• Revista Adynata

Carta abierta a las hembras de la especie humana / Marce Joan Butierrez

Un grupo de feministas TERF, autopercibidas hembras humanas, pidió una medida de amparo ante el poder judicial para modificar las preguntas sobre género del Censo 2022 en la Argentina. Una posición recorre su presentación: que ser mayoría las faculta para imponerse por sobre las percepciones, afectividades y emociones de las personas trans. ¿Puede un grupo de mujeres cis, de clase media alta, académicas y de tez blanca ostentar el poder de impugnar los marcos legislativos vigentes y que han sido votados por los representantes del pueblo argentino? ¿Existe algún poder especial que emana de sus corporalidades biológicas que las faculte para pretender anteponer sus ideologías a aquellas determinaciones legítimamente tomadas por el orden democrático de una nación soberana? Carta abierta de Marce Joan Butierrez.

Estimadas hembras humanas de la República Argentina. Habiéndome informado respecto a la presentación realizada recientemente ante el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y ante el Ministerio Público Fiscal, requiriendo una serie de modificaciones tendientes a conservar intacta la pureza de las categorías varón y mujer, argumentando que “el sexo no es asignado por la cultura hegemónica ni se atribuye o diagnostica clínicamente, tampoco es una liberalidad ni un acto de discernimiento, sino que es una realidad material”, procedo a responder abiertamente de cara a la sociedad y de modo detallado a todas las falacias, improperios y expresiones violentas, fascistas y transodiantes que constan en su presentación.


Quienes firman el documento son reconocidas feministas e intelectuales de la clase media alta: la doctora en filosofía María José Binetti (investigadora del CONICET con sede en el Instituto Interdisciplinario de Estudio de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA), la historiadora Graciela Tejero Coni (directora del Museo de la Mujer, integrante del Consejo Asesor ad honorem del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidades), la abogada Julieta Luisa Bandirali (presidenta de la Comisión de la Mujer de la Asociación de Abogadas y Abogados de Buenos Aires), la profesora de filosofía y licenciada en Psicología Valentina Cruz y la abogada y mediadora Marisa Andrea Piumatti (directora del Instituto de Estudios Legislativos del Colegio de Abogados de La Plata, integrante de la agrupación “Mujeres en la Abogacía”). Ellas, en representación de las mujeres “hembras de la especie humana, seres humanos y personas adultas del sexo femenino” comparecieron ante el Juzgado Federal en lo contencioso administrativo N° 12 para anteponer un reclamo que consta básicamente de tres puntos, cito textual:


1- ELIMINAR la categoría “mujer”, “mujer trans”, “varón” y “varón trans” de las opciones de identidades de género en el formulario censal, tanto del que se realizará en forma presencial como el que se realizará en forma digital. Ninguna autopercepción debe afectar o confundir el registro legal del sexo mujer y varón.


2- RESERVAR la categoría “identidad de género” en el formulario censal a las personas que se reconozcan “trans”, esto es aquellas cuya vivencia corporal no coincide con el sexo registrado en el nacimiento. En concreto, que la respuesta a dicha pregunta no sea obligatoria*.


3- REFORMULAR la pregunta que inquiere sobre “identidad de género” de acuerdo a lo solicitado precedentemente, en el Formulario Censal que será utilizado tanto en la versión digital como en la versión presencial y tanto para Viviendas particulares como para Viviendas colectivas (ubicada en página 3 pregunta 3) del siguiente modo:


De acuerdo a la identidad de género, se considera…

Feminidad trans/travesti: persona que, al nacer, fue registrada como varón y en la actualidad se autopercibe como mujer trans o travesti (independientemente de que haya realizado o no la rectificación de su DNI o alguna intervención sobre su cuerpo).

Masculinidad trans: persona que, al nacer, fue registrada como mujer y en la actualidad se autopercibe como varón trans (independientemente de que haya realizado o no la rectificación de su DNI o alguna intervención sobre su cuerpo).

No binario: se refiere a una persona que no se identifica dentro del binomio de genero masculino/femenino y sí como de género no binario.

