• Revista Adynata

Rajadura / V. Nicolás Koralsky

Hace unos meses fui a comprar un bastidor a una librería cerca de casa para hacer un cuadrito "decorativo" para un piso que estoy poniendo en alquiler.

Compré uno cuadrado de 80cm x 80cm.

Caminé las seis cuadras que me separan de la tienda y, a diez metros de llegar, en la vorágine de querer llenar las calles con sillas para poder tener más mesas que atender en plena pandemia, un camarero me pasa por al lado. Lleva, malabarísticamente, cuatro sillas de madera y me golpea. Sigo caminando como si nada y llego a la librería, allí me dicen:

-¿Qué necesita?

Respondo:

-Vengo a devolver este bastidor.

El dependiente me mira fijo y me dice:

-Así no puedes devolver nada.

Bajo la mirada y me encuentro con que el lienzo estaba rajado a la mitad, justo en el centro, como si fuera un cuadro de Fontana.

Me quedo mudo, no lo podía devolver y tampoco lo podía usar.

Le pregunto a otro empleado, que percibe mi cara entre furiosa y desesperada, cómo podía resolverlo.

Me dice:

-Con una tela vieja y cola puedes pegarlo por atrás e intentar reparar el daño.

Llego a mi casa, a todo esto ya llevaba perdidas un par de horas y no quería perder también los ocho euros que me había costado el soporte, preparo todo para zurcir el cuerpo de tela y me pongo a pegarlo. Yapo y queda bastante bien. Dejo secar e intentando usar la rajadura como horizonte, me pongo a pintar con los acrílicos. Pinto un cielo, una línea de arena y el “mar” de nuevo. Con la inseguridad que me caracteriza, hablo con mi madre por videollamada (arquitecta ella y pintora hiperrealista).

Las conversaciones con las madres, cuando uno migra y estamos confinados, son una simulación de “está todo bien” pero vos sabés que estoy angustiado y que me urgen las ganas de tele-transportarme a darte un abrazo porque sé de tu respiración anhelosa y tus ruidos sibilantes, y las dos sabemos que sos grupo de riesgo.

Durante la llamada no tengo mejor idea que mostrarle la "pintura decorativa". ¿Para qué?

Mi vieja ve la "obra” y me dice:

-¿Quisiste hacer la bandera argentina lastimada?

Me quedo mudo. Me empiezo a reír.

Cuando corto, me dispongo a tirar el lienzo a la basura y a otra cosa. La experiencia del bastidor rajado estaba pasándose de la raya.

Por otras urgencias, que no hace falta mencionar en esta breve explicación improvisada, tengo que ir a un chino (equivalente a un todo por dos pesos noventero). Buscando entre tanto producto plástico derivado del petróleo, veo que hay duck tape (aquí, en España, la llaman cinta americana - una cinta inservible que se usa para los secuestros en las pelis de Hollywood-). Compro unos rollos y "amordazo" el lienzo con el celo (en el Reino de España el celo es lo que se pega con otro cuerpo u objeto. Parecería hablar de una cosa con un apetito sexual inagotable, el cual hace que un objeto, la cinta, y la otra cosa copulen).

Pienso:

-Quedará como un papel plástico de 80 x 80 donde poder pinchar cosas.

Termino de hacerlo y mi obsesión por la perfección -que solo es válida para las manualidades- me dice:

-eso no quedó bien.

Siento que tengo que terminar con esto ya. Volver el rectángulo de tela algo, útilmente inútil.

Corro al mismo chino a buscar algo.

No sé que es.

Ahí encuentro esta otra cinta, ella: roja y blanca. Ella que me llama celosa de las otras diciéndome: MUY FRÁGIL.

Pareciera que el objeto cinta supiera de mi pasado como curador de “LO FRÁGIL” en aquellas Jornadas “ESTAR EN COMÚN SIN COMUNIDAD”[1]. “Me compra” con los recuerdos que me trae de ese día, del artista Julio Gaete Ardilles, parte del colectivo ARTE BAJO CERO, colgando esas inmensas letras en la puerta de la facultad de Psicología de la calle Independencia ese 5 de Noviembre hace un par de años atrás (mientras escribo caigo en que se cumplen 4 años de esas jornadas donde una docena de aulas de la universidad se convirtieron por unas horas en laboratorios de estética contemporánea).



Compro la cinta. La abrazo como si trajera un pedazo de esa jornada a mí. La abrazo como intentando dar calor y cuidado a un objeto que señala lo frágil.

Cojo el bastidor y comienzo a darle vueltas y más vuelta. Lo dejo como si fuese un yeso inconmovible hecho por la repetida composición: MUY FRÁGIL MUY FRÁGIL.

Lo termino, lo dejo apartado.

La primera vez que esta revista necesitó un imagen para su editorial, apareció el bastidor enyesado de cinta frágil frente a mí mientras buscaba una imagen atinada para la nota. Lo ví con otros ojos.

Dije: “Este MUY FRÁGIL funcionará como portada. Desde Adynata me piden que haga alguna foto del cartel. Le hago una, como soy perfeccionista... no me gusta. Le hago otra y otra y otra. El cuadro termina siendo un modelo que se desploma, frágil, en distintos espacios de mi casa, en los pasillos de mi edificio, en mi balcón, en la ducha, con mi perro de porcelana, entre mis cortinas, usando mis toallas. MUY FRÁGIL se posa en la pared, se posa en el perchero, en mi cama y termina recostado en la puerta de entrada del vecino.

Entonces le mando al equipo editorial las imágenes para que elija y consulto ¿ Y si la editorial de Adynata es siempre el lienzo MUY FRÁGIL paseándose por diferentes lugares y con diferentes actores de la ciudad?

Reflexiono y caigo en la cuenta: Un Adynatón es la figura de un imposible... todo mundo impensado contiene la fragilidad del mundo pensado "sentado en común" ¿por qué no custodiar la figura de lo imposible con un cuadro que diga: MUY FRÁGIL?

[1] https://issuu.com/koralsky/docs/dossier_jornadas_estar_en_comun_sin

Arte Bajo Cero, Acción FRAGIL, Intervención Edificio Centro Cultural Embajada de Chile. 2014

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