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- Enfrentar el horror cotidiano (Prólogo de Libro de Manuel) / Julio Cortázar
Por razones obvias habré sido el primero en descubrir que este libro no solamente no parece lo que quiere sino que con frecuencia parece lo que no quiere, y así los propugnadores de la realidad en la literatura lo van a encontrar más bien fantástico mientras que los encaramados en la literatura de ficción deplorarán su deliberado contubernio con la historia de nuestros días. No cabe duda de que las cosas que pasan aquí no pueden pasar de manera tan inverosímil, a la vez que los puros elementos de la imaginación se ven derogados por frecuentes remisiones a lo cotidiano y concreto. Personalmente no lamento esta heterogeneidad que por suerte ha dejado de parecerme tal después de un largo proceso de convergencia; si durante años he escrito textos vinculados con problemas latinoamericanos, a la vez que novelas y relatos en que esos problemas estaban ausentes o sólo asomaban tangencialmente, hoy y aquí las aguas se han juntado, pero su conciliación no ha tenido nada de fácil, como acaso lo muestre el confuso y atormentado itinerario de algún personaje. Ese hombre sueña algo que yo soñé tal cual en los días en que empezaba a escribir y, como tantas veces en mi incomprensible oficio de escritor, sólo mucho después me di cuenta de que el sueño era también parte del libro y que contenía la clave de esa convergencia de actividades hasta entonces disímiles. Por cosas así no sorprenderá la frecuente incorporación de noticias de la prensa, leídas a medida que el libro se iba haciendo: coincidencias y analogías estimulantes me llevaron desde el principio a aceptar una regla del juego harto simple, la de hacer participar a los personajes en esa lectura cotidiana de diarios latinoamericanos y franceses. Ingenuamente esperé que esa participación incidiera más abiertamente en las conductas; después fui viendo que el relato como tal no siempre aceptaba de lleno esas irrupciones aleatorias, que merecerían una experimentación más feliz que la mía. En todo caso no escogí los materiales exteriores, sino que las noticias del lunes o del jueves que entraban en los intereses momentáneos de los personajes fueron incorporadas en el curso de mi trabajo del lunes o del jueves; algunas informaciones quedaron deliberadamente reservadas para la parte final, excepción que hizo más tolerable la regla. Los libros deben defenderse por su cuenta, y éste lo hace como gato panza arriba cada vez que puede; sólo he de agregar que su tono general, que va en contra de una cierta concepción de cómo deben tratarse estos temas, dista tanto de la frivolidad como del humor gratuito. Más que nunca creo que la lucha en pro del socialismo latinoamericano debe enfrentar el horror cotidiano con la única actitud que un día le dará la victoria: cuidando preciosamente, celosamente, la capacidad de vivir tal como la queremos para ese futuro, con todo lo que supone de amor, de juego y de alegría. La difundida imagen de la muchacha norteamericana que ofrece una rosa a los soldados con las bayonetas caladas sigue siendo una demostración de lo que va del enemigo a nosotros; pero que nadie entienda o finja entender aquí que esa rosa es un platónico signo de no violencia, de ingenua esperanza; hay rosas blindadas, como las vio el poeta, hay rosas de cobre, como las inventó Roberto Arlt. Lo que cuenta, lo que yo he tratado de contar, es el signo afirmativo frente a la escalada del desprecio y del espanto, y esa afirmación tiene que ser lo más solar, lo más vital del hombre: su sed erótica y lúdica, su liberación de los tabúes, su reclamo de una dignidad compartida en una tierra ya libre de este horizonte diario de colmillos y de dólares. Una última observación: entiendo que los derechos de autor que resulten de un libro como éste deberían ayudar a la realización de esas esperanzas, y mucho me hubiera gustado poder dárselos a Oscar para evitarle tantas complicaciones, contéiners de doble fondo, pingüinos y otras extravagancias parecidas; desgraciadamente el libro no estaba todavía escrito, pero ahora que ya anda por ahí podré encontrar el mejor empleo de esas regalías que no quiero para mí; cuando llegue el momento daré los detalles, aunque no sea ante escribano público. Postdata (7 de setiembre de 1972). —Agrego estas líneas mientras corrijo las pruebas de galera y escucho los boletines radiales sobre lo sucedido en los juegos olímpicos. Empiezan a llegar los diarios con enormes titulares, oigo discursos donde los amos de la tierra se permiten sus lágrimas de cocodrilo más eficaces al deplorar «la violación de la paz olímpica en estos días en que los pueblos olvidan sus querellas y sus diferencias». ¿Olvidan? ¿Quién olvida? Una vez más entra en juego el masaje a escala mundial de los mass media. No se oye, no se lee más que Munich, Munich. No hay lugar en sus canales, en sus columnas, en sus mensajes, para decir, entre tantas otras cosas, Trelew. Fuente: Libro de Manuel 1973 Ed Sudamericana. Stefanie Schneider Sin título (Cuentos de hadas), 2006 Polaroid 10,7 × 8,7 cm
- Gratitud y elaboración: una Carta de Erich Mühsam a Sigmund Freud / Franco Ingrassia
En mayo de 1907, el escritor Erich Mühsam decide escribirle a Freud para expresarle su “gratitud por la curación de una grave histeria” lograda por uno de sus discípulos, Otto Gross, “mediante su método”. En la breve misiva, Mühsam expresa además ciertas elaboraciones acerca de dicho método, construidas a partir de su propia experiencia. Consideramos que dichas elaboraciones hablan por sí mismas. Pero sumamos como adenda, para quien quiera seguir investigando, unas breves notas biográficas de este analizante y de su analista. (F.I.) Carta de Erich Mühsam a Sigmund Freud Munich, 28 de mayo de 1907 Muy distinguido señor Profesor: Debo expresarle mi gratitud por la curación de una grave histeria que su discípulo, el Dr. Otto Gross, de Graz, ha logrado en mí mediante su método. Espero que el relato de un paciente sobre un tratamiento catártico extraordinariamente exitoso tenga para Ud. el suficiente interés como para excusar esta carta. Padecía de síntomas patológicos severos: una fuerte irritabilidad que derivaba en ataques de rabia, los cuales desembocaban en estados de confusión durante los cuales quedaba postrado, anulado cualquier control sensorial y sin poder reunir la energía necesaria para moverme o cambiar mi situación. En ocasiones, los ataques me sumían en una confusión mental total e incluso en la disfunción de algunos sentidos, como una ceguera temporal completa. El Dr. Gross, con quien mantenía una buena relación de amistad, aceptó tratarme tras mi petición. El éxito superó todas las expectativas: fui completamente curado en un lapso de unas seis semanas. Desearía que conociera las observaciones que realicé durante este proceso. Mis dotes poéticas me permitieron, de una manera particular, hallar asociaciones de palabras apropiadas y, a través de ellas, construir con gran rapidez largas cadenas de pensamiento. Esto no solo me brindó valiosas perspectivas sobre mi forma de pensar, sino que me aportó un conocimiento de extraordinario valor sobre la naturaleza de mi producción artística y, a través de mis recuerdos inconscientes, me permitió contemplar con claridad todo mi desarrollo. Observé progresivamente cómo la capacidad de remontar los síntomas de mi enfermedad hacia sus orígenes profundos conllevaba la desaparición de estos; pude constatar cómo, a veces, a través de una pregunta del médico y la consiguiente respuesta con sus asociaciones, de pronto una sección entera de la enfermedad se desvanecía. De igual forma, fuera de las sesiones y tras finalizar el tratamiento, el método continuaba funcionando automáticamente en mí; al fijarme espontáneamente en un objeto, una palabra o una impresión, se liberaban criptomnesias, liberándome así de otras inhibiciones de peso. Como escritor, me interesaba particularmente el funcionamiento de su sistema. Encontré que su valor residía, sobre todo, en que la tarea del médico consistía principalmente en lograr que el paciente se convirtiera en su propio médico. Se incita al paciente a realizar el diagnóstico de su afección y, a partir de ahí, es él quien conduce su propio tratamiento. Se le induce a dejar de interesarse en sí mismo como un individuo sufriente para centrarse en el sufrimiento mismo. El paciente objetiva su condición: ya no se ve como un mártir afectivo o un histérico en busca de compasión, sino como alguien que ya no padece la enfermedad, sino que simplemente la percibe. Esta transformación de sensaciones subjetivas en valores objetivos es el proceso de la cura. Temía que el tratamiento paralizara mi productividad lírica, dado que la creación artística consiste, en última instancia, en la proyección directa de procesos inconscientes en una vivencia sensorial sin elaboración intelectual previa. Creía que el simple hecho de acceder psicológicamente a tal proceso bastaría para anularlo mediante un juicio intelectual. Hoy puedo declarar con satisfacción que tal temor no se concretó. Al contrario, al suprimirse numerosos obstáculos internos, mi psiquismo se ha vuelto más sensible y reacciona con mayor facilidad a los estímulos creativos. La diferencia con lo que sucedía antes solo se observa tras la producción. Mi sentido crítico es ahora mucho más agudo. Mientras que antes miraba mis poemas con un sentimiento de impotencia y extrañeza, hoy soy capaz —incluso pocas horas después de su concepción— de reconocer los lazos inconscientes que unen el clima del poema con su composición. Los acontecimientos que inspiraron la obra ya no permanecen ocultos tras el proceso de creación, sino que pueden ser devueltos a la superficie sin dificultad. Perdone que me haya lanzado, no siendo médico, a la disección profunda de su sistema. Creo, sin embargo, que es justamente mi capacidad de comprender con claridad el método lo que ha permitido una cura tan rápida y segura. No obstante, atribuyo al Dr. Gross el mérito principal del éxito; el tratamiento no habría sido posible sin la inteligencia de sus preguntas, la competencia de sus respuestas y su actitud llena de amabilidad y discreción hacia un paciente que se expone a una confesión muy comprometedora. Con todo, no querría olvidar que mi médico nada hubiera logrado sin su genial psicología. Les debo, pues, a ambos el alivio de un peso que me oprimía de forma interminable. Le ruego acepte, en esta breve exposición, mi gratitud más sincera y calurosa. Suyo afectísimo, Erich Mühsam, escritor. *** Erich Mühsam: Poesía en la barricada Erich Mühsam (1878–1934) encarnó como pocos la fusión entre arte y rebelión en la Alemania de entreguerras. Nacido en Berlín, este anarquista de pluma afilada no se conformó con observar la realidad desde un escritorio; fue un agitador nato, una pieza clave en la bohemia radical y en las revistas satíricas que incomodaban al poder. Su compromiso llegó al límite durante la Revolución de 1918, cuando se jugó