Darse a la inspiración / Marcelo Percia
- Revista Adynata
- 31 dic 2024
- 38 min de lectura
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1.
Inspiraciones ocurren en los teatros del aire.
Juan JosĆ© Saer (en Papeles de trabajo. Borradores inĆ©ditos, libro que reĆŗne notas desde su llegada a Francia en 1968 hasta su muerte en 2005) escribe: āLa lectura exige una dosis de inspiración. No se lee todos los dĆas de la misma manera y muchas veces se lee sin inspiración. Leer no es la actividad utilitaria que determinan las necesidades del saber, sino un acto poĆ©tico que, si se realiza en frĆo, no produce ninguna modificación. La lectura requiere casi el mismo talento que el canto o la pinturaā.
Tal vez se podrĆa pensar la inspiración como poción, como caldero, como disponibilidad.
Cuenta Bioy (2006) que Borges, en la intimidad, solĆa recordar que Anatole France comparaba su inspiración con una pavita o marmita calentada a fuego lento.
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2.
Inspiraciones no destellan como rayos personales ni como luces Ćntimas de un tesoro interior: sobrevienen como composiciones, ensambles, afectaciones. Suceden como influjos entre cercanĆas, como emanaciones que se participan, como derivas de complicidad, como encantamientos de los abrazos.
Vivimos gracias a una comĆŗn inspiración. No a ocurrencias que se bastan a sĆ mismas ni a flores de un dĆa que nadie ve. Inspiraciones ansĆan proximidades, palpitan citas venideras, se preparan para ir a una fiesta.
Inspiraciones implantan sĆŗbitas compaƱĆas en una soledad.
No hay inspiración sin con quienes la inspiración. Se necesita tener con quienes esa eternidad. Aunque dure un instante.
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3.
La expresión ruajĀ evoca la palabra hebrea que alude al soplo, al viento, al aire, al aliento, al espĆritu. En el GĆ©nesis bĆblico se cuenta que, en los comienzos, una exhalación o hĆ”lito (que llamamos dios) sopló el aliento de la vida. Y, desde entonces, se dice que (sin ese aliento) la carne que habitamos se volverĆa polvo.
Desde que Quevedo (1645) en su poema Amor constante, mĆ”s allĆ” de la muerteĀ distinguió ese polvoĀ como āpolvo enamoradoā, sabemos que inspiraciones se entrelazan con el amor y la muerte.
Se conoce el chiste que cuenta que dios creó el mundo en una semana en la que estuvo falto de inspiración.
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4.
El infinitivo inspirar dice la acción de tomar aire, expresar signos vitales, propiciar una idea.
En los primeros textos griegos y latinos, Homero, HesĆodo y Virgilio invocan a las musas para recibir el don del habla poĆ©tica.
El vocablo griego del que nos llega la palabra musa participa en muchas voces. Nombra en plural a las diosas que despiertan sentidos dormidos. Y, también, funciona como sustantivo que se entremezcla con términos como música, memoria, mente, museo.
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5.
Las musas, hijas de Zeus y Mnemosine (Memoria), inspiran las artes. Se trata de diosas que alivian dolores celebrando la vida. Representan voces que encantan, mĆŗsicas que embriagan, danzas que desamarran, tragedias que hipnotizan, comedias que hacen reĆr, pasiones que cuentan historias. Personifican saberes que difunden hechizos de las noches y misterios celestes.
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6.
HesĆodo agradece haber recibido su inspiración de las Musas.
Cuenta en su TeogonĆaĀ (fechada en el siglo VIII antes de los tiempos cristianos) que mientras llevaba a pastar a sus ovejas, las diosas le enseƱaron bellos cantos, le infundieron voz divina y lo honraron con la misión profĆ©tica de narrar gestas pasadas, presentes, futuras.
Se lee: āĀ”Dichoso aquel a quien visitan las Musas! Dulce le brota la voz de la boca. Pues si alguien, vĆctima de una desgracia, con el alma reciĆ©n desgarrada, se consume afligido en su corazón, luego de que un poeta servidor de las Musas cante las gestas de los antiguos y ensalce a los felices dioses que habitan el Olimpo, al instante se olvida aquel de sus penas y ya no se acuerda de ninguna desgracia. Ā”RĆ”pidamente cambian el Ć”nimo los regalos de las diosas!ā.
Creer que la voz dulce de un canto puede aliviar o sanar una aflicción compone una de las ideas mÔs bellas de un común vivir olvidado.
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7.
Federico GarcĆa Lorca dicta una conferencia en Buenos Aires en la primavera de 1933 que se titula Juego y teorĆa del duende. Repara en la expresión andaluza que afirma que alguien tiene o no tiene duende. Distingue entre Ć”ngel, musa y duende. Dice que āĆngel y musa vienen de fuera; el Ć”ngel da luces y la musa da formas (HesĆodo aprendió de ellas). (ā¦)En cambio, al duende hay que despertarlo en las Ćŗltimas habitaciones de la sangreā.
A su manera, Lorca menciona tres figuras de la inspiración: la de la luz, la de las delicias o excitaciones de las formas, la del despertar.
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8.
La figura de los genios -antes de que ese sustantivo se empleara para aludir a personas excepcionales y brillantes- participaba, junto con musas, Ôngeles y duendes, de la idea de inspiración.
Giorgio Agamben (2005), en su libro Profanaciones, escribe: āLos latinos llamaban Genius al dios al cual todo hombre es confiado en tutela en el momento de su nacimiento. Su etimologĆa es transparente y se puede observar todavĆa en nuestra lengua la cercanĆa que hay entre genio y generarā.
Los genios como criaturas extraordinarias, con poderes sobrenaturales, capaces de conceder deseos, nos llegan (entre otras muchas fuentes) a través del libro de Las mil y una noches.
Recordamos, en la historia de Aladino, al genio que se ve obligado a conceder deseos, aun de mala gana, al niƱo que accidentalmente lo libera de su encierro en una lĆ”mpara o evocamos, tambiĆ©n, el cuento del genio resentido encarcelado en una botella rescatado por un pobre pescador. Los genios suelen describirse como espĆritus invisibles que, en ocasiones, adquieren formas corpóreas. Pueden mentir, engaƱar, destruir, inspirar malas acciones, pecar de ingenuidad; ademĆ”s de ayudar.
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9.
Impulsos que piden deseos con los ojos cerrados en el dĆa de un cumpleaƱos o en el momento en el que un tren pasa debajo de un puente componen actos de inspiración. Arrebatos que alientan dichas venideras. Pedir un deseo no como ejecución de una orden ni como una sĆŗplica, expresa un modo de animar el porvenir poniendo la imaginación a nuestro favor.
La inspiración como adelanto de un tiempo venturoso.
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10.
Se conoce una muestra (Veneradas y temidas. El poder femenino en el arte y las creencias, organizada en los Ćŗltimos aƱos como exposición itinerante por el British Museum) que recupera piezas de mujeres (tomadas de diferentes Ć©pocas y lugares del mundo) que representan diosas, musas, sacerdotisas, vĆrgenes, madres, santas, magas, brujas, locas, demonios, guerreras.
La muestra piensa, entre otras cosas, lo femenino como figura de inspiración. Y, la inspiración misma, como estado venerado y temido.
Muchas figuras tienen aspecto de mujeres, desde la divinidad hinduista Shakti que representa energĆas femeninas de la vida hasta Oshun, deidad de la fertilidad y el amor en la cultura yoruba de Nigeria. En la muestra, algunas formas femeninas se confunden con las masculinas y muchas traspasan estereotipos de gĆ©nero.
Se trata de diosas o personajes espirituales que gravitan con sus influjos en la vida de todos los dĆas. Veneradas por incidir en las abundancias de las tierras y los mares. Respetadas por sus capacidades tanto creativas como destructivas. Temidas por sus caprichos e imprevisibilidades.
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11.
En AdĆ”n Buenosayres, Leopoldo Marechal (1948), en un pasaje en el que parodia los diĆ”logos socrĆ”ticos, presenta una teorĆaĀ de la inspiración. Luis Pereda, el astrólogo Schultze y Ciro Rossini siguen a AdĆ”n a sentarse en una mesa redonda debajo de un sauce con dos botellas de vino y una fuente de higos.
