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  • Foto del escritorRevista Adynata

Derivas de lalengua Del sustantivo al verbo / Daniel Rubinsztejn


El Martillo. Yo martillo…


El Serrucho. Yo serrucho…


El Vacío. Yo vacío…


El Experimento. Yo experimento…


El Cuento. Yo cuento…


Al derivar hacia la primera persona del singular se transmuta el sustantivo en verbo. Se traslada a su vez el artículo singular (el) hacia el pronombre en primera persona (yo).


Una tilde en la o final del sustantivo, salta de la primera a la tercera persona (martilló-él/ella).


Lalengua que habitamos -que nos habita- articulada a orificios corporales, puja el trabajo que la pulsión realiza cuando golpea al sustantivo dormido y lo despierta hacia la vigilia del verbo.


Tomo al azar estos sustantivos verbalizados que resuenan en la escucha analítica:


Puente que va de cuento a la pregunta si cuento para ¿me cuenta? ¿estoy en sus cálculos, en su vida?


Pase de experimento a quedar como conejillo de Indias ¿me usa?


Salto de vacío a vaciar y a angustiarse ante el abismo.


Travesía desde un serrucho a quedar sin piso donde sostenerse.


Desde la herramienta hasta la filosofía (del martillo) Nietzscheana.


A la inversa, un verbo sustantivado es simplemente un verbo en infinitivo que hace de sustantivo (adormecido) en una frase: “dormir demasiado hace mal”.


Tal vez la interpretación analítica, el acto, interrumpan la somnolencia fantasmática con asombro, sorpresa y no sin angustia. No es la angustia que despierta al soñante ante la inminencia de la realización del deseo en el sueño, es una inquietud (sustantivo) que inquieta (verbo) y pulsiona -más allá- para abandonar el placer de la quietud.


Pessoa lo dice con su admirable estilo: “Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo, y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla, nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos”.



Li Hongbo, Niña con bufanda, 2019 Escultura en papel, medidas variables según apertura de la pieza (36 × 18 × 21 cm)

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Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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