• Revista Adynata

La civilización nace y deviene como dominación / Ezequiel Buyatti

A partir del padre original, a través del clan de hermanos hasta el sistema de autoridad institucional característico de la civilización madura, la dominación llega ser cada vez más impersonal, objetiva, universal, y también cada vez más racional, efectiva, productiva.

Herbert Marcuse, Eros y Civilización.


Herbert Marcuse en su obra Eros y Civilización propone, por un lado, aplicar la psicología al análisis de los problemas políticos y sociales que ha no sido tenida en cuenta por la teoría marxiana, es decir, “desarrollar la sustancia política y sociológica, partiendo de las nociones psicológicas” (Marcuse, 2010, p.19); y por otro, “contribuir a la filosofía del psicoanálisis, no al psicoanálisis en sí mismo” (Marcuse, 2010, p.22), desde un lugar que se pregunte por la posibilidad de la existencia de una civilización no represiva:


[…] los mismos logros de la civilización represiva parecen crear las precondiciones necesarias para la abolición gradual de la represión. Para elucidar estos aspectos, debemos tratar de reinterpretar la concepción teórica de Freud en términos de su propio contenido sociohistórico (Marcuse, 2010, p.22).

El carácter “ahistórico” de los conceptos freudianos contiene, así, los elementos de su opuesto: su sustancia histórica debe ser recapturada […] (Marcuse, 1983, p.47).


En relación con la crítica al marxismo, se puede identificar un juicio al concepto de consciencia. Tanto la consciencia moral, como las ideas, para Marx, están íntimamente vinculadas con la actividad material. Es decir, dichos conceptos no tienen un desarrollo propio por fuera de las condiciones materiales. En este sentido, la clase dominante (la burguesía) dispone de los medios de producción materiales pero también controla los medios de producción mentales. De este modo, la burguesía trata de imponer sus ideas, su consciencia moral, sobre aquellxs que no poseen ni controlan nada: el proletariado.


En términos marxianos, el proletariado, mediante la identificación como ser social desposeído de los medios de producción, llegaría a determinar su consciencia:


[…] en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de consciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la consciencia del hombre lo que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su consciencia (Marx, 2011, p.271).


Sin embargo, los individuos seguimos perpetuando las perspectivas sometidas a las que nos induce la presente forma de organización social opresiva. La constante violencia sistematizada a través del desarrollo civilizatorio que incrementa la concentración de riqueza que se traduce en hambre, miseria, genocidios, despojos de pueblos enteros, alienación, pone en evidencia que no es solo un problema de consciencia de la clase dominada. Es decir, la crítica de Marcuse hacia este punto de la filosofía marxiana radica en que no es tanto un problema de consciencia, sino de generar otra vida, otra forma de organización social que genere deseo:


La libido es desviada para que actúe de una manera socialmente útil, dentro de la cual el individuo trabaja para sí mismo solo en tanto que trabaja para el aparato, y está comprometido en actividades que por lo general no coinciden con sus propias facultades y deseos (Marcuse, 1983, p.56).


Los individuos de la sociedad capitalista tienen la posibilidad de comprar todo tipo de mercancías, “tienen innumerables oportunidades de elegir, innumerables aparatos que son todos del mismo tipo” (Marcuse, 1983, p.100), pero precisamente es esta represión excedente eficaz la que se basa en un aumento de la cultura material a medida que distraen a los individuos explotados del verdadero problema: generar una vida más vivible, un deseo que se encamine hacia ese objetivo, que permita engendrar “la consciencia de que pueden trabajar menos y además determinar sus propias necesidades y satisfacciones" (Marcuse, 1983, p.100).


Por otra parte, Marcuse plantea que es posible una civilización que no contenga represión excedente por la dominación social. La represión excedente (restricciones provocadas por la forma de organización social que mantiene posiciones privilegiadas, diferenciada de la represión básica freudiana) y el principio de actuación (la forma histórica prevaleciente del principio de realidad: aquel principio que invalida el principio del placer y lo sustituye por uno retardado, restringido pero seguro; que lucha, a través de la razón, por lo que es útil para el sujeto consciente de la sociedad capitalista) no son constitutivos de la sociedad, sino contingentes. Es decir, para Marcuse podría llegar a existir una reconciliación entre eros y civilización. Por lo tanto, no es preciso doblegar severamente nuestro deseo para la vida en común. Una sociedad de menor represión excedente es posible a pesar de que nunca habría una gratificación completa ya que la represión en términos freudianos seguiría existiendo.


