• Revista Adynata

Sigue al conejo blanco / Verónica Scardamaglia

(alerta spoiler al final del texto)



Ni unos ni ceros. Ni hombres ni mujeres. Ni causas ni efectos. Ni buenos ni malos. Ni pastillas rojas ni pastillas azules

Lana Wachowski.


Ni bien llega a la escuela le plantea a la preceptora que necesita que le nombre de otra manera, que no quiere más el nombre que tiene -ese que le asignaron-. Quiere otro.

La preceptora habla con la jefa de preceptorxs que habla con la directora que habla con la tutora. Todas coinciden: que vaya al DOE (Departamento de Orientación Escolar).

Demasiado temprano, como para tremendo planteo -imagino que piensan, escandalizadas.

Algo en la jerga docente se habla en siglas encriptadas que hacen sentido de pertenencia y exclusión al mismo tiempo: la POF, la EMI, el EPA, el EOE,el ASE, el 70T, el 6°H y así.

Pertenencia y exclusión de género, de raza, de clase, de saberes que operan como validaciones más de expulsión que de acceso. Y si de educación secundaria se trata, con estas operatorias se arrastran y reviven aquellos mandatos fundacionales excluyentes de principio de siglo XIX de educar a la elite.

Si bien existe la ley de identidad de género Nº 26743 sancionada y promulgada en 2012, todavía no termina de saltar de la sanción a las aulas y pasillos de las escuelas. Y hace falta empujarla.

Esta ley y algunas otras, de a ratos, hacen que los derechos se desempolven de la cobertura de clase que los constituye y se transformen en aquello que puede hacer fuerza para que una vida (al menos una) logre esquivar (al menos en algunas situaciones) la fuerza de las opresiones patriarcales, racistas, partidarias y de clase. Y adultocéntricas.

¡Qué sociedades estas que necesitan que una ley avale nombrar a alguien como prefiera nombrarse, que habilite nombrar a alguien como prefiera verse!.

Cuánta la necesidad de aferrarse a lo que no se transforma. De agarrarse y sacar las garras para defenderlo.

En Matrix resurrecciones, la última película estrenada en diciembre 2021 de la saga Matrix, pareciera insistir, por su nombre, aquel tinte religioso presente en las anteriores (el elegido, Nabucodonosor, Sion, además de muchas referencias al hinduismo), pero esta vez podemos decir que se trata mas bien de una apelación a lo místico y, sobretodo, a la fuerza vital de la imaginación.

Según lo relatado por Lana Wachowski en varios reportajes, la historia de esta película no se trata sólo del renacimiento de la franquicia (como pretendía la Warners Bros desde hace años), de sus controversias, sus fanatismos y sus personajes sino que, esta vez, le ha funcionado a ella como aquello de lo que agarrase, luego del dolor que provocan las muertes cercanas. Un amigo, el padre y la madre murieron recientemente. Pero como suceden con estas cuestiones, lo que pareciera que funcionó para Lana, no funcionó para su hermana y ex codirectora Lilly Wachowski.

"El inconsciente no plantea ningún problema de sentido, sino únicamente problemas de uso. La cuestión del deseo no es «¿qué es lo que ello quiere decir?», sino cómo marcha ello. ¿Cómo funcionan las máquinas deseantes, (...) qué fallos forman parte de su uso, cómo pasan de un cuerpo a otro, cómo se enganchan sobre el cuerpo sin órganos, cómo confrontan su régimen con las máquinas sociales? Un dócil mecanismo se engrasa, o al contrario se prepara una máquina infernal. ¿Qué conexiones, qué disyunciones, qué conjunciones, cuál es el uso de las síntesis? Ello no representa nada, pero ello produce, ello no quiere decir nada, pero ello funciona. En el desmoronamiento general de la cuestión «¿qué es lo que eso quiere decir?» el deseo efectúa su entrada.” escriben Guattari y Deleuze en El Anti Edipo. Capitalismo y esquizofrenia (1972).

