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Saberes de infancias / Verónica Scardamaglia

hace 11 minutos
1 min de lectura

Jugar a vivir

sin saber de economía

acumulando caramelos a pesar del dentista,

sabiendo del ahorro

de saborear un chocolate Suchard

hasta el último mordisco

y calculando, cuadradito a cuadradito,

cuánto hay para cada una.


Jugar sin saber de horarios

de madrugada, en la cocina,

sacando ollas y cucharas

con ruido a batería que no tiene vecinxs,

o de mañana

antes de cambiarse para ir a la escuela

y dejar congelada a mamá

cuando se le escapa

ese automático que reclama:

“no podés estar jugando todo el día”.


Jugar a “la vendería”

inventando palabras y productos,

sabiendo ya que algo

se intercambia por algo:

un collar vale dos caramelos,

una gomita de pelo, uno,

una cartera de mamá, tres paquetes de galletitas.


Salir llorando del jardín

por la interpelación de un mini varón

ante la declaración del azul como color preferido,

“ese no es un color de nenas”.

Y una especie de revancha

ante la llegada de un día del niño,

con la pregunta inocente:

“¿y el día de la niña cuándo es?”.


Disfrutar del mar, aún ante el frío

que hace decir “vuelvo en un rato”

y atreverse a cuestionar

la dimensión del tiempo

“tía, ¿un rato cuánto es?”


Afirmar, con todo el amor que cabe

en ese lenguaje a media lengua,

“yo sé, mami, que Macri es tu enemigo”

o preguntar inocentemente,

“má ¿los que votan a Cristina son cristianos?”


Lo único imperdonable

de estas infancias

que he disfrutado

ha sido el descaro

de decir poesía

para decir policía.




Milan Duchel «La revuelta de los niños» Objetos encontrados y técnica mixta sobre lienzo 166,4 × 108 × 7 cm (con marco)
Milan Duchel «La revuelta de los niños» Objetos encontrados y técnica mixta sobre lienzo 166,4 × 108 × 7 cm (con marco)

Comentarios


Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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