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Recuerden quiƩn es el enemigo / Mark Fisher

  • Foto del escritor: Revista Adynata
    Revista Adynata
  • 1 feb 2024
  • 7 Min. de lectura

Hay algo tan increíblemente oportuno en Los Juegos del Hambre: en llamas que es casi perturbador. Durante las últimas semanas, en el Reino Unido ha habido una palpable sensación de que el sistema de realidad dominante estÔ estremeciéndose, de que las cosas estÔn empezando a colapsar. Hay un despertar del depresivo sueño hedónico, y Los Juegos del Hambre: en llamas no estÔ solamente en sintonía con esa sensación, sino que la amplifica. ¿Una explosión en el corazón de la mercancía? Sí, y el fuego produce mÔs fuego...


Yo suelo utilizar demasiado la palabra ā€œdelirioā€, pero ver En llamas la semana pasada fue una experiencia autĆ©nticamente delirante. MĆ”s de una vez pensĆ©: ĀæCómo puedo estar mirando esto? ĀæCómo puede esto estar permitido? Uno de los servicios que Suzanne Collins ha brindado es revelar la pobreza, la estrechez y la decadencia de las ā€œlibertadesā€ de las que disfrutamos en el capitalismo tardĆ­o. El modo de captura es el conservadurismo hedónico. Podemos comentar sobre cualquier cosa (y puede que incluso nuestros tuits sean leĆ­dos en la televisión), podemos mirar tanta pornografĆ­a como queramos, pero nuestra capacidad para controlar nuestras propias vidas es mĆ­nima. El capital se ha introducido en todas partes, tanto en nuestros placeres y sueƱos como en nuestro trabajo. Primero nos atrapan con circos mediĆ”ticos, luego, si eso falla, mandan a las tropas de asalto. La transmisión de la TV se corta justo antes de que los policĆ­as comiencen a disparar.


La ideologĆ­a es mĆ”s un relato que un conjunto de ideas, y Suzanne Collins merece un enorme crĆ©dito por producir lo que es nada menos que una narrativa contraria al realismo capitalista. Muchos de los anĆ”lisis de la captura del capitalismo tardĆ­o producidos en el siglo XXI –The Wire, The Thick of It, el propioĀ Realismo capitalista–, corren el peligro de ofrecer una mala inmanencia, un realismo sobre el realismo capitalista que solo puede engendrar una sensación de parĆ”lisis ante el cerramiento total del sistema. Collins nos ofrece una salida hacia afuera, y alguien con quien identificarnos: la mujer/guerrera revolucionaria, Katniss.


Vendan a los niƱos por comida.


La escala del Ć©xito del mito es intrĆ­nseca a su importancia. La DistopĆ­a Joven Adulta no es tanto un gĆ©nero literario como un modo de vida para las generaciones arrojadas a la deriva y completamente traicionadas luego de 2008. La Ćŗnica solución que ofrece el capital –que ahora utiliza modos de gobierno ā€œnihiliberalesā€ mĆ”s que neoliberales–, es cargar a los jóvenes con deudas y precariedad. Las optimistas promesas del neoliberalismo ya no existen, pero el realismo capitalista continĆŗa: no hay alternativa, disculpas. Nosotros tuvimos pero tĆŗ no, y asĆ­ es como son las cosas, Āæok? El principal pĆŗblico de las novelas de Collins era adolescente y femenino, y Collins, en vez de alimentar a las niƱas con mĆ”s fantasĆ­as de internado o romances vampĆ­ricos, silenciosamente pero a la vista de todos, las ha entrenado para ser revolucionarias.


QuizĆ” lo mĆ”s notable de Los Juegos del Hambre sea el modo en que simplemente presupone que la revolución es necesaria. Los problemas son logĆ­sticos, no Ć©ticos, y el asunto es simplemente cómo y cuĆ”ndo la revolución puede ser llevada a cabo, no si debe ocurrir. Recuerden quiĆ©n es el enemigo: un mensaje, una demanda Ć©tica que nos interpela desde la pantalla... que llama a una colectividad que solo puede ser construida a travĆ©s de la conciencia de clase... (ĀæY quĆ© es lo que Collins ha logrado aquĆ­ sino un anĆ”lisis y una decodificación intereseccional del modo en que la clase, el gĆ©nero, la raza y el poder colonial operan juntos –no en el registro acadĆ©mico moralizador del Castillo de Vampiros1 sino en el nĆŗcleo mitogrĆ”fico de la cultura popular–, funcionando no como una exigencia deslibinizadora de mĆ”s pensamiento, de mĆ”s culpa, sino como un llamamiento que incita a construir nuevas colectividades?).


