Fascismo Cosplay (139) / Luis Ignacio García
- Revista Adynata

- 2 jun
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Entrada 139 Fascismo Cosplay
Antes de su paso a la política, Milei no fue sólo un panelista televisivo exitoso, sino también un cosplayer incipiente. Encarnó al General AnCap (AnarcoCapitalista), bajo ase-soramiento de la actual diputada Lilia Lemoine, cosplayer mediática en aquel entonces. Entre las apropiaciones que la derecha viene realizando de estrategias de la izquierda acaso la más eficaz haya sido la apropiación de la mascara-da carnavalesca, la performatividad queer de la identidad, ahora bajo la figura del cosplay. Diría que es la apropiación matricial, la apropiación del apropiacionismo como políti-ca insurgente. Si algo necesita un fascismo que pretenda afincarse en tiempos hiperneoliberales de flexibilización, precariedad e incertidumbre, es adoptar estructuras de movilidad ficcional que le permitan revertir sus límites históricos, si es que realmente se propone imponer sus objetivos de siempre, pero bajo nuevas condiciones. Si el fascismo era sinónimo de rigidez y estereotipia, al punto que implicaba formas de parodia involuntaria, como toda figura de rigidez autoritaria (El gran dictador de Chaplin no hacía más que desplegar voluntariamente esa parodia ya implícita en los personajes que representaba), ahora la parodia deja de ser involuntaria y pasa a ser deliberada, lo que les da mucho mayor dominio sobre el campo de efectos de su performance: hoy Hitler es Charlot, lo que le otorga la fuerza estratégica adicional de hacerse pasar por una imitación de Hitler. Nadie cree que “realmente” sean “fascistas” los muchachotes que lanzaron la agrupación Las Fuerzas del Cielo con una estética provocadoramente fascista. Y a la mirada de muchxs, ese carácter pantomí-mico, escénico, les resta importancia. Pero es al revés: el devenir drag del fascismo es su táctica más deslumbrante y genial, y el “consumo irónico” fue su caballo de Troya. Es gracias al escudo autoparódico que despliega a su alre-dedor con astucia cosplayer y ética troll que el fascismo entra mucho más fácil en nuestro mundo escéptico, fluido y veloz. Lo mismo pienso del show de censura de libros que estamos viviendo con el ataque oficial a varias no-velas de mujeres, como Cometierra de Dolores Reyes. Que sea un show, es decir, una representación autoconsciente, ¿le resta o le suma fuerza? El devenir cosplay del fascis-mo le permite abandonar la rígida topología moderna del fascismo clásico, otorgándole una movilidad táctica para entrar y salir de la democracia, destruirla por dentro, y neutralizar la crítica por pasearse, burlón, como imitación de sí mismo.
Fuente: García, Luis Ignacio Fascismo cosplay. Crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires Caja Negra, 2026




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