Muchacha: desintegración abstracta de la defoliación / Luis Alberto Spinetta (1987)
- Revista Adynata
- 15 feb 2021
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MĆ”s allĆ” de transcripciones cronológicas que responden al āmomentoā en el que Muchacha, como canción, se involucra en el poder de captación de la gente, una devanación se hace necesaria para mĆ, de manera tal que bajo un intento de estructura en certidumbre de la simbologĆa del texto, me abra la cabeza.
De por sĆ, ojos de papel es no sólo alusión a la puesta en juego del personaje, sino que ademĆ”s es evocación de facultades en Ć©ste, que significan el efecto de su exterioridad, que muta.
Su exterioridad cambia, sopesada por āMuchachaā, que es tĆ©rmino de la simbologĆa del nombramiento de todos y la inusual diferenciación de quien, a la vez, se transporta hacia las caracterĆsticas de āalgo en ellaā que la hacen Ćŗnica, aun bajo el nombramiento de todos, quienes, a su vez, podrĆan nombrarla de diferentes maneras.
La anomalĆa es el hilo de seducción que desestabiliza la profunda corporidad del nombre comĆŗn.
El papel no ve.
La contraposición entre los simbolismos del tĆtulo es el eje ante el cual el āazoramientoā, momentĆ”neamente, no se expresa en tĆ©rminos de un nombramiento virtual. Sino que debe introducir una subjetividad que āglobalmenteā sea la afirmación. Con lo cual, sin recluirse a los ojos de todos, el sĆmbolo del personaje adquiere a la vez una significación individual para cada quien, sin tener de comĆŗn para todos, mĆ”s que la unicidad exclusiva y āsin nombreā.
AdemĆ”s, hay una subjetividad que debe ser reconocida en el hecho de que āMuchachaā posee las āvirtudes de la blindaciónā.
Sus ojos. Blindados por un papel irreductible a lo transparente. Violencia simbólica en procura de seducción.
Un vuelo desde las dos orillas de los mundos dan fe del āconducto mĆsticoā que proscriba un enunciado que remita sólo a lo real; en tanto que debe contar con partes considerables āde esoā, para realizar āen quienā recaerĆan las condiciones de lo irreal.
Con ello, lo real, corroborado, deja paso al lenguaje irreal que proyecta ilimitadamente los sĆmbolos.
āĀæAdónde vas? QuĆ©date hasta el albaā.
¿Una niña con ojos de papel adónde puede ir?
La blindación ejerce la aflicción en quien no tiene ojos reales para una fundamental orientación.
AllĆ, el relator ingresa sugerido por aquel quien, una vez instalada la dificultad, oficia de obvio guĆa.
Quedarse hasta el alba, que sólo el guĆa ve, representa a las claras una orden impartida (que subyace en cualquier pedido) y refleja la prosecución de una finalidad por parte del que pide.
Instintivo argumento de un āpadre represivoā quien, originalmente, acapara la organización de deseos en quien tutela. Aunque Ć©sta no pueda verlo, podrĆa desear algo que es ajeno al campo del impedimento, lo que origina un poder que rige a travĆ©s de quien todo presencia.
El personaje relator: āSueƱa un sueƱo despacito entre mis manos, hasta que por la ventana suba el solā. Desencadenar el reposo en āMuchachaā parece asomar como una finalidad, con el detalle de que ella debe acceder a una sutil misión que estĆ” representada por una localización entre las manos. Esto significa: a disposición de contenido y palpación. Con el objeto de subyugar una porción aun mĆ”s tangible que lo que se verĆa teniendo ojos de papel.
El mundo onĆrico de āMuchachaā. Un bastión perceptual que seduce al guĆa a la pretensión de apropicuarse de āciertos otros sĆmbolosā por la vĆa de un mĆ©todo de embalse localizado. Espacio entre dos manos, Ć©ste, que se sugiere como el de un territorio de absorción. Espacio al que convergen las direcciones de un cuerpo abandonĆ”ndose al sueƱo lentamente, como para un profundo sueƱo, rico en materias sutiles a las que alojar.
La subjetiva posesión, finalmente, a travĆ©s de una parcial yacencia de la Muchacha hasta el momento de un albor que se une al de sus sueƱos ādetectadosā. Ambos son los sĆmbolos de los que ellos creerĆ”n ver. Uno en el sueƱo del otro, y el otro en un āfalso despertarā ante el amanecer extĆ”sico que no podrĆ” sino reintegrarla a su anomalĆa.
