• Revista Adynata

Notas concurrentes ͥ / Gisela Candas


Cuanto mayor es el poder, más silenciosamente actúa


Byung-Chul Han




En 1973, Félix Guattari escribía:

“El orden capitalista bajo todas sus formas (familia, escuela, fábricas, ejército, códigos, discursos…) continúa sometiendo toda la vida deseante, sexual y afectiva a la dictadura de su organización totalitaria fundada sobre la explotación, la propiedad, el poder masculino, la ganancia, el rendimiento…Sin descansar, continúa su sucia tarea de castración, aplastamiento, tortura y cuadriculado del cuerpo para inscribir sus leyes en nuestras carnes, para clavar en el inconsciente sus aparatos de reproducción de la esclavitud”


La pandemia puso y continúa poniendo a prueba los sistemas sanitarios, al mismo tiempo que amplifica situaciones de desigualdad que padecen sectores de la sociedad. El virus magnifica crueldades del capital, cuyas hablas se desnudan, todavía más, frente a nuestros ojos cuando pantallas muestran descarnadamente la muerte de aquellos “socialmente más débiles” (Han, 2014).


En el tránsito por efectores públicos, atestiguamos las condiciones en que el régimen neoliberal gestiona la salud de la sociedad. Se advierte que este texto quizá sea una regurgitación de pesares, broncas, indignaciones, tristezas.


Urge escribir acerca del destrato y descuido que recae sobre eso que se denomina personal de salud, que no es más que el cuerpo de trabajadores y trabajadoras de planta y residentes precarizados/as y trabajadores y trabajadoras concurrentes.


En la Ley básica de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, concurrencias ni siquiera figuran. Sin embargo, se habla de “Solidaridad social como filosofía rectora de todo el sistema de salud”, del “gasto público en salud como una inversión social prioritaria” y de “La gratuidad de las acciones de salud”.


Residentes también son nombradxs como profesionales en formación, gesto que disimula atropellos. Pero el gris es aún más denso para concurrentes. A concurrentes les está vetado el reconocimiento como trabajadores y trabajadoras de la salud. Concurrentes ni siquiera son alcanzados por la “categoría” de precarizadxs.


En el Art. 11º de la misma ley se utiliza la palabra “Recurso de salud” para designar a “toda persona física o jurídica que desarrolle actividades de promoción, prevención, recuperación y rehabilitación, investigación y docencia, producción, fiscalización y control, cobertura de salud, y cualquier otra actividad vinculada con la salud humana, en el ámbito de la Ciudad”


Entre líneas se lee que “La Dirección General de Salud Mental (CABA) tiene por finalidad fortalecer el desarrollo de las políticas en salud mental y generar una eficaz asignación, coordinación y control de los recursos disponibles”[ii]


Concurrentes firmamos un contrato. Hacemos pacto de silencio por los servicios prestados. ¿Se nos paga con una promesa?


Residentes, concurrentes, becarixs: Ilusiones descuidadas que sostienen el hospital público.


Desde la Subsecretaria de Trabajo, Industria y Comercio del Gobierno de la Ciudad se enuncia: “’Estar en blanco’ no solo cambia la situación de tu salario de bolsillo en el presente sino que te procura una serie de protecciones para hoy y para el futuro a vos y a tu familia”[iii]


El 28 de noviembre de 2019, residentes y concurrentes marchan a Legislatura porteña para manifestarse en contra de la aprobación de una nueva versión del “Régimen de residencias y concurrencias de equipos de salud y apoyo a equipos”, que establece, entre otros asuntos, jornadas laborales de hasta 64 horas semanales para residentes y la continuación de regímenes de concurrencia sin salario, ART ni obra social. Ese mismo día, mientras se votaba la normativa, residentes y concurrentes son reprimidos por la policía de la Ciudad.


En diciembre de 2019, acontecen jornadas de acampe, paro y movilización de residentes y concurrentes. En una de estas jornadas, entre los brazos alzados de una concurrente, se lee: “Eso que llaman ‘honor’ es trabajo no pago”.


Interrogar la concurrencia es arrancarla del silenciamiento, intentar despojarla del sentido común o de la captura que impone la lógica de un régimen sacrificial.


Urge destituir las racionalizaciones lamentables que ubican a la concurrencia como ganancia simbólica para jóvenes profesionales de clase media o aquellas que suponen que se trata de un “trabajo por el honor” (Antar Lerner, 2014).


Interrogarla: arrancarla de esa comodidad desprovista de una mirada política.