Ahora bien, si la civilización se origina y se desarrolla mediante el despotismo patriarcal, primero establecido en la figura del patriarca, padre y tirano, y luego, en el modelo subsecuente del clan de hermanos; si la vida fue organizada bajo esta dominación que dio lugar al desarrollo de la civilización sistematizada en instituciones e ideologías como la familia, la propiedad, la moral imperante, la Ley y el Estado, si “(...) el padre original anticipa las subsecuentes imágenes del padre dominante bajo las que la civilización ha progresado” (Marcuse, 1983, p.70), ¿cómo puede existir una civilización que no esté determinada por el funcionamiento continuo de la dominación? Para Marcuse, la represión excedente y el principio de actuación son conceptos contingentes, pero no advierte que la civilización occidental los vuelve constitutivos.


A pesar de que Marcuse realiza una diferenciación de dos ideas de progreso: una vinculada a la dominación capitalista y otra que contiene un sesgo positivo que habilita nuevas posibilidades de desarrollo humano, no podemos obviar que todo progreso civilizatorio crea sujetos y ciudadanía, todo desarrollo de la civilización es el continuum de ese déspota patriarcal y su subsecuente clan de hermanos. Querer modificar algo que inherentemente es opresivo, violento y jerárquico, mediante una lógica desarrollista y mecanicista marxiana, conduce a la perpetuación de la opresión. Por un lado, Marcuse sostiene, bajo una lectura de la dialéctica marxiana, que “los mismos logros de la civilización represiva parecen crear las precondiciones necesarias para la abolición gradual de la represión” (Marcuse, 2010, p.22), pero, por otro lado, afirma que “El pasado define el presente porque la humanidad todavía no es dueña de su propia historia” (Marcuse, 1983, p.67). ¿Puede la humanidad ser “dueña de su propia historia” cuando se tiene fe en el progreso y en la civilización, cuando creemos en una lógica y una teoría desarrollista y mecanicista que dará lugar a una sociedad menos represiva?: “Ahora el Dios es la Historia, el progreso, el Estado que encarna dicho progreso, y los individuos no pueden más que someterse a esa necesidad histórica” (Fridom, 2018).


Marcuse no piensa en términos de radicalidad, en términos de una ética anárquica donde se lleve a cabo en la teoría y en la práctica la auto-organización libre de lo comunitario, sino en una teleología anclada en el desarrollo de la historia de la civilización; el individuo y la comunidad son cosas que deben sacrificarse por el progreso unidireccional de la historia, y ese es, precisamente, el problema. “Abstracto y utópico” es sostener que la lógica de un programa mecanicista y revolucionario sea la conquista “transitoria” (que en realidad se vuelve permanente) del Estado que se ha consolidado gracias a la opresión de la civilización. ¿Qué más utópico que secularizar el cristianismo y tener fe en el curso irremediable de la Historia y, a la vez, desear que el Capital se expanda exponencialmente para que surja el proletariado industrial de las naciones más civilizadas para que ese mismo proletariado sepulte a la burguesía capitalista?


“[...] la civilización ha progresado como dominación organizada” (Marcuse, 1983, p.47). ¿Puede existir una civilización que no progrese bajo estos términos? Si partimos de algún sesgo positivo en la concepción de progreso o de civilización, si aceptamos o naturalizamos que es posible una civilización que no contenga represión excedente, seguiremos situándonos en esos terrenos que son propicios para el exterminio de otras formas de vidas, que suprimen una ética contraria a la moral propietaria, contraria a la lógica civilizatoria capitalista. Reflexionar en otros términos por fuera de lo civilizatorio puede llegar a conducirnos a ser “dueñxs” de nuestra propia historia, o mejor dicho, ser dueñxs de nada, y de esta manera, construir conceptos y prácticas que desarrollen prácticas comunitarias que le expropien tiempo y espacio al orden civilizado.


Referencias bibliográficas

-Freud, S., “El malestar en la cultura” disponible en: https://parletre.org/2016/05/17/obras-completas-sigmund-freud-pdf-amorrortu/

-Fridom, Fran. “¡Muerte al Estado, que viva la Anarquía!”, Gatx Negrx [en línea]. Julio de 2018. Fecha de consulta: 6 de mayo de 2020. Disponible en: https://periodicogatonegro.wordpress.com/2018/07/23/muerte-al-estado-que-viva-la-anarquia/

-Marcuse, Herbert, “Prólogo” e “Introducción” en Eros y Civilización, Barcelona, Ariel, 2010. (Traducción de Juan García Ponce).

-Marcuse, Herbert, Eros y Civilización, España, Sarpe, 1983. (Traducción de Juan García Ponce).

-Marx, Karl, Manifiesto comunista, España, Globus, 2011.

--------------, “Prólogo de la contribución a la crítica de la economía política”, España, Globus, 2011.

--------------, “Glosas marginales al programa del partido alemán”, España, Globus, 2011.



Luis Alberto Wells. El calefón, 1961, técnica mixta, 74 x 64 x 10 cm.



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