el pellejo como uno de los líderes de la breve República Soviética de Baviera. El costo fue alto: años de cárcel, censura constante y una vida marcada por la escasez. Lo que distinguía a Mühsam no era la teoría académica, sino su virulencia antiburguesa. A través de poemas, obras de teatro y ensayos de combate, atacó sin piedad al militarismo y al Estado, buscando interpelar a un público popular, no a las élites. Esa lengua mordaz lo convirtió en un objetivo prioritario cuando los nazis ascendieron al poder. Detenido tras el incendio del Reichstag en 1933, sufrió un calvario de torturas en los campos de concentración. Su muerte en Oranienburg, falsificada por el régimen como un "suicidio", selló su destino como un símbolo trágico de la cultura crítica aplastada por la brutalidad del fascismo. *** Otto Gross: El analista maldito Si hubo una ‘oveja negra’ en los albores del psicoanálisis, ese fue Otto Gross (1877–1920). Brillante y errático, pasó de ser una de las promesas favoritas de Freud a convertirse en un paria, expulsado del círculo interno por ‘radical’. Su vida fue una ironía trágica: hijo de Hans Gross −conocido como el padre de la criminología moderna−, Otto dedicó su existencia a intentar dinamitar la autoridad que su padre representaba. Médico de formación, se sumergió en el estudio de las adicciones no sólo como clínico, sino como paciente, viviendo en carne propia la experiencia del consumo de drogas. Gross no se limitó a los consultorios; fue una figura eléctrica en la Mittel Europa de principios de siglo, vinculándose con anarquistas, artistas y escritores. Su trayectoria política y profesional estuvo marcada por internaciones psiquiátricas, conflictos familiares y una progresiva marginación institucional, que contrastan con la intensidad de su presencia en los debates culturales de la época. Lejos de concebir la neurosis como una problemática individual, la pensó como el síntoma de una sociedad afectada por la moral burguesa y el patriarcado. Su obra, fragmentaria y dispersa, circuló principalmente en artículos breves y conferencias, sin llegar a consolidarse en un sistema doctrinario. Su legado apenas sobrevivió a su muerte solitaria y miserable en Berlín. Décadas después, sería rescatado del olvido como el eslabón perdido que intentó por vez primera articular psicoanálisis y política revolucionaria. De Otto Gross puede leerse en castellano: Más allá del diván: Sexualidad, autoritarismo, psicoanálisis y matriarcado [recopilación de sus escritos]. Madrid, Editorial Irrecuperables 2018. Disponible acá. Jo Spence Revisualización: Remodelando la fotohistoria, 1981-1982 Fotografía en blanco y negro 40,5 × 30,5 cm
- Torpeza elemental / v. Nicolás Koralsky
Ahí tiro una piedra perdida al lago, en medio de la noche con luna menguante a ver si las ondas que deja su caída hacen algún dibujo además de la música seca del plop cuando, por su peso el pedazo de algo que entra en mi mano, escogido con cuidado da lugar a la expansión no invasiva donde el agua contenida que fue arrastrada de otros universos y fue a parar frente a nosotros actúe como la amistad. Los reflejos se miran en el espejo de agua y una superficie quieta, imperturbable como su calma se abre para recibir la fuerza de la piedra que no rompe el manto líquido sino que hace que el plano se vuelva hondo. La energía bruta se alza en vibraciones por el roce con la emoción frágil del liso cristal. La piedra, que parecía una desgraciada , insultada por su gravedad ahora vive en el lecho que gracias a la porosidad de su estructura podrá lubricarse y, quizás, en un tiempo reverdecerse. Como penas pesadas escritas en el árbol vuelto papel la tinta apretada entre los dedos deja la huella del latido de lo sufrido, lo dolido, lo amenazado. El chorro azul deja una marca como la vena en la dermis: se vuelve fluido del pensar lastimado. Las veo hincharse en los brazos y también en la frente. El acto de pasar la idea al tacto que se contornea a una palabra expulsada en una hoja blanca libera su espesura, vuelca su fuerza. La presión de lo escrito es consumida por una llama que soplará el dolor hacia la nube gris que en la mañana será lo opuesto. Ahí el lago responderá haciendo refracciones como señales. Huesos pesados, luego de pasearlos no solo por instituciones que dicen traer el alivio pero recuerdan más al final entre consultas donde uno debe volverse paciente caminarán con la ayuda de las piernas de otros y en sus manos cerca de un árbol que no olvida el tiempo harán que el peso terrestre, ese que siempre deja todo al ras, en lo bajo permita ser lo nuevo vivo en la tierra. Lo que nutre llenará de colores para energizar la vida que se abrirá paso entre viseras que abrazan luego serán frutas coloridas, semillas fecundables, extremidades de otro ser. En las oscuridades interiores esófago, estómago, intestinos se marchitan para alimentar el peso y como el chiste simple que hizo del aire blando una carcajada será desprendida con el roce del viento. Sólo seremos eco voz infinita que nos sabe acariciar como el placer profano que envolvió al cuerpo una noche tibia para hacerlo gemir hasta en los huesos del oído . El aire que no pasa por la garganta puede ser más pesado que la piedra torpe que se hunde gracias al peso de su inutilidad. Michael Kenna Árbol del lago Kussharo, Estudio 15, Kotan, Hokkaidh, Japón, 2009 Impresión en gelatina de plata en tono sepia 20 × 20 cm
- Estás / Verónica Scardamaglia
Los jazmines y las violetas, una cucharita de dulce de leche adentro del café con leche, el color azul y la atención al combinar los colores en la ropa, el tapado de cuero bordó, los ojos delineados de negro negrísimo con combinación de sombras celeste y gris, la talquera de violetas Fulton, cierto modo de estar sentada en el sillón, cenar en la cama, con bandejas, mirando la tele, escuchar la radio, también para dormir, los boleros y canciones de Manzanero, Frank Sinatra y Julio Iglesias, el inglés, los inolvidables sótanos de los café concerts, todas las peli musicales de Hollywood: Ginger Rogers, Fred Astaire, Ester Williams, Gene Kelly, Donald O’Connor, Shirley Temple, Doris Day, Judy Garland y “somewhere over the rainbow” el placer por ir al teatro: El diluvio que viene, La mujer del año, La jaula de las locas, las funciones de continuado en el cine: Hair + Pink Floyd The wall en el Fénix, un libro de premio ante cada nueva vacuna, María Elena Walsh en todos sus formatos, volver de la Feria del libro repleta de nuevos tesoros: entre ellos, Cuentos de amor de Poldy Bird con dedicatoria, el amor por estudiar y por el helado, los muñequitos de porcelana y las estatuitas de adorno, el juego de copas de cristal de Murano, caminar descalza, cierto cuidado por las uñas, regalar, regalar y regalar, la insistencia y la resistencia, la libertad de casi no decirme que no a nada. Ana Luiza Rodrigues Arte ABC de una Nueva Realidad 2022 Plástico, acero e hilo dental 8 × 13 × 7,5 cm
- Simultaneidades / Verónica Scardamaglia
Un hombre que vive en la calle muere, anónimo, en una esquina. Un biombo de la policía lo esconde. Al otro día, un ramo de flores en una lata allí. Camina a tomar el colectivo en busca de las ofertas de un shopping. Vuelven al mar, entusiasmadas, después de muchos años. Avisan que hubo un minitsunami en Santa Clara. Un señor mayor protesta enérgicamente: se le colaron en la fila del transporte. Otro señor mayor, otro miércoles más, queda enceguecido por bronca y gases en la plaza Caminan rápido para llegar a ver un atardecer en el Río de la Plata. Las brigadas de la Comarca Andina dan pelea contra los incendios que crecen demasiado rápido. El fuego de las Panteras Negras vuelve a crecer ahí, donde hacen falta. Actrices, cantantes famosxs y muchísima gente común denuncian, ayudan y esperan que algo muera para que otra cosa nazca. Furias pacificadas implosionan en cuerpos. Legisladores aumentan el tintineo de sus bolsillos. Gobiernos gobiernan. Agnès Varda Reunión de las Panteras Negras por la liberación de Huey P. Newton, Oakland, 1968. Fotografía en gelatina de plata 23,7 × 28,1 cm
- Adynata Febrero: Millones de hastíos / MP
Millones de hastíos ¿Vamos a dejar que se destruya el planeta porque algunos pocos millones de avaricias desorbitadas estén dispuestas a cualquier cosa por tener más y triunfar? Desmesura que necesita de la pobreza, la desigualdad y la muerte para reinar. Vivimos en la época más desigual de la historia. El problema no reside en la escasez sino en la desigualdad. El principio de las economías capitalistas se basa en la idea de escasez. Sostiene que mientras los deseos son ilimitados, los recursos no. Las necesidades de la población mundial de alimento, agua, abrigo, vivienda podrían satisfacerse con los medios disponibles en el presente. Pero la cuestión del deseo no reside en si tiene límites o no. No se trata de practicar, como pensaba el estoicismo, límites para el deseo. Ni tampoco persuadir al deseo de lo vano de la perpetua novedad. Acaso se necesite pensar el deseo en su condición de amarre y desamarre. Necesidades necesitan algo, deseos desean desear. Deseos no reaccionan ante una necesidad, sino ante una atracción. La sed necesita agua; deseos se mueven atraídos por sabores, embriagueces, fascinaciones, conquistas. Deseos se mueven como peces que muerden anzuelos. ¿Se trata de hacer o procurar que los ganchos de la emancipación atraigan más que los ganchos del capitalismo? ¿Llegará el día en que deseos no muerdan anzuelos ni queden enredados en una red? ¿El día en que sientan sus bocas heridas? ¿Y se den cuenta de que no tenían hambre de una cosa, sino ansias compositivas y exploradoras? Cierto: ansias de poder, de propiedad, de acumulación, de fuerza, se presentan ilimitadas. Pero, poder, propiedad, acumulación, fuerza, simulan carnadas que se clavan en las terminales nerviosas. Y, como ocurre con señuelos de metal con punta invertida, entran fácil, pero después intentos por extraerlos, destruyen. Franco Berardi cita este fragmento de Eugenio Montale (1970), tomado del poema La historia que dice: “ La historia raspa el fondo / como una red de arrastre / por sus desgarraduras más de un pez escapa. / En cualquier ocasión se encuentra uno que se salva / que no parece particularmente feliz. / Ignora estar afuera, ninguno se lo ha dicho. / Los otros, en la red, se creen / más libres que él” . La red de la historia tiene desgarraduras. Cada tanto, existencias se escapan. Algunas sensibilidades se sueltan del sentido común, pero no lo saben. Nadie las puso al tanto. Viven el afuera de la red como desgracia. Mientras que las que están encerradas, dentro de la red normalizadora, se sienten libres. Quizá el hastío sobrevenga como libertad que no sabe de sí. El infortunio del deseo no reside en la carencia, la insatisfacción, la frustración, la insaciabilidad. Aunque todo eso, y más, pueda ocurrir. La desdicha tediosa sobreviene cuando se vive con su ausencia. Y, ¿si acaso se tratara de momentos de extravío y no de ausencia? v. Nicolás Koralsky (2025) Serie Frágil .