Hay una inmanencia punk en En llamas que no he visto en ningún producto cultural desde hace mucho tiempo, una contagiosa autorreflexividad que emana del film y corroe a la cultura mercantil que lo rodea. Los anuncios que promocionan la película parecen salidos de la propia película, y, mÔs que un caso de autorreferencialidad vacía, tienen el efecto de decodificar la realidad social dominante. Repentinamente, el deprimente brillo del ciberbombardeo promocional del capital es desnaturalizado. Si la película realiza un llamamiento que atraviesa la pantalla y llega hasta nosotros, nosotros también la pasamos por encima e ingresamos en el mundo del film, que resulta ser el nuestro, como vemos claramente ahora que algunos escenarios distractivos han sido removidos. Aquí estÔ: un barbarismo cibergótico neorromano, de estridentes maquillajes y vestuarios para los ricos, y de trabajo duro para los pobres. Los pobres tienen acceso solo a la tecnología suficiente para garantizar que estén siempre conectados a las transmisiones propagandísticas del Capitolio. Los realities como una forma de control social, una distracción y un espectÔculo subyugador que naturaliza la competencia y obliga a la clase subordinada a pelear hasta la muerte para el deleite de la clase dominante. ¿Les suena familiar?


Parte de la sofisticación y de la pertinencia de la visión de Collins, sin embargo, se encuentra en la conciencia que tiene del rol ambivalente de los medios masivos. Katniss es un tótem no porque toma acciones directas contra el Capitolio –¿quĆ© forma tendrĆ­a esa acción en esas condiciones?–, sino porque su lugar en los medios le permite funcionar como un conector de diferentes poblaciones que de otro modo continuarĆ­an atomizadas. Su rol es simbólico, pero –dado que el sistema de captura es en sĆ­ mismo simbólico en primera instancia– precisamente eso es lo que la transforma en un catalizador. La chica en llamas... y el fuego produce mĆ”s fuego... En Ćŗltima instancia, sus flechas deben estar dirigidas al sistema de realidad, no a individuos humanos que son reemplazables.


La remoción del ciberespacio capitalista del mundo de Collins despeja la maquinaria distractiva de la Web 2.0 (la participación como una extensión del espectĆ”culo bajo una forma generalizada, total, mĆ”s que como su antĆ­doto), y muestra cómo la televisión –o, mejor, lo que Alex Williams ha llamado ā€œel Amarillismo Universalā€ā€“ es todavĆ­a productiva para establecer lo que cuenta como realidad. (A pesar de toda la retórica horizontalista sobre la Web 2.0, basta mirar lo que tĆ­picamente es tendencia en Twitter: los programas de televisión.) Hay un rol de hĆ©roe o villano –o quizĆ”s una historia de cómo pasamos de ser hĆ©roes a villanos– preparado para cada uno de nosotros en el Amarillismo Universal. Las escenas en las que Plutarch Heavensbee ofrece una descripción casi comercial de la naturaleza del palo y la zanahoria del poder mediĆ”tico-autoritario del Capitolio tienen una precisión mordaz y fulminante. ā€œMĆ”s golpizas, Āæcómo serĆ­a su boda? Ejecuciones, pastel de bodasā€¦ā€


Tal como Unemployed Negativity escribió sobre el primer film:


No es suficiente con que los participantes se maten unos a otros, sino que al hacerlo deben producir una narración y un personaje convincente. Esto les garantiza una buena posición e implica que serÔn asistidos por aquellos que apuestan a favor suyo. Antes de entrar a la arena reciben cambios de imagen y se los entrevista como a competidores de American Idol. Obtener el apoyo del público es un asunto de vida o muerte.2


Esto es lo que hace que los Tributos se aferren a su rol de marionetas de carne definidas por el reality. La Ćŗnica alternativa es la muerte.


