• Revista Adynata

Risas / Cynthia Szewach

De escuchar tu risa loca”

E. Cadícamo


Hay tiempos que no son de alegría fácil. La alegría va, muchas veces, de la mano de conquistar derechos, al decir de la frase de Jauretche. La tristeza debilita la conquista.


Se ha teorizado de diferentes formas la risa. Para el psicoanálisis ocupa un lugar de interés. La risa funda el chiste. Hermosa expresión que plantea un acontecimiento inconsciente, que la dignidad de la palabra hace de nuestra práctica, una hendija al sufrimiento.


La risa onírica. A veces, muy pocas, se llora o se ríe en sueños. Savia del proceso primario, en el cuerpo del durmiente. Sitúa una sensorialidad inesperada, en la imagen del soñante que atañe al cuerpo en reposo. Los misterios del inconsciente. Lou Andreas-Salomé le cuenta a Ree, de quien se ha separado, aunque aún amaba, que llora en sueños por él. El llanto se convierte en risa cuando, se imagina, en el sueño, la alegría de que puedan encontrarse azarosamente en algún sitio cualquiera, cuando lo creían imposible.


Risa sacrificada. En “Los que fracasan al triunfar”, Freud, incluye para pensar una obra de Ibsen: “Romersholm”, un solar de una antigua estirpe, cuyos miembros no conocían la risa y habían sacrificado la alegría al más riguroso cumplimiento del deber.


La risa en el analista. La hilaridad que sucede en la escena analítica a veces oficia como Interpretación a veces como interrupción que habilita o detiene una deriva interminable. Por lo habitual festeja un acontecimiento entrelenguas. Un analista sonríe muchas veces frente a algo que escucha, al transmitir calidez en un silencio, o para acompañar. La sonrisa se hace visible. Algunas veces un analista ríe. Sonoriza el divertimento imprevisto. Lo que se hace oír de lo que se escucha. Se afecta, conmueve, convierte el decir en chiste o comedia. Deja libre una censura en el aire.


Hay analistas que a veces se muerden un poco la risa, la sofocan, suponen que es mejor no mostrar esa “satisfacción”. Son, a mi entender, prejuicios de creer que la abstinencia es imperturbabilidad, o que se muestra la tentación de algo “propio”. Sin embargo, es cierto, que hay risas que abonan a lo resistencial. Anticipar en ocasiones, con humoradas, puede impedir transitar por zonas de hendidura trágica ineludibles en algunos momentos de un análisis.


Hay una risa de la angustia, otra de amenaza inminente, o de abismo. Lacan: “La risa repentina de quien se siente súbitamente amenazado por algo que supera completamente los límites de su espera”. Hay risa de desesperación o de duelo. Risa brusca, loca, extranjera.


Al reír, se debilita una solemnidad que incluye la finitud. En una ocasión Borges con su enorme sentido del humor se cuenta que firmaba ejemplares en una librería del Centro. Un joven se acercó con “Ficciones'' y le dijo: “Maestro, usted es inmortal”. Borges, riéndose, le contestó: “Vamos hombre, no hay por qué ser tan pesimista”.


La dignidad ética del humor, oficia de tanto en tanto de resistencia a los vendavales. Un superyó amable, oficia sofocando (unterdrucken) a reacciones del yo protegiéndonos del sufrimiento amenazante. No se trata de resignación. El humor es opositor, rebelde. Trotziges la palabra que usa Freud, equivalente de terco, obstinado, desafiante, refractario a la amargura. Irreverente al beneplácito de la conveniencia.


Cortázar: “La risa sola ella cava más túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra”.


La risa se inmiscuye en lo establecido, arriesga al cuerpo y la voz. Puede acercar, erotizar la escena. Hay risas que contagian o escudan.


El humor, provocador de risa, propone, en términos de Pirandello, una simpática indulgencia y un cierto manto piadoso. Un desaire a la exigencia de lo inalcanzable. Hay algunas ocasiones en las que el humor o la risa, entre la ironía y la infamia no son, de ninguna manera bienvenidos. Golpean. Es cuando se asientan en el negacionismo, la exclusión o la segregación.


La risa también surge opuesta al tedio, al aburrimiento, al desencuentro. A veces se contrapone a la seriedad que opaca el rostro. Puede bordear hacia el llanto. En la niñez al “hacer cosquillas”, o con algún excedente del Otro.


-“¡Pero Vos estás re- loca!”, me dijo el niño, pequeño paciente, mientras tomaba un poco de distancia de la escena en la que jugábamos. Divertida, con el juego, me reía. Produjo una marcación certera. Para poder jugar con él, se requería cierto silencio, una mesura protectora.


“El único que se ríe de tus chistes”, titula M. Percia al hablar de la amistad. “La amistad no dice nada, su proximidad no reside en el narcisismo, la empatía, la solidaridad; sino en el encanto de la locura del otro”.


“El que sólo ríe de sus picardías se acuerda” dice un dicho. Estallar, morir, cagarse, desternillarse, descostillarse de risa. No sin cuerpo pulsional que desarticula una enteridad.

El reír acompañado puede ser con un analista, por un hecho cómico o un efecto inconsciente que inaugura un sinsentido, una apertura. Junto a una amistad, con un amor, en una escena sexual, al jugar con infancias queridas, olvida, en ese instante, no una picardía solitaria, sino otra soledad, impensable, indecidible.



Jean Dubuffet - Sonrisa número 2 - 1962 - Litografía 64 x 50.8cm

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.