AdĆ”n dice: āPues bien, Ā”yo he mirado en el fondo de mĆ mismo! Voy a revelarles el secreto de la inspiración y la expiración poĆ©ticasā. Revelación que sólo harĆ”, aclara, con la condición de que guarden el secreto. Tras asentimientos y juramentos, continĆŗa. āVeamos el primer tiempo: el de la inspiración poĆ©tica. En un momento dado, ya sea porque recibe un soplo divino, ya sea por la hermosura creada, siente despertar en sĆ una entraƱable reminiscencia de la hermosura infinita, el poeta se ve asaltado por una ola musical que lo invade todo hasta la plenitud, a semejanza del aire que llena los pulmones en el movimiento respiratorioā. Schultze pregunta si la considera realmente musical. A lo que AdĆ”n responde: āDigo musical por analogĆa. Es una plenitud armoniosa, verdaderamente inefable, superior a toda mĆŗsicaā. En eso Pereda interviene āMe parece recordar que Schiller, Āæera Schiller?, definió al estado poĆ©tico como una vaga disposición musicalā. Entonces AdĆ”n, con modestia, continua: āSchiller no era un metafĆsico: yo voy mĆ”s lejos que Schiller. En esa plenitud armoniosa que adquiere el poeta durante la inspiración, yo dirĆa que resuenan a la vez todas las mĆŗsicas posibles: resuenan todas ya, y ninguna todavĆa, en cierta unidad extraƱa que hace de todas una y de una todas las canciones posiblesā¦ā. A lo que Pereda exclama: āĀ”Eso es el caos!ā. AdĆ”n, mirĆ”ndolo con sorpresa y desconfianza, asiente: āĀæQuiĆ©n se lo ha dicho? Ā”Es el caos, justamente! AsĆ como en el caos primitivo, antes de la creación, todas las cosas estaban, sin diferenciarse ni combatirse, asĆ estĆ”n todas las canciones juntas en el caos musical de la inspiración poĆ©ticaā.
Enseguida, tras algunas consideraciones sobre el bostezo como inspiración profunda, AdĆ”n despliega el momento de la expiración poĆ©tica que llama la gran caĆda. Dice: āEl poeta como he dicho, estĆ” gozando de una inspiración en la cual saborea toda la plenitud de la mĆŗsica. De pronto, un movimiento Ćntimo ānecesidad o deber- lo induce irresistiblemente a manifestar o expresar, en cierto modo, aquel inefable caos de mĆŗsica. Y, entonces, entre la posibilidades infinitas, que lo integran, elige una y le da forma, con lo cual excluye a las otras posibilidades, baja de la inspiración a la creación, de lo infinito a lo finito, de la inmovilidad al sucederā.
Leopoldo Marechal (que cultiva una metafĆsica consistente, pero sin solemnidad, una metafĆsica plebeya o de arrabal) sostiene que la inspiración sobreviene como portal que permite acceder a un paraĆso. Pero, despuĆ©s de ese momento de Ć©xtasis, la expiración sucede como caĆda. Lo visto y sentido, resulta inexpresable. En esa eternidad perfecta e inmóvil no se puede decir ni hacer nada.
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Chino se consideraba un poeta apócrifo. Entre entradas y salidas, llevaba mĆ”s de diez aƱos en el psiquiĆ”trico. La psicóloga del taller de escritura lo ayudaba a imprimir lo que escribĆa. VendĆa sus versos en el hospital, entre la gente del pueblo, donde podĆa. DespuĆ©s se chupaba la recaudación. Cuando alguien estimaba sus poemas, agradecĆa los elogios con modestia. DecĆa que unos dioses expulsados del paraĆso le dictaban versos que escritores famosos (Shakespeare, Cervantes, Goethe, Pessoa, Borges) habĆan destruido, perdido o que imaginaron pero no llegaron a anotar. Esos dioses malandras ponĆan pĆ”ginas en su mente.
Pero, Chino, ¿usted copia tal cual lo que esos dioses le dictan? Sólo cambio alguna que otra palabra... para que la cosa se entienda.
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12.
El Ćntimo dolor de la inspiración consiste en saber lo inefable. En tener que sobrellevar el pesar de lo que nunca se podrĆ” expresar ni explicar. Y, tambiĆ©n, aprender a convivir con una inmovilidad (vacĆo o apatĆa) de la que siempre se estarĆ” huyendo.
VladĆmir JankĆ©lĆ©vitch (1961), en La mĆŗsica y lo inefable, distingue lo indecible de lo inefable. Considera indecible a la muerte. Sobre la muerte, impenetrable e infranqueable, no hay nada que decir. Nos enmudece. En cambio, piensa lo inefable como gracia fecunda e inspiradora de lo infinito por decir. Eso que ocurre con los misterios de dios, del amor, del deseo, de la insatisfacción, que nos hacen hablar una y otra vez, por siempre.
En uno de los primeros pasajes del libro designa a las sirenas enemigas de la musas. Las sirenas subyugan y embrujan con un canto mortal, mientras las musas endulzan tormentos e infunden Ɣnimos de cantar.
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13.
La tradición helénica clÔsica también considera la inspiración como reminiscencia. No como recuerdo personal de una infancia, sino como evocación de momentos bellos no vividos.
Platón presenta la idea por primera vez en el Menón. Se lee: āEl alma, pues, siendo inmortal y habiendo nacido muchas veces, y visto efectivamente todas las cosas, tanto las de aquĆ como las del Hades, no hay nada que no haya aprendido; de modo que no hay de quĆ© asombrarse si es posible que recuerde, no sólo la virtud, sino el resto de las cosas que, por cierto, antes tambiĆ©n conocĆa. (ā¦) AsĆ el buscar y el aprender no son otra cosa, en suma, que una reminiscenciaā.
Formas e ideas, Āænos habitan como memorias preexistentes que olvidamos en el momento de nacer? Pensar, Āæsupone recuperar lo sustraĆdo, reaprender lo perdido, volver a nacer lo nacido? La reminiscencia se condensa en esta premisa: āaprender es recordarā.
Desde esta perspectiva, la inspiración acontece como sacudida dialógica. Como alumbramiento de almas que atesoran vivencias que, si no, permanecen sin luz.
Si se sortea la idea de reminiscencia como encierro o clausura en lo ya vivido, el fragmento de MenónĀ habilita a pensar en la inspiración como aliento que no muere, que nace muchas veces, que trasciende la ocurrencia individual y desborda el cultivo de una sensibilidad personal. Una comĆŗn inspiración se necesita pensar tambiĆ©n asĆ: como soplos de tiempos no vividos, como temblores que vislumbran otros cuerpos, como infinitas memorias y porvenires disponibles.
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Chino, ĀæasĆ de fĆ”cil lo suyo?, Āæsólo copia lo que le dictan cambiando una que otra palara? No, no crea: hay mucho dolor en la copia. A veces, paso las noches recostado sobre lĆ”pidas vacĆas.
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14.
Derrida (1967) escribe un texto dedicado a pensar la obra de Antonin Artaud que se llama La palabra soplada.
Se lee: āSoplada, esto es, entendamos, al mismo tiempo inspirada a partir de otra vozā¦ā.
En el contexto escolar, soplarĀ se emplea para el acto de ayudar a alguien, en un examen o en un momento de aprieto, acercando una respuesta.
Toda palabra estÔ inspirada en otra palabra. Toda voz estÔ inspirada en otra voz. Todo amor estÔ inspirado en otro amor. En la inspiración reside una de las fatalidades de la vida en común.
Se podrĆan considerar las etimologĆas como palabras sopladas o como inspiraciones de los vocablos. No sólo como pesquisas de un origen o derivaciones del uso de un tĆ©rmino, sino como memorias borradas y, a la vez, como memorias susurradas en los oĆdos del habla.
Tal vez el psicoanĆ”lisis se proyectó, en el siglo veinte, como una filologĆa de las emociones que viajan indocumentadas en las palabras.
Enseguida continĆŗa Derrida: āEl impoder, no es en Artaud, como se sabe, la simple impotencia, la esterilidad del ānada que decirā o la falta de inspiración. Por el contrario, es la inspiración misma: potencia de un vacĆo, torbellino del aliento de alguien que sopla y aspira hacia sĆā¦ā.
La palabra soplada no se sabe de dónde viene ni quien la dice. La generosidad de la inspiración reside en ese no saber. A la vez, la inspiración nos sumerge en un impoder. No se puede expresar una inmensidad. Como dice el personaje de Marechal, tras la inspiración sobreviene la caĆda en la expresión: la expiración vuelve finito lo infinito. Deja un sabor a muerte.
Derrida lee en Artaud, tambiĆ©n, la inspiración como responsabilidad de hacer algo con el sentido. Dice que el autor de El teatro y su dobleĀ advierte el riesgo de āun intĆ©rprete que se deja insuflar su vida y soplar sus palabras, recibiendo su papel como una orden, sometiĆ©ndose como una bestia al placer de la docilidad. No es entonces mĆ”s que, como el pĆŗblico en sus butacas, un consumidor, un esteta, un ādisfrutadorāā.
