Pasarse pueblos / gonzalo sanguinetti
- Revista Adynata

- 2 oct
- 3 Min. de lectura
Y he sentido de pronto que en ese momento era mi vínculo
con un mundo vasto, vasto, de vidas secretas y sutiles,
de vidas calladísimas, a veces duramente cubiertas, pétreamente cubiertas,
y también de las otras cercanas de la suya
manando —sin memoria, dicen— entre las sombras indiferentes y hostiles
—ay, las sombras hostiles y opresoras y sangrientas somos siempre nosotros—
hacia el sueño final ardiente todavía de otras vidas...
Juan L. Ortiz
Pasarse pueblos
consiste en inventar pueblos que faltan
un ir-hacia,
una puesta en marcha,
cuyo movimiento mismo inventa dónde llegar
sublevaciones de imaginaciones
nacidas de un dolor hecho común
crean lugar para existencias desalojadas y despojadas de todo lugar
La acusación de excedencia no apunta al haber terminado en pueblos indebidos o inapropiados, sino al haberlos inventado.
Al gesto de deserción que abre estelas donde germinan jurisprudencias de otra imaginación, al tiempo que impugna al patriarcado-capitalista como único modo de habitar.
Esos 3 pueblos infamados no pre-existen, quizás no existan todavía, señalan formas de apertura a zonas que hay por hacer-existir.
Umbrales de pasaje por donde podrían pasar modos de habitar que esperan existir.
Pasajes clandestinos de pueblos trafican horizontes de deseabilidad. Formulan promesas de habitabilidad de mundo.
La recusación de estos pueblos habilita sospechar que algunas invenciones ya han comenzado, algunos pasajes ya han sucedido, ya han sido instaurados en lo posible.
No porque sean, sino porque se ensueñan.
Se le imputa a la confluencia sísmica que llamamos transfeminismos, haber ido demasiado lejos, pero no en lo existente, sino hacia lo que no existe y podría hacerse existir:
Formas de vivir desafiliadas del deseo de infligir dolor, humillación y muerte.
Se pretende condenar la demasía de una imaginación ética y estético-poética del vivir en común.
Condenar la insolencia de imaginar otra cosa que devastación, fracaso, agotamiento y muerte de lo común.
Decretar el agotamiento y muerte de lo común equivale a decretar el agotamiento y muerte de lo vivo.
Modos de vivir colonialistas, patriarcales, capitalistas están hilvanados por la incapacidad para imaginar modos de vivir no sostenidos en la erradicación de otras formas de vivir.
Colonialismos, patriarcados y capitalismos nombran efectuaciones de una imaginación del dar-muerte: realismos inconmovibles.
Colonialismos, patriarcados y capitalismos componen modos de vida fundados en el gesto de hacer-temblar [i] mediante la fuerza, la brutalidad, la crueldad, el terror, para evitar darse-a-temblar. Darse-a-temblar supone pasibilidad ante lo existente, que la vida que vivimos sea susceptible de conmoción ante lo que acontece.
Vida como estado de conmoción que solicita una recepción conmovida en otras vidas, para vivir.
De allí, un insomnio: quizás donde no temblamos, cada vez que no temblamos, ejecutamos algún sacrificio.
La impugnación de pueblos "demás", de pueblos "que sobran", de pueblos “excedentes” marca orientaciones hacia dónde ir: pasarse todos los pueblos que faltan, para hacerlos-existir, para dejarlos venir.
Un pueblo no es sino una posibilidad de vida
ahí donde el patriarcado capitalista dicta la muerte
y hombres la ejecutan
[i] Una idea que trabaja Mónica Cragnolini en “Caminar, temblar, demorarse. Aproximaciones para una política del temblor”. Publicado en “Nombres” Revista de la Universidad Nacional de Córdoba. 2011. ISSN: 0328-1574.




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