• Revista Adynata

Cimarrones de lo procedimental / Fernando Ceballos

Clínicas cimarronas[i] del cuidado


El cimarrón es aquel que entiende la libertad porque sabe de la esclavitud. Ha tenido las cadenas apretándole sus tobillos, y permitiéndole sólo pasos cortitos, diminutos. Pasos previsibles, sabidos, con ritmo de marcha, que no saltan, ni se abren, ni bailan, ni juegan, ni evitan el pozo visible del camino. Pasos que pisan los mismos pasos del mismo camino que conduce a la misma mazmorra repetida.

Vida en libertad en rincones apartados (así la pensaban los cimarrones), en la práctica cotidiana las acciones intentan permanentemente esclavizarse a una lógica. Lo cimarrón nos propone una práctica clínica instalada en la experiencia y en el oficio, esa que intenta permanentemente salirse, fugarse de ese cause colonizador que enjaula palabras, acciones, discursos, espacios, tiempos, cuerpos.

En la clínica, el cimarrón es ese que hurga, que tantea, que sale del centro y que acecha en las afueras, en las periferias, en los márgenes, en las fronteras en donde se producen resistencias que forjan invenciones que alientan y alimentan la fuga hacia la creatividad. La fuga es primordialmente un deseo de vida, un arrebato de vida en que se combina un saber liberador con el placer que ello significa. Esa fuga es el primer paso, la primera instancia de rebelión sin los grilletes conceptuales que nos adoctrinan y nos envilecen cualquier acto creativo en la cotidianidad. Luego viene la resistencia, ese momento oportuno para la construcción de nuevos conocimientos, nuevos saberes que nos ayuden a sostener y preservar lo que se ha construido a través esa estrategia terapéutica durante ese breve período de emancipación. Resistir significa, la búsqueda de un nuevo saber y un distinto placer.En realidad la historia del cimarronaje es la historia de las rebeliones audaces, creativas y continuas, orientadas por las ansias de libertad. Una guerra de guerrillas permanente, que a través del cuidado, horade las durezas de lo hegemónico generando porosidades que permitan asistir a construcciones más subjetivas que técnicas.

El hospital general, lugar de la hegemonía médica por excelencia del sistema de salud clásico, no entiende acciones por fuera de lo procedimental y del consultorio, esa habitación tipo confesionario que termina con prescripciones médicas y moralistas que aseguran un disciplinamiento del que se somete a él. Por lo tanto menos va a entender cada dispositivo sustitutivo al manicomio, que garantiza derechos humanos elementales, y que buscan otras temporalidades y otras espacialidades más acordes al sufrimiento humano. Es por ello, que indefectiblemente cada uno de esos dispositivos comienza como cimarrón. Institucionalizarlos conlleva un trabajo monumental y agobiante de resistencia periférica, que la mayoría de las veces queda atrapado por el absoluto tecnoadministrativo y se va diluyendo lentamente hasta desaparecer; o puede tomar vida propia y ser incorporado como parte del trabajo cotidiano del oficio y sostenerse por la contundencia de sus respuestas clínicas que amplían el horizonte de las creaciones.

Escapar de las rutinizaciones que nos imponen las disciplinas que achatan y acotan el pensamiento, es escapar de esas comodidades que nos promete el protocolo y nos acerca la técnica. Comodidades que nos permiten pensar hasta ahí, o no pensar más que hasta ahí. Un hacer en un infinito inacabado de acciones iguales. Un eterno limbo plagado de acciones normalizadoras y disciplinadoras. Un inmortal mandato hegemónico libre de discusiones, luchas y reflexiones.

Tal vez por esto mismo, el poder de repensar esta cuestión recuperando la idea de acción a través del oficio, se nos presenta hoy como un ejercicio cada vez más necesario para escapar y liberarnos de esas amarras, buscando nuevas propuestas que nos acerquen a ese desierto, a ese monte, a ese inmenso mar de lo impredecible de lo que puede un cuerpo (a decir de Spinozza), para no caer en lo inevitable que nos proponen las cadenas y las condenas de lo procedimental.


[i] En América, se llamó cimarrón a los esclavos rebeldes, algunos de ellos fugitivos, que llevaban una vida de libertad en rincones apartados (de las ciudades o en el campo) denominados palenques o quilombos. Posteriormente, en Cuba se adoptó preferiblemente el vocablo jíbaro para referirse a los cimarrones.https://es.wikipedia.org/wiki/Negro_cimarr%C3%B3n



Francis Alÿs Sin título.de la serie “En una situación dada”. 2009.

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