Derrida destaca que Artaud no piensa el teatro como escenario en el que intérpretes sólo ejecutan lo que se les dicta disfrutando dóciles del acatamiento de lo insuflado. A un teatro de la crueldad le interesa la inspiración como desobediencia, como insumisión, como impugnación de un mundo que no hace nada por acabar con el hambre.
El problema no reside en la debilidad, la vulnerabilidad, la fragilidad, sino en la docilidad: la tentación de gozar del dominio y la protección de un amo.
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Chino, ¿esos dioses malandras, sólo le dictan lo que otros poetas destruyeron, perdieron o imaginaron sin llegar a anotar? No, también me dictan cosas que nadie se animó a pensar. No las copio: hay versos que cruzan fronteras de las que después no se vuelve.
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15.
Stefan Zweig (1931), autor de la Curación del espĆritu, a quien Freud considera un amigo, compara el acto artĆstico con un acto criminal. En una conferencia pronunciada el 29 de octubre de 1940 en Buenos Aires que se titula El misterio de la creación artĆstica, dice que āDe todos los misterios del universo, ninguno mĆ”s profundo que el de la creaciónā. Considera que una creación artĆstica acontece como milagro. Como hecho incomprensible, sobrenatural, divino. Piensa el momento de trance creativo como un acto criminal. Tanto la creación como el crimen carecen de estados reflexivos, dice: āPreguntemos al artista, como el juez al reo, cómo perpetró una obra. Pero Ć©ste, como el autor de un crimen pasional, serĆ” incapaz de contestarnos con lucidezā.
La inspiración comparte con el crimen el impulso el dejarse llevar. Dejarse llevar sin saber hacia dónde y sin medir consecuencias. Dejarse llevar como rapto o posesión. Dejarse llevar como desquicia y embriaguez. Como extravĆo o pesadilla de la razón que de pronto despierta en un lugar sin referencias.
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16.
En la misma intervención, Zweig seƱala que la inspiración se compone de un estado de concentración que nos sustrae del mundo o que nos transporta a otros mundos. Dice: āAprendimos por ArquĆmedes la intensidad que puede alcanzar ese olvido de sĆ mismo, esa existencia fuera del mundo verdadero. Ustedes han de acordarse: ā¦Cuando la ciudad siciliana de Siracusa, al cabo de largo sitio, fue conquistada, y los soldados, penetrando en ella, empezaban a saquearla, uno de ellos entró en la casa de ArquĆmedes. Halló al gran matemĆ”tico en medio de su jardĆn, donde con un bastón dibujaba figuras geomĆ©tricas en la arena. Apenas lo distinguió, el asesino se abalanzó sobre Ć©l con la espada desnuda, pero el pensador ensimismado en sus problemas, sólo murmuraba, sin volver la cabeza: āNo alteres mis cĆrculosāā.
ArquĆmedes no supo de su inminente muerte ni -quizĆ”s- le importó. Como no supo de la matanza de sus vecinos y de sus probables amores. Tan concentrado estaba en geometrĆas. Olvidado de sĆ, cautivo de una inspiración desenfrenada, acaso no sintió el filo de la espada en su garganta.
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Chino, Āæesos dioses nunca le dictan poemas de mujeres? SĆ, pero esos tampoco los transcribo. Me destrozan el alma.
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17.
Inspiraciones se piensan como Ć©xtasis. Exaltación que, segĆŗn la antigua tradición griega, se traduce como estado fuera de sĆ. Salida de las abrazaderas de la ficción de mismidad. Condición que no se alcanza sólo como sueƱo, imaginación o locura. Ćxtasis quiere decir detención del tiempo. Entrada en el presente, en la ranura secreta de su instante.
Ćxtasis expresa, asĆ, la vivencia mĆstica, religiosa, artĆstica, orgĆ”smica, del fuera de sĆ. Salida de los lĆmites de un territorio personal. Iniciación en los secretos del tiempo y en los arrobamientos del aire.
Se llama tambiĆ©n Ć©xtasis a estados que se alcanzan con la experimentación o el aprendizaje con plantas, hongos, sustancias quĆmicas. Ćxtasis que puede tener la forma de una prĆ”ctica comunitaria o de consumo desagregado del estar en comĆŗn.
Se conocen formas de Ć©xtasis que desafĆan peligros e incitan a la muerte.
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18.
Octavio Paz (1960) publica un ensayo que se llama Conocimiento, drogas, inspiración reunido en su libro Corriente alterna.
En esos aƱos, Paz pensaba que algunas drogas guardaban memorias de mundos olvidados. CreĆa que, en tiempos de desamparo espiritual, a travĆ©s del lĆ”udano, el opio, el hachĆs o el peyote y otras plantas y hongos mexicanos, se podĆan iniciar caminos guiados de retorno hacia sabidurĆas ancestrales.
Participaba de la idea de que ciertos alucinógenos sagrados propiciaban la introspección. Escribe āel alcohol nos empuja hacia afuera, los alucinógenos nos retraenā.
ConcluĆa en que la necesidad de drogarse respondĆa a āuna sed de reposo y olvidoā. A un deseo de felicidad y bienestar. A la necesidad de trascender mezquindades individuales. Al deseo de salir de las minĆŗsculas mismidades para reencontrar el sentido de lo comĆŗn, de las religiones, de las fiestas.
En La mirada anterior, prólogo que hace en 1971 para Las enseƱanzas de Don JuanĀ de Carlos Castaneda, escribe: āLos alucinógenos pueden equipararse a las prĆ”cticas ascĆ©ticas: son medios predominantemente fĆsicos y fisiológicos para provocar la iluminación espiritual. En la esfera de la imaginación son el equivalente del ascetismo para los sentidos y los ejercicios de meditación para el entendimiento. Apenas si debo aƱadir que para ser eficaz el empleo de las substancias alucinógenas ha de insertarse en una visión del mundo y del trasmundo, una escatologĆa, una teologĆa y un ritual. Las drogas son parte de una disciplina fĆsica y espiritual como las prĆ”cticas ascĆ©ticas. Las maceraciones del eremita cristiano corresponden a los sufrimientos de Cristo y de sus mĆ”rtires; el vegetarianismo del yogui a la fraternidad de todos los seres vivos y a los misterios del karma; o los giros del derviche a la espiral cósmica y a la disolución de las formas en su movimientoā.
Paz, sin embargo, advertĆa que las drogas corrĆan el riesgo de volverse un camino corto y fĆ”cil hacia la inspiración. Una prĆ”ctica que, sin espiritualidad, podrĆa destruir. SostenĆa que āel amor, la contemplación, las artes, la poesĆa, la meditación filosófica, la comunión religiosaā demandaban tiempo, trabajo, disciplina.
Paz se inclinaba por las bĆŗsquedas del instante poĆ©tico. Exaltaciones que se elevan a partir de las palabras a pocos centĆmetros del piso, pero lejos de paraĆsos artificiales. Abogaba por las dolorosas sabidurĆas poĆ©ticas. No creĆa en la visitación de las musas ni en estimulantes quĆmicos, sino en el buceo de las llamadasĀ profundidades inconscientes. La iniciación poĆ©tica como desovillado interior. La literatura como puerta de pasaje, como expansión de la sensibilidad, como demora y conversación liberadora.
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Chino, ¿por qué anda triste, si tiene la dicha de copiar cosas tan hermosas? Mire, cuÔnto mÔs copio, mÔs me doy cuenta de que los versos no llegarÔn nunca a decir la vida. Eso, al principio, me daba bronca y me desanimaba. Ahora me entristece.
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19.
May Sarton (1980), en un texto que se llama La escritura de un poema, piensa la inspiración como un estado de vigilia. Sostiene que para escribir poesĆa necesita permanecer despierta e inducirse un estado de continua atención. Escribe: āUso la palabra āinducirā de manera deliberada. A travĆ©s de ciertas prĆ”cticas como el ayuno o la oración, los mĆsticos inducen un estado de extrema atención, un estado de iluminación. El poeta debe crear sus propias prĆ”cticas. Yo descubrĆ que una mayor dosis de soledad y de horas vacĆas por dĆa, mĆ”s de las que se acostumbran en nuestra civilización tan āocupadaā, son algunas de las cosas que necesito (ā¦) ĀæY quĆ© es lo que llamamos inspiración si no un estado mental que ha sido debidamente cortejado?ā.
