Es propicia la lectura/ Carmen De los Santos
- Revista Adynata

- 4 may
- 13 Min. de lectura
Estamos reunides en torno a un enigma, un libro que hace poco tiempo circula en Montevideo, de un enigmático Marcelo Percia del que poco sabemos en la prensa de chismes oficiales pero mucho conocemos de su obra, gracias a sus seminarios y a los libros. Un enigma en relación a esta formulación alucinante: Darse al pensar, que titula la publicación.
Digo: no lo leí entero y sin embargo lo leí 100 veces, atravesado, dudando, con ansiedad, disfrutando, cruzando sus capítulos a través de números que numeran los fragmentos de un capítulo. Por ejemplo, leer todos los fragmentos número 6 de los 14 capítulos. Tiene consistencia.
Ahora, leer los número 20. Azar y adivinanza. Tiene consistencia.
Como en el I Ching: es propicia la perseverancia.
No es un libro para leer entero, para saberlo todo. Y sin embargo, lo leerán muchas veces, se los aseguro.
Como si tuviera un naipe caótico en la mano, como si quemara la consulta. Eso, se puede consultar muchas veces, más como asistencia que como obligación, más como compañía que para saber, más como juego que para refrendar pensamientos.
Un libro que oscila, trémulo en el decir. Como una llama que en contacto con el aire deambula en sinuosidades de un leño que aunque consumiéndose, consiste en los brotes de las ramas de un tronco común.
Tiembla pero no por regocijo ante el balbuceo sino porque pensar entraña para el autor, una política, una ética, por qué no una moral, y también una estética. Podríamos decir: lo tiene todo, incluso lo más abyecto.
En el darse al pensar hay una propuesta que quita certezas, pararse en el aire. Nadie sabe a qué nos puede llevar la lectura, ¿se sale ileso en el darse a la lectura?
Darse, dice el libro: “estirar la acción, inclina la existencia sobre lo que se pretende alcanzar”.
Un don.
También don es el nombre que se le da a alguien por el reconocimiento a su sabiduría o vida recorrida, algo que puede ser eso a lo que nos donamos, el donarse lunfardo como entrega amorosa “estoy donada” o si te agarran para la joda “te donaste”, poniendo el amor o la responsabilidad de un solo lado.
Las críticas podrían atribuir una falta de afirmación ya que esta puede entenderse como fuerza que doblega algo pero el autor hacía una referencia hace un par de años, en esto de las debilidades y un modo de pensar las fuerzas. Lo apolíneo que recorta una figura musculosa, victoriosa, hábil. Sin embargo, las debilidades son dones en tanto que vulneradas las vidas tienen mayor posibilidad de ligarse, de matchear, de enamorarse. Amamos desde la fragilidad, desde el naufragio, en el claroscuro, sin detenerse. Matcheamos por cosas insospechadas, porque hay sospechas, porque hay confianza, porque nos desconocemos, porque nos reconocemos. Ligamos para estar sin ataduras, para no aferrarnos a un cartel identificatorio en el cuello, ligamos porque ejercemos la trama, esa inexacta, de la que nada podemos decir sobre su resultado.
“¿Qué le hace la vida a la clínica y que le hace la clínica a la vida?” dice el libro. Sospechas de que son materias diferentes. Preguntas que recorren el libro porque es un libro para darse al pensar desde la vida, para la vida, desde las clínicas, para las clínicas que anudan vidas y las desatan de sus ataduras.
Cuando se es fuerte nada hay de falta, de necesidad, de deseo. Aquí hay quimeras, como deseos y como monstruos porque ¿quién dice que en la deformidad no hay belleza? Preguntémonos, ¿de dónde parten las bellezas? ¿De las soberbias y virtudes o de nuestras cicatrices, flaccideces y ternuras?
A este libro si algo no le falta es belleza y refranes populares que impugnan el sentido común.
Darse a algo implica un no saber después de haber sabido algo y entender (o desentender) que la incompletud solo es una cara del deseo. Que lo que pulsa en recortarnos como vivientes es eso que no se sabe, que atribula, hace gozar, desdice y consiste. ¿No hay recetas? Y no, no hay.
