Saraos Uranistas: el disfrute del vivir, una provocación / Verónica Scardamaglia
- Revista Adynata

- hace 3 horas
- 9 min de lectura
Los saraos
El vocablo portugués sarao deriva etimológicamente del latín vulgar serānum, que a su vez deriva de serum, que significa ‘la tarde’. Este nombre también se atribuye a fiestas y reuniones que se realizan al atardecer.
Leemos a Lucía Tennina en el artículo Saraus periféricos de São Paulo: una comunidad afectiva marcada por el orgullo (2022): “La palabra “sarau” no es nueva. Varias canciones, novelas, cartas, crónicas y memorias del siglo XVIII europeas y americanas hacen referencia a estas lujosas reuniones de amigos, artistas, políticos, libreros que, con variada frecuencia, se encontraban en casas de determinados personajes de la alta sociedad o en espacios donde se desenvolvía la sociabilidad intelectual de esa época –como clubes, librerías, teatros y confiterías– para hacer públicas sus creaciones.”
Hacia el 2001 en las periferias de San Pablo, proliferan encuentros entre artistas de la danza, la música, la literatura, analiza Lucía Tennina: “un nuevo mapa que toma como puntos de referencia espacios literarios llamados saraus de poesía, desde donde se articula un autodenominado Movimiento de Literatura Marginal que se manifiesta también con cursos, publicaciones, conferencias y mesas debate. Se trata, para definirlos en pocas palabras, de reuniones en bares de diferentes barrios de las regiones suburbanas de San Pablo donde se declaman o leen textos propios o ajenos frente a un micrófono durante dos horas.”
Urano y los uranistas
Paul B. Preciado publica en 2019 el libro Un apartamento en Urano. Crónicas desde el cruce. Este libro no se trata sólo de una recopilación de artículos escritos entre 2010 y 2018, y publicados en diferentes medios europeos sino, y sobretodo, escritos desde la urgencia del pasaje. Esa escritura que se escribe en el transcurrir de los cambios de pieles a los que nos arroja la incomodidad del vivir. Escribir mientras se vive entre ciudades, entre amores, entre departamentos, entre géneros, entre militancias, entre discusiones.
Escribir como modo de buscar, encontrar y abandonar formas de nombrar eso que se vive. Hallazgo de palabras que sostienen y se gastan y vuelven a sostener. ¿Sostienen las palabras? ¿sostiene el nombrar? ¿sostiene la escritura?.
Allí leemos que Urano, uno de los planetas más alejados de la Tierra, fue el primer planeta descubierto con ayuda de un telescopio ocho años antes de la Revolución Francesa.
En 1864, Karl Henrich Ulrichs acuña el término uranista, inspirado en “la forma de concepción no heterosexual que aparece citada en El Banquete de Platón" en referencia a los relatos en torno a Urano, hijo de Gea, que lo concibe sola.
Explica Paul Preciado que Ulrichs afirma "yo soy uranista" ante juristas y miembros del parlamento alemán que lo condenaron a prisión y prohibieron sus libros. Con esto se refiere a los amores del "tercer sexo" y lo enuncia exactamente 159 años atrás, un 28 de agosto de 1867.
¿Con qué voz podemos hablar?
Escribe Paul B. Preciado en Un apartamento en Urano. Crónicas desde el cruce:
“Hablar es inventar la lengua del cruce, proyectar la voz en un viaje interestelar: traducir nuestra diferencia al lenguaje de la norma; mientras continuamos, en secreto, haciendo proliferar un bla-bla-bla insólito que la ley no entiende.
Ulrichs fue uno de los primeros ciudadanos europeos que afirmó públicamente que quería tener un apartamento en Urano. El primer enfermo sexual y criminal que tomó la palabra para denunciar las categorías que lo construían como enfermo sexual y como criminal. No dijo «no soy sodomita», sino que defendió el derecho a practicar la sodomía entre hombres apelando a una reorganización de los sistemas de signos, a una modificación de los rituales políticos, que definen el reconocimiento social de un cuerpo como sano o enfermo, como legal o ilegal. En cada palabra del Ulrichs que les habla a los juristas de Múnich desde Urano se oye la violencia que produce la epistemología binaria de Occidente. El universo entero cortado en dos y solamente en dos. En este sistema de conocimiento, todo tiene un derecho y un revés.
Somos el humano o el animal. El hombre o la mujer. Lo vivo o lo muerto. Somos el colonizador o el colonizado. El organismo o la máquina. La norma nos ha dividido. Cortado en dos. Y forzado después a elegir una de nuestras partes.