May Sarton piensa la inspiración como estado inducido, como conquista deseada, como pretensión cultivada, como potencia anhelada aun cuando no se alcance. Y vuelve a mencionar, como antes Octavio Paz, las prÔcticas ascéticas como un modelo de sensibilización.
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20.
Se conocen innumerables ocurrencias sobre la inspiración. Menciono dos: Goethe decĆa que āla inspiración era trabajar todos los dĆasā; Picasso ironizaba que si llega la inspiración, mejor que te encuentre trabajando. Ambas ideas confĆan en el trabajo. Con musas o sin ellas.
A las inspiraciones no se las tiene, se las pretende. Inspiraciones, ¿no acuden llamadas por impaciencias?, ¿sobrevienen en medio de un trabajo? La idea de trabajo interesa como tiempo. Como cuando se dice trabajo del sueño o trabajo del duelo. Interesa como morada de una espera. Como ejercitación de una disponibilidad.
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Chino, Āæusted me dijo que no siempre disfruta los textos que copia? No, a veces, me duele cada verso. Y, aunque me repito que esos dolores no me pertenecen, no encuentro consueloā.
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21.
Eróticas, si no se reducen a estereotipos sexuales, componen momentos de inspiración: instantes únicos en los que deseos concilian vehemencias con demoras.
Bataille (1957) sostiene que el hÔbito y la costumbre matrimonial apagan el fuego de la inspiración erótica; pero también piensa que la repetición, la insistencia, la renovada exploración de lo ya explorado, permiten habitar zonas que impaciencias furtivas no llegan a sospechar.
Pero, ¿cómo conciliar vehemencias con demoras? ¿Urgencias de los impulsos con pausas que acarician y saborean? Tal vez el secreto de las eróticas resida mÔs en las demoras que en las aceleraciones. Demoras alargan la vida de los impulsos y suavizan el temor a la muerte. O quizÔs no alarguen nada y los impulsos prefieran arder hechizados por imÔgenes que se consumen y renuevan. ¿Quién sabe la inspiración erótica?
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Chino, Āæusted sólo copia las poesĆas que le dictan para venderlas y despuĆ©s beberse la recaudación? SĆ, vendo para beber, los tragos me anestesian para copiar sin tanto dolor.
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22.
La inspiración también puede pensarse como gracia.
Simone Weil (1942) en un texto que se llama La gravedad y la gracia piensa que el universo estĆ” tensionado por un movimiento hacia la gracia y otro hacia la gravedad. Vivimos necesitados tanto de una energĆa fĆsica (alimentarnos y respirar) como de una energĆa espiritual (amar, desear, conversar). La pensadora que sólo vivió treinta y cuatro aƱos recomienda ejercitarnos como las plantas para aprender a alimentarnos de luz. En otro artĆculo, que se titula Aceptar el vacĆo, anota que la gracia sólo puede āentrar en donde hay un vacĆo para recibirla y que es ella quien hace ese vacĆoā. AsĆ, tambiĆ©n, en La atención y la voluntad, escribe: āLa atención extrema es lo que constituye nuestra facultad creadora, y no existe mĆ”s atención extrema que la religiosa (ā¦) esa atención es tan plena que hace que el āyoā desaparezcaā.
Simone Weil piensa que la atención plena merece el nombre de oración o plegaria.
ĀæQuĆ© hacer con el imperio de la necesidad para dar lugar a la inspiración? ĀæAprender a alimentarnos de luz? ĀæAceptar el vacĆo? ĀæSaber que el llamado de la inspiración proviene de esa nada? ĀæPracticar una atención casi religiosa hasta que la arrogancia del yo desaparezca? Weil sabe que no hay inspiración o gracia si hay hambre. O que una primera y Ćŗltima inspiración: la inspiración de sobrevivir.
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Chino, si no le dictan, Āæusted no escribirĆa? No, no escribirĆa. Ya probĆ©: si las voces no me dictan, no se me ocurre nada.
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23.
MallarmĆ© (1865) presenta el temor ante la pĆ”gina en blanco en su poema Brisa marina. Se lee:Ā āĀ”oh, noches!, ni en mi lĆ”mpara la claridad desierta / sobre la virgen pĆ”gina que esconde su blancuraā¦ā. AsĆ, alienta a enfrentar tormentas de la creación, incluso a correr el riesgo de naufragar.
En el curso Pintura, el concepto de diagramaĀ que Deleuze dicta en la Universidad de Vincennes en 1981, a propósito del pasaje Del clichĆ© al hecho pictórico, comenta que no cree que haya pĆ”gina o tela en blanco. Afirma que toda pĆ”gina estĆ” llena de automatismos y lugares comunes, repleta de historias escuchadas y leĆdas, completa de palabras desvitalizadas y gastadas, colmada de imĆ”genes abusadas. Entonces, dice que para escribir, pensar, pintar, se necesita comenzar por borrar, suprimir, sustraer, vaciar.
Rodolfo Fogwill (2010), siguiendo esa idea, agregaba -con ironĆa- que mĆ”s que temer a la pĆ”gina en blanco, habĆa que temer a las pĆ”ginas ya escritas, muchas veces malas.
Horacio GonzĆ”les (2019), a propósito de la angustia ante la pĆ”gina inicial, comparó las pĆ”ginas en blanco con los paƱuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo. DecĆa que en los paƱuelos de la Madres ya estaba escrito todo. Y que allĆ sĆ habĆa que sentir la angustia bordada de una Ć©poca.
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24.
Guillermo Saccomanno (2024) suele contar que se levanta antes del amanecer, escribe hasta las once, luego sale a caminar, come algo, hace una siesta corta, vuelve a escribir, a corregir, a leer. No menos de diez horas de trabajo por dĆa. Admite que por la escritura, a veces, sacrifica o relega el amor. Entiende la literatura como una prĆ”ctica religiosa. El ejercicio de estar todos los dĆas sumergido en el papel. Dice. āPara mĆ se trata de un ritual. HabrĆ” otros que se confĆan a la inspiración: yo dudo de la inspiración. Yo defiendo el oficio. Hay dĆas que tenĆ©s mĆ”s combustible y otros que tenĆ©s menos, pero si querĆ©s que el milagro suceda: andĆ” a la iglesiaā.
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Chino, Āæno convendrĆa difundir esos textos que usted copia como escritos inĆ©ditos de esos autores famosos? No, ellos no lo aceptarĆan. Despreciaron y descartaron esos versos, por eso no les pusieron sus nombres. Esas pĆ”ginas los avergonzaban. Las sentĆan fracasos. En cambio, yo las copio y las firmo tranquilo, sĆ© que no son mĆas.
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25.
Inspiraciones pueden pensarse como inversiones o negaciones de lo establecido. Inspiraciones frecuentan el prefijo desestabilizador. Sobrevienen como des-pertenencias, des-creencias, des-aferramientos.
Inspiraciones se desentienden de sentimientos de propiedad. Participan de la percepción de que habitamos una lengua, una memoria, un saber no personal. No pertenecen al reinado del yo pienso. Ni compadecen ante el posesivo que dice se me ocurrió a mĆ. Inspiraciones sobrevuelan hablas sin nombres propios.
En momentos de inspiración, de pronto, nos escuchamos hablar una lengua extraña o dÔndole voz al silencio desgarrado de una época, o al sufrimiento sobrante de una civilización.
DespertenecerseĀ equivale a desujetarseĀ del lastre miserable con el que se hunde toda vida poseĆda.
Despertenecerse quiere decir desasirse, por momentos, de la baranda segura que sostiene. Balancearse entre lo que se sabe y no se sabe. Salirse de lo previsto y esperado, irse por las ramas, desquiciarse.
Despertenecerse tambiĆ©n procura el olvido de sĆ. Pero no se puede desasirse y dejarse llevar hacia un comĆŗn pensar, sin confluencias de deseos, confianzas, cuidados.
Despertenecerse invita a pensar sin edad, sin cÔlculos o conveniencias, sin querer agradar o conseguir aplausos, sin esperar que nos sigan o admiren. Invita a pensar dolores de la vida conversando. Invita a un común pensar que no se exhibe ni se predica como propiedad de alguien.
SĆŗbita sabidurĆa de que habitamos la vida como sensibilidades y memorias de pasaje.
La vida nos pasa, a la vez que pasamos por ella. Nos pasa la angustia, el amor, el saber. Nos pasa el deseo y la despedida, la soledad y lo común. Nos pasa la ilusión y el odio, la ternura y el resentimiento. Transitamos esos pasajes imprimiendo huellas que se mezclan con otras pisadas.