Escribe Emiliano Exposto (2021): “La precarización de las vidas puede oficiar de traducción entre frentes de acción y autocuidado. Una democracia de base antiextractivista, en la cual esta precariedad emocional y económica no es solo un dispositivo de obediencia sino un campo de insumisión y solidaridad. En lugar de insistir en el control impotentizante del psicopoder, debemos desplazar la escucha para detectar los posibles gestados en los movimientos de politización en el trabajo, en el hogar, en el barrio, en la economía popular, en el hospital, en los territorios más inesperados”


Urge interrogar lo que se cree, aquellos enunciados que pasan a formar parte del repertorio identitario que infla y configura eso que somos.

Urge pensar otras palabras, otras pausas, otras demoras.

Urge pensar en torno a la desarticulación creciente entre quienes circulan un servicio, una sala, un hospital. Desarticulación que estratégicamente se lleva por delante espacios de demora sobre lo que acontece y con ello la posibilidad de que afectaciones aparentemente individuales encuentren otras resonancias.


Urge pensar cómo se llega a ser concurrente o residente de salud.


Urge pensar cómo en medio de una pandemia y crisis sanitaria, fuerzas policiales reprimen a enfermeros y enfermeras que reclaman por el reconocimiento a la carrera profesional.


Urge pensar cómo llegamos a creernos libres, ignorando estados de sujeción que imponen fuerzas económicas, políticas que posibilitan, al fin y al cabo, lo existente.


En Psicopolítica (2014), Byung-Chul Han explica que el poder disciplinario no puede describir el régimen neoliberal, porque este brilla en su positividad. Por ello propone pensar a la psicopolítica como técnica de los regímenes gubernamentales actuales. Escribe: “El neoliberalismo como una nueva forma de evolución, incluso como una forma de mutación del capitalismo, no se ocupa primeramente de lo biológico, somático, corporal. Por el contrario, descubre la psique como fuerza productiva”.

Por psique, Han se refiere a procesos psíquicos y mentales asociados a las condiciones inmateriales e incorpóreas de producción. Para el autor, es la psique lo que el régimen neoliberal explota.


Concurrente, luego de finalizar 5 años de trabajo no remunerado en hospital público de CABA, metamorfosea en becaria. Continúa concurriendo a la institución, sin percibir renta, con la ilusión de que se abra un cargo de planta. Permanece un año, dos y se marcha.


¿Qué se marcha del hospital?


Suely Rolnik (2019) utiliza el término cafisheo para pensar la operación que el régimen capitalista ejerce sobre los cuerpos. Escribe:

“es de la propia vida que el capital se apropia; más precisamente, de su potencia de creación y transformación en la emergencia misma de su impulso (…) La fuerza vital de creación y de cooperación es así canalizada por el régimen para construir un mundo acorde con sus designios. En otras palabras, en su nueva versión, es la propia pulsión de creación individual y colectiva de nuevas formas de existencia, y sus funciones, sus códigos y sus representaciones lo que el capital explota, haciendo de ella su motor. Por eso la fuente de la cual el régimen extrae su fuerza deja de ser exclusivamente económica para serlo también intrínseca e indisociablemente cultural y subjetiva –por no decir ontológica–, lo cual la dota de un poder perverso más amplio, más sutil y más difícil de combatir”


Gracias al lenguaje que invita y seduce, el malestar se apacigua. Estratégica como perversamente se conjugan estos verbos: “te ganaste un cargo”.


En el ensayo titulado El entusiasmo, Remedios Zafra (2018) trabaja las condiciones en que actualmente se produce y gestiona la cultura. Expresa que “cuando el sistema cultural se sostiene en la precariedad y la competitividad, los vínculos entre iguales corren el riesgo de fracturarse”


Estas realizando el trabajo de tus sueños, te ganaste ese cargo, esa experiencia te va a permitir acceder a mejores trabajos, es un prestigio trabajar en ese hospital. Entre encantamientos astutos y exaltaciones yoicas también se bocetan maniobras psicopolíticas.


Dice la RAE: Ganar: Lograr o adquirir algo / Obtener lo que se disputa en un juego, batalla, oposición. Dice colega: Felicitaciones. Dice la familia: ¿Cómo?, ¿No te pagan? Dice analista: No te preocupes, hay otras ganancias, no todo es dinero, hay ganancia simbólica también.


No se trata de descalificar sentir que se está realizando un trabajo “soñado” sino de pesquisar que en esa insistencia gustosa, que se vive como íntima, anida un gesto funcional, conveniente a los modos en que se gestiona actualmente la salud. Llegar a creer que libremente se elige la concurrencia es el resoplo gozoso de una psicopolítica operando.

¿Cómo es que llegamos a creer que elegimos libremente trabajar cinco años sin percibir un salario? ¿O creer que lo hacemos por mérito, porque ganamos un puesto o por el honor?