Hacemos mal si en este libro buscamos recetas. No solazarse en decir “como dice Percia, hay que hacer esto o lo otro”. No dañemos las obras. Estas están aquí para abrir las imágenes, para enfiestarnos de gozo, para deliberar, apaciguar los dolores y paranoias, socorrer las desesperaciones.
¿Hay que hablar sin el ser? Esa es la apuesta de Percia, una estética largamente trabajada en su obra, una ética deliberada, un trazo singular en el pensamiento. ¿Debemos hablar así? No. Porque estaríamos de nuevo tomando este libro como el libro de recetas aunque ya sabemos que el plato solo devendrá obra de arte si tiene la sazón singular. Y eso no está escrito, está en el devenir. Tampoco hagamos de esto una traducción ¿Cómo se dice en términos de Percia? Aunque se recomienda el ejercicio pero más como enigma que como deber.
En un tiempo de temblequeos, inconsistencias, de voces que dicen “por favor, una seguridad” o reclaman seguridad social, un tiempo de desempleos, atrocidades, malestar, dolores de cabeza sin remedio, panzas vacías, abusos de todo tipo, televisación de las atrocidades, miles de imágenes ópticas que devuelven horrores, fantasmas revividos, muertos que no mueren, desaparecidos que aparecen aunque sean solo restos de adn. Ahí nos encontramos con Percia, más perseverante que nunca. Percia con C porque con S sería el nombre histórico occidental para el actual Irán. ¡Qué oportuno! , nos convocan también las guerras, los genocidios, lo destartalado aunque no quiero regalar esta palabra a las bombas.
Hay que inventar. Como un Giro Sintornillos, el libro insiste a través de su obra para salir del acomodo, de la acomodación, de la comodidad.
Me detengo en esta entrega. ¿Darse será incomodarse?
No llego al viernes con el libro leído. Se abre, se abre a memorias, las imágenes: muchísimas.
Entregarse, brindarse. ¿o brindar? Chin chin. Celebraciones.
El don en relación al pensar.
Despertenecerse. “Tal vez, hacer el aprendizaje de que no tenemos propiedad ni dominio sobre lo que nos pasa” dice aquí.
Un libro necesario, el mundo nos reclama o reclamamos mundo. Mapa mundi.
La poética de la palabra, algo que va más en el camino del pasaje que en el del arribo o conclusión.
Hay un modo de trabajo en la obra que piensa desubjetivando el yo, el ser, para entregarse al estar. Palabras se yerguen en medio de la desolación, por ejemplo. Ensayar esto, una maravilla.
El libro acerca situaciones, cuentos, anécdotas. De otros, de gente muy sabia, de gente común. Sin jerarquías, todas la voces alrededor de reunirse a pensar.
Es un libro que provoca
Es un libro que convoca
Es un libro que invoca
Es un libro que no soslaya
Es un libro que se entiende.
Darse a la lectura también involucra autorías que hablen con palabras entendibles, amables, sin retorcimientos innecesarios.
“¿Qué condiciones hacen falta para darse al pensar?” se dice en el libro.
El martes pasado estuvimos trabajando con el libro en la grupalidad psicodramática. Se trazó la misma pregunta: ¿cuáles condiciones son estas?
Entonces estuvimos mucho rato hablando de si los pájaros cantan o son las aves, si todas las aves son pájaros y entonces ¿cuáles no lo son? ¿Y entonces, no cantan? Parte de la integración que alcanzamos, con este libro, en nuestro primer acercamiento.
No una respuesta, no una receta, quizá sí un manifestarse: “Darse al pensar supone darse al silencio de no saber pensar. Suspender arrogancias afirmativas del “yo pienso” ”, dice el libro.
Un enigma.
Un libro con 14 entradas y un Pararse en el aire como prólogo. Un libro sin apartado de referencias bibliográficas y con una biblioteca entera desplegada. Un libro excepcional y lleno de excepciones. Tiene 13 entradas que proponen un Darse a …, afirmativo, y solo un No darse: no darse a la crueldad.
El libro.