Lo que denominamos subjetividad no es sino la cicatriz que deja el corte en la multiplicidad de lo que habríamos podido ser. Sobre esa cicatriz se asienta la propiedad, se funda la familia y se lega la herencia. Sobre esa cicatriz se escribe el nombre y se afirma la identidad sexual.”
El Maipo
El trámite de validación de entradas al traspasar el hall se transforma en un pasaje encantador. Nos recibe quien se sabe no un mero trabajador sino el anfitrión y la puerta de acceso para disponernos a un buen estar en el teatro. Se trata de Horacio Cortés, de smoking con moño, un morocho de ojos y sonrisa brillantes, pieza fundamental como Jefe de Sala del Maipo desde 1994. Comenta en un reportaje Verónica Calvo, quien trabajara mano a mano con Lino Patalano y Julio Bocca: “Ser el jefe de sala del Teatro Maipo lo vive como un privilegio y lo muestra como un privilegio. No solo te hace sentir bienvenido al teatro, te hace sentir especial. Su manera de trabajar hace que todos se sientan afortunados de estar ahí”.
La historia de un teatro como el Maipo, la Catedral de la Revista Porteña, se impone ya desde ese aterciopelado telón bordó que lo caracteriza, ya desde el maravilloso friso que enmarca el escenario, pintado por la inmensa Renata Schussheim. En él reposan nueve figuras humanas que, entre las máscaras griegas de tragedia y comedia, nos miran para que las miremos. Invitan a recorrer un espacio que provoca un viajecito en el tiempo incluso con el olor particular de la sala. Una sala acogedora que no ahorra en dorados y brillos y con palcos cercanos que escalan los dos pisos. Y ahí arriba las lámparas-arañas destellantes -que fueron bautizadas como “Las Nélidas”, homenajeando a las increíbles vedettes Nélida Roca y Nélida Lobato- acompañadas ellas por arañas más pequeñas que se encuentran en otros espacios del teatro y que también tienen nombre: Niní (Marshall), Lola (Membrives), Sofía (Bozán) y Tita (Merello).

El Maipo nos recuerda que lo misterioso ha sido una pieza fundamental en el mundo del espectáculo. En una entrevista de Jorge Lafauci a Carlos Szwarcer, autor del libro Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas, leemos: “Jorge Lafauci: Yo, que tengo bastantes años en esto, fui al Maipo muy jovencito, cuando cumplí 18 años, a ver una revista. Nunca me olvido, con Ámbar La Fox y Maurín, que era su esposo. Estaba Gloria Montes, la Coccinelle, una vedette transexual, y grandes cómicos. A través de todos estos años, cambió el concepto porque las vedettes no se tenían que mostrar fuera del teatro. Ahora la televisión exhibe todo, hasta las desnudeces. En aquel momento, hasta Petit (Carlos A. Petit), tanto en el Nacional como en el Maipo les prohibía mostrarse fuera del teatro. Es más, salían todas cubiertas para que no las vieran en la calle. Las vedettes por contrato no podían exhibirse y mostrarse. Por ejemplo, Petit decía: si una persona paga una entrada para ver a Nélida Roca desnuda en el escenario, no la tienen que ver en otro lugar de la Argentina, ni en los restaurantes donde cenaban, ni en Mar del Plata, ni en una playa. Nada. Vidas misteriosas. Por eso hay tan poco material fotográfico de Nélida Roca.”
La obra y las provocaciones
Un piano que no vemos suena en la sala para recibirnos. Al acomodarnos en las butacas afelpadas, se percibe el olor a teatro. El pesado telón bordó coronado por las nueves desnudeces en pose, queda iluminado por las Nélidas.
Todos los sentidos están dispuestos para presenciar Saraos Uranistas. Una obra de teatro musical estrenada en 2024 en el circuito off, en el Galpón de Guevara. Cuenta con seis personas en escena y está basada en archivos psiquiátricos policiales del 1900 acerca de homosexuales y travestis, investigados por Jorge Salesi.
Dice de ella su dramaturgo y director Juanse Rauch que se trata de “un diálogo entre épocas que plantea la actualización de sentidos en tensión”. Una “revisión pop de la época”, dice. “Saraos como fiesta y no solo como relato de lo horroroso”, dice. “Ampliar las formas en las que se han nombrado a las sexodisidencias en Argentina”, dice. “Nos sorprendió gratamente que excedió a un público de nicho y que hay espectadores que no imaginábamos como psicólogos y psiquiatras, vienen cátedras de psiquiatría” dice en un reportaje para un streaming, antes de llevar la obra a Mendoza.
La recomendación de esta obra tiene la potencia de la circulación del boca en boca.