ĀæPero quĆ© ocurrirĆ­a si eligieran la muerte? Esa es la cruz del primer film, y tuve que recurrir a Bifo cuando intentĆ© escribir sobre Ć©l.3 ā€œEl suicidio es el acto polĆ­tico decisivo de nuestro tiempo.ā€4 La amenaza de suicidio de Katniss y Peeta es el Ćŗnico acto posible de insubordinación en Los Juegos del Hambre. Y es insubordinación, NO resistencia. Como han reconocido los dos analistas mĆ”s agudos de la sociedad de control, Burroughs y Foucault, la resistencia no es un desafĆ­o al poder; es, al contrario, lo que el poder necesita. No hay poder sin algo que lo resista. No hay poder sin un ser vivo que sea sometido. Cuando nos matan, ya no pueden vernos subyugados. Un ser reducido al sollozo, ese es el lĆ­mite del poder. MĆ”s allĆ” estĆ” la muerte. AsĆ­ que solo si actĆŗas como si estuvieras muerto puedes ser libre. Este es el paso decisivo de Katniss para transformarse en revolucionaria: al elegir la muerte, ella recupera su vida, o la posibilidad de una vida que ya no vive como una esclava-subordinada, sino como un individuo libre.


Las dimensiones emocionales de todo esto de ninguna manera son secundarias, porque Collins –y las pelĆ­culas son fieles a las novelas en casi todos los aspectos– entiende cómo opera la sociedad de control a travĆ©s del parasitismo afectivo y la esclavitud emocional. Katniss entra a los Juegos del Hambre para salvar a su hermana, y el miedo por su familia la mantiene a raya. Las novelas y las pelĆ­culas son tan poderosas en parte por su capacidad de tocar sentimientos –ira, terror, resoluciones nefastas– que tienen un registro mĆ”s polĆ­tico que privatizado.


Lo personal es polĆ­tico porque no hay nada personal.


No hay un Ɣmbito privado al que retirarse.


Haymitch les dice a Katniss y Peeta que nunca podrƔn bajarse del tren, implicando que los roles que se requiere que interpreten continuarƔn hasta su muerte. Todo es un acto, pero no hay un detrƔs de escena.


No hay bosques a los que correr donde el Capitolio no te perseguirƔ. Si escapas, siempre podrƔn atrapar a tu familia.


No hay zonas autónomas temporarias que ellos no vayan a clausurar. Es solo una cuestión de tiempo.


Todo el mundo quiere ser Katniss, excepto la propia Katniss.


TrƔiganme mi flecha, de oro ardiente.


Lo Ćŗnico que ella puede hacer –cuando llegue el momento– es apuntar al sistema de realidad.


Luego observas la caĆ­da del cielo artificial.


Luego despiertas.


Y.


Eso es la revolución…




1 Mark Fisher llama ā€œCastillo de Vampirosā€ a la apropiación burguesa liberal y moralista de la energĆ­a originada en las luchas contra el racismo, el sexismo y el heterosexismo, tal como lo especifica en ā€œExiting the vampire castleā€ que estarĆ” incluido en el volumen 3 de la presente recopilación. [N. del T]

2 Unemployed Negativity, ā€œPrimer for the Post-Apocalypse: The Hunger Games Trilogyā€, 5 de septiembre de 2011, disponible en www.unemplo-yednegativity.com.

3 Ver Mark Fisher, ā€œPrecarious Dystopias: The Hunger Games, In Time, and Never Let Me Goā€, Film Quarterly, vol. 65, nĀŗ 4, 2012, p. 27-33.

4 Franco ā€œBifoā€ Berardi, Generación Post-Alfa: patologĆ­as e imaginarios en el semiocapitalismo, Buenos Aires, Tinta Limón, 2007.



Fuente: K-punk, ā€œRemember Who the Enemy Isā€, 25 de noviembre de 2013, disponible en k-punk.org.

Fisher, Mark KPUNK - Volumen 1 Escritos reunidos e inéditos (Libros, películas y televisión) 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Caja Negra, 2019 Traducción de Fernando Bruno. © Mark Fisher, 2018.



Jean-Luc MoulĆØne. Fixed Standard (Paris, 2017). 2017. Silla plĆ”stica, cartón, madera, tornillos, clavos. 80 Ɨ 43.2 Ɨ 53.3 cm

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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