- Correspondencia Lou Andreas Salomé- Anna Freud (Vl) / Cynthia Eva Szewach
Y éstos son los deseos: quedos diálogos de las horas cotidianas con la eternidad. Y eso es la vida… Rainer M Rilke Se respira en la correspondencia la intimidad que van creando entre ambas mujeres. Anna no vacila en admitir la forma “posesiva” de amar a Lou, quien, de manera tierna con rodeos retóricos y hasta confusamente delicados, acude a algunas metáforas para decirle de las diferencias y extrañezas que las unen o las distancian: “cada una tejiendo su propio calcetín espiritual”. Cada amistad en la vida, es para ella un amor de especial sensualidad. En septiembre de 1922, se realizó el Congreso Internacional en Berlín. Freud expone un texto titulado “Observaciones acerca del inconsciente”. Las cartas que se transmitirán en esta ocasión pertenecen a los días posteriores al Congreso del cual llamativamente no hacen casi comentarios. Lou A. Salomé se instaló en Berlín. Fue invitada además a realizar durante unos meses, una pasantía en “La Policlínica Psicoanalítica” que Max Eitingon dirigía desde1920. La institución fue inaugurada a fin de ofrecer formación y atención inclusive para quienes carecían de recursos económicos. Un hecho político novedoso en esos tiempos que contaba con el apoyo y la colaboración de Sigmund Freud. En la casa de los Eitingon por las noches se realizaban tertulias. Bajo la atmósfera de la época y de un intercambio efervescente cuenta Lou que, en la sobremesa se leyeron escritos del amigo ruso-ucraniano Lev Schestow, filósofo y poeta, autor de un libro con un hermoso título: “Apoteosis de lo infundado”. En otras veladas hubo música y cantos que llegaban a las entrañas de emoción. Lou se muestra plena y escribe: “que podamos alabar eso como lo más hermoso, sin miedo y sonriendo”. Eran años cercanos a la finalización de la primera guerra y, por lo tanto, teñidos de pérdidas. Sophie, la hija tan amada por Freud, había fallecido por la peste en 1920. En las escenas que narran, ronda el pequeño hijo, un nieto llamado Heinerle. El juego del Fort-Da no traerá esta vez a su madre de vuelta al hogar. Lou se conmueve con gesto de abrazo interrumpido, al ver a Freud prodigarle cuidados tan amorosos. La invade en su sentir siempre un agradecimiento. El encuentro con el maestro le ha transformado el camino del pensar, de andar la vida. Se puede leer aquí a Anna un poco preocupada por sentirse inoportuna con su interlocutora. Fantasía transferencial en resonancia con las diversas confesiones, imaginaciones y algunos ensueños que sugieren en sutiles entrelíneas. Cuchichean, murmuran, susurran confidencias. Lou de forma seductora la compensa con elogios que la estimulan, aunque asoman los hilados que distinguen los momentos diversos de la vida de cada una y de los caminos elegidos. Son breves testimonios de una vida cotidiana entretejida entre letras y experiencias del vivir, del psicoanálisis practicado por cada una y de la soledad tan imprescindible como la compañía. Freud en el intercambio con Lou que precede al encuentro de Berlín, le ofrece por carta ayuda y sostén económico de una manera generosa ya que está en su posibilidad hacerlo. Está preocupado por la circunstancial frágil salud de su amiga y por las penurias que se viven en esos tiempos de posguerra: “Denos usted la alegría de informarnos que ya se ha restablecido y tráiganos al hotel Eitingon a la Lou indestructible e incomparablemente jovial. ¡Hasta la vista allí!”. Berlín víspera de domingo, 30 de septiembre de 1922* Mi querida Anna: Ayer pensábamos de una hora a otra: ahora ya están en Austria, ahora llegan, ahora están juntos — nos quedaba la duda si también con tu madre; ojalá ella haya llegado y estén de nuevo en familia. A la hora que ustedes arribaron, tuvimos rusos a la mesa y al señor Bernh, el arquitecto. Antes esa noche, cuando regresamos de la estación, los suizos que martirizaron de tal modo a Mirra Eitingon, hasta la una de la madrugada, con conversaciones de psicoanálisis (que, pese a mis esfuerzos, parecían imposibles de desviar), que hoy escupe fuego a los Oberholzer (1) y a la señorita Kemperer. La noche siguiente fuimos tres en la mesa; Eitingon leyó en ruso textos de Schestow (hermano de Lowskaja, la que se sentaba detrás de nosotros en las conferencias), y luego nosotras, las dos mujeres, desembocamos en baños calientes y en la cama. Por la tarde estuvo conmigo Helene, de Charlottenburg, y hoy la sigue su hija. ¡Esta es toda una lista de acontecimientos cotidianos enumerados! Pero creo que justamente me resultan tan íntimos porque hablan tan claramente de cuán recientemente ustedes aún estaban aquí, es decir, cómo todo sigue representando un punto de anudamiento inmediato —lo conocido en común, lo compartido en común, incluso el simple transcurrir de lo cotidiano como tal. También después debemos intentar mantener un contacto así: cada una tejiendo su propio calcetín espiritual, y en lugar de los acontecimientos exteriores —que luego separan su cohesión entre sí— contarnos algo de los puntos que se sueltan o se afirman. Yo ya estaba aquí llena de tantas cosas para las que no había más palabras: pensamientos sobre el psicoanálisis como los que produjo el Congreso, e incluso sobre nuestro tema, que directamente podía tanto necesitar. Pensé también mucho en el trabajo aún no leído de tu padre; sin duda habría podido leerlo, pero me resistía a hacerlo sin ti, dado que se trataba de un primer conocimiento a partir del manuscrito y antes de la impresión. Deberíamos haber estado una hora en Göttingen para eso: acuclillada en la ventana y yo en la cama plegable llamada couchette . Me llegó la sensación con una fuerza muy extraña: que debemos estar de a dos, no entre muchos. No es así con todos: hay alianzas a las que casi les pertenece el recibir juntas impresiones y personas; en especial conozco y conocí algunas, ya que me disgusta vivir hacia afuera sola. Pero con nosotras dos es muy distinto; te extraño más allí donde vivo hacia adentro , y realmente sin gente, en esta soledad querida y necesaria, pero donde también estoy como si aguardara la llegada de alguien y eso lo supe recién por vos. Y en lo que a vos misma se refiere, creo que no te gusta en absoluto compartir mi trato con otros; una razón de ello puede ser también que tu manera y la mía de relacionarnos sean de naturaleza esencialmente distinta. Sea como fuere: en el sitio en el que nos encontramos la una con la otra, debería medir apenas cuatro pies de ancho, y allí enlazarse mano con mano. A todos nosotros aquí se nos presenta constantemente ante los ojos la ventanilla del compartimento, con una querida imagen; tan magnífico se veía tu padre con el pequeño Heinerle en brazos que, si no hubieran estado los que lo rodeaban, lo hubiese abrazado desde atrás allí mismo, y le habría dicho por la espalda algo de lo que me conmovía en lo más hondo. Por todo lo que él es, dice y hace, le estoy tan entrañablemente agradecida que difícilmente pueda llegar a saberlo del todo. Transmítele mi saludo, así como mejor puedas expresarlo. Hoy ya está, sin duda, en medio del trabajo diario; ojalá no le quede luego ninguna sensación de fatiga, y ojalá, sobre todo, tu madre esté verdaderamente bien y no tenga que preocuparse por tu tía. ¿Y vos? Espero que procures estar lo más posible en contacto con Heinrich Mühsam (2), hasta el impulso irrefrenable de vida. Mi querida, queridísima Anna. Tu vieja Lou Viena 10 de octubre de 1922 Mi querida Lou: Temo que no notes que, desde que llegó tu correspondencia, te escribo todos los días al menos una pequeña carta. Lamentablemente, todas solo en mi cabeza, con noticias muy rápidas que, por desgracia, no llegan nunca. Un pequeño fragmento de Heinrich Mühsam me ha estado pesando especialmente en estos últimos tiempos, y me habría gustado incluirlo en esta carta. Pero todavía no está del todo terminado y la espera se me ha hecho demasiado larga. Así que no te asombres si te llega alguna vez más tarde, sin previa disculpa. Estuve enteramente con ustedes en Berlín al leer tu carta, incluso los primeros días, mucho. Y pude acompañar muy rápidamente con mi pensamiento todo lo que describiste: los espantosos suizos y la hermosa y tranquila velada. Desde entonces he intentado imaginarme todos los cambios en la casa y creo que ahora ya debe sentirse entre ustedes un clima de partida y de inquietud; pero sin llegar, sin embargo, hasta tu —o mi— querido cuarto. Que en tu carta esté escrito realmente que sabes que te quiero enteramente para mí sola y sin otras personas, fue algo muy hermoso. Porque eso lo estuve pensando todo el tiempo en Berlín, sin verdaderamente saberlo. Sólo quisiera que no pase demasiado tiempo hasta volver a tenerte para mí, del todo sola, y con calma y tiempo alrededor. Tal como lo dijo Ernst: sólo con horas libres a nuestro alrededor, en lugar de los castaños. Pero ya el solo hecho de poder esperarlo es algo muy hermoso, y cuanto más “horrible” estoy (y lo estoy ahora con frecuencia), tanto menos siento que lo merezca. Papá está desde el segundo día completamente clavado en un trabajo de nueve horas. No muestra mucho cansancio, pero a veces me viene de pronto la sensación de que debería sacarse todo eso de encima y ser libre. Por la noche solemos hacer juntos la larga caminata. Mamá y la tía están bien y en casa todo sigue como siempre, incluso Fanni en su modo más habitual. Yo misma todavía no he logrado totalmente la calma; desde el último malestar durante el viaje estoy siempre cansada y con sueño, ya tengo trabajo editorial: correcciones, pequeñas traducciones y revisiones; voy a menudo a ver a Heinerle, que se está acomodando muy a gusto en su nuevo nido, a la abuela, y —por cobardía, hasta ahora sólo una vez— a la tía Rosa.(…) Lo que más curiosidad me da es saber si el pequeño texto sobre Heinrich Mühsam te parecerá bien cuando te llegue. (…) He buscado en toda tu carta si había algo sobre tu resfrío y sobre cómo te sientes ahora, pero no pude encontrar nada. No lo olvides la próxima vez, de lo contrario me imagino cosas totalmente horribles. ¿Cómo está tu paciente? ¿Y cómo va el trabajo en la Policlínica? Es tan hermoso cuando escribes también todas las cosas pequeñas: entonces se van juntando y forman una imagen total tuya. (Mientras puedas soportarme). Tu Anna * La lectura y traducción de estas dos cartas fue realizada con Jorge Salvetti y la colaboración de Bettina Klunkert. Pertenecen al libro de Correspondencias Lou A. Salomé-Anna Freud Briefwechsel (Deutcscher Taschembuch Verlag), München 2004 (1) Emil Oberholzer (1883-1958), un psiquiatra y psicoanalista suizo clave que fue analizado directamente por Freud, se convirtió en cofundador de la Sociedad Suiza de Psicoanálisis (SSP) y un pionero en el análisis infantil (2) E. Mühsam es un personaje ficcional que Anna menciona habitualmente en sus pensamientos, ya que al parecer está escribiendo en ese tiempo una novela. Emile Delobre Mujer sentada de negro leyendo, ca. 1910 Óleo sobre tabla 39,4 × 29,2 cm
- El hastío de los dioses / Marcelo Percia