La deformación profesional que algunxs venimos recorriendo desde hace más de 20 años, ha tenido que ver con discutir las barbaridades diagnósticas patologizantes ancladas en el régimen de la diferencia sexual. Esa “red que limita nuestra percepción y nuestra forma de sentir y de amar” como menciona Paul B. Preciado en Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una academia de psicoanalistas (2019). Dice en esa perfoconferencia en París, ante tres mil quinientos psicoanalistas reunidos para las jornadas de L'ecole de la Cause freudienne: “Como el psicoanálisis y la psicología normativa dan sentido a los procesos de subjetivación dentro del régimen de la diferencia sexual, de género binario y heterosexual, toda sexualidad no heterosexual, todo proceso de transición de género o toda identificación de género no-binaria desata una proliferación de diagnósticos.”
En el recorrido de la deformación, también se ha tratado, no sólo de discutir por todos lados la normalidad que concentra todas y cada una de las centralidades de la fuerza, habidas y por haber, sino también de precisar y cuidar cómo aquellos filtros de género, raza, clase, adultocentrismo, ideología y capacitismos, condicionan la atribución de sentidos y la escucha. Escribe Marcelo Percia en Darse a la escucha (2025):
“También hay una escucha no sólo sonora. Una escucha que sabe que una vida se dice de muchas maneras.
Llamamos vida al deseo de contar lo que nos pasa. Al desborde de los nombres. A sonidos que envuelven a todos los sentidos y a cada sentido que envuelve a todos los sonidos. Llamamos vida a una falla del entendimiento. A suspiros que no constan en ninguna memoria. A las huellas que avisan que alguien o algo ya estuvo aquí. A querer hacer muchas cosas al mismo tiempo, porque todas las cosas nos atraen y nos gustan.
Llamamos vida a lo que “ama esconderse” o “tiene el pudor de no mostrarse”. Como dice una proposición atribuida Heráclito.
Darse a la escucha pide discreción ante lo que sólo decide insinuarse.”
Saraos Uranistas provoca. Y no sólo por su contenido.
Una provocación que atrapa la mirada que se posa en la belleza de cada detalle. Los cuidados se advierten en la escenografía, el maquillaje, el vestuario, el uso y la composición de los colores, los juegos de luces y brillos.
Esto queda en evidencia en la ficha técnica de la obra que considera el diseño de guantes, calzado, tocados y pelucas. Hasta de la bijouterie, parecería. Allí la decisión de un cálculo extremo de cuidados al servicio de una pincelada de perfección ante aquello atribuido como anormal, delictivo y emfermo.
Diseño de arte: Uriel Cistaro. Diseño de iluminación: Facundo David. Diseño de maquillaje: Adam Efron. Realización de escenografía: Guido Azqueta Mozzi, Juan Pablo Villasante. Realización de vestuario: Sandra Li, Patricia Mizraji, Uriel Cistaro. Realización de calzado: Pablo Ibañez. Realización de tocados: Uriel Cistaro. Realización de pelucas: Mónica Gutierrez. Realización de guantes Barrokua. Telón y adaptación escenográfica Maipo: TatiLuli Escenografía. Realización Set-electric: Jessica Tortul.
Saraos Uranistas provoca también desde las composiciones actorales y musicales.
Lucía Adúriz, Payuca / Maiamar Abrodos, Manuel Di Francesco, Emiliano Figueredo, Tomás Wicz y el músico Gabo Illanes se sacan unas chispas tales en el escenario que hacen crecer la magia que producen, evidenciada en el remolino de risas, sonrisas, lágrimas y conmociones que provocan.
El juego entre Juanse Rausch - Gabo Illanes, entremezcla lo rítmico del lenguaje con la posibilidad de decidir cómo y desde dónde se enuncia lo que se enuncia. Cada palabra, cada intención, cada tono están donde quieren estar y afirman lo que quieren decir. Se deslizan sabiamente de lo ya dicho en torno a los mundos transfeministas, si bien lo recuperan. Casi como una pirueta de danza acrobática que toma carrera en lo pasado para, hermosamente y con riesgo, dar un salto hacia lo venidero, para insistir en formas de vida disfrutables de ser vividas. Dice Juanse Rauch “hay una fiesta en vivir la vida como la vivimos, no solo un martirio”.
Al finalizar la obra, las muecas de las máscaras de la tragedia y la comedia se ven extasiadas por lo ocurrido. Y las nueve figuras que estuvieron asomadas al escenarios toda la función, buscan volver a la quietud de la sala vacía después de tantas hermosas provocaciones.
Saraos Uranistas reactualiza y nos inscribe en la historia del placer por vivir como queremos vivir y nos recuerda que no se trata de una novedad ni de una nueva lucha de estos tiempos, sino de lo misterioso de las transmisiones que se hacen lugar, a pesar de saberlo o no.




Comentarios