Una de las condiciones que pedían las hermanas Wachowski para actuar en Matrix (1999) fue que se lea Simulacro y simulación (1981) de Jean Baudrillard. Libro en el que Neo esconde los programas que vende, en una de las primeras escenas de la primera película. Del mismo modo, todas las referencias al Mago de Oz, Alicia en el País de las Maravillas y a las novelas de Philip Dick construyeron hermosas complicidades, sigilosamente presentes a lo largo de la saga, con clásicos de la literatura que saben hacernos disfrutar de la imaginación.

Escribe Úrsula Le Guin en el ensayo Cosas que en realidad no están presentes publicado en el libro Contar es escuchar. Sobre la escritura, la lectura y la imaginación (2018):

“«¡Tía! Cuéntame por favor sobre la fantasía, porque quiero hablar sobre un Book of Fantasy, pero no estoy segura de saber a qué me refiero.»

«Fantasy o phantasy», contesta la tía, en inglés, después de carraspear, «proviene del griego phantasia, que literalmente quiere decir "lo que se hace visible"». Explica que phantasia se relaciona con los verbos phantasein, «hacer visible», o en griego tardío, «imaginar, tener visiones», y phainein, «mostrar». Y resume los primeros sentidos de la palabra fantasy en inglés: una aparición, un fantasma, el proceso mental de la percepción sensible, la facultad de la imaginación, una idea falsa, un capricho, una extravagancia.

Luego, aunque evita desparramar palillos o echar suertes con monedas pulidas con aceite dulce, pues a fin de cuentas es inglesa, empieza a contarme sobre los cambios: las transformaciones que sufrió la palabra con el correr de los siglos, al pasar por las mentes de las personas. Me enseña de qué manera fantasy, que para los escolásticos de la Baja Edad Media significaba «la aprehensión mental de un objeto de la percepción», es decir, el acto mismo de la mente al vincularse con el mundo fenoménico, con el tiempo llegó a significar justo lo contrario: una alucinación, o fantasma, o la costumbre de engañarse a unx mismx. Y luego la palabra, cambiando de curso como una liebre, pasó a significar la imaginación misma: «El proceso, la facultad o el resultado de formar representaciones mentales de cosas que en realidad no están presentes». Aunque parecería encontrarse con el uso escolástico de la palabra, esta definición de fantasy apunta en la dirección opuesta y, a menudo, da en suponer que la imaginación es extravagante, o visionaria, o puramente fantasiosa.

Así que la palabra fantasy es ambigua, situada entre lo falso, lo insensato, lo ilusorio, la superficie de la mente y la honda conexión de la mente con lo real. En ese umbral, a menudo mira para un lado, enmascarada y disfrazada, frívola, como un escapista; luego se vuelve y vemos la cara de un ángel, un mensajero refulgente de la verdad, Urizen redivivo.”

Aún antes de que la presencia de la comunidad LGBTTIQ+ en series y películas se transforme en algo políticamente correcto, la saga Matrix (1999 la primera, 2003 las otras dos) ya estaba poblada por una bella proliferación de posibilidades vitales, tan incómoda para la seguridad repetitiva y definida de las normalidades. Vidas texturadas por formas, géneros, colores, modos, infinidad de rarezas presentes aún en aquel mundo gris al que se accedía vía píldora roja y que explotaba de magia y glamour cuando ingresaban a la Matrix.

Esto mismo sucede en Matrix Resurrecciones. No sólo apela a perlitas que satirizan esta realidad de sagas, youtubers y likes –con el personaje del Merovingio, con un brainstorming entre creativxs acerca de cómo se ha considerado Matrix y con la gran ironía de la escena poscréditos- sino que también alimentan la adoración fanática de la ciencia ficción y el animé. Esto se construye tanto con referencias a la metanarrativa como con algunos enunciados que, como parpadeos, pueden leerse en algunos paneos: “For those who love to eat shit” aparece como nombre de película en una marquesina de un cine.

Nada en Matrix está definido. Tiempos, realidades, sentidos, estilos, presentes y recuerdos: todo opera con la fuerza de lo ficcional y con la necesidad de alguna decisión sobre aquello de lo que agarrarse.