Otra/ninguna

Ignorado

Aunque a primera vista las demandantes pretenden camuflar su transfobia procurando una alternativa de relevamiento sobre las identidades trans, a lo largo de su exposición dejan en claro que su principal interés es preservar la categoría mujer únicamente para aquellas facultadas por la biología. Remarcan que “ni mujer ni varón son identidades de género. Son sexos”, es decir que son cuerpos que cuentan con “las características biológicas, anatómicas y fisiológicas que diferencian a las mujeres de los varones”. Y remarcan además que “tampoco existen mujeres trans o varones trans. Hay mujeres y varones”. Todo su escrito resalta la superioridad de sus identidades, justificándose en lo biológico y atacando de modo burdos y falaces al género, por entender que se trata de una construcción social sujeta a arbitrariedades.

El texto redactado por Binetti y sus adeptas insiste permanentemente en la necesidad de que el censo dé cuenta fielmente de la realidad y que se vea expresada en él la cantidad real de mujeres que integran la sociedad, algo que en principio no sería un inconveniente con la redacción actual del censo que muy a pesar de las críticas que pueda despertar entre los activismos trans continúa relevando el sexo de modo binario en la pregunta sobre el “sexo asignado al nacer”. Esta pregunta existe precisamente para poder seguir expresando la comparativa histórica, ya que una de las funciones del censo es poder mostrar los cambios y continuidades de las características de la población de un país. Los censos son herramientas dinámicas, en constante cambio, que deben dar cuenta no sólo de números, sino de los éxitos y fracasos de las políticas públicas en un periodo de diez años.

En este sentido es imposible negar que desde el último censo en 2010 al presente, las demandas feministas, de los movimientos de gais y lesbianas y los activismos travestis, trans y no binarios han reconfigurado los modos en que el estado aborda la cuestión del sexo y el género. Han sido 12 de años de transformaciones, que no puede obliterarse únicamente por la resistencia de quienes pretenden sostener el imperativo biológico por sobre las incesantes agudas discusiones teóricas que denuncian las tramas sociales, políticas y económicas que sustentan el andamiaje de la matriz cisheterosexual.

Las hembras humanas que suscriben la demanda sin embargo pretenden desconocer todos estos avances. Literalmente declaman que “la categoría de ‘identidad de género’ introducida por los Principios de Yogyakarta ha reinterpretado el género como un sentimiento profundo que define a las personas y que por lo tanto debe ser reconocido y protegido en lugar de erradicado. El sexo, por el contrario, sería algo asignado extrínsecamente por la cultura hegemónica. Pero es menester dejar claro que los llamados Principios de Yogyakarta no son más que la expresión de deseos de una ONG. Dichos “principios” NO constituyen un tratado o convención internacional al que haya adherido el Estado Argentino, ni ningún otro. Por ende no tienen entidad jurídica ni fuerza vinculante alguna”. Y a posteriori cuestionan el artículo segundo de la ley de Identidad de Género 26.743 donde se define que el género es una experiencia autopercibida que no está sujeta al escrutinio médico o legal. No conforme con esto, valiéndose de algunas confusas definiciones de la CEDAW pretenden señalar que “la ley 26.743 devendría inconstitucional y aquellas normas que la referencien como fundamento correrían por idéntico derrotero, tal como estaría sucediendo con los actos administrativos que han creado el cuestionario censal”.

¿Puede un grupo de mujeres, hembras de la especie humana, de clase media alta, académicas y de tez blanca ostentar el poder de impugnar los marcos legislativos vigentes y que han sido votados por los representantes del pueblo argentino? ¿Existe algún poder especial que emana de sus corporalidades biológicas que las faculte para pretender anteponer sus ideologías a aquellas determinaciones legítimamente tomadas por el orden democrático de una nación soberana?

La demanda exhibe con preocupación que la inclusión de la pregunta sobre la identidad de género alteraría los datos obtenidos por el censo: “Así las cosas, en lugar de aportar información socio-política fidedigna, el Censo aportará a la confusión y distorsión de la categoría legal “sexo”, definida internacionalmente por estándares contrastables y científicos, y a la equivocidad de la información recabada con fines estadísticos”. Sin embargo, ignora dos aspectos centrales. Por un lado, existen diversos documentos internacionales elaborados por Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que insisten en la necesidad de que los estados recaben información no sólo sobre la identidad de género, sino también sobre las condiciones de vida del colectivo LGBTIQ. Pero además, el censo no podría ser nunca un espejo fiel de la realidad, sino una simple operacionalización matemática de una serie de variables sociales en permanente modificación. Y dentro de esas variables, negar la existencia de mujeres y hombres trans atentaría contra la realidad actual y contra las normativas jurídicas consensuadas por la democracia.