Heinrich von Kleist (1810) piensa el teatro de marionetas como arte superior. Dice que nadie podría danzar con tanta gracia e ingravidez. Ningún cuerpo hablante tendría esa capacidad. Marionetas no cuestionan hilos que las mueven. No piensan. Llevan existencias de cartón. Sin memorias ni pesadumbres. Incluso caídas y abandonadas, no se aburren ni sufren. Están ahí como disponibilidad inactiva. A la espera de una mano que simule darles vida. Si les dieran a elegir entre la carne y las sombras, marionetas elegirían las sombras. ***** Se conocen muchas fábulas sobre la creación. Se sabe el génesis como resultado de la generosidad y la gracia de dios. O se recuerda la conjetura materialista de Epicuro de que el universo aconteció cuando los átomos se desviaron y, moviéndose al azar, sintieron la voluptuosidad de frotarse entre sí. O da gusto cuando Italo Calvino (1965) cuenta, en Todo en un punto , el momento en el que el universo estaba concentrado en un solo punto, hasta que una voz exclama: “¡Ah, si tuviera un poco de espacio, qué ganas de amasar unos tallarines!” . Y, entonces, sucede el estallido. ***** En el siglo diecinueve europeo, Leopardi, Kierkegaard, Nietzsche, imaginaron la creación como obra del hastío. Sin conocerse entre sí, concibieron la invención de las pasiones como entretenimiento en un mundo tedioso. Y sospecharon el diseño de las sensibilidades que hablan como juguetes o marionetas de la nada. ***** Leopardi recrea la versión de la caja de Pandora. Lo que, para la imaginación griega clásica, suponía el castigo de esparcir todos los males, para el poeta nacido en Recanati supuso una acción de los dioses para curar a las criaturas mortales de la ingratitud y el hastío. Leopardi (1824) escribe un ensayo que se llama Historia del género humano , en el que relata que las fragilidades hablantes, todas nacidas al mismo tiempo, vivían alimentadas por abejas y otras ternuras. Habitaban un mundo perfecto y, por lo tanto, cierto y previsible. Y, así, transcurrían felices. Sin embargo, con el paso de los años sintieron esa extensión pequeña, limitada, sin novedad. Vivían en una eterna plenitud en la que no pasaba nada, salvo la plenitud. Entonces acontece el escándalo de la creación: la llamada humanidad siente el paraíso como poca cosa. Prueba el fruto envenenado del ocio. Los dioses de Leopardi llenan la vida de conflictividad. La inundan de pliegues, sombras, rasgaduras. Pérdidas y despedidas. Escribe: “Se propusieron los dioses mejorar la existencia de las criaturas humanas y dotarlas de problemas y recursos. Esparcieron enfermedades e infinitos males, calculando que teniendo que luchar para sobrevivir, tendrían menos tiempo para el ocio (...). Dividieron el año en estaciones, heladas unas, abrasadoras otras; (...) y para que las regiones de la tierra fuesen diversas entre sí, crearon montañas y valles. (...) Y para que no conocieran los confines de su estancia, crearon los mares. (…) La tierra fue repartida en pueblos diversos y enfrentados, y así surgieron las patrias, y, con las patrias, las guerras; la diversidad de lenguas; el antagonismo irreductible y formidable de las religiones y los cultos. Pero quisieron, sobre todo, incitarlas a obrar según fantasías bellas y nobles. Diseminaron sombras divinas, como la Justicia, la Virtud, la Gloria; y pusieron también el Amor, que entonces, por primera vez, descendió a la tierra. De estos fantasmas nacieron en las criaturas mortales dulzuras y ardores increíbles, sacrificios y actos de abnegación, que las distrajeron de la amargura y del tedio de la vida” . Los dioses de Leopardi cansados de la insatisfacción de las criaturas humanas les dieron los males para que tuvieran que luchar por subsistir y les dieron ideales para que tuvieran valores por los que vivir. Acaso decorados para suavizar el hastío de existir. ***** ¿El tedio sobreviene como una forma de ingratitud? ¿Lo dado no alcanza? ¿Se demanda más y más, y otra cosa? Y, ¿si acaso no se tratara del hastío de existir como condición primordial? ¿Ni de la enfermedad de la insatisfacción ni del mal de la ingratitud? ¿Si se tratara de algo más insondable que el hastío, la insatisfacción, la nada? ¿Si se tratara de que no sabemos cómo vivir? ¿De que ningún tiempo lo supo ni lo sabrá? ¿Y que cada época expande repertorios de respuestas inmediatas que sofocan ese no saber? ***** En la visión de Kierkegaard los males se explican porque vivimos en la insatisfacción y el vicio de los entretenimientos. La superficialidad, la búsqueda de novedad, la distracción, como huidas de sí. El escritor danés piensa el aburrimiento como umbral de desesperación. Concibe la nada como peligro. Como pantano profundo frente al que se necesita un salto de fe. Hastío no quiere decir no tener ganas de nada, sino vivir una existencia desganada. Una existencia sin compromiso. Así compone una fábula moral. Una cosmogonía irónica y desencantada. Una historia de la civilización no inspirada en el amor, la justicia, la igualdad, la algarabía de un común vivir, sino en el terror al aburrimiento. Un hastío sólo adormecido por distracciones que nunca alcanzan. Un hastío que no cesa ni con las crueldades de la guerra. Escribe Kierkegaard en un breve texto que se llama La rotación de los cultivos. Ensayo para una doctrina de la prudencia social. Incluido en O lo uno o lo otro, publicado en 1843 . “ Los dioses se aburrían y por ello crearon a los hombres. Adán se aburría porque estaba solo y por ello fue creada Eva. En ese instante, entró el tedio en el mundo y fue creciendo exactamente en la misma medida en que crecía la población. Adán se aburría solo, luego se aburrían Adán y Eva en conjunto, luego se aburrían Adán, Eva, Caín y Abel en familia, luego aumentó la población en el mundo y las gentes se aburrieron en masa. Para esparcirse, concibieron la idea de construir una torre tan alta que traspasase el cielo. Esta idea era tan tediosa como alta era la torre y, además, era una prueba formidable de hasta qué punto el tedio predominaba. El hombre estaba en lo más alto y cayó a lo más hondo, primero por Eva, después por la caída de la torre babilónica” . Para Kierkegaard ni la mujer ni babel, ni la erótica ni el amor, ni la desmesura de unirse para llegar hasta el cielo: nada puede curar el tedio con el que los dioses infectaron la creación. La civilización vive asediada por la silenciosa amante del hastío: la nada. Escribe Kierkegaard: “El tedio descansa en esa nada que serpentea a través de la existencia y su vértigo es como aquél que se desprende de mirar hacia abajo en un infinito abismo, infinitamente” . ***** ¿Qué pasaría si la nada no llevara a la desesperación o si la angustia no se presentara como desesperación desquiciada? ¿Qué pasaría si la nada bastara? ¿Qué pasaría si pensáramos la nada como nada y no como un abismo cada vez más profundo e insondable? ¿Qué pasaría si no supusiéramos hundimientos o pozos de tormentos? ¿Se podría considerar la serena calma de la nada? ¿Se podría pensar la nada sólo como nada? ¿Sin ornamentos, sin aplacarla con diversiones, sin inventarle tormentosas profundidades? Hay tedio porque hay nada. Cuánto más se interroga esa nada, más infinita. Tal vez se trata de comprender eso: la existencia serpentea hasta la sola muerte, sin más. ***** En otro fragmento de ese mismo libro anota Kierkegaard en primera persona: “No siento ganas de nada. No me dan ganas de montar a caballo, es un movimiento demasiado brusco; no me dan ganas de caminar, resulta demasiado agotador; no me dan ganas de recostarme ya que, o bien debería permanecer acostado, y esto no me da ganas, o bien debería levantarme, y esto tampoco me da ganas. En suma: no me dan ganas de nada . Solo de una cosa tengo ganas. De nada” . Una semblanza del hastío como abandono. Como velo ante la angustia: ese nombre secreto de la nada. O de la melancolía que inventa una profundidad en la que sumergirse. Melancolía que entre el abismo y la nada, opta por el abismo. ***** Freud no conoció la obra del filósofo de la angustia. Aunque sesenta años después ronda los temas del danés en Duelo y melancolía . Melancolías no ven en la nada sólo nada. No admiten lo perdido, lo conservan -diría Kierkegaard- en “un infinito abismo infinitamente” . No hay duelo: la dolorosa tristeza por lo perdido. No hay lo perdido como perdido, sino como fantasma que se atesora y crece. Paranoias tampoco ven en la nada sólo nada. Sospechan conspiraciones planeadas para robarnos la vida y hacernos desaparecer. Qué difícil sentir la inocencia de una nada en calma. Sentir el transcurrir de un tiempo sin apuro. Sin el peligro de lo que caduca, se deteriora, se altera, lastima, muere. Tal vez Kierkegaard imagina la inacción como intento de fundirse en la nada. Habitar un yo desganado como cura de la insatisfacción. ***** ¿Y si la angustia no se pensara como vacío o falta de fe, ni como sociedad del hastío con la melancolía? ¿Si pensáramos la angustia como momento soberano de no saber cómo vivir? ***** Nietzsche proyectaba conocer la obra de Kierkegaard en un viaje a Copenhague pero su salud se lo impidió. En El Anticristo , un manuscrito bien guardado que pudo rescatar, en 1889, su amigo Overbeck, escribe: “El viejo Dios, todo él ‘espíritu’, todo él sumo sacerdote, todo él perfección, se pasea por el jardín placenteramente: sólo que se aburre. Contra el aburrimiento luchan en vano incluso los dioses. ¿Qué hace? Inventa al hombre, el hombre es algo entretenido…Pero he aquí que también el hombre se aburre. La piedad del Dios, por la molestia que tienen en sí todos los paraísos, no conoce límites: pronto creó también a los animales. Primer error de Dios: el hombre no encontró entretenidos a los animales, los dominaba, no quería ser un animal. Entonces, Dios creó a la mujer. Y, de hecho, el aburrimiento se terminó. ¡Pero se complicaron otras cosas! La mujer fue el segundo error de Dios” . Dios se siente amenazado por la mujer. Ella prueba el árbol del conocimiento. Ella piensa y no le teme. Dios decide expulsar esas rebeldías del paraíso: “inventa la indigencia, la muerte, el peligro mortal del embarazo, toda especie de miserias, vejez, fatiga, sobre todo enfermedad” . Inventa el mal para sofocar insurgencias. Y cuando, no obstante, las frágiles criaturas mortales, levantan una inmensa torre para tomar el cielo por asalto, “el viejo Dios inventa la guerra, separa a los pueblos, hace que se aniquilen mutuamente” . Pero, como ni eso alcanza, dios se da cuenta de que no queda otro remedio que ahogarlas con la proliferación de morales, pensamientos inútiles y otros fantasmas. ¡Qué sutileza destacar que “ la molestia que tienen en sí todos los paraísos, no conoce límites” ! Nietzsche insinúa que de las derivas del hastío nace la revuelta. ***** Georg Büchner (1836), en Leoncio y Lena , piensa el aburrimiento como vicio de la abundancia. El príncipe Leoncio tiene todo lo que un joven rico y poderoso puede anhelar. Lo presenta así: “¡Dios mío! Todo mi trabajo consiste en matar el tiempo. Primero me siento, luego me levanto, después me vuelvo a sentar. ¡Es agotador! He contado cuántas veces puedo escupir sobre esa piedra; ya voy por