DespertenecerseĀ quiere decir abandonarse a un fluir impersonal en el que se da lo impropio. Emociones de la historia procuran filtrarse en temblores de los cuerpos que hablan. Y, a veces, lo consiguen.
Lo impropio se ofrece como uno de los nombres de lo comĆŗn.
TambiĆ©n se trata de despertenecerse del pronombre de la tercera persona del plural. No escudarse en la supuesta unidad de un nosotros, abismarse en la momentĆ”nea confianza de un entre nos. Un entre nosĀ como complicidad sĆŗbita y, tal vez, efĆmera.
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Chino, Āæcómo anda? Bien, Āæle puedo contar un sueƱo? Entraba desnudo en un mar helado. Los dioses me alentaban a que avanzara. Me decĆan que no tuviera miedo, que eran mis amigos, que me iban a cuidar. Me despertĆ© temblando y sin aire.
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26.
Inspiraciones se imaginan como iluminaciones.
Se piensa la inspiración como una sĆŗbita luz en la oscuridad. Se suele emplear, para describir el advenimiento de una idea feliz, la expresión āse me prendió la lamparitaāĀ o se emplea el verbo flashearĀ para contar cómo se nos ha ocurrido algo increĆble.
DemasĆas sensibles, en muchas culturas, se consideran voces iluminadas, visionarias, sagradas. Se lee en Fedro de Platón que quienes no aman practican la mesura y viven en una templada cordura, libres de pasiones y arrebatos; mientras que quienes aman entran en un estado de demencia. Entonces, Sócrates defiende la locura con estas palabras:Ā āPorque si fuera algo tan simple afirmar que la demencia es un mal, tal afirmación estarĆa bien. Pero resulta que, a travĆ©s de esa demencia, que por cierto es un don que los dioses otorgan, nos llegan grandes bienesā.
El cristianismo bautizó como iluminados a santos y devotos.
Europa llamó a los tiempos inspirados en la razón: Iluminismo.
Rimbaud (1886) publica sus poemas en prosa con el tĆtulo Iluminaciones. Piensa que una poĆ©tica no se reduce a un estilo, a una gramĆ”tica, a una lengua: solicita una iluminación. La lucidez de una videncia. La revelación de una sensibilidad. Una condensación de luz que, sin embargo, no profane el secreto de las sombras.
Rimbaud sabe que el exceso de luz, igual que la plena oscuridad, enceguece.
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Chino, Āæesos dioses malandras que le soplan no habrĆ”n nacido de los vientres de las musas griegas? SĆ, quizĆ”s. Dicen que esas diosas no se acostaban con cualquiera. Muchos de los rechazados, las secuestraban y forzaban. Puede que los bastardos que me visitan hayan nacido de esas violacionesā
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27.
Inspiraciones se piensan como epifanĆas. Manifestaciones, revelaciones, momentos mĆ”gicos, anunciaciones divinas, intensidades arrasadoras del amor, sobrevuelos que de pronto se posan en un dĆa.
La palabra epifanĆaĀ habita todos los misticismos. Nombra revelaciones descifradas por profetas, videntes, sacerdotisas, chamanes. El cristianismo llama epifanĆaĀ a la celebración, cada seis de enero, de la llegada de los reyes magos para la adoración del niƱo JesĆŗs.
En los comienzos del siglo veinte, asistimos al protagonismo de epifanĆas paganas. Expresiones que no revelan tanto mensajes trascendentes, como ideaciones inmanentes a las llamadas interioridades.
Umberto Eco (1966) en Las poĆ©ticas de Joyce, sostiene que el escritor irlandĆ©s redefine el uso de la idea de epifanĆa que tenĆan las escuelas medievales. Escribe: āEl poeta es la persona que, en un momento de gracia, descubre el alma profunda de las cosasā. Y, agrega: āLa epifanĆa otorga a la cosa un valor que no tenĆa antes de encontrarse con la mirada del artistaā.
AsĆ tenemos los recuerdos involuntarios de Proust, la escritura automĆ”tica de los surrealistas y epifanĆas que Joyce piensa como sĆŗbitas revelaciones provocadas por actos casuales.
En La interpretación de los sueƱos, Freud (1900) reconoce en Aristóteles la idea de que los sueƱos no contenĆan mensajes ni revelaciones divinas, sino figuraciones que provenĆan de la vida de cada soƱante. El psicoanĆ”lisis piensa epifanĆas cifradas. Soplos inconscientes que se manifiestan en sueƱos, lapsus, fallidos, chistes, sĆntomas. Conjetura revelaciones de Ćntimas extraƱezas que nos habitan.
Escuchar hablar a la lengua, dejarse llevar por sus memorias, desfallecer en sus silencios: Āæen eso reside la inspiración clĆnica?
Ā
28.
Entre los sucesos del amor, se conocen epifanĆas dolorosas. Revelaciones tardĆas que llenan de dolor. Momentos de inspiración en los que se atan cabos sueltos y se termina por comprender lo que siempre se supo sin querer saber.
Hay inspiraciones que envenenan la vida. Algo asĆ sucede con el resentimiento y el rencor.
Ā
29.
Inspiraciones pueden pensarse como disparates. Despropósitos, desatinos, locuras de la imaginación y el pensamiento. Se conoce la expresión ātiro al aireāĀ para calificar a alguien que resulta imprevisible, irresponsable, poco confiable, pero que puede sorprender.
Inspiraciones tambiĆ©n se pueden pensar como hallazgos. La palabra latina de la que proviene el vocablo hallarĀ describe la acción de olfatear o exhalar aliento humedeciendo las cosas. De allĆ, deriva el sentido de encontrar aquello que se busca y encontrar aquello que no se estaba buscando.
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Chino, ¿usted oficia sólo como amanuense? ¿Qué quiere decir amanuense? El que se dedica a copiar lo que le dictan. LlÔmeme como quiera. Yo sólo transcribo lo que me da ganas.
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30.
TodavĆa se emplea un vocablo del griego antiguo Ā”Eureka!Ā para decir Ā”Lo he encontrado!Ā Ā”Lo descubrĆ!
Se dice que Isaac Newton se inspiró en la caĆda de una manzana para conjeturar, en el siglo XVII, la ley de la gravitación universal. Una manzana cayendo en forma vertical ante sus ojos solicitó su atención. El Ć”rbol estaba en el jardĆn de la casa de su madre que vivĆa a ciento cincuenta kilómetros de Londres. AllĆ se habĆa refugiado durante dieciocho meses (entre 1665 y 1666) para escapar de la peste bubónica que provocó el cierre de la Universidad de Cambridge.
Casi cien años después, el pensamiento inglés comienza a emplear el neologismo serendipia para describir hallazgos producidos de manera accidental. Momentos de inspiración que combinan azar y observación.
El tĆ©rmino se inspira en la fĆ”bula oriental Los tres prĆncipes de Serendip. La historia de tres hermanos, educados en las artes y las ciencias, enviados por su padre a conocer el mundo, que casi mueren ejecutados por combinar circunstancias accidentales con deducciones sagaces.
Se cuenta que llegan al mercado de una gran ciudad en el momento en el que se investiga el misterioso robo de un camello que transportaba una valiosa carga. Perspicaces, preguntan al mercader si se trataba de un animal cojo, ciego de un ojo, al que le faltaba un diente, que acarreaba miel en un lado y mantequilla en el otro y que llevaba a una mujer embarazada. Ante la respuesta afirmativa del comerciante, los prĆncipes se excusan diciendo que no lo han visto. Sin embargo, la exactitud de la descripción hace que los sentencien a muerte por ladrones. Como, por suerte, mĆ”s tarde, aparece la mujer con el camello, reciben el perdón del rey, quien, antes de liberarlos, quiere saber cómo supieron del camello si no lo habĆan visto nunca. A lo que los prĆncipes responden que sólo observaron algunas cosas mientras caminaban distraĆdos rumbo a la ciudad: āUn camello habĆa comido hierba del lado del camino en que Ć©sta era menos verde, asĆ que debĆa haber sido ciego de un ojo. HabĆa a lo largo del recorrido montoncitos de hierba masticada del tamaƱo del diente de un camello, que debieron caer por el hueco del diente que le faltaba a Ć©ste. Las huellas mostraban que arrastraba una pata, asĆ que debĆa de ser cojo. HabĆa hormigas en un lado del camino, atraĆdas por la mantequilla derretida, y moscas en el otro, comiendo la miel derramada. Junto a las huellas del lugar en que el camello se habĆa arrodillado, estaban las de unos pies pequeƱos y, junto a ellos, orina de una mujer. HabĆa tambiĆ©n huellas de manos, por lo que supusieron que la mujer estaba embarazada y tuvo que apoyarse en sus manos al orinarā.