Se puede dar cuenta aquí, al menos, de dos potencias: la potencia de la vida de la escritura, o la vida en escritura. Donarse a ella. Para darse a algo, en principio a la lectura. Dejarnos de pactos con “tiene razón, estoy de acuerdo; ah, no me parece”. ¿Es relevante la razón, mi verdad? Cada quien pensará en eso y habrá una comunidad que lo atestigüe o refrende.
Dejar de crear iglesias, circuitos de legitimidad por levantar tal o cual autor, de decirlo como él. Darse a la lectura es partir a partir de eso dicho. Marcelo ha dado con su obra una muestra de no darse al currículum, al título, a los créditos. Mi reconocimiento al autor. Pero, hay que tener con qué, no es para todos. Admiro ese gesto de una vida, la de Marcelo, y a partir de ahí, con eso, pensar sinuosidades, atajos, tránsitos.
Una estrategia del libro: el arte de hacer una vida que conlleva la de muchos.
Aquí se recogen fragmentos de ese magma llamado pensar que no es de nadie y también es de todos los seres: de las personas, de los vientos, de las burbujas, de las estrellas y de lo siniestro.
Ojo que la poética es una llama que también la quiere la barbarie. Pero la podemos pelear, combatir el horror con maravillas, pelear con música, con arte.
Un libro como montaje y como tal podemos editarlo, leer una página y quedar colgados, leer varios capítulos, saltar, volver, detenerse.
Entonces, se deja de decir porqué este libro es tan necesario para proponer un trazo en el Darse a la amistad que a través de las visitas de Marcelo a Montevideo, sus cursos, sus libros, su cercanía lejana, han permitido configurar una relación en un común estar, de la que hoy hay aquí, muchos relieves. También faltas, muertes, silencios, avisos de inasistencias Y nuevas cercanías.
Esta cartografía de la amistad se expresará hoy en un Darse a la espontaneidad, que propondremos luego.
Con unas gracias muy grandes a este libro y a Gabriela (Etcheverry), a quien agradecemos siempre por las insistencias de traer a Marcelo.
Darse a: un don, cambio de estado, darse a la experimentación en la sustancia, embriagarse en el pensar, conlleva caídas, grados máximos de potencia. Darse tiempo, hallarse en ello.
Darse a la inspiración que es respirar, inspirar, la vida.
El libro Darse al pensar, como montaje: ruptura de la supuesta continuidad histórica, así lo tentó Walter Benjamin. Toda la historia de inicios de siglo XX, la irrupción de las máquinas de captura de imágenes, la imprenta, la fotografía, el cine y las imágenes en movimiento, luego el tiempo.
Dice el libro: “Un niño llora en un planeta deshabitado. Carga con el dolor del mundo”.
Pienso en el prólogo, en Woyzeck, en Büchner, en el teatro como práctica y rituales primitivos primeros. El teatro, como primeras terapéuticas, que nacieron de rituales religiosos en honor a Dionisio, evolucionando hacia otras representaciones.
¿Qué pasa en esta obra? ¿Puede ser el niño un atlas, el titán mitológico griego que sostenía la bóveda celeste, castigo de Zeus por ser Atlas quien acaudilló la guerra de los titanes contra los olímpicos?
Cargar el mundo, cargarse el mundo. Soltar, dejar caer o matar el mundo.
Leer el libro como un atlas. Una colección organizada de mapas, caótica de sensaciones. Algo pone triste, algo enmudece, algo recrea. Un algo, fragmentos.
Libro como atlas, Aby Wargburg, por correspondencias, analogías. No se lee un atlas de manera secuencial, como un tratado, como una novela; ni siquiera como se haría en un catálogo.
La lectura del Atlas Mnemosyne es abierta, indeterminada: cada información, cada imagen, nos lleva a otras nuevas, a menudo de naturaleza muy diferente, y en cuyas correspondencias yacen relaciones inconscientes, espontáneas, difíciles de determinar a priori. La lectura de un atlas como deriva situacionista. En Darse al pensar hay memorias de común vivir, escenas, aforismos (que, según el diccionario son una sentencia breve, concisa que expresa un principio o reflexión de manera coherente, definitiva, como reglas o máximas en el arte o la ciencia). Entonces hay aforismos, genialidades, dice el diccionario, ingeniosas e irónicas como condición del aforismo.