Declara Lana Wachowski en varios reportajes: “Paradójicamente, la tecnología nos unió como nunca antes y, al mismo tiempo, nos aisló como nunca antes. Por eso, la capacidad de las tecnologías para encapsular o limitar nuestra visión subjetiva de la realidad, es una parte importante de la trama de Resurrecciones”. Y afirma: “No me interesa controlar las experiencias ni las convicciones de nadie. Sólo estoy agradecida de que tanta gente haya experimentado esta película con la seriedad y el compromiso que requiere el diálogo entre dos personas”. Cuentan que en el guión de la primera película los estudios Warner eliminaron una escena en la que, al entrar a la matrix, alguien cambiaba de género.

La jefa de preceptorxs y la directora, aún ante la evidencia y el aval del artículo correspondiente de la ley de identidad de género, porfiaban por mantener el nombre del DNI y llamarle como pidió que no le llamaran.

Para respetarle, se necesitó del armado de una estrategia institucional que contó con algunas alianzas cómplices, como para lograr que aquello que “simplemente” correspondía por derecho, se transformara en una orden “que bajara” emitida por alguna afluencia posicionada en otra jerarquía.

Al día siguiente, la queja cotorreaba: “¿Y cuándo se va a decidir? ¡Parece que nos está cargando! Ahora que tiene el nombre que pidió, ¡¡mirá como viene vestida!!” escupían ante la aparición majestuosa de un outfit de pollera y pantalón, digno de perturbación para estas normalidades que piden definición.

El trabajo clínico, muchas veces, trata de acompañar armados y desarmados.

Se arman y desarman relaciones sexo afectivas, familiares, laborales. Relaciones con el dinero y con el trabajo. Con salud y enfermedades, con daños y cuidados. También con aquellos lugares en los que se instala eso que llamamos hogar. Y, por supuesto, con creencias,y géneros.


Clínica implica, muchas veces, estar ahí, en una conversación que dice de distintas maneras que lo vivo muta, se transforma, se altera tanto como se estanca, se detiene, se enrosca. Va y viene. Viene y va.

Implica discutir no sólo el armado de aquellas relaciones que nos parieron, que nos sostuvieron y nos enredaron. Esas que corremos el riesgo de repetir. Esas que necesitamos mutar.

Implica reconocer en lo propio los abusos de la propiedad. Construir registros que en lo propio anida la conquista, la explotación, la alienación. Y aquellas formas que reactivan la serie histórica de opresiones.

Lo propio suele mutar de nombres, tiene esa capacidad de fagocitación de lo vivo. Lo opaca y entristece. No sólo lo desvasta.

El trabajo clínico muchas veces también interviene contra las manipulaciones. Hay veces que la desesperación hace decir “cambié una manipulación por otra”. Afirmación que combatimos con la decisión de hacer presente los matices y ese juego sagaz entre repetición y diferencia. Juego que muestra que aquella manipulación no opera igual que esta otra, sobretodo considerando al capitalismo como un gran tablero de manipulaciones varias. Que quedar atrapada por una relación de violencias y abusos en la pareja y haber podido salir de ella, no implica lo mismo que se repita un maneje del padre de tu hijx por un regalo, unas vacaciones o un abrigo.

En Matrix Resurrecciones hay un psicólogo que resulta ser el Arquitecto, aquel responsable de programar la Matrix.

Pareciera que la psicología en la Matrix se ejerce ¿para reprogramar nuevas normalidades? ¿garantizar la adaptación a la moral del buen vivir? ¿elemento aconsejador serial para manipular sobre qué hacer, en qué creer, qué píldora tomar?¿alerta de lo que se ha transformado esta función a lo largo de los años? ¿parodia que interpela la relación actual entre psicología y neoliberalismo?

Quizás convenga tener presente que la fuerza ética en el trabajo clínico convoca al principio de abstinencia en tanto que abstenerse de manipular.

Bienvenidxs al desierto de lo real, ha dicho Morfeo o Baudrillard.

Eduardo Kac (en colaboración con Louis-Marie Houdebine) Alba Conejo manipulado genéticamente 2000

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.