Se trabaja cinco años de esta manera si hay una insistencia, un deseo entramado con una estructura social que haga de soporte.


Se recuerda a León Rozitchner (1981) decir que “lo subjetivo es absolutamente incomprensible si no se prolonga hasta alcanzar el campo colectivo de las determinaciones históricas”.


El lugar en que es implantado concurrente podría pensarse como un peón más, inserto en un tablero predeterminado y barajado por lo que dictaminan políticas neoliberales sobre la salud. ¿Qué posibilidades se abrirían si se tensionan las condiciones que nos determinan en esos lugares?


Escriben George Caffentzis y Silvia Federici (2013): “Uno de los desafíos a los que nos enfrentamos hoy en día es conectar la lucha por lo público con aquellas por la construcción de lo común, de modo que puedan fortalecerse unas a otras. Esto es más que un imperativo ideológico. Reiterémoslo: lo que llamamos «público» es la riqueza que hemos producido nosotros y tenemos que reapropiarnos de ella”


Mientras el capitalismo ficcione sujetos libres, los procesos políticos, económicos, libidinales que inoculan padecimiento permanecerán disimulados entre dramas teatralizados como personales. Interpretar el malestar como mera experiencia personal constituye una maniobra que oculta toda una historia de explotación sobre la vida.


Escribe Emiliano Exposto (2021): “La pregunta es cómo construir una “psicopolítica desde abajo”, enfocada en el cuidado comunitario, la prevención/promoción integral y el apoyo colectivo de la salud mental. De qué manera prolongar dispositivos de salud mental popular en los territorios, restituyendo los saberes materiales de los cuerpos disidentes, plebeyos y subalternos.


La experiencia de hacerse un lugar como concurrente en hospital público, de tener que disputar ese lugar, de resistir a sus grises y a su indefinición, de sentir toda esa tensión en el cuerpo puede pensarse como un pliegue de lo que sucede más allá de lo individual: la indefinición de un sistema de salud dejado a la deriva para su calmosa declinación.


Quizá, a pesar de todo esto, nos queda la insistencia, eso que nos habilita preguntar, habitar los espacios, seguir ahí.



Notas

[i] LADO A: Dícese sobre la concurrencia en salud que constituye un sistema de capacitación profesional de posgrado inmediato, a tiempo parcial no remunerado, de cinco (5) años de duración.

LADO B: Actualmente hay en CABA más de 1400 profesionales de la salud concurrentes de especialidades como psicología, medicina, musicoterapia, entre otras. Concurrentes se encuentran trabajando sin percibir remuneración, brindan su fuerza vital para conformar equipos de salud en hospitales, Centros de Atención Primaria de la Salud de la Ciudad de Buenos Aires (CeSACs) y Centros de salud. Cabe destacar que de los 1400 profesionales concurrentes en salud, la mayoría pertenece al campo de la Salud Mental. Específicamente se trata de psicólogos y psicólogas, en su mayoría mujeres, quienes ocupan estos lugares. [ii] Enunciado extraído del sitio www.buenosaires.gob.ar/salud/saludmental. [iii] Enunciado extraído del sitio: https://www.buenosaires.gob.ar/gobierno/trabajo/conozca-sus-derechos. Lecturas Antar Lerner, A (2014). Concurrente, Revista transversales, Año IV. Número 3. Buenos Aires: 2014. Caffentzis, G; Federici, S (2013). Comunes contra y más allá del capitalismo, en Producir lo común: entramados comunitarios y luchas por la vida, Traficantes de sueños, Madrid:2019 Exposto, E (2021). La lucha popular por la salud mental, intuiciones para una psicopolitica desde abajo, disponible en: http://lobosuelto.com/la-lucha-popular-por-la-salud-mental-intuiciones-para-una-psicopolitica-desde-abajo-emiliano-exposto/ Guattari, F (1973). Para acabar con la masacre de los cuerpos, Recherches (Trois Milliards de Pervers), Francia: 1973. Han, Byung-Chul (2014). Psicopolítica. Barcelona: Herder Percia, M (2014). Sujeto fabulado I, La cebra, Buenos Aires: 2014.

Rolnik, S (2019). Esferas de la insurrección, Tinta Limón, Buenos Aires: 2019 Rozitchner, L (1981). Freud y el problema del poder, Losada, Buenos Aires: 2003 Zafra, R (2018). Remedios Zafra: “La precariedad en los trabajos creativos funciona como forma de domesticación” en https://www.elsaltodiario.com/laboral/entrevista-remedios-zafra-libro-entusiasmo-precariedad-cultura-digital


Annegret Soltau, Personal identity, Mutterpass II (reverso de obra), collage manual, técnica mixta, papel e hilo/ 2003.

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