las trescientas sesenta y cinco. ¿Ves, Preceptor? Es un año entero de trabajo, un calendario de saliva” . Büchner escribe esta obra antes de cumplir los veintitrés años. Muere meses después de tifus. Dice Leoncio mientras vagabundea sin dirección con su amigo : “¡Oh, Valerio! ¿Sabes tú qué es el aburrimiento? (...) El hombre es un animal que bosteza; los demás animales no bostezan, o al menos no lo hacen con tanta distinción” . O se lee en otra de sus obras ( La muerte de Danton ): “¡Qué no es capaz de hacer la gente por puro aburrimiento! Estudian por aburrimiento, rezan por aburrimiento, aman, se casan y procrean por aburrimiento y, finalmente, mueren de aburrimiento” . En la dramaturgia de Büchner se presenta el aburrimiento como tristeza de una época en la que la vida transcurre sin pasiones. El aburrimiento como fuente de proezas vanas e infinitos desaciertos. En Leoncio y Lena , bajo la forma de una comedia de amor, concibe el hastío como indiferencia política. Para el joven nacido en Alemania, en el mismo año que Kierkegaard, matar el tiempo de los días, equivale a clavar una daga en el corazón del porvenir. ***** Freud advierte que la primera guerra europea del siglo veinte, con todo su horror, su destrucción, su crueldad, pone a la vista el hastío de la civilización. En 1915 termina La transitoriedad , un ensayo escrito para una publicación en homenaje a Goethe, en medio de esa gran tensión. Tiene casi sesenta años. La palabra: Vergänglichkeit, traducida como La transitoriedad por Etcheverry y como Lo perecedero por Ballesteros, hace referencia a lo efímero, lo fugaz, lo que no permanece. Se trata de una reflexión sobre la condición pasajera de la belleza en tiempos de mutilaciones y enmudecimientos. Freud dice que una flor no tiene una existencia menos hermosa por durar sólo un día. Recuerda que lo que agoniza en invierno, renacerá en primavera. Discute la idea de transitoriedad como condena. Intenta pensar de qué manera nos aflige cada pérdida inevitable. Vislumbra el duelo como enigma. Al cabo, no piensa lo eterno como permanencia, sino como cambio. Afirma que la transitoriedad de lo bello no tendría que empañar el contento de lo que no perdura. Menciona una conversación que, durante un paseo, tuvo, en el verano de 1913, (se supone) con Lou Andreas-Salomé y Rilke. Escribe: “Hace algún tiempo, en compañía de una amiga taciturna y de un poeta joven, pero ya famoso, salí de paseo, en verano, por una exuberante campiña. El poeta admiraba la hermosura de la naturaleza que nos circundaba, pero sin regocijarse con ella. Lo preocupaba la idea de que toda esa belleza estaba destinada a desaparecer, que en el invierno moriría, como toda belleza humana y todo lo hermoso y lo noble que los hombres crearon o podrían crear. Todo eso, que de lo contrario habría amado y admirado, le parecía carente de valor por la transitoriedad a que estaba condenado. Sabemos que de esa caducidad de lo bello y perfecto pueden derivarse dos diversas mociones del alma. Una lleva al dolorido hastío del mundo, como en el caso de nuestro joven poeta, y la otra a la revuelta contra esa facticidad aseverada. ¡No, es imposible que todas esas excelencias de la naturaleza y del arte, el mundo de nuestras sensaciones y el mundo exterior, estén destinados a perderse realmente en la nada!” . Entre el dolorido hastío del mundo y la revuelta contra la extinción de lo bello, Freud se inclina por la revuelta, pero sin olvidar el dolorido hastío del mundo. Cree que las artes y las ciencias, el trabajo y el amor, elevan a la civilización. Se pregunta cómo hacer el duelo ante lo que no permanece. Razona que una belleza perdida fertiliza el suelo de lo bello por venir. Sabe que, si no, se corre el riesgo de un obstinado abrazo a la nada. El triunfo de la melancolía, esa cálida anfitriona del hastío que prefiere ayunar o llamar a la muerte antes que sentarse en la misma mesa que el duelo. Freud, en Duelo y melancolía , dos años después, utiliza la expresión hastío de vivir ( Lebensüberdruss ). No ve en ese estado el inicio de una revuelta, sino la inmovilidad de una pesadumbre. ***** Acaso se llame duelo a un tiempo de dolor y tristeza (no de hastío y distracción) en el que no se sabe qué hacer con lo que muere. Incluso un tiempo que no quiere saber la muerte. Y, acaso se llame duelo también al tiempo, tras la muerte, en que no se sabe cómo seguir viviendo sabiendo lo irremediable. ***** Melancolías anticipan espectros de caducidades futuras. Se acomodan en la languidez para mirar lo que muere en lo que todavía vive. Al final, el tiempo les dará la razón. ¿Hay otra forma de vivir?, ¿pactar con lo que perece?, ¿afincarse en la creencia de que un momento bello conservará su belleza para siempre? ***** Pero, sin ceder a la negación, ¿cómo se hace el duelo por una civilización que se ama? Balas, bombas, muertes por gas, anuncian otra cosa. ¿Tal vez el retiro de los dioses o la náusea de la razón? En esos tiempos aciagos, Freud no objeta capitalismos ni expansiones imperialistas, piensa la guerra como enfermedad de la pulsión. ***** Cada época acalla, con sus soluciones, la misma pregunta de siempre: ¿cómo la vida? En cada época, voces sin respuestas, de diferentes maneras, claman: ¡Basta, así no! Mario Martín del Campo. Sin título (Marioneta), 1996. Grabado en colores sobre papel vitela. 44,5 × 34,3 cm
- Fuerzas / Ana Laura García
A los ocho años una profesora de educación física me miró la espalda apoyada sobre un bastón de madera y le dijo a mamá que tenía escoliosis. El médico recetó plantillas. El problema venía desde abajo. Los pies planos me llevaron hasta las puertas de la ortopedia. Luego vino la ortodoncia. En realidad habría que decir las ortodoncias porque fueron tres tratamientos completos a lo largo de la vida. Uno peor que el otro, porque las técnicas correctivas iban mejorando y se volvían más sofisticadas y permanentes. Sorprende ver cómo los dientes insisten en desalinearse. Las fuerzas del cuerpo, su perseverancia por permanecer en su forma no sabe del tiempo ni de prótesis o contenciones. Convivo con ese desajuste interno desde muy chica, una tensión me recorre de pies a cabeza, pasando por mi espalda. Esa tensión desalinea, desorganiza, invierte la mordida, tuerce las rodillas hacia adentro, aplasta los pies sobre el suelo. Como si hubiese crecido demasiado rápido, o demasiado estirada, o demasiado hacia afuera o hacia adelante o hacia un costado. El cuerpo compensa como puede los desajustes que lo recorren y constituyen. En ocasiones sueño que se me caen todos los dientes. Es un sueño horrible que se ha repetido varias veces y siempre angustia. Hace poco comencé a pensar que ese sueño podría tener algo revelador: un dolor en el cuerpo reclama ser liberado, descorregido, desortopedizado. Fuente: García, Ana Laura (2025). Diario de una educadora (fragmentos autobiográficos). 2da. edición. Publiquemos. Foto archivo personal de Ana Laura García.
- Cuando el viento sopla. Femicidio de Valeria Schwab y desapariciones en Comodoro Rivadavia / Veroka Velasquez Ulloa
“La buscamos toda la noche. Fuimos nosotros los que la encontramos. Es algo que no se lo deseo a nadie” Jessica Schwab El femicidio de Valeria Schwab “Donde debía haber seguridad, hubo abandono. El femicidio de mi hermana ocurrió en un lugar que el gobierno ya sabía que era tierra de nadie. No la mató solo un asesino o un par de asesinos, la mató un sistema que no escucha denuncias hasta que ya es demasiado tarde” Escribió Jessica Schwab, hermana de Valeria Schwab, asesinada el martes 13 de enero, al lateral de la ruta 3 en la base del Cerro Chenque donde se encuentra con el mar. Como una gran cantidad de personas en la ciudad petrolera, Comodoro Rivadavia, Valeria de 39 años había salido a correr por el llamado “Paseo Costero” un paseo que atraviesa gran parte de la costa de la ciudad. El último mensaje que Valeria envía a su hermana es a las 23 horas, contándole que iba llegando a Eureka, no tan lejos de su casa, Valeria no llega, ni tampoco le llegan a ella los mensajes, familiares y amigos activaron la búsqueda por la zona y el rostro de Valeria en un volante comienza a circular por las redes sociales de la ciudad. Fueron al Chalet Huergo, teniendo la esperanza que ahí este sentada, pensando o paseando, pero no, luego encuentran una zapatilla y con esa señal que confirma lo peor, porque Valeria no tenía pertenencias más que su celular y los auriculares, para robarle no había sido, la hermana va a la brigada de investigaciones: “se hizo eterno el papelerío que tuvimos que llenar para que se empiece a mover la policía. La policía alumbrando desde arriba, mientras los familiares y amigos estuvimos buscándola porque ya sabíamos el sector donde ella había dicho, por abajo (acantilado) en plena oscuridad, la policía nada, alumbrado desde arriba con una linterna que no alumbra ni un metro. Me parece muy mal que la policía no tenga herramientas para salir a buscar cuando nosotros ya le decíamos que se había encontrado una zapatilla, tardaron un montón, si no hubiese sido por nosotros no la encontraban, porque estaban mirando desde arriba, después empezaron a bajar cuando nosotros empezamos a bajar. El accionar en el momento indicado hubiera sido clave” cuenta Jessica en una entrevista. Tierra de nadie El abandono por parte del estado en Chubut, Patagonia se hace eco en distintas situaciones, paralelamente están activos los incendios en la zona de la cordillera, las causas de búsqueda de personas son archivadas y el desplazamiento del cerro Hermitte deja cientos de familias sin hogar. Comodoro Rivadavia es una ciudad fundada en 1901 para la explotación petrolera y toda la sociedad está constituida en función de la extracción del recurso, el abuso hacia la tierra es el mismo que se da con las mujeres. Es una ciudad con un gran caudal de población, movimiento económico y una naturaleza que se impone en grandes espacios desérticos y salvajes, donde hay zonas que tienen que estar iluminadas porque pasa la ruta 3, hay circular activo de la población, hay senderos para entrenamiento, por ejemplo. En la zona donde se encontró el cuerpo de Valeria es inimaginable que ese sector no esté iluminado, pero si, no había ni una led que ahuyente las posibilidades de una tragedia anunciada. Cuando el primer fiscal de la causa de Valeria, Marcelo Crettón manifiesta “que el hecho llama especialmente la atención por el lugar y el horario en el que ocurrió. Estamos hablando de pleno centro, de un lugar de caminata diaria. Hay personas solas, acompañadas, con perros. No es normal que haya pasado esto en Comodoro”. Hay que responder: lo que no es normal y la población lo sabe es que un espacio tan concurrido y preparado para estar iluminado, no tenga ni un solo foco, sea en plena ruta y en pleno centro se instale una boca del lobo y todo pueda suceder, pero ahora viene la etapa donde los que tienen que dar respuestas se arrojan la papa caliente probablemente para que siga rodando hasta que se enfrié y alguno pueda arrojarla a los barrancos del olvido. La causa de Valeria en pocos días cambia de fiscal