Hay encuentros, personas personajes, figuras arltianas, kafkas revividos, estancias dándose al pensar, ensayan modos de decir.
Alguien me dijo, hojeándolo: “recuerda al Libro del desasosiego”. El Libro del desasosiego de Fernando Pessoa, atribuido al heterónimo Bernardo Soares sobre un ayudante de contable en Lisboa, como un diario íntimo del sueño cual refugio y la belleza en la melancolía cotidiana.
Es una referencia que se encuentra muy pronto en el libro Darse al pensar. Se traza la relación con lo que dice Pessoa o Soares: “sugiere que uno de los desafíos de pensar, a pesar de la amargura, consiste en no pensar solos cosas amargas”. Cabalmente este libro lo cumple.
Pretendemos estirar la acción para alcanzar una cierta experimentación con el libro, irse conociendo, revelar algunos párrafos, preguntar, escuchar, alterarse.
Tomando la clínica en su tradición de consulta, insisten tiempos oraculares. Ante la vida, desde la vida insisten preguntas: ahora, ¿qué?
Tenemos muchas dudas, hay inquietudes que se estancan en imágenes que alcanzan lo más putrefacto de lo humano. No se sabe si continuamos y cómo, en la vida. Genocidios, infanticidios, quiebras, desempleo, desamparos, reclamos, guerras, amenazas nucleares, amenazas hídricas, amenazas. Dice el libro “No darse a la crueldad”. El clínico exquisito, don Fernando Ulloa hablaba de ello y el libro lo levanta: la ternura como contrapoder. No como resistencia de oposición sino otra cosa.
Algo que maravilla en el libro: “Llegará un día en que darse a la demora y darse al pensar querrán decir lo mismo [...] para al fin, pensar sin pensamientos”
Una propuesta zen la del libro, algo muy cercano a la meditación, esto exige las mejores compañías.
Un libro como diario íntimo, un darse a la intimidad. ¿Es una entrada o capítulo del libro o ya estoy mareándome? Ah, sí: hay un Darse a lo profano y un Darse al estar ahí. Entonces, podríamos decir que hay intimidad.
En los diarios íntimos, en ese género, siempre hay mucha gente. Recuerdo el diario filosófico de Hanna Arendt, lleno de pensamientos, contradicciones, cuentos, sensaciones. Ella decía yo, y esta estrategia sin embargo, no le impedía pensar. Ella pensaba así, qué asunto el del Ser para Arendt.
Esos diarios los compré aquí, en esta librería.
Ah, los libros! O los diarios. Porque los diarios anotician y un diario íntimo, también. Este libro, Darse al pensar, anoticia. Podría leerse como diario íntimamente filosófico.
¿Llegaré con el libro leído para el viernes? Insiste la imagen dogmática, aquella a la que Deleuze refería acerca de la verdad como falta.
Nijinsky, en Pararse en el aire, propone en su última función de 1919, llamada Bailar la guerra: “Ahora os bailaré la guerra [...] la guerra que no impedisteis”.
Un libro para buscar otros libros, un libro para no saber, para encontrarse con algo sabido, puesto aquí de un modo especial.
¿Quién es Nijinsky, qué sucedía en 1919, en dónde? ¿Por qué se dijo en el libro que su pie tenía la forma de un pájaro?
Nijinsky, con su pararse en el aire recuerda a la imagen mariposa que Didi-Huberman (referencia estimada) trae en su texto: “De repente, algo aparece. Por ejemplo: una puerta se abre, una mariposa pasa batiendo sus alas. Basta con esta nada. El pensamiento ya advierte el peligro. Para empezar, corre el riesgo de equivocarse creyendo apropiarse de lo que acaba de aparecer y absteniéndose de considerar lo que viene luego. que no es sino desprendimiento, desaparición. Porque es un errar creer que una vez aparecida. Ia cosa está, permanece, resiste, persiste tal cual en el tiempo como en nuestro espíritu. que Ia describe y conoce. Bien sabemos que no es nada: una puerta no se abre sino para cerrarse en un momento u otro; una cosa, una mariposa, no aparece sino para desaparecer al instante. Pero el pensamiento se engaña una segunda vez realizando con lo que desaparece Ia misma abstracción que con lo que aparece. También aquí tendrá que tener en cuenta lo que sigue. es decir, el modo en que lo que ya no está permanece, resiste, persiste tanto en el tiempo como en nuestra imaginación, que Ia rememora. ¿Cómo podemos hablar de una aparición sino desde el punto de vista temporal de su fragilidad, de Ia oscuridad en Ia que vuelve a sumergirse? Pero, ¿cómo hablar de esa fragilidad sino desde el punto de vista de una tenacidad más sutil, Ia que surge de Ia posesión, de Ia aparición, de Ia supervivencia? Como Ias batientes de una puerta, como Ias alas de una mariposa, Ia aparición es un movimiento perpetuo de cerramiento. de abertura, de cerramiento otra vez, de reapertura... Es un batir de alas, un latido. EI ser y el no-ser cogen (o para nosotres que no somos españoles, toman) el ritmo. Debilidad y fuerza del latido”.