No contentas con estas expresiones, las demandante reafirman su pensamiento fascista y transfóbico al señalar que “Se ha elevado de este modo a teoría científica lo que no es otra cosa que una creencia (la queer), un relato post-moderno, que reconoce adeptos y financiamiento internacional, pero que carece de asidero como para ser considerada fundamento para normativa alguna que involucre a la generalidad de la población. Se han elevado como condiciones obligatorias a cumplir por la población en general lo que son sentimientos o percepciones (autopercepciones) subjetivas de un sector minoritario de la sociedad que no se adecúa a la realidad material de sus cuerpos, como si ello fuera una vivencia social y comunitaria”. El afán totalitario de las feministas trans-excluyentes que suscriben la demanda dista del espíritu de pluralidad y tolerancia que la ciencia persigue. Acusan a la teoría queer de imponerse por sobre la sociedad, al mismo tiempo que se escandalizan ante el hecho de que las personas trans exijamos nada más y nada menos que respeto. Nos piden adecuarnos. Para estas hembras humanas el simple hecho de ser mayoría las faculta para imponerse por sobre las percepciones, afectividades y emociones de las personas trans. Esto no tiene nada de científico, es simple y llanamente una posición fascista, antidemocrática y que promueve el odio por las personas trans.

¿Hasta cuándo?¿Hasta dónde?¿Cuánto más pretenden avasallar el orden democrático y los avances políticos del feminismo y los activismos travestis y trans en la región? ¿Por qué sienten que su configuración biológica las habilita a impugnar la producción científica de las demás personas? Creo que es necesario que evidenciemos que todas estas pretensiones y pedanterías de un grupo de científicas blancas, universitarias y de clase media alta no son científicas, no tienen ninguna argumentación lógica, ni defienden ninguna realidad material. Simplemente son defensoras del statu quo y promotoras de una sistema de jerarquías sexuales basadas en lo biológico. Se resisten a compartir con nosotres les trans la categoría “identidad de género” porque se consideran superiores a nosotres. Creen que sus vulvas son el argumento incontrovertible para que no se les pregunte su género, aunque lo tienen: son mujeres cis. Si en algo falla el instrumento censal es en haber colocado varón y mujer sin el prefijo cis, asumiendo que les rares, les deformes, les inadecuades somos nosotres les trans.

No me es del todo grato escribir esta carta abierta. Sé que me expongo al ataque directo de las mencionadas en la nota y también de las cada vez más numerosas adeptas del feminismo TERF. Pero tengo la convicción de que nuestro silencio no contribuye a minimizar la avanzada fascista de estos sectores. Ya hemos menospreciado bastante a quienes destilan su odio en redes sociales, las hemos minorizado y tratado como simples twitteras confundidas. Pero no lo son. Hechos como estos evidencian que se trata de personas y grupos muy bien posicionados dentro del feminismo, que ocupan cargos en universidades y organizaciones, que se sientan a la mesa del Ministerio de Mujeres y que sin lugar a dudas están financiadas por los mismos capitales internacionales que apoyan los neo-fascismos latinoamericanos en emergencia y los partidos que disfrazados de liberalismo promueven una ideología conservadora. Hoy es una demanda judicial, que ha tenido lugar en un juzgado federal. Muy pronto estas serán iniciativas que formen coaliciones con los múltiples políticos conservadores y fascistas que ocupan las pantallas de TV destilando odio contra las personas trans y difundiendo falsedades. Debemos recordar los pensamientos de Lohana cuando insistía en señalar que debemos defender el derecho inalienable de nuestros cuerpos travestis. Debemos alzar los puños en alto y responderles con furia travesti que ¡NO PASARÁN! ¡NUNCA MÁS!

*Las negritas y subrayados de las citas textuales pertenecen a las demandantes.

Fuente: Agradecemos a Latfem y a Marce Joan Butierrez permitirnos compartir esta nota publicada en https://latfem.org/carta-abierta-a-las-hembras-de-la-especie-humana/



Leomar - "Borde" - 2010 - Intervención urbana

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.