y quedando en manos de María Laura Blanco y conforme a normativas internacionales sobre la investigación de muertes violentas de mujeres, la causa fue caratulada como femicidio, anteriormente había sido de homicidio resulta víctima. Primera Marcha 2026 Plaza Kompuchewe La familia convoca a un grito colectivo, en la plaza Kompuchewe, donde la ciudad se manifiesta. Llegamos en silencio, la familia repartió hojas con el pedido de justicia y el rostro de Valeria, no había banderas de partidos, ni ninguna, no había hashtag, ni cantos, se alineo primero la familia y amig@s y con aplausos que nunca pararon, cinco cuadras de comunidad acompañamos a la familia hasta la seccional primera donde también se compartió el pedido de investigación por parte de la familia de Diego Serón desparecido el 7 de enero, cuando había salido a buscar trabajo. Los medios de desinformación En el correr de los días los medios comenzaron a lanzar hipótesis al aire, la información en potencial, “parecería, habría posible relación, apareció un posible homicida”, crearon sus propias fabulas y las echaron a andar, llegando a alcances nacionales sin ser chequeada, información que los propios medios locales desdijeron y a los dos días esas supuestas verdades eran sentencias a nivel nacional. Los medios que copian y pegan, a sabiendas, no son inocentes, que pueden entorpecer la investigación. Hasta llegar al punto de titulares del estilo: “tras filtrarse datos de la autopsia”. El informe forense confirmaría que la víctima fue abusada sexualmente y que su fallecimiento se produjo por asfixia. Se esperan declaraciones oficiales, decían los diarios locales viernes 16 de enero. ¿Dónde quedan nuestras vidas?, si vivas o muertas somos la carne cruda que alimenta el monstruo, el monstruo macho que necesita saciar sus “desahogos sexuales”, o el monstruo morbo social que se come el relato más morboso, no importa si es verdad o fábula, sirve si alimenta, si atraganta, si indigesta, sirve si la sangre y el cuerpo es el nuestro, la maquinaria de la desidia, el extractivismo, la oscuridad del petróleo se tragó a Valeria, se la arranco a la vida, pero nuestra esencia patagónica provoca que cuando el viento sopla hace más fuerte las raíces y crecen, y si el viento te arranca se aprende a volar, pero ¿qué hacemos en el mientras tanto? ¿qué hace la justicia?. A Valeria la asesinaron, pero no callaron su grito que se multiplica en todas las personas que seguimos en la lucha por un mundo justo y que llegue a quienes tienen que responder y se hagan cargo de los puestos que ocupan y dejen de sacarse fotos intentando demostrar un compromiso de cartón. Segunda marcha Unas 4 mil personas marcharon la noche el 21 de enero, a una semana del femicidio pidiendo justicia por Valeria Schwab y por la muerte de Diego Serón, el cuerpo de Diego apareció en el llamado Rincón del Diablo el 19 de enero, donde la familia ya había buscado. En la marcha se pidió justicia e investigación por los más de 20 desaparecidos. Jessica, hermana de Valeria, manifiesta que aún no le han informado nada de la autopsia, ni en qué situación está la causa de su hermana y solicito a los medios que sigan acompañando la investigación para hacer presión y que alguien de respuestas y no se archive la causa, ni la sociedad se olvide, como manifestaron los familiares de las personas desaparecidas en Comodoro Rivadavia. Justicia por Valeria Schwab, justicia por Diego Serón, investigación y justicia por todos los desaparecidxs de Comodoro Rivadavia. Desaparecid@s en Comodoro Rivadavia: 1-Alejandra del Carmen Sales (1994) 2-Hernán Enrique Soto (1997) 3-Araceli Linares (1998) 4-Mónica Elizabet Acuña (1998) 5-Silvia Mabel Picón (2000) 6-Iván Eladio Torres (2003) 7-Pablo Andrés Plascencio (2003) 8-Sonia Esther Toro (2005) 9-Héctor Hipólito Quijano (2006) 10-María Isabel Maldonado (2006) 11-Jorge Humberto Díaz (2006) 12-Ariel Rosario Curin (2007) 13-José Heriberto Barrientos (2007) 14-Leandro Arturo Díaz (2009) 15-Ángela Carolina Díaz (2010) 16-Hilda Suárez (2013) 17-Nicolás Capovilla (2016) 18-Gladys Garay Esteche (2017) 19-Norma "Lily" Carrizo (2017) 20-Victorio Joursin (2020) 21-Juana Morales (2025) 22-Pedro Kreder (2025) 23-Diego Serón (hallado muerto luego de más de una semana desaparecLucas Pachecoido) Lucas Pacheco Segunda Marcha 2026 @lucaspachecophotos
- Lágrimas del Ñorquinco / Sun Wukong - El mono consciente del vacío
He visitado parte del territorio Wallmapu, llamado Araucanía por la modernidad. He sido testigo de su magnífica belleza y de su desoladora tristeza. Los hermosos paisajes de lagos, ríos, volcanes, cerros y montañas boscosas van acompañados de montes quemados y arrasados por los incendios. La araucaria — o en mapudungun: el pehuén — árbol milenario de profundas raíces, testigo de tiempos inmemoriales se encuentra hoy en peligro de extinción. Así como es posible caminar por bosques rebosantes de ellos, también es posible deambular por bosques muertos. Algunos troncos yacen muertos y abatidos en el suelo, otros, a pesar de estar completamente quemados, continúan en pié, firmemente agarrados con sus raíces a la tierra. Como si se negaran a rendirse, permanecen inmutables, orgullosos, sin hojas, sin color, sin vida pero aún así imponentes. ¿Será acaso el consumo de su fruto, el piñón, lo que nutre de esa fuerza milenaria llamada newen que le permitió al pueblo mapuche mantenerse ingobernable y ser el único pueblo capaz de resistir la dominación de dos imperios: el Inca y el Español? Así es el Lago del Ñorquinco, lugar donde la belleza y la catástrofe conviven. El cielo está arriba, la tierra abajo y en medio se encuentra lo humano, protagonista de la tragedia. Trastabillando, a los tumbos y tropezones, desorientado y cegado por las luces del progreso. Culpable, testigo y cómplice. Víctima, victimario y juez. Director, actor y espectador de un proceso de autodestrucción inconsciente que no logra entender y mucho menos transformar. Así, maravillado por la belleza y horrorizado por la tragedia, regreso a la metrópolis, a la babilonia, al corazón del Leviatán argentino. Aquí las noticias de la periferia devastada llegan todos los días de forma lejanamente cerca, como un eco débil, distante, casi como un rumor. Alejado de las fuentes de vida que sustentan el cemento y los bocinazos, intento mantener la calma y no desesperar. Confiando en que, más temprano que tarde, lo humano podrá, finalmente, reconocerse en el espejo y encontrar su lugar en el mundo. Blog: https://tigreagazapadodragonescondido.blogspot.com/ Sun Wukong. Pehuén. 2026
- Maricas Malas. Fragmento Capítulo I / Cristo Casas
Capítulo 1 «Maricón, que suena a bóveda» Maricon. El hombre afeminado, que se inclina a hazer cosas de muger, que llaman por otro nombre Marimaricas; como al contrario dezimos Marimacho la muger que tiene desembolturas de hombre. Tesoro de la lengua castellana o española (1611), Sebastián de Covarrubias La sociedad capitalista fabrica lo homosexual como produce lo proletario. El deseo homosexual (1972), Guy Hocquenghem Describo la heterosexualidad no como una institución sino como un régimen político. El pensamiento heterosexual y otros ensayos (1992), Monique Wittig «¡Mariquita! ¡Mariquita! ¡Mariquita! ¡Mariqui...!» Un coro de voces masculinas impide al artista concentrarse en la canción. Al fondo del teatro, en una oscuridad que permite con su velo de anonimato aflorar la valentía en su concepción más masculina posible, unos hombres — se dice que falangistas— hacen mofa del cantante y sus dejes amanerados, probablemente ataviado con uno de sus trajes afeminados, con holgados volantes y coloridos flecos. No se sabe si estaba por entonar La bien pagá, Ojos verdes o Están clavadas dos cruces , porque lo cierto es que la canción no siguió. Ni una sola nota, afinada o desafinada, salió del gaznate de Miguel de Molina mientras duraron los insultos. Con su gracejo natural, su muñeca blanda y su acento floreado, se cuenta que levantó la mano hasta callar la orquesta, hasta callar al público y hasta calar con la mirada fija en aquellos fantasmas al fondo del teatro, para decir: «Mariquita no; maricón, que suena a bóveda». No se sabe si esta anécdota es cierta. Como diría Lidia García, investigadora y divulgadora sobre el fenómeno de la copla con una perspectiva queer, «se cuenta, se rumorea, como todo en estos lares», siendo los lares en cuestión una dictadura franquista que perseguía con firmeza la disidencia afectivo-sexual y de género, fuera cual fuera ésta y se manifestara como se manifestase. Lo que sí que es cierto, sin duda alguna, es que a Miguel de Molina lo secuestraron una noche a la salida del Teatro Pavón, donde actuaba a diario interpretando un género asociado a lo femenino como es la copla, lo llevaron a las afueras de Madrid, lo apalearon y lo abandonaron con la cabeza afeitada. Esto último era una de las formas más comunes de humillar a las personas sospechosas de ser republicanas en la posguerra. Y Miguel, más que sospechoso, era un republicano confirmado y descarado que, cosiendo sus propios trajes de lunares y colores, había actuado para el Socorro Rojo y la Aviación Republicana, entre muchos otros públicos. Así lo reconocería orgullosamente él mismo desde el exilio en Argentina años después. Esta anécdota — o mito— de Miguel de Molina, que por suerte pudo escapar de una España hostil antes de que lo mataran como a tantos otros en sus mismas condiciones, me resulta útil para explicar qué entiendo yo por maricón, y por qué he escogido esa palabra como centro gravitatorio de este libro. Sí, marica, mariquita o maricón, pero no gay ni homosexual. Miguel de Molina no follaba en el escenario. A Miguel de Molina no se le conocía ninguna pareja de su mismo género más allá de los rumores. Miguel de Molina jamás fue visto de la mano en público con un amante, ni paseó ningún novio por delante de los juzgados de plaza Castilla, ni probablemente albergó nunca la intención de casarse, adoptar y crear una familia homoparental. Pero a Miguel de Molina lo odiaban por maricón, porque lo marica trasciende, por mucho y de lejos, lo que ocurre en la privacidad de la cama, tras las puertas de un armario o bajo llave en el dormitorio. Ser maricón anticipa cómo nos sentimos, qué deseamos o cómo nos relacionamos con terceros, porque todas las maricas lo somos ya antes de saberlo. Ser maricón, como ser heterosexual, es algo que se practica a diario y que se percibe sin nombrarlo siquiera. Es una etiqueta que designa una forma específica de relacionarse con los demás y de ocupar el espacio público. Ser maricón no solamente trasciende o antecede lo afectivo-sexual, sino que se puede ser y se es maricón sin amar, desear o practicar sexo con otros hombres, como se es otras muchas etiquetas que hacen referencia a nuestras identidades diversas sin que el sexo ni el amor medien en ello. Y ser maricón, además, es de todo menos permanente, eterno, inmutable: es una identidad en constante movimiento, en constante adaptación, que se presenta más o menos según quien mire, que se señala más o menos según quien juzgue, que puede esconderse