Los dos personajes āsientenā en esos ecos brumosos para los ojos, ciegos o no, el impromptu de un Ć©xtasis de angustia para asĆ desembocar en la risa luego llanto de ella, y la fijación de un sĆmbolo que nace para el protagonista que rige, en vigilia, la situación emocional. La del que intenta reparar mediante la agonĆa de la oscuridad. Lo cual lo patriarquiza en el aluvión solar hasta el contagio de una reacción indefinible.
Otros pĆ”rrafos como āno corras mĆ”sā, se ligan a este deseo opresivo del guĆa en procura de la prevención del peligro.
El Ʃxtasis se puede regenerar en tanto y en cuanto esta niƱa deja de correr para que el reposo entre las manos de su compaƱero consuele una necesidad sin salida.
En āvoz de gorriónā se expresa, burdamente, la alternancia entre sĆmbolos cotidianos en función de metĆ”fora, sin interiorizarse demasiado, al igual que cuando enuncia āpiel de rayónā.
AquĆ la suavidad y tersura de la piel podrĆan ser simplemente cualidades para determinar un adjetivo. Mientras que la caracterización en gĆ©nero de la piel, si bien es coherente por la suavidad del rayón, corporiza una situación comparable a los āojos de papelā y a ācorazón de tizaā. Es decir, seƱala un obstĆ”culo mĆ”s en el terreno de las aptitudes mĆ”s sensibles de ella.
El rayón no siente. La tiza no late.
āPechos de mielā es quizĆ”s un modelo simbólico que no marca sino el estado real de la seducción. Exhala el juicio de sĆmbolos que no se suponen relacionados con una intención premeditada de seƱalar carencias o transformaciones hacia un sustituyente artificial.
El obstĆ”culo no trasciende en la caracterización de los senos en miel. Es mĆ”s, estos conservan la contundente norma de la seducción que reclamarĆa un movimiento desde lo externo.
AquĆ, verdaderamente, el juego de un desplazamiento reclinatorio es la norma base si es que se admite la acción como resultado de la sumisión del deseo. El deseo adscripto a lo que mana sustancias. Lo que implica la abdicación de supremacĆa para el compaƱero de āMuchachaā. Para saciar ese deseo, para predecir en el carĆ”cter de sus movimientos la fluidez del deseo hasta la conquista del objetivo, Ć©l debe haberse arraigado, asimismo, en un sĆntoma, que aun siendo momentĆ”neo, deberĆ” reflejar la instancia de una necesidad sin salida que es el combustible del deseo.
La fatuidad de esta desorientación antecede al deseo mamario.
El lĆder luego, inclinarĆa la cabeza mansamente y mamarĆa de lo que mana de sĆ despuĆ©s de un Ćŗltimo atisbo. El pudor ante la fiesta de la leche materna es un sentimiento que nace casualmente tambiĆ©n bajo el hechizo de la miel. La dulzura incontenible de toda miel que obliga a los sentimientos a establecer el lĆmite con respecto a la cantidad de la libación.
El pudor estÔ conducido por los resarcimientos que subyacen en todo deseo, por encima de los riesgos de intoxicación.
āPequeƱos pies, no corras mĆ”sā.
A pequeƱas huellas, en algĆŗn momento, corresponden pequeƱos acontecimientos que no colaboran, o son directamente inĆŗtiles en sĆ, como para que Muchacha rompa el elipse simbólico de su propio poder.
Es decir, el poder estĆ” en manos de quien se lo desea.
Ella es el vĆ©rtigo de una seducción invertida, o en todo caso indeterminada. Brutal es para ella contener las sustancias de quien, finalmente, luego de despojarla prĆ”cticamente de sentidos, abdica en procura de una salvación para sĆ, representada por ese manĆ”. Doble defoliación: primero, de aptitudes sutiles; luego, de una energĆa predominante.
āĀæTe robarĆ© un color?ā
DirĆa: de los colores tras la retina advenediza de Muchacha, uno, pretendidamente posible, o quizĆ”s devenido de las raĆces de sus espaciosos sueƱos, deberĆ” ser captura, aunque quien lo reclama, reclinado, se haya entregado, a lo mĆ”s acuciante. ĀæEl deseo de succión? El color que puede registrarse con todos los otros sentidos, mĆ”s los otros.
Por supuesto que se podrĆa tener en cuenta la idea generalizada de todos quienes piensan en āMuchachaā como sĆmbolo de una pacĆfica visión en el enamoramiento y el despertar.
