Alcira / Marcelo Percia
- Revista Adynata

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Llega becada a México en 1952, trabaja como maestra rural. Tiene 29 años. Su boleto de regreso a Montevideo lleva la fecha de diciembre del año siguiente. Nunca llega al aeropuerto. Tardará casi 30 años en volver.
Un solo poema alcanza para evocar una vida.
Alcira Soust Scaffo no escribe libros. Ensaya acciones poéticas: teclea a máquina textos cortos, fragmentos, aforismos, manifiestos. Obsequia sus papeles a estudiantes o los pega en las paredes.
Malgré tout (a pesar de todo) compone el estribillo del deseo que insiste.
“Malgré tout
Encuentro luz (malgré tout / Amo (malgré tout) / Regalo flores (malgré tout) / Me entristezco (malgré tout) / Me ilumino de inmenso (malgré tout) / Me enSaintjohnperseo (malgré tout) / Me En–Paz–eo / Como con León Felipe / Ando sin dinero (malgré tout) / Hago carteles (malgré tout) / (dibujo) / Iré a París (malgré tout) / Hablo con Carlos y con Ángel / Veo! a Jesús (malgré tout) / Mis amigos! sí me quieren (malgré tout) / En mi infierno (malgré tout) / En el café (malgré tout) / Y regalo días y estrellas! y silencios! y rosas / de la Alameda y flores pequeñas margaritas / (de los prados de Reforma) / de nadie (como Yo)
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Malgré moi je t´embrasse desde un cierto silencio / sin tiempo / oyendo pasar el – viento! y siento / m´empessooo... / et je m´enierme (malgré tout)”.
Posdata
Alcira proclama (no teoriza) el deseo a pesar de todo.
Una rapsodia del deseo a pesar de todo no desencantado, no fracasado, no derrotado, no desanimado. Un deseo que vuelve a las refriegas, a pesar de todo.
A pesar de la carga de dolor. A pesar del equipaje de ausencias. A pesar de pérdidas, desencuentros, injurias de amor. A pesar de haberse extraviado en las terquedades del error. A pesar de no haber alcanzado lo soñado. A pesar de que la palabra revolución, cada tanto, marcha al destierro. A pesar de que el mundo no tenga arreglo.
La insistencia a pesar de, no el pesar de.
El deseo a pesar de haber perdido la inocencia. El deseo a pesar del exilio y el abandono. El deseo a pesar de que el fuego arrasa nuestras querencias. El deseo a pesar del tedio de las aulas.
El deseo que, a pesar del hastío, sigue hurgando en los cajones, en los bolsillos, en los pliegues de la piel.
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Alcira pulveriza la vieja fórmula del deseo. No repite que el deseo se gesta concebido en el vientre de una falta, ni que el deseo desea algo que no alcanza, ni que el deseo padece el mal de la impropiedad. No piensa el deseo hacia un objeto orgánico y fantasmal, sino el deseo desde. El deseo que no sólo va, sino que también viene.
El deseo saliendo del mar como una sirena con el cuerpo envuelto por antiguas redes y tanzas. El deseo que se abre paso desde los velos de la nada. El deseo que llega desde la insatisfacción o desde su quimera satisfecha. El deseo desde las entrañas del “ya no puedo más”.
El deseo que arrastra los pies. El deseo como porfía de memorias no personales.
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El 2 de octubre de 1968, en vísperas de la celebración de los XIX Juegos Olímpicos en Ciudad de México, fuerzas militares asesinan a más de cuatrocientos estudiantes que luchan por libertades democráticas en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Esa masacre nos habita casi silenciada.
A diferencia del mayo francés, en el octubre mejicano se muere por protestar.
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En septiembre del 68, pocos días antes de la matanza de Tlatelolco, Alcira permanece escondida durante doce días en los baños de la Torre de Humanidades durante la ocupación militar de Ciudad Universitaria.
Desde allí, observa cómo el ejército se lleva con violencia a estudiantes y profesores. Sobrevive bebiendo agua de los sanitarios y alimentándose de papel. Cuando se retira el ejército, la encuentran en estado de desnutrición y delirio.
Desde entonces vive en la indigencia, sin trabajo formal, durmiendo en las aulas y pasillos, escribiendo y regalando sus poemas. Se conoce este: “Llegará el día en que todos los hombres se den la mano y no haya más guerra. La felicidad será para todos, en un mundo en el que no tendrá lugar el hambre, ni la humillación ni el miedo”.
Le diagnostican esquizofrenia paranoide.
Cuando cumple sesenta años, entre amistades y su familia, organizan su regreso a Uruguay. Deambula con sus poemas hasta que muere a los 73 años en el Hospital de Clínicas de Montevideo.
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Roberto Bolaño escribe sobre Alcira bajo el nombre de Auxilio Lacouture.
En Los detectives salvajes (1998), Auxilio aparece, en un momento, presentándose como “la madre de la poesía mexicana”, impulsora del movimiento “realismo visceral”. Auxilio narra sus días de resistencia durante la ocupación de la UNAM.
En Amuleto (1999), Auxilio, en un monólogo delirante donde se mezclan tiempos y memorias, describe su encierro de doce días en un baño de la Facultad de Filosofía y Letras.
Bolaño, que conoce a Alcira hacia 1970 en México, dijo sobre el personaje: “Ella es como la testigo amnésica de un crimen que intenta recobrar la memoria; en ese sentido actúa también como una metáfora: los latinoamericanos hemos presenciado crímenes que luego hemos olvidado”.




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