por inseguridad o por miedo, y que puede mostrarse por provocación o por orgullo. Esta fluidez, esta capacidad de escabullirse, esta modulación es también una amenaza para la estabilidad de lo cisheterosexual, que se pretende eterno y natural, pues nunca sabes dónde aparecerá una locaza haciendo tambalear los cimientos del sistema con su pluma, sus gritos o sus tacones. Locaza, el maricón inestable « Vous êtes Hitler! » Un grito impide al filósofo concentrarse en su discurso. «¡Es usted Hitler! ¡Fuera de aquí!» En una de las primeras filas del auditorio, en una oscuridad que permite con su velo de anonimato aflorar la valentía en su concepción más académica posible, un miembro de la École de la Cause freudienne profiere un grito contra el ponente. Parece que no han pasado décadas desde que un coro de voces quisiera humillar a Miguel de Molina sobre el escenario, pero estamos en París y es 2019. Ataviado con un jersey de cuello alto, con su ya clásico bigote fino, Paul B. Preciado se carga del mismo valor que tuvo el coplero y espeta ante los 3.500 psicoanalistas que han venido a escucharle ignorarle: «Yo soy el monstruo que os habla». La hostil recepción del público, algunos riendo y otros increpando, acaba provocando que Preciado tenga que recortar ampliamente el discurso que había preparado para la ocasión, en el que quería poner de manifiesto que la epistemología del psicoanálisis, es decir, las categorías con las que el psicoanálisis organiza e interpreta a sus pacientes, no respondía a la diversidad de dichos pacientes, sino que era una epistemología caduca, insuficiente, agotada. El filósofo no pudo leer su discurso completo, pero sí pudo al menos enunciar una frase clave para dinamitar aquello que damos por natural, por ahistórico, por permanente sobre el género: «Quizás ustedes se piensen como hombres y mujeres naturales y tal suposición les haya impedido observar el dispositivo en que se encuentran con una distancia saludable». Del mismo modo que las categorías hombre y mujer son un relato que nos contamos a nosotras mismas, pero que no tiene existencia más allá de la manera en la que experimentamos y narramos el mundo, gay u homosexual son categorías que surgieron en un momento de la historia concreto para definir y ordenar el mundo de una forma más que premeditada. Hombre, mujer, gay, bollera ... son una epistemología, términos escritos en un diccionario, herramientas en una caja de las que podemos disponer, pero que no siempre han estado ahí. Un diccionario escrito por manos concretas, una caja de herramientas diseñada por una mente precisa. Hombre, mujer, gay, bollera, español, negra, cojo, sudaca, discapacitado, trans, sordo, euskaldun, blanca . Un diccionario y una caja con un contenido potencialmente infinito, pero, sobre todo, y como muestran términos como queer, arromántica, pueblo originario, no binarie, neurodivergente o racializado , un diccionario y una caja inestables, cambiantes, en continua reinvención, con términos que desaparecen y herramientas que se oxidan; con palabras que se resignifican y nuevas herramientas que surgen de la aparente nada. En ese cajón de herramientas es donde aparece la locaza como uno de los conceptos despectivos que aplicar sobre las maricas. Un concepto en que la misoginia y el odio a las personas neurodivergentes se dan la mano para unir fuerzas contra los hombres afeminados, fallidos, rotos. Tan estigmatizada estaba la loca, tan indeseable era verse relacionado con ella, que es el primer arquetipo del que la homosexualidad o el modelo gay buscó alejarse en España. Así lo cuenta Oscar Guasch: Mientras que en el proceso de cambio anglosajón la redefinición viril de la homosexualidad — que contribuyen a difundir los movimientos gais— genera casi inmediatamente el estereotipo del macho, en España se pasa previamente por una etapa en la que se defiende, antes que el derecho a la virilidad del homosexual, su derecho al afeminamiento, a ser loca. En efecto, un derecho que perdimos tan pronto como el mundo anglosajón pasó a ser el prisma desde el que nos observamos a nosotras mismas. El diccionario, la caja, el mapa que trazamos para entender el mundo, se nos aparece como natural e inmutable, pero es, más que nada, inestable, como demuestra esta transición de una construcción de los maricas hispana a una anglosajona en tan pocos años. La epistemología que usamos se sostiene con pinzas, es teológica: existe porque creemos en ella. Y, como decía hace unos párrafos, la mera aparición de una locaza podría hacer tambalear los cimientos de dicho sistema con su pluma, sus gritos o sus tacones. Pero este capítulo no va a ser tan ambicioso como para pretender hacer tambalear los cimientos de nada, me conformo con poner en duda los términos gay y homosexual que, hasta ahora, hemos asumido con toda la naturalidad para referirnos a hombres cuyas prácticas y cuerpos disienten de la norma afectivo-sexual y de género. En su lugar, propongo que nos amariconemos, que tomemos una distancia oportuna y sana que nos permita ver, como dice Preciado, cuán naturalizada y construida es nuestra identidad colectiva como gais/homosexuales, igual que la de los hombres y mujeres cisheterosexuales. Porque la heterosexualidad «no es una elección, sino una identidad obligatoria que consolida un sistema patriarcal dominante», como bien define el teórico y activista queer y crip* Robert McRuer. «La feminidad obligatoria (para las mujeres), la masculinidad obligatoria (para los hombres) y la heterosexualidad obligatoria se (re)producen a través de una amplia variedad de instituciones culturales.» Necesitamos tomar una distancia que haga evidente también qué instituciones producen lo homosexual o lo gay, el dispositivo en que nos encontramos, el relato que nos contamos y con qué fin lo hacemos. Solo así, negando la existencia de la naturaleza gay u homosexual, podemos ir a la raíz de las opresiones a las que se somete dicha categoría desde un sistema cisheterosexual igualmente artificioso. El concepto de marica o maricón, que rescato no inocentemente de otra época, de otro contexto, nos ha de servir para extrañarnos de nosotras mismas. Un concepto inestable y un concepto que inestabiliza otros conceptos cercanos, como gay y homosexual, con su mera existencia, del mismo modo que Preciado se proponía inestabilizar toda la tradición psicoanalítica con su mera enunciación como sujeto, como monstruo. Homosexual, el maricón medicalizado La homosexualidad para referirse a personas que mantienen relaciones afectivo-sexuales con otras personas de su mismo sexo, aunque hoy en día lo entenderíamos como de su mismo género, es un concepto que aparece por primera vez en el ámbito de las ciencias de la salud de tradición germánica, con la intención de clasificar una supuesta desviación de la norma que debía tener, o bien una explicación biológica, o bien, como diría más tarde el psicoanálisis, un origen en una elección inconsciente formada durante la socialización en la infancia y adolescencia. En ese sentido se recoge en Psychopathia sexualis (1886), de Richard von Krafft-Ebing, como una más de un listado de perversiones sexuales que debían ser abordadas y corregidas médicamente. Por este motivo, el sociólogo Oscar Guasch no duda en afirmar que «la homosexualidad es la forma que la homofobia adopta en el relato médico». ¿Con qué finalidad querría la medicina clasificar una orientación afectivo-sexual que, en un principio, no debería tener ningún interés médico? La medicina, más allá de gestionar la vida, o los indicios de la muerte en los cuerpos vivos, gestiona también la salud social, o los indicios de la muerte en las sociedades vivas, aquello que hemos dado en llamar «salud pública». La medicina es, por tanto, una institución que se sirve también de diccionarios, de cajas de herramientas, para explicar y gestionar personas, colectivos, sociedades y sus relaciones entre ellos. La ciencia en general, y la medicina en este caso, han ocupado progresivamente el lugar que en otro momento ocupaban los sistemas de creencias religiosos, como bien explica de nuevo Guasch: «Es importante el proceso de medicalización del sodomita, que a lo largo del siglo XIX convierte la categoría moral en categoría clínica; es decir, el sodomita en homosexual». Aquello que hasta ese momento era reprochable y perseguible moralmente, pasa a ser clasificable y controlado institucionalmente. Una transición colectiva del pecado a la enfermedad. Javier Sáez y Sejo Carrascosa, en su obra sobre la política anal y, por tanto, la gestión de personas, colectivos y sociedades a través del culo, llegan a atribuir el término homosexual a la descripción patológica médica de la sodomía: «La homosexualidad nace vinculada al sexo anal, pero va mucho más allá, dentro de un discurso médico, psiquiátrico, como una patología y, lo que es más importante, como una forma de identidad global que se impone al sujeto». Aunque todo esto parezca cosa del pasado, propio de una medicina de hace años, cargada de sesgos y moral, lo cierto es que en la actualidad se siguen financiando investigaciones académicas y médicas en busca del origen de la homosexualidad, lo cual nos plantea cuatro preguntas que no pueden seguir sin respuesta: ¿con qué objetivo se busca el origen, el motivo, la causa biológica o psicológica de la homosexualidad? ¿Para corregirla en caso de hallarse? ¿Por qué no se financia también la búsqueda del origen, el motivo, la causa biológica o psicológica de la heterosexualidad? ¿Por qué no necesita corregirse? El sesgo y la moral, como podemos ver, siguen siendo característicos de la medicina contemporánea, tan patologizante que se han llegado a buscar patrones fisonómicos, como si de la vieja frenología se tratase, que no sólo identifiquen al homosexual, sino que incluso permitan diferenciar a aquellos que ejercen un rol pasivo en la relación sexual de aquellos que ejercen un rol activo. Algo especialmente gracioso — con el tiempo y la tierra necesarios para poder reírse de por medio— si tenemos en cuenta que, en la misma obra sobre las políticas anales, los propios Sáez y Carrascosa encuentran que en torno al 70 % de los homosexuales registrados en una conocida web de citas sexuales entre hombres se identifica como versátil; es decir, el 70 % de los hombres que practican sexo con hombres practican indistintamente un rol pasivo o activo. ¿Acaso las personas cisheterosexuales no tienen diferentes apetencias y fantasías según el momento, el lugar o la persona o personas con quienes practiquen sexo? ¿Acaso no les apetece un día una mamada, otro día un misionero y cuando surja, si es que surge, un trío? ¿Por qué los maricones, en cambio, deberíamos estar biológica o psicológicamente programados para ejercer una sola práctica? Y, más aberrante aún, ¿por qué el motivo habría de depender del tamaño de nuestro hipotálamo o de la relación traumática que tengamos con nuestro abuelo paterno? Hablando de las webs de citas, que han convertido el ligoteo entre personas — también las heterosexuales— en un mercado de intercambio de fotografías y biografías, además de un maravilloso muestreo para los trabajos de campo sobre versatilidad entre maricones, ¿en qué sentido sería el gay el equivalente mercantil del homosexual? Gay, el maricón comercializado Si lo homosexual propició un tránsito conceptual del pecado a la enfermedad, lo gay ha propiciado un nuevo tránsito de la enfermedad al nicho de mercado. El homosexual es un usuario del sistema público, un ciudadano que cumple con las expectativas y patrones que sobre él inscriben las instituciones; el gay es un cliente del sistema privado, un ciudadano que cumple con las expectativas y patrones que sobre él venden las empresas y negocios. Parafraseando a la artista Shangay Lily, que ya parafraseó a Simone de Beauvoir: «El gay no nace, se compra». El término gay , un préstamo del francés que significa «feliz, alegre», se usaba ya en la Inglaterra victoriana para referirse a los hombres que ejercían la prostitución dada su alegre vida, aunque fue popularizado por la comunidad LGTBI de San Francisco más de un siglo después para referirse a las personas que mantenían relaciones afectivo-sexuales con personas de su mismo género, independientemente de si eran hombres o mujeres, confrontando con este término positivo, feliz, las connotaciones negativas que tenía homosexual y haciendo uso así de un término endónimo, dado a sí misma por la comunidad, y no exónimo, impuesto por la academia médica. El concepto gay se ha extendido ampliamente por el planeta desde los años setenta, sobre todo en los países de Occidente y en aquellos donde Estados Unidos ha ejercido un fuerte imperialismo cultural, situando su manera de entender la homosexualidad como el referente al que el resto de las sociedades aspiran, como bien describe Martínez Expósito: «La cultura de la comunidad gay tiende a la internacionalización mediante la imitación (neocolonial) de los modelos homosexuales del mundo anglosajón [...] una progresiva deslocalización o dislocación de la homosexualidad como parámetro cultural». Esta aproximación feliz, alegre, a la disidencia afectivo-sexual propició toda una cultura en torno al consumo y la diversión que cristalizó en la proliferación de locales de ocio dirigidos al colectivo, como bares, discotecas, saunas e, incluso, marcas de ropa, restaurantes, festivales de música o cruceros turísticos. Estos locales crean una cultura bastante homogénea, como podemos observar comparando hoy en día barrios tan lejanos geográficamente como el Soho, Chueca, Le Marais o Castro y, a la vez, tan similares socioculturalmente: sus habitantes pueden hablar idiomas distintos y vivir a miles de kilómetros, pero encontraremos las mismas marcas anunciadas, los mismos escaparates, las mismas canciones sonando en el hilo musical, idénticos juegos de palabras sexuales bautizando los negocios. Esta explosión no es casual, y es que la transición fue no de usuario a cliente, sino a cliente de lujo, bienestante y cautivo, como reflexionaba Shangay Lily en su obra Adiós, Chueca, muy crítica con el devenir comercial de la identidad gay en la capital madrileña, «la perfecta encarnación de esa clasista herramienta de marketing comercial que fue el famoso DINK ( Double Income No Kids , «Doble Ingreso Sin Niños»), un tramposo retrato de la comunidad gay como compuesta exclusivamente de parejas sanas, blancas, masculinas, estables, ricas, integradas (por no decir asimiladas) y delirantemente caprichosas, que en Estados Unidos ya había seducido a ambiciosas corporaciones dispuestas a sacar hasta el último dólar rosa». Y es justo este DINK, un mito muy arraigado sobre las parejas LGTBI, lo que ha servido como herramienta de exclusión de la comunidad gay a aquellas personas que no cuentan con los recursos para llevar el nivel de vida que se le supone al gay prototípico. El sociólogo Oscar Guasch, a quien ya he citado renegando del término homosexual, rechaza también el de gay: «Decidí dejar de ser gay cuando se produjo su institucionalización política, social y mediática; y me reafirmé en ello tras comprobar que la identidad gay se había transformado en imagen de marca y producto de consumo». Si el homosexual podía acceder a los derechos a través de la disciplina del cuerpo sano, el gay puede acceder a los derechos comprándolos, consumiendo, y será aceptado siempre y cuando alimente la rueda del capital. El investigador Martínez Expósito añadiría: La comercialización capitalista de lo que ha dado en denominarse estilo de vida gay impone unos hábitos de consumo y unas prácticas culturales. Sin embargo, no todos los homosexuales se sienten atraídos hacia esta ortodoxia gay; existe, también, una heterodoxia gay compuesta por sexualidades, prácticas culturales y estilos de vida que no adoptan la estética gay. En esta heterodoxia han florecido muchas etiquetas posgay o poshomosexual que ofrecen un marco analítico para la disidencia afectivo-sexual que trasciende lo médico y lo comercial, como es el ejemplo de queer . Queer, el maricón del futuro Actualmente asistimos a la emergencia de un término que, si bien ha estado rondando por la academia y el activismo anglosajón desde hace décadas, fuera de ese ámbito es una realidad bastante reciente. Tanto es así que, en español, aún no hay consenso sobre si escribirlo «queer», manteniendo la ortografía original, o transformarlo en «cuir» o «kuir», obedeciendo así la máxima de desafiar lo normativo que, se supone, el concepto contiene. Se ha llegado a proponer la interpretación, que no traducción, transmaribibollo , de manera que respete dos aspectos caudales del término en inglés: reapropiarse de un insulto (bueno, en este caso de cuatro) y ser un concepto paraguas que incluye toda disidencia afectivo-sexual y de género posible. Esta interpretación, ciertamente, ha envejecido como un brik de leche al sol un 15 de agosto al popularizarse nuevas siglas que responden a nuevas identidades no asimilables a lo trans, lo marica, lo bi o lo bollo antes incluso de que el término tuviera tiempo de extenderse. ¿Qué diferencia lo queer de lo gay o lo homosexual? Esencialmente, que es, como he dicho antes, un término paraguas, lo cual ya es un gran paso, pues nos permite usar una palabra para referirnos a todos los cuerpos disidentes con independencia de su expresión e identidad de género o de su orientación afectivo-sexual. Que no se plantea como una identidad estanca y definida, sino como un desafío a lo estanco y a lo definido; como algo que no se es, sino que se está, se transita. Y que, en cuanto que indefinido y cambiante, no cierra puertas ni ventanas: permite tantos futuros queer como seamos capaces de imaginar, tiene un final abierto, o varios. En palabras del ensayista Víctor G. Mora en su obra ¿Quién teme a lo queer? , dentro de una breve pero efectiva descripción que me gusta especialmente porque se hace en negativo, mediante la carencia: «Si no incomoda, si no revuelve el asiento y fuerza la mirada hacia un afuera frondoso, no es queer». ¿Qué asemeja lo queer a lo gay o lo homosexual? En primer lugar, como manifiesta su difícil traducción, es un término potencialmente colonial, como lo era gay, y un exónimo impuesto a las comunidades no anglosajonas, como era homosexual . Así lo señala Guasch: «Estos puntos de vista [queer] intentan evitar términos locales ( maricona o amariconar , por ejemplo) y sustituirlos por otros (de orden colonial) procedentes del inglés ( queer o queerizar ) que son un sinsentido histórico en el contexto español [...] el término queer carece de injuria (y de descripción de desigualdad)». Además, autores como Sáez y Carrascosa opinan que lo queer podría padecer la misma fortuna que ya padeció lo gay e ir «hacia una reapropiación del activismo para un uso mediático y personalista, para la venta de proyectos culturales queer a las instituciones, museos, universidades o medios de comunicación [...] para consumo de heteros curiosos o aburridos, para épater le bourgeois y para alimentar la máquina estatal de la cultura», por lo que, en última instancia, sería tan servil al Estado como la medicina y tan comercializable y vendible como lo gay. Y así lo advierte también el propio Mora, cuya definición de queer acabo de citar: «Ninguno de los efectos del derrame queer sobre nuestro mapa está exento de problemas: la asimilación acrítica del término, el blanqueamiento en el terreno académico y en la práctica política, la capitalización y transferencia como producto susceptible de generar una categoría (de consumo)». Creo que asistimos a una revolución terminológica en el campo de las identidades, especialmente afectivo-sexuales y de género, aunque también en otros campos como el antirracismo o la lucha contra el capacitismo. Considero que, para hacer un análisis sobre la utilidad de la palabra queer en sociedades donde no es un término propio o con tradición, necesitamos dejar que el polvo se asiente y observar cómo toma forma al posarse sobre las realidades que lo preceden antes de poder criticarlo, positiva o negativamente. Al fin y al cabo, algunas apreciaciones como la de Sáez y Carrascosa se antojan más bien un temor a un futurible que un hecho consumado, y definiciones como la de Mora parecen abrir la posibilidad a que queer , esta vez sí, sea un término satisfactorio para todas las disidencias que permita, y esto es lo importante de un concepto, mejorar las vidas que lo transitan y ampliar sus horizontes, volviendo la mirada hacia fuera. Mientras el polvo siga en suspensión — un maravilloso instante, todo hay que decirlo, pues en esa tensión todo es posible—, yo me quedo con una reflexión de Camila Sosa Villada sobre el uso del término travesti , que tiene una larga tradición en Argentina para referirse a las personas trans: «Durante mucho tiempo [travesti] fue una palabra cubierta de crímenes, insultos, semen, sangre, silencio, soledad, hambre, intemperie. Es una palabra que está sucia. Y el decir “mujeres trans”, “mujeres transgénero” higieniza una existencia que nunca estuvo higienizada. Entonces yo digo: dejen de lavar algo que existió tal y como es». Y opto, yo también, por emplear mi propia palabra cubierta de crímenes, insultos, semen, sangre, silencio, soledad, hambre e intemperie, una palabra que no solo no necesita lavarse, sino que puede servir para reivindicar todo aquello que nos han dicho que estaba mal en nosotras: maricón. *Del inglés cripple, término ofensivo para referirse a personas con una discapacidad, especialmente si afecta a su capacidad motriz. Del mismo modo que queer, el uso de crip supone la apropiación de un insulto por parte del colectivo insultado con la finalidad de desactivarlo o de elaborar teoría crítica y estrategias políticas a partir de él. (N. del E.) Fuente: Christo Casas Maricas Malas . Fragmento capítulo I. Paidós Contemporánea 1era edición 2023. Joey Terrill Participantes en el desfile del Orgullo de Christopher Street West con camisetas de malflora y maricón de Joey Terrill, 1976. Cortesía de la Fundación de Archivos ONE de la Universidad del Sur de California. Fotografía toma directa.
Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.