La creación de un ācastillo con tu vientreā es el prototipo de un sĆmbolo que conlleva la presencia de una unión sexual. Inclusive hay un manifiesto de procreación allĆ.
Por otro lado, el personaje que canta intenta relacionarse con la idea de ser él un punto de comunicación entre mundos.
Ćl traducirĆa la magnitud del amanecer para los ojos blindados de ella. Y a la vez, hacia el mundo exterior (organizado ya como el territorio del que surge la realidad que no convive con los ojos de papel y por lo tanto el mundo del que brota la autoridad) la traducción de un lenguaje onĆrico que Ć©l lee a travĆ©s del contacto de sus manos. Este mundo es tan inapreciable para Ć©l mismo y todos los otros seres, como lo es un amanecer para quien no ve sino con ojos de papel.
El muchacho es quien se erige como salvación. Se supone que sabe y tiene con qué mitigar la desesperación de ella. Ella se redime al dormir, al abrigo de quien sólo se reclinarÔ a su vez, ante ella, para entregarse, teniendo presente que la finalidad de esta entrega es, en realidad, una extracción de poderes, que ella aparentemente es incapaz de asumir.
Se podrĆa agregar que, en esta situación sobre la que Ć©l se realza, la impregnación de sus movimientos vislumbra el propósito de quien dejarĆa una profunda huella que atestigüe su paso por los instantes cruciales. Una simbolización latente en el sentido de una trascendencia genĆ©tica.
Las reclamaciones que desde un territorio donde cierto abismo comparte pie con cierta invariable ley, en tanto amanece siempre, son las que provienen de una serie de focos que trastocan las posesiones no obstruĆdas de un disfrute.
Este estado de lo consciente se hace inexpresable para las palabras. No habrĆa hechizos en una aventura en la que no se interviniera con ciertos factores de lo no posible, hasta dirĆa sĆmbolos de precipicio o desfallecimiento.
La carencia de orgasmo en la mujer argentina, sobre todo la de los 60, es una limitación con caracteres de blindaje. Esto justifica tal vez algo del arraigo del personaje. El otro personaje estÔ mÔs bambificado.
Un monstruo que no omite mencionar funciones que lo determinan como morada. Eje que concientizarĆa lo insondable para retener la atención del mundo. Requisito que se edifica en la descripción de lo desconocido.
La trastornación del tiempo tiene pie en las sugerencias que el muchacho realiza: āduerme un poco y yo entretantoā¦ā O sea que mientras ella duerma, Ć©l construirĆ” subliminalmente una residencia especĆfica. ĀæQuizĆ”s para ceder a altarizar a la niƱa impedida sometido al deseo multiplicado?
La eternización de un āsueƱo despaciosoā y de una alquimia que dure lo que un poco de inconsciencia, son revalorizaciones de otro objetivo primordial: el de auxilio. El que no reclama en su nombre, sino a travĆ©s del de un eje de ansia nacido por frustraciones insolubles.
El tiempo de la vida de los hombres es un conducto de enigma. Socorro a los damnificados por la incertidumbre de estar solo! La blindación que espera orgasmos.
El sueƱo como corporeidad.
El sĆmbolo que se opone al lenguaje de los mundos.
La albinación de ciertas partes corpóreas para el funcionamiento errÔtico en dirección al orgasmo.
La alternancia de vislumbrar a travĆ©s de una realidad que lograrĆa transmitirse gracias a un margen de transparencia. Un cierto grado de traducción entre formas o sentidos que se comunican.
La mundanidad de āMuchachaā se debate con la opresión que se le destinarĆa desde afuera al ser examinada. TambiĆ©n si intentara decir lo que ve, o sentir y decir. Pero ella no habló nunca.
Tampoco habrĆa que ignorar el hecho de que la colmación es tan surrealista como los āojos de papelā o āla piel de rayónā.
Nada mĆ”s atroz que la inlatencia de la tiza para un corazón al que el orgasmo curarĆa.
Nota: en septiembre de 1987, veinte aƱos despuĆ©s de su composición, el Suplemento SĆ del Diario ClarĆn publica un artĆculo (al parecer con algunas censuras) en el que Spinetta analiza la letra de su mĆtica canción.
Fuente: https://www.latercera.com/culto/2018/02/08/desintegracion-abstracta-la-defoliacion-luis-alberto-spinetta-deconstruye-muchacha-ojos-papel/