Serendipias no interesan sólo para ilustrar dones o inteligencias detectivescas. Ni descubrimientos caprichosos y casuales. Importan como asociaciones liberadas de la insignificancia. Como atenciones nacidas de la distracción. Como inspiraciones que esperaban una oportunidad.
La paradoja de los hallazgos reside en estar a la vista sin que se los vea, en darse a la observación sin que se los observe, en repetirse sin que se los advierta. Hasta que en un momento, por accidente, azar o fatalidad, se ve lo no visto, se observa lo no observado, se advierte lo no advertido.
Una cosa lleva a otra cosa y a otra que coincide, a su vez, con otra que lleva a otra y, asĆ, hasta que se encuentra algo que siempre estuvo ahĆ. O acontece una maravilla: la invención de un ahĆ para algo que nunca estuvo.
Ā
31.
El amor inspira al amor. Y, Āæsi no? Entonces migra, cambia de piel y se vuelve a atar los cordones.
Una mirada enamorada, una escucha enamorada, una erótica enamorada, convocan pensamientos alocados y acciones bellas. Hasta la idea mÔs tonta reluce cuando nos aman. Sin el amor deseado se pierde ese brillo que llamamos inspiración.
Ā
32.
Uno de los temas desesperados de la inspiración reside en el deseo de provocar amor en alguien que nos mira con indiferencia o desdén.
Leyendas sobre pociones mƔgicas que inspiran amor abundan en las literaturas romƔnticas de todos los tiempos.
Una de las historias mĆ”s bellas y, a la vez, cómicas de esta inspiración desesperada se narra en la ópera El elixir de amorĀ con mĆŗsica de Gaetano Donizetti (1832). Una composición paródica en la que la protagonista comienza leyendo TristĆ”n e Isolda, una leyenda medieval sobre un caballero y una princesa que se enamoran hasta la locura tras beber un elixir mĆ”gico. Clave que anticipa la trama de la pieza en la que, tras equĆvocos y enredos, por fin, la visión de una furtiva lĆ”grima revela la inspiración del amor.
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Chino, Āæa usted no le dan ganas de no estar mĆ”s en el hospital? Muchas veces sĆ, pero cada tanto tengo necesidad de volver porque extraƱo a los dioses: ellos sólo me visitan cuando estoy acĆ”. Y, si un dĆa dejaran de dictarme, no sabrĆa quĆ© hacer con mi vida.
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33.
Inspiraciones se piensan como trances. Como estados de alteración de los contornos personales. Como momentos de anegación del dolor del mundo. Circunstancias de arrojo y decisión. Experiencias de sensibilidades que migran mĆ”s allĆ” de los lĆmites de un cuerpo. Devenir mĆ©dium o antena, figuras que traspasan las fronteras de un cuerpo propio. Visión Ćŗltima en proximidad con la muerte.
Ā
34.
Inspiraciones se piensan como precipitaciones. Estados de lluvia. Pensar lloviĆ©ndose, desagotando nubarrones, hasta volverse mar, rĆo, lago, charco, gota que se evapora.
Precipitación tambiĆ©n como salto o lanzamiento sin red. Como arrojo, como osadĆas del aire, como temples que vuelan.
Vimos la escena en pelĆculas de animación. Un personaje escapa a toda velocidad. De pronto, se advierte que va directo hacia un abismo, pero lleva tanta prisa y tal Ćmpetu que, una vez traspasado el borde, sigue corriendo en el aire. AsĆ, unos segundos, hasta que se da cuenta de que estĆ” flotando en el vacĆo: entonces cae, se precipita sin remedio. AsĆ las precipitaciones que de pronto abisman: llevan tanta prisa y tanto Ćmpetu que aun sabiĆ©ndolo, deciden pensar en el aire, seguir pensando mientras estĆ”n cayendo.
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Chino, ¿usted cree que los poemas que vende hacen sentir bien a la gente? Los poetas que los imaginaron pensaban que sus versos iban a salvar al mundo, yo sólo los copio.
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35.
En el aula o en un anÔlisis, la proposición pensar en voz alta, aspira a soltarse: a hablar sin controlar lo que se estÔ diciendo. Tentar al azar, la sorpresa, lo súbito. Correr el riesgo de hablar de mÔs o hablar sin saber.
Intentar pensar en voz alta no se opone a prƔcticas de la enseƱanza que planean lo que van a decir y que cumplen con lo previsto en un programa.
Darse a la clase ocurre (o no) mÔs allÔ de lo planificado, supone darse al hallazgo, a la celebración argumental, al momento en que los pensamientos se precipitan lloviendo junto a los entusiasmos que acompañan.
Darse a la clase (a una conversación o a una sesión de anÔlisis) supone lloverse. Habitar un aguacero.
Ā
36.
Se necesita inspiración para salir de la comarca confortable del sentido común. Para salir del museo de las certidumbres, de la reserva de respuestas congeladas, de la protección que da sentir que se piensa como todo el mundo.
Inspiraciones sobrevienen como indocilidades del aire.
Ā
37.
Inspiraciones se piensan como una común inspiración. Como encanto de una común concurrencia en el presente. No como hechizo mÔgico o espectÔculo de fascinación. No como placer de la docilidad ni como disfrutes consumistas atornillados a butacas personales.
Inspiraciones se piensan como algarabĆa de cercanĆas que no se juran ni prometen nada. Ceremonias paganas de encantamiento de un estar en comĆŗn en un presente pasajero. Momentos del recuerdo y del olvido. Ocasiones de risas que mezclan alientos y cuerpos que mezclan sudores. Tentativas de encantamiento del presente como escucha de la vida, como detención del tiempo, como deseo de que este momento no pase nunca. Oportunidad de una comĆŗn levitación sobre las cosas y los dĆas.
Cristina Peri Rossi (2021) recupera una cita de Goethe: āDetente, instante, eres tan belloā.
Ā
38.
Misterios de un común vivir no se resuelven ni se concluyen; cuanto mÔs se los piensa, mÔs se expanden.
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Chino, Āæpor quĆ© anda tan callado? Lorca dijo que habĆa que despertar al duende en las Ćŗltimas habitaciones de la sangre. A usted, Āæle parece que se puede seguir viviendo como si no hubiera pasado nada?
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39.
Inspiraciones llegan pocas veces. Cuando mÔs se las reclama, menos llegan. Acontecen sin saber que estÔn aconteciendo. Sólo suceden. Merecen llamarse brisas o vendavales de lo común. No gases que matan o envenenan. Merecen llamarse hablas de la vida.
May Sarton, en el texto antes mencionado, describe la inspiración como āun estado de suspensión flotante; sobre todo, la suspensión de la voluntad: no podĆ©s escribir un poema queriendo escribir un poema sino siendo instrumento y eso significa no estar atada a un propósito sino permanecer abierta a cualquier evento accidental, fortuitoā.
Las imÔgenes de una suspensión flotante y de una cesación de la voluntad, ayudan a suspender, también, la ficción de interioridad. Nos acercan a la posibilidad de pensarnos como sensibilidades en estado de flotación.
Ā
40.
Cada tanto sobrevienen momentos mÔgicos de una común inspiración. Pasajes de una común confianza en los que no se propuso, se descubrió ni se inventó nada. Momentos de ilusión en los que se sintió que se estaba sanando al mundo.
Horacio GonzĆ”lez (2004) en FilosofĆa de la conspiraciónĀ recupera el vocablo desacreditado que nombra una comĆŗn inspiración. La acción de soplar juntos. De aspirar un mismo aire, de compartir un aliento necesario, de empujar (alargando los labios al unĆsono) vientos para avivar un fuego. La conspiración como impaciencia solidaria, como cercanĆas que se saben en peligro, como conjuro y prudencia.
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Chino, Āæusted entiende las cosas que copia? No siempre. El secreto del copista (o del amanuense como usted me dice) no consiste en develar el misterio, sino en formar parte del misterio.
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41.
No la burla que lastima. Ni la crueldad de la broma que excluye y ridiculiza. Interesa la risa como instante de una común inspiración. La risa como súbita complicidad sanadora. La risa como torrente que se expande mÔs allÔ de los cuerpos.
Reconforta la amistad que nos hace reĆr aun cuando algo nos estĆ” doliendo.
Se podrĆa pensar el acto deĀ reĆr junto a otra fragilidad que tambiĆ©n rĆe como sencillez extĆ”tica.Ā
Sencillez extĆ”ticaĀ no como desborde, exaltación, frenesĆ, paroxismo, sino como momento del sólo reĆr.
Sencillez extĆ”ticaĀ como vuelo en un comĆŗn cielo anti gravitatorio. Como destello que ilumina algo en una conversación. Como luciĆ©rnaga nacida de las cercanĆas.
Sencillez extÔtica como ternura y delicadeza con un instante que, si no, pasa desatendido.
En momentos de fatigas y pesadumbres, tener con quien reĆr infunde una velocidad que desacelera el corazón de dolor.
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Chino, Āæusted cómo distingue el momento preciso en el que los dioses le estĆ”n dictando? Siento bajar lluvias, rĆos, aguas de los deshielos y me arrojo ācomo una ramita en un torrenteā.
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42.
A propósito del acto de dar clase, decĆa Deleuze (1989) āHay que prepararse durante mucho tiempo para llegar a tener unos minutos de inspiraciónā.
Deleuze no piensa la inspiración como iluminación divina o don sobrenatural, sino como trance no personal, en el que (de pronto) sensibilidades se dan y se dejan llevar por el fluir de ideas que no les pertenecen.
¿Mucha preparación y algo de inspiración, compone la fórmula para la clase deseada? ¿Dar la clase preparada a la espera de la hendidura que haga acontecer lo no esperado?
Ā
43.
A la inspiración (conviene insistir) se la pretende, se la trata de enamorar, se la ronda con respetuosas insinuaciones.
Una clase se da muchas veces antes de darse.
Se lee para, se anota para, se piensa para, se ensaya para un encuentro concertado.
La preparación concita el arte del entrenamiento y la anticipación.
Se entrenan memorias y lecturas. Se anticipan palabras que se van a decir y se anticipan oĆdos que las van a escuchar.
Se entrenan entonaciones, respiros, miradas. Se anticipan fronteras que se pueden traspasar y fronteras infranqueables.
Se entrenan penumbras para pensamientos que se sueltan en voz alta. Se anticipan apagones, olvidos, momentos en los que se ignora cómo seguir.
Se entrenan paciencias ante lo que enoja. Se anticipan abrazos y desolaciones.
Se entrenan duraciones. Se anticipan comienzos y finales.
Falsas inspiraciones se suelen esconder detrƔs de lecturas no declaradas o de repeticiones que fingen presentarse como ocurrencias del momento.
Inspiraciones no saben de sĆ. Acontecen sin saber que estĆ”n aconteciendo. Sólo suceden, desprendidas del aire.
Inspiraciones no andan con arrogancias, sobrevienen con sencilleces.
Se dijo: inspiraciones no sólo se dan pocas veces, sino que, ademÔs, en ocasiones, se dan sin que se las reconozca. Un suspiro insinuado, una pausa apenas perceptible, una palabra inadvertida. Un pensamiento que abandona su carcaza para perderse entre otros pensamientos también extraviados.
Ā
44.
ĀæSe conoce la fórmula de la sesión clĆnica deseada? ĀæCuĆ”nto de preparación y cuĆ”nto de inspiración? ĀæCuĆ”nto de entrenamiento y cuĆ”nto de anticipación? ĀæCuĆ”nto de deseo de estar ahĆ? ĀæCuĆ”nto de disponibilidad, demora, escucha, flotación? ĀæCuĆ”nto de precaución y silencio? ĀæCuĆ”nto de dejarse llevar y contenerse? ĀæCuĆ”nto de lecturas, de equivocaciones pensadas o de poner en entredicho lo que hacemos? No se conocen fórmulas ni proposiciones logradas.
El prodigio de nuestra inclasificable labor consiste en no dejar de sorprendernos de lo poco que sabemos sobre lo que hacemos.
*****
Chino, Āænunca probó escribir sin que le dicten? No, ni lo piense. Eso no es para mĆ. No soportarĆa estar solo frente a una hoja en blanco. AsĆ me siento bien. Me acomodo en la silla y enseguida me estĆ”n dictando.
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45.
Cuando los dioses mayas crearon la tierra asignaron a cada animal, a cada Ć”rbol, a cada rĆo, a cada piedra, un trabajo. Pero, al terminar, se dieron cuenta de que a nadie le habĆan encargado llevar nĆ©ctares y pensamientos desde un lugar a otro. Ya no tenĆan mĆ”s barro ni maĆz, los materiales con los que habĆan hecho nacer las cosas del mundo. Sólo les quedaba una pequeƱa piedra de jade verde azulada. Entonces, la tallaron dĆ”ndole forma de flecha. Una vez lista, soplaron y la flecha comenzó a volar. AsĆ crearon a la mensajera de los dones. Un ave pequeƱa y liviana capaz de inspirar una flor sin tocarla.
La llamaron xātsāunuāum, que en castellano significa colibrĆ.
Ā
46.
Los vocablos espĆritu, alma, psiquismo, tienen relación con la inspiración. Inspiraciones evocan influjos, flotaciones, levedades, levitaciones, fragilidades del aire.
La palabra psiqué, que nos llega de la tradición helénica, se puede traducir como soplo, viento que anima, aliento que nace. También como mariposa o aleteo que abraza.
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Chino, Āæcómo anda? Yā¦acĆ” me ve. No todos los dĆas son buenos. A veces, los dioses andan de juerga. Dictan cosas inconexas, mezclan lĆneas, hablan todos a la vez. Tengo que hacer listas para salir del aturdimiento. ĀæQuĆ© listas? Listas de las mujeres que me dijeron āHola, Chinoā o listas de las mujeres que pude mirar sin que se dieran cuenta. Y, asĆ, hasta pasar la borrasca.
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47.
Inspiraciones se piensan como momentos de insight. Circunstancias súbitas de una visión. Instante de darse cuenta de lo que, tal vez, siempre se supo. Inesperada conexión de una sensación con un recuerdo, con una imagen, con un pensamiento.
Sin embargo, conviene pensar que la sorpresa de eso que se llama insight no se reduce a una repentina composición de un saber no sabido, sino que concierne a una decisión: a la decisión de saber lo sabido.
Ā
48.
La voz inglesa insightĀ se puede traducir como visión interna, introspección, percepción, conocimiento, entendimiento, intuición, perspicacia, revelación, agudeza. TĆ©rmino a veces empleado por el psicoanĆ”lisis inglĆ©s y diferentes psicologĆas, poco usado por Freud y menos empleado por Lacan.
Ā
49.
Pensar algo de otra manera, mirar un problema desde otra perspectiva, cambiar el punto de vista, imaginar una alternativa cuando se creĆa que no habĆa otra opción, admitir que no sabemos cómo pensar lo que nos estĆ” pasando; todos esos estados participan de momentos de inspiración.
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Chino, siempre estoy por preguntarle algo. Usted, ĀæcuĆ”ndo comenzó a copiar? En la escuela empecĆ©. Copiaba todo lo que encontraba: lo que escribĆa la maestra en el pizarrón, palabras de libros, tĆtulos de revistas, prospectos de remedios, etiquetas de botellas, frases de carteles, patentes de autos. AsĆ, hasta que un dĆa estuve listo para que me dictaran.
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50.
A la inspiración se la convoca de diferentes maneras: a veces, con oblicuidad o torcimiento. Sin mirar de frente o a los ojos de la cosaĀ que queremos pensar. Hablamos de literatura, de arte, de filosofĆa, de polĆtica o, incluso, de bueyes perdidos, para hablar de clĆnica. QuizĆ”s la inspiración consista en disolver gĆ©neros o traspasar fronteras disciplinarias. La inspiración como impertinencia. Acaso sólo se trate de soltarnos a pensar, confiando en que, aun cuando pensamos en otras cosas, seguimos pensando en la clĆnica que hacemos.
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51.
Una vida acostada en un divÔn, por momentos, se siente embargada por un habla inspirada. Un habla inspirada por una suposición y una promesa. La suposición de una recepción sabia y amorosa y la promesa de que, tras una palabra escuchada, advendrÔ un tiempo de calma: la reposición de una lentitud que respira.
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Chino, Āæcómo anda? Hace tiempo que no lo veĆa. ĀæCómo va con las copias? Mire, le voy a confesar algo: a veces, me aterra sentir que estoy escribiendo cosas que nunca se le ocurrieron a nadie.
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52.
Transferencias actĆŗan como inspiraciones. Activan el don de inspirar y sentirnos inspirados.
Ā
53.
Se podrĆa pensar la conversación clĆnica como un habla que espera inspiración.
Darse a la inspiración implica dejar que también la palabra se recueste en el divÔn. Suponiendo, detrÔs o delante, una audición absoluta. Una escucha que percibe cosas que las palabras no saben o han olvidado. Trance en el que un decir se precipita, habla de mÔs o dice aun callando.
Inspiración que, tambiĆ©n, nace de una atención voraz que se propone anticipar quĆ© se escucharĆ” en lo que se estĆ” diciendo. Atención depredadora que intenta despejar equĆvocos y preconceptos que acechan en todas partes. Atención obsesa que procura alcanzar pensamientos que calcula en oĆdos sagaces y hostiles.
Cuando cada palabra dicha se apresura para conjurar peligros del habla, a ese vértigo hablante lo llamamos precipitación.
Esa velocidad que se adelanta al decir, en el momento en que se estÔ diciendo, compone un momento de inspiración. No hay anÔlisis, ni conversación en la intimidad o en la desesperación, si no se siente la confianza de dejarse caer o lloverse.
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Chino, Āæusted, alguna vez, leyó sus poemas en voz alta para otra gente? SĆ, cuando la psicóloga del taller me invitó a la Facultad de PsicologĆa. Esa vez los cuerpos levitaron y flotaron sobre los pupitres. El aula no estaba preparada para eso. Hubo que apagar los ventiladores de techo para evitar accidentes.
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54
Inspiraciones ocurren como soplos de libertad.
Schiller, en una carta que escribe a Gottfried Kƶrner en diciembre de 1788, afirma que no existe genio artĆstico sin libertad de pensamiento. MĆ”s de un siglo despuĆ©s, Freud conoce el manuscrito gracias a Otto Rank. AsĆ los argumentos de Schiller sirvieron para que el psicoanĆ”lisis imaginara un diĆ”logo (ya no de acceso a la belleza sino al inconsciente) a travĆ©s de lo que llamó asociación libreĀ y atención flotante.
Escribe Schiller a quien, con el tiempo, se volverĆ” su amigo: āNo parece bueno, y aun es perjudicial para la obra creadora del alma, que el entendimiento examine con demasiado rigor las ideas que le afluyen, y lo haga a las puertas mismas, por asĆ decir. Si se la considera aislada, una idea puede ser muy insignificante y osada, pero quizĆ”s, en una cierta unión con otras, que acaso parezcan tambiĆ©n desdeƱables, puede entregarnos un eslabón muy bien concertado: nada de eso puede juzgar el entendimiento si no la retiene el tiempo bastante como para contemplarla en su unión con esas otras. Y en una mente creadora, me parece, el entendimiento ha retirado su guardia de las puertas. (ā¦) Vosotros, seƱores crĆticos, o como quiera que os llamĆ©is, sentĆs vergüenza o temor frente a ese delirio momentĆ”neo, pasajero, que sobreviene a todos los creadores genuinosā¦ā.
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Hace dĆas que Chino no aparece. Dicen que se fue de viaje o que estĆ” preso.
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55.
Hay una inspiración que visita euforias del habla.
ClĆnicas cultivan saberes entre bambalinas, saberes Ćntimos, reservados, que se abstienen de presentarse en grandes salas.
Una habitación cerrada con un divĆ”n y un sillón componen el mobiliario de la escena freudiana para accederĀ (un acceso no consentido y muchas veces denegado), a travĆ©s de la escucha de un habla vertiginosa y descontrolada, a lo inaccesible: tal vez un vacĆo, un silencio, un soplo.
Escuchar pensamientos pensĆ”ndose concierne tanto a la clĆnica como a la literatura.
Como el monólogo de Molly Bloom en el final del Ulises de Joyce (1920). Un habla interminable de cursos reconocibles y asociaciones inesperadas, un habla enrevesada y lagunar, erótica y recatada, obscena y disparatada. Un habla sin puntuaciones, casi ininteligible, infinita. Se suele llamar a este procedimiento fluir de la conciencia o monólogo interior. Pero, no. No se trata de poner en palabras derivas mentales de personajes o de simular un pensamiento en voz alta (circunstancia ya conocida por el teatro y otras literaturas), sino de soltar un pensar que se filtra en la voz sin que se sepa ni siempre se escuche.
Joyce intenta escuchar la lengua pensando. Una lengua casi sin reglas, sin sintaxis, sin pausas, sin ilaciones ordenadas. Prueba trascribir lo que no se puede leer, lo que trasvasa comprensiones, lo que desborda entendimientos. Alcanza, a su manera, lo que Freud intuye y procura en la misma Ʃpoca sin conocer al escritor irlandƩs.
Lacan sà supo de Joyce. Y, tal vez, el psicoanÔlisis, (igual que la literatura) después de eso, se posicionó en la escucha de lo inaprensible. Una escucha, no obstante, amable con las palabras, con los silencios, con los suspiros, con las emociones que embargan, con una sonrisa que asoma. Con todo lo que pasa mientras tanto lo inaprensible.
AsĆ se leen, en el habla final de la novela, algunos pensamientos de Molly: ā... despuĆ©s hice la prueba con la banana pero tenĆa miedo de que se rompiera y se me perdiera adentro por algĆŗn sitio sĆ porque una vez le sacaron a una mujer algo que tenĆa hacĆa aƱos cubierto con sales de cal todos estĆ”n locos por meterse ahĆ de donde salen una creerĆa que nunca llegan a meterse adentro lo suficiente y despuĆ©s terminan con una de cualquier manera hasta la próxima vez sĆ porque hay una sensación maravillosa ahĆ todo el tiempo tan tierno cómo terminamos ah sĆ yo lo hice acabar en mi paƱuelo fingĆa no estar excitada pero abrĆ las piernas...ā.
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Chino sigue sin aparecer. En uno de sus poemas, entre muchas tachaduras, se lee: āMe perderĆ© en la tierra secaā.
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56.
Se cree que un anƔlisis puede iluminar una oscuridad interior. Sin embargo, no se trata de que algo oscuro se vuelva claro, sino de admitir lo inaccesible como inaccesible, lo incomprensible como incomprensible, lo inabarcable como irreductible.
Se trata de pensar interioridad como niebla, nube, espuma. Como memoria vaporosa. Como manojo de sensaciones dispersas en un cuerpo. Como burbujas vacĆas y a la vez repletas de historias. Interioridad como flotación abierta. Como soplo, levitación, movimiento de aire.
Habitamos sensibilidades que no entienden quƩ les pasa. Fragilidades que andan a tientas. A veces, tomadas de la mano de creencias, obsesiones, certidumbres fanƔticas, conjuros.
Inspiraciones clĆnicas no tendrĆan relación con la manifestación o revelación de una verdad, sino con un sĆŗbito silencio alumbrador. Algo que pasa en ese minuto eterno de recogimiento en la Ćŗltima despedida: un comĆŗn silencio ante lo indecible.
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57.
Si la muerte se piensa como sueƱo eterno u olvido, inspiraciones se podrĆan concebir como memorias que despiertan.
La palabra alétheia (traducida como verdad o revelación) alude a lo que no estÔ oculto o a lo que permanece como no olvidado. Idea que se vincula con la figura de la reminiscencia.
En mitologĆas griegas, al llegar al inframundo, las almas beben, en las fuentes del rĆo Lete, las aguas del olvido. Lete, que significa olvido, nombra tambiĆ©n a la diosa de la desmemoria y la desatención. Hija de Ćride (diosa de la discordia y el conflicto) y hermana de Hipno y TĆ”natos (dioses del sueƱo y la muerte).
Tal vez inspiraciones se asomen hasta los umbrales del fin, sobrevuelen desavenencias del vivir, desaten nudos en paƱuelos venideros.
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Chino no volvió mĆ”s. Una vez dijo que no querĆa que lo comparen con Pierre Menard, un pobre copista al que, segĆŗn Borges, le dictaron fragmentos del Quijote sin avisarle que Cervantes ya los habĆa publicado varios siglos antes. Pero que sĆ le gustarĆa que lo recuerden como aĀ Bouvard y PĆ©cuchet, los personajes de la novela de Flaubert, dos copistas que se conocieron en una plaza y se asociaron para fracasar en todas las iniciativas que tuvieron. O que acaso lo recuerden como a Bartleby, el copista de la historia de Melville que terminó en un psiquiĆ”trico refugiado en una obstinada abstinencia, hasta desparecer.
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58.
En ocasión de recibir el Premio PrĆncipe de Asturias de las Letras 2011, Leonard Cohen dijo: āLa poesĆa viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista (ā¦) Si supiera de dónde vienen las buenas canciones, irĆa a ese lugar mĆ”s a menudoā.
