunta que surge cuando el nombre de un libro provoca un entrecejo que se junta en una arruga, un labio mordido? ¿La pregunta surge porque de quien lo escribe se haya leído poco o nada? O sí se leyó, pero esta vez, se prefiere un: ¡dale, contame vos de qué se trata!
A esa preferencia, ella le dijo, balbuceante, que le parece que el libro trata de…eso, viste, eso que le va haciendo, entre amistades, profanaciones, noches, abrigo, citas, lecturas, escuchas, fuegos y silencios, la vida a la clínica y la clínica a la vida. ¡Eso sí, sin darse a la crueldad! Porque “¿se puede tener sin habitar, poseer sin desear, acaparar sin disfrutar? ¿se puede vivir así?”. ¿Se puede vivir sin poder habitar, sin poder desear, sin poder disfrutar?
“Pensar, se dijo, supone decidirse por algo sabiendo lo mucho que se deja de lado”.
Alrededor de qué fuego de con quienes, se dijo que “pensar supone decidirse por algo sabiendo lo mucho que se deja de lado”.
“Decidirse por algo”.
Y la invitan para que diga algo sobre el libro Darse al pensar. Y entonces ese para que diga algo, resulta ¡como mucho!
Y como en tantísimas y diversas ocasiones, cedió a la tentación de buscar en el diccionario. Eso sí, a la vieja usanza. Y ese viejo y querido compañero, de lo que dice sobre la palabra algo, ella eligió: Una cantidad pequeña de cierta cosa. Un tantico. Indicios. Puntas y ribetes. Destello. Chispa.
Cada fragmento de cada Darse, puede ser un fueguito en el que quedarse un rato, un ratito. Un tiempo sin poder decidir de antemano cuánto tiempo, de las cuántas palabras que vendrán en ese tiempo, o no.
Y eso de que cada fragmento de cada Darse puede ser un fueguito en el que detenerse, lo escribió después de leer otro fragmento que dice: “descongelar el acto de pensar”. ¿Cuándo se congela el acto de pensar? ¿será cuando calcina las palabras? ¿será cuando deja a la lengua seca por repeticiones de conceptos sin alma, sin barro? El pasaje completo, dice: “Asistimos a una conversación o un encuentro clínico para descongelar el acto de pensar. Para encendernos con palabras encendidas”.
Y enseguidita nomás, sigue diciendo: “algunas sensibilidades no saben, no pueden, no quieren, blindar emociones. Sienten la vida en demasía”.
Otras, en demasía, sienten la muerte. “¿Cómo se escucha el habla apagada, la voz del desasosiego, ¿cómo se escucha una lucidez desencantada, ¿cómo se escucha esa mudez aturdida y cansada, ¿cómo se escucha una angostura que estrecha la vida?” ¿Cómo se escucha una sinrazón desesperada?
Desde esas preguntas se fue a Darse al pensar. Leer es un hambre. ¡Apa la la! Quiso decir enjambre. Y recordó que había leído algo sobre esto, en el libro. “Freud advierte insurgencias involuntarias en los actos de habla: eso que se dice sin querer decirse, eso que se escurre o sortea el control del enunciado. Eso que se adelanta a las intenciones. Momento de pasmo en el que se dice lo que no se quiso decir o se escucha lo que no se quería escuchar. Momento de un habla que habla sola”.
“Qué empuja a pensar, ¿un amor, una urgencia, (una insurgencia) un interés?, ¿la necesidad de abrigo, de sosiego, de respuestas?, ¿responsabilizarnos por actos que realizamos?, ¿haber llegado hasta un punto en el que se vuelve imperioso desaprender pensamientos que nos hacen sufrir?”
“Darse al pensar condensa todas las formas del darse”.
“Pensar necesita de la amistad, de la escucha, del abrigo, de la profanación, de la lectura, de la inspiración …y así”.
Del silencio. Del amor
“¡Ay, este tiempo! Suspiros sueltan pensamientos que se escabullen en el aire sin que nadie los piense”. Hoy en la pollería de su barrio, hablaban de no poder dormir de corrido, de despertarse cada tres horas. Como los bebés, dijo ella.
“Pensar tiene más relación con suspirar, aun sin pensamientos, que con afirmar, persuadir, demostrar o razonar”.
Suena la letra de un tango: primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento.
La escucha podría decir: en este libro se dice de mí… más que algo. Pero claro, me acompaña el darse, dice la escucha. Y el darse, repone la cuestión del don en el corazón del pensar, se dijo, en este libro. Entonces también, repone la cuestión del don en la escucha, en estar ahí, en la cita, en el abrigo, en la noche…
Pero el don, diría que con firmeza este libro aclara, no como acción que crea deuda, obligación o demanda de reciprocidad. “El don no como extorsión velada o acuerdo de intercambio. Sino como darse al fuego que nos dieron, darse dándolo. No se recibe la antorcha para atesorarla como un bien propio. Se la recibe para pasarla. Pasar lo que recibimos: en eso consiste el secreto de un común vivir”. Pasar lo que recibimos…una afirmación para volver a pensar con quienes alrededor de un fuego amigo.
“Una canción para dormir se escucha, no se oye”. Recuerda cuando le cantó en susurros cerquita de su oreja, a aquel muchachito que dormitaba, a poco de ser internado, en una cama del policlínico de hombres de la Colonia de Oliveros. Estaba muy sedado y ella le cantaba para mitigar la tristeza y acunar los sueños silenciados. El arrullo fue desatando de a poquito el nudo en la garganta.
“Hay una escucha que ve pasar voces como en una película muda. Una escucha que aprende a leer los labios sellados en un paisaje enmudecido”. Pabellón 10. 1989. Colonia psiquiátrica de Oliveros.
“Sensaciones de los inicios de la vida acaecen diluidas en los sonidos del mundo. Después una lengua enseña a escuchar. Con el tiempo ese pasaje se olvida. Se escuchan amenazas y peligros, protecciones y pertenencias, llamados y reprimendas, confianzas y gratitudes”. No siempre. No siempre.
“La palabra inglesa burnout se suele traducir como quemado. Se la emplea para describir fatigas de sensibilidades que dan acogida a dolores, tristezas, injusticias, que vagan sin recepción. También para nombrar existencias agotadas por incertidumbres, amenazas, demandas de rendimiento. No hablar sobre lo que nos pasa, se ha vuelto norma. Angustias, angustian”.
“Llamamos vida al deseo de contar lo que nos pasa”.
“Hay una escucha subyugada por lo que no está, por lo que falta, por lo que no vino a la cita. Una escucha desatenta con lo dicho. Una escucha pendiente de lo sin decir. Y hay una escucha que se propone hacer audible lo audible”.
“Hay una escucha que escucha lo desoído. Lo que permanece ausente a pesar de que se lo mencione o se lo registre. Lo desoído acampa indocumentado en una conversación”.
“Darse a la escucha implica darse al pensar”.
Hay una cita de un libro muy querido, Notas para pensar lo grupal, que dice: “en los tiempos que vivimos, pensar bien no es lo que cuenta, pensar es lo que importa”.
“Me gustaría que la muerte me encuentre vivo”
Indio Solari
“Los estudios sobre citas suelen concentrarse en plagios y autorías, en normativas, protocolos, corchetes, comillas, cursivas, asuntos afines. No consideran cómo se pasa de la cita de amor al amor a la cita”.
Marcelo Percia




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