Así comienza el libro de Didi-Huberman de La imagen mariposa que recuerda Darse al pensar.
Veo la hora, el calendario. No termino este libro para el viernes, para hoy.
Seguro tenemos lectura para rato.
El libro Darse al pensar como instalación, la que se completa con el paso de los espectadores por la obra. ¿Un libro llega a serlo solo cuando es leído? Recuerdo el Congreso de Madres de Plaza de Mayo, en el año 2002 cuando, con esta barra de docentes y amigas, participamos de un taller con Marcelo y Toti García. Qué emoción me dio escucharlo con esto de las instalaciones, cosa en la que yo venía trabajando. Y el taller, ¡desde el psicodrama! Enigmas del encuentro, que celebro hasta el día de hoy.
A partir de entonces se fueron trazando las vías para su venida.
En Darse a la clase, una delicia para quienes estamos en eso, hay muchas notas también sobre la universidad, sobre la burocracia del saber, sobre su plenitud y goce.
Darse al fuego o darse a la clase. El darse conserva un aura de seguridad, de misterio, de carga vital, de ambigüedad. El bien o el mal no se trazan tan fácil. Encanta la noche o la noche persigue: son posibles de igual modo. La clase debería ser buena o la clase obrera incendia su imposibilidad de perdurar.
Algunos nombres de autores se escriben con un año entre paréntesis: el año en que lo dijo, el año en que nacieron los nombrados. Depende de la conversación establecida en ese momento con el libro, con lo que se lee, con lo que inspira como respiración desarmada.
No se podría decir “leí todo el libro”. Su propio fluir, artefacto diseminado, brújula sin tiempo interpela la continuidad, lanzando el relámpago que nos llevará por desvíos inciertos. Me es imposible volver a empezar. ¿Se toma en dónde se deja?
Arranco esta vez por la última página. Leo con la computadora, el diccionario, cada vez tengo más papeles. Avancé, en términos de progreso, pocas páginas. No llegaré con todo leído. El enigma de algo que inacabado vuelve a formularse, es la promesa del darse a la cita. Y darse al libro. Así es presentado. En sus infinitas vías nos perderemos, una y otra vez.
El último capítulo, Darse a la amistad, abre en mí esta resonancia:
el poema de Marcelo Gelman, hijo del poeta Juan Gelman, detenido desaparecido, luego hallado muerto, que en su poema Despedida escribió:
“[...] Amigos. Sólo quiero recordarles que no dejen de ser mis amigos. Sólo quiero recordarles que no me olviden a la marcha del tiempo,a la marcha del tren en que me vaya que borran las huellas de la amistad lejana”.
Quizá no termine el libro para el viernes ni nunca. Este libro generoso deja la posibilidad de leer, olvidar, volver.
En esta tradición oracular de las consultas, es oportuna la circunstancia de convidarles a experimentar darse a la consulta con el libro como oráculo.
Cada quien que quiera y tenga una pregunta que pueda abrir aquí sobre algo que les concierne, le invitamos a pasar, tomar el micrófono, decir su pregunta, abrir el libro, elegir el fragmento que les será leído.
Muchas gracias.
Nota:
Palabras leídas en la presentación del libro Darse al pensar, de Marcelo Percia, el viernes 17 de abril de 2026 en librería